Develio Torum
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El campo de entrenamiento resonaba con la energía renovada del grupo. La declaración de Akira sobre la diversión en el movimiento, la mención de Juan sobre la fuerza nacida de la rotura... Develio procesó las filosofías de sus dos amigos con una calma profesional. Eran dos enfoques diferentes para el mismo objetivo: la supervivencia. Ambos, a su manera, eran válidos.
Escuchó la reflexión de Juan sobre cómo el Vicealmirante Joe demostraba que la raza no era una barrera. Asintió levemente para sí mismo, un gesto que se perdió en la inmensidad de su figura. Era una verdad biológica simple. El potencial de un individuo estaba dictado por su entrenamiento y su voluntad, no por su fenotipo. La respuesta de Juan sobre "romper y reconstruir" para hacerse más fuerte también era anatómicamente correcta.
-Así es como crece el músculo y se fortalece el hueso,- murmuró, más para sí mismo que para los demás, mientras daba una calada a su pipa. -Estrés, microdesgarros, y luego... sobrecompensación en la curación. Tu cuerpo entiende el principio, Juan Sebastián. Mi trabajo será asegurar que el 'estrés' no sea catastrófico.
Añadió, con una mirada dirigida al gyojin: -Un escudo se vuelve frágil si es demasiado rígido. Los estiramientos previenen las fracturas por tensión. No los ignores.
El grito de motivación de Akira, seguido por el coro sorprendentemente unánime de los otros reclutas, fue un fenómeno que Develio observó con genuino interés. El joven rubio tenía un carisma natural, una capacidad innata para galvanizar a otros. Era un catalizador social. Develio no se unió al grito. Su apoyo se manifestó de una forma mucho más silenciosa: un largo y lento anillo de humo con aroma a mango que se elevó sobre el grupo como una bendición silenciosa antes de que el viento lo reclamara.
El camino al comedor fue ruidoso y lleno de camaradería. Una vez dentro, el tamaño del lugar apenas se registró para el semigigante. Su atención, como siempre, se centró en la logística. Cientos de reclutas y oficiales. El requerimiento calórico para mantener operativa una fuerza de este tamaño debía ser inmenso. Tomó tres bandejas, apilándolas con una montaña de arroz, pescado y verduras que harían palidecer la ración de una semana para un hombre normal.
Se sentó en la mesa designada para ellos, una mesa reforzada que crujió audiblemente bajo su peso. Y entonces, lo vio. La mirada de pánico cómico en el rostro de Juan Sebastián y rió.-¡Tortortortortor!-Siguió la línea de su visión hasta el plato principal del día. Cangrejo a la parrilla. Develio procesó la información en una fracción de segundo: el tabú, la incomodidad de su amigo, el dilema social.
Mientras la risa de Juan rompía el silencio, Develio actuó. No con palabras. No con bromas. Actuó con la eficiencia silenciosa de un cirujano solucionando un problema.
Lenta y deliberadamente, extendió su enorme brazo. Con una delicadeza que desmentía su tamaño, tomó la bandeja de Juan Sebastián, en la que solo reposaba un triste cuenco de ensalada. Tomó una de sus propias tres bandejas, la que estaba cargada exclusivamente de un gran filete de atún a la plancha y una pila de vegetales al vapor, y la deslizó frente a su amigo con un suave ruido sordo. El añadido fue rápido, silencioso y no dejó lugar a protestas. Fue una solución, no una conversación. El semigigante asintió.-Tu ingesta calórica debe ser superior a las 90 y 200 kcal que posee esa única ensalada, ese filete de atún y esa verdura cocida en esa cantidad es más adecuada con unas 3000 kcal...-Asintió para si mismo.
Finalmente, con el problema resuelto, retiró la pipa de sus labios. La sonrisa ladeada, esa rara manifestación de humor, apareció en su rostro mientras observaba al grupo.
-Un cocinero- retumbó su voz, coincidiendo con la afirmación de Juan. -Sería una mejora logística. Especialmente uno que leyera las fichas del personal antes de planificar el menú.
Akira Raito
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Por fin habían llegado al comedor. Akira no prendía engañar a nadie, tenía hambre, estaba ansioso por llegar. Apenas había tenido tiempo de desayunar por tener que recoger a sus compañeros al puerto y el desayuno era la comida más importante el día. Huevos, bacon, jamón, queso, tortitas, nutella, tostadas, un cafelito, un zumo de naranja, no pedía mucho… Poco era.
El camino hacía el comedor fue ruidoso, por fin conseguía sentirse la camaradería entre los nuevos reclutas, y qué mejor que el momento de comer. Ahí, quisieran o no, iban a tener que sentarse juntos, y con un plato de comida delante era cuando más amigos se conseguía hacer. Las mesas y las sillas agrupadas estaban casi llenas, quedaba hueco para ellos, y pronto se pusieron en la fila para recoger la bandeja con su menú del día. La parte buena era que se podía repetir tantas veces se quisiera, siempre y cuando luego el entrenamiento dejara claro que las capacidades físicas de cada uno no se habían visto mermadas por comer en exceso.
Akira se juntó con Juan y con Develio, le habían caído bien y tenía interés en seguir conociéndolos. Y dejando claro cuál iba a ser su sitio, se levanto para coger su bandeja. Había arroz, pescado y verduras. Se puso un poco de todo, a excepción del plato principal: cangrejo. Todavía no había visto la cara de su compañero, pero una vena empática le impidió ponerse en el plato, a pesar de gustarle y ser una de sus comidas favoritas. ¿Tendría que olvidarse de comer cangrejo para el resto de su vida? Si a cambio de ese sacrificio ganaba un amigo para toda la vida, estaba dispuesto.
Regresó a la mesa con sus compañeros y ahí sí que diferenció la mirada traumatizada de Juan—. Tchakikikikiyah, estoy de acuerdo. Esto ha sido demasiado violento. Justo lo decimos, justo pasa —se rió, dando su completo apoyo a la sugerencia de su compañero crustáceo, quien le siguió con una carcajada. Los tres estaban casi llorando de la risa. Por un momento Akira no imaginaba que iba a ser una situación tan cómica, cualquier otro gyojin hubiera montado un alboroto lanzando la bandeja por los aires. Pronto el enorme brazo de Develio colocó en la bandeja de Juan un gran filete de atún a la plancha y una pila de vegetales al vapor.
—¿Y a nuestro cocinero le prohibiremos cocinar cangrejo? ¿O si nos quedamos varados en medio del mar Juan podría ser nuestra comida de emergencia? ¡Es broma! Cangrejo prohibido —hizo un símbolo con sus brazos en cruz a sus compañeros con el tenedor aún en la boca. Un cocinero sería ideal. La comida del cuartel no era nada especial. A fin de cuentas, era comida que se hacía para decenas de soldados. Era comestible, les aportaba los nutrientes y calorías que necesitaban, pero no era un sabor especialmente cuidado. No era un catering de boda, era más bien como el comedor de un colegio.
—Y bueno chicos, a parte de vuestros motivos para uniros a la Marina, ¿tenéis algún otro sueño por cumplir? —lanzó la pregunta a aquellos dos, quería conocerlos mejor. Ya sabía que Juan quería ser un héroe y que Develio veía a los piratas como una enfermedad a la que hay que administrarle una cura, pero quería saber si tenían algún objetivo más allá de conseguir el bien e impartir justicia. Alguna meta que no tuviera que ver con el resto del mundo, sino con ellos mismos—. Que no os de vergüenza, aquí ya somos hermanos —dijo mientras les regalaba una amplia sonrisa, asegurándose primero de no tener paluegos entre los dientes, que sino menuda vergüenza tener un trozo de lechuga ahí enganchado.
—Hablo —. ”Pienso”
Juan Sebastian
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A pesar del incidente la comida fue agradable, Develio le entregó una parte de su porción, teniendo en cuenta el tamaño de las raciones de su gigante compañero, esa porción era más que un plato completo del resto —Gracias Dev, me encanta el atún— Dijo Juan con una amplia sonrisa, al mismo tiempo que se llevaba el atún a la boca, era agradable contar con alguien tan atento como él.
Las bromas de Akira le hacían mucha gracia a Juan, se sentía afortunado de haber conocido tan pronto a alguien que compartiese ese sentido del humor con él, gracias a esto la comida fue un festival de risas con un gran ambiente. Lo útil que sacaron de la conversación sería la idea de conseguir un cocinero, la comida del cuartel no era la mejor del mundo y sabía por experiencia que cuando llegase la hora de pasar largos periodos en alta mar, sería peor. —No quiero ni imaginarme pasar una semana en alta mar sin un cocinero especializado, la primera parte de la preparación es comer bien—
Akira preguntó por sueños por cumplir, era una pregunta acertada para seguir conociendo a sus dos nuevos amigos — Lo primero sería ser el mejor tecnólogo del mundo, podría ayudar a gente que ha tenido accidentes a poder llevar una vida normal con implantes robóticos. Lo segundo sería derrocar a los Yonko, seguro que borrarlos haría que menos gente se viese interesada por la piratería, hay que eliminar a sus referentes — Desde pequeño pudo ver como sus padres trabajando en el taller ayudaban a la gente con utensilios para el día a día y "M", el héroe de los cómics le llevo a enamorarse de los cyborgs y la robótica. Estos dos factores eran los pilares de los sueños de Juan, esos dos y, por supuesto, su odio a los piratas.
Eran cosas de las que raramente hablaba, no por que se avergonzase de ello sino porque hasta este momento nadie había mostrado interés en ello Cuando se unió a la Marina las preguntas que le hicieron fueron más bien planas y protocolarias, nada tan profundo como los sueños o las metas. Sentía que con sus dos nuevos amigos había encontrado gente, con la que poder aspirar a algo, a ser más que un simple marine, sentía que realmente había un camino para cumplir sus sueños.
Cuando Dev y Akira terminaron lo que tenían que decir, Juan agregó —¿Habéis pensado en formar una división? Creo que los tres haríamos un buen equipo, nos espera un largo camino en la Marina y será más agradable en compañía—Había encontrado compañeros con los que podría aspirar a algo más que ser simples marines, ahora sus sueños no se sentían como algo tan lejano, eran metas para el futuro.
—Hablo— —Pienso—
Develio Torum
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12-11-2025, 01:59 PM
(Última modificación: 12-11-2025, 02:02 PM por Develio Torum.)
El comedor retumbaba con la energía renovada del trío. El episodio del cangrejo había pasado de un momento de pánico cómico a un punto de inflexión, una anécdota fundacional. Develio observó a sus dos amigos reír, una sonrisa genuina en el rostro de Akira, una carcajada estruendosa brotando de Juan. El semigigante permaneció en silencio, su pipa entre los labios, pero en sus ojos, detrás de sus gafas, había un brillo de algo que casi se asemejaba a la satisfacción. Su solución logística había funcionado. La unidad se había reforzado.
La broma de Akira sobre el canibalismo gyojin en caso de emergencia fue recibida por Develio con una ceja ligeramente arqueada.
-Bajo un escenario de supervivencia extrema, el tejido muscular es una fuente de proteína viable, independientemente de la especie,- afirmó con una seriedad tan absoluta que la hizo aún más hilarante. -Sin embargo, la logística de descuartizar y cocinar a un sujeto del tamaño de Juan en un barco varado sería... prohibitivamente compleja. Hay mejores opciones.
Dejó que esa imagen colgara en el aire antes de dar otra calada, la sonrisa ladeada regresando por un instante fugaz.
Luego vino la pregunta de Akira. Sueños.
Develio permaneció en silencio, escuchando atentamente. Las aspiraciones de Juan eran una mezcla fascinante de ciencia y una justa y abrumadora violencia. Un "tecnólogo" para ayudar a los heridos, una meta de creación y sanación. Y el deseo de derrocar a los Yonko, los cuatro tumores más grandes y malignos que asolaban el mar. Había una coherencia en la filosofía de Juan que Develio respetaba. El chico quería tanto reparar el daño como extirpar su causa raíz. Era la filosofía de un buen médico.
Cuando el gyojin terminó de hablar, la mirada de Akira se volvió hacia Develio. El comedor pareció silenciarse por un instante en la mente del semigigante. Se tomó su tiempo, retirando lentamente la pipa de su boca. El humo con aroma a mango se arremolinó sobre la mesa, un velo que se desvaneció lentamente, como sus propios pensamientos ordenándose.
-Mi camino es... similar al tuyo, Juan Sebastián,- comenzó, su voz profunda, cada palabra resonando con un peso cuidadosamente calibrado. -En un sentido diferente
Su mirada se perdió en la distancia, como si viera más allá de las paredes del comedor, hacia un mapa del mundo teñido de enfermedad.
