—¡Muy bien, mink, este es el trato! ¡O sales ahora mismo y aceptas tu inevitable destino o mi oficial matará a tantos nómadas como sea necesario para hacerte salir! ¡Y Poseidón proteja a ese estúpido chuco de diabólicas longitudes, porque pagará con sangre el actual estado de mi navío! —
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[Aventura T5 - Presente absoluto] La contienda
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06-10-2025, 07:21 PM
Con diligencia, Berry fue apilando una a una enormes rocas que levantaba y arrancaba del suelo con tan sólo un poco de esfuerzo por su parte. El sudor se hizo patente a partir de la tercera roca y acompañó con su escozor habitual el resto de la tarea hasta que estuvo finalizada e incluso hasta un poco más tarde. Berry apiló dos decenas de piedras de considerable tamaño al borde de la colina y sólo cuando su pequeño proyecto estuvo listo las pateó con fuerza para hacerlas rodar colina abajo hacia los piratas. Las piedras rodaron colina abajo, lento al principio pero cada vez más rápido según la gravedad las iba acelerando. Pronto, lo que inicialmente eran inofensivas piedras estáticas, pronto se convirtieron en saltarines trozos de muerte que atraparon por una retaguardia desprevenida a la horda de piratas secuaces. Momentos antes del desastre, el estruendo alertó a los piratas que estaban más atrás, que se giraron únicamente para poder contemplar su inevitable destino. Gritaron, claro. Intentaron alertar a sus compañeros. Intentaron ponerse a salvo, pero las piedras llegaron y los dispersaron como si fueran bolos en una bolera. La mayor parte de las fuerzas de la horda perecieron en el acto. Otros se quedaron inconscientes. Los afortunados que sobrevivieron, heridos o no, decidieron quedarse tirados en el suelo un rato más, por si acaso al capitán se le ocurría hacerles levantarse y luchar contra lo que fuera que les hubiera tendido aquella trampa. Los furiosos gritos del capitán Juan Plata el Largo se hicieron eco en la explanada. —¡Quién demonios ha acabado con mi tripulación! ¿¡Eres tú, maldita mink asquerosa!? ¡Si es así sal! ¡Da la cara y zanjemos nuestros asuntos de una vez por todas! —Con la misma guisa se giró hacia su contramaestre, que látigo en mano buscaba con la mirada por las colinas circundantes a ver si detectaba algo. Su mirada se posó sobre la polvareda que levantaron las piedras en su descenso, llegando a una conclusión la mar de lógica. —¿Ve algo señor Halcón? —Le pregunta el capitán con la habitual cordialidad entre oficial y capitán. —Mi capitán, creo que nuestro objetivo se esconde en aquella colina. ¿Dónde si no? ¡De allí vienen las piedras! Pero si vamos puede que nos esté tendiendo una trampa. Amenacémosla con la muerte de los nómadas y dará la cara, capitán. —Juan Plata le dedicó unos instantes a esta reflexión de su oficial. Lo que decía tenía sentido.
—¡Muy bien, mink, este es el trato! ¡O sales ahora mismo y aceptas tu inevitable destino o mi oficial matará a tantos nómadas como sea necesario para hacerte salir! ¡Y Poseidón proteja a ese estúpido chuco de diabólicas longitudes, porque pagará con sangre el actual estado de mi navío! —
Datos
06-10-2025, 07:53 PM
El ataque había sido exitoso, la mayoría de piñatas había dejado de suponer un problema y ahora solo quedaban esos dos. La mink sabía que el capitán estaba tentando sus pocas chances, quería enfrentarle en sus condiciones amenazando con atacar a los nómadas, pero pelear contra dos a la vez era algo que le aburría bastante. Sonrió ante las amenazas, sabía que eran típicos ladridos de un perro que deseaba llevar las riendas de una cacería que ya se le había salido de las manos. La mink miró el escenario, mientras se acercaba a la pendiente de la colina, habiendo logrado lo que buscaba no tenía necesidad de hacerlos perder el tiempo, las palabras del hombre le parecían extrañas ya que no tenía ningún perro gigante que recordase pero sí aceptaba esa condición de zanjar unos asuntos que ni ella recordaba. — ¡Bwahahahaha! Me gusta eso que dices... ¿Asuntos pendientes? Mmm, no recuerdo nada de eso pero si quieres pelear será divertido. — sonrió crujiendo sus nudillos antes de lamer sus labios, había esperado bastante por ese momento pero antes de acercarse señaló al otro hombre. — No me interesa ese, supongo que no serás tan cobarde como para rechazar enfrentarme uno a uno... — suspiró antes de ponerse en guardia.
