[Aventura T4] Raptor Rampage
#1
11:24 A.M. Dia 50 de Primavera, Año 17.
Costa de Little Garden.

La tripulación de los infames Mano Vacía disfrutaba de un día de solaz en la isla de Little Garden. Cada uno de los miembros de la célebre –en el peor de los sentidos, entiéndase– tripulación había pasado los últimos días en sus propios quehaceres, algunos juntos, y otros por separado. Era otra cuestión, sin embargo, la que los reunía allí en aquel día; una reunión acordada sobre una de las zonas más altas de la zona selvática que cubría la mayor parte del lugar.

Se encontraban al sureste de la prehistórica isla, muy cerca de la playa de arena blanca que conformaba una suerte de cinturón que rodeaba toda la zona selvática, junto a la costa. En el centro de la isla, el volcán se alzaba como un titán silencioso que observaba todo cuanto sucedía en la profundidad de la jungla. A su alrededor, vegetación por todas partes. Fuera de la isla, el mar se encontraba oculto bajo una densa bruma. El cielo, de forma excepcional, estaba nublado, completamente gris, y amenazaba lluvia. De hecho, amenazaba una de esas imponentes tormentas tropicales que asolaban la isla de cuando en cuando, en las que el sofocante calor y la insoportable humedad prehistóricos se unían para dar a luz a una tempestad que inundaba grandes cuencas en mitad de la jungla en cuestión de minutos. Cuando algo así ocurría, nadie estaba a salvo. De hecho, era frecuente que, justo antes, los animales de la isla empezasen a mostrarse visiblemente inquietos, percibiendo la tormenta que se avecinaba, y a menudo era el mejor momento para ver la vida prehistórica de Little Garden en todo su esplendor. Sin embargo, de momento, todo permanecía en calma, y ni una gota caía aún del cielo. Un silencio atronador reinaba en la isla, con la excepción de los múltiples insectos, mayormente enormes avispas –parte de la sempiterna plaga que castigaba la isla– que zumbaban con rabia alrededor del grupo, probablemente poniendo nerviosos a algunos de los piratas con sus insoportables sonidos.

Repentinamente, estando los piratas enfrascados en sus asuntos, un enorme barco de aspecto oxidado hizo acto de presencia, atracando en las orillas de la isla, no demasiado lejos de allí. De sus colosales chimeneas emanaban sendas columnas de denso humo negro, que se unían con la niebla y se desvanecían en el oscuro cielo nublado. Era un enorme mastodonte de acero corroído por el tiempo y el salitre; resultaba evidente que el casco había estado pintado antaño, probablemente luciendo los colores de alguna empresa de transportes o de alguna corporación; sin embargo, todo lo que quedaba de aquello eran algunos parches, visibles aquí y allá, de pintura desconchada y agrietada, a duras penas legible, sobre la cual se habían pintado dos enormes erres rojas. Daba la impresión de que había atracado allí justo a tiempo para no terminar de destartalarse, como si simplemente mantenerse a flote hubiese sido una proeza para aquel castigado armatoste. Poco se podían imaginar los Mano Vacía que, a bordo de aquella cosa, todo había salido acorde a los planes de sus ocupantes, sin más contratiempos que la escasez de papel higiénico, acentuada por la cena en dudoso estado de conservación que los tripulantes habían ingerido la noche anterior. Pese al aspecto del navío, habían llegado exactamente a donde querían.

imagen del barco


Resultaba complicado saber de quién se podía tratar. Ninguno de los allí presentes había visto aquellas siglas anteriormente, ni, desde luego, aquel navío, durante sus travesías por el Grand Line. Little Garden era un lugar célebremente salvaje, carente de cualquier tipo de civilización conocida, transitado únicamente por quienes no tenían más remedio que pasar por allí en su viaje por la corriente Rakusei. Era un trámite que todo el mundo prefería pasar lo más rápido posible. El lugar, plagado de enormes insectos prehistóricos, enfermedades desconocidas, dinosaurios por doquier y quién sabe qué más, era una pesadilla logística y de supervivencia para cualquiera que no contase con los medios adecuados para enfrentarse a la naturaleza en su estado más salvaje, y eso lo sabía todo el Grand Line. Pese a que la megafauna era lo primero que llamaba la atención de cualquiera que pensase en la isla, una fracción alarmante de aventureros encontraba el final de su viaje de manos de extrañas fiebres repentinas o discretas picaduras de insectos durante la noche; eso era mucho más común que acabar enfrentándose a las enormes fauces de un dinosaurio (aunque, desde luego, también ocurría). El transporte a través de la densísima jungla era poco menos que imposible a menos que uno conociese los escasos caminos a través de la misma, algo enormemente improbable debido a que la isla no había sido cartografiada en su totalidad.

Fuera como fuere, tanto el Gobierno Mundial como los mismos piratas solían optar por no pasar más tiempo del estrictamente indispensable allí. Y tampoco es que la isla gozase, que se supiese, de ningún recurso natural excepcional que pudiese llamar la atención de compañías mineras, por ejemplo. Little Garden equivalía, para prácticamente cualquiera, a un infierno operativo, con poco o ningún incentivo para atracar en aquellas aguas.
Contenido Oculto

Mientras los piratas aún centraban su atención en el enorme navío oxidado que acababa de aparecer, sin embargo, los acontecimientos se precipitaron. Tal vez alguno hubiese sido capaz de darse cuenta de lo que se avecinaba un instante antes, pero de poco hubiese servido con tan escaso tiempo de reacción. Fue cuestión de apenas un instante. Repentinamente, como si hubiesen estado esperando para pillarlos desprevenidos, pudieron oírse docenas de barritares simultáneos, el suelo comenzó a temblar como si se tratase de un terremoto, y una enorme polvareda comenzó a anegar el ambiente. Un sinfín de triceratops irrumpió en escena, corriendo a toda velocidad, sembrando el caos allá donde iban, destruyendo cuanto se ponía en su camino. Todo pareció congelarse en el tiempo para los piratas. Algunos cayeron bajo las pesadas patas de los dinosaurios; otros, en cambio, fueron capaces de mantener el equilibrio. La tierra arenosa del lugar, que se había levantado en una polvareda, era tan densa que hacía toser a todo el que intentase respirar en aquella nube amarillenta que había surgido de la nada misma. Las enormes avispas que zumbaban por el aire parecieron volverse locas también, comenzando a formar enjambres arbitrariamente alrededor de los presentes. Al paso de las enormes y majestuosas criaturas, las plantas y árboles de pequeño tamaño quedaban chafados sobre el suelo, reducidos a pedazos, como si no fuesen más que pequeñas ramitas. Cada pisada de los ejemplares más grandes de la manada hacía temblar el suelo como un movimiento sísmico, cada barritar hacía peligrar el tímpano de los allí presentes. Todo daba vueltas, y resultaba imposible orientarse en aquel caos. Algunos eran arrastrados por las cornamentas de los dinosaurios, mientras que otros huían despavoridos.

