Not so little - Presente Absoluto
#1
Curioso. Esa es la palabra que queda en el ambiente, es lo que siente el cuerpo, pero no pudo decirla, fingió que hay algo que no cuadra y aunque su mente le dice qué es, no lo dijo en voz alta. Es un secreto a voces que esperó que explote en el peor momento, por lo tanto lo metió bajo la alfombra, como si eso fuese a ayudar ¡Claro que no! Pero ¿Qué más les queda por hacer?

—Lo logramos — pudo sentir el calor de Owen cerca, seguramente por eso le tomó la mano y la estrechó con fuerza, es indicarle que algo va a ocurrir. En realidad es una conversación incómoda, un saldo de cuentas que no supo si deberían hacer o no, pero lo prometido es deuda y ellos han cumplido su parte — No creí que lo haríamos a tiempo… con tanto problema.

Porque no solo tienen que tratar con que los seres no aparezcan con facilidad, como si algo los asustara, sino que tienen que atraparlos, aunque ¿Para qué? Sintió curiosidad de cuál es la razón de atrapar a los lagartos gordos, debe existir algo para que alguien tan famoso esté ahí coleccionando aquellos seres que no puede ver, pero sí sentir.

—Sohem — lo llamó sin saber en dónde está, aun así esperó que Owen la guíe entre la oscuridad para estar frente a ellos. Se adelantó un paso más, porque ha sentido que algo le ocurre al pelirrojo desde el encuentro con los olvidados — Hemos cumplido con nuestra parte del trato — sonrió con suavidad, manteniendo un tono amable y ligero — Aunque si quieres más de los lagartos gordos podemos seguir buscando — su mano libre se alzó ligeramente al hablar y explicar. No hizo movimientos bruscos, tampoco buscó algo que no puede ver — Los que sean necesarios. — los que cumplan la cuota de su petición, como si existiera un número, cuando en realidad no ha existido nunca un trato escrito entre ellos.

Son palabras que podría llevárselas el viento, pero se ha aferrado tanto a ella, que no dejará que se vayan sin cumplir la otra parte del trato.

—Porque he decidido que necesito mejorar — no dio razones, no explicó que ha ocurrido en su mente, ni en qué momento existió el cambio ¿En qué momento toda la situación se torció como para querer esto? Cuando en realidad la idea inicial fue de Owen y nadie más. — Y siento que tu podrías enseñarnos — no habló solo de ella, porque quien la acompaña también ha expresado que quiere avanzar, sin saber realmente a dónde van ¡Pero qué importa! Todo en este momento es mejor que en donde están.

En ningún lado. En una tormenta que aún no termina, en medio de un mar de incertidumbre.

—Además me gustaría saber… si conoces una forma en la que pueda ver, debe haber alguna — porque un hombre tan famoso, con tantos títulos tal vez tenga un buen truco para eso — No importa lo que tenga que hacer o a dónde tenga que ir, lo haré.

Su mano apretó más la de Owen, como si le diera un mensaje que no necesita decírselo.

—Ya lo decidí.

Seguir un camino sin que exista atrás y seguirlo hasta que nos estrellemos, hasta que no podamos más ¿No?
¿Qué tan lejos podremos llegar? 
[Imagen: Gwendolain.gif]
#2
Día 16, Primavera.
Año 17.

Había perdido la cuenta de los días que habían transcurrido desde que recibió, por sorpresa, al llegar a la isla, aquel ataque tan desafortunado. No había logrado conseguir que ningún traidor saliera a la luz, y todavía se cuestionaba cómo diablos habían logrado saber dónde estaban. Uker había recibido por una parte un agradecimiento como pago. Por otro lado, también personas que había conocido, devolviendo favores que en su mente debía. Además, el abrasador calor era algo que su habitual vestimenta no parecía ser… acogedor del todo. Tuvo que necesitar un tiempo para rastrear y encontrar a los que buscaba. Inicialmente, a Sohem, luego también a Gwendolyn. Había visto el terror en los ojos de Owen y dejarla en sus manos, siendo un chico tan joven y asustadizo, dudaba que fuera una buena opción.

Encendió el cigarrillo, el humo volando a su alrededor después de salir de la ducha, suspirando con cansancio. Su acompañante nocturno ya no se sentía de la misma forma que aquel al que extrañaba en silencio. En su mente también tenía el mismo objetivo que con Gwendolyn: protección. Revisó en silencio su baúl, su maleta, ocultando en silencio algunos objetos y guardando otros. Seguía debiendo favores, unos que pretendía devolver. Uno a la ciega, el otro a su acompañante, quien trabajaba para él y le había pedido, en secreto, un tiempo, probablemente habiendo un motivo mayor y, desde luego, al mismísimo Sohem, quien había sido de gran ayuda y pretendía devolverle el favor. En su equipaje traía también el material necesario para las reparaciones de un barco. No lo había visto ni lo conocía, pero sí recordaba las palabras del hombre.

Cita:Os queda sólo un día. Después de eso buscaré cómo reparar mi barco y me largaré de esta puta isla mentirosa

Significaba que, posiblemente, ese barco había tenido problemas y buscaba a alguien. En silencio, agradeció tener conocimientos de carpintería que había logrado en su infancia. Por supuesto había hecho lo que le ordenó, incluso si no solía ser alguien que siguiera unas fuera de su propio clan. Los cadáveres habían desaparecido, los objetos estaban siendo aprovechados, por supuesto, y entre esas cosas planeaba devolverles el favor a los prometidos tortolitos.

[***]

Transcurridas ya algunas horas, rebuscó entre la maleza donde se le había informado la presencia de tres individuos juntos. Sohem, Owen y Gwendolyn. El calor, pese a salir de una ducha bien fría, lo seguía golpeando en aquella isla. Deseó salir de ella cuanto antes, caminando con el cigarrillo, uno nuevo, como de costumbre, hasta la zona aproximada. Lo demás fue puro instinto; su ya desarrollado sentido del oído lo llevó al lugar concreto, escuchando voces. No sabría identificarlas al inicio, pero a medida que avanzaba, con sigilo experto y procurando evitar ruidos innecesarios, los fue reconociendo poco a poco. Sobre todo, la voz de la muchacha. Sus cejas se elevaron, poco antes de revelar su presencia. Le sorprendió que la muchacha buscara la vista, aquella que siempre había carecido de ella. El recuerdo era lejano, pero sí recordaba que incluso en su niñez solía ser así. Sus ojos se cerraron, inhalando el humo del cigarrillo en sus pulmones y lo expulsó, en un suspiro que, a propósito, fue sonoro, ya que no quería aparecer de sorpresa.

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—Déjenme ayudarlos.

Sus palabras salieron tranquilas, con la natural presencia del varón. Sus ojos analizaron entonces su alrededor, con calma y paciencia. Elevó sus dos manos, pese a que su katana reposaba firme y dentro de su vaina en el cinturón, en señal de calma. —No vengo a crear problemas, vengo para ayudar. — Y, por supuesto, devolverles el favor. —A los tres, por supuesto. — Sus pasos, ahora algo más seguros, se acercaron a ellos, manteniendo una distancia de por lo menos cinco metros entre ellos y él mismo. Sus ojos entonces se volvieron hacia Sohem, descendiendo ambas manos, retirando el cigarrillo de entre sus labios.