— Como ves no tengo intenciones de esconderme, tampoco hay ninguna trampa por aquí... peleemos uno a uno, no quisiera tener que mancharme las manos con ese otro y si en verdad me estaban buscando ya lo debe saber no tiene ninguna chance. — la mink podía oler el miedo, incluso su haki le advertía que uno de los dos parecía reaccionar diferente ante sus palabras a lo mejor recordando alguna patada que ella ya no. — Entonces... este es el trato, una pelea individual, tú y yo, así al menos el otro hombre mantendrá la vida si no se mete en nuestros asuntos. Estoy lista cuando quieras, pero si no respetas el trato como yo lo he hecho, no voy a contenerme en lo más mínimo. — la mink sonrió, no parecía tener intención de matar, ya había cobrado bastantes vidas como para que aquel hombre que se había unido a su alma estuviera saciado, pero esto era una variable cambiante. Si sentía que no respetaban su trato no tendría reparos en matar y cuando la conversación se acababa lo que hablaban eran las patadas y estas a veces no tenían ningún filtro. — Podemos disfrutar de esto como un buen ritual, ambos buscando esa sensación de saciarnos... Ven cuando quieras, prometo recibirte de la mejor manera. — la voz era sensual, seductora pero peligrosa a partes iguales. Estaba claro que la mink impondría las condiciones, en ese terreno natural los piñatas no tenían autoridad sobre ella, había salido porque era lo que le convenía hacer y captar su atención era necesario para evitarse largas horas de tortuosas muertes sin sentido. De ahora en más, se aseguraría de llevar todo el ritmo del combate y su postura, imitando a una pantera que esperaba a su presa así lo demostraba.
resumen
Karmas
Inventario
Akuma
Cambios en estadísticas
Vitalidad:
3410
+
0
=
3410
Energia:
1607
+
19
=
1626
Espiritu:
999
-
5
=
994
09-10-2025, 01:41 PM
Finalmente la mink hizo acto de presencia, aunque lo hizo permaneciendo a una distancia segura en lugar de acercándose para dar rienda suelta a esta contienda que llevaba ya demasiado tiempo anunciándose. El capitán Juan Plata el Largo sonrió con malicia ante su aparición. Pero rápidamente esta sonrisa se convirtió en una mueca de desagrado al darse cuenta de que la mink ni siquiera le recordaba. ¿No albergaba ese animal el menor recuerdo de su grandeza? Bien pensado, casi mejor, porque cualquier recuerdo que la zorra pudiera tener sobre él actuaría en detrimento de su reputación. Después de todo, Berry le había visto en un momento de cierta debilidad. Recién destrozado su navío y fracasada su empresa de caza furtiva de animales legendarios. En tan mal momento se encontraba en ese momento el capitán que decidió perdonarle la vida a la mink y dejarla ir si se llevaba al perro. Pero ¡ah, cómo se arrepintió de esa decisión! Su tripulación le perdió respeto ese día. Las confabulaciones precedentes a los motines habían hecho aparición y era cuestión de tiempo que su posición como capitán se viera amenazada por múltiples aspirantes. ¡No, de ninguna manera toleraría semejante cosa! Anunció repentinamente que comenzaría la caza de la mink para calmar los ánimos, para hacerse respetar. Había funcionado, por supuesto. Únicamente Jaime Halcón estaba al tanto de todos los detalles, aunque no así fuera de toda sospecha. Probablemente formase parte de alguno de los complots para derrocarle, después de todo...
