[Pr Rel - Av T4] Un Oasis de Ilusiones
#21

Antes de poder tener interacción con la mujer que le movía mucho más que el piso, automáticamente, una línea lateral atravesó la espalda del pelirrojo a medio camino de poder alcanzarle. La sensación del filo, ese que atravesó el lateral de su cuerpo y que debido a la tremenda marabunta de personas, polvadera e incluso el propio humo destellante provocado por sus nuevas habilidades totalmente carentes de control, hicieron que, prácticamente de la nada, apareciese el impacto como si de un destello se tratase.

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-¡¡!!-

Solo cuando el mismo dio de lleno contra él fue capaz de voltear su rostro en dirección hacia el mismo, incluso, provocándole un pequeño corte justo debajo del ojo derecho y, pese a ser superficial, sangrante como las otras dos líneas que ahora oscilaban en su cuerpo: Una diagonal que completaba su cuerpo desnudo y, ahora, otra en su costado izquierdo igual de dolorosa que la primera. Pese al impacto y al daño, Owen no retrocedió ni un solo milímetro de su posición original, cerrando el ojo que casi le es arrebatado por culpa de su movimiento involuntario y siguiendo con su marcha hasta colocarse por delante de la muchachita.

El desastre en aquel mercado se había gestado de manera tan atroz que las tasas del municipio subirán simple y llanamente para poder palear los daños del escándalo provocado por el accionar de ambos dos. Owen, por su parte, creía que sus explosiones y su agresividad repentina habían provocado una alteración poderosa en el orden público en el cual las fuerzas de autoridad deberían actuar, ah...si sólo supiese que es un adulto joven de pelo rojo en pelotas llamando la atención, incluso, el Marine de mayor rango no parecía para nada sorprendido con el espectáculo de lucecitas y colores en el cual el muchacho era especialista -Gwen, tenemos que- y, justo en el instante que el muchacho iba a cargar a sus espaldas a la chica, la voz algo avejentada y fuertemente seria apareció, la misma que ya conocía perfectamente y que le había obligado su rendición en varias oportunidades.

– “El impresentable que está junto a usted es Owen Yang, un pirata con cartel de Wanted activo y recompensa por su captura. Si está siendo retenida contra su voluntad, dígamelo ahora. Nadie le hará daño.” –

[Imagen: U2BmKbn.png]
-Escúchame una cosita, cabr-

—¿De verdad me protegerá? ¡H-Hay algo allá afuera que es peor que Owen! Asustó a toda la gente del mercado, no sé cómo era —

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-...Gwen?-

Su corazón aún latía con la intensidad de mil demonios. Un Marine dándole dos heridas tan profundas y Gwen, que siempre buscaba mitigar el caos y los daños para, así, generar "ese dichoso mundo cambiado" del que tanto se jactaba Owen de conseguir, él, debido a su efervescencia, generaba caos allá por donde pasase. ¿Él solo? Ambos, tal vez y solo por eso las fuerzas de autoridad que siempre responden a un elemento superior los tenía en el punto de mira. Se mantuvo silente, lleno de violencia recorriéndole las venas y la adrenalina que le pedía a gritos pelear, apretando los puños hacia un sujeto que hablaba como si tuviese el control total y absoluto de la situación -¿¡A quién van a proteger ustedes!?- exclamó casi en respuesta automática el pelirrojo rebelde que, dando algunos pasos hacia adelante, quiso interponerse entre la muchachita del velo y el más veterano de los tres -¡Mira el escándalo que hay aquí!- por muy mentiroso que sea el pelirrojo, era cierto que habían fallado: En lugar de estar pendientes en proteger la seguridad pública, estaban más atentos de "mantener el status quo", el cual, aquella pareja, quebraba en toda ley. Sacudió su mano izquierda de lado a lado, como si estuviese repeliendo el mismo aire y, con ese ceño fruncido y colmillos marcados que le caracterizan, clavó sus orbes celeste brillante en el oficial -¡Estás más preocupado por pegarme a mi que por proteger a las personas que salieron lastimadas del escándalo que se armó!- escándalo que, en parte, era culpa del propio Owen, ciertamente, pero él buscaba defender su punto.

