Onizuka Jin
Fuerza
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Destreza
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Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
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Podía reconocer el orgullo en el contrario. No es que le hiciera falta analizar nada, él mismo era uno de los hombres probablemente más orgullosos en la faz de la tierra, algo que adquirió poco después de comprender su situación al recibir aquella cicatriz y serle arrebatada su propia inocencia. Su mano se sintió cálida en su mejilla, más de lo que en un inicio llegó a creer, más con la de él sobre la misma. Una media sonrisa, cálida, agradable, se volvía a dibujar en sus labios, con una mirada calmada, sus ojos dilatados, mostrando que por primera vez en mucho tiempo había conseguido bajar la guardia, y más después de aquellos acontecimientos que lo dejaron con su insomnio.
Cerró su ojo izquierdo cuando sintió el toque de sus dedos sobre su propia cicatriz. No le molestaba su tacto, tampoco que le diera tanto protagonismo a esa marca, pero sí le resultaba entrañable ver la atención que le ofrecía. Su otro ojo, todavía abierto, observaba el sonrojo que el contrario mostraba. Dejó escapar una risita ante su insistencia, descendiendo su mano lentamente, pasándola con la yema de sus dedos por su mentón, el cabello que cubría su alrededor, cayendo en forma de cascada y podía sentir en los laterales de su cuerpo. Le divirtió realmente su insistencia, manteniendo una sonrisita y expresión divertida.
—Está bien, confío en que lo harás.
Tomó la mano que acariciaba su cicatriz, lanzándole un beso en la dorsal con cariño. Cierto que apretó sus ojos al movimiento ajeno, más cuando su erección todavía no había salido de su interior. Quiso preguntarle si no le molestaba, pero estaba igualmente cómodo, así que solo elevó su mano, en aire calmado, paseando su mano por el cabello ajeno buscando así calmarlo, relajarlo.
—Mañana podemos ir juntos y te conseguiré uno nuevo.
No sabía cómo no se le había ocurrido previamente. Quizás porque había estado demasiado alerta, demasiado preocupado y aquellos días había sido demasiada tensión. Cerró sus ojos por algunos segundos, inhalando el olor característico y único que salía del cabello de Tezca. —Lo tendré, Tezca. Lo tendré. Y tú también... ¿de acuerdo? — Su mano descendió un poco más, buscando el rostro ajeno para buscar su mirada, regalándole otra, cargada de intensidad y sinceridad. —No puedo dejar que me maten tan fácilmente, y sé que tú tampoco dejarás que lo hagan. — Y como alguien se atreviera... no respondería a las consecuencias que fueran a ocurrir.
Sus manos descendieron de nuevo a la vez que sus labios se conectaban nuevamente a los ajenos. Sus ojos cerrándose, en un beso cargado de intensidad, en un inicio solo labio con labio, luego mordió su labio inferior, estirándolo, entreabriendo sus ojos a la busca de su reacción. ¿Por qué demonios no se cansaba de él? Era... incapaz. Tezca era como una droga que no podía dejar por mucho que lo intentase. ¿Qué demonios? Ni siquiera quería dejarlo, se había vuelto adicto. Sus labios se separaron por unos segundos, respirando, buscando la mirada ajena. La distancia entre sus labios era mínima y sus ojos no podían perder detalle del hombre que tenía frente a él.
—¿Qué te parece una segunda ronda? Podríamos ir a la cama.
Su voz sonó baja, calmada, pero segura y firme. Su excitación parecía no tener fin. Claro que no, no con alguien como él.
Tezca Norova
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El sentir sus labios sobre los míos fue suficiente para tentarme una vez más, derritiéndome mientras abría con deseo un poco más la boca esperando sentirlo aún más. Parpadeé lentos mientras mis manos bajaban a su brazo, acariciando este con ligereza antes de finalmente separarme. Me había encariñado, por supuesto, no podía pensar en nadie más que no fuera pelinegro y algo me dice que si el Tezca de hace unos meses escuchara esto, solo reiría a carcajada, me siento relativamente domesticado. No puede ser.