Pero la mink exigía algo inaudito. ¡Un uno contra uno! El capitán ganaría, por supuesto, pero cabía la posibilidad... Aun así no podía negarse si con eso lograba que la mink finalmente se acercase. -¡Sea pues! -Anunció el capitán a viva voz. Ante semejante declaración, su oficial se sobresaltó un poco. -Capitán, ¿está usted seguro? Es bastante fuerte... -Con un ademán impaciente, Juan Plata silenció al contramaestre. -Tontería, señor Halcón. Puedo de sobra con esta mocosa y lo demostraré delante de... Bueno, lo demostraré y se lo contarás a los nuevos reclutas. Si descubro que alguno de estos inútiles se está haciendo el muerto... -Dijo con furia señalando a los piratas derribados por el desprendimiento de piedras. A continuación sujetó con ambas manos su lanza y avanzó cinco metros hacia delante para alejarse un poco de Jaime Halcón. -¡Aquí me tienes, mocosa! -La contienda comenzaba.
09-10-2025, 07:14 PM
La mink sonrió ante la respuesta, le agradaba ver un pirata que tuviera honor, valentía quizás era esa chispa de orgullo herido que tanto le cautivaba. Un combate individual era la manera en que dos personas llegaban a entenderse, no había temor en dar su vida en un combate justo y era incluso algo que muchos maleantes ponían a prueba para demostrar su superioridad y su derecho de mandar sobre otros. A nadie le gustaba ver a un capitán cobarde, si ese hombre había reunido a tantos bajo su mando debía ser porque nunca daba la espalda a un reto, mostró sus afilados colmillos como una bestia que huele la carne fresca. — ¡Eso es lo que quería escuchar capitán! Se ha ganado mi respeto, no me caen bien los cobardes y ¿Acaso no es eso la vida? Luchar para probar un punto y morir con ese orgullo entre los dedos... — sus palabras fueron casi un rugido, una arenga de orgullo que pronto se volvería el lema de aquella batalla. Una mink que buscaba probar sus límites y un hombre que buscaba recuperar su orgullo pese a que ninguno de los dos conocía a ciencia cierta el deseo de su rival, ambos parecían estar en ese momento y lugar por un capricho del destino. A menos que la mink tuviese buena memoria y pudiera recordar la "ofensa" que había cometido, pero lejos de preocuparse por eso la zorra saltó desde su lugar aterrizando a pocos pasos del capitán con esa velocidad que tanto le caracterizaba, todo estaba dispuesto y la emoción se sentía en el bam bam de su corazón mientras se acercaba a paso firme. La mink observó la lanza, el arma que parecía ser el orgullo de aquel hombre y luego desvió su mirada en busca de una apertura, una que no tardó en detectar.
La mink volvió a impulsarse, esta vez con sus piernas para reducir la distancia de cinco metros entre ambos en apenas un parpadeo, sus puños hicieron una finta aunque terminaron conectando con las palmas en el suelo y entonces su cuerpo se levantó glorioso sostenido ahora por sus brazos. Su pierna giró, su cintura imitó a un ventilador y fue cuando el grito de la mink se alzó en el silencio tenso. — ¡Brouette! — el impacto posterior no se hizo esperar, el pie derecho de Berry recubierto por las punteras buscó conectar en la cintura del humano con una velocidad que quizás era superior a la de su anterior encuentro, aquel que Berry ya había olvidado. Pero aquello estaba lejos de terminar para la mink. — ¡Patada Berrylosa! — su pierna buscó el mentón del hombre con una patada ascendente que le permitiese volver sobre sus piernas al girar y retroceder con una maniobra que cualquier bailarín de capoeira envidiaría. La zorra había retrocedido a una distancia prudencial, quedando en espera de la respuesta de aquel sujeto, sabía que era fuerte y que dos golpes no bastarían para matarlo pero eso le emocionaba finalmente un rival que pudiera darle pelea. — Espero que me muestre lo que esa lanza puede hacer, desde hace mucho tiempo quería una batalla que me dejase satisfecha. ¿No es emocionante sentir el choque contra el otro? Es incluso más divertido que besar a una chica... — bromeó manteniendo una guardia fluida, sus piernas reposaban mientras su cintura seguía los vaivenes de sus brazos, todo estaba dispuesto para que aquel combate fuese algo digno de las leyendas aunque para Berry eso simplemente era un calentamiento, una prueba de lo que podía hacer y lo mejor todavía estaba por llegar.