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-Observa a tu alrededor, joder. Cuando me cabree con ustedes por estar más pendientes por unos papelitos de tres al cuarto no me equivoqué al parecer.-

No buscaba convencerle, en lo absoluto, sino demostrar su punto inicial: La Marina no está para proteger a nadie, sino para "mantener contentos a los de arriba" -Fíjate lo que dice ella,- sabía que estaba mintiendo, Gwen tenía un mal mentir terriblemente difícil de ocultar (Aunque aprendió a tener "más malicia" desde que está con el pelirrojo). Necesitaba tener apoyo en esa mentira y la verborrea del chico siempre resultaba más propensa a ser efectiva, apretando su puño izquierdo mientras, a cada movimiento muscular y con el sol impactando justo sobre la copa de su cabeza, podía sentir el inmenso picor de cada espadazo sufrido -alguien vino, aterró a todo el mercado, tal vez lastimó a civiles inocentes, ¿Y tú estás obsesionado con capturarme a mi, subnormal?- el insulto estaba de más, pero no pudo contenerse -Si quieres que nos sigamos pegando, no tengo ningún problema. Pero yo te dije que cada uno podría haberse ido por su lado y nos ahorrábamos este escándalo.- frunció su ceño, determinadísimo, con esa personalidad avasallante que solo el chico podía tener y dejando en claro una cosa: Protegería a la muchacha hasta las últimas consecuencias.

El mercado había quedado completamente destrozado, al igual que los gemidos de algunos civiles que, angustiados por haber visto destrozado el fruto de su trabajo, se podían oír lamentándose antes de que quienes se jactaban de mantener el orden, ciertamente, pareciesen ausentes.

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#22
El Teniente Neko escucha cada palabra que sale de la boca de Owen. Los insultos, las acusaciones, el discurso sobre la Marina y su supuesta indiferencia hacia los civiles. Escucha todo sin que un solo músculo de su rostro curtido se mueva, sus ojos clavados en el pelirrojo desnudo y sangrante que se interpone entre él y Gwen. Las dos heridas sangran visiblemente bajo el sol de la tarde, el corte diagonal en el pecho y el lateral en el costado izquierdo. La sangre escurre lentamente sobre la piel del muchacho, mezclándose con el polvo y el sudor. Neko ve algo en los ojos de Owen que reconoce después de décadas en combate. El espíritu de lucha del pelirrojo se ha esfumado en el aire, vaporizado como un charco de agua bajo el ardiente calor de Nanohana, ya no está enfocado en el Teniente sino en proteger a la muchacha detrás de él. Para Neko, un oponente que ya no busca derrotarte sino simplemente sobrevivir y escapar es un oponente que ya ha perdido. El Teniente envaina su sable con un movimiento fluido, el sable hace un ‘Shhh…Clink’ entrando en la vaina. El sonido resuena en el mercado ahora semivacío, un sonido final que marca el término de un enfrentamiento que nunca llegó a ser lo que pudo haber sido. Neko mira a Owen directamente a los ojos y habla con el mismo tono controlado de siempre, pero ahora cargado con desdén – “No le debo explicaciones a un criminal.” – dice simplemente. No hay rabia en su voz, no hay frustración, solo hay desprecio por el pelirrojo – “Especialmente a uno que ha tirado la toalla.” – y le da la espalda completamente.
 
Neko camina hacia Gwen ignorando por completo a Owen como si el pelirrojo dejara de existir en ese momento. Su brazo derecho todavía duele por la quemadura de la explosión, pero funciona bien. Se detiene a un metro de distancia de la muchacha del velo, lo suficientemente cerca para que ella pueda escucharle claramente sin necesidad de levantar la voz, lo suficientemente lejos para no invadir su espacio personal de manera agresiva – “Jovencita.” – su tono cambia. Se suaviza perdiendo el filo que usó con Owen – “Entiendo que está asustada. Este mercado no es seguro ahora mismo, hay estructuras caídas, personas heridas, y ese individuo del que habla podría seguir cerca.” – hace una pausa breve. – “Necesito sacarla de aquí antes de que la situación empeore. ¿Me permite cargarla hasta un lugar seguro? Mis compañeros están en camino y podremos organizar una búsqueda apropiada de ese monstruo que menciona.” – extiende su mano izquierda hacia Gwen, la mano que no porta el sable, la mano que no está quemada. Un gesto de ayuda genuina en medio del caos del mercado destrozado.
 
Los sonidos de 90 pares de botas marchando sobre el mercado con dirección a donde se encuentra el Teniente Neko se empiezan a escuchar claramente dado el estado inhóspito del mercado. Neko sabe perfectamente que 90 soldados serán más que suficientes para capturar al pirata Owen Yang y poner fin a su carrera criminal, por lo que se enfoca en ayudar a una civil bella y ciega por encima de seguir con el combate de alguien quien ya ha sido derrotado, a ojos del Teniente.
 