Era la bienvenida de Little Garden.



Que todo fuera nuevo para los piratas de la Mano Vacía no era lo único que pintaba de peligro el panorama. Se le sumaba que ahora estaban divididos en dos grupos, desorientados, perdidos en la inmensidad de la más inmensa jungla que jamás hubieran pisado, el corazón de la isla que pocos se atreven a pisar. Todo allí era desproporcionadamente enorme y el riesgo no era una excepción. Era la definición perfecta de la palabra salvaje. El hecho de que ninguna civilización hubiera prosperado allí lo decía todo. Si convivir con aquella fauna y aquella flora un solo día ya era una hazaña complicada para los más fuertes, imaginaos un mes, o un año, o toda una vida. Pues toda una vida llevaban ahí las criaturas que rodeaban desde la distancia a aquellos desafortunados piratas. Si ese escenario no era lo suficientemente espinoso, aquel barco en decadente estado había sumado a la acción a un peculiar grupo de personas, el cual podría desestabilizar el delicado equilibrio que se había alcanzado en ese profundo caos de la isla gigante.

¿Qué iba depararles aquella compleja escena a Alana, Han y Zhang?



Info
[Imagen: l47Ucve.png]

❝

Para. Respira. Ordena. Apuesta.

-Tripulación-
#2
Había sido un día tranquilo, o al menos eso parecía, mientras aquella tripulación de piratas viajaba sin saberlo hacia su próxima gran aventura en medio de la selva. El cielo se había oscurecido con una rapidez antinatural; y el pelaje gris de Zhang se había erizado, el aire pronosticaba, con seguridad, la llegada de la lluvia.

—Hmmm... —Zhang dio un golpe seco al suelo con su pezuña, un tic nervioso, mientras soltaba un resoplido de aire frío por la nariz.

Se encontraban en un lugar elevado, y desde allí, la inmensidad de Little Garden parecía engañosamente pequeña. Zhang estaba inmerso en sus propios pensamientos, navegando en su laguna mental, y aunque la energía vibrante de sus nakamas era contagiosa, su viejo cuerpo anhelaba un día de paz... Pero así era la vida del pirata: rara vez se obtiene lo que que se desea.

De pronto, un sonido metálico, ajeno a la naturaleza, alertó a las largas orejas del burro. Al inicio no logró procesar la magnitud de lo que estaba a punto de suceder, pero los ojos diestros de alguno de sus compañeros advirtieron primero la presencia de aquella nave fantasma. Tras unos segundos de tensa espera, las voces humanas hicieron presencia allá abajo, en la costa. Hombres... Palabras... Era complicado entenderlos desde aquella distancia, y más aún porque el zumbido de unas avispas gigantes, que parecían adorar el olor de sus compañeras, enturbiaba el ambiente.

A varios metros de distancia, una escena tragicómica sucedía: aquellas avispas perseguían a Kay y a Lan. ¿Feromonas, quizás? Zhang no le dio mayor importancia en ese instante; las chicas Logia seguro podrían resolverlo. Tras varios meses, el viejo pirata había aprendido a no ser extremadamente protector... o al menos, lo intentaba con todas sus fuerzas.

Pero había algo más. Algo inquietante. La curiosidad innata de su ser hizo que su pecho palpitara con fuerza, el corazón queriendo salirse de la caja torácica.

—Chicos... esto no pinta bien —murmuró con voz grave, tan bajo que seguramente nadie le escuchó.

Cerca de Zhang se encontraban Han y Alana quien, al igual que Silencio, parecía encontrar calidez y refugio en medio de la extensa y suave cabellera del mink. No tuvo tiempo para meditar sobre aquellas voces ni sobre la situación de sus compañeros abajo, pues de la nada, el poder salvaje de Little Garden despertó. El suelo se sacudió con violencia, y el temblor recorrió los huesos del viejo burro.

Y entonces, la visión de pesadilla: un gigantesco grupo de dinosaurios corría hacia él. ¿Una estampida? El choque de aquellas bestias prehistóricas, el ruido ensordecedor y la violencia pura golpearon a Zhang. Por unos instantes —tres segundos que parecieron eternos—, su voluntad se quebró. El miedo profundo y paralizante se apoderó de él, dejándolo perdido y encerrado en la oscuridad de su propia mente, incapaz de reaccionar ante la magnitud de aquellas criaturas, hasta que su instinto de supervivencia lo trajo de vuelta.

Por fortuna, su cuerpo soportaba los choques y, gracias a su fruta, los golpes físicos los sorteaba sin problema, pero el aire... el aire era otra historia. La estampida había alzado una cortina de tierra densa y sofocante.

El polvo invadió la garganta y nariz de aquel burro, taponando su trompa. Zhang sintió la asfixia; no podía respirar, el oxígeno no llegaba a sus pulmones y la desesperación comenzaba a nublar su vista. De forma instintiva, al sentir a su pequeña compañera Alana a su lado, buscó una salida hacia arriba, lejos de aquella nube mortal.

Zhang se convirtió en su elemento, transformándose en una ventisca de nieve. Con esfuerzo, agarró a Han y aseguró a Alana, que se aferraba a él, y comenzó a flotar en el aire. A medida que ascendía, metro tras metro, el aire se volvía frío, pero aun mejor... respirable, la asfixia cedía poco a poco y sus viejos pulmones agradecían el oxígeno. No fue un vuelo largo;  los tres flotaron hasta una rama gruesa de un árbol, a escasos diez metros del suelo, lo justo para estar a salvo del caos.

Una vez sobre la copa de aquel árbol, Zhang se materializó sobre la corteza rugosa, depositando a sus compañeros en aquel refugio improvisado.

—¿Qué mierda está pasando? ¿Donde están las chicas? —preguntó Zhang, con la voz aún ronca por el polvo, aunque sabía que ellos no tenían la respuesta—. ¿Estas bien Han?


—Debemos ir a buscarlas —alertó, intentando recuperar la compostura. No se sentó ni un minuto a trazar un plan complejo. Zhang terminó sentado sobre aquella gigantesca rama, golpeando suavemente la madera con su pie, intentando de algún modo entender, en medio del desastre, todo lo que acababa de suceder.

