[EVENTO LOCAL - MUSHOKU] Una jauría de perros III - Terror Alado
#31
Leyenda


- ¡Eeeeh-don! ¡Que te he dicho que me bajes, no que me subas hacía arriba-don! - Exclamé mientras intentaba soltarme, cuando me percaté que cada vez nos elevábamos más y más en las alturas. Intentaba mover mis brazos, pero el maldito ave me tenía tan bien agarrado que me era imposible moverlos, solo podía mover la cabeza, los hombros, el tronco y las piernas. Intenté hacer de todo, desde lanzar patadas contra las garras, golpeándome a mi mismo en los brazos, intentar dar una voltereta hacía atrás sobre mi mismo, siendo imposible ya que el agarre en mis brazos era muy fuerte. Todos los intentos fueron fracasos, no había forma de soltarme, aún así no me rendí, no paré de intentarlo una y otra vez.

Estaba tan centrado en intentar soltarme que no me di cuenta que cada vez subíamos más y más alto hacía el cielo. - ¡Maldita Raida, suéltame ya-don! ¡Que las alturas molan, pero tengo que bajar ya-don! - Le grito mientras sigo forcejeando para soltarme, de repente el agarre de los brazos desaparece. - ¡Por fin-don! ¿Tanto costaba hacer dejarme ir y soltarme-don? - Le dije a Raida mientras empezaba a caer hacía el suelo. Al principio no mi di cuenta del peligro en que me encontraba y estaba disfrutando del descenso, pero en cuanto empezaba a aumentar cada vez más y más la velocidad, algo se tensó en mi interior, no era miedo, pero si era la incertidumbre de lo que me iba a pasar.

- ¡Aaaaaaaahhh! ¡Que alguien me ayuuudeeeeee! ¡Que voy demasiaaaadooo ráaaapiiiidooooo-don! ¡Vavavavavavava! - Grité junto a una carcajada, porqué aunque estaba realmente preocupado, la sensación que recorría mi cuerpo mientras descendía me divertía haciéndome soltar una carcajada.

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#32
Seguía en el suelo, apresado por aquella mano gigante de virutas de metal, mi haki de observación seguía activo, asi que podia sentir sin problemas la posición del hombre de las trenzas y de mi capitan.

Acto seguido escuche a Ashura gritar y lo que le siguió al nombre de su técnica fue el sonido como de un cañonazo, el demonio habia pasado al ataque y este habia sido exitoso, porque la mano que me ataba me libero, sentía como la sangre brotaba de mi cabeza y esta era absorbida por mi mascara, así que seguramente esta empezó a teñirse de verde, me puse en pie con algo de dificultad y sabiendo que estaba en peligro, me transforme una vez más en mi forma hibrida mientras escuchaba otro grito, esta era la voz del hombre de las trenzas y un zumbido horrible.

Mis ojos, guiados por mi haki de observación y mi buen oído, se giraron hacia la dirección donde estaban Ashura y aquel hombre, nos separaban 10 metros y vi horrorizado como la sangre brotaba de la cara de mi capitan y un sentimiento igual al que me invadió cuando salve a Ñorgo me invadió, debía ir y sacarle de allí, recubrí todo brazo izquierdo, desde el hombro hasta los dedos, con haki de armadura básico,  sali disparado en un salto ayudado por mis 2 pares de alas un total de 15 metros, mientras tomaba a mi capitan por el cuello con mi mano izquierda, mientras aquel hombre daba 2 pasos hacia atrás, mi odio me alerto de otro grito, acompañado de una risa, mis ojos se movieron a una velocidad endemoniada y vi como un hombre enorme se precipitaba al sueldo, otro más que salvar pensé, morir estampado contra el suelo no era una manera digna de morir, asi que galopando me desplace hacia el punto donde iba a caer 47 metros de donde me encontraba a una velocidad endemoniaba, extendí mi brazo derecho en su totalidad y evite su caída, le solté y lo deje caer de esa altura al suelo, unos 4 metros. Me giré para mirar al hombre de las trenzas, nos separaban unos 42 metros, con un movimiento rapido de mi brazo izquierdo subi a mi capitan a mi lomo, hice chocar mis puños y no solo mis Rokuyoku Ken se prendieron en llamas, tambien lo hizo mi alma y el deseo de asesinar a mi enemigo broto junto al fuego de mis puños, este sentimiento cubrió todo mi ser. Y le dije a mi capitan, sin titubeos y con decisión – Llego el momento de que la DESOLACIÓN invada todo este pedazo de tierra. imbuí mi brazo derecho con haki de armamento avanzando y sali disparado ayudado por mis alas de pegaso hacia el hombre de las trenzas mientras gritaba, llevado por la furia.