 
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#23
Escuchó como Owen la apoya en su idea y no hizo nada más que sonreír para sus adentros, porque quizás ha entendido la idea, si existe algo peligroso ahí afuera, debe ser otra cosa ¿Qué ser podría espantar a 500 personas en unos segundos? ¡Y ya no queda nadie para decir la verdad! Es la palabra de ella contra la de nadie al parecer.

—C-Creo que lo mejor es ayudar a la gente, seguro muchas cosas pasaron con tantas personas avanzando así — no supo si es cierto o no, pero es lo que tuvo sentido en su mente — Más de alguien debe haberse lastimado — pero ella no, se ha mantenido intacta, seguramente porque fue la chispa de ese estallido.

Quedarse ahí no fue opción, quiso irse con Owen, aun así ¿Cuáles son las opciones que le quedan? Decir que no es sospechoso, pero el dejar al pelirrojo tampoco es una idea que aparece siquiera en su mente — No, prefiero que no — dio un paso atrás — No puedo confiar en nadie, la última vez intentaron robarme aquí ¿Cómo se que es de la marina si no puedo verlo? Me advirtieron que no aceptara ayuda de extraños — un paso la volvió a alejar.

—Oí que tenía el cabello rubio… solo solo sé eso, la verdad es que no lo vi. Es más, no me siento bien, desde que apareció esa persona — extendió su mano a otra dirección de manera discreta, no al Marine, por supuesto. Es obvio a quién se la quiso dar o buscar — ¿Cree que los demás se sientan igual? — buscó una manera de distraer al teniente, que se voltee unos segundos por mera curiosidad — ¿Y si es peor de lo que pienso?

Y si es un invierno que nunca más me puedo sacar, eso habría pensado seguramente, pero esa es la verdad que ya no puedo cambiar.

—Yo no necesito ayuda, pero el resto de la gente sí... no lo veo, pero puedo sentirlo

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#24
El pelirrojo desnudo observó cómo aquel Marine, guardando la espada, parecía querer detener aquella confrontación que había hecho perder los papeles del muchacho de forma tan veloz como enloquecida. Mientras sentía su cuerpo perder una y otra vez aquel líquido carmesí que goteaba ante un sol tan atronador como intenso, el muchacho se mantenía intermedio de posiciones entre su amada y el agente superior que, desafiante, aclaraba que no le debía explicaciones al chico, mucho menos luego de ver "cómo se había rendido" -¿¡Qué coño dices!?- apretó el puño delante suyo, ¿Rendirse? ¿En qué momento? Simplemente había desistido del combate para salir a socorrer a Gwen, algo que él hacía desde que tenía uso de razón y desde que la había conocido, actuando de aquella manera una y otra vez. Frunció el ceño con violencia y apretó, también, los dientes, casi buscando seguir provocándole, sintiendo, en parte, algo de humillación, ya que el chico tampoco lo enfrentaría si él no deseaba desenvainar su espada.

Fue nuevamente ignorado de manera criminal (Como lo era el chico) ante el agente que se mostraba reacio a cooperar contra el muchacho, dando por hecho que este ya no iba a darle ningún tipo de batalla. Desgraciadamente, el pelirrojo desconocía cual había sido la maniobra del anterior Marine que había huido. Owen, volteando su cuerpo en pelotas, mantenía una mirada de alto desprecio ante el Marine que demostraba, otra vez, lo desgraciados que podían ser: Hablaba con amabilidad, compañerismo y protección ante una Gwen que actuaba de manera completamente amena y víctima, dando por hecho que "hubo alguien o algo peor que ellos". Él sabía que ella había mentido, ya que siempre podía ver esos pequeños gestos que aún le hacían sufrir no decir la verdad en ninguna de sus formas, pero...el anciano, ¿Hablaba de manera protectora, específicamente, a ella? -Pero, ¿Este puto subnormal, qué cojones le pasa?- no comprendía para nada su actuar, ¿Le preocupaba específicamente la muchachita, luego de todos los heridos, mercados destruidos y personas en verdadero riesgo de vida, la cual no peligraba la de la chica? Es verdad que siempre su compañera tenía cierto "toque sagrado" con las personas, pero esto, ante los ojos del muchacho, era hasta ridículo.

Observó cómo extendía la mano para querer ayudar a su compañera, haciendo que algo visceral explotase dentro del joven. Él estaba desnudo, a sus lados, ya disipado en espirales, el humo, polvo y restos de humo se disiparon por completo para poder dejar en vista la misma escena que el muchacho había planteado y que, pese a que había sobreexagerado, no había mentido; Su mirada, que se desviaba hacia los lados, podía escuchar los quejidos de dolor de varios de los dueños de mercados que habían perdido el sustento de sus vidas, otros que, incluso, la pareja había intentado ayudar (con mentiras) a sobrellevar la desalentadora situación que, a veces, resultaba en ser tu propio jefe y el que ejerce el control de tu destino. Algunos heridos que intentaban ayudarse entre sí, con una Marina que ni siquiera había llegado y el único agente disponible intentando "hacer de buen samaritano" con alguien que, objetivamente y más por estar ilesa, no necesitaba ayuda ninguna.