No respondí de inmediato, tomándome unos segundos de más, casi pensándomelo, aunque la respuesta no solo era obvia, sino urgente y dejé que mis acciones tomaran la delantera; bajando de la mesa con cuidado, sintiendo el ligero hormigueo en las piernas por estar en la misma posición, tomando la mano del hombre para caminar a la habitación de invitados que había bautizado como mía, dejando atrás el completo desastre del que me preocuparía en otro momento.
Abrí la puerta con la mano que tenía disponible, llevándolo a la cama y empujándolo contra esta, mirándolo con una sonrisa; tenía unos planes ligeramente diferentes. — Ha pasado tiempo ¿verdad? Aún así no me has dicho nada desde la última vez que lo hicimos ¿me entiendes? — Solté en un susurro, bajando mi mano a su miembro, estimulándolo, escondiéndome en su cuello mientras dejaba un par de suaves besos en la zona. — Aunque creo que esta vez no me atrevo a llamarte por esas burlas…— me reincorporé, subiendo su pierna izquierda por encima de mi hombro, sosteniéndolo mientras soltaba su intimidad para bajar a su entrada, acariciando el área por encima simplemente para provocarlo. Mi rostro parecía de completa concentración, como si fuera la primera vez en ello, cosa que claramente no era, pero no podía evitar sentirme mucho más responsable, querer tener cuidado con como lo trataba, quería hacerlo sentir bien, en todos los aspectos.
Onizuka Jin
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Sus ojos lo analizaron cuando se separó, llegando a creer por un momento que, tal vez, quizás, había perdido el apetito sexual o esa segunda ronda que esperaba. No quiso forzarlo, pero sí se sintió internamente decepcionado. Dejó escapar un suspiro cuando se retiró, su erección estaba siendo un problema. Es más, ver sus muslos solo le hizo tragar saliva. Se incorporó, tratando de evitar la mirada directa del contrario. ¿Cómo era posible que se hubiera vuelto apegado a él? ¿Siquiera era eso posible? Pues aparentemente sí. No entendía cómo llegó hasta ese momento, ni por qué, solo que había nacido un fuerte instinto de protección, volverse más fuerte...Sus ojos descendieron, volviendo a la mano que ahora sostenía a la suya, sentándose e intentando ponerse en pie, pero lejos de eso, solo...
—¿Eh? ¿Dónd-...?
Se vio arrastrado escaleras arriba. Podría haberlo alejado, apartado, pero sus ojos no podían apartarse de aquellos glúteos que apenas había marcado con sus propias uñas. ¿Se había molestado con algo de nuevo igual que pasó con lo de ese tal Alek? Ah mierda, odiaba la simple mención de ese nombre, incluso la comparación. Lo odiaba. ¿Por qué tuvo que descubrir de su ex?
Emitió un quejido, viéndose sobre la cama de la habitación en la que el propio Tezca se había estado quedando últimamente. Sus codos trataron de apoyarse entre las sábanas, solo para encontrarse con la cercanía del contrario.
—¿Decirte?
Algo en su sonrisa se le hizo... Ah mierda, la comprendía, ya sabía a qué se refería. Tragó saliva. ¿Cuándo fue la última vez que alguien lo penetró? Ah, cierto... había sido precisamente el propio Tezca en su primer encuentro, aquella primera noche. Su cuerpo reaccionó al ser masturbado, emitiendo un gemido, elevando su rostro, su cuerpo estremeciéndose. Mordió su labio inferior, volteando su rostro, claramente excitado por cómo se había dado la situación. Últimamente había sentido que solo él había estado buscándolo, pero que fuera el contrario quien por una vez parecía ir a por él lo encendía incluso más. La erección no tardó en darle la bienvenida.
Pudo ver el nuevo escenario. La posición del Tezca, aquella belleza de lienzo en forma de hombre, sus músculos perfectamente formados, sin ser exagerados, su mirada, el cabello rubio cayéndole por los hombros y, lo que más lo llenó; la visión de su pierna pálida sobre su hombro. No lo comprendió, cómo ver esa situación le llenaba de rojo en sus mejillas, su mirada clavándose en el contrario en una visión tan única. Normalmente pelearía un poco más, incluso buscaría, al igual que el contrario, buscarle el humor, la burla... Pero algo no lo dejó por una vez. Solo podía mirarlo, su miembro palpitando. Su mano se puso sobre su frente, en un intento inútil de mantener un orgullo que se estaba desvaneciendo, rompiéndose en pedazos frente al hombre que tenía delante.