¡ÁGUILA DESOLADA!


Acorté la distancia, de 47 metros en un abrir y cerrar de ojos y lo golpeé una vez más en el pecho. Imprimiendo más violencia de lo normal, liberando una honda fuego que marchito todo a su paso.
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#33
Sonreí sacando la lengua al ver cómo aquel hombre retrocedía ante mi golpe. Su mano se amparó en mi pecho tangible al estar recubierto con haki, cuando me preparé para seguir con la acometida mientras su sangre me empapaba. Apreté con fuerza el mango de mi espada y me lancé hacia él cuando su grito desgarró mi piel.

Mi haki me avisó, fui capaz de sentir aquel filo negro moverse entre nuestros cuerpos, pero mi cuerpo no fue capaz de reaccionar de ninguna manera, la velocidad del golpe superó a mis manos y mi esgrima. Su espada sesgó mi piel, hueso y ojo, partiéndolo por la mitad, sentí como si me lo hubieran arrancado, un dolor punzante acuchilló mis terminaciones nerviosas faciales y mi menté se nubló, por un momento pensé que había partido mi craneo en dos. La sangre salió disparada de mi cuerpo, como si escapara de una cárcel, como si mi ser nunca hubiera sido su sitio y cayó a borbotones sobre el terreno regando en frente de mis pies el jardín de guerra que nosotros y él habíamos creado. 

Aguanté un grito de dolor desgarrador que se retorció en mi esófago mientras mis pies temblaban y retrocedía mirando incrédulo su cara, ahora con mi único ojo. Apreté mis espadas dispuesto a morir contra él cuando 

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Algo me llevó por delante. No tenía mis hakis activos, ni siquiera entendía qué pasaba. Solo sabía que iba a morir contra aquel hombre. ¿Acaso ya había muerto y no me había dado cuenta?

- ES UN ÁNGEL CHURRITA ¡UN ÁNGEL QUE NOS LLEVA A VER A SAN PEDRO! POR QUÉ DE ESTA SI QUE NOS HAN MATAO. NOS HAN MATAO PERO BIEN  - Silencio - ¡ESPERA! Si nosotros vamos a ir al infierno ¿no? -

El dolor me martilleaba la cabeza mientras el mundo giraba, sentí que iba a vomitar mientras nos movíamos a una velocidad vertiginosa. Resoplaba con fuerza aguantando el dolor. Cuando mi vista volvió nos encontrábamos parados, un joven caía al suelo del agarre una mano.

- A LA COLA PRINGAO QUE NOS HEMOS MURIDO NOSOTROS PRIMERO -

Un brazo me giró y vi una gran espalda, una espalda que ya conocía. Aquello que me había llevado por delante no era un ángel… Era un Águila, el Águila de oro y plata.
Moví la cabeza abruptamente hacia el chico, el cual pudo ver mi herida, mi cara partida por la espada de Shinji, la sangre gotear cálida sobre el blanco lomo de Quetzalli. Mi mente volvió a ordenarse.