resumen
Belicosas
Técnica
Karmas
Inventario
Akuma
Cambios en estadísticas
Vitalidad:
3410
+
0
=
3410
Energia:
1626
-
53
=
1573
Espiritu:
994
+
0
=
994
12-10-2025, 10:26 PM
Juan Plata es conocido en su isla natal por haber sido el mejor especialista en armas de asta de su historia. Su isla natal es muy pequeña y tiene como 30 habitantes, ninguno de ellos especialista en nada que tenga que ver con el combate, pero eso no le quita el mérito. Conoció a Jaime Halcón una tarde de verano, cuando un barco mercante llegó a la isla y uno de los mozos del mismo le propuso hacerse con el navío y buscar riqueza más allá de la humildad y los trabajos a ultramar. Le propuso piratería. Ambos se jugaron la capitanía a un juego de piedra, papel o tijera y Jaime tuvo la desgracia de escoger papel cuando Juan escogió tijeras. Desde entonces, ambos se convirtieron en pequeñas amenazas para mercaderes y gentes de bien sin demasiada capacidad para defenderse. Podría decirse incluso que se hicieron medianamente fuertes, pero cuando la pierna de Berry impactó contra su cintura quedó patente que no se habían hecho tan fuertes como creían. La patada le hizo soltar un grito de dolor, pero este dolor no fue suficiente como para nublar sus sentidos. La muchacha había desaparecido ante sus ojos y había reaparecido delante suya antes siquiera de que pudiera responder. Se había parado, eso sí, para gritar el nombre de su ataque. Había conocido en vida a majaderos así. Gente que era incapaz de hacer cosas si no les ponía nombre antes. ¡Imagínate qué vida de pirata! Yendo por la vida gritándole a los campesinos: ¡Robar! antes de rajarles la garganta. Juan el Plata no hacía las cosas así.
En cuanto sintió la pierna de la muchacha hundida en sus costillas, proyectó su fiel lanza hacia delante, buscando herirla en cualquier sitio. Y encontró objetivo, vaya si lo encontró, pero a qué precio. Mientras su lanza se clavaba en el costillar de la muchacha, otra patada cruzó su cara al grito de un nombre inventado que no le decía nada más que se enfrentaba a una majareta. Un hilo de sangre salía por la comisura de los labios del bravo capitán mientras su contramaestre se movía incómodo fuera del terreno de combate. ¿Debería entrar a asistirle o debería dejar que el combate se desarrollase un poco más? Si el capitán quería que Jaime le asistiese, no daba señales de ello. Por el contrario, sonreía animado por la contienda. Hacía años que nadie le desafiaba así. Años que no se encontraba con alguien tan fuerte. -Con esa velocidad que gastas no esperes que sea yo el que te persiga, mocosa. ¡Pero ven a por mí si te atreves, pues yo también tengo mis ases bajo la manga! -Si era un farol o no, no estaba claro, pero el capitán adoptó una postura estática. Ambas piernas semiflexionadas le daban una cierta estabilidad mientras que su mano derecha se extendía hacia delante, sujetando la lanza en posición defensiva con los dedos índice, pulgar y corazón y la mano izquierda apuntando con su palma hacia Berry.