—Solo... llámame por mi nombre si no es por burlas...
Quería volver a escucharlo, su nombre desde sus labios, no importaba cómo, cuándo, o de qué forma... Después de cómo había evitado su nombre directamente antes de que fueran a la cocina lo había afectado más de lo que creía. Le sorprendió ver el rostro lleno de concentración, incluso cuando su propia erección estaba deseándolo, pudo notar algo de tensión. Su mano, la misma que había colocado sobre su frente, ahora descendió a uno de sus glúteos, estirándolo suavemente, dándole paso a la entrada y, la otra, buscó su nuca, acercándolo para besar sus labios.
—No tengas miedo. Solo hazlo... Si eres tú, estará bien.
Sí, solo si era él. Su lengua exploraba su boca, en un intento de calmarlo, que todo se diera de la misma forma de siempre: natural y especial. Única. Incluso si no existía preparación previa, no le importaba un poco de dolor, no si era Tezca.
Tezca Norova
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¿De dónde sacaba la arrogancia para opinar que sentía miedo? Al escuchar esas palabras no pude evitar de inmediato debatirlas de mala gana, frunciendo el ceño pero antes que pudiera decir cualquier cosa sus labios estaban sobre los míos, su lengua en mi cavidad bucal mientras mi mano por familiaridad buscaba contacto con su piel, simplemente asentando mi palma contra su pecho, Me era imposible dejar de besarlo: con más ternura que ansía, disfrutando lentamente de aquel beso, acariciando sus labios contra los míos, derritiendo contra su húmedo tacto mientras esperaba que este sueño, donde tal vez finalmente pueda sentir seguro, nunca terminara. La mano del más alto bajó, pude sentirlo, aunque estaba concentrado; el ceño fruncido había desaparecido, intercambiado por deseo, por un intento seducción de la forma más cruda que podía conocer.
Ni siquiera había palabras, solo una danza propia que no parecía terminar en esa noche, algo que se repetiría mucho más de lo que me hubiera gustado admitir alguna vez pues no solo era un adicto que no quería curarse: Era una botella de sentimientos al borde de explotar ¿Es que acaso no era obvio? Incluso por la forma en la que mi cuerpo estaba temblando, anunciando que no podría resistir mucho más.
El hombre me tentaba, eso era obvio, un razonamiento que no podía perder mientras me separaba de sus labios limpiando los restos de saliva con el dorso de mi mano y le funcionaba de maravilla. Como siempre. —Espera…. — Murmuré en voz grave sin terminar la oración, bajando mi mano hasta donde sostenía su glúteo para retirarla, podía hacerlo por mi cuenta. —Solo espera… — Desde su intimidad subí los ojos a su escultural torso, bajando la mano que se encontraba sobre su pecho a este, solo observando con un rubor en las mejillas ¿Qué pretendía esperar, retrasar? No sabía esa respuesta, tal vez solo quería desesperarlo.

Me posicioné, sintiendo la punta de mi erección contra su entrada, cerrando los ojos ante la expectativa y abriéndolos para observar a Jin mientras entraba poco a poco. Cálido, ajustado, podría decir que tal vez “a la perfección para mi” pero realmente estaba ajustado por lo que me controlé, lentamente terminando de introducirlo cuando finalmente me di cuenta que ni siquiera había traído condones. —¿Te duele…? Creo que no estaba pensando, espera, todavía no te muevas ¿me entiendes? Espera a que te acostumbres. — Me incliné ligeramente, mi cabello cayendo por los laterales de mi cabeza mientras sin poder soportarlo más comenzar a moverme, tal vez estaba siendo un poco egoísta, un poco precipitado, pero no podía detenerme. Se sentía demasiado bien. Era la forma en la que pretendía expresarle el cariño que tenía.

Era bastante vocal, incluso en esta situación, soltando diversos jadeos y quejidos sin ritmo mientras observa al objeto de mi actual y… persistente aprecio a los ojos, sosteniéndolo de la cintura mientras aquel vaivén comenzaba a establecerse en un ritmo, con esperanza, lo suficientemente satisfactorio para mi amante y entonces una de mis manos se separó de su piel para subir a su rostro, acariciando sus labios con deseo ¿Quería besarlo? Siempre quería, pero deseaba verlo en esta posición, como lo hacía sentir.