- BUSCA VENDAS Y BOTIQUINES ¡YA! - Le ordené a aquel chico moreno, que era igual de grande que yo. Y volví a girar hacia el objetivo mientras escuchaba a Quetzalli.

Mi espada respondió al sonido, como si entendiera lo que el hombre alado acababa de decir. Como si esperase que la invocaran. Sentí el frío que sentí en aquel archipiélago. 

Una mano suave se posó sobre mi hombro, completamente congelada o por lo menos eso fue lo que sentí.
-Ashura… -
-Ashura… -
Oía un susurro desde la lejanía, una voz que conocía, una voz que llevaba mucho tiempo sin escuchar. Era Lily.

- Ya casi amor mío… Te siento cerca… Aguanta… - La voz clavaba pequeñas agujas en mis manos mientras el filo de espada se empezaba a congelar nutriéndose de ella, partiéndose y agrietándose, recomponiéndose y volviéndose a partir. Mi espada chispeaba con el frío que ella misma producía, estallando en pequeños pedazos cada vez que se congelaba y volviendo a formar escarcha sobre su hoja, aquella espada estaba conectada a otro mundo, no era una espada normal, esa espada invocaba el frío del infierno, el frío del dolor de la pérdida, el frío de los cuerpos sin vida, el frío de la soledad, ese frío era un augurio, esa espada era especial porque era el augurio de una muerte. El augurio de mi propia muerte porque esa espada era mía “La Hoja del Luto”.

La “Hoja del luto” ordenó y obedecí como su siervo fiel. Drenó mi haki de armadura hasta tiznarse de un negro oscuro, mucho más oscuro de lo que ella ya era. Pero el hielo, el hielo no paraba de estallar. Clavé con furia mi ojo sobre aquel hombre mientras mi herida no dejaba de sangrar. Esta sería mi última batalla, tenía que darle aquella tierra a mis hombres para que la disfrutaran. Porque aquel lugar se iba a edificar sobre mi muerte, la de todos mis compañeros y la de aquel hombre. Al unísono de Quetzalli mi voz retumbó en el puerto.

ÁGUILA DESOLADA

Los cascos de su forma equina estallaron contra el suelo y activé mi haki de nuevo 15 metros a nuestro alrededor. Mi herida era tan severa que dejamos una estela de sangre tras nuestro despegue mientras nuestras distancias se acortan. El dolor se convirtió en furia e ira, mis manos apretaron con fuerza, mis músculos se volvieron más duros, mis manos se volvieron más hábiles. Mi vida estaba puesta en aquel golpe y yo solo había vivido para esto. Cuando la distancia se esfumó, por el lado izquierdo, al otro lado del que mi tripulante estaba impactando mi espada danzó con un brillo azul, más que rasgando congelando todo su lado izquierdo de la cara y una vez terminé el arco que mi golpé describía una fría bocanada de hielo avanzó tras el cuerpo de Shinji, por un momento la ví, vi a mi amada, vi la forma de Lily tras el hielo, que se desvaneció devorando el suelo tras la espalda de Shinji y congeló todo a su paso, como un paseo que llevaba hacia el infierno rodeado por las llamas que Quetzalli había dejado con su golpe.



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#34
Leyenda (Guía de color)


El sonido de un cañonazo hizo que casi se me parara el corazón en aquel momento - ¿A quién le parecía buena idea ponerse a disparar ahora con la que había montada? - pensé, mientras escuchaba el sonido de las virutas de metal caer al suelo. Todavía no me había recuperado de aquel susto cuando escuché un horrible zumbido. Me levanté instintivamente, quedando sentado en la misma posición, casi como si acabara de despertar de un mal sueño en el que un un mosquito mucho más grande y más fuerte (lo que es comúnmente conocido como El Mosco)  me estuviera persiguiendo para picarme. Lo que me faltaba, si me pica un bicho de esos seguro que me deja hecho un donut, o algo peor.