Datos
14-10-2025, 07:56 PM
El golpe se había sentido, el calor en su torso, podía sentir el pequeño hilillo de sangre recorriendo su pelaje pero esto no hizo más que encender un fuego en sus ojos. Era lo que estaba buscando, alguien que en verdad valiese la pena y ese capitán piñata no le estaba defraudando de momento, pero la mink no era alguien que fuese descerebrada a la hora de combatir. A lo mejor podían decirle impulsiva, arriesgada y hasta violenta, pero conocía que no era un objeto inmortal ni ninguna protagonista de fantasía que pudiera salir caminando cubierta de sangre mientras levantaba su puño. Se veía épico, debía admitirlo, podía ser una de esas fantasías que contarle a una muchacha que no le conociera pero el hecho de ponerlo en práctica digamos que no era tanto lo suyo. Había aprendido de los mentores de su tribu, quien gana en una pelea no es el que más se arriesga, si no el que menos golpeen y ahora estaba frente a alguien que era capaz de golpear con quizás la misma fuerza que ella. Elongó un poco su cuerpo mientras el piñata hacía aquella pose rara, sonrió mostrando su colmillo derecho y nuevamente cerró distancias en un parpadeo.
La mink lo sabía, el hecho de gritar las técnicas era algo que jugaba en su contra, pero también podía ser un farol para que su oponente se confiara. Podía creer que siempre gritaría, que incluso sus patadas serían anunciadas, pero en ese descuido estaba su ventaja. Un golpe en dirección a la costilla de su enemigo y otra patada que buscó el aductor izquierdo cruzaron el aire en un silencio atroz, los golpes fueron rápidos la mink jamás contenía su fuerza cada vez que un combate llegaba a su zona. Tras el fugaz asalto la zorra retrocedió recorriendo bastante distancia, no fueron unos cinco metros como anteriormente, la zorra había tomado una distancia de dieciocho metros desde la ubicación del pirata en tan solo unos parpadeos. — Parece que empecé a correr y no me di cuenta de que estabas tan lejos, pero bueno así te mueves un poco. — bromeó mientras levantaba su garra y le pedía al capitán piñata que se acercase. La mink aún no desconfiaba de la palabra del hombre, pero prefería separarlo de aquel sujeto que de momento solo miraba, no quería que este interfiriese en ese combate que tanto le estaba divirtiendo y se estaba centrando como nunca. — Ahora me pregunto... ¿Gritaré el siguiente golpe? ¿No lo haré? Podrás volver a predecir una patada o el sonido llegará más tarde que mi pie... — sonrió con cierta picardía, la verdad era que Berry no tenía idea de que movimiento usaría la próxima vez, pero mostrar ese desconcierto al piñata podía ponerle nervioso e incluso hacerle pensar más de la cuenta y el desconcierto en un combate como ese el sobre pensar cada acción podía llevar a alguien preparado a la derrota y Berry quizás no lo recordaba pero su cuerpo había aprovechado muchas veces a esas personas que se quedaban paralizadas por la mera incertidumbre.