 
Off


Karma


Técnicas

Akuma

Gasto
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
❄ La Calma del Vacío
฿ 226,000,000
?Nv.19 — Logia Yuki Yuki
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2426 + 0 = 2426
Energia: 2024 - 190 = 1834
Espiritu: 363 + 0 = 363
#3
Aquella improvisada reunión en aquella colina nos marcaría de por vida, bueno, tal vez solo durante unos meses, pero eso no es lo importante, lo importante fue la infame aventura que nos tocó vivir ese aciago día. El cielo estaba gris y la niebla rodeaba la isla, podía verse si observabas la costa, impidiéndote ver el horizonte. la zona en la que estábamos, una colina de verde pasto, tenía muchos árboles, todos ellos eran de tronco grueso y madera robusta, grandes y poderosos se erguían sobre la tierra vigilantes de la historia que sucedía a su alrededor, árboles de tiempos pasados. Sin embargo la vegetación estaba por doquier, aunque en menor altura que aquellos centinelas de madera centenaria: Helechos, plantas florales, musgos en el suelo, todo rezumaba vida, generando cierto grado de calor que nos cubría del temporal. 

La tripulación se había reunido para debatir que haríamos a partir de aquí ¿Zarparíamos sin mirar atrás o seguiríamos en Little Garden por un tiempo? Alana y yo habíamos provisto el barco con alimentos variados para que el viaje por mar no fuese una batalla contra el hambre y la sed, no es que nos quedase nada que hacer en aquella isla, o eso pensábamos.-Yo creo que deberíamos partir a la siguiente isla. Ya hemos provisto el barco de viandas para subsistir y yo ya me he dado unos cuantos paseos por la jungla, no hay demasiado.- Mientras hablábamos, bajo el manto de uno de esos árboles para no mojarnos en caso de que la lluvia se hiciese presente, pudimos ver gracias a la altura del terreno, como en una de las playas atracaba un barco algo destartalado y viejo, desde luego había visto tiempos mejores. "Quizás necesiten ayuda para reparar el barco" Pensé mientras miraba en su dirección. La verdad es que el aspecto del navío era deplorable, daba mala espina solo con mirarlo, ir allí no era mi primer impulso vital, pero tal vez hubiese heridos o muertos, por miedo o respeto que me diese esa construcción flotante, no era algo de pudiese ignorar. Pero no era el momento de preocuparme por vidas ajenas en la lejanía, allí donde nos encontrábamos nosotros estaba sucediendo algo que podría determinar el final de nuestras vidas. 


Zumbidos sonaron a mi alrededor sin previo aviso, la tierra empezó a temblar bajo mis pies y un estruendo se aproximaba tan rápido que ni siquiera podía detectar bien de donde venía. De repente insectos brotaron de la maleza dispuestos a atacarnos sin miramientos, aunque parecían centrarse en Lan y Kay. -Chicas.- Dije mientras estiraba la mano para intentar ayudarlas, justo antes de que la verdadera catástrofe se cerniese sobre nuestras cabezas. De entre la enorme naturaleza, pasando entre los árboles que formaban un camino de animales, surgió una estampida, pero no una estampida al uso, con animales contemporáneos, no, eso habría sido demasiado sencillo. Grandes reptiles de antaño corrían desbocados contra nosotros, enormes y fuertes, veloces e imparables. Los miré despavorid. "¿Va a ser este mi final? ¿Podré sobrevivir a una estampida de dinosaurios?"  Ya fuera la suerte o el destino, todo se conjugaba para atacarme con seres cada vez mas grandes y peligrosos, desde luego, si había un Dios, yo no le caía bien. 

Apenas pude ver sus inmensos cuerpos, pues con ellos vino una polvareda tal que incluso resultaba difícil respirar. -JUMANJIIII.- Grité ahogadizo mientras las vibraciones del suelo me hacían caer y me encogía para proteger mi cuerpo todo lo posible, al menos que no me pisasen el pecho o la cabeza, tal vez hasta podría llegar a sobrevivir, cerré los ojos esperando que todo pasase mientras me centraba en los latidos de mi corazón, el miedo me atenazaba y no podía evitarlo. Aquello habría sido mi muerte, lo más seguro, pero un ángel inesperado me rescató justo a tiempo. Solo sentí un turón y comencé a notar que me movía, pero no por tierra, como normalmente haría, me sentía flotando en el aire. Abrí los ojos despacio mientras dejaba de cubrirme la cabeza con los brazos, viendo los lomos de los animales correr bajo mis pies mientras algo me elevaba agarrándome desde el cuello del kimono. -De la que me he librado...- Afirmé mientras me secaba sudor de la frente, entonces miré hacia arriba, observando un Zhang hecho de nieve, el muñeco de nieve mas extraño que había visto en mi vida, pero me estaba salvando, no iba a quejarme. 

Terminamos aterrizando en una gruesa y vigorosa rama que salí de una de esas enormes secuoyas, y escuché a mi compañero mientras seguía mirando como esas bestias pisoteaban y molían a su paso. -Si estoy bien, pero recuérdame que te invite a tomar algo cuando salgamos de esta.- Dije a modo de agradecimiento por haber evitado que me convirtiese en una hoja de Han. Finalmente lo miré y presté toda mi atención en sus palabras. -Pues no se donde andan los demás, quizás podamos comunicarnos con ellos por Den Den mushi.- Dije pensativo, buscando una manera de reagruparnos o por lo menos de localizarnos. 

resumen


karmas

aclaraciones
#4
Si algo disfrutaba de la Mano Vacía era la unidad que había entre todos los miembros del grupo. Como siempre yo estaba allí, camuflada, sentada sobre el hombro de Zhang como quien ocupa un mirador privilegiado, con las piernas colgando y una mano apoyada con confianza en su cuello. Desde esa altura, Little Garden se extendía ante mí como un océano verde e imposible, una jungla que respiraba lento, pesado, como una bestia dormida (una de tantas que debía haber en su interior). El cielo gris aplastaba el paisaje, prometiendo lluvia, prometiendo caos. Y aun así… había calma. Demasiada.  El silencio previo a la tormenta siempre me había parecido una mentira.

Fue entonces fue cuando mi nariz se arrugó. No era un olor propio de la isla. Little Garden olía a savia caliente, a tierra húmeda, a insectos, a carne viva y a tiempo detenido. Aquello no. Aquello era óxido. Metal viejo, húmedo, castigado por salitre durante décadas. Maquinaria industrial. Aceites rancios. Un hedor artificial que no encajaba en aquel ecosistema salvaje.

— Chicos —murmuré, inclinándome ligeramente hacia delante pero sin saltar del hombro de Zhang—. ¿Lo oléis? Algo ha llegado a la isla, y no me atrevería a decir que se trate del Gobierno Mundial… Apesta a óxido. Puaj —a nadie le debía sorprender que con tan magnífica nariz lograse identificar un olor así.

El aroma era tan intenso que casi me picaba en la garganta. No necesité verlo para saber que algo que no encajaba con los olores de la isla había llegado a la costa. Mi mente trabajó rápido, casi de forma automática. Little Garden no atraía a nadie en su sano juicio. No había rutas comerciales. No había recursos fáciles. Nadie del Gobierno mandaría un armatoste así a un infierno como este en el que nos encontramos. Aquello olía (literal y figuradamente) a barco reciclado, a chatarra flotante recomprada por cuatro berris, reacondicionada. Si no es oficial, probablemente quien venga en eso no quiere llamar la atención… pero tampoco le importa demasiado hacerlo. ¿Quién en su sano juicio viajaría en un barco de esa índole?

No tuve tiempo de hilar mucho más. El suelo vibró primero. Un temblor sordo, profundo, que yo no sentía con los pies, sino con la plenitud de mi cuerpo, de ver las hojas de los árboles cayendo a mi alrededor por los temblores. Me tensé de inmediato, clavando los dedos en la tela de la ropa de Zhang por puro reflejo. Algo iba mal. Muy mal. Mi cola se alzó y los pelos se erizaron, avisándome del estado de alerta en el que me encontraba.

Y entonces llegó el infierno en la tierra para alguien tan pequeña como yo. El estruendo de docenas de triceratops irrumpiendo a la carrera fue ensordecedor. El suelo vibró tanto que parecía o bien un terremoto o bien un volcán en erupción. Los sentí como una amenaza pero a la vez era casi como si me ignorasen. Una nube espesa de polvo y arena amarillenta estalló alrededor, robándole el aire a los pulmones en cuestión de segundos. Abrí la boca para gritar… y solo logré tragar tierra. Tos. Ardor. Nada entra. Nada sale. No sabía qué estaba siendo de mis compañeros.

Me aferré con todas mis fuerzas al hombro de Zhang, pegándome a su cuello, hundiendo el rostro contra él para protegerme como pude de la polvareda. Sentía el viento violento del paso de las bestias, el latigazo del aire desplazado por sus cuerpos colosales, el impacto de cada pisada retumbando a través del cuerpo de Zhang y transmitiéndose hacia mí como golpes secos en el pecho. Por un instante creí que saldría despedida. Pero no. Zhang no cayó. Su cuerpo se mantuvo firme, sólido, anclado al suelo como una roca en mitad de la estampida.

No veía nada. Absolutamente nada. Solo sombras que pasaban como muros en movimiento, cuernos que cortaban el aire, patas gigantescas levantando el mundo a su alrededor. El polvo me quemaba la garganta. La respiración se volvió corta, irregular. “No te sueltes. No te sueltes. No te sueltes”. ¿Qué había pasado con el resto de la tripulación? Tosí. Tosí fuerte. Tosí hasta que me dolió el pecho. Solo sabía que Han estaba aún allí. Solo Han. Después parpadeé. Dos veces. Miré a Han. Miré a Zhang. Miré mis propias manos. Pensé que efectivamente había salido ilesa de ese caos.

— ¿Qué tan común es que los Triceratops hagan eso…? —genuinamente lo desconocía; no era yo una experta en dinosaurios. La cabeza aún me daba vueltas, pero no se debía tan solo al reciente suceso sino que de la nada me vi volando en Little Garden: una experiencia que no pensaba que fuese tan común de experimentar. Entonces Han mencionó el Den Den Mushi—. ¡Espera! Creo que Zhang tiene por aquí el suyo…

Que hiciese movimientos abruptos, yo que apenas podía desestabilizar el vuelo de Zhang dado mi pequeño tamaño y nulo peso, era más seguro que ver a Han haciendo malabares.

— Puru puru puru… —comunicando con Lan.

solo quedaba que si había alguien al otro lado, descolgase. En caso de hacerlo…—. ¡Lan! ¿Estás con todas? Bai, Kay y Mahou. Yo estoy con Zhang y Han. Estamos… No sé dónde estamos. Estamos ascendiendo en los árboles, desconozco la ubicación exacta.

OFF
#5
Los triceratops eran unas bestias bastante veloces  pese a su corpulencia. Los ejemplares más grandes alcanzaban tranquilamente los cuatro metros de altura y los doce de longitud. Los piratas de la Mano Vacía se veían minúsculos a su lado, sobre todo Alana. El terror que los invadió, sumado a la avalancha de patas y cuernos, y a la espesa nube de tierra en suspensión, crearon un caldo de cultivo ideal para la proliferación del desamparo.

El mink asno, poseedor de una de las habilidades del diablo más peculiares, era intangible a voluntad para todo aquel y aquello incapaz de canalizar controladamente su energía interior, el Haki. Por suerte para él, y por extensión para Alana y Silencio, aquellas criaturas prehistóricas no pudieron derribarlo. El zarandeo provocado por el paso de los inmensos reptiles, le puso las cosas difíciles a la joven tontatta y al pequeño mono, forzando a Zhang a hacer usos de ambas manos para asegurar la integridad de los dos que habitaban sus hombros. Pero no iba a ser tan sencillo. La densa polvareda le complicó el sencillo acto de respirar y su único ojo era incapaz de ver nada más allá de dos pares de palmos de sus narices. Trató de buscar a su compañero Han desesperadamente bajo ese espeso telón de polvo seco y esa amalgama de patas con el grosor de un tronco, en vano, ya no estaba a su lado. Preso de su instinto de supervivencia, el mink ascendió todo lo que su poder único le permitió, transformando su cuerpo en nieve y generando una ventisca desde su tren inferior que lo propulsó hacia el cielo, tratando de escapar de aquella nube de tierra que se alzaba once metros sobre el suelo. Apenas pudo sacar su cabeza y parte del tronco de la densa estela de polvo que iban dejando los gigantescos reptiles a su paso, para tomar una bocanada de aire y tratar de reorientarse.

El pobre Han fue sorprendido por aquella tormenta de pezuñas y cornamentas, a la cual reaccionó cubriendo su cabeza y cerrando sus ojos con fuerza. No era para menos. Sacudido por las extremidades y las cabezas de los triceratops, quedó separado de Alana y Zhang, los dos que estaban más cerca de él, nada más entrar en aquella estampida. Una rodilla del tamaño del pecho del joven, le golpeó en la espalda, derribándolo, forzándolo a caer de bruces, recibiendo algún que otro pisotón de aquellos gigantes de antaño. Los segundos le parecieron minutos, avasallado por los reptiles, manteniendo su testa cubierta por la plenitud de sus brazos. Una cabeza, más grande que el cuerpo del muchacho, cabeceaba mientras se acercaba peligrosamente a Han. Sus astas amenazaban con perforarlo, pero la diosa fortuna le sonrió, con algo de sorna, pues la suerte era parcial. El cuerno derecho de aquel triceratops en concreto, pasó peligrosamente cerca del costado trasero izquierdo del joven, a tan solo unos centímetros de su corazón. Atravesó la túnica que cubría su cuerpo, rozando, sin herir, su pálida piel. Así quedó Han atrapado entre la cornamenta de aquel reptil embravecido, con su costado derecho apoyado sobre la frente del animal y su vientre contra el cuerno nasal. Le colgaban las piernas hacia el flanco izquierdo de la bestia, la cual parecía molesta por el polizonte que cargaba, pues le estaba obstaculizando la visión y desequilibrando el centro de gravedad en su cabeza. El dinosaurio cabeceó ferozmente repetidas veces a lo largo de unos trescientos metros, punto donde la estampida se vió forzada a dividirse en dos, ya que el camino que recorría fue obstaculizado por una enorme estructura rocosa de un centenar de metros de altura. Una mitad cambió el rumbo al sureste y la otra hacia el noroeste. Han seguía atrapado entre los cuernos del triceratops, en dirección al norte, mientras la bestia seguía moviendo bruscamente su cabeza, tratando de deshacerse del lastre que cargaba.

La tripulación pirata no dejaba de dividirse en fracciones más pequeñas. Desde unos diez metros de altura, tanto Zhang como Alana, sin olvidarnos del pequeño Silencio, comenzaban a poder ver el suelo de nuevo con claridad y a respirar con normalidad. Sus llorosos ojos, arañados por los granos de arena, buscaban desesperados a sus compañeros escaneando la zona por completo. Solo podían ver centenares de huellas, tierra removida y vegetación hecha trizas. Ni rastro de las chicas ni de Han. A esa altura, eran capaces de ver cómo la nube de polvo seguía avanzando en dirección opuesta a la costa y se perdía en la espesa jungla, rumbo a una pronunciada elevación de rocas antes de dividirse en dos. Tenían que encontrar a sus compañeros, estar separados en una isla tan peligrosa no era la mejor situación que digamos. La oreja izquierda del mink níveo, titiló antes de orientarse hacia la costa. Unas voces no muy lejanas a la pareja de piratas parecían acercarse hasta que en un momento dado quedaron estáticas y el volumen de una de ellas aumentó considerablemente, aún sin poder llegar a ser las palabras comprensibles para Zhang. La fina nariz de Alana podía percibir un fuerte olor, mezcla de algas y sudor, y otro más delicado, un perfume dulzón. La conversación sorda de lo que parecían un par de personas atrajo la atención de los dos piratas, debían estar a unos cincuenta metros a sus espaldas, volviendo a avanzar pero más despacio, manteniendo lo que parecía una charla distendida. La espesa vegetación impedía que nuestros amigos pudieran ver a quienes se les estaban acercando.

El joven de larga melena oscura, seguía tratando de zafarse de su secuestrador, bueno, más bien al revés, era el reptil quien quería librarse de esa carga. Tras unos doscientos metros recorridos desde que la manada se había dividido en dos, al fin termino esa breve, pero intensa, relación humano-dinosaurio. El triceratops dio un fuerte vuelco a su cabeza, proyectando al pirata hacia atrás y ligeramente a la derecha. Han dio un buen revolcón por el suelo, para terminar tendido, decúbito prono, respirando profundamente, ya más calmado y seguro. Solo tenía un par de magulladuras, nada serio y menos para él y su peculiar habilidad. Su mayor preocupación ahora sería encontrar de nuevo a sus compañeros de viaje. Estaba en claro bastante amplio, de unos cien metros de diámetro, y justo a sus espaldas, se erguía una estructura ósea de color blanco crudo, de más de setenta metros de altura. Si lo pudiera ver con buena perspectiva, vería que se trataba de un cráneo desproporcionadamente inmenso. Tan solo podía oír el rumor de la estampida alejándose, nada más, excluyendo la brisa acariciando el follaje de los árboles más próximos, cargados de gran variedad de frutas. Estaba completamente solo. Si miraba al frente podía ver el sendero de pisadas que había generado la manada de dinosaurios.

info
[Imagen: l47Ucve.png]

❝

Para. Respira. Ordena. Apuesta.

-Tripulación-
#6
No tuve tiempo ni de pensar. Para cuando me di cuenta, el aire se volvió espeso. La polvareda me cegó casi por completo y apenas distinguía formas gigantescas moviéndose a mi alrededor. Auch. Sentí un golpe seco en la espalda, brutal, como si una pared me hubiese embestido de repente, que me hizo perder el equilibrio y caer de bruces contra el suelo, el impacto me arrancó el aire de los pulmones y solo pude reaccionar por puro instinto. -¡¿Por qué siempre a míii…?!- Alcé la voz mientras me veía arrastrado por la estampida.

No quería ver cómo moría. Ah, no, cierto, que no puedo morir. Pero no era la lógica la que pensaba, sino algo todavía más primario: mi instinto de supervivencia. El suelo temblaba sin descanso. Ay. Sentía los pisotones pasar a escasos centímetros de mi cuerpo. Pronto algo me golpeó la pierna, un peso inmenso rozó mi espalda, luego en el costado y me arrancó un gemido ahogado. Oh. Me concentré en respirar, en no perder el conocimiento, en proteger el pecho y la cabeza.

Entonces sentí el cuerno cerca de mi piel. -No, no, no…- No fue dolor, no del todo. Fue más el temor de sufrir ese dolor en partes más sensibles del cuerpo. Abrí los ojos apenas un resquicio y vi una piedra enorme. La manada de triceratops se hizo más pequeña. El rumbo había cambiado drásticamente por la dirección en la que me golpeaba el viento, el movimiento se volvió menos caótico, pero no menos violento. Y de pronto… ya no estaba sobre el dinosaurio. -¡Han despega de nuevooo…!

Por unos segundos quedé tendido boca abajo, con la cara pegada a la tierra, inmóvil, jadeando. Por si acaso no me moví hasta que el sonido de la estampida empezó a alejarse por supervivencia pura. “De la que me he librado…” pensé mientras esbozaba una sonrisa nerviosa.