Respiraba con dificultad, no sólo por el susto si no porque tenía que hacer un esfuerzo titánico para no echar las deliciosas mandarinas que me había comido hacía un rato. Me dolía todo el cuerpo, más todavía que antes. Me encontraba mirando al lugar de donde procedían esos dos terribles sonidos, lugar en el que se encontraba el tipo de las trenzas delante del cornudo. Escuché también un grito de alguien que sonaba como si estuviera volando. Antes de poder girarme para ver de quién se trataba, el amigo del machete ponzoñoso desapareció. Parpadeé muchas veces. Bueno, parpadeé un par de veces porque si parpadeaba muy rápido sentía como si todo me diera vueltas, y no tenía yo ganas de mancharme la ropa de vómito a estas horas. No tenía ni idea de qué estaba pasando, así que me limité a seguir mirando en la misma dirección, esperando que sucediera cualquier cosa, aunque tampoco tenía yo mucha fe en poder darme cuenta de lo que fuera que pasara a mi alrededor, más allá de que viniera alguien a contármelo.


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#35


La imantación en el pecho del oni se materializó como una enorme letra N mayúscula de color rojo en su pecho. Había cometido el error de dejarme poner la mano sobre él. Y este iba a ser su final. Retuve con la fuerza de mi campo magnético su capacidad de moverse y lo observé, viendo por detrás de él como el enmascarado canturrón se ponía en pie y se transformaba de nuevo en aquel corcel alado níveo lanzando la mano hacia nosotros sin lograr sujetar nada. ¿Qué hacía?. En un parpadeo estaba a casi cincuenta metros de distancia interceptando al tipo que Raida había dejado caer y estaba persiguiendo cayendo en picado.
Fruncí el ceño con ira y ese despiste fue suficiente para que tanto el jamelgo como el cornudo espadachín bramasen a la vez una técnica... con fatídico resultado.

El centauro alado se detuvo a ocho metros de nosotros y golpeó al aire, seguramente como distracción, y el oni humeante tajó mi rostro tratando de devolverme el mismo favor que antes le había hecho a él, sintiendo su acero aun más frío que de costumbre y haciéndome perder la concentración de nuevo, haciéndome cerrar el ojo un instante al sentir el fragor de la batalla como muchos años antes no hacía — ¡CAE DE UNA MALDITA VEZ! — grité casi como una orden ante el insolente capitán que había decidido atacarme el día de hoy — ¡YO GOBIERNO ESTAS TIERRAS! — y preparé mi espada en horizontal al suelo, paralela a mi torso, apuntando claramente a su corazón — ¡CONQUISTARÉ EL NUEVO MUNDO Y SUPERARÉ A MI PADRE Y A TODOS LOS PIRATAS DE LA HISTORIA! — y ejecuté un movimiento punzante hacia su corazón, buscando atravesarlo y acabar con él y su patética esperanza.

Los ruidos de los soldados volvían al campo de batalla. Sin duda mis tropas se habían envalentonado ante la humillación que aquellos tipos estaban sufriendo y vendrían a rematarlos, pero todo el que se metía en mi camino moría en el campo de batalla. Aliado o no. Aun así, siempre era bueno tener público y les iba a dar el espectáculo perfecto para terminar con esta farsa. Nadie podía vencer a Shinju Kagayaku. Ni siquiera un demonio.




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#36
Mientras la batalla entre Shinju y Raida contra los Piratas Mushoku se daba, las tropas que se habían dispersado observaban en la distancia. Habían visto al pájaro chillar, volar, atrapar a un antiguo nakama suyo y alzarse por los aires para lanzarlo desde esa altura y matarlo. Habían visto como Shinju usaba su técnica favorita para limpiar el campo de batalla apuñalando todo en un área enorme, y cómo había lanzado aquella bola de cañón al aire. Habían visto como los movimientos de aquellos monstruos salían de su comprensión y de su capacidad y habían visto como Ashura había conseguido asestar varios golpes en un uno contra uno con la persona a la que más temían del mundo: Su capitán.