resumen
Belicosas
Karmas
Inventario
Akuma
Cambios en estadísticas
Vitalidad:
3410
-
555
=
2855
Energia:
1573
+
19
=
1592
Espiritu:
994
+
0
=
994
17-10-2025, 12:53 PM
El feroz capitán estaba preparado para la acometida de la mink. No era capaz de ver sus movimientos, pero sí que escuchaba sus palabras. El menor estímulo daría rienda suelta a su defensa y, a partir de ahí, a su contraataque. Pero esta vez la mink fue mucho más lista. No predicó sus intenciones. No anunció sus movimientos. Se desplazó como una sombra, sigilosa y letal, a una velocidad imperceptible para Juan Plata y le propinó dos patadas a las que el capitán respondió haciendo girar su lanza a toda velocidad, creando un escudo que no detuvo más que la brisa que acariciaba su rostro. Esta vez Berry había tenido cuidado a la hora de atacar, pero no sólo eso, sino que además había tomado precauciones en cuanto la distancia. Se había alejado nada menos que 18 metros en un suspiro. Sus golpes no habían dolido nada, pero muchos más de esos y pronto estaría en el suelo jadeante. La oponente se mantenía lejos como una cobarde, pero la cobardía ganaba muchas contiendas, no así el valor. ¿Debería pedir ayuda? Algo le decía que eso sólo le causaría perjuicios. Se veía como el claro perdedor de esta contienda y ni siquiera su estimado contramaestre podría ayudarle. No, debía pelear solo. Eso era lo correcto. La muchacha era rápida, pero sus movimientos tendrían que tener un final. Dado que ella no se iba a acercar, Juan tampoco lo haría. Es más, se alejaría.
—Jaime, apártate un poco más o quedarás atrapado en la contienda —Ordenó con semblante serio el capitán. Rápidamente, en lugar de avanzar fútilmente hacia la zorra, decidió retroceder diez metros con un salto hacia atrás y agitando su lanza en una complicada maniobra terminó con ella apuntando hacia Berry, lista para utilizarse. —Si juegas a la distancia yo también lo haré, mocosa. Ven a por mí, que estoy listo para recibir tus ataques. —Gruñó con fiereza. Su brazo derecho se tensó con la presión que estaba ejerciendo sobre el agarre de su lanza, aguardando el momento idóneo para atacar. Paralelamente, Jaime Halcón cumplía en silencio las órdenes de su capitán, alejándose 4 metros más del área de combate y, sobre todo, manteniéndose lejos de la línea recta trazada entre las posiciones de ambos contendientes.
Datos
17-10-2025, 07:51 PM
Los golpes habían sido certeros, la emoción volvía a recorrerle con cada golpe y la zorra esperaba una respuesta ofensiva o una represalia, sin embargo tras ver al capitán girando su lanza quizás para darse un poco de aire bufó con cierto desencanto al verle retroceder. ¿Estaba tratando de medir distancias? La zorra se cruzó de brazos mientras avanzaba caminando, curiosa por el hecho de que su oponente hubiera recurrido a tal artimaña en lugar de golpear o al menos intentarlo. — ¿Jugar a las distancias? En ese caso, creo que cometes un error, a diferencia de lo que puedo ver tú no puedes correr mucho y yo puedo seguir todo el día no solo a pie... — sonrió, cazar conejos había sido un gran entrenamiento para sus saltos, más en esa isla donde eran largos y saltaban demasiado alto cuando los perseguía a pie. El hombre en cambio no saltaba mucho, esos diez metros a ojo eran un poco decepcionantes. La zorra flexionó las rodillas, con esa distancia podía prepararse e impulsarse como una bala no tenía que preocuparse en las defensas o en un ataque ya que con casi veintidós metros de distancia le sería imposible aprovechar ese momento de preparación, muy distinto hubiera sido si el hombre hubiese intentado acercarse. Contó mentalmente hasta tres, entonces inclinó todo su cuerpo hacia atrás y cual resorte se impulsó hacia delante recorriendo la distancia en menos de un parpadeo.