Onizuka Jin
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El tacto, el calor que emanaba del cuerpo ajeno... Todos pequeños factores que lo encendían como nunca a nadie más. Sus ojos regresaron de vuelta hacia el rubio, buscando su rostro. Adoraba su tacto, de alguna extraña forma era, cuanto menos, de lo más satisfactorio. Era como si aquella insatisfacción se desvaneciera de un momento a otro solo por tenerlo frente a él y sentirlo cerca. Hacerlo esperar resultaba en una tortura, sus ojos incluso descendieron, buscando con la mirada qué pudiera estar haciendo. Sin embargo la erección que poseía solo lograba impedirle ver con claridad. Demasiado para disfrutar de las vistas, aunque sí alcanzaba a ver su pelvis y el miembro del rubio. Ah mierda, esa visión solo lo volvió más desesperado. ¿Sería suave? ¿Quizás algo más salvaje? Mordió su labio inferior, descendiendo sin ser capaz de apartar la mirada de la zona. ¿Cuánto más tenía que esperar?
—Tezca...
¿Cómo podía estar tan desesperado cuando llevaba tanto tiempo sin ser pasivo? ¿Por qué diantres solo estaba deseando que lo penetrase como si no hubiera un mañana? Mierda... Normalmente siempre era al revés, solía ser activo, el que no tenía cuidado, pero con Tezca... Con él era diferente.
—¡HAAAH!
Al fin, allí estaba, entrando. Tan lento que era desesperante y, debido a la ausencia de preparación, pudo sentir el dolor, él mismo lo apretaba desde su interior causa del dolor, quizás demasiado. Su cuerpo temblaba, sus manos se elevaron, buscando el tacto de su cuerpo, poder sentirlo entre sus dedos. Tuvo que respirar, jadeando, tratando de acostumbrarse al tamaño. Hacía demasiado tiempo desde que lo penetraron y, de hecho, quien fue el último había sido el mismo que tenía frente a él. No... de hecho desde que le conoció no había habido nadie más. Trató de enfocar su mirada, el vaho saliendo de entre sus labios, buscar la mirada ajena.
Sus manos finalmente alcanzaron el rostro ajeno, ambas, desde los laterales de su mejilla. Sus ojos lo miraban con seguridad, su pecho ascendía y descendía, cada vez más habituado a la intromisión que poseía en su interior. Sus pulgares lo acariciaron como si fuera algo precioso, sus ojos no podían perder detalle en aquella mirada. Incluso, en un momento dado, su mano izquierda posicionó un largo mechón que caía frente al rostro ajeno, colocándolo tras su oreja.
—Muévete, Tezca.
Lo sintió, la penetración, el movimiento de sus caderas. Su mandíbula se apretó, las manos, de forma involuntaria, se apretaron más a sus mejillas. Su cuerpo temblaba, su espalda se arqueaba. Todavía no se acostumbraba del todo, pero él mismo lo admitía; lo deseaba, incluso si había dolor, no le importaba, solo lo volvía más excitante. Su miembro palpitaba, sacudiéndose al movimiento del vaivén que marcaba el ritmo ajeno. Sus labios, además, no podían cesar los jadeos, saliendo de forma insistente a cada movimiento contrario. Los ojos se elevaron al tacto en sus labios, sus manos ahora descendiendo del rostro ajeno, una de ellas aferrándose a las sábanas con firmeza y la otra descendiendo hasta uno de sus glúteos, atrayéndolo hacia sí mismo. Sus ojos se enfocaron de nuevo, buscando la mirada de tezca, percibiendo mejor su cercanía. Sus ojos no podían hacer más que contemplar sus ojos y... descender hasta sus labios. Ah mierda, ¿por qué siempre los buscaba? ¿Por qué los ansiaba tanto? Era solo un beso... ¿no es así? No era algo que buscara activamente con nadie... Con nadie más que él. ¿Por qué? ¿Qué había de diferente? Sus labios se abrieron, mordisqueando el pulgar que se acercaba a sus labios, succionándolo, sus ojos fijos en un aire más pícaro, buscando de esta forma aliviar su sed interna de deborar sus labios una vez más. Su lengua era la que trabajaba con el dedo en su interior. ¿Qué era esa sensación que le oprimía tanto el pecho? ¿Que lo aplastaba y le hacía sentir incluso más? ¿Qué diablos era? No... ¿Quién era el hombre que lograba esas sensaciones en él?