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-...estos...putísimos cabrones.-

Le había dado la espalda y, también, le había ignorado. Había dado por hecho, al parecer, que el chico se había rendido por completo ante aquella situación y, pese a que el picor de su cuerpo era atroz, aprovechó el cómo, en ese medio metro de diferencia que les separaba, hablaba sobre "realizar una búsqueda del monstruo que se menciona" para que, el muchacho, pasase justo por al lado izquierdo del Marine y le chocase con su cuerpo de forma tambaleante y de lado, casi en un movimiento brusco que más que involucrar un daño físico real, simplemente se comportaba como un choque de cuerpos, similar al que le había dado anteriormente.

Contenido Oculto


Colocándose justo con la muchachita a su lado, mirando al agente y con ambas palmas próximas entre si protegiendo su entrepierna para que no sea vista, el pelirrojo decidió actuar.
[Imagen: c7266377e88eb01b1c9610bd5cda6ada.jpg]
-Yo creo que debe-

¡BOOOOOOOOM!

Esas manos que parecían estar cerca para evitar que su masculinidad pudiese seguir siendo vista, ahora, chocaron entre sí para volver a generar esa explosión ruidosa, efusiva y muy luminosa que parecía ser capaz de producir de manera errática, descontrolaba y todavía sin saber exactamente el porqué se comportaba como se comportaba. Fue la pantalla suficiente para poder ganar tiempo y tomar a Gwen en esa pequeña cortina de humo, cargarla a su espalda de un empujón y, tomándole ambos brazos para que ella los ubique como un collar en su cuello, salir disparados hacia el lado derecho del mercado. Esquivando restos, personas y aprovechando un mercado ligeramente derruido pero no lo suficiente para ser escombros, el muchacho se detuvo un momento para permanecer oculto ante aquel agente que estaba más enfocado en detener a Owen que en salvar a las personas afectadas por el accionar de ellos mismos, ¿Irónico, no? -Gwen, necesitamos ganar un poco de tiempo.- balbuceó muy por lo bajo ya que solamente alguien con un oído tan fino con la chica podría escucharle en un tono tan leve y cercano, aprovechando los gemidos de dolor de los afectados y el cómo terminaban por caer tablones o los restos derruidos para mitigar aún más sus presencias -En cuanto sea seguro, salimos cagando leches.-.

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#25
La mano extendida de Neko espera la respuesta de Gwen cuando el cuerpo desnudo de Owen se desliza por su lado izquierdo. El choque es torpe, tambaleante, más un tropiezo que un ataque. Neko apenas se mueve, su postura firme absorbe el impacto sin esfuerzo. El pelirrojo se coloca junto a Gwen, sus manos cubriendo torpemente su entrepierna, su cuerpo sangrante bloqueando parcialmente la línea de visión del Teniente hacia la muchacha. Neko suspira. Va a repetir su oferta cuando las manos de Owen se juntan y causan una explosión que estalla a menos de dos metros de distancia del Teniente. Esta vez Neko levanta el brazo para protegerse los ojos, pero el daño ya está hecho y la luz cegadora llena su visión, el sonido retumba en sus oídos, y la nube de humo y polvo envuelve todo. Para cuando Neko baja el brazo, parpadeando para recuperar la visión, Owen y Gwen ya no están. El Teniente no corre tras ellos, puede escuchar movimiento entre los escombros, el sonido de pasos rápidos alejándose hacia algún lugar entre los puestos caídos, pues la quietud en el mercado tras el abandono masivo resalta el poco ruido que hacen Owen y Gwen, pero perseguirlos solo sería la forma exacta de darles la ventaja que buscan en este laberinto improvisado de madera y tela. En lugar de eso, Neko extrae su propio Den Den Mushi del cinturón. El animal responde inmediatamente, sus ojos abriéndose con atención – “Teniente Neko. El pirata Owen Yang ha huido con una civil hacia el sector este del mercado central. Está herido y desnudo, pero sigue siendo peligroso.” – hace una pausa, sus ojos moviéndose hacia donde Gwen estaba hace segundos – “Adicionalmente, investiguen a la joven que lo acompañaba. Femenina, joven, estatura promedio, cabello largo bicolor violeta y negro, velo blanco sobre los ojos, ciega. Necesito confirmación de identidad. Cambio.” – el Den Den Mushi transmite la orden y Neko espera.
 