No habló, su pierna se movió como un látigo en dos rápidos movimientos, uno que buscaba las costillas y otro que volvía a castigar el aductor del piñata antes de seguir su camino a una velocidad envidiable. Clavando su pie para deslizar algunas rocas sueltas a veinte metros de la posición de su oponente, sonrió acariciando el pelaje de su cuerpo haciendo gala de sus curvas antes de colocar ambos brazos detrás de su nuca y mostrar sus dientes al reír un poco. — Espero que eso te haya abierto los ojos, si quieres puedes seguir saltando como un conejo, pero yo siempre puedo atrapar a mi presa... Recuerda que tampoco estoy usando todo lo que tengo, puede que se me termine la paciencia y golpee un poquito más fuerte la próxima vez... — sugirió acomodando su sostén antes de volver a colocarse en cuatro patas, tal como una pantera que espera porque su presa salte de buena gana a su boca, la emoción le estaba ganando y cada vez se sentía más centrada en aquel encuentro. El tiempo de los juegos se había acabado y la próxima vez que saltase al ataque no se contendría, había llegado el momento de poner en práctica todo lo que estaba guardando, pero debía admitir que todo aquel calentamiento había servido para preparar el escenario perfecto y si el hombre mordía el anzuelo le daría esa tan ansiada oportunidad de acabar ese encuentro con un buen estruendo.
resumen
Belicosas
Karmas
Inventario
Akuma
Cambios en estadísticas
Vitalidad:
2855
+
0
=
2855
Energia:
1592
+
19
=
1611
Espiritu:
994
+
0
=
994
18-10-2025, 04:06 PM
(Última modificación: 18-10-2025, 04:07 PM por Max D. Bambú.)
El capitán Juan Plata el Largo observaba en silencio los movimientos de la zorra, que poco a poco se iba acercando hacia su posición. Estaba preparado para lo que se le venía encima. Su brazo derecho todavía estaba imprimiendo una soberana fuerza sobre la lanza que portaba, un pequeño tesoro de sus ilícitas aventuras por la Gran Línea. En cuanto Berry se le acercase desataría un poderoso contraataque la dejaría fuera de lugar, sin duda alguna. Estaba listo. O eso pensaba él. La mink, usuaria de una velocidad sin precedentes en la vida de este capitán, flexionó sus rodillas y tras tres dolorosos segundos de silencio desapareció por completo. Dos piernas como dos balas cortaron el aire a su paso e impactaron en dos puntos distintos del cuerpo del pirata. Sus costillas y su abductor sufrieron las consecuencias del impacto, pero el capitán era un hombre duro de roer. Estos ataques no detuvieron su contraataque, pero la velocidad de la muchacha y la dirección de sus movimientos impidieron que éste encontrara su objetivo. Sin el menor éxito, Juan atravesó el aire frente a él con su lanza. Berry era demasiado rápida y la contienda estaba más que decidida a su favor, pero el orgullo, el venenoso orgullo de este capitán no le dejaría aceptar la derrota. Cuando el capitán se giró para ver el lugar del que provenía la voz que le hablaba y se burlaba de su cobardía se dio cuenta de que había subestimado la velocidad de su adversaria. Su sangre se subió volcánica a su cabeza, haciéndole enrojecer de ira, de vergüenza y de frustración. ¿Qué clase de combate estaba siendo aquel? Más que nunca fue consciente de que su primer impacto fue afortunado más que inevitable. Alcanzó a su objetivo por un error que no se cometería de nuevo y su oponente gozaba de las herramientas necesarias para impedir cualquier respuesta en su contra. —Tus movimientos son veloces pero tus ataques a penas los siento en mis carnes, mink. Esta contienda durará eternamente a no ser que te lo tomes en serio de una vez. —Apretando los dientes de rabia, Juan el Largo se dio cuenta de que esto sólo podía terminar de una manera y no iba a ser con su victoria.
Sacudió su lanza para liberar la tensión de sus brazos y se preparó, porque sabía de sobra que no podría llegarle a la cada vez más lejana Berry con sus pobres habilidades motoras. La punta de su arma buscaba aun así a su oponente, que era lo único que podía hacer en esos momentos. El pobre Jaime Halcón no sabía dónde meterse. Su capitán le había prohibido participar y pasarle por encima podría resultar en un castigo. Por otro lado estaba presenciando a un demonio en acción y eso le causaba temor. A espaldas de Berry, lejos de su mirada en estos momentos, los nómadas refugiados entre sus caravanas se asomaban para ver el espectáculo. Ochenta piratas repartidos por el suelo, derribados por la guerrera revolucionaria, y un capitán que ha perdido la batalla antes siquiera de terminarla.
Datos
18-10-2025, 08:02 PM
Berry sonrió ante las palabras de su oponente, había conocido a muchos en su vida, bueno quizás su mente apenas recordaba a dos o tres rostros entre infinidad de dudas pero su cuerpo sentía que no era el primer oponente que criticaba que sus golpes no eran la gran cosa. Su cuerpo parecía encenderse cada vez que le pedían dejar de jugar, porque ella no consideraba que jugaba con una presa, a veces era necesario tomarse su tiempo esperando una apertura o cuidando las distancias de esos oponentes que buscaban una ofensiva total para hacer sus movimientos. La mink también era astuta, su voz era lo único que alertaba a su oponente de su posición, lo notaba cuando tardaba en ubicarla y si hubiera intentado golpear con sus técnicas anteriormente este seguramente le hubiera atacado con algo como respuesta tal como hizo la primera vez que chocaron. Se irguió nuevamente, tronando su cuello para luego elongar sus brazos, si la situación realmente lo necesitaba entonces no tenía sentido seguir conteniendo todo lo que podía dar. — Está bien, entonces dejaremos de jugar guapo... Te mostraré lo que una mink de pura sangre como yo puede hacer... Aunque dudo que puedas apreciarlo en detalle. — sonrió ladeando la cabeza y finalmente la electricidad pareció envolver el aire, su cabello fluyó por si solo como si el mismo viento le acariciara y un chasquido electrico comenzó a recorrer la zona. Los anillos de la mink parecían parpadear en dorado, pero los más listos habrían visto las pequeñas chispas eléctricas que ahora se partían alrededor de su cuerpo.
No hubo aviso, esta vez el salto de la mink no requirió demasiada preparación, pero algo era evidente su velocidad ya no era la de antes. Por irrisorio que pudiera parecer, ahora era más veloz tal como un rayo aterrizando la primer patada ya había sido un martillo que buscó la frente del pirata mientras que otras dos buscaron incrustarse en la castigada pierna del hombre en cuestión de décimas de segundo, la mink se había movido alrededor del hombre aunque quizás este apenas se hubiera percatado del hecho. Para luego retroceder, diez metros separaban a Berry de su oponente, aunque lejos de una retirada por miedo o instinto la mink había preparado su pierna para un nuevo impacto. Y esta vez, ese llevaría impreso un nombre, un grito de guerra que rompería el silencio como el trueno que llega tras el relámpago un rato más tarde. — ¡Tourniquet! — incluso con la voz de la mink segundos antes de alcanzarlo, nuevamente la velocidad pareció romper esa barrera, una bala, quizás un avión pero no... ¡Era Berry! Buscando acabar con la castigada carne de aquel pirata con la fuerza de su patada giratoria imbuida en electricidad, sus punteras sellaron el golpe y tras el enorme despliegue la zorra finalmente suspiró. Se había alejado unos trece metros, creyendo que el pirata decía la verdad y que aquel golpe no sería ningún problema, sus ojos brillaban esperando un contragolpe, un ataque final, quizás la tormenta que llegaba tras un huracán letal. — Sé que ese golpe no te ha hecho la gran cosa, por lo que puedes venir si lo deseas y acabar con esto, todavía tengo un par de patadas reservadas... — sonrió orgullosa, levantando su pierna derecha en guardia lista para responder en caso de que ese hombre siguiese consciente, se estaba divirtiendo y cuando se divertía a veces se excedía un poco creyendo que su oponente podía aguantar cualquier cosa que esta lanzara porque los piñatas eran muy complicados de reventar cuando guardaban en su interior tantos dulces.
resumen
Belicosas
técnicas
Karmas
Inventario
Akuma
Cambios en estadísticas
Vitalidad:
2855
+
0
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2855
Energia:
1611
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619
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992
Espiritu:
994
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