Tezca Norova
Fuerza
Resistencia
Destreza
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Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
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La escena excitante que me otorgaba el pelinegro lograba que sintiera un escalofrío en la columna, retirando la mano de la cercanía de su rostro para poder apoyarme sobre el colchón, cerrando el puño mientras aumentaba el ritmo, agresivo, desesperado por sentir aún más, más profundo mientras de mis labios no podían evitar escapar jadeos. —Jin… Déjame… sentirte más así, por favor… ¿me entiendes? Por… por favor…—No podía creer que aún estando encima de él estuviera suplicándole. El momento me nublaba la mente, dejando simplemente el desesperante deseo de poseerlo por completo. Solté su pierna, bajando la mano con algo de dificultad para estimular su miembro con rapidez, confiando por completo en la habilidad de mi mano pues no podía despegar la vista del mayor.

Era adictivo, no podía detenerme, pero estaba cerca y no quería ser el primero en terminar. Finalmente me incliné para besar los labios del hombre callando el ruido y las palabras en vano pues no pude evitar continuar gimiendo sobre sus labios, introduciendo mi lengua en su cavidad oral: quería invadirlo, fusionarnos, varios pensamientos pasaron por mi mente; nunca había usado mi akuma para este tipo de actividades, pero los descarté rápido, no tenía la paciencia para idear un plan en este momento. Lo dejaría para después.
Me separé del beso, mordiendo mi labio inferior hasta hacerlo sangrar, terminando por gemir agudamente. —¡Jin! — El nombre ajeno salió de mi, terminando en su interior sin dejar de moverme, ni detener el movimiento de mi mano, quería que doliera, quería desmayarme. Que lo ultimo que sintiera fuera el calor del mayor mientras el cansancio se hacía presente, pero todavía. El liquido al interior del hombre provocaba un ruido ligeramente extraño mientras continuaba con las estocadas, reincorporándome con la espalda recta mientras cubría la mitad de mi rostro con la mano, ligeramente con los ojos entrecerrados.
Onizuka Jin
Fuerza
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C. de Haki
C. de Akuma
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Su mano diestra apretaba las sábanas de la cama con firmeza, podía sentir los movimientos en su interior acelerándose. Lo apretaba incluso más debido a que la intromisión todavía no se adaptaba, al menos no de momento, requirió de algunas escasas embestidas más antes de que los gemidos ahora escaparan de sus labios de forma repetida y constante. Se sentía terriblemente bien, cada vez mejor. Maldito fuera el momento que disfrutaba de ese momento, maldita fuera su mente que no podía hacer más que sentir el deseo ascendiendo solo por ver desde su posición al acompañante que le brindaba el mayor placer posible.
—Haahh... Tezc...a...
Su pecho comenzaba a ascender y descender, la mano apretaba cada vez más firmemente las sábanas, al menos hasta que sintió la mano que se dirigía directamente hacia su miembro. Sus ojos se abrieron de par en par, su cuerpo comenzó a temblar en espasmos. Maldición, tantos estímulos de golpe lo estaban enloqueciendo. Su mano libre descendió, apartándose de su rostro, tratando de buscar una inútil forma de soportarlo, colocándola sobre la ajena, la misma que estaba estimulándolo.
—Esper-... No toques... Allí no...
No podía soportarlo, su cuerpo se contorsionaba a cada embestida, a cada vez que sus cuerpos se unificaban en lo más profundo. Podía escuchar su propia voz, normalmente grave, agudizándose a cada embestida que sentía en lo más interior. La velocidad, el dolor, el placer... Poco a poco el dolor se desvanecía, convirtiéndose solo y exclusivamente en solo dolor. Sus ojos se cerraron cuando sintió la cercanía del contrario, no del todo, solo dejaban una muy fina línea de modo que podía ver al contrario, sentir su aliento, su tacto y, finalmente, su beso. La mano que sostenía la suya comenzaba a apretarse, clavando inconscientemente sus uñas en la ajena. Sus piernas temblaban, su respiración se volvía por segundos más y más agitada. Aún con todo ello, la súplica había tenido su efecto. Jin se entregaba completamente al contrario, sin rechistar, solo mostrándole que no había nadie más que él en el mundo en ese momento.