Los sonidos de las botas marchando se hacen cada vez más fuertes. Noventa marines entrando al mercado desde las múltiples entradas del mismo, y se organizan en formación para abarcar el perímetro del mercado y cerrarlo poco a poco según avanzan al centro, según como lo han entrenado en innumerables ejercicios de práctica. La respuesta de su compañero en los muelles con los carteles de Wanted llega treinta segundos después – “Teniente Neko, confirmación de identidad recibida. La descripción de la joven coincide con cartel de Wanted activo. Nombre: Gwendolyn. Pirata con recompensa vigente. Repito, ambos individuos son piratas buscados. Cambio y fuera.” – los ojos de Neko se entrecierran aún más. La muchacha ciega, asustada, vulnerable, pidiendo protección contra un monstruo inexistente es otra pirata, por supuesto – “Cambio de órdenes.” – dice al Den Den Mushi, su voz tan fría y calmada como siempre – “Capturen a Owen Yang y Gwendolyn. Usen fuerza necesaria. El mercado está acordonado, no tienen salida. Procedan con precaución. Les espero en la base. Cambio y fuera.” – los noventa marines se despliegan en formación. Grupos de diez comienzan a moverse sistemáticamente entre los escombros del mercado, levantando toldos caídos, revisando detrás de puestos destruidos, avanzando metro a metro en un círculo que se cierra progresivamente desde el perímetro exterior hacia el centro. Otros treinta marines forman el cordón exterior, espaciados cada cinco metros en un círculo perfecto de aproximadamente 150 metros de radio que rodea completamente el área del mercado central. No hay forma de salir sin ser visto. El Teniente Neko, sabiendo que su equipo ejecutara sus órdenes a la perfección, guarda su Den Den Mushi y comienza a caminar hacia el sur. Su trabajo aquí ha terminado. Noventa marines son más que suficientes para capturar a dos piratas heridos y agotados escondidos en un mercado destruido sin salida.
 

 
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#26
Era bastante difícil distinguir, donde estaban ocultos, exactamente la posición del Marine que había generado aquellos dos cortes tan abrumadores en el cuerpo del pelirrojo. Adicionalmente, tropecientas botas podían escucharse chocar contra el pavimento de baldosas de estilo amarillento, pero para cualquiera medianamente avispado podía escucharse la voz alta del viejo agente que parecía darle, también, una oportunidad a la cacería de la propia Gwen -Miserable.- pensó el chico que, sabiendo que ella no buscó ni el más mínimo ápice de conflicto, parecía también estar siendo rastreada.

A su vez, el retumbar de las pisadas empezaba a incrementarse de forma tan progresiva que si alertaba al muchacho, sin duda alguna, ocurriría lo mismo con su compañera de velo blanco que gozaba de una audición excelsa. Protegidos por los escombros de una de las tiendas destrozadas por la turba furiosa, el muchacho buscaba que su compañera se mantuviese aferrada a él, dictaminando el paso para el proceder de escape del chico desnudo y ensangrentado -Al menos pude arrebatarle algo.- sentía aquel bulto en el antebrazo derecho, justo por dentro de su guante. El Marine parecía no haberlo notado, pero aquel empujón parecía haber logrado alguna que otra cosilla aunque no había tenido ni el más mínimo ápice de tiempo para saber el qué le había quitado -Gwen.- musitó su nombre, a la par podía escucharse el tono de voz de un agente completamente diferente al veterano y desgastado tono de voz del superior al que se había enfrentado, dejándole más de una herida en su cuerpo -Cuando de la orden, mantente aferrada a mi. Tenemos que salir pitando antes de que esto se ponga mucho peor.- con su acotación, buscaba que ella atendiera a la orden sencilla del chico que, alejado a múltiples metros y fácil de reconocer su posición debido a que tenía localizada su voz, el muchacho prestaba atención.

"Capturen a Owen Yang y Gwendolyn, usen fuerza necesaria" fue suficiente que tuvo que escuchar el chico de cabellos rojos para empezar a tensar su cuerpo y, progresivamente, mientras el goteo sanguíneo embadurnaba un poco a su compañera e igual lo hacía con el suelo, dejando un manchón que pintaba un suelo amarillento a uno carmesí y restos de polvo se pegaban sobre la planta de sus pies e, igualmente, lo hacía el profundo corte que tenía, decorándose por destellos amarillos -Gwen, voy a intentar una cosa.- podían escucharse las pisadas una y otra vez, amplificándose en intensidad -Agárrate a mi lo más fuerte que puedas.- comenzó a mirar ambas palmas. Podían escucharse a los que, muy probablemente, eran agentes que estaban rastreando a los dos jóvenes en apuros. Tablones que se levantaban y se tiraban hacia un costado. Tuvos metálicos repiqueteando. El tiempo se agotaba. Levantó la mirada, mirando hacia ningún lugar.

