Ben Power
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
295
209
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180
Día 1 de Verano del año 16
10:55 A.M. Isla Karai Bari
Algún lugar del bosque cerca de la ciudad
Me empezaba a encontrar ligeramente cómodo en aquella isla. No tenía ocupaciones y la gente no me molestaba en exceso, pero era hora de partir hacia mis compañeros. ¿Pero qué digo? Tengo que llegar a donde Ashura. Ese capullo es un inconsciente y me necesita para coser sus heridas. Sin mi no va a lograr someter al mundo. Además, a su lado puedo sembrar el caos siempre que quiera. Podría hacerlo hoy mismo aquí, pero no se hasta qué punto, la gente de a pie en esta putrefacta ciudad lee el periódico con los Wanted de la mierda hipócrita y corrupta de la Marina. Me pregunto por qué no nos dan una oportunidad de explicar nuestras acciones. Seguramente a mí me detendrían igual, porque lo mío es joder por joder, pero gente como Gin o el enmascarado son gente realmente amable y con intenciones buenas. Me hacen vomitar. Hay veces que les daría los puntos de sutura con un trozo de Kairouseki dentro. Me apuntaré esta idea para el futuro.
Bueno, lo primero es lo primero. Debo encontrar a alguien que salga de la isla y así irme con él. Quizá podía navegar libremente en el North Blue, pero esto es el nuevo mundo y aquí hay que ser un experto como el joven anciano mini navegante Korg para poder llegar a puerto sin demasiadas dificultades. Lo único que me pregunto ahora es dónde estará el puerto.
Me levanté de la pradera ya medio seca por el calor del verano que iniciaba y caminé hasta el linde de la ciudad. Una fugaz idea se me pasó por mi retorcida mente y no pude evitar sonreír ligeramente. Casi no se notó esa mueca. Avancé adentrándome en la ciudad. Poco a poco la gente iba siendo más abundante. La mayoría me llegaban algo más abajo del bíceps y podía verlo todo con relativa comodidad. Es verdad que destacaba entre la multitud, pero un oso polar erguido y vestido con gabardina siempre destaca. Me acerqué a un pequeño puesto donde parece que vendían verduras. – ¿Buenos días, podría indicarme si, por casualidad hay un puerto por algún lado? Quiero emprender labores como pescador, y busco dónde me pueden dar algo de dinero por ello. – El hombre, visiblemente asustado en cuanto me asomé agachándome para que me viera la cara y no malinterpretara mi voz profunda y tranquila, señaló temblando hacia un lugar. Miré hacia allí y no vi nada. Ciertamente se alejaba del centro de la ciudad, pero tendría que caminar bastante y volver a preguntar para poder llegar a mi destino.
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Salí de la plaza central, o eso me parecía para adentrarme entre dos edificios que parecían formar la entrada a una calle estrecha y, por fin, sin demasiada gente. Al fondo, parecía haber algo de ruido de nuevo. Parecía una zona de conexión entre dos zonas populares a estas horas, pero extrañamente poco transitada. Las paredes de los edificios eran de color gris y tendría unos noventa metros de largo. De repente me di cuenta de que llevaba casi dos minutos de pie, sin moverme, pensando en lo que tenía ante el hocico. Meneé la cabeza para espabilarme y retomé la marcha. Esperaba poder preguntar a alguien más la ubicación del puerto, pero los apenas cinco viandantes que se encontraban, agacharon la cabeza y aceleraron el paso. Cobardes, podía oler su miedo. No eran más que gente inútil que no merecía estar en este mundo. No merecían vivir para ver como los piratas Mushoku se convertían en la mayor amenaza a nivel mundial. Ni siquiera los más altos cargos de la marina podrían con la fuerza aplastante de nuestro capitán.