Sintió sus labios sobre los propios. Elevó su mano, con calma, aceptando con gusto el gesto, abriendo sus labios, rozando su lengua cuando sintió la invasión de la contraria. La mano que hasta entonces se había mantenido apretando la sábana ahora se acomodó en su nuca. Maldita sea, sí, estaba siendo su primera vez sin protección, al menos desde el lado de la penetración. ¿Cómo era posible que hubiera experimentado de todo en el acto y sin embargo todo lo que hacía con el contrario parecía ser algo nuevo para él?
Elevó su cabeza, pudo sentir su interior llenarse. Sus labios se entreabrieron con sorpresa a la cálida y extraña nueva sensación. ¿Qué demonios...? No pudo hacer más que emitir un gemido y, pese a la extraña molestia interior, estalló del mismo modo que el contrario. Iba a quejarse, pronunciarse de la motiviación que lo llevó a eyacular, pero ni podía hacerlo, ni se sentía con el derecho de hacerlo. No, ya no solo era eso, era que incluso tras la eyaculación el contrario todavía parecía tener fuerzas para seguir moviéndose. El extraño sonido envolvía su agudo sentido del olfato, sus ojos se perdían en el blanco, los dedos de sus pies se contorsionaban, apretándose entre sí y, sin embargo, solo lo rodeó por las caderas, buscando así que no solo se mantuviera, sino que también volviera a acercarse, a buscar sus labios, aquellos que cada vez más lo volvían más adicto.
No, no dejaría que aquello terminara así. Sus dos manos, ahora que la masturbación parecía haber surtido su efecto, se posicionaron en los botones ajenos, apretándolos hacia sí incluso desde su posición. Tiró más, sin temor, él todavía no podía moverse, pero sí hacerlo sentir igual de bien.
Tezca Norova
Fuerza
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El momento había pasado en un flash, apenas consciente y con muy poca energía; ni siquiera podía realmente contar los minutos, o tal vez la hora, en la que continuamos hasta rozar el límite del cansancio. El aire se volvió espeso, cargado de una cercanía que no pedía permiso: cada respiración encontraba a la otra, cada pausa era una excusa para permanecer. Entre el agotamiento y la inercia, el tiempo se desdibujó en una cadencia lenta, íntima, donde el roce accidental se convertía en promesa y el silencio decía más que cualquier palabra. Cuando recuperé el control en mi solo pude caer agotado al pecho del más alto, apoyando casualmente mi mano contra su hombro mientras intentaba regresar mi respiración a la normalidad.
No creía que podría hablar justo en ese momento, cerrando los ojos y relajándome al estar en una posición menos comprometedora, alzando el rostro para poder observarlo, asegurarme que estuviera bien. Mierda ¿Cuándo creí que me preocuparía por alguien te esta forma? ¿Tal vez desde que lo atacaron? ¿Tuve tan siquiera miedo a perderlo? No era momento de pensarlo, como siempre he dicho: Pensar demasiado tiende a arruinar los mejores momentos.
Aún así pensé y continué pensando, mientras más bajaba de aquel éxtasis era peor, como si el cansancio empeorara mi capacidad cerebral, solo regresando al momento cuando sentía la respiración del hombre, finalmente soltando un suspiro, derrotado. — Esta bien, puedes dormir conmigo esta noche ¿me entiendes? Y estoy siendo benevolente. — Espeté con una sonrisa en el rostro, finalmente abrazándolo, necesitaba un baño, realmente lo hacía pero estaba tan cansado que no quería levantarme. —Pero si vuelves a desperdiciar mi comida voy a matarte ¿No te enseñaron lo preciada que es? — Al parecer mantenía la energía suficiente para poder quejarme, acomodando mi cabello mientras el tono de mi voz me delataba. No podía estar más contento que en ese preciso momento.
Iba a ser una larga y reparadora noche.
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