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-Ni se te ocurra fallarme, poderes de mierda.-

No sabía exactamente cómo lo hacía, así que simplemente se limitó a entender su funcionamiento. Empezó a enrrollar y estirar los dedos, como si estos tuviesen jabón y fuesen pegajosos, intentando secarlos. Los sacudió como si estuviesen enjabonados. El sol había golpeado demasiado en la copa de su cabeza y la intensidad del combate que lo había mantenido jadeando lo había envuelto en esa densa y difícil de explicar capa de sudor, una que no entendía ni porqué se comportaba como lo hacía -Uno.- susurro, muy para sus adentros -Dos.- unas pisadas que estaban prácticamente delante de ellos, comenzando a tomar uno de los escombros y pudiendo verse, a simple vista, los cabellos rojos y llamativos del pelirrojo.

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-¡TRES!-

¡BOOOOOOOOM!

Owen, estirando los brazos de par en par y de lado a lado (Como si estuviese realizando una brazada o ubicándolos en "T") buscó prolongar la distancia lo máximo que pudo. Apuntó hacia abajo, reconociendo qué es lo que podía ocurrir. Desde debajo de Owen (Más o menos la ingle) empezó a brotar un brillo gigantesco, abrumador, uno que generaba un resplandor casi instantáneo. El choque de las manos provocó una explosión tan enorme que provocó un caos aún mayor que el propio mercado cuando colapsó por sí mismo. Se levantó tanto polvo, tanto humo y trozos de escombros volaron en direcciones aleatorias de manera tan enloquecida que varios de los fragmentos de madera y metal salían exparcidos a varios de los agentes de la Marina allí presentes. No sabía qué había pasado porque había cerrado sus ojos justo en el instante que sintió el impacto de las dos manos chocando entre sí. Estaba preocupado que el daño de la misma lastimase a la mujer que más quería, pero necesitaba, sí o sí, evitar seguir prolongando aquella situación que se había salido tan fuertemente de control y, ganando un poco de tiempo con el humo, la polvareda y los fragmentos voladores de escombros volando por doquier, escapar con la chica de su vida que, herida, podría tratarla muy poco después -¡Vamos, Gwen! ¡Apuesto un millón de berries a que nos dejarán de joder por un tiempo!- exclamó el chico que, atrapando a la chica herida y aprovechando la fuerte distracción, comenzaba a correr hacia el norte de aquel mercado para, así, no explicarle a Sohem que casi fueron capturados por las fuerzas de autoridad y tuviese que intervenir en un escándalo en el que les cortaría una pierna, o dos.

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#27
Son muchas cosas las que ocurren y no pudo seguirle el ritmo a ninguna. Supuso que todo sería más fácil si pudiese ver, por eso solo le ha quedado escuchar lo que propone Owen. Una explosión no fue lo esperado y luego de la misma un pitido se posó en sus oídos, mientras los mismos se sienten confundidos, el mundo dio vueltas y de no ser por el pelirrojo se habría quedado atrás, preguntándose por qué no puede sentir nada, hasta que vuelve lentamente.

Son pasos, son respiraciones y finalmente las palabras de Owen. — Está bien, pero necesito que me avises… aunque no te escucho muy bien — no dijo el por qué, pero pudo suponer que un enorme sonido es lo que la ha aturdido ¡Aun así se tragó la molestia! Quedó adentro, escondida en un sitio que en un futuro pueda sacar, para preguntar.

El escuchar como es buscada de sorprendió, que la conozcan también fue una sorpresa que la obligó a separar los labios ¿Por qué? Si no ha hecho nada, en su mente no apareció ningún acto que pueda merecer ese resultado ¡Incluso si ha mentido, no es para tanto!

—Sí, deberíamos volver, no nos vayamos a meter en problemas con Sohem… — como si el montón de Marines no fuese la principal amenaza, simplemente se mantuvo cercana a él, asintiendo cuando escuchó la propuesta de Owen, aunque la misma llega a medias.