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—Escuché que necesitaba reparar un barco, señor Sohem, y yo puedo hacerlo.

Una de sus manos descendió hasta el bolsillo, esperando reacción, respuesta, o lo que fuera necesario. Solo esperaba que todo se diera de forma pacífica y sin problemas. —Considérelo una forma de devolverle el favor.

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#3
Mientras que en su mano izquierda (La buena) sentía un apretar, más no un calor, en su derecha, Owen sostenía lo que parecía ser una enorme red amarronada hecha de cuerdas en las que yacían varios de los objetivos de los que venían rastreando hace ya días: Los famosos lagartos gordos. Estos, siendo arrastrados por un entorno selvático que solo era invadido por el graznido de pájaros que parecían estar congelados en el tiempo. Insectos que, con su aleteo y trinar, hacían parecer aquel lugar aún más desolado y peligroso. Los reptiles que yacían en aquel saco de red, ahora, peleaban errática y aleatoriamente para obtener un mínimo de espacio entre ellos, viéndose nerviosos y convulsos por el arrastre de un suelo en el cual, el pelirrojo, dejaba un surco justo debajo de ellos, destruyendo y aplastando cada planta, helecho y flor que osase toparse con el nuevo sendero que parecían estar marcando.

Porque Owen, ciertamente, sentía que el peligro no lo tenía la jungla, lo tenía quien tenía cerca de él.

— No creí que lo haríamos a tiempo… con tanto problema.

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-Yo tampoco creí que lo haríam-

¡CLAAAAAAANG!

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En cuanto las palabras iniciales del amor de su vida aparecieron y fue capaz de escucharlas, un recuerdo le azotó, uno tan abrumadoramente reciente que hasta detuvo sus palabras, haciéndolo sonar extraño y confuso. Ella no podría detectar cómo su mirada cambió a una llena de atención, con su ceño fruncido y mirada perdida, una que se desvió automáticamente el sonido de una campanada, intensa, morbosa, que debería representar lo más celestial de una institución. Un evento que le atacó como un flechazo en su cabeza no solamente por lo reciente, sino, por lo visceral, oscuro y turbio de una situación que escaló hasta volverse un horror. No temía por él, temía por una Gwen que parecía no comprender la gravedad de nada de lo que estaba ocurriendo o, que había ocurrido anteriormente; Owen no era la flor más pura del jardín, claro está, pero su código moral le impedía matar a nadie que no se lo merezca debidamente. ¿Lo que le hiciesen a él? Tan irrelevante como incapaz de no dar pelea en consecuencia. ¿Lo que le hagan a la mujer de sus sueños? Eso sí era temor, del más puro y ansioso.

El muchacho no detenía su marcha, mientras los pitidos en los oídos resultaban ser tan atronadores como capaces de silenciar un ambiente tan abrumadoramente decorado por estímulos auditivos donde uno detrás de otros, los eventos acontecidos en la plata de Little Garden, venían como una escena que, espontáneamente, aparece sobre las retinas. Sus ojos, perdidos en el suelo, habían dejado de prestar atención total y completamente a las palabras de su compañera -Huye.- su mente, sola, por inercia, le obligó a pensar en aquella palabra -Huye.- un cuerpo que comenzaba a caer hacia un lado, inerte, con una cabeza destrozada en múltiples pedazos. Era demasiado tarde para, siquiera, intentar nada. En un eco que cada vez retumbaba más y más, la extremadamente reconocible voz de la mujer de su vida aparecía, una que buscaba devolverle a una realidad que, ahora, lo mantenía suspendido en un estado de estasis, haciendo que, de forma brusca, el trinar de los seres prehistóricos vuelvan a obtener protagonismo en el instante que sintió el apretar en su mano...una que le hizo volver en sí.

— No importa lo que tenga que hacer o a dónde tenga que ir, lo haré.

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-¿No importa lo que tengas que hacer?-

No le gustó PARA NADA haber escuchado aquello. En el instante que simplemente decidió repetirlo y clavó su mirada hacia la máscara blanca, automáticamente y sin siquiera ser capaz de poder controlarlo, soltó su mano izquierda que la sostenía e hizo un pequeño ademán para sacudirla en la unión, casi solicitándole que se suelte también. Su mano derecha, aún sosteniendo un saco en el cual varios lagartos gordos batallaban por un milímetro de espacio, se mantenía atrás, elevándose y descendiendo erráticamente por la batalla que libraban los reptiles. En cuanto se separó de la mujer de sus sueños, Owen, automáticamente, la colocó como una barrera diagonal justo frente a ella, mientras fruncía el ceño con un desafío inusitado hacia la máscara blanca que yacía a poca distancia de ellos -Sohem.- también le nombró, en búsqueda de respuestas -¿Existe la- y, cuando quiso percatarse y exactamente a espaldas del propio enmascarado, comenzó aparecer una persona que el pelirrojo conocía muy...muy bien. Ese porte alto, ese mirar amargo y ese cigarrillo siempre encendido en la boca. Creía que había suficiente con cruzárselo en la misma playa que estaba disparando recuerdos de un día olvidable, pero no, ellos volvían a asecharle como todo lo que el muchacho creyese que carecía de consecuencias.

—Déjenme ayudarlos.

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-¿Tú? ¿Ayudar?-

Owen se apreciaba bastante agresivo y a la defensiva desde hace ya tiempo. Ese porte alegrón, dicharachero y bobo que le caracterizaba ahora estaba envuelto en una capa de rebeldía y actitud antipática que sorprendía. Su brazo izquierdo se seguía ubicando como una barrera entre Gwen, Sohem y la nueva aparición de un Jin Onizuka que, como parecía verse, no iba a dejar de estarse involucrando en sus asuntos. Pudo escuchar sus nuevas palabras, aquello de su capacidad para poder reparar el barco del sujeto que, ahora, mantenía al pelirrojo en un estado de alarma que le hacía recordar sus peores días en Isla Tamanegi...bueno, no, peor, ya que allí sí que no tenía nada que perder.

Sus afectos, y más, principalmente, Gwen, como si máxima fortaleza y debilidad.

Pudo notarse la incomodidad en el rostro del chico, la molestia, un ceño fruncido que le generaba una indignación total. ¿Tener que lidiar con no solamente Sohem Burnedead y su suprema capacidad para volarle la cabeza a quien le diese la gana y, ahora, a un ventajero? La muchachita de antifaz blanco, sin duda alguna, sentiría que hay algo que no está para nada bien en el chico de la chaqueta roja que desvió su mirada hacia un lado, como si quisiese simple y llanamente mitigar una situación que solo iba a ser capaz de encarar "porque era el deseo de su amada" y que él, sin quererlo ni beberlo, empujó. El puño izquierdo del brazo-barrera de Owen, ahora, se cerraba en completa impotencia -Hagan lo que quieran.- su ceño se mantenía fruncido, mirando hacia la jungla a su lado izquierdo -Veo que son profesionales haciéndolo.- el enojo del chico era muy perceptible al igual que la indirecta que les lanzaba a ambos con absoluta prepotencia, simple y llanamente evitando el completo contacto visual en señal de absoluto desprecio a todo lo que estaba a punto de ocurrir.
-Hablo- , Narro , -Pienso-
[Imagen: Fusaneitor.gif]
#4
Viajar con aquellos mocosos había dado sus frutos, finalmente.

Un grupo de esos lagartos gordos y estúpidos, una manada o como fuera que se llamase donde se agrupaban, estaban frente a nosotros en aquel lugar de la jungla de esta maldita isla. Las tropas del Goldreich estaban de permiso y descanso por orden mía, acampados algunos metros más atrás de donde me encontraba para no molestar a los animales con su presencia o sus ruidos y poderme dejar disfrutar de ellos con solemnidad y paz. Y así estaba, frente a la inmensa pata de uno de esos lagartos. Era enorme, con una cola y un cuello brutalmente largos, y comía hojas de lo alto de un árbol igual de gigantesco. Los observé detenidamente ignorando el retumbar de sus pasos en mi entorno... Esa inmensidad, esa sensación de ser una pulga a su lado. La emoción de poder sentirme pequeño. Hacía muchos años que no sentía que algo me sobrecogía de esa forma, y algunos menos desde que algo no me fascinaba tantísimo. Eran bellísimos. Lagartos gordos y estúpidos, pero muy hermosos.
Había al menos media docena de ellos, todos pastando apaciblemente en aquel lugar, repartidos entre si y completamente ajenos a nosotros. Algunos más grandes que otros, a saber si por edad o por sexo, pero todos superando los veinte metros de alto con su enorme cuello escamoso.

— Oe oe... Lagartos gordos... — susurré, dando en paso en su dirección, viendo como sacudía las ramas del árbol frente a él al arrancar un pedazo enorme que seguir moliendo en sus fauces. Las aves salieron volando en todas direcciones y algunas ramas caían como una lluvia errática fruto de la destrucción pacífica que esta bestia estaba desatando sin querer. Una reflexión interesante... ¿Cuánto debía caer para poderse sostener uno? ¿Cuánto había que consumir para poder seguir viviendo? Aquellos monstruos no eran muy diferentes a la percepción que estaba adquiriendo de mi mismo: Simplemente vivía, y si algo se ponía bajo mis pies, lo aplastaba. Y si algo estaba a mi alcance para tomarlo, lo tomaba. Todo para poder seguir viviendo.
Me quité el yelmo usando ambas manos mientras Emperor emitía una pequeña bocanada de humo, aun con su murmullo mecánico particular en curso, y dejé caer Geheimnis al suelo. El viento acarició mis cabellos y suspiró en mis costuras, meciendo mi rostro y permitiéndome sentir los rayos del sol en él, haciéndome entrecerrar los ojos levemente para poder adaptarme a la luz del ambiente, pero necesitaba poder verlos directamente por mis propios ojos sin barreras o dificultades de por medio.

Mis ojos brillaban humedecidos por la emoción, la sorpresa y la felicidad de un niño en su estado más puro, mientras me quitaba el guante de mi única mano dejando ver mi piel, y llevando esta despacio hasta poder tocar la pata del animal que tenía delante. Sentí el tacto frío de sus escamas, la rugosidad y dureza de las mismas, como si tocase una roca astillada y afilada. Suave su acariciaba a favor, punzante si lo hacía en contra, y cada una de ellas tenía un diámetro más grande que mi propia mano. Era impresionante.
Si tuviese que decir cuál era el poder más increíble del mundo, era el de sobrevivir al tiempo como habían hecho estas criaturas.

De pronto una voz mencionando mi nombre me sacó de mi ensoñación. La mujer. Me recordaba que habían cumplido con su parte del trato pero, que si lo necesitaba, podrían ayudarme a ver más de estas criaturas.
Cerré la mano y bajé el brazo, dejando de tocar a la criatura, y comencé a ponerme el guante sin darme la vuelta ni mirarles. ¿Deberíamos buscar más? Sería estupendo poder ver otras criaturas como estas, pero, nuestra última excursión no acabó como me hubiese gustado. Chasqueé la lengua y fruncí el ceño, ladeando ligeramente la cabeza hacia la derecha.
Nunca me había tomado en serio aquello de que la ambición rompía el saco... mi saco era muy grande, pero lo verdaderamente cierto es que, egoístamente, me gustaría irme de esta isla con el recuerdo de estas bestias como lo último que hice aquí, y no con las manos manchadas de sangre nuevamente. No porque me importase mancharlas lo más mínimo, si no porque, después de todo lo que habíamos peleado y sacrificado para llegar hasta donde estábamos Magna, quería disfrutar. Quería hacer cosas que me llenasen el corazón. Viajar un poco más. Descubrir un poco más. Aprender un poco más. Conocer un poco más. Pelear un poco más, ¿por qué no?. Pero para hacer eso, tenía que avanzar — No, está bien — dije completamente serio, respondiendo a la sugerencia de la chica, quien pronto continuó diciendo que quería mejorar y que sentía que yo podía enseñarles. Desfruncí el ceño y sonreí de medio lado, aun mirando a la criatura, alzando mi rostro hacia el cielo para tratar de ver el final de su largo cuello.
¿Enseñar yo? Pobre diabla.

Antes de que pudiera decirle nada, continuó hablando diciendo que si conocía alguna forma de que pudiera ver - y bien era cierto que la conocía - y finalizó diciendo que no le importaba lo que tuviera que hacer o a donde ir, que estaba dispuesta a lograrlo. Suspiré y cerré los ojos, grabándome la visión de aquellas bestias en mi recuerdo y en mi corazón, y me giré para encararlos a ambos — Puedes ver sin ver —dije, clavando mis ojos ámbar en la muchacha — Y yo podría enseñarte, pero no es algo que se aprenda en veinte minutos, y por desgracia no voy a quedarme mucho más tiempo en esta isla... Lo que vine a conseguir ya está hecho y mi viaje no será tranquilo — sentencié, agachándome a recoger mi casco y volviendo a erguirme con él en mi única mano.
Entonces el chico dijo mi nombre y se dispuso a decir algo más, cuando fue interrumpido por un cuarto en discordia entrando en el lugar con las manos alzadas diciendo que no era una amenaza, y que quería ayudarnos. Antes de que pudiera decir nada, el mocoso pelirrojo le increpó, pero continuó hablando. De alguna forma me había escuchado en algún lugar decir que necesitaba reparar un barco - y era cierto, Jagd Hund había recibido algunos daños en esta travesía - y se ofrecía a hacerlo.

Después de eso el niño de cabellos rojos se mostró molesto ante el nuevo presente, quizá se conocieran de algo, y fue entonces que me percaté de lo que estaba pasando aquí. Dos jóvenes rondando la veintena, y un hombre adulto, seguramente cercano a mi edad, en medio de la jungla conmigo y un grupo de largatilosaurus o como se llamasen todos entrelazando sus destinos al mío por algún motivo diferente.
La muchacha quería poder. Quería que yo extrajese sus cualidades y la hiciese más fuerte. El crío quería protegerla... seguramente se la quisiera follar, o sería su prima o algo. Y el otro tenía interés en reparar mi barco para ayudarnos. Para ayudarme. Pero ¿por qué?. Nadie hacía nada gratis, yo eso lo sabía mejor que nadie. ¿Para devolverme el favor? ¿Qué favor? Yo no había visto en mi vida a este tío.

— Tengo un velero amarrado y bien vigilado en las costas de la isla que necesita un par de repasos. Es un buen barco, es rápido como ninguno y más fuerte de lo que parece, pero cruzar el Calm Belt no ha sido todo lo sencillo que me hubiera gustado — expliqué, comenzando a andar hacia ellos tres — Aun puede viajar de sobra sin esas reparaciones, pero me gusta cuidar de lo que es mío y soy precavido. Me gustaría que estuviera en las mejores condiciones posibles, sólo 'por si acaso' — dije, poniendo especial énfasis en la última parte de mi frase, parándome justo frente a los tres presentes. Me giré para dar un último vistazo a los lagartos, y me coloqué el casco de nuevo sin dejar de mirarlos — Voy a zarpar mañana temprano y dudo que puedas repararlo antes de eso — aseguré, volviendo a dirigir mi rostro hacia ellos — Hay camarotes vacíos. Si de verdad estás tan dispuesta como dices, puedes viajar conmigo — le dije a la muchacha, y pasé a mirar al niño y a darle un toque con el dedo índice de Emperor en su frente, moviéndole un paso hacia atrás — Y tú también si quitas esa cara de mierda y te portas bien — y acerqué mi cara hacia la suya — ...y gritas menos — añadí, apartando el dedo y recuperando mi postura, mirando ahora al hombre de pelo oscuro — ¿Qué quieres a cambio de arreglar el barco? — le pregunté abiertamente.





Resumen

Inventario

Mi cara
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[Imagen: mz3XEoL.png]
—
#D86700
#5
Tragó saliva al escuchar a Jin, aun así no dijo nada al respecto. No se mostró tan reacia como Owen, simplemente jugueteó con sus manos, en un gesto que demostró ansia, pero no la suficiente como para no hacer nada. Es la incomodidad de lo que podría venir y el recuerdo de lo que alguna vez ocurrió.

Sentir la separación con el pelirrojo le sorprendió, aun así no hubo reclamo, simplemente apretó los labios, notando como la tensión del ambiente le quitó por unos segundos el aire. —Owen… — lo llamó, no en un regaño o un llamado de atención, sino más bien es la sensación de que todo lo que le ocurre comienza a desbordarse, lo suficiente como para que salga por sus palabras.

La oración de Sohem la sorprendió, no supo a dónde mirar, pero seguro el resalto de su cuerpo evidenció que es una noticia que no esperó encontrar tan pronto — Nuestro viaje hasta acá tampoco fue tranquilo y eso no me detuvo — la insistencia y la voluntad de continuar salió por sus labios. Es querer encontrar aquello que nunca pensó que querría, hasta que inicio de su verdadero viaje — Lo que tome lograrlo, no importa. Estoy segura que podré hacerlo ¡Y... Y antes y mejor que el resto si es necesario! — ¿De dónde ha salido esa fe tan ciega que ahora la hace hablar? Supuso que siempre estuvo ahí y Owen no ha hecho más que alimentarla de manera silenciosa. — Si aseguras que puedes hacerlo, entonces voy a tomar la oportunidad.

Incluso si las advertencias han aparecido repetidas veces, no le importó. Ciega, simplemente avanzó a oscuras como siempre lo ha hecho, sin embargo ahora se encontró en compañía de alguien más.

Aunque eso significa dejar gente atrás.

¿Qué tan egoísta debería ser?

—Si Owen me acompaña, entonces iré a donde sea — sus manos tocaron la espalda del pelirrojo y subió a sus hombros con suavidad — Más si es para lograr lo que quiero — porque todo le ha demostrado que no es suficiente. Como está ahora jamás podrá lograr nada, son pasos muy cortos para una carrera muy larga  — Estoy segura que no vamos a decepcionarte — incluyó a quien la acompaña, incluso si él no ha dicho lo que quiere ¡Si solo tiene que portarse bien y gritar menos! ¿Qué tan difícil será hacer eso?

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— ¿No es así, Owen? —

Su tono fue animado por su cercanía al más joven de los presentes. Intentó mantenerse serena, para contagiar su buen humor a los demás — Así que vendrá Jin, huh — su voz no demostró mucho, es una conclusión que la llevó a abrazarse por la espalda a la persona con la que ha prometido casarse, manteniéndose cerca a él  — No sabía que podía arreglar barcos... pensé que hacía otra cosa — finalmente confesó, alzándose de puntas para intentar que su rostro se pueda ver por la diferencia de alturas.

—Bueno, por si no quedó claro, estaremos ahí mañana. Aunque deberías decirle a mi compañero aquí en donde está el barco, ya sabes… no es que pueda llegar sola por mi cuenta.

Seguro no necesito decírtelo, porque tu a diferencia de mi, puedes ver.
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#6

Si había algo que jamás se hubiese esperado que ocurriese en este viaje (Ni en mucho tiempo, honestamente) era ser capaz de poder ver el verdadero aspecto del sujeto que había detrás de aquel tan extraño casco blanco cubierto de agujeros; Mientras Owen se mantenía completamente distraído por sus propios pensamientos y, además, de intentar no soltar la red con lagartos gordos justo en su mano derecha, cuando alzó la vista y quiso dirigirse hacia el enmascarado...ya no vio un casco blanco.

Sino un cabello rosado, MUY rosado, con una cicatriz que recorría de oreja a oreja por encima de la nariz.

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-Ese...es Sohem...Burnehead.-

No dudó en balbucear, observando cómo parecía estar disfrutando del impacto de la luz solar en su rostro, casi como si llevase el suficiente tiempo sin gozar de ella en su totalidad. Sus orbes celeste brillante se posaron en él, muy impresionado por ver un aspecto que para nada se habría imaginado que tuviese en un primer lugar, más aún que, debido a su enorme desconocimiento del mundo, ni podría saber ni por asomo de un rumor lejano -¿Este es...el tipo que mató a dos porque le dio la gana?- su mente se sintió acomplejada; Él no se veía como un asesino, por más que su aspecto fuese temerario por esas costuras tan marcadas en su expresividad. No era alguien feo ni por asomo, y mucho menos parecía lo que todos podrían decir sobre él, ¿Es que solamente alguien feo estéticamente podría ser cruel, sanguinario y despiadado? Un pensamiento demasiado infantil, quizás, pero es algo que nos ocurre a todos, como si la belleza física y la moralidad estuviesen íntimamente ligadas -¿Su cabello es...rosa chicle? ¿Rosa rosa?- pensaba mucho, porque, delante de él, era difícil, siquiera, el poder sentirse libre de hablar.

