[Aventura T2 - P. Relativo] - Nadie piensa en los niños.
#1
85, Invierno, año 16
Reino de Sorbet
South Blue





Te encuentras a las puertas del territorio enemigo. Frente a ti, a unos siete metros de distancia, un grupo de al menos veinte hombres descansa sin prestarte demasiada atención. No te conocen, pero tú sabes perfectamente quiénes son.

Esos bastardos que charlan entre risas, intercambiando comentarios banales y chistes sin sentido, simplemente matando el tiempo, forman parte del grupo de vándalos que se atrevió a robar los suministros destinados al sustento de la iglesia Austro.

De una forma u otra te has enterado de que ellos fueron los responsables del robo. No fue difícil: en Sorber Sur todos saben lo que ocurre, y bastó con hacer la pregunta correcta al borracho adecuado para que incluso algo así se convirtiera en comidilla del voz a voz. Pero no se limitaron a cometer aquella fechoría; también apalearon a los pobres ancianos que, tras enterarse de que eran los culpables y con enorme esfuerzo, reunieron el valor necesario para encararlos en su propio territorio y pedirles apenas la mitad de lo hurtado.
Lejos de mostrar compasión, los recibieron a golpes, obligándolos a regresar a su iglesia con el rabo entre las patas.

Excesivo, quizá. Motivos más que suficientes para que alguien como tú decidiera hacer algo por quienes tanto te dieron en el pasado. Pero no eran las únicas razones.

Los propios niños de la iglesia, los huérfanos que se enteraron de lo ocurrido por boca de los ancianos, también reunieron valor. La anterior noche se escabulleron con la esperanza de recuperar, aunque fuera una misera parte de lo que les correspondía. Un queso, vino, o incluso una rodaja de pan.

Lamentablemente, fueron descubiertos. Los golpearon sin piedad y los devolvieron a la iglesia cubiertos de moratones y claros signos de maltrato.

La pandilla responsable de todo aquello se hacía llamar los Royal Salty Black, un grupo recién formado que buscaba hacerse un nombre entre las demás bandas criminales. Su líder, un sujeto tan avaro como egocéntrico, había roto una de las reglas más claras de Sorber Sur, no meterse con la iglesia.
¿La razón? Nadie la conocía. Tal vez simple malicia, quizá desprecio… o incluso podría tratarse de un encargo de alguien más.

Aunque no venías a buscar razones, ¿o sí?

Uno de los hombres a la distancia se percató de tu presencia en ese momento. Su silbido, cargado de sorpresa y descaro, rompió el aire.

“Wow, chicos… miren ese bombón,” dijo de forma lasciva, recorriéndote de arriba abajo sin el menor intento de disimular su libidinoso interés.


Los demás, vestidos con ropas similares, claramente sacadas del pequeño depósito de chatarra en el que se encontraban, te observaron del mismo modo. Poco a poco, uno tras otro, comenzaron a levantarse del suelo.
“Hey encanto, ¿quieres algo de acción con un hombre de verdad?” Gritó otro, moviendo las caderas de atrás hacia adelante repetidas veces en un gesto vulgar, uno que quizá solo imitaba porque su razonamiento era tan escaso que realmente creía que algo así podría agradarte.

El lugar es un depósito de chatarra. Frente a ti, el único camino posible es un amplio sendero de unos catorce metros de largo que conduce hasta otro portón, cercado por una pared. Los hombres sucios reunidos frente a él te bloquean la vista, pero más allá parece haber un almacén.

A tu derecha e izquierda se extiende un terreno de unos veintiún metros de ancho, que llegan hasta grandes montañas de chatarra. Es un espacio amplio que no parece ser más que la entrada a aquella base de cuarta categoría o el lugar donde reúnen lo que parece servir.

“¿No quieres pasar un rato con nosotros, mamasita? ¡Apuesto que jamás tendrías una experiencia así de buena!” Dijo otro de los tipejos, todos comenzando a chiflar, piropear y alabar tu porte, elegancia y belleza. Aunque de forma que no serían sinónimos de agrado para nadie.


INFO
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#2

85, Invierno, año 16
Reino de Sorbet
South Blue

¿Cuántos puntos han tenido que cocer en el rostro del adolorido infante, quien sisea a modo de queja ante la delicadeza del roce sobre la herida? ¿Cuánto tiempo lleva la anciana de nombre Emira presionando rodajas de papa sobre su inflamado rostro? ¿Es normal que una niña de dulce semblante no deje de derramar lágrimas mientras esconde el moretón de su antebrazo bajo una improvisada frazada? ¿Que un anciano no deje de cojear intentando ayudar a los heridos a pesar de haber sido golpeado también?

Las miradas se desvían al encontrarse con los expectantes orbes chocolate de la fémina. Las palabras de los adultos se entrecortan hasta desaparecer del todo tras la fineza de labios apretados con aprehensión. ¿Por qué la evitan? ¿Por qué son incapaces de responder a sus preguntas?

¿Será por la manera en la que sus manos se aprietan con tanta fuerza que los nudillos se tornan claros debido a la falta de circulación o porque sus uñas empiezan a clavarse en las palmas de sus manos hasta destilar pequeños hilillos carmesí? ¿Se deberá acaso a la manera en la que su rostro empieza a tornarse rojizo debido a la sangre acumulada? ¿O al infructífero intento de aparentar calma frente a los demás cuando la única verdad irrefutable es que su corazón bombea con agitación, la respiración es pesada, corta e iracunda; las muelas se aprietan y los labios se fruncen al igual que la nariz y las cejas?

No es la Runin alegre, sarcástica y fastidiosa que en ocasiones les observaba en insondables mutismos o les ofrecía amenas sonrisas repletas de verdades que jamás pronunciaba. No. Ahora es la colérica Runin, aquella que escucha el fuerte latido de su corazón en sus oídos, la misma que siente la absurda necesidad de romper todo lo que se encuentra en su camino, la que camina fuerte en busca de respuestas que nadie desea dar.



—Sé lo que les hicieron y sé quienes fueron. Quiero el nombre del lugar en el que están. AHORA.

Jamás les ha exigido con tanta ferocidad como en ese momento. La noche anterior mientras bebía en un bar se enteró del atraco, a la mañana siguiente no dudo en correr a la iglesia.

—¿Por qué me lo están ocultando? ¡Díganme dónde están esos hijos de puta! Quiero la respuesta ¡YA! —Odio es lo que vibra en sus orbes, en sus vocablos, en su tembloroso cuerpo. No puede ver más a los niños o esa ira desencadenará en amargas lágrimas, suficiente es el nudo en su garganta. Siente la necesidad de matar a alguien, los recuerdos se aglomeran y se dispersan. La ira es demasiado fuerte como para centrarse en algo. Al menos es así hasta que siente la dulzura de una mano acariciando su espalda.

—Nuvia… —Una amable anciana amante de los más hermosos sombreros; de carácter dulce, comprensivo y paciente, quien nunca se ha detenido a juzgar a Runin. —Cariño… Dime ¿Dónde están? —La anciana suspira sabiendo que tarde o temprano la información será desvelada. Con amabilidad dirige a Runin al interior de la iglesia donde explica la historia al completo, las dos veces que se intentó recuperar las cosas, la forma en la que fueron atacados.

—Tranquila, mi niña. Sé que quieres ir pero ninguno de nosotros queremos que te hagan daño; buscaremos a alguien para que recupere nuestras cosas, te lo aseguro. —Runin levante una de sus manos, niega con delicadeza. —Ya encontraron a alguien, cariño. Es todo lo que necesitaba saber. —La amazona se dirige hacia el altar, toma la botella de vino que sería utilizada en la misa de la noche y la abre sin contemplación, bebiendo de ella en un intento de relajarse.



—Eso y que deben conseguir otro vino para esta noche, para festejar cuando vuelva.

No permite que nadie más la contradiga cuando sus pasos se dirigen hacia la guarida de aquellos hombres. ¿Les gusta jugar sucio? ¿Maltratar niños y ancianos? ¿Robarle a los más necesitados? ¿Llevar miseria a la vida de personas pacíficas? Asco. Es lo que siente: profundo asco. Si se tratase de desconocidos quizá no le importaría demasiado pero los conoce, hace dos años le abrieron las puertas de la iglesia y de sus hogares, le dieron alimento y vestimenta. ¿Cómo no hacer algo al respecto?

Podría idear un plan inteligente, analizar el terreno, el número de personas con las qué combatir, incluso podría pedirle a Ryota que le ayude pero no, no lo hace y no lo hará. ¿Continuar perdiendo tiempo en vez de ponerse en marcha? Imposible. No con la mente moviéndose más rápido que ella o con las emociones bullendo en rabia. Incluso se coloca sus guantes con apremio, encendiéndose al golpear el dorso de sus manos uno contra otro. ¿Perder el tiempo? No es lo suyo.

Quizá por ello al llegar lo único que pudo hacer es sonreír con apremio, casi con locura. ¿Las palabras de aquellos animales? Irrelevante. Solo los ve como cerdos incompetentes, carentes de individualidad y gusto, de gracia y respeto. Gira su brazo derecho una vez, parece intentar quitarse el estrés.



—¿Acción, cariño? Fufufufu.

Ríe y lo hace lento, la voz se eleva porque eso de pasar desapercibida no es lo suyo. Gira el mismo brazo una segunda vez. Da la impresión de intentar estirarse, no es así. —Lo que más quiero ahora mismo es tener algo de acción con ustedes. —Una mirada hacia los hombres, trata de ver tras ellos. Parece ser algún tipo de depósito. ¿El alimento estará ahí? Mira los alrededores con rapidez, si, en ese ambiente asqueroso del exterior no pueden estar guardados los alimentos.

—Pasaré la mejor tarde de mi vida, cariño. ¡No lo dudo! —Por tercera vez gira el brazo derecho mientras relame sus labios. —¡Amo las experiencias nuevas! —Repentinamente entra en guardia con piernas separadas, rodillas ligeramente flexionadas y las manos protegiendo el rostro; se inclina con ligereza hacia adelante, dando un rápido salto recto de siete metros que la lleva a posicionarse frente a ellos.

Sin aviso el puño derecho se estira en un impacto veloz, seco, breve y contundente hacia los enemigos; antes de que la mano regrese hacia su rostro a modo de volver a levantar la guardia. —¡¡¡No me decepcionen!!! —Emite dándose cuenta de que no son más que bultos repletos de inmundician, ladran y no muerden, abusan de los más inocentes para después ser apaleados sin contemplación alguna.



—Repugnantes.


OFF ROL
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1557 + 0 = 1557
Energia: 1376 - 21 = 1355
Espiritu: 228 + 0 = 228
#3

La hermosa mujer de hebras azabaches se deshizo de veinte hombres al unísono. La sangre brotó de los labios de varios de ellos en el mismo instante en que un solo y devastador golpe los impactó, haciéndolos salir despedidos como si no fueran más que títeres con sus hilos rotos.

Una cosa era segura, Runin no había ido a ese lugar a perder el tiempo. Poseía una determinación que pocas veces podía verse en alguien y la fuerza para llevar a cabo su cometido.

Tras aquella impresionante muestra de brutalidad, la mujer podía decidir continuar su camino, pues en el amplio terreno de chatarra ya solo quedaban los cuerpos noqueados de quienes se suponía que eran la primera línea defensiva. Aquello solo podía significar dos cosas: o la banda criminal era sumamente débil, o la mujer de tez bronceada se había vuelto más fuerte conforme sus viajes la habían hecho avanzar.

Una vez consigue llegar al segundo portón, puede notar que aquellas paredes no son más que latas de chatarra apiladas, simulando una defensiva pared y más allá a escasos metros se encuentra el almacén que pudo divisar desde lo lejos.

Se trataba de una vieja bodega, tan antigua que invitaba a dudar de la estabilidad de su estructura. Ventanales rotos y un aroma familiar, (ese que solo se percibe cuando la boca está llena de sangre) acompañaban la escena. El óxido de las puertas frente a ella no hacía más que confirmar lo que sus ojos ya habían advertido desde antes, aquel sitio estaba olvidado y había conocido sus mejores días en una época pasada.

Contenido Oculto


Antes de abrir puede escuchar algunas frases desde el interior. No hacía falta tener un sentido muy agudo, pues la persona adentro gritaba lo suficiente sin el más mínimo remordimiento o miedo a ser escuchada.
“Ñijijijijijiji esos asquerosos ancianos y niños tontos estuvieron tanto tiempo comiendo tan bien.” Una voz chillona e irrisoria parecía burlarse de las personas que habían robado. “Ñijijijiji les hago un favor de esta forma con eso pueden ponerse a dieta Ñijijijiji, ¿verdad, mi amada Verónica?” Continuó, hablaba con alguien y por alguna razón parecía tener un tono alto en su voz todo el tiempo, pero solo sonaba más irritante y vulgar.

“¡Cállate Chad!, ¡tráeme otro maldito jamón! ¡ya terminé el ultimo!”

Una segunda voz también gritó desde el interior, quizá con ello, dando razones suficientes para que la morena decidiera hacer que ambos individuos se callaran.

El interior del almacén, un amplio espacio de 17M de ancho y 11M de largo, por extraño que pareciera, era mucho más limpio que el exterior. El suelo de piedra blanca se mantenía pulcro pese a su aspecto rústico; las paredes estaban cubiertas por un agradable papel tapiz rosa y, al fondo del lugar, se alzaba una gran cama. Sobre ella descansaba una mujer de al menos cuatro metros de altura, recostada junto a una enorme caja de madera marcada con el nombre de la iglesia.

Cualquiera quedaría absorto al contemplar la imponente figura de la mujer. Sus curvas resultaban imposibles de ignorar, al igual que el hecho inquietante de que parecía encadenada a la cama, privada por completo de la posibilidad de incorporarse o escapar de su aparente dormitorio.



Verónica

“¡¿Quién es esa puta?! ¡¿Estás viendo a otras mujeres Chad?! ¡Malditos hombres, todos iguales!”

Al lado de la cama se encontraba el dueño de aquella voz chillona: un hombre pequeño, de apenas un metro y 10 de estatura, con poco cabello, un parche cubriéndole un ojo y un notable exceso de grasa corporal. En sus manos sostenía un enorme jamón, el cual ofrecía con insistencia a la mujer llamada Verónica, justo antes de que ella alzara la voz al percatarse de la intromisión de Runin.



Chad

“¿Que? No, no es lo que crees Veronica, no se quien es esta puta, ¡¿Quién carajos eres?! ¡¿Por qué te dejaron pasar mis hombres?!”

Exigió de manera violenta, girándose hacia la morena con una mirada cargada de agresividad, al mismo tiempo que Verónica le arrebataba el jamón de las manos para llevárselo a la boca. Habló entonces de forma grotesca, con la boca llena, masticando sin el menor pudor.

“Esos buenos para nada no sirven como lacayos, debiste haberlos matado cuando te lo dije, ¡Encárgate de esta puta o voy a tener que volver a ponerte el cuerno Chad!”

La amenaza, lejos de molestar al pequeño hombre, le provocó un rubor en las mejillas. Parecía disfrutar de aquella relación enfermiza y de las amenazas que Verónica realizaba. “¿Aunque la mate a ella también me pondrías el cuerno, Verónica?” Menciono casi como una petición en vez de una queja.

“Si, claro, eres un bueno para nada después de todo, mátala y dame otro jamón.” Respondía con desprecio al tiempo que ofrecía un incómodo espectáculo al comer.

INFO
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#4

El sonido de los pasos resuena hueco ahí donde pisa, cuando los tacones sortean cuerpos y el objetivo se alza frente a los oscuros orbes de quien, por primera vez, mantiene acalladas las palabras. Siente el penetrante aroma metálico impregnar sus vestimentas, su cuerpo, sus fosas nasales, incluso su garganta y pulmones; como si se tratase de una invitación al caos. Relame los labios intentando saborear la sensación sin éxito aparente, percatándose de sus verdaderas intenciones: Al final de aquella travesía desea que las malogradas paredes metálicas no sean lo único de donde brote aquel particular aroma.

Está a punto de empujar las oxidadas puertas cuando los escucha, voces a gritos, desinteresadas de quién pueda llegar a escucharlos, confiados en su séquito de imberbes debiluchos que ahora yacen formando parte de la basura a la que pertenecen. De manera inconsciente Runin gira tres veces el brazo derecho. La primera vez sucede cuando al escuchar cómo llaman “asquerosos” a sus amigos. La segunda vez cuando escucha la palabra “dieta” y el tercer giro lo realiza cuando sus oídos captan las vociferaciones de la mujer en el interior, pidiendo otro jamón.

Una parte de sí le ruega irrumpir, reventando las puertas de un solo golpe y abalanzarse sin importar absolutamente nada. La otra, la que logra imponerse, se ha transformado en silenciosa ira: una que no requiere de ningún estímulo para actuar, que permanece latente y asfixiante, saturando el ambiente de una tensión incómoda y opresiva. ¿Cómo es el dicho? “Perro que ladra no muerde”. En ese momento Runin no tiene planeado ladrar.

La mirada se centra en el escenario frente a ella. Es amplio, pulcro, rosa. La mirada de la morena se afila y una pequeña arruga aparece en el puente de la naríz antes de respirar profundo, conteniéndose lo suficiente como para no empezar a romper todo a su alrededor; en especial al escuchar de nueva cuenta la voz de la fémina que reposa sobre una amplia cama de apariencia sencilla pero claramente costosa, lo suficiente como para resistir el peso de quien la llama “puta”.

Los labios se transforman en una línea. Continúa hablando. Piensa, la luz de sus guantes y la fruta del diablo iluminan su rostro. Continúen haciéndolo. La presencia del hombre provoca que las manos de Runin se estremezcan, siente picazón, como si algo dentro de ella le rogase hacer algo al respecto. Continúa mirándome así. Los orbes chocolate fijos en la escena, en el hombre que le observa con evidente hostilidad, en el jamón que seguramente es parte de las raciones de la iglesia. Continúa tragando. El corazón bombea fuerte en su pecho, se siente incluso en sus oídos.

Repulsivo.

Sus vocablos, miradas, intenciones, aspectos, dejes, amenazas, insultos. Todo, absolutamente todo le parece nauseabundo. La mente de Runin solo puede pensar en una cosa.

Quiero matarlos.

Quiero matarlos, necesito matarlos, lo haré, los mataré.

Les quitaré las entrañas, haré que vomiten la comida, que lloren, que se arrepientan.

Que se arrodillen y pidan piedad, que griten e insulten en charcos de sangre.

Los mataré, los mataré, los mataré, los mataré, los mataré.

Ĺ̷͖̥̠͙͓o̵̧̱̦̖̳͗s̴̨͋̂ ̸̤͒m̸̻̫̂͂͘̕ạ̸̙͊̕͠t̸̮͕͔͋̈ȁ̴̢r̴̗̲̺̫̆é̵̱̊.̵̡͖̘̥͘ͅ




—¡Stellar…

La voz suena ronca y baja mientras va ganando intensidad. El instinto es superior a la racionalidad, al menos en un primer golpe cargado de intención, rabia, brutalidad y frustración. La amazona se mueve rápido sin darle tiempo a reaccionar a su objetivo. Llegando frente a él de manera ofensiva rota completamente su cadera, ha tenido que bajar un poco el eje para poder atacar correctamente. 

—Distortion! —Suena amarga, llena de coraje, de impaciencia, de odio. Lo primero que el enano tuerto siente es el puño de la fémina al realizar un uppercut deformado en su contra, golpeando el mentón de este, haciéndo retroceder a su enemigo hasta golpear la cama de su abusiva intento de pareja. No le importa si es un enano tuerto. ¿Piedad? Qué gracioso concepto. Retrocede en un salto sin dejar de observar a ambos. Los labios se fruncen con excesiva aberración.


—No tengo tiempo para escuchar a obesas sin vida o a gnomos de jardín; cariño. Me llevaré la comida que le pertenece a la iglesia y ustedes desearán no habera robado. —Como pocas veces la voz de la fémina se percibe gélida, no hay rastro de la típica coquetería, de implicaciones interesantes o contorneos, no.

Runin Kitay se está dejando llevar por sus instintos más básicos. Mientras las palabras son exclamadas vuelve a girar el brazo derecho otras tres veces, cargando de nueva cuenta la habilidad base de su fruta del diablo, preparándose para el siguiente golpe.
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OFF ROL
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#5

Tras reventar las puertas de un golpe, la amazona desató su furia proclamando un combate que deseaba iniciar.

No hubo tiempo para respuestas, planes, ni estrategias de ningún tipo, solo se lanzó encarnando a la más pura violencia y en un instante desató un poderoso golpe en la quijada de su oponente.

El impacto fue sólido e inmediato; el contacto desvió con violencia la mirada del hombre de pequeñas proporciones hacia el techo. Sin embargo, su cuerpo no se movió, y la morena pudo sentir que su golpe había sido lo tan certero como para hacer brotar la sangre.

No obstante, ella abrió la distancia entre ambos para ofrecer sus palabras a sus ahora oponentes.

“¡MALDITA SEA CHAD! ¡MUEVETE, ENANO ASQUEROSO! ¡ESA PUTA TE LLAMO OBESO!”

La molesta voz de Verónica devolvió a su amado a la realidad. Los ojos confundidos de Chad descendieron  del techo hasta posarse en Runin, sin comprender del todo lo que acababa de ocurrir. Su rostro, tan ensangrentado como confuso, se limitó a expresar una sola respuesta posible, obedecer a su mujer.

“¡SOY DE HUESOS GRANDES!”

Respondió dando un paso en dirección hacia Runnin e invertir la posición de su cuerpo, ahora su cabeza se encontraba contra el suelo mientras piernas y mano se juntaban en perfecto equilibrio. “¡Buto Kaiten!” Gritó antes de comenzar a girar, como si se tratara de un trompo, y en un abrir y cerrar de ojos recorrió la distancia que lo separaba de la amazona. El impacto fue directo y brutal: un poderoso golpe a la altura del estómago que la lanzó despedida en la dirección contraria, con tal violencia que atravesó la pared de la bodega, recorriendo un total de diez metros.

“¡KYAKYAKYAKYAKYA! ¡ESO TE ENSEÑARA ZORRA! ¡NADIE LE LLAMA OBESO SIN VIDA Y GNOMO DE JARDÍN A ESTE IMBECIL OBESO EXCEPTO YO!”

La rencorosa Veronica daría por terminado el combate, mientras los ojos de Chad se mantenían fijados en el agujero de 2x2 metros que el cuerpo de Runin generó.

Los cimientos de la bodega parecieron resentir el impacto en la estructura, temblando un poco, pero aún se mostraba lo suficientemente sólida para que no alarmara al gnomo de jardín.

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“¡Y PARA TU INFORMACIÓN! ¡NECESITO MAS ESA COMIDA QUE ESOS HUERFANOS DE MIERDA! ¡¿CÓMO CREES QUE MANTENGO ESTE CUERPASO?! ¡ANOREXICA!” Continúo despotricando contra la recién golpeada mujer con indignación, no podía creer que alguien más fea que ella se atreviera a hablarle de tal modo.

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#6

“Puta”

¿Cuántas veces ha sido nombrada de esa forma desde que cruzó la puerta? ¿Será esa la palabra predilecta de la fémina de doradas hebras? ¿Acaso la envidia atañe la perspectiva desde la cual observa el mundo? Irrelevante. Cada una de sus palabras funcionan para avivar la cólera que corroe cada fibra del cuerpo de la amazona. ¿Está instándole a perder la cordura? Debería comprender algo primordial: cuando Runin entra en combate, las palabras negativas no hacen más que avisar su deseo de acabar con sus objetivos; y Verónica es uno de ellos.

La mirada chocolate de la fémina no pierde rastro alguno del par de delincuentes. Los gritos se vuelven eco en el interior de la mente de la fémina cuando una sonrisa se delinea en sus labios al notar el ensangrentado rostro de su enemigo. El primer paso dado por el hombre de encogida estatura pone en guardia a la fémina, en especial al notar el cambio de posición de combate de Chad. No piensa averiguar el significado de sus acciones así que inmediatamente se mueve hacia su derecha, esquivando el ataque de su contrincante.

Sin perder un solo segundo la fémina salta hacia el frente, hacia Verónica, cayendo sobre el estómago de ella con la pierna ligeramente flexionada. Se agacha lo suficiente para agarrar el cabello de la rubia mientras se gira ligeramente para no perder de vista a Chad. Seguido le propina un jab a la mujer, con el puño derecho, en el rostro. Quiere acallar sus malditas palabras. ¿No había sido el hombre demasiado complaciente con la rubia? ¿No le hacía caso a absolutamente todo lo que decía como si se tratase de un sirviente demasiado leal, traumatizado o estúpido? Si aquella mujer le importa al menos un poco entonces buscará que la morena no le quite la vida. ¿No es así?



—¡DETENTE O LA MATO!

Runin grita sin soltar el cabello de la fémina, no le importa el rostro magullado de esta. Gira el brazo derecho tres veces más sin dejar de hablar, la mirada enfocada en Chad demuestra determinación, odio, fijación. Aún sobre el estómago de la fémina Runin mantiene una postura que le permite mantenerse alerta ante su atacante. —Arrodíllate ahora mismo y prometo que no volveré a herirla. Si me atacas la mataré, ca-ri-ño. —Sentencia con firmeza, sin perder rastro de su enemigo. Los guantes brillan amenazantes. De momento lo único que necesita es desestabilizar a Chad. Independientemente de sus acciones, Runin piensa acabar con él.

En realidad lo que busca es acabar con ambos lo más pronto posible. No ha sido del todo honesta, en algún momento querrá matar a Verónica, no puede quitarse esa idea de la mente, la corroe como si de ácido se tratase, aunque el orden de los factores pueda llegar a cambiar.

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#7

El tornado golpeó el aire gracias a los sagaces movimientos de Runin, quien en un instante logró esquivarlo y, a continuación, saltó en dirección a Verónica.

De inmediato, Chad dejó de girar y enfocó su mirada en dirección a su amada. Allí estaba su enemiga, reposando ya sobre la suave figura de quien arropaba sus noches y adornaba sus días.

Sus pies reaccionaron al instante; apenas transcurrieron unas milésimas de segundo, pero ya era demasiado tarde. La mano iracunda que aferraba los dorados mechones de su amada (con una expresión de ira, pánico y terror que jamás olvidaría) se desató, impidiéndole alcanzarla.

“¡MALDITA LO…!”

Un golpe fugaz silenció su voz, impactando de lleno en el rostro. Sus facciones cedieron al instante, sumiéndose ante la presión del golpe. El hueso se quebró, los ojos se apagaron y la sangre brotó.

—¡DETENTE O LA MATO!-

Chad ya se había detenido; apenas logró avanzar cuatro pasos (4m) antes de que ocurriera el momento fatídico. No hacía falta llamar a un médico. Su hermosa Verónica jamás soltaba su jamón y, esta vez, la pieza de carne cayó al suelo, anunciando sin palabras lo peor.

Los iracundos e insufribles gritos se convirtieron en silencio, mientras el hombre de escasos cabellos, apariencia poco llamativa, faltante de su brazo y ojo, solo trataba de articular palabras, mientras las gotas de llanto se acumulaban en su rostro.

¿Porque?

¿Por qué un alma abandona este mundo? ¿Por qué una persona se extingue? ¿Por qué la vida puede terminar con tanta facilidad? ¿Era su pecado tan grande como para merecer tal precio?

Miles de incógnitas inundaron la mente vacía del pequeño caballero, quien había visto en aquella mujer la compañía idónea para su vida. Ambos eran despreciables, sí, pero juntos habían construido un hermoso escenario, un refugio de aceptación y confianza que ahora se deslizaba entre sus manos al mismo tiempo que su respiración se agitaba.


“Quita…”

La voz incómoda y quebrada resonó desde su interior.



“¡QUITA TUS ASQUEROSAS MANOS DE MI ESPOSA!”

La ira se hizo presente en sus vocablos y dio paso a la acción.

Un furioso torpedo arremetió contra Runin, tan rápido que no pudo siquiera verlo venir. 

Tan solo sintió la embestida en la boca del estómago, cuando Chad le impactó de lleno con su frente. Allí, sobre el cuerpo de su ex amada, en medio de lágrimas, vengaría la muerte de la única mujer que le brindó amor real. “¡VOY A ASESINAR A TODAS LAS PERSONAS QUE TE IMPORTAN ZORRRRAAAAAAAAAA!” La ira lo había enloquecido, no razonaba, no pensaba, su único instinto ahora era exterminar la vida de esa mujer para calmar su odio, su tristeza, su llanto.

Mientras presionaba su frente contra el abdomen de Runin, tensaba sus dientes al igual que los músculos para no ceder un solo centímetro.

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#8

Él… ¿Está llorando?

Una tras otra, las salinas gotas de rocío descienden, trazando surcos en el rostro del anonadado hombre. ¿Cuál es su intención al exhibir deliberada debilidad? ¿Acaso la repentina quietud del entorno es la que despierta sensaciones extrañas, aisladas, en la mente de la iracunda morena? ¿El leve, casi imperceptible ascenso de la respiración al llenar los pulmones de la mujer bajo su cuerpo, no se ha extinguido de forma abrupta?

La mirada cae entonces sobre su propio guante, empapado de la espesa sangre que no le pertenece, percatándose de lo irreversible. La amenaza se convierte repentinamente en una realidad, cada intención, finalmente, se materializa.



¿Cuándo me volví tan fuerte?

La conmoción que la atraviesa es casi equiparable a la del hombre que se ha detenido frente a la sanguinaria escena. Su intención ha sido asesinarla desde el principio; sin embargo, ahora que la tiene frente a su rostro, bajo su cuerpo, privada de movimiento, de aliento, de cualquier vestigio de vida; Runin se siente extraña, irreal, absurda. ¿Desde cuándo puedo hacer esto?

Siempre se ha considerado una persona de mente caliente, agresiva y violenta; pero jamás ha creído ostentar la fuerza necesaria como para acabar con sus enemigos de un solo golpe, al menos no hasta ese momento. ¿Debería sentir regocijo o miedo? ¿Debería reír o estremecerse? ¿Retroceder o consumar su cometido? La voz de aquel hombre, que parece haberlo perdido todo, arranca a la fémina de su mundo interior para devolverla a la crudeza de sus actos y a las consecuencias que estos arrastran. No. Esto es lo que realmente deseo. ¡Ella merece morir! Merecía, en realidad, ya lo está. ¿No?

El eco de Chad resuena en el recinto de adorables paredes tapizadas en rosa, ajenas al combate, a la suciedad, al desahogo. “Esposa” Es la palabra que el hombre pronuncia y los sentidos de la amazona menguan al instante. ¿Esposa? ¿Aquella mujer que se jactaba de serle infiel y de maltratarlo era su esposa? ¿Merece la pena derramar lágrimas por alguien que parece tratar a su marido como un esclavo? ¿Hasta qué punto esa relación era sana y…? No, nada de ello importa. La profunda mirada de rencor que el hombre le ofrece le hace comprender un concepto que aún no logra asentarse en la mente de Runin.

Él la amaba.

Por inentendible que le resulte el concepto, sabe que Chad amaba a Verónica. Quizá esa certeza es la que provoca que ni siquiera se percate del ataque ajeno, no le ha dado tiempo a reaccionar siquiera, ha sido demasiado veloz. Lo único que logra entender es que ha sido golpeada al sentir la arremetida del hombre contra su abdomen; no se resiste, lo deja ser, y un grito ahogado escapa de los labios de la mujer. ¿Una venganza sobre el cadáver de quien fue su pareja en vida?

El indescriptible dolor en el abdomen provoca que el raciocinio se desconecte y una sensación abominable de querer regurgitar se apodere de ella. Tose; y lo que brota de sus labios no es saliva o émesis, sino sangre. El carmín salpica el cráneo de su agresor. Conoce esa sensación de inconmensurable ira, la pérdida de control sobre su propio cuerpo, el deseo ciego de acabar con todo y con todos los que se cruzan en su camino.

Char tiene razones de sobra para desear la muerte de la amazona, pero ella también posee sus razones. ¡No piensa caer en la maldita táctica de la empatía utilizada por los humanos más despreciables! Se obliga a pensar en los ancianos de la iglesia y en los infantes golpeados que han intentado ayudar a sus padres y abuelos. No, si ella da su brazo a torcer, ¿Quién les ayudará? Niega sin importarle que su estómago arda y su cuerpo se tambalee.



—¡NO SI TE MATO PRIMERO! ¡STAAAAAAAAAAR TRIAL!

Grita cuando logra salir de la estupefacción, los guantes permanecen brillantes al girar su brazo derecho con rapidez antes de impactar el puño contra el costado izquierdo de la cabeza del hombre en un golpe contundente.

¿Quiere jugar a quién golpea más fuerte? Ella puede hacerlo, puede dar todo de sí con la finalidad de salir con vida de ahí y regresar la comida a quienes realmente pertenece. Con decisión sostiene el cabello de Chad con la mano izquierda. No lo suelta, no piensa hacerlo, aún si eso significa luchar sobre el cuerpo sin vida de otra persona. Vuelve a girar su brazo derecho tres veces más, agitada, absorta, a velocidad.

El corazón late desbocado, la sensación metálica en el interior de su boca es asfixiante y repulsiva, la nublada mente hace que el cuerpo actúe por sí mismo. —No me importa si era tu esposa, cariño, debiste pensar en protegerla antes de meterla en un mundo de mierda como este. —¿Y si Verónica lo hubiera metido en el bajo mundo del robo, el hurto y la mala vida? La posibilidad existe pero a Runin no le importa. Lo único que le interesa es continuar lo suficientemente molesta como para que sus sentidos actúen antes que sus pensamientos más profundos. Está a punto de volver a atacar.

Esposos. Esposos. Esposos. ¿Qué significa eso? ¿Qué significa amar hasta ese punto?

No.
No.
No.

No es momento para eso.

No es momento para ser Rhiannon Kitay.


No...

OFF ROL
[Imagen: MQT49Lq.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1557 - 378 = 1179
Energia: 1355 - 106 = 1249
Espiritu: 228 + 0 = 228
#9

Hace 5 años…

Un Chad igual de terrible en aspecto, pero cinco años más joven, llegaba por primera vez a aquel basurero de chatarra. No lo acompañaba nadie; solo su morral y el deseo obstinado de iniciar una nueva vida. Había nacido sin un brazo, poco agraciado y con gran facilidad para engordar. Quizá por eso, o por su extraña personalidad, fue víctima de toda clase de burlas durante toda su vida. Aquello lo moldeó, creció tosco, violento con quienes lo rodeaban, decidido a endurecerse y aspirar a algo más, no importaba si el mundo se empeñaba en señalarlo como una decepción. 

Sus sueños de convertirse en alguien importante lo llevaron a entrenar su cuerpo. Así llegó a Sorbet, como aprendiz de uno de los estilos más duros de la isla karate. Sabía que aquel lugar no era amable, pero representaba una nueva oportunidad para demostrarse a sí mismo que no era una maldita decepción.
Tal vez, si lograba dominar la zona más conflictiva de la isla, podría hacerse un nombre, atraer miradas y, por fin, conseguir aquello que siempre había deseado desde niño… amor.

Por desgracia, su poco atractivo y su voz irritante alejaban a cualquiera que mostrara el más mínimo interés, incluso mientras ascendía entre pandillas de poca monta. Al menos… hasta que la conoció.

Verónica fue como un rayo de esperanza en la vida de Chad. Desde el primer momento no lo miró con desgano ni asco. Lo miró con enfado. Le habló directo, le exigió que se apartara de su camino o lo aplastaría como a una mosca.

Chad obedeció, y ese fue apenas el comienzo de su relación.

De una forma retorcida, ambos eran almas gemelas. Compartían intereses, se complementaban, y por primera vez encontraron en el otro a alguien que no los observaba con repulsión, incomodidad o desasosiego. Verónica jamás engañó a Chad; según ella, ningún hombre en su sano juicio podría soportar su belleza… excepto él. Y al notar que su pareja incluso parecía disfrutar del maltrato, no tuvo reparos en complacerlo.

Ambos se convirtieron en un pilar fundamental para el otro. Con la motivación que Verónica le brindaba, Chad formó su propia pandilla en ese viejo basurero, entrenó con mayor intensidad y se preparó para enfrentarse a bandas rivales. Aspirando a un mejor futuro, con su esposa y sus amigos.



Presente…

Sin embargo, en la actualidad, lo acababa de perder todo.

Mientras su interior gritaba y sus ojos desbordaban lágrimas de ira, la pelea que Runin inició llegaría a su clímax. Tras el poderoso impacto del hombre de pocos cabellos, la amazona contestó con la misma intensidad. 

Un gancho corto de derecha atravesó el aire desatando un poderoso impacto en el rostro de Chad. Este último, ni siquiera fue capaz de levantar su guardia para defenderse, solo fue presa del impacto que desconectó su consciente con su horrible realidad. 

Por escasos segundos todo su mundo se convirtió en una nebulosa. Un ruido blanco lo envolvió mientras el sabor metálico inundaba su boca y, en un abrir y cerrar de ojos, pasó de la ira a sentir un dolor intenso que recorrió cada uno de los nervios de su cuerpo. ¿Acaso eso era todo? ¿Su ira llegaría hasta allí? ¿El recuerdo de Verónica solo valía eso?

El tacto se hizo presente en sus escasos cabellos, mientras la nebulosa se hacía más clara, el rostro del verdugo de su amada se aclaraba frente a él. Justo en el momento en que su visión se aclaró, sus ojos volvieron a inyectarse de sangre, su ira volvió al instante, debía vengarla, debía destruir a esa maldita y silenciar de una buena vez sus malditas palabras. 

“¡CIERRA LA BOCA!”

Ordenó al mismo tiempo en que sacudió violentamente la cabeza hacia el costado derecho para zafarse del agarre. La mano de Runin se quedó con los mechones restantes de la cabeza de Chad, mientras este aprovechó toda su velocidad y pequeño cuerpo para deslizarse bajo sus brazos y rodearla. Fue tan rápido que cuando Runin lo entendió, Chad ya extendía su único brazo desde atrás alrededor de su cuello tensionándolo con ira.

El aire comenzó a escasear y el reflejo más común sería llevar las manos al agarre para evitar que la asfixia sucediera. Pero, ¿Cómo Chad mantenía una llave matalones al cuello con un solo brazo?

La verdad sería tan impactante como violenta, pues la boca de Chad enterraba fuertemente los dientes en la carne de su propio brazo para mantener la llave sujetada.

Runin debía pensar rápido, porque en un abrir y cerrar de ojos, el combate se había complicado y por primera vez, sentiría el peso de sus acciones.

“¡MMFOY A MAFTARFTE! ¡MMFOY A MAFTARFTE! ¡MMFOY A MAFTARFTE!”

No se le entendía, su boca estaba cubierta por sangre y carne, pero sus ojos pedían venganza y no descansaría hasta asfixiarla por completo, a la mujer que asesino a la mujer bajo ellos. Sus pies no tocaban el suelo, pero tampoco importaba, solo debía pegarse como garrapata y apretar hasta matarla.

INFO
[Imagen: ELRAliP.png]
#10

¿No piensa rendirse?
¿No dará su brazo a torcer?
¿Acaso Chad planea luchar hasta las últimas consecuencias?
¿Hasta vengar a su esposa?

Ridículo.

Cada cuestión que embriaga a la fémina de mirada caoba se torna irrisoria y risible. ¿Desde cuándo el blanco y el negro intentan mezclarse para crear el gris después de pasar tanto tiempo siendo polos ocupestos? ¿Por qué debería importar el raciocinio y las emociones de aquel que participó en el robo y la burla de sus conocidos? ¿Hasta qué punto el remordimiento y la empatía deben entrelazarse con los hechos y las emociones propias?

Las palabras asaltan su mente sin siquiera preverlo; la mirada se engancha en los gruesos y grasos cabellos de aquel que logra soltarse de su ínfimo agarre, quien continúa combatiendo por una causa que, con seguridad, considera justa, necesaria, vital.

Repugnante.

Desea eliminar cualquier resquicio de aquellas pequeñas hebras que ahora se entrelazan en su guante, pero el tiempo está en su contra, lo nota cuando el oxígeno pierde vía de entrada y de escape, cuando los pequeños brazos sostienen su garganta en una llave que la deja anonadada.

¿Cómo? ¿Cómo es eso posible? Es ilógico. Un sinsentido. Y, aun así… brillante y desesperado, como solo un ser humano llevado al límite puede llegar a serlo. No hace falta verlo: siente su respiración demasiado cerca, y los balbuceos que intentan parecer palabras se acompasan rítmicamente con los ahogados jadeos que, poco a poco, empiezan a transformarse en salivación.

Desesperada agarra con la siniestra el único brazo del hombre. La mente corre en la búsqueda de soluciones que le permitan escapar de esa situación, tratar de dar con una se vuelve una tortura porque cada puerta en su mente está nublada, todo se nubla, incluso su mirada empieza a hacerlo. 

¿Qué hago?


¿Qué hago?¿Qué hago?¿Qué hago?¿Qué hago?¿Qué hago?¿Qué hago?¿Qué hago?¿Qué hago?¿Qué hago?¿Qué hago?¿Qué hago?¿Qué hago?¿Qué hago?¿Qué hago?¿Qué hago?¿Qué hago?¿Qué hago?¿Qué hago?¿Qué hago?¿Qué hago?¿Qué hago?¿Qué hago?¿Qué hago?¿Qué hago?¿Qué hago?

El cuerpo se tambalea hacia atrás; moverse resulta difícil cuando se está sobre el cadáver de otra persona. La estabilidad se pierde con mayor facilidad; quizá por eso no se asusta al precipitarse hacia atrás y caer de la acolchonada cama hacia el frío suelo. Está contra la cama y el depósito tras ambos. Está bien, aún puede hacer algo. Tiene que hacer algo ¡Porque no piensa morir asfixiada por un enano ladrón de mierda! Ni siquiera si este tiene razones de sobra para perder la cabeza y luchar contra la perpetradora de la muerte de su amada.

¿Saben? Existen personas que tachan de “simples” a aquellos que se lanzan hacia adelante sin estrategias organizadas o sagaces planes, a aquellos que emiten con sinceridad sus pensamientos, deseos o sentimientos, a aquellos que gritan sus sueños al mundo y a aquellos que lanzan el primer golpe antes de sentarse a dialogar y crear emocionantes partidas de ajedrez mental.

¿Runin?

Puede que no se considere simple a primera vista pero lo es. En medio de ese cúmulo de sarcasmos, burlas, mentiras y secretismos, Runin Kitay es atrevidamente simple. Ella misma lo entiende cuando su mente solo lanza una única solución:  ¡ATACA!

Y lo hace.

Se pone de pie a paso vacilante. ¿Acaso el maldito enano no piensa soltarla? No, si ella estuviera en su posición, sabe que no lo haría. Lo respeta, a su manera. Es por ello que piensa darlo todo, lo sabe cuando la saliva recorre la comisura de sus labios, cuando el aire no logra llegar correctamente a sus pulmones, cuando gira el brazo derecho dos veces mientras da un paso ofensivo, rotando su cadera. ¿Piensa lanzar un ataque al aire? No.

—S-STE…L…LAARGHT… —La voz se ve atrapada en su garganta, las letras escapan y se combinan debido a la falta de cabida, aún así el puñetazo asciende y en vez de ir hacia adelante cambia de trayectoria ascendiendo hacia su propio cuerpo, un uppercut que en realidad no va dirigido hacia sí misma, sino hacia su derecha, hacia el rostro de aquel que muerde su propio brazo para mantenerla atrapada. Un golpe cargado de ira y frustración hacia el demacrado rostro de Chad. —DI-S…TO…R. AGH… TI…ON!!!!!

¿No piensa soltarla hasta verla desmayada o muerta? Bien. Entonces Runin no dejará de atacar hasta matarlo y obligarlo, de esa forma, a soltarla a la fuerza. —Sue…lta…me, c-c-cari…ño! O… ugh… t-ten…d-ré q-ue s-se…g-uir g-gol…p..ean-d-do u-una y o-tra v-v…ez.


¿Quién aguantará más? ¿El colérico Chad o la iracunda Runin?


OFF ROL
[Imagen: MQT49Lq.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1179 + 0 = 1179
Energia: 1249 - 135 = 1114
Espiritu: 228 + 0 = 228


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