Su cuerpo se tensó al escuchar los números, porque es obvio que algo pasará al llegar al tres ¿Pero qué? La verdad, es que no necesita preguntarse, ya lo vivió una vez, por lo tanto solo apretó los labios al sentir el impacto, es uno que la alejó y la hizo rodar ligeramente, porque sus manos se resistieron, para no ir más allá — ¡Owen! — hizo un ademán de levantarse, pero el cuerpo le dolió, lo suficiente como para volver a quejarse — ¡Aquí estoy! — aquí, aquí, aquí, habría repetido hasta que llegue, pero el humo y el impacto le impidieron seguir soltando palabras.

Solo quedó un frío ligero que impidió que la piel se queme, que la misma no se lastime más, porque el impacto directo ha sido suficiente.

Se dejó cargar, no subió la temperatura del cuerpo para no molestar, simplemente se aferró con más fuerza del muchacho, sintiendo su piel — ¿Q-Qué le pasó a tu ropa? — es una pregunta que ha llegado mal y tarde, pero apareció en el mar de dudas, como si fuese importante.

—B-Bueno, no importa, solo vámonos

Vámonos de aquí para no volver.

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#28
La cuenta hasta tres de Owen se escucha en todo el mercado el cual ha quedado en silencio tras la salida de los mercaderes y compradores. Aplaude con todas sus fuerzas, sus brazos extendidos en forma de T, apuntando hacia abajo y lo que sucede a continuación escapa completamente a su control y comprensión pues desconoce por completo el lore de los poderes que obtuvo tras consumir una akuma no mi. Un resplandor cegador brota desde la zona de su ingle, iluminando todo el sector como si un segundo sol hubiera aparecido momentáneamente en medio del mercado. La explosión se expande en todas direcciones desde el punto de origen, una esfera de devastación pura que alcanza veinte metros de radio y convierte todo a su paso en caos absoluto. Los marines que estaban levantando los escombros muy cerca de encontrarles a apenas tres o cuatro metros de distancia reciben el impacto completo de la onda expansiva. Sus cuerpos salen disparados hacia atrás como muñecos de trapo, girando en el aire antes de estrellarse contra el suelo empedrado a más de diez metros de donde estaban. Los rifles escapan de sus manos, los cascos ruedan por las baldosas amarillentas, y quedan tendidos inmóviles, muertos antes de siquiera comprender qué los golpeó. Los marines que coordinaban la búsqueda desde posiciones ligeramente más alejadas, aquellos a ocho o diez metros revisando puestos caídos y dirigiendo a sus compañeros, reciben la onda expansiva con suficiente fuerza para derribarlos instantáneamente, dejándoles inconscientes, sus piernas fallan, caen de rodillas primero, y luego se desploman completamente sobre los escombros que hace segundos inspeccionaban. Incluso los marines que formaban el cordón de búsqueda más externo, aquellos a quince o dieciocho metros del epicentro verificando los últimos rincones del mercado antes de cerrar completamente el cerco, sienten el impacto. La explosión los alcanza con la misma intensidad suficiente para sacudir sus cuerpos violentamente haciéndolos tambalearse, sus oídos estallan con el pitido insoportable de la detonación, sus visiones se nublan, y uno tras otro van cayendo, sus cuerpos cediendo ante el trauma de la explosión masiva. Noventa marines, todos caídos, la mitad no volverán a levantarse nunca más. Una escena de terror se ha montado en el centro del mercado de Nanohana que los oriundos de la zona y los marines del país no olvidarán jamás.
 
Gwen tampoco escapa ilesa pues la explosión generada desde debajo de Owen la lanza hacia atrás con fuerza brutal, sus manos intentan mantenerse aferradas al pelirrojo pero la física es implacable. Su cuerpo sale despedido, rueda sobre el suelo empedrado, su túnica marfil ensuciándose con polvo y fragmentos de escombros, su velo blanco desplazándose sobre su rostro. El impacto directo duele, sus oídos explotan con un pitido insoportable que ahoga todos los demás sonidos, el mundo da vueltas aunque no pueda verlo, y su cuerpo genera instintivamente esa capa de frío protector alrededor de su piel que mitiga las quemaduras que de otra forma habría sufrido por el calor extremo de la detonación. Owen la encuentra entre el humo y el polvo. Su voz llamándola, su cuerpo moviéndose hacia donde ella responde con un grito. La carga sintiendo cómo ella se aferra con más fuerza esta vez, sus manos tocando directamente la piel desnuda del pelirrojo y, sin explicaciones, corre hacia el norte del mercado, alejándose del epicentro de destrucción que acaba de causar. Sus pies descalzos golpean el suelo empedrado esquivando marines caídos por todas partes, cuerpos tendidos inconscientes entre los escombros, rifles abandonados, cascos rodando. Salta sobre toldos destrozados, pasa entre lo que queda de los puestos permanentes reducidos a astillas de madera. La sangre de sus heridas continúa escurriendo, el corte diagonal en su pecho y el lateral en su costado dejando un rastro carmesí sobre las baldosas amarillentas que marca exactamente la ruta de su escape, pero no hay nadie consciente para seguirlo. El pelirrojo sigue corriendo, alejándose más y más del mercado central, poniendo distancia entre ellos y las fuerzas de la Marina que eventualmente se recuperarán. En su antebrazo derecho, dentro del guante que de alguna manera sobrevivió a las explosiones, descansa el objeto que le quitó al Teniente Neko durante ese empujón que pareció tan torpe. Owen todavía no ha tenido tiempo de verificar qué es, pero puede sentir su forma redondeada y su peso ligero presionando contra su piel. Una piedra del desierto. Apenas del tamaño de su pulgar, de superficie lisa y color que no puede distinguir hasta que pueda examinarla con calma.
 
En el cuartel de la Marina del puerto de Nanohana, el Teniente Neko está a mitad de su reporte escrito cuando su mano derecha, la mano quemada, se mueve instintivamente hacia el bolsillo lateral de su chaqueta. El bolsillo donde siempre guarda su piedra de la suerte, pues encontrar una piedra en el desierto tiene el mismo impacto que encontrar un trébol de cuatro hojas en el campo, esa que ha llevado consigo durante tantos años, la que ha sobrevivido incontables batallas y que toca cada mañana antes de salir de patrulla… el bolsillo está vacío. Neko frunce el ceño, revisa el otro bolsillo, luego revisa su cinturón, sus manos revisan cada centímetro de su uniforme mientras su mente retrocede el tiempo haciendo de inspector imaginario, buscando en sus recuerdos el lugar en el que había dejado, o perdido, su tesoro. Los ojos del Teniente se entrecierran mientras mira hacia la ventana de su oficina, en dirección al mercado central que ya no puede ver desde aquí pero que sabe está exactamente al norte. Sus dedos tamborilean una vez sobre el escritorio. El pelirrojo. Owen Yang. Ese empujón torpe antes de la segunda explosión – “Mocoso astuto” – murmura para sí mismo, y algo que casi podría confundirse con una sonrisa aparece brevemente en la comisura de sus labios antes de desvanecerse tan rápido como llegó.
 
El teniente desconoce que aquel mocoso ha acabado con sus noventa marines y no volverá a ver su piedra jamás.
 

 
Datos de Interes

Belico

OFF
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#29
No pensó que funcionaría, bueno, al menos no de una manera tan atroz como había ocurrido. Del aplauso de Owen se generó una explosión gigantesca, abrumadora, una que alcanzaba un diámetro tan enorme que se formaba en cúpula y tronaba con una intensidad sin igual, haciendo que muchos de los Marines presentes (En búsqueda del duo) callesen entre inconscientes y muertos, generando una escena tan abrumadoramente espantosa que, en cuanto el humo comenzó a disiparse, pudiese ver el destrozo que había provocado.

[Imagen: 8798e29f41f393d6e479cba95251f8e0.jpg]
-...no.-

Sí, él se había vuelto un chico explosivo. Sí, él lo comprendía, pero no creía que tuviese un potencial tan gigantesco ni atronador. La expansión de la explosión creyó que sería algo más nimio, escueto, al menos lo suficientemente abundante solo para ganar un poco de tiempo, pero debían priorizar su supervivencia y nada más que eso -Gwen, nos vamos.- comentó el pelirrojo mirando con una verguenza abrumadora su accionar; Nunca quiso matar a absolutamente nadie y siempre creyó que, como último recurso y por su supervivencia, siempre sería viable y correcto...esto no quitaba lo traumático, horroroso y lúgubre de una escena que había comenzado simpática, y había terminado en un escándalo sin precedentes. Manchones de sangre quedaban en su rostro no de los agentes, sino, de la herida con intensa hemorragia que brotaba de su pecho y, debido a sus bruscos movimientos, goteó hasta su cara.

Ya alejados del mercado y pudiendo ocultarse entre las sombras de aquella soleadísima ciudad, aquellos pasillos de bloque de arenisca permitía que uno pudiese esconderse en ciertos recovecos si se iba de lado, deslizándose como un cangrejo -Mira hacia la izquierda, así puedes pasar.- acotaba el chico que, buscando hacerle entender dónde se estaban metiendo con la mujercita, tomaban la suficiente distancia para, así, pasar lo más desapercibidos que se pueda hasta volver al barco de Sