[Presente relativo] - La búsqueda.
#1
Día 75, Año 16, Invierno
Después de un viaje largo y pesado, el barco comercial finalmente atracó. El calor me golpeó en el rostro apenas puse un pie en el muelle. Había llegado, pero eso no significaba que todo estuviera resuelto.


Esperé a que la mayoría de los marineros bajaran antes de ir a la bodega. El Komainu salió con paso lento, aún algo débil, pero claramente más tranquilo. El clima le sentaba mejor. Su respiración era más regular y su pelaje, aunque todavía opaco, ya no estaba cubierto de hielo.

—Al menos aquí podrás recuperarte. —

No respondió, pero caminó a mi lado sin mostrar miedo. Eso me alivió, y al mismo tiempo me preocupó. Yo no podía quedarme con él. Mi vida no era estable, ni segura. Viajaba demasiado, me metía en problemas con frecuencia y llevaba un cartel de búsqueda encima. No era alguien en quien una criatura así debiera depender.

Durante los días siguientes me moví por la isla. Caminé por mercados abiertos, zonas residenciales, pequeños templos y lugares donde se reunían estudiosos y comerciantes. El Komainu permanecía oculto la mayor parte del tiempo, descansando en lugares apartados que yo buscaba con cuidado.

—No puedo simplemente dejarte aquí. —
—Pero tampoco puedo llevarte conmigo. —

La idea me rondaba la cabeza sin parar. Pensé en monjes, en guardianes de templos, en personas que vivieran lejos del mar y del caos. Pregunté con cuidado, sin dar demasiados detalles, describiendo solo a una “criatura especial” que necesitaba un entorno adecuado.

Algunos negaban con la cabeza. Otros mostraban interés, pero hacían demasiadas preguntas. Cada respuesta que no me convencía aumentaba la presión en el pecho.

—Tengo que hacerlo bien. —

Una tarde, sentado a la sombra de una construcción de piedra blanca, observé al Komainu dormir. Parecía más fuerte que antes. Verlo así me dio un poco de calma, pero también reforzó mi decisión. No podía fallar.

Guardé la libreta en la mochila y me levanté.

—Vamos. —

Aún no sabía a quién encontraría ni cuánto tiempo me tomaría, pero estaba decidido a seguir buscando. Caminé hacia una zona más tranquila de la isla, donde el ruido del puerto no llegaba y el ambiente era distinto. El sol comenzaba a bajar, tiñendo todo de tonos anaranjados.

Seguía caminando, atento, preguntando lo justo, observando a la gente, con la esperanza de encontrar a alguien capaz de hacerse cargo de aquello que yo no podía proteger.
Caminé unos minutos más hasta que una idea se abrió paso entre todas las dudas.

—El banco Goldreich. —

Había escuchado rumores mientras preguntaba por la isla. Decían que compraban animales grandes. Me dirigí directamente allí sin darle más vueltas. El edificio era sólido, bien cuidado, fácil de reconocer. Antes de entrar, me aseguré de dejar mis armas fuera y le hice una seña al Komainu para que se quedara cerca de la puerta. Se sentó sin protestar, atento, observando a la gente pasar.

Dentro, un joven empleado me recibió con una sonrisa educada y me indicó el camino hacia las ventanillas. Caminé despacio, con la libreta bien guardada y las manos visibles.

Me detuve frente a una de ellas y respiré hondo.

—Buenos días. Soy KuroVongola. —

El hombre levantó la vista, atento.

—He venido para vender un Komainu.—

Señalé con calma hacia una de las ventanas laterales, desde donde la figura del Komainu podía verse con claridad, sentado y tranquilo.

Me quedé en silencio después de eso, esperando la reacción.
#2
Las dimensiones de la puerta del banco Goldreich, en Baterilla y en cualquier otra sucursal, por suerte estaban pensadas para todas las razas y tamaños, por lo que Kuro y su mascota pudieron entrar como uno más. Cuando fue su turno se dirigió a la ventanilla e informó de sus demandas. Un hombre trajeado le atendía desde el otro lado de la ventanilla — ¿Un Komainu? Originales de Wano, buenos animales de carga y transporte... — dijo mirando hacia la criatura, asintiendo — Si, si... es una criatura interesante. Siempre estamos dispuestos a comprar bienes, sean los que sean, y esa criatura es un buen activo — matizó, sacando un papel y empezando a escribir en él con otra pluma distinta — Hay una tarifa estándar globalizada independientemente del tipo de criatura para una mejor y mayor equidad, así que...   — subrayó ese ultimo punto que escribía conforme iba hablando — ...el banco Goldreich puede ofrecer un total de diez millones de berries, no negociables, por la adquisición de esta criatura — tras eso hizo un gesto para llamar a un operario con el que intercambió unas palabras en voz baja  — Sólo debe firmar este documento y entregarnos el animal — terminó de escribir y extendió el papel hacia delante, y añadido a esto adjuntó un contrato de consentimiento mientras su compañero de antes entraba por la puerta del banco con un maletín y extendiendo la mano para cerrar el trato con el joven.

Si aceptaba, se llevaría el maletín y entregaría al animal, y el trámite había finalizado.

Contrato
—
[Imagen: mz3XEoL.png]
—
#D86700
#3
Me quedé frente a la ventanilla con el documento entre las manos. El banco estaba en silencio, roto solo por el murmullo lejano de otros trámites y el sonido suave de la pluma del empleado escribiendo algo más atrás. Bajé la vista y recorrí el contrato con calma, línea por línea, sin prisa. No buscaba detalles concretos, solo asegurarme de que todo estuviera en orden. Aun así, el peso de la decisión no estaba en el papel, sino en el pecho.

Levanté la mirada un momento y, a través del cristal lateral, vi al Komainu. Permanecía quieto, sentado como lo había hecho tantas veces, atento a mi posición. Ya no parecía enfermo ni débil. El calor de la isla había hecho su trabajo. Estaba fuerte otra vez.

—Esto es lo mejor. —

Dejé pasar un minuto entero sin moverme. Un minuto largo, pesado, en el que pensé en el frío de Roshwan, en el viaje, en todo lo que había pasado desde que lo encontré. Pensé en mis caminos inestables, en los peligros que me seguían, en lo poco que podía ofrecerle a largo plazo. Cuando el tiempo se cumplió, exhalé despacio y tomé la pluma.

Firmé.

Deslicé el documento de vuelta por la ventanilla sin decir nada más. El hombre lo revisó con rapidez y asintió. El operario que esperaba cerca avanzó entonces y colocó el maletín frente a mí. Lo abrí apenas lo suficiente para ver el interior. Cerré de nuevo y lo tomé con una mano firme.

Me levanté y caminé hacia la salida. El Komainu se puso en pie en cuanto me acerqué. Me agaché frente a él, quedando a su altura.

—Aquí estarás bien. —

Apoyé la mano unos segundos sobre su cabeza. No se movió. Solo me miró, tranquilo, como si entendiera más de lo que cualquiera supondría. Me incorporé despacio. Di un paso atrás. Luego otro. El personal del banco se acercó con cuidado para llevárselo. No hubo resistencia. Antes de cruzar la puerta, me detuve una última vez y miré hacia atrás. El Komainu seguía observándome. Le hice un leve gesto con la cabeza. Cogí mi arma y salí del banco sin volver a mirar.
#4
INTERCAMBIO DE BIENES COMPLETADO

✘
TEMA: CERRADO

STAFF DE NAKAMA NO MI


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