Alcé la vista por fin, apenas unos segundos después de haber caído. -Para haberme matado…- Y de frente, a escasos cinco metros, se encontraba la arboleda por la que los triceratops me habían arrastrado. A mi espalda había un claro hermoso, cubierto de hierba, apenas unos once centímetros de altura, doce en algunos casos, con su verdor y espesor, con algunos evidentes signos de pisotones de los dinosaurios en otras zonas. A mi espalda, casi sin darme cuenta al principio, se alzaba una estructura ósea gigantesca. Era un cráneo. Un cráneo descomunal, tan grande que podría hacerme una mansión en ella. ”Si tan solo hubiese encontrado un dinosaurio así en la caza de la cena…”.

Miré alrededor buscando movimiento, voces, cualquier señal de mis compañeros. Nada. Así pues me dispuse a coger el Den Den Mushi. No habría pasado más de un minuto desde que me puse en pie hasta que empecé a andar en dirección a la arboleda, siguiendo los pasos de las propias bestias. -Pete pete pete.- Genial, al menos aún funcionaba ese trasto.

Opté por llamar a Alana, quien se encontraba sobre Zhang e intuía que tendría las manos más libres que él. Desesperé el tiempo en que tardase en cogerlo. -Chicos, ¿estáis bien? Estoy en un claro, hacia el noroeste. Seguid las pisadas de la estampida hasta llegar a una piedra. Ahí girad hacia el noroeste hasta llegar a un gran cráneo. Ahí sabréis que habéis llegado. Os espero por aquí escondido.- Mientras la conversación transcurría, busqué el lugar más propicio para esconderme. Sorprendemente nada me dolía al andar. La verdad es que esto de curarte tan deprisa tiene sus ventajas.
Contenido Oculto


OFF
#7
Pronto el mundo se empezó a mover en vertical. Zhang había aprovechado el momento de caos para ascendernos hasta conseguir salir de aquella polvareda tan espantosa. Era tan alta que apenas nuestras cabezas se alzaban libres de todo el caos que abajo se encontraba, mientras que todo nuestro cuerpo aún se hallaba envuelto en su gran espesor. A penas pude escuchar a Han de fondo maldiciendo. Algo le había pasado y no bueno precisamente, pues cada vez se le escuchaba más en la lejanía. Pronto dejé de oler a cualquier miembro de la tripulación, desde las chicas hasta Han. “Menos mal que Larry se quedó en el barco… Pensar que el que más fe tiene, es el que menos suerte le concede Dios. Tal vez Dios le tenga cierta manía, si es que había una fuerza mayor que nosotros que estuviese controlando todo lo que nos pasa...”. Me resultó graciosa la ironía que nos presentaba la vida pero la situación no me permitía reírme de ello.

— ¡Zhang! ¡Llama a Lan, yo voy a intentar contactar con Han! —pero no necesité siquiera hacerlo yo misma pues pronto empezó a sonar el Den Den Mushi—. Puru puru puru —y yo, en contra, no lo dejé casi sonar siquiera. Respondí en el acto. Era Han. Como siempre: breve y conciso. No sabía cómo tenía tanto arte—. ¡Iremos para allá, Han! No te muevas, puede ser peor. ¡Ten fe en que te encontraremos! —aunque el trayecto estuviera claro (seguir las pisadas en la tierra), cualquier paso erróneo nos podía llevar a perdernos más. A la espera de que Zhang terminase de hablar con Lan, al menos por tranquilidad de nuestra propia cabeza y no abandonar a los demás miembros, tocaba trazar un plan. Inconscientemente me acaricié un mechón de mi cabello. Le trasladé inmediatamente las palabras y coordenadas que Han me había transmitido a mí—. No podemos quedarnos quietos, tenemos que hacer algo, Zhang —susurré, sin saber bien lo que se venía.

Por un lado teníamos el barco que acababa de atracar en las costas de Little Garden y por el otro a Han, que se había alejado a paso agigantado. No, aún quedaba una tercera cuestión: un fuerte hedor a algas y sudor, y otro que hacía un choque bastante disonante a perfume dulzón. ¿Qué clase de extravagante pareja podía estar acercándose? Podía imaginarme unas cuantas combinaciones y tal vez ninguna sería exacta a la realidad. ¿Importaba siquiera de qué seres se trataban? Interesaba más sus intenciones. ¿Venían de aquel barco oxidado? ¿Piratas tal vez? Sentí la tentación de pararme a escuchar pero estaban tan lejos que no lo creí propicio, pues las palabras que escupían por la boda no eran ni tan siquiera comprensibles para mí. No tenían prisa. Iban a un paso calmado, pues el tono de la conversación no subía a niveles exponenciales. Desde los árboles poco podíamos ver—. ¿Los oyes?

Contenido Oculto


No me moví de inmediato. Me mantuve junto a Zhang, quieta, con una mano apoyada en su costado y la otra cerrada sobre el Den Den Mushi apagado, como si aún esperase que vibrase de nuevo. Escuché con atención, como si intentara dejar algo atrás. Mis dedos rozaron una rama cercana, marcándola apenas—. Voy a quedarme atenta, por si ocurriera algo —el viento cambió ligeramente. Y si algo había aprendido en una isla llena de reptiles, es que si todo está tranquilo, es que algo pasa.

Contenido Oculto


OFF
#8
Había actuado por impulso, y tal vez, si no se hubiese paralizado por aquella estampida de bestias cornudas, Han estaría con ellos... Pero allí estaban, suspendidos a unos diez metros del suelo, apenas sobresaliendo de aquella nube de tierra gracias a la ventisca que él mismo había generado. Zhang, ya fuera por la edad o la asfixia del polvo, había tenido que parar un momento en el aire para retomar fuerzas. Respiró profundo, mientras observaba a su costado para asegurarse de que sus pequeños compañeros seguían con él.

Zhang sonrió aliviado al ver que Silencio temblaba escondido entre sus ropas y la pequeña Alana permanecía implacable sobre su hombro. No dudó ni un segundo y, ante la situación, actuó de inmediato. Con la rapidez torpe de un burro, tomó aquel caracol viejo entre sus dedos y timbró como pudo, golpeando con sus dedos gordos el cuerpo blanco de aquel Den Den Mushi.

— Hmmmm ¡Señorita Lan! ¿Se encuentran bien? —preguntó Zhang, aun apretando suavemente, intentando no lastimar a la pequeña criatura—. Estoy junto a Alana. —Y ante esto, Silencio lanzó un pequeño chillido, como anunciando su presencia—. Perdimos a Han, la manada se lo llevó selva adentro hacia las rocas, iremos a buscarlo, cuídense. —Sentenció aquel viejo, actuando con la premura del momento.