Shinju no era un hombre frágil, ni un pirata débil, ni un contrincante fácil. Y aun así... de alguna forma, estaban resistiendo.
No conseguían comprender cómo, no entendían por qué no se sucedían los muertos uno detrás de otro, pero ahí seguían.
De hecho unos pocos de los que habían escapado y se mantenían a las órdenes de los que consideraban los únicos en años a la altura de poder intentar al menos acercarse a lograr el objetivo de liberarlos de la fuerza del menor de los Kagayaku, se habían dedicado a abrir las celdas de los prisioneros y liberarlos para que se unieran a formar parte de aquella masa de espectadores que alucinaban y observaban esperanzados el combate. Había de todo, en su mayoría eran humanos, con algunos brazos largos y piernas largas, siete tontattones, una docena de gyojins, cuatro o cinco minks, así como un par de semigigantes y un par más de semionis u onis pequeños. Todos prisioneros de Shinju Kagayaku y su forma de reclutar y expandir su ejército: Si eres lo suficientemente fuerte como para resistir la derrota, será un miembro forzoso de la tripulación o morirás.

—¡Están plantando cara al capitán Shinju! — gritó uno de ellos —Ex-Capitán... Estoy seguro de que ese Ashura puede lograrlo — respondió otro —¡Los Mushoku nos traen la libertad! — añadió, gritando y haciendo que sus compañeros celebrasen con él alzando sus puños e inspirándolos como mejor pudo y supo —No vamos a quedarnos mirando ¿verdad? ¡Vamos a participar y vamos a ganar nuestra libertad! ¿Cuántos de vosotros perdisteis algo por culpa de ese puto calvo? Un ojo, un brazo, una casa, amigos, mujer, hijos ¡¡todo!! ¡Hoy lucharemos y haremos que esto acabe! — gritó el primero alzándose cogiendo uno de los rifles que había por ahí fruto de los que habían huído —¡¡¡SIIII!!! — gritaron al unísono todos los demás y empezaron a equiparse para lanzarse a la batalla y a saquear todos lo útiles posibles.

Dos grupo variados y mixtos de valientes e insensatos hombres y mujeres que clamaban por su libertad se disponían a ejercer su fuerza. Salían de los edificios corriendo bajando una pequeña loma de un metro, con el primero de esos grupos blandiendo armas afiladas de todo tipo en ristre —¡Por la libertaaaad! — gritaban furiosos y cegados por la esperazna. Eran un total de doscientos guerreros listos para apuñalar cuerpo a cuerpo al que era su capitán, corriendo la distancia que los separaba. El segundo grupo conformado por otros doscientos de ellos se paraban sobre la loma y apuntaban con sus rifles, mosquetes, pistolas y lo que tuvieran contra Shinju —¡Fuegooo! — y dispararon todos una salva de balas a la señal de aquel valiente con intención de agujerear por la espalda a el Shichibukai.

El miedo es una buena forma de gobierno, pero cuando te lo pierden, lo pierdes todo.




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#37
efectivamente sonó el opening

Aunque sentía que me movía, Quetzalli no pudo sacarme de allí. Pero aún así, el filo de mi hoja se disparó hacia la cara de Shinju. El frío de los vientos helados del inframundo se cristalizó en su cara, congelándose por completo y haciendo que cada una de sus respiraciones, fruto del esfuerzo y el cansancio de la batalla, salieran en forma de vaho por la congelación que había conseguido conectar en su rostro.

Me abalancé hacia él, no había tiempo, su golpe iba a matarme tarde o temprano. Tenía los suficientes conocimientos sobre medicina como para saber que aquella herida era fatal. Mientras Shinju vociferaba presa de la ira, mi haki me permitió ver como su espada se movía, reflejando el movimiento de una estocada y cargando su golpe. Lancé mi mano izquierda hacia la punta de su filo mientras gritaba sus sueños. El filo de la Escultora chocó contra la punta de su arma soltando un leve tañido que se perdió entre sus gritos. Cuando terminó y desplegó su golpe, que sin duda a estas alturas sería letal, con el filo de aquella hoja me preparé para parar sus sueños, pues ante los sueños de los demás yo solo podía ofrecer

- DEFERENCIA - Grité con fuerza apretando la mordida y aguantado el envite de su fuerza demoledora con aquella pequeña arma frente a su descomunal espada. La hoja de aquella pequeña espada aguantó el envite sostenida por mis últimos estertores de confianza mientras elevaba la postura de mi mano derecha ascendiendo sobre nuestras cabezas con la “Hoja del Luto” que parecía completamente ajena al dolor que sentía y estaba enfocada completamente en el que podía generar.

Aquel hombre, Shinju, era un rival terrible. Mucho más terrible que Yugu, era más mortal y devastador,  más voraz y ambicioso. Aquel hombre era un hombre capaz de matarme. NO. Aquel hombre me estaba matando, y no sólo a mí, también a mis hombres. Y en aquel intercambio de golpes, agarrándonos tanto nosotros como él a la vida, solo pude encontrar una cosa en el fondo de la ira que me mantenía de pies a duras penas, en el fondo de mi ser, me vi respetando a Shinju, “La catástrofe”.

La Escultora de Marfil era un buen arma, pero no era mía. En ella estaban los sueños de Gaeru por convertirse en el mejor espadachín del mundo… Pero esos sueños, junto a los de Shinju, no eran los míos. Yo tenía otros planes y metas. Aquel arma era demasiado agradecida para mi esgrima poco ortodoxa de movimientos amplios y demoledores sin gracia, aspavientos o florituras. Mi estilo era brutal, caótico y sin descanso para el oponente ni para mi. No era un estilo estético, era un estilo óptimo. Pero por un momento, aquel pequeño gyojin que un día intentó aprender de mí el arte de la espada estuvo con nosotros. Le sentí apretando junto a mi en el agarre de su espada. Y no sentía que quisiera defenderme a mi, si no que quería defender a Quetzalli, sabía que si yo sobrevivía él también lo haría.

Patético. Aquella alucinación debía ser debido a la anemia, el cansancio o Nicolás tocando cables que no debería en mi cabeza. No había momento para niñadas, ni cosas parecidas. Éramos un pirata contra otro luchando por un territorio, la parte más animal del ser humano, y a parte de un peñasco perdido en el mar más peligroso del mundo, lo que estaba en juego, eran nuestras vidas.

Mientras nuestras espadas chocaban, mi postura por la derecha terminó su ascenso y elevando mi espada por encima de su cabeza y solté la carga del golpe con velocidad de manera diagonal.

- DESESPERACIÓN -

Del lado opuesto al choque de nuestras espadas, la mía, mi fiel amada - ahora que Lily no me acompañaba - surcó el aire con un movimiento parecido a una bofetada rasgando la cara de Shinju de manera descendente, cortando su boca por completo. Rugí como una bestia escupiendo sangre por doquier mientras mi hombro rechinaba por el golpe y mi sangre empapaba el suelo desde la visceral herida que cubría media parte de mi cara, completamente abierta.

Rugí por la rabia del combate, por la euforia y la vorágine que se arremolinaba en mi interior. Pero también rugí porque en el fondo, tras aquel intercambio de golpes, tras haber sentido la espada de Shinju partirme la cara, sentía muy dentro de mi que no quería que aquel combate terminase, que no quería que la adrenalina se esfumara, que un hombre como él me matase o muriera, porque aquel pedazo de hijo de puta, a un paso de mi muerte, me estaba haciendo sentir más vivo que nunca. Porque yo salí al mar para gobernar el mundo, pero sobre todo para vivir esto en el proceso. Porque yo nací para la guerra y sentía que nuestros golpes nos conectaban, dado que su espada me hablaba de los mismo, independientemente del cuerpo, la guerra… La guerra nunca cambia.