"Puedes ver sin ver" fue la respuesta del, ahora, pelirosado, que provocó que el brazo-barrera de Owen, repentinamente, comenzase a ceder. Su expresión de incredulidad era elevada, incluso, viendo cómo aquellos orbes color sol miraban directamente hacia la mujer de su vida, aquella que yacía a su lado. Sin poder evitarlo torció una ceja, sorprendido por la respuesta, como si fuese algo obvio, evidente y posible -¿Es...posible ver, sin ver?- repetía la pregunta, incluso, mientras escuchaba la sugerencia de que no iba a perder mucho más tiempo en aquella isla y...si querían obtener la explotación total del potencial tan atroz que podría tener Gwen, sí o sí, deberían seguirle hasta las puertas del mismísimo inframundo si hiciese falta. La muchachita de velo cruzado en los ojos, incluso, se mantuvo insistente, valiente, algo que solo provocó que la mirada del pelirrojo fuese hacia el suelo, "Nuestro viaje también fue tranquilo y eso nunca me detuvo" -Es verdad. Aquí estamos.- su mirada se desvió hacia un lado, se sentía...¿Mal? ¿Culpable? Era difícil describir cada sensación y cada aliento de ese instante, porque ella fue incapaz de ver todo lo que había pasado días atrás y que el muchacho, ciertamente, lo había mantenido fuertemente a la defensiva.

Ante la aparición de Jin y su sugerencia sobre la reparación del barco, el pelirosado no solamente dio el pie para recibir su ayuda, sino, algo mucho mejor: Mantenerlo consigo para poder aprovechar los dotes de carpintería que Owen, ciertamente, desconocía completamente, ¿Acaso Onizuka Jin sabía de esto seriamente? -Tener a este tipo pegado como lapa al culo...madre mía...- llevó su mano izquierda, ya que la derecha seguía batallando por mantener a los lagartos gordos en orden, hacia el rostro. Se tapó el mismo mientras lo arrastró hacia abajo, balbuceando la molestia de tener que lidiar con el mafioso, también, en la travesía en la que, evidentemente, iba a ser arrastrado.

Mientras su mente divagaba y la incomodidad era presente en su rostro, ¡PANG! -¡OYE!-, el sonido rechinante del metal golpeó directamente sobre la frente del pelirrojo; Sí, Sohem había golpeado con el dedo índice sobre la frente del muchacho, aquel que estaba evidenciando que, tan sumido en sus pensamientos e ideas que estaba, que el impacto le tomó por sorpresa para hacerle retroceder un paso hacia atrás.

— Y tú también si quitas esa cara de mierda y te portas bien —

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-¡OYE QUÉ COJO-

— ¿No es así, Owen? —

[Imagen: a8cf898f046268d7598feedcca9382e7.jpg]
-E-eh...yo...-

Casi a punto de lanzarle un insulto que podría convertirle en "bebé ceniza", automáticamente, las palabras mitigadoras, sanadoras y completamente apaciguante de su amada aparecieron. No fue solamente su voz y su llamado, sino, fue su sonrisa, esa que le derretía y le amordazaba casi instantáneamente. Ella siempre iba a ser su debilidad, su Talón de Aquiles y, si él deseaba cambiar el terrible mundo que le tocó vivir...tenía que ser tan o más fuerte que ella para que llegue a lograrlo.

El rostro del pelirrojo cambió, mostrándose serio, pero sereno, porque había entendido que ser como es, ciertamente, iba a irritar en demasía al pelirosado que tenía justo delante de él. Había...algo que le había despertado mucha curiosidad, e interés: El revelar su rostro, ¿Porqué? ¿No sería algo que, a partir de ahora, aquellos tres podrían saber? ¿No le importaba? ¿Era un ofrecimiento de confianza? Owen empezó a sentirse confundido, acomplejado, perdido...y era la sensación que más le incomodaba tener.

Si el camino iba a ser de ida, él ya no tenía nada que perder. Excepto Gwen, por la que pasarían sobre su cadáver.

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-Sohem, ¿Existe la fruta del diablo más fuerte del mundo?-

Era una duda genuina, una que había tenido y fabricado hace meses. Lo había hablado con muchas personas, incluso, con Alana, una Tontatta que finalmente pudo conocer en Whiskey Peak. Su expresión se veía mucho más serena y menos a la defensiva, ¿Haberle visto el rostro le había generado un mínimo de confianza? -Cuando estábamos en la playa, recuerdas que hubo un tipo que-

Cita:
— Crunch Punch —
¡¡CRUSH!!

Un recuerdo le azotó. De esos que aparecen como un fotograma en tus retinas y deciden desaparecer, repentinamente, devolviéndote a la realidad. Interrumpió sus palabras, quedándose en crioestasis durante al menos dos segundos ininterrumpidos de reloj, para, posteriormente, pestañear con fuerzas dos veces, frunciendo su ceño en el proceso y aprovechando el contacto visual con esos ojos ambarinos en los que, ahora, ya no veía reflejada la máscara que había provocado aquel evento. Sentía...tal vez, que estaba hablando con otra persona -...que te habló sobre un Saint algo. Unos juegos en una playa donde...¿Nos usaban como entretenimiento? No entendí bien. El caso,- prosiguió, gesticulando un poco en el proceso -que allí conocí a un sujeto que quitaba frutas y otro que las vendía. Quise preguntarle si existía la fruta más poderosa del mundo y me dijo que eso no existe.- Su mano izquierda, de manera completamente instintiva, viajó hacia la esferita que yacía guardada en los interiores de los pliegues de su característica chaqueta roja de cuello grande -¿No importa si tu fruta es fuerte o es débil? ¿Sólo importa saberla usar?- su pregunta era genuina y quería una segunda opinión...porque creía tener la respuesta a su pregunta al alcance de su mano (No figurativamente, sino, de forma literal). Él no sabía cuáles eran los poderes del objeto que yacía entre sus ropas, y no sabía si correr el riesgo -¿"Puedes ver sin ver"? ¿Acaso...- dio un paso hacia adelante, el mismo que le había hecho retroceder con el piquete del dedo hacía minutos, mostrando que él también estaba por la labor -...existen fuerzas mucho más allá que solo las frutas? ¿Hay...- mantuvo el hilo de la palabra, con una mirada que era errática, incluso, desviándose hacia la mujer de sus sueños justo a su izquierda -...más fuerzas que solo el tener un poder especial, que te da una de esas cosas?- y con esas cosas, evidentemente, se refería al objeto que te permitía ser alguien "especial" en aquel mundo.

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-Necesito volverme mucho más fuerte que tú.-

Osada declaración de su parte, pero Owen, de verdad, reconocía que aquel sujeto era un fenómeno sin ningún tipo de precedente. Su mente seguía divagando en el recuerdo ocurrido en la playa hace, literalmente, escaso tiempo. Sin embargo, había una realidad: Solo su existencia, su mera presencia, había hecho sucumbir a casi una decena de personas, sofocándolas y haciéndoles sentir un calor atroz. Luego, quienes se mostraron irreverentes ante él, aparecieron muertos, en, sin ningún tipo de exageración, un parpadeo. Si el chico había salido vivo de la isla con aquella torre de piedra reconociendo su debilidad, ahora, reconocía a Sohem como, probablemente, un tipo que estaba a una escala abrumadoramente gigantesca -Voy a dejarme partir las piernas todo lo que haga falta para ser más fuerte de lo que podrá ser Gwen. Así la protegeré cuando cambie este mundo.- cerró sus ojos momentáneamente -Para bien.- porque la aclaración, incluso, venía para él mismo.

Así, en el fondo, nunca supiese la respuesta del resultado.

Desactiva la Bomba
-Hablo- , Narro , -Pienso-
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#7
Debía admitir que no le sorprendió la “bienvenida” dada por el pelirrojo. Sus ojos, sin embargo, se habían enfocado en Gwendolyn, con quien en algún momento planeaba hablar, pero por el momento era mejor dejar que las aguas se calmaran, dejar que todo se dejara llevar con calma y confiaran de nuevo en él. Lo que sí era completamente inesperado, desde luego, era el cabello rosado. No esperó en ningún momento poder ver el rostro de Sohem, incluso si había llegado tarde. Si lo reconoció fue específicamente por la máscara que tenía en su mano y que luego se recolocaba. Cicatrices que posiblemente habrían venido de batallas. No las mencionó. Por el contrario, solo descendió las manos, viendo que la calma finalmente parecía asentarse… dentro de lo que cabía. Al menos, de una u otra forma, los dos lo habían aceptado, incluso con el último altercado que, por ahora, prefería mantener en secreto de Sohem.

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—Sí, ayudar. Tengo motivos para hacerlo.

Su expresión se volvió dura, contemplando al joven con las cejas fruncidas. Planeaba hacer la mención del miedo que pareció padecer en la playa, pero no hizo mención al respecto, eso también se daría en otra conversación. Suspiró, ahora retomando su cigarrillo, todavía encendido. Sus ojos observaban a aquel dinosaurio en el que Sohem parecía haber quedado absorto, aquel que infundía terror en todos los mares, siendo ahora una figura extraña ahora mismo, y no solo ante la revelación de su rostro.

—No sabía que podía arreglar barcos… pensé que hacía otra cosa — los ojos de Jin se dirigían hacia la joven, dejando salir el humo, lanzando el cigarrillo en el suelo y pisándolo para apagarlo, dejando escapar el último halo de humo de sus pulmones.

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—Tengo otros negocios, pero se me da bien la carpintería y no es el primer barco que repararía.

No iba a poder verlo ni siquiera con la mirada dirigida hacia ella, pero qué diablos, nunca era tarde para demostrar sus capacidades. —No debería juzgar las apariencias, señorita. Se lo dije la última vez. No se preocupe, no habrá cafés sorpresa esta vez. — Acomodó las manos en los bolsillos, viendo cómo finalmente Owen parecía regresar en sí. No pronunció directamente a lo que se refería, pero estaba claro a quién iba dirigido. —No volverá a ocurrir. Lo prometo. — Porque ahora ya no pensaba de la misma forma que antes. Además, era un hombre de palabra, y no planeaba dañarla, no en esta ocasión.

La pregunta que formulaba era, cuanto menos, de interés también para él. Razones para volverse más fuerte, para hacerse más poderoso, alcanzar la cima no iba a ser solo cosa de palabra, él lo sabía bien. Sus ojos descendieron hasta Sohem cuando lo vio acercarse a él. Sus palabras lo dieron a comprender, estaba claro. Era listo, perspicaz, los rumores no solo eran rumores, estaba claro. Su rostro se volvió más serio, observando a Sohem con dureza, mas no era desafío, solo buscaba la firmeza en sus palabras.

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—Igual que los críos, también quiero ser más fuerte.

Por un lado, sí, había un favor, fue una lástima que hubiera llegado tarde para las reparaciones, pero si todavía podía ser útil, no lo iba a desaprovechar. —Quiero saber usar Haki y… — sus ojos se entornaron, ahora con una mayor firmeza. Su tono de voz se volvió más duro, no como amenaza real, al menos no de forma consciente, sino como una seguridad.

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—También quiero conocer los contactos que tengas, contactos interesantes. Si me entiendes…

No especificó el Bajo Mundo, dudaba que fuera necesario. No sabía ni si lo recordaba o no, pero sostuvo su mirada. —Por supuesto, le garantizo el mejor estado del barco posible. No soy un novato en esto.
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#8
— ¿Cómo mañana? — pregunté a la muchacha sin vista, sin llegar a entender si estaban queriendo separarse un día para hacer alguna cosa suya personal — Mañana zarpamos. Yo me voy ahora hacia allí — añadí, esclareciendo las cosas, y dando un potente y agudo silbido llamé a la montura que nos había estado acompañando, Dürr, quien se aproximó hasta nosotros con su andar patizambo y extraño y reajustándose la pajarita — Viajar conmigo no será gratis, tendrás que cuidar de Dürr por mi — dije, agarrando las riendas de la montura y pasándoselas a la chica ciega — Ahora es tuyo, él ya no puede cargar conmigo debido a mi peso extra — toqué dos veces con mi mano, el brazo mecánico Emperor. Realmente el lagarto no podía cargar con mi peso y obligarle a llevarme una una tortura para él. Prefería que se mantuviera con alguien ligero y por qué no decirlo, poco conflictivo. Ese lagarto tenía que tener días mejores — Más te vale que no le pase nada — finalicé, pasando a prestar atención al muchacho con el pelo rojo.

El chico me preguntaba si existía la fruta del diablo más fuerte del mundo, una pregunta interesante, pero ¿como iba a yo a saber esto? — Ni puta idea — le respondí con simpleza, y seguí escuchando lo que tenía que decir. Algo de un tipo que quitaba frutas, un tio en una playa, una torre, y un señor que vendía cosas... y que si las frutas eran débiles — ¡¡Wryy ha ha ha!! — reí con sorna — No existen las frutas débiles, mocoso, existen los usuarios inútiles. Mi fruta es una paramecia relativamente sencilla, me permite producir, almacenar y emitir calor. Es la Netsu Netsu no mi según me explicó un buen amigo... — paré un segundo para pensar en Viktor ¿qué estaría haciendo ahora? — ...y he sido capaz de sobrevivir a un Yonko gracias a ella — añadí, señalándome el hombro — Fue quien me arrancó el brazo, pero quemé mi herida hasta cerrarla — chasqueé la lengua recordando aquello. Algún día saldaría esa cuenta — Así que usa el cerebro y no seas un puto inútil. Echarle la culpa a la fruta del diablo que tengas es de ser un perdedor — sentencié terminando esa parte de la conversación hasta que dijo que quería volverse mucho más fuerte que yo. Abrí los ojos de par en par mientras le miraba, asegurando que estaba dispuesto a que le partiesen las piernas una y otra vez hasta poder mejorar. Una determinación que apreciaba — ¡¡WRYYY HA HA HA HA!! — reí dándole un par de palmadas en el hombro, sin añadir nada más.
Y vaya si se las iba a partir.

Y ahí entró la interacción con el tipo de pelo negro. Era casi tan algo como Shoto, e incluso más alto que Viktor, así que aunque lo tenía delante tenía que mirar hacia arriba para mirar su cara. Sus demandas fueron directas y no se andó con rodeos: Dijo que quería aprender a usar Haki y tener acceso a mis contactos — ¡Já! — bufé divertido — ¿Haki? — le pregunté indirectamente sin querer respuesta — ¿Y cómo un tío recién llegado al Grand Line sabe lo que es el haki? — pregunta retórica, de nuevo, de la que no necesitaba respuesta — Me parece a mi que os habéis pensado los tres que esto es una escuela itinerante a la que podéis uniros cuando os de la gana y que yo me voy a dedicar a emplear mi tiempo en enseñaros cómo ser mejores — y negué con la cabeza lentamente — El conflicto es quien os enseña a ser más fuertes, no yo. Y hasta que no os considere dignos de mi tiempo no os voy a enseñar ni los huevos al mear... — hice una pausa, y señalé con el dedo índice a la chica ciega — ...excepto a ella, que ha cumplido su palabra conmigo y tenemos un trato, y si voy a enseñarle cómo valerse por si misma al menos — bajé el brazo y volví a hablar al chico del pelo negro — Y en cuanto a mis contactos... no creo que estén interesados en un Don Nadie como tú, así que primero conoce tu lugar. Me importa una mierda que fueras el pez más gordo del acuario de tu pueblo. Aquí estás en mi puto océano y yo soy el rey marino más hijo de puta del mismo, así que si quieres algo de mi te lo vas a tener que ganar trabajando, y si te ganas mi confianza y demuestras tu valor, tendrás un puesto a la altura, y con él, un mercado infinito — entonces comencé a caminar, apartándolo a un lado levemente con mi única mano dirigiéndome hacia donde estaban acampados mis soldados, esperando — Arregla el puto barco y te aceptaré como trabajador del Goldreich. Y de ahí en adelante dependerá de ti — mis pasos me adentraron en la jungla, sin voltear a ver los dinosaurios que había a mi espalda y que disfrutaban de su comida en las copas de los árboles. Había visto suficiente, y ahora tocaba embarcar para continuar la travesía — ¡¡Vamos Dürr!! — grité esperando que la montura, ahora en manos de Buenbolín, me siguiera y llevase consigo a la ciega, y esta consigo al pelirrojo, y quizá fueran seguidos por el del pelo negro. Una fila feliz.






Resumen

Inventario
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#D86700
#9
—¡Lo cuidaré sin problema! — su mano sintió un objeto que no dudó en tomar con suavidad, antes pasear la punta de sus dedos por la textura para reconocer que es. Lo hizo con cuidado, antes de apretarlo para asegurarse de que el objeto no vaya a soltarse  — No le pasará nada, además creo que nos llevamos bien — supuso en realidad, porque hasta ahora no ha demostrado desagrado por ella, no uno evidente ¿Pero cómo saberlo si no puede verle el rostro? — Nunca me habían regalado algo así, que pudiera cargarme — es una declaración que la hizo reír con ánimo  — Gracias.

No es la primera vez que el pelirrojo pregunta por las frutas y no es secreto que Owen quiere la más fuerte de todas, como si pudiera ponerlas en una lista y clasificarlas. Se apegó más a él, riéndose despacio en su espalda por la situación. Incluso se escapó un sonido ahogado ante su declaración de ser más fuerte que él. No es burla, porque quiso creer que pueden conseguir algo así, un sueño que seguro pueden tocar con la punta de los dedos, sin tomarlo aún, porque es muy pronto para intentarlo siquiera.

—Pues yo también pienso mejorar, no te vayas a quedar atrás, Owen — es un tono divertido que se acompaña con la risa de Sohem, porque al parecer también le ha causado gracia su oración ¿Será una buena señal o una condena? — Así no podrás cumplir tu promesa.

Aunque ¿Cuántas llevan ya? Una larga lista de sueños que ya no están solo en la fantasía.

—¿Haki? ¿Qué es eso? — porque jamás lo ha oído, es un nombre de algo del exterior. Supuso que en la iglesia jamás se lo habrían enseñado, no es un regalo de Dios o una bendición, por lo tanto culpó a su ignorancia propia, más que a algo general. — Oh — es la única respuesta ante la declaración que sólo le enseñará a ella, una que se acompañó con una risa incómoda, no porque sea la elegida, sino porque al resto no tendrá un trozo de un pastel que parece ser apetecible para todos ¿Pero pueden reclamar algo? Quizás debieron pensar mejor el trato.

Un Rey marino. De eso ha oído, por lo tanto apretó el gesto que tiene con Owen una última vez antes de dejarlo ir.

—Vamos entonces —

Ahora, sin mirar atrás, por mucho que se le apriete el corazón o se le revuelva el estómago. Ésta es una oportunidad que no volverá a ocurrir nunca más, porque no es que se haya abierto una puerta o una ventana, todo ha desaparecido porque la tormenta se lo ha llevado todo.

El avance de Dürr la movió un paso, no se resistió al movimiento, aun así no dudó en alzar su mano esperando que el muchacho de cabellos rojos la tome — Tendremos que trabajar mucho — aún así no sonó agobiada por las responsabilidades nuevas, no aún, pero tal vez mañana sí. — Es la mejor manera de lograr cambiar.

¿Qué cosa? ¿A qué se refiere? Seguro con poco puede darle pistas a lo que se refiere.

—Para bien.

Porque no ha sido un detalle que se haya pasado por alto. Un final que le ha dicho más que cualquier otra oración. La preocupación del muchacho le fue evidente.

—No te tardes tampoco tu, Pez más gordo del acuario — llamó a Jin, sin saber qué es un acuario o a lo que se ha referido, pero el apodo le pareció gracioso — Que parece que tienes un gran trabajo también.

Pero no tanto como cambiar el mundo.

Qué ilusos.

AAAAAAA
[Imagen: Gwendolain.gif]
#10

La calma empezaba a reinar en el corazón de un Owen que se había sentido contrariado en multiplicidad de momentos. Aún la duda viajaba en su cabeza, más siendo una persona que suele darle mucho la vuelta a las cosas que le despiertan un fuerte interés: ¿Porqué había revelado su rostro ante ellos tres? En su cabeza, una y otra vez, se lo preguntaba de manera fugaz. Jin, a diferencia de ellos dos, no buscaba la posibilidad de volver "un mundo mejor a su alrededor", sino, "un mundo mejor para él", cosa que no le pareció para nada sorprendente al pelirrojo que, con su mano derecha aún ocupada en esa red convulsa y errática de lagartos gordos que luchaban por el mínimo milímetro de espacio, prestaba potencial atención a un evento que...abrió los ojos celeste brillante del chico de par en par, sorprendiéndole a más no poder.

Sohem Burnedead. Aclamado, afamado. Quien asesinó a dos y perturbó a una decena en aquella playa. Decidió, de forma tan sorprendente como espontánea, de entregar a Dürr a Gwen, pidiendo que "lo cuide por ella".

— Ahora es tuyo, él ya no puede cargar conmigo debido a mi peso extra —

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-¿¡Cómo!? ¡Tiene que ser de coña!-

Le resultó inevitable voltear ante la interacción, mostrando esa expresividad que tanto le caracterizaba y una expresión completamente anonadada. Fue tan impensable, tan sorprendente que simplemente volteó a ver la reacción de la chica que amaba con todo su corazón. Ella estaba completamente acostumbrada a recibir agasajos y regalos, era, literalmente, el karma de su vida casi de manera literal...¿Pero esto? -¿Pero esto no es la hostia de complicado? Gente que conozca a este tío...sabrán que esa montura es la de él.- ¿Eso volvería a Gwen, en un futuro, el blanco de alguien?

— Nunca me habían regalado algo así, que pudiera cargarme —

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-...yo te regalé cosas mejores.-

Y todo el sobre-análisis que realmente tenía una base sólida y le daba razones para sospechar de que podría generar complicaciones a futuro cayó completamente en saco roto en el instante que su característica emocionalidad salió a flote, poniéndose automáticamente celoso mientras su mirada iba hacia el cielo. Obvio, el no tener ni los recursos, ni los bienes, ni el dinero capaz de poder ofrecerle algo de semejante calibre a Gwen le generaba ese infantilismo que solo ella podía provocarle debido a que, desgraciadamente, los apegos de Owen siempre son y serán su máxima debilidad. Saber que él "no siempre será el que haga o regale", le provocó una inevitable expresividad que siempre evidenciaba lo que pensaba y sentía, resultando muy emocionalmente evidente.

Finalmente la respuesta del propio Sohem apareció ante la pregunta del pelirrojo, una que fue bastante parecida a la misma que había hecho Pawurs, aunque, evidentemente, con muchísimas menos sutilezas. Algo que le llamó poderosamente la atención era no solamente lo que podía hacer su fruta, sino, el nombre de la misma, ¿Acaso las frutas tienen un nombre que se repite siempre seguido de "no mi"?, aunque lo que le sorprendió un poco más fue un término que había utilizado para nombrar a quien parecía ser importante o poderoso: "Yonko". Ante su explicación, le resultó completamente inevitable no ver aquel cacharro resonante, metálico y que, rústicamente y en momentos aleatorios, parecía emitir cierto vapor y sonido -Así que...por eso te quedaste manco.- balbuceó analíticamente...aunque su frase final, evidentemente, fue lo que provocó que sus ojos celeste brillante y esos dos orbes, brillantes como dos soles, acompasados por ese extenso cabello rosado y gran cicatriz de lado a lado, se cruzaran con profundidad.

— Así que usa el cerebro y no seas un puto inútil. Echarle la culpa a la fruta del diablo que tengas es de ser un perdedor —

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-...será un cabrón, pero tiene toda la razón. Yo no soy ningún perdedor.-

Casi como si se tratase de un niño regañado, su mirada descendió en cuanto su frase fue emitida...aunque, para su sorpresa, ¡TAP! -¡!- el sonido de las palmadas sobre su hombro y la tela de su chaqueta roja sonando por los impactos al compás de esa risa que ya se conocía casi que de memoria, provocándole que, otra vez, hagan un fuerte contacto visual donde podía ver esa carcajada tan amplia y expresiva -¿De qué se ríe?- y claro, se reía de su comentario sobre volverse mucho más fuerte que él, pero él ni siquiera se había percatado. Aunque, automáticamente, su expresión repleta de sorpresa empezó a dibujarse simpática y sonriente en cuanto escuchó a la mujer del velito en los ojos replicar que "no se vaya a quedar atrás", mirándola con una sonrisa ladina -Jamás. Necesito cuidarte hasta que cambies este mundo de una santísima vez, y solo voy a conseguirlo...- y, arrastrando los ojos, volvió a cruzar miradas con el sujeto que podría volverle automáticamente "bebé ceniza" en un ápice de segundo -...solo si soy capaz de superarle a él.- no lo dijo despectivamente, sino, para demostrar que no temblaba ni titubeaba.

Jin no dudó en intervenir, solicitando algo de lo que Owen jamás había podido oír, incluso, del mismísimo Pawurs el día que se lo preguntó. Sí, afirmativamente existen fuerzas que son igual de valiosas que las de las frutas del diablo, o eso parecía. Incluso, el propio pelirosado fue tan tajante como directo en sus palabras, ya que era impresionante la carencia de medias tintas que manejaba: "Esto no es una escuela itinerante para que se usan y que emplee mi tiempo en volverles mejores" -Lo sabemos.- contestó el pelirrojo, que nunca se puede quedar callado. Sus ojos celeste brillante no dudaron en seguir con la mirada el dedo índice acusador que se posaba sobre Gwen, observando si de su punta sería capaz de lanzar un rayo, una cadena o cualquier cosa capaz de lastimarla, como si el hombre de ojos ámbar fuese un arma viviente (Que, objetivamente, lo era). No sabía si le generaba alivio o incomodidad el hecho de saber que la mujer de su vida, al parecer, sí se había ganado el mérito y el derecho de ser quien podría ser, al menos, capaz de poder defenderse por su propia cuenta, cosa que el pelirrojo había batallado casi a diestra y siniestra hasta el día presente, ciertamente.

Sintió el apretar de la mano de la muchachita y el avance de la montura de...¿Gwen? ¿Ahora? apareció casi por ósmosis, como si fuese completamente natural esa interacción de ambos dos. Observó como ella alzaba su mano, tal vez, a la espera de que el pelirrojo le acompañase mientras Sohem, ahora sin su característico casco, se adentraba por sí mismo a la basta jungla de la impresionante y caótica Little Garden. En aquella isla quedó grabado el comienzo de algo que provocó, casi instintivamente, el movimiento rectilíneo hacia un camino que desconocían hacia donde y cómo les llevaría allí. No dudó en mirar a Jin, aquel que, sin exagerar, fue el primer escalón para llevarles a una situación que escaló hasta límites insospechados, involucrándoles con, probablemente, uno de los tipos más peligrosos que Owen había conocido por escándalo -Tú nunca desperdicias una oportunidad, es tu momento, Jin Onizuka.-.

Aún así, había un impulso de movimiento casi involuntario. Algo que las piernas pedían a gritos y el corazón latía con pasión. Nada de lo que pasó en la playa de Little Garden fue olvidado por él, pero...también, estaba dejando que su moral y sus sentimientos influyesen en el verdadero objetivo final: Gwen, que tiene la capacidad de cambiar el crudo mundo horrendo que él tuvo que vivir, ahora, podía contar con la crudeza del mundo mismo encarnada en una persona.

Owen no sabía para nada cómo terminaría aquello.

-Todo lo que me queda es demostrarte que puedo ser más fuerte que tú, Sohem Burnedead.-

Porque la montaña que debía escalar, era completamente colosal.

Un peldaño a la vez.

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-Un peldaño a la vez.-

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-Hablo- , Narro , -Pienso-
[Imagen: Fusaneitor.gif]


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