-Quiero convertirme en el mejor médico que este mundo haya visto. No por la fama. No por el reconocimiento.-Hizo una pausa.
-La medicina se define por las enfermedades que no puede curar. El conocimiento actual es un parche. Es insuficiente.
Se inclinó ligeramente hacia adelante, y su voz bajó, adquiriendo una intensidad que sus compañeros rara vez habían oído de él desde que se habían conocido.
-Existen dolencias incurables que devoran a la gente desde dentro. Tumores que no responden a la cirugía. Plagas que barren islas enteras sin que sepamos por qué. Un hombre no debería morir simplemente porque nacimos demasiado pronto para entender su enfermedad.
La pipa reposaba en su mano masiva, su calor ya olvidado.
-Y luego... están las plagas que caminan y hablan.-Su mirada era ahora dura como el acero.
-Tú los llamas Yonko, Emperadores del Mar. Yo veo lo que realmente son, desde una perspectiva clínica. Son las Cuatro Grandes Pandemias, más concretamente cuatro cánceres del mundo. Tumores en etapa cuatro, de crecimiento agresivo y con una capacidad metastásica devastadora. Infectan todo lo que tocan, creando nuevos crecimientos de violencia y desesperación a su paso. Propagan el sufrimiento como un virus aerotransportado.-Volvió a llevarse la pipa a la boca, la brasa brillando de nuevo con una luz feroz.
-Mi sueño... es la Erradicación Total. Tanto de las enfermedades que aún no tienen nombre, como de las cuatro plagas cuyos nombres todos conocen. Uno a uno. Aplicar la solución quirúrgica definitiva. Para eso se necesita el mejor instrumental, el mayor conocimiento, y una fuerza lo suficientemente abrumadora como para poder operar en el corazón del paciente más peligroso del mundo... sin que te mate en el proceso.
Exhaló el humo, no en un anillo, sino en una columna densa y decidida, como el humo de una pira funeraria. La propuesta de Juan sobre formar una división flotó entonces en el aire. Develio miró a Juan, y luego a Akira. La sonrisa ladeada, la de verdad, regresó.
-Médico, Navegante, Ingeniero. El núcleo de un equipo de respuesta rápida. Una unidad de respuesta rápida- asintió, lentamente. -El plan tiene... mérito clínico. Un buen doctor necesita un equipo competente. Estoy de acuerdo, juntos somos más fuertes.-Sentenció mirando a ambos compañeros y alzó el vaso de agua que le habían entregado del tamaño de un cubo junto a una de las bandejas.-Dicen que da mala suerte brindar con agua, pero estamos compuestos en nuestra mayor parte por esa misma agua, además no soy supersticioso Tortortortor-Alzó el cubo como si fuese un vaso pequeño en una de sus manos y lo levantó haciendo que Akira y Juan lo imiten. -¡Por la nueva división que formaremos!, ¡SALUD!
Akira Raito
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Akira seguía comiéndose lo que tenía en plato, parando de vez en cuando para beber un poco de agua o quedarse simplemente sin hacer nada, únicamente escuchando lo que tenían que decir sus compañeros. No era alguien que comiera especialmente rápido, le gustaba disfrutar cada bocado, aunque lo que decían sus compañeros acerca del cocinero era verdad. No era comida mala, de hecho les hacían tener una dieta variada y equilibrada ahí en el cuartel, pero los sabores sí que podrían, ya no solo diferenciarse un poco más, sino que generaran una sensación tan buena que apeteciera repetir.
—Una semana en alta mar sin cocinero… Bueno, podríamos sobrevivir a base de macarrones, aunque algo se nos ocurriría, ¿cazaríamos gaviotas? ¿Peces? No he cocinado mucho pero tampoco debe ser tan complicado, ¿no? —respondió a la afirmación de Juan de la dificultad de pasar largos periodos en alta mar sin tener buenos conocimientos sobre preparar comida. Y ya no solo era prepararla, era saber conservarla. Sin un congelador o mucha sal, se les complicaría en asunto. Necesitaban un cocinero, pero no uno como el del cuartel… Alguien que sintiera pasión por la comida, que disfrutara tanto de cocinar como de ver al resto comer—. Definitivamente necesitaremos un cocinero —dijo con los ojos mirando al techo y la cabeza algo ladeada, dejando entender que había pensado en las posibilidades y su conclusión final.