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#38
Leyenda (Guía de color)


El tipo de los pocos amigos le dio un machetazo al tipo del poco pelo. O por lo menos eso parecía desde mi posición, pues le congeló media cara. Después el amigo se puso a gritar y a hablar de su padre, que para ser sincero no tenía ni la más mínima idea de a cuento de qué había entrado ese señor a la conversación. Lo normal suele ser hablar de madres, y en concreto de las madres ajenas, no las propias. Los únicos que mencionan a sus padres suelen ser los niños del colegio cuando están en una pelea, y he de decir que, si bien no puedo asegurar que ese señor haya ido al colegio o a cualquier tipo de lugar en el que le ofrezcan una educación de calidad mínimamente aceptable, sí que puedo afirmar que el tipo tiene demasiados pelos en los huevos como para andar amenazando con que su padre va a pegar a nadie. O bueno, viendo lo mucho que reluce su cabeza, tampoco puedo asegurar que tenga pelos ahí abajo - Supongo que tendré que preguntarle a Ashura si le da por machetearle las bolas - pensé, rascándome la cabeza pensativo. Si bien no veía un pimiento de lo que estaba pasando, sí que pude ver lo que parecía un nuevo ataque del tipo de los cuernos, en el que le escupía sangre al otro señor con un potente rugido. Era un ataque de lo más extraño, pero tampoco me sorprendía lo más mínimo, viendo quien lo estaba ejecutando.

Mientras esos dos energúmenos estaban ahí liados en su competición de ver quien machetea más fuerte, pude escuchar los gritos de varios tipos que parecían bastante animados por lo que estábamos haciendo. Estábamos era posiblemente una forma muy generosa de hablar, contando que yo estaba dedicándome a mirar lo que estaba pasando, aunque bueno, después de la pelea contra el horrendo señor que se transformaba en adorable chihuahua, yo creo que me había ganado un merecido descanso. Aquellos tipos se retroalimentaron al punto de ponerse a cargar contra el más bajo de los competidores de la Copa Macheteación. Parecían muy animados con la libertad, aunque conociendo a Ashura, no estaba yo muy seguro de que él entendiera el significado de aquella palabra.

Estaban pasando un sinfín de cosas a mi alrededor. De hecho, estaban sucediendo muchas más cosas de las que podía procesar, y el sobreesfuerzo de intentar enterarme de lo que acontecía hizo que me empezara a picar el gusanillo. Como que no quiere la cosa, deslicé mi mano izquierda dentro de la bolsa que portaba. Rebusqué un poco, con cierta dificultad, antes de sacar una de las mandarinas que me habían sobrado. Con cuidado y sin dejar de mirar al lugar en el que parecía estar sucediendo toda la acción, comencé a pelarla despacio, antes de empezar a comerme aquella delicia.


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#39
Habia fallado mi ataque, pero esto le dio la oportunidad a Ashura, me daba por bien servido. El hombre de las trenzas comenzó a hablar o gritar, pidiéndole a Ashura que cayera de una vez, aproveche de cambiar mi haki de obversación a su versión más avanzada, ajustándolo a 10 metros, sintiendo tanto a Ashura como al caballero de las trenzas y repare en que ambos tenían un aura similar, al menos en color.

El caballero calvo y tuerto siguió con su charla, diciendo que el gobernada esta tierra, eso era verdad, pero nosotros habíamos venido a dar un golpe de estado… aunque pensándolo bien, es un golpe AL estado, pues nosotros no formamos parte de sus piratas.