Al salir de aquel extraño paso la gente volvió a arremolinarse en torno a mí sin prestarme, aparentemente, atención. Miraba a un lado y al otro. Desde luego, el olor era completamente distinto al de la otra plaza. Vi por encima de la multitud un par de cabezas que también destacaban. Uno era horriblemente feo, con una especie de colmillos saliendo de la parte inferior de su mandíbula. Ese tipo podría indicarme. Mientras me acercaba, a unos veinte metros del individuo, el cual ya me había echado una mirada, pero continuando con sus labores, fueran las que fueran. Activé el haki de observación que Ashura me había enseñado. Noté que el tipo en cuestión era bastante más fuerte que el resto. Además estaba alerta, en tensión. Me di cuenta que que iba extremadamente limpio , sobre todo teniendo en cuenta que el tono moreno de su piel resaltaba con el blanco de su camisa. Realmente no le pegaba nada el atuendo que portaba. Me volvió a mirar, esta vez algo más fijamente, pero volvió a bajar rápidamente su cabeza. Los pelos negros, lisos y anchos cayeron por encima de sus orejas al hacerlo. Los hombros eran anchos y parecía encorvado. Realmente podría medir casi medio metro más que yo mismo. Seguí mi camino hasta encontrarme a diez metros de él. - Oye, tú. ¿Podrías indicarme por donde está el puerto? Lo huelo, pero entre la gente y la comida no soy capaz de orientarme. Además, quiero un puesto como pescador. - No levantó la cabeza, aunque estoy seguro de que me había oído, pues escuchaba perfectamente los ronquidos que generaba al respirar. Menudo feo, maleducado y prepotente. Estiré la mano. Volvió a verme otra vez. Sabía que apuntaba hacia él, pero que estaba demasiado lejos para tocarlo. Aunque podría haber apuntado con la pistola, lo hice con la mano. Mi dedo meñique se levantó mientras el sujeto me miraba. Con frialdad, levanté el índice para dejar escapar de la punta del resto que estaban pegados, un rayo morado el cual impactó de lleno en la boca del asombrado... ser. acabé de acercarme al tipo, el cual apenas se movía. Entre la gente, la cual nos miraban de soslayo, nadie advirtió, o nadie pareció advertir que le daba un puñetazo en el estómago, mientras le decía al oído, con un tono profundo y tranquilo, con un volumen que cualquiera que estuviera cerca me podría haber escuchado - No me ignores, hijo de puta. - Acto seguido, sin que se pudiera apreciar que le había hecho nada al enorme tipo, caminé, esta vez más rápido que antes y salí de nuevo de aquella plaza.
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Poco después de salir de aquella plazuela y de encararme con el enorme y feo tiparraco, una vez seguro de que ya no podía seguirme, relajé el paso. Un grito ensordecedor retumbó por la ciudad. El efecto de los fotones Norama había dejado de hacer efecto hacía rato, pero por el berrido del cabrón mal educado hacía ver que era más débil de lo que me había imaginado. Recorrí varias calles más, guiándome más bien por mi olfato. El pescado podrido era cada vez más notable en el ambiente. Al girar una última calle, ya casi desesperado, me topé, efectivamente con el puerto de cara. Ahora la misión estaba clara. Tenía que salir de allí.
Busqué con la mirada los barcos a ver si parecía alguno pesquero o de mercancías. Mi objetivo era una pequeña embarcación que pasara inadvertida a los ojos de la Marina. No por nada, había recompensa en mi cabeza, pero no podría volver a engañar a esa gente como había hecho con la pajarraca comodoro. Me acerqué a uno para examinarlo, simplemente y, al acercarme comprobé que delante suyo había un enorme cartel en letras rojas donde se podía leer "Bienvenidos al puerto de Bagiclaun" y más pequeño, debajo con el mismo tono rojizo "Isla Karai Bari". Por fin sabía el nombre del lugar en el que me encontraba. A decir verdad, no me interesaba demasiado, y menos sabiendo que iba a salir más pronto que tarde de allí. No me hacía ninguna gracia tanto espectáculo como había en aquella ciudad. De hecho, prefería mantenerme en el bosque. Hablando de bosque, se me acaba de ocurrir una maravillosa idea para mantener a la gente ocupada mientras me cuelo en uno de los barcos sin riesgo alguno.