Después se rio al escuchar lo que dijo Develio acerca de descuartizar y cocinar a un sujeto del tamaño de Juan—. Bueno Dev, puestos a necesitar una fuente de proteína viable, tu serías el más indicado para alimentar al resto. Una pierna tuya nos sirve para varios meses tchakikikikiyah —se volvió a reís. Parecía que la comida de emergencia iba a ser el cangrejo, pero viendo las dimensiones del semigigante, era indudable que la mayor fuente de alimento podría ser él. En esta ocasión Akira se salvaba, pequeñito, sin chicha, sin sabor, no podía parar de reírse.
Siguió escuchando los sueños y metas de sus amigos, bastante similares, pero con sus objetivos diferenciados. El cangrejo quería ser el mejor tecnólogo del mundo, ayudar a la gente con implantes robóticos y derrotar a los Yonko, y el gigante convertirse en el mejor médico que el mundo haya visto y erradicar tanto las enfermedades como las plagas. Estaba sentado con dos grandes soñadores, con dos marines decididos, con objetivos, con inquietudes. Estaba sentado con dos grandes promesas—. Pues chicos, yo quiero ser capaz de navegar por cualquier agua, sin importar el peligro, sin importar las adversidades del tiempo. Ser capaz de llegar a cualquier lugar. Nunca me había planteado ser el mejor timonel, pero para que vosotros cumpláis vuestros sueños quizá necesitéis a uno, y ahí estaré —les sonrió mientras tomaba un vaso de agua como hacía Dev.
—¡Por la nueva división! —y lo levantó para brindar con el resto de sus compañeros.
—Hablo —. ”Pienso”
Juan Sebastian
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Juan brindó con sus nuevos compañeros al grito de —¡¡Por la nueva división!!— Haber encontrado tan buenos compañeros en su primer día en la isla, era algo que supero completamente sus expectativas. Desde aquel viaje en barco, observando a aquel gigante con curiosidad, pasando por el genuino recibimiento de aquel muchacho de cabellos rubios y terminando en una divertida e inspiradora comida juntos.
Los tres eran realmente un libro abierto por igual pese a sus diferencias, lo que facilitó que pudieran conocerse rápidamente. Akira podía definirse como un huracán de energía, que llevaba el caos a su paso al mismo tiempo que era capaz de transmitir su alegría y pasión a todos los que le rodeaban. Develio demostró ser un claro ejemplo de que las apariencias pueden extrañar, siendo capaz de estar atento a cada mínimo detalle con una precisión quirúrgica y demostrando que su cuerpo se quedaba pequeño para ese gran corazón. Juan por su lado era capaz de transmitir su buen sentido del humor y su tranquilidad a su manera además de una férrea convicción más dura que su caparazón. A pesar de ser tan diferentes, lo que si compartían era un gran sentido de la justicia, el querer ayudar a los demás era un deseo que los tres tenían en común y esa es la cualidad más importante para un marine y para una persona.
Desde el punto práctico de la división, tenían un Doctor, un Manitas y un Navegante, era un buen comienzo, podrían cubrir la mayoría de sus necesidades básicas, pero no era suficiente, como hablaron anteriormente, era importante conseguir un cocinero, especialmente con la cabeza puesta en navegar en grandes mares como el Grand Line y, seguramente, faltaría algo más. Pero no era momento de preocuparse por eso, de momento estaban ellos y era más de lo que se podría esperar para el primer día, en una era dominada por los sueños de las personas no parecía que fuese a ser difícil encontrar nuevos compañeros que encajen con sus ideales.
Los sueños de este peculiar grupo encajaban perfectamente con las personalidades de este peculiar trío. El libre Akira, que soñaba con ser capaz de domar cualquier marea, contra cualquier clima, para llegar al lugar que necesiten. El responsable Develio, con el deseo de curar el mundo de todos los males, sin importar si son enfermedades o personas que causan sufrimiento ajeno .Y el inocente Juan, con el anhelo de poder ayudar a las personas desamparadas con la ayuda de la robótica, lograría que cualquiera pueda vivir con normalidad. Nadie sabe lo que lograrán en un futuro, ni que compañeros se unirán a sus caminos, pero con el nacimiento de esta nueva división, los tres daban un paso al frente en esta era de conflictos.
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