Alana se movía sobre su cuerpo y, pese a su tamaño, Zhang lograba sentir su tensión y fuerza.  —Tranquila pequeña, del afán no queda sino el cansancio. —Había escuchado esas palabras años atrás; por ahora debían cuidar su propio rabo... Y mientras la nube de polvo terminaba de dispersarse bajo ellos, Zhang comenzó a exhalar un aire frío que, moviendo su cabeza de formas antinaturales gracias al poder de su fruta (Como el exorcista), cubrió a los presentes con aquella armadura helada.

Al terminar, Zhang se movió hacia un árbol que había quedado en pie, aprovechando la altura. De pronto, su oreja izquierda vibro; unas voces desconocidas a sus espaldas le pusieron alerta, y luego, su compañera confirmó sus sospechas olfateando el aire.

—Algo está pasando... Escucho algo pero no les entiendo —susurró a la pequeña. ¿De qué podrían estar hablando esas personas a cincuenta metros? Zhang, de pronto, se llenó de curiosidad. —Debemos saber qué está pasando. —

Necesitaba una explicación, o una excusa, para ir a chismosear a aquellas voces que sonaban hacia la costa. Zhang comenzó a volar directo hacia ellas, y mientras lo hacía, su cuerpo emanaba un aura helada que cubría su paso. El burro aprovecharía la altura para mezclarse con la niebla que, aquella tarde, comenzaba a cubrir esa isla perdida.

Zhang se encontraba inquieto, incluso más que Silencio quien se aferraba a su cuerpo aterrado... No perdonaría a nadie que se metiera con los suyos. Zhang, continuo volando hacia ellos, intentando ocultarse entre las ramas... Las voces, sonaban cada vez mas cerca. 



OFF
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
❄ La Calma del Vacío
฿ 226,000,000
?Nv.19 — Logia Yuki Yuki
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2426 + 0 = 2426
Energia: 1834 - 157 = 1677
Espiritu: 363 + 0 = 363
#9
La descomunal estampida de lagartos prehistóricos había dejado el ambiente enrarecido. El contraste entre el tremendo alboroto y el tímido silencio, no hizo sino más que tensar hasta el extremo el espíritu de nuestros protagonistas, los Piratas de la Mano Vacía. Aquel evento los había aturdido, magullado y separado, y entonces apareció esa perversa calma. Sobre todo para Han, el cual se hallaba solo, en el claro a los pies de la calavera sur de los Reyes Marinos, completamente recuperado del susto. No tardó en arrancar la marcha, siguiendo las pisadas de los triceratops en sentido opuesto. Asió su Den Den Mushi para tomar contacto con sus compañeros, cuanto menos tiempo estuvieran separados, mejor.

En el otro escenario, con Alana, Zhang y Silencio como protagonistas, el silencio había sido interrumpido por un par de actores, bastante peculiares, que estaban a punto de entrar en escena. El mink, todavía flotando a diez metros sobre el pisoteado suelo y con sus dos compañeros sobre él, se desplazó un par de metros hacia la rama más cercana antes de coger el minúsculo caracol de Alana y llamar a Lan para informarle de su situación. Tras colgar, el mismo animal comenzó a sonar, fue la pequeña tontatta la que respondió. Era Han, confirmando su posición aproximada y que se encontraba en buenas condiciones. No todo iban a ser desgracias.

Han había logrado ocultarse entre un denso arbusto y la base de un gigantesco tronco muerto, semihueco, con las raíces todavía bajo tierra. La respuesta de su compañera le había dibujado una sonrisa en el rostro. Pronto volvería a estar junto a sus compañeros, solo tenía que esperar a que ellos llegasen. El silencio solo lo rompían los secos golpes provocados por el choque contra el suelo de diversas frutas maduras cayendo desde las ramas de los árboles cercanos. Era inquietante, sobre todo después del concierto de redobles de pezuñas que habían dado aquellos reptiles apenas cinco minutos atrás. Un rumor lejano, como un tímido zumbido, cada vez más notorio pero todavia imperceptible para el monje de larga melena oscura, pretendía hacer añicos aquel silencio. No todo iba a ser tranquilidad.

Las orejas del mink asno se orientaron hacia atrás, todo lo que pudieron, al percibir las voces de Belty Gearless y Máximo Noveno Nalgarejo, quienes se acercaban con paso calmado hacia nuestros amigos piratas. Alana también los ubicó, pero por su afinado olfato. Sendos aromas eran bastante característicos y por qué no decirlo, muy llamativos. La intrínseca curiosidad de Zhang generó un giro de ciento ochenta grados en su tren superior, algo imposible para cualquiera que no posea una de esas particulares habilidades del diablo, impulsándolos, acto seguido, hacia la dirección de la que provenían las voces, generando a su alrededor una bruma gélida. No recorrieron muchos metros antes de detenerse en seco tras divisar a la pareja desconocida. Una jovencita de melena azul, ataviada con unas mallas y un corsé deportivos, contrastando con un par de tacones rojos, a juego con un lazo en el cuello del mismo color. Su compañero, un gyojin bastante alto y corpulento, de piel verde azulada y larga melena plateada recogida en una cola de caballo y vestido con una coraza muy ligera, un taparrabos con su cinturón, botas altas y unos brazaletes en los antebrazos. Definir a la pareja como peculiar era quedarse corto. Ambos cargaban unas mochilas desproporcionadamente grandes, sobre todo la de Nalgarejo, la cual casi sobresalía un par de metros sobre su espalda y un metro a cada lado de sus brazos. El tipo no hacía muy buena cara, estaba completamente empapado en sudor y parcialmente encogido. Esa parecía la razón por la cual habían aminorado el ritmo.

– Te dije que era demasiado peso, hasta para ti. Cabezota. – La muchacha parecía preocupada con un tinte de enfado. – Y yo te he dicho que el problema no es el peso. Me ha dado un calambre en estos hipnóticos abdominales de acero. – El gyojin se irguió súbitamente, tensando sus brazos para llevar sus puños sobre sus ingles y extender ambos pulgares para señalar los músculos que acababa de mencionar, además de lucir sus bíceps, tríceps, pectorales y más músculos de su tonificado cuerpo. Durante un segundo. – ¡AUCH! – Su cuerpo volvió a encogerse de inmediato, forzado por una contracción repentina de su abdomen. Un escalofrío recorrió su espinazo. Los pinchazos cada vez eran más agudos y más frecuentes. – Pues lo que digo yo, demasiado peso. Cabezota. – El gyojin negaba con la cabeza gacha y las manos cubriendo su vientre. – Uff… Qué frío de repente. – Máximo se abrazó a sí mismo, frotándose con sus brazos para generar calor. –  Anoche me pase con los burpees… Pero batí mi propio record. – La cara de Máximo pasó de mostrar dolor a mostrar orgullo. – Anoche te pasaste comiendo ese apestoso pescado. Ya te dije que el refrigerador no funciona bien, no pude arreglarlo. CA BE ZO TA. – Belty negó con la cabeza. – Es esa maldita niebla, en marcha o nos enfríaremos. – De pronto, el rostro del gyojin cambió de expresión a una de alerta. Los piratas estaban a unos quince metros de ellos, a diez metros de altura, cubiertos parcialmente por las ramas de los inmensos árboles autóctonos y la bruma generada por el mink albino. El tiempo se detuvo, tanto Zhang como Alana podían sentir la tensión del momento y se preguntaban si habían sido descubiertos. Nalgarejo se quitó la pesada carga con gran agilidad antes de dar un salto a ras de suelo hacia su derecha, para ocultarse así entre la densa flora herbácea. Cinco eternos segundos después todos los presentes alcanzaron a oír una notoria ventosidad. Puede que Belty tuviera razón y ese pescado no estuviera en buenas condiciones para el consumo.