Mis ojos estaban fijos en el caballero de las trenzas y escuche como Ashura gritaba una frase "Deferencia", aproveche el momento para ajustar mi posición desplazándome 2 metros hacia mi derecha describiendo un arco y quedar asi al costado del hombre que era nuestro enemigo. Flexione mis piernas, las 4 de ellas pues seguía transformado en un centauro, imbuí mí brazo izquierdo y el derecho en haki de armamento avanzado, esperando el momento justo.

Cuando mi capitan grito el nombre de su tecnica ¡DESESPERACIÓN! Yo supe que ese era el momento justo, asi que luego de que el ejecutara su tecnica, yo grité, envalentonado por las acciones del demonio del humo.!Kiryu kirikugi¡ . – Al mismo tiempo que hacia batir mis alas de Pegaso, acortando la distancia que me separaba del hombre de las trenzas, 6 metros en un abrir y cerrar de ojos y lo golpee no una, sino dos veces, una con cada puño, en el pecho a la altura de su corazón, pero no me detuve, y volvi a golpear una tercera vez y cuarta vez, como si de un combo de boxeo se tratara, pero recordando, la enseñanza que una vez me dijo Ashura… aunque siendo sinceros la manera correcta seria decir, la enseñanza que aprendí luego de que Ashura me atizara, es que mi valía era mi velocidad y mi movimiento, cosa que ya habia demostrado, así que luego de golpearlo por 3era vez, volvi a poner distancia entre nosotros, ayudado como siempre por mis alas de Pegaso, desplazándome al lugar de donde habia atacado, pero esta vez quedando a 10 metros del caballero de las trenzas y con tono desafiante le dije. - ¡SEREMOS NOSOTROS LOS MUSHOKU LOS QUE TE DERROTAREMOS Y PONDREMOS FIN A TU HISTORIA, HOMBRE SIN PELO!

quizás no era el insulto más original e hiriente, pero soy cantante y lo de insultar no se me da bien.

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#40
Leyenda


"Parece que hasta aquí a llegado mi corta pero intensa vida-don" Pensé mientras seguía descendiendo y ya me encontraba muy cerca del suelo, no estaba triste, tampoco tenía miedo, en el fondo iba a encontrarme con mis padres, así que sonreí sin temor ninguno, aceptando mi destino.

De repente vi un destello blanco pasar por mis ojos y después como mi cuerpo se frenaba y dejaba de caer, para luego seguir bajando pero a una velocidad suficiente como para que pudiese poner los pies y caer de pie. En un principio no dije nada, estaba en shock, me había concienciado tanto de que iba a morir, que ver que seguía vivo me paralizó un instante.
  
- ¡Muchas gracias-don! Pensaba que era mi maldito final-don. Ese maldito pájaro-don... - Exclamé segundos después, cuando ya volví en sí y miraba hacía el cielo. Donde no pude ver a Raida. "Será mejor que me cubra entrando en algún edificio-don" Pensé buscando con la mirada el edificio más cercano. "Ese me valdrá-don..." me dije al ver uno a apensa diez metros de mi posición. Antes de empezar a correr escuche como alguien pedía vendajes o algún tipo de material para curarse, no identifique la voz como alguien conocido, por eso intuí que era alguno de los piratas que habían invadido la isla.

"Justo ese edificio creo que es donde guardan todas las mercancías que llegan a la isla antes de repartirlas a los diferentes negocios-don..." Me dije mientras recorría la distancia que me separaba hasta el edificio. "Si les consigo las vendas o ungüentos podré darse-los como agradecimiento por salvarme la vida-don" Seguí pensando al llegar al edificio y me estampaba contra la puerta con mi hombro derecho como si le hiciese un placaje, tirando la puerta abajo y cayendo al suelo.

Con una sonrisa en la cara me puse en pie y miré a mi alrededor, no me había equivocado aquel era el edificio al que me refería, todo mi alrededor estaba repleto de estanterías y cajas enormes repletas de cosas. Sin perder el tiempo me puse a rebuscar por todas ellas, esperando encontrar algún tipo de medicamento, vendas o ungüentos.


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