Caminé tranquilo, viendo varios barcos anclados, con gente subiendo y bajando cajas y barriles de ellos. La hora de poner en marcha mi plan había llegado. me encargué de que, sin que nadie mirara, llenar una de aquellas cajas de madera de cartones y papeles de propaganda que había tirados por todas partes. Anuncios de todo tipo. Uno incluso, anunciando que uno de los buques iré hacia la isla Winner para llevar mercancía. No me interesaba. Debía ir hacia Hachinosu, o lo más cerca que pudiera, al menos. No sabía nada de aquel lugar, excepto que Ashura estaría allí, y si entraba en batalla, seguro que le haría falta para vendarle. Era imposible que se curara a sí mismo las heridas tan bien como lo haría su doctor. Llevé la caja hasta cerca de un pequeño bote y la solté allí. Después con un trozo de madera, empecé a frotarlo para hacer fuego. No me costó conseguirlo, quizá por mis experiencias sobreviviendo en zonas boscosas. Lo lancé hacia la caja, dentro del bote y me alejé disimuladamente.
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A los pocos minutos, como la tormenta que precede a la calma, el estallido se elevó más aún que las llamas en el pequeño bote. Nadie podría sospechar que había sido yo, sin embargo, me había alejado un largo trecho. Miré hacia atrás mientras la gente se arremolinaba en torno al bote flameante que, al quemar el cabo, vagaba lentamente sin que nadie pudiera rescatarlo. Un hombre lloraba como un pequeño niño falto de amor de sus padres. Me di la vuelta y seguí mis pasos llegaron hasta la tabla que se apoyaba entre la tierra firme y mi anhelo más grande en ese mismo momento. Pasé por la quilla apoyada a babor del pequeño navío, al parecer mercante y caminé por cubierta. Efectivamente nadie lo guardaba, nadie vigilaba. Pero tampoco había nada que saquear en ese lugar, de no ser por cajas de fruta y carne de animales enormes de los bosques de aquella infame isla. Me relamí pensando en lo que podría pasar si les dejaba sin alimentos y me quedaba un par de semanas más en Karai Bari, pero no. Mi capitán me necesitaba. Por no hablar de la ridícula banda que nos acompañaba. Serían muy fuertes, pero necesitaban que alguien los curase tras las cruentas batallas que nos esperaban en el nuevo mundo.
Tras revisar el barco, busqué un buen lugar y me escondí pacientemente esperando que los hombres o mujeres que navegaban aquel barco, el cual había sido ya preparado para zarpar, volviesen pronto. Esperé y esperé, pero no se oía nada que me hiciese sospechar que partiríamos pronto. Además, los gritos parecía que continuaban. Quizá me pasé con lo de incendiar un bote. ¿Pero qué cojones digo? Solo era un bote. No puede ser que se molesten tanto por algo tan insignificante. En fin, al cabo de casi una hora, unas voces tranquilas y con tono tristón parecieron acercarse. Si, definitivamente eran los tripulantes del navío. Hablaban de partir de inmediato, pues el fuego les había retrasado. Por sus comentarios, parece que el bote había chocado con un barco algo más grande y casi crea una catástrofe peor, pero por desgracia, desde la nave más grande, consiguieron extinguir el fuego. Una lástima no haber llevado más caos y muerte a aquel lugar, pero era hora de partir. Me quedé callado mientras los marineros parecían terminar de prepararse para partir. Sin darme cuenta, callado, hecho una bola en mi escondrijo y con el balanceo de las olas que tanto había añorado, me quedé dormido.
¿Qué me depararían los siguientes días en los viajes venideros? ¿A qué isla arribaría antes de matar a todos los presentes en aquel barco? Solo el tiempo nos dará esa respuesta.
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