El lejano zumbido que alcanzaba a escuchar Han, cada vez era más nítido y fue llenándose de matices, tales como voces, muchas voces, sonando al unísono. El rumor fue definiéndose como un conjunto de gran cantidad de pasos acompasados, marcando un mismo ritmo equidistante y firme. Las voces parecían canturrear algo a coro, pero todavía estaban lejos, solo el extremo silencio a los alrededores del muchacho le permitía intuir que era aquello que se acercaba. Debía ser un grupo muy numeroso para poder ser escuchado desde tanta distancia.

Tras un largo e incómodo minuto, el gyojin volvió a aparecer al lado de su compañera, mucho más sudado que antes. – Aaaahg… Malditos e irresistibles burpees... Si no moldearan tan bien este cuerpazo… – Parecía realmente agotado, el malestar era evidente. – Esa diarrea si que va a moldear tu cuerpo. Cabezota. – La joven parecía molesta con la situación, negaba sin parar con la cabeza y miraba su reloj constantemente. – El idiota del Teniente nos va a joder bien si no llegamos a tiempo. Coge los trastos y andando, tenemos que estar cerca ya. – Belty sacó un pequeño mapa y oteó las cercanías después de observarlo. – ¿En qué momento me pareció buena idea ir por la ruta larga? – La muchacha suspiró profundamente frotándose los ojos con sus dedos pulgar y corazón derechos. – Porque no puedes resistirte a una sesión Max Body Building. Nada mejor para conseguir un cuerpazo como éste. – Nalgarejo se perdió recorriendo con su mirada su fornido cuerpo, besando aleatoriamente las partes a las que llegaba con los labios. – Tengo que parar a estirar Belty, en cuanto se me pase el tirón seguimos. – El gyojin se tumbó bocabajo en el suelo y alzó su tren superior hacia la postura de la cobra. El dolor hacía mella en su rostro, pero su obstinación era más fuerte, o más bien, más terca. Entre gemidos de dolor seguía estirando mientras Belty lo agarraba del tirante de su coraza, estirando con fuerza de ella, tratando de alzar a su compañero en vano. – ¡AAAAAH! ¡Ahí te quedas! Yo voy tirando, la bronca para ti. – La chica arrancó con paso firme para proseguir su ruta, y parar a los cinco metros antes de girarse hacia su compañero. – Vamos Nalgas… Te preparo una bebida de proteínas, necesitas combustible. Cabezota. – Volvió atrás sus pasos junto al gyojin, con gesto condescendiente, para prepararle una infusión, a ver si así se recomponía un poco. – ¡Eres la mejor! Aaahg… – Era fácil engañarlo con la palabra “proteínas” metida en la treta. Belty se puso a hervir agua en una taza mientras Máximo seguía estirando, tratando de descontracturar un músculo que no estaba contracturado.

Info
[Imagen: l47Ucve.png]

❝

Para. Respira. Ordena. Apuesta.

-Tripulación-
#10
Allí en mi escondite, donde podía apreciar con bastante claridad el camino que me trajo hasta el gran cráneo, además de ver el claro con bastante facilidad; comencé a pensar en Lan ¿Cómo estaba ella tras la estampida? No es que estuviese preocupado, conocía a aquella mujer desde hace ya bastante tiempo como para saber que ella no estaba encerrada con los peligros, sino que los peligros estaban encerrada con ella. No solo su actitud combativa y desafiante le hacían ser temible, jamás se rendiría, sino que toda esa fuerza de voluntad estaba acompañada por un poder descomunalmente destructivo, aunque no conocía todos los detalles de sus capacidades extraordinaria, si tenía claro que, con lo poco que ya había visto, podía ser el enemigo mas aterrador del planeta. Sin embargo ella no era la única que se había perdido, sabía de Zhang y Alana, pero no de Bai, o Kayseira o Mahou, sobre todo Bai y Mahou eran las que mas podían salir dañadas, pues sus capacidades, tanto físicas como de poder, se acercaban mas a las mías y eso significaba que podían estar en problemas.

Solté aire profunda y lentamente, intentando acallar aquellos pensamientos negativos en mi mente, no es que pudiese hacer mucho por ellas en esa situación, lo único que se me ocurría era esperar a reunirme con Alana y Zhang e ir a buscarlas los tres juntos. Además, con suerte se habrían dividido de nosotros pero permanecerían las cuatro juntas. Todo aquel torbellino de planteamientos se acalló de repente, pero no porque tuviese tanta disciplina mental, sino porque algo llamó mi atención, el ruido de numerosos pasos se acercaba a mi, podía escucharlos cada vez mas fuertes. No tenía el oído mas fino de todos, pero mi afición por la música ya me permitía distinguir ciertos sonidos, distinguirlos y clarificarlos mínimamente en mi mente. 

Abrí un poco la maleza del lugar donde me encontraba, aún desconocido para nadie que no fuese yo, lo justo para poder observar con un ojo sin ser demasiado evidente que había alguien allí, y miré de reojo, acechante, y aterrado por partes iguales, para ver lo que se aproximaba hacia mi posición. Sin embargo, este sería un problema que por mi mismo no sería capaz de resolver, así que, antes de que ninguno de que alguno de esos pasos llegasen al claro utilicé aquella extraña y viva caracola para comunicarme con Alana, en un tono bajo, casi de susurro diría yo. -Oye Alana, viene gente a mi posición, parecen varios y no se quienes son ni que hacen aquí, tened cuidado por allí.- Le dije de forma algo asustada, pero lo bastante claro y conciso como para que pudiese transmitir el mensaje a nuestro burro favorito. 

resumen


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)