Dharma
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No hubo que esperar demasiado, el ambiente por si solo denostaba que algo diferente se avecinaba. Dharma y su confianza infinita, casi siempre para si mismo, cualidad que le hacia mantenerse firme, con su porte, con su solemnidad. No por un acto de auto orgullo, vanidad o engaño. Simplemente era un hecho, el orden definitivo de las cosas. Junto con Sanemi ya acomodados en la entrada a unos cuantos metros, el oriundo de Wano se acercaba unos cuantos pasos más mientras escuchaba pasos dentro del templo, algo de manera muy genérica, no podía identificar si había dos o mas personas, pero por lo menos podría escuchar cuando estos se hicieran presentes de buena manera. Mientras esto ocurría el cielo comenzaba a mostrar sus tintes mas oscuros, aun con los tonos naranjas que hacen habitual al ocaso.
| Bro... eres demasiado precavido... es solo un monasterio más | Si alguien sabia que eso era una especie de broma por parte de Dharma, era su aliado Toge, entre un tono sarcástico, casi imperceptible y el mismo comenzando a caminar hacia la puerta, mientras el peliblanco daba tonos de aviso. No dijo nada más solo estaba unos cuantos pasos adelante de Sanemi si este no había decidido avanzar, recortando la distancia al a puerta unos 5 metros o menos. Si bien sabia que esto podía jugarle en contra, no había mucho que sortear ante la situación que se avecinaba. Las puertas del monasterio comenzaron a crujir junto con un rechinido de madera añeja, no tanto como otros, pero si lo suficiente para traerle recuerdos vagos al espadachín de gran altura.
|Te refieres a esto... | Con su tono habitual, tranquilo y directo, su mano izquierda se poso a la altura de su propio torso dejando caer entre sus dedos la tela de la caja que les habían encargado, pero con la habilidad de sujetarla antes de que realmente fuera a caer, algo insignificante, que tomo menos de un segundo. Una sonrisa suave y elevando ligeramente su rostro, miraba a quien asomaba entre las puertas, con una apariencia que imitaba a los samurái. | No sabia que en una isla como esta habitaba alguien con ese estilo... | No lo dijo de forma denigrante, ni tampoco realzándolo, solo describió lo que pensaba, no era tan usual encontrarse con alguien que si no fuese de Wano, trajera sus ropajes parecidos a lo que se acostumbraba por allá, tradiciones que Dharma no seguía actualmente, prefería algo mas casual, la ropa no tenia por que intervenir en lo importante, una batalla.
Cosas sin mayor importancia, el pelinegro observaba aquel hombre con sombrero de baja bastante amplio y sus dos armas mostradas con orgullo | Yo no sabia que la anciana, cada vez elige mensajeros mas... peculiares y tú pareces un crio... | Dijo en un tono retador, mirando hacia ambos guerreros, para luego señalar al peliblanco con su mano derecha, definiendo que Sanemi se veía mas joven de lo que parecía. Lo que podría suceder a partir de ahora, seria cuestión de como se lo tomaran los piratas. Mientras tanto el hombre termino de abrir las puertas por completo, adentro se podían observar diferentes candelabros estilo oriental encendidos para iluminar el lugar y en el medio de la sala se podía ver una pequeña especie altar con la figura de un dragón. Otro tipo de fanáticos, pensaba el espadachín. Dharma simplemente sonreía si bien la calumnia no había sido tan relevante, sus ojos verdes ya desplegaban ganas de jugar un poco con aquel Samurái, aun no habían sido insultados, al menos que Sanemi sintiera realmente la provocación de que le dijeran crio.
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Sanemi Toge
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Las cosas no salían de lo común, sin embargo, tienen ese tufo de misterio que hace que toda esa escena sea bastante peculiar. Sanemi, parece algo irritable cuando recién lo conocen o interactúan, pero sabe controlarse y no es una persona fácil de provocar para que pise el palito, por así decirlo, al menos no antes del combate que es cuando deja salir su lado más salvaje y calculador. El guardián de la entrada, a golpe de vista, luce tranquilo, como si esta fuera una escena que suele repetir de tal forma que le resulta familiar.
Sanemi no se sorprendió, después de todo, la forma en que les pidieron el favor fue poco común. Comenzó a caminar a la par que su compañero para acortar la distancia con la entrada al templo. Uno al costado del otro, con confianza en sus capacidades y por qué no en el otro. El de cabellera albina comprendía que Dharma puede sentirse fácilmente identificado por sus orígenes, por lo cual podría estar especialmente interesado en ese lugar -Esto puede traerte algunos recuerdos ¿no? -Dijo con voz baja, tranquila y con su particular sonrisa de medio lado. Es de esos momentos en los que las personas suelen estar en contacto con parte de su pasado, para bien o para mal.
Para cuando el tipo con sombrero de paja terminó de hablar sobre sus rasgos físico, logró abrir las puertas en su totalidad dejando ver el diseño interior. Los detalles estaban bien cuidados y son fieles a la cultura oriental. De pronto salieron cuatro personas más, las cuales se pusieron a los costados del pasadizo con la mirada al frente, sus manos a los costados y una postura perfectamente recta -Oe… cuanta formalidad -Comentaba Sanemi. Era bastante protocolar para ser tan pocas personas, podría pensarse que son los últimos que quedan.
- ¿Ven ese dragón en el fondo? Lo que tienen ustedes es… un tributo para el ¿Me acompañan? -Las cosas se tornaban cada vez más curiosas. Toge solo atinó a bajarse la capucha para dejar ver su cabellera en su totalidad. Buscó con la mirada a Dharma, simplemente para transmitir su mensaje, sin decir nada. Entraría, sí, pero pensando que en cualquier momento se puede desatar algún tipo de inconveniente. No tenían por qué temer, a pesar de la inmensidad del lugar, es bastante obvio que solo habitan las cinco personas ya mostradas. Y así, Toge comenzó a dar sus primeros pasos hacia dentro, sin perder detalle en la caminata, analizando cada paso, estructura y, digámosle, opciones.
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Las cosas continuaban con un flujo tan natural, que parecía un cliché oriental, un templo, gente recibiéndolos, un tipo de sacerdote y otros tantos monjes o iniciados. Dharma estaba tranquilo, como de costumbre, en realidad era alguien que podía actuar en cualquier momento o mantenerse a la distancia. Dependiendo las ganas que tuviera y el interés de por medio, por ahora todo parecía unirse en este tipo de sensación en la que las cosas tomaban un tono de misterio o algo diferente a lo usual. Sus pasos se mantenían en donde se había detenido, por el momento, el tiempo pasaba los segundos incrementaban y algunas respuestas llegaban, otras solo divagaban en la mente de todos los ahí presentes. Las puertas se iban abriendo por completo mostrando todo el interior de lugar que ya era visible por los visitantes.
| Bro... en realidad no hay recuerdos, todo es un presente continuo, el pasado como todos le llaman, para mi es otro extracto.| Pauso un momento mientras sus orbes esmeralda en los típicos ojos afilados, observaban a su aliado en un gesto amigable y al mismo tiempo un tanto serio. | No se puede vivir plenamente a menos que se pueda vivir completamente en el presente, ya que estar preocupado por el pasado o el futuro nos distrae de la única realidad que tenemos. | Podría ser un tanto confuso escucharle hablar a veces, pero Dharma no solía compartir emociones o sentimientos, sino pensamientos, así era su manera de vivir la vida, el sentir se lo dejaba a quien quisiera vivir distraído en su imaginación, mejor que sentir, es vivir aquello a lo que llaman sentimientos, con un debido control emocional y mental, este ex-monje a logrado llevar sus ideas a otro estrato de la mentalidad.
Ante la reverencia formal, Dharma hizo lo mismo al notar la intención de aquellas personas, podrían ser buenas o malas, pero todo aquello que se hacia con un propósito merecía respeto, por el simple hecho de llevar un orden, anteponerse al caos de las ideas, un ritual por ejemplo es un tipo de orden, para algo en concreto o alguien. | Om...| Musito el pelinegro, no era un saludo era una palabra peculiar de una esencia única, quizá la comprenderían o no los demás, pero era una forma de mostrar su sincroniza con la situación, sin embargo para este espadachín, nada nunca seria tan sencillo y su mente experimentada siempre estaría al tanto. Aceptando la invitación por decirlo de alguna forma, comenzó a caminar hacia dentro del recinto, junto con la cajita que venia cubierta por una tela. | No se de que trate su veneración ni tampoco me importa... pero eso no significa que buscare dañarla mientras no me moleste. | Sentencio en su tono habitual, directo y concreto.
| Tampoco tenemos intenciones de que esta simple entrega se convierta en algo más que eso... como ya lo mencione | Dijo aquel samurái del sombrero, que parecía el guardián del templo, mientras daba la espalda y comenzaba su camino hacia la zona donde estaban los inciensos. Dharma por su parte al igual que su aliado Sanemi, se mantenían casi a la par, uno del otro, pero todavía apenas atravesando la puerta. La mirada del pelinegro se movía con sutil gracia entre los presentes, sus sentidos estaban dispuesto a interpretar cualquier cosa como una posible amenaza, los templos, no son solo lugares ritualísticos para una cosa en concreto, a veces encierran también sus propios designios, también pueden estar con algún tipo de fanático o creyente que busque su beneficio a costa de otros o caigan en la locura de escuchar las voces de aquellos seres de otra dimensión. |Eso lo veremos.|
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Sanemi Toge
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Dharma es de los personajes que para el común puede ser un poco difícil de entender, por la forma en que habla y actúa, es como si se tratara de una entidad superior. Sanemi, no creía que fuera eso, pero nota que trabaja día a día para acercarse lo suficiente a sus ideales y objetivos ¿Está loco? Pueden que un poco, ambos. Fuera de burlarse por su forma de expresarse Sanemi lo escuchó con atención, todas y cada una de sus palabras, después de todo, fue esa personalidad lo que hace se lleven tan bien.
-Después de todo el presente es un regalo -Agregó mientras seguían andando, cruzando el pasillo poco a poco. En su estado de alerta el de pelo blanco suele mirar todo lo que se encuentre dentro de su rango de visión, sin mover el cuello para no llamar la atención. Se pueden sentir como las miradas se clavan en ellos, con cada paso que dan es como si se pudiera sentir una ligera tensión incómoda en el aire. Palpable.
Toge pensaba igual, no se interpondría al ritual o lo que sea que hagan para sus deidades, culto o lo que sea. Respetaba las diferentes culturas en las diferentes formas. El guardián que los escoltaba manifestaba que la entrega del objeto no era más que un mero trámite, algo rutinario. Esto no hacía más que alimentar las preguntas, en tal caso, la vieja pudo hacerlo. El tramo no era tan lejano como para que nadie pudiera no hacerlo.
Sangre. El característico olor a metal húmedo, óxido y salado se impregnó en el aire. No era para nada leve, Sanemi pudo diferenciarlo con tiempo gracias a su capacidad para diferenciar y captar olores superiores al promedio -Gahahaha… -Mostró una sonrisa de lado a lado mientras se frenó, a dos metros del altar del dragón. Echando un rápido vistazo al suelo se pueden notar manchas oscuras y negras -Oe… oe… Estos monjes son algo enfermos -Levantó su brazo derecho para señalar a todos con un barrido general de su dedo índice -No se han deshecho correctamente del olor a sangre, ni se molestan en ocultarlo -Tras esto los dueños de casa comenzaron a balbucear. Seguramente un retorcido credo o rezo.
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Las cosas se iban tornando un tanto peculiares, más de lo que alguien pensaría para una isla tan pequeña y casi sin tanto precedente, sin embargo, como dice un dicho, "pueblo chico, infierno grande" esa casi conjetura cabía a la perfección para la situación que se estaba enmarañando. Dharma por su parte sentía algo diferente entre todo lo que habitaba ahí, si bien parecía un templo, no era tan usual que hubiera gente armada dentro de él, si bien podían disponer de artilugios defensivos, no es que se portaran de forma cotidiana, desde ahí era un punto a considerar. Pero por lo menos en esta situación venia acompañado de un buen compañero, ya algunas aventuras habían sucedido, unas mas caóticas que otras, pero habían logrado salir abantes. Esta vez no seria la excepción. Así con algo de curiosidad mas que necesaria el pelinegro termino de dar algunos pasos más mientras escuchaba de tanto en tanto las palabras de Toge.
| Pero bro... el regalo para estos será otra cosa. | Expreso con una sonrisa suave mientras de su mano derecha dejaba caer la tela negra que cubría aquella cajita, para después en un acto de habilidad y reflejos solo mostrarla libre, mientras la tela negra iba cayendo al suelo. | Esto no será un acto de magia. | Dando a entender que no haría que las cosas fueran tanto de emoción. así ante las palabras de Sanemi refiriéndose a que los monjes de ahí estaban "enfermos" de una manera bizarra, el espadachín continuaba atento a todo lo que sucedía. Y ahora mostrando la pequeña caja ante los ojos de todos los ahí presentes, sin titubear la abrió al mismo tiempo que sus palabras iban terminando, mostrando dentro de dicha caja algo que no se esperaba del todo pero que de alguna forma se veía venir. Una daga extraña no tan larga pero llena de sangre seca, dentro de la caja había una nota que se observaba fácilmente cada palabra que decía "Mi ofrenda". No hubo mucho que pensar porque ante tal acto, los ahí presentes reaccionaron.
| Siempre los visitantes complicando las cosas... más ofrendas al dragón. | Dijo el samurái que estaba a unos 5 metros a la derecha de Dharma, el cual se quitaba el sombrero comenzaba a mostrar su verdadera actitud. | Jahjah... venga no se esforzaron en disimular tanto... es mejor para nosotros. | Sus palabras iban para su compañero Sanemi, pero también daban a entender que la situación no será nada sencilla para esas personas que de alguna u otra forma querían atentar contra ellos. Ante lo que estaba ocurriendo, el oriundo de Wano dio un salto hacia atrás, para tomar una espada ornamental que se encontraba en una de las paredes. | Sera con esto pequeñines... Toge creo que tendrás que divertirte con los demás. | Su tono de voz era imperturbable, no sonaba espantado o emocionado, sus palabras describían lo que estos seres significaban para el espadachín, el cual ya estaba listo para llevar a cabo un duelo contra el samurái. Mientras veía como uno de los monjes se posicionaba junto con aquel samurái y los otros tres parecían querer rodear a Sanemi.
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Sanemi Toge
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Los piratas comprendieron la situación rápidamente. Era una secta con un extraño ritual de sacrificio para un dragón. No juzgaba el hecho de que creyera en esa criatura mitológica, después de todo en esa era se ha demostrado que lo inimaginable también es real. El mundo tiene un particular sentido del humor. El aire comenzaba a tornarse denso y pesado, con ese tufo a sangre inundando la atmósfera que no hace otra cosa más que dar una ambientación bastante penumbrosa.
Sanemi cruzó su mano derecha hasta su hombro izquierdo, apretó su mano para agarrar la capucha y sacársela de un tirón para luego dejarla en el suelo, sin importarle se manchara de sangre, después de todo era descartable. Observó a Dharma mientras poco a poco iba revelando el misterio que envolvía en la tela negra. Una daga de peculiar forma con visibles manchas de sangre seca y una nota arrugada. La vieja, estaba pagando el tributo.
El de cabello blanco también dio un salto hacia atrás y en diagonal al mismo instante que su compañero. Entendió el mensaje, el oriundo de Wano se encargaría del espadachín. Sus palabras, como de costumbre eran calmadas. La confianza que han ido ganando, hasta este punto, los hacían “repartirse” el botín con plena confianza en que lograrán sus objetivos y si no los concretaban, seguramente morirían intentándolo.
-Gahahaha… Al final tú has dado la señal -Ambos comparten el gusto por la pelea, aunque por motivaciones diferentes. Toge no tenía necesidad de afirmar que se enfrentaría a los otros puesto que era tácito. Giró su cuello un par de veces hasta ubicar a los cuatro monjes, no los juzgaría por su apariencia, aunque esta dejaba mucho que desear. Cuando empieza el combate, Sanemi se vuelve más callado, calculador y se concentra en su objetivo.
Sin espera. Solo con el sonido de la punta de su pie derecho deslizándose por el suelo marcó el inicio de su carrera. Cortó distancia con el monje más cercano, aislado y con el rostro tan distorsionado como los demás. Si quería que sus probabilidades de éxito aumenten, debería separarlos.
Una vez recortado la distancia deslizó su mano derecha por delante de los ojos de su rival, simplemente moviéndola de un lado al otro, dejando ver la parte frontal de su diestra. Aquello provocó un reflejo en el monje quien levantó sus manos para protegerse el mentón. De pronto un golpe seco al hígado impactó con el rival. La respuesta fue inmediata: el cuerpo del monje se estremeció, perdió color y se encorvó con las manos presionando su costado. Con suerte para Sanemi, aquello bastaría para provocarle una hemorragia interna.
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Las cosas cambiaron de perspectiva abruptamente, antes solo tenían que llevar un encargo de una anciana que inspiraba cierta confianza, ahora estaba debatiendo la posibilidad de correr cierto riesgo de morir. Aunque dichas palabras y dubitaciones no solían pasear por la mente imperturbable de Dharma, mas bien, sentía cierta emoción, como si el mundo mismo le presentara estas situaciones, para el poder seguir avanzando más allá de sus propias habilidades, el pensamiento que genera, la maldad puede venir en diversas presentaciones, por eso solía ser bastante analítico y esta vez no era la excepción. Tras posicionarse con un salto veloz en un costado, tomo una espada que estaba colgando de un gran símbolo de dragón, dicha espada parecía mas ornamental que estar lista para una batalla, pero era mejor que estar desarmado dado el caso con el que se estaba por enfrentar, había que hacer uso de todo lo que fuese necesario, ya que por esta ocasión no había traigo consigo sus propias espadas, un descuido que nunca le volviera a pasar.
| Bro... a veces es mejor anticiparse un poco | Mencionaba en su tono usual, mientras el samurái al frente de el comenzaba a desenvainar su katana, tomando una postura digna de un guerrero, por su parte el espadachín de Wano, tomaba una espada que había sacado de una de las paredes, posicionándose con ella arriba de su propio hombro. Como si tuviera la guardia abierta y desprotegida, pero la diferencia de altura entre el pelinegro el monje samurái era un tanto alta, unos 30 centímetros o o mas eran suficientes para que el oriundo de Wano asumiera un estilo diferente de postura, preparándose para el combate. | Demasiado inusual para ser un espadachín... tu sangre será útil| Expreso el samurái psicótico, envenenado por los deseos de cumpliré a su dios falso. | Ven a mi humano. | Lo dijo en un tono frio, si bien su voz nunca tenia disonancias respecto a la modulación de voz, lo que pronuncio esta vez, era algo seco. El samurái comenzó a moverse en dirección a Dharma, con su arma desenvainada, seguro de que podría generarle un corte directo al pecho a su contrincante y tributo.
El de orbes verdes, simplemente se mantenía calmado ante la velocidad que mostraba su rival, sin embargo no era suficiente para causar una preocupación real, sus sentidos estaban totalmente alerta y para cuando el samurái decidía propinar su corte ascendente de el lado derecho al izquierdo del hombre de cabellos negros este mismo daba un pequeño paso con el que esquivaba dicho ataque al mismo tiempo que su arma se colocaba en la cabeza del samurái, impactándolo en seco, atravesando su cuerpo de arriba hacia abajo, como si fuera un simple cuchillo, quizá la espada que había tomado de la pared no tendría tanto filo, pero con la potencia y habilidad de él era suficiente para incrustarla en su cráneo, terminando de un solo movimiento con el samurái, no había por que hacer las cosas más largas o hacerlas de emoción. Los demás monjes al ver lo sucedido, podrían haber sorprendido o preocupado por que clase de sujetos estaban ahí con ellos, las presas eran realmente los cazadores. | Hablaba mas de lo que su katana podía hacer. | Expreso el espadachín, mientras el cuerpo del samurái se terminaba de caer al suelo por si solo descolocado de esta realidad, como una brocheta humana, sus rodillas y luego su cuerpo inerte se escuchaban en este amplio templo. Dharma a su vez esperaba ver si podía o debía ayudar a Sanemi.
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Sanemi Toge
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Cuando las personas pelean con la intención de asesinar al otro, tienen que estar dispuestos a perder la suya también. Esto es lago que Sanemi tiene muy claro por lo que, en cada combate, sin importar el nivel de peligro real, no da tregua y se esforzará de igual manera. El primero de los monjes cayó al suelo inconsciente, la hemorragia interna se pudo presenciar puesto su sangre comenzó a buscar salida por su nariz y boca. Al parecer, no están bien entrenados o su nivel siquiera es mínimo para poder plantarse decentemente. Esto solo era muestra de que sus presas han sido siempre turistas. La verdad, desde ese punto de vista, eran una secta bien armada ya que desaparecían personas que solo están de pasada y nadie notaría nada extraño.
Sanemi se repuso rápidamente mientras observaba como otro de los personajes se lanzó contra él, algo más alto y fornido. Esto lo emocionó un poco, sin embargo, esas revoluciones bajaron cuando notó que duda y miedo generado en su rival. Le daba un punto por atacarlo de todas formas. El enemigo se ubicó frente al peliblanco, con un desesperado intento de querer abrazarlo aprovechando su estatura y capacidad corporal.
-Oe… -Murmuró justo antes de desaparecer de la vista de su oponente. Su cuerpo ya estaba en el suelo, antebrazo y talón derechos apoyados firmemente como puntos de impulso -Son más tontos de lo que imaginé - masculló mientras usaba esas mismas extremidades para lanzarse hacia arriba. Su pierna izquierda se elevó describiendo un arco limpio que cayó directo sobre el mentón del monje. El impacto fue simultáneo al brutal golpe de Dharma en su propio objetivo. El monje escupió sangre de inmediato, su mandíbula estaba destrozada, dientes rotos y el golpe ocasionó que su cerebro rebotara provocando perdieran la consciencia de forma automática.
Como era de esperar, el escenario y dirección ya no pertenecía a los dueños del lugar. La desesperación estalló Todos comenzaron a correr alborotados de un lado a otro. Sanemi no se molestaría siquiera en intentar detenerlos, no tiene sentido cuando han perdido toda voluntad por pelear y no sacaría nada de ello. Se levantó, sacudió su ropa un poco, para luego volver la mirada a su compañero, quien tenía el cuadro más sangriento -Al final algo de tributo pudieron ofrecer -Todo eso fue bastante irónico. Los roles invertidos no fueron otra cosa más que una jugarreta del retorcido sentido del humor que tiene la forma de darse las cosas, no le diría destino, Toge no cree en esas cosas.
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La sinfonía de batalla que se llevo acabo aunque un tanto simple, mostro los destellos de las habilidades de aquellos nuevos guerreros del mar, no fue para tanto en la mente del oriundo de Wano, ya que las habilidades que el poseía no era algo nuevo, sin embargo, habían pasado una buena cantidad de días desde que había tenido que arrebatar el alma de algún cuerpo. Ahora el camino era uno tal cual, seguir avanzando en este mundo donde la confianza era algo muy valioso. Por ende, el mismo compañerismo que tenia con Sanemi, era algo de valor importante. Si bien sus aventuras apenas tenían un poco de haber dado inicio, ya habían pasado por algunas interesantes situaciones. El camino elegido y sus consecuencias eran parte de lo mismo.
| Realmente creían en lo suyo... jah al final su inexistencia tiene algo de sentido. | Respondía con normalidad hacia Toge, el cual también mostraba palabras un tanto irónicas, pero con mucho sentido. Dharma alcanzo a mirar los residuos de la batalla de ambos, no dijo nada más, sus pasos se dirigieron hacia una de las paredes del templo y tomo uno de los candelabros que contenían fuego, eran un tipo de lamparas de aceite o algo por el estilo. | Mas vale que tarden un poco más en intentarlo ya que no creo que los volvamos a ver Bro. | Sentencio en su habitual tono, como si fuera algo común del día, mientras al tomar una lampara la lanzaba hacia la parte del tercer piso con sumo cuidado de atinarle, no eran tan complicado, solo lanzo hacia arriba buscando que cayera con una pequeña parábola, al impactar dicha lampara se escucho como el vidrio dio de si y el fuego junto con los aceites comenzaban a incendiar esa zona.
Mirando hacia Sanemi, sin decir nada más siguió haciendo lo mismo un par de veces más del lado izquierdo donde le se ubicaba, sabiendo que su compañero haría lo parecido, sino es que ya había tenido una idea similar. El calor se comenzaba a propagar con lentitud, pero se podía comenzar a ver la madera y la pintura deteriorándose, aquellos símbolos de dragón cayendo lentamente de las paredes, la estructura tardaría unos buenos minutos en colapsar, suficientes para salir de ahí | Creo que este lugar no tiene más que ofrecer. | Dijo mientras comenzaba a salir con calma de aquel lugar, estirando su cuerpo, sus brazos lentamente se juntaban hacia atrás y después aflojaba su espalda, buscando esa relajación que le agradaba, quizá solo se había convertido en un habito hacerlo, pero le funcionaba ya que tenia que manejar armas cotidianamente. Así sin mas comenzó a caminar hacia la salida, esperando por su parte también que Sanemi lo hiciera.
Mientras caminaban se podía sentir las llamas consumiendo el lugar, quizá para las altas horas de la madrugada algunos aldeanos se percatarían de lo sucedió, quizá la anciana entendería el juicio que se ejerció y esta intentaría huir o cambiar, pero ese tipo de nimiedades no cobraban mucho sentido en la mentalidad del espadachín, quizá también habría gente que agradecería el final de ese templo.
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El clímax de la batalla no duró demasiado. Dharma y Sanemi fueron contundentes, casi quirúrgicos. El resto cayó por su propio peso. La autoproclamada Secta del Dragón, si es que merecía un nombre, estaba compuesta en su mayoría por cobardes que retrocedieron en cuanto vieron a sus miembros más fuertes desplomarse en cuestión de segundos. Habían confiado en que aquellos “tributos” enviados desde el pueblo serían dóciles, algo fácil de manejar. Fueron todo lo contrario. Y ahora entendían, demasiado tarde, que subestimar a alguien por su apariencia es uno de los errores más graves que se pueden cometer en esta era. Ellos lo cometieron y pagaron el precio más alto.
Sanemi solo intercambió una mirada rápida con Dharma. No necesitaban palabras para interpretar lo que pensaba el otro; bastaba ese gesto breve. Cada uno tenía sus particularidades y sus propios objetivos, pero el camino, por más retorcido que fuese, los estaba empujando a avanzar en la misma dirección.
El peliblanco dio unos pasos, hundiendo la bota en el charco de sangre que había dejado su oponente. Observó cómo el líquido se escurría por un pequeño canal tallado en piedra hasta llegar a la base de la estatua del dragón, sin provocar ningún efecto, sin revelar ningún misterio. Solo sangre sobre piedra.
Sanemi se acercó a un muro y tomó una de las lámparas de aceite que colgaban allí. Con un movimiento seco la lanzó hacia uno de los pisos superiores. El impacto hizo que la llama se expandiera, encendiendo telas y vigas secas. Repitió el gesto dos veces más para asegurarse de no dejar nada al azar. Dharma hizo lo mismo al otro lado de la estructura.
En cuestión de segundos, el fuego comenzó a devorar el templo. Primero avanzó en silencio, después rugió, empujado por el viento que se colaba por las grietas de la madera. Las sombras del dragón tallado se deformaban contra las paredes mientras las llamas ascendían sin piedad.
Ambos comenzaron a retirarse del lugar. La travesía por la isla, hasta ahora tranquila, había encontrado su primer estallido de acción, y aquello hacía que el viaje se sintiera un poco más interesante para ellos. Ni siquiera pasó por la cabeza de Sanemi la idea de regresar al pueblo para dar explicaciones. La vieja que los envió como tributo entendería el mensaje por su cuenta cuando escuchara que el templo había ardido desde los cimientos, junto a quienes sostenían su pequeña cadena de poder.
Había sido un paso más dado casi por accidente, pero un paso al fin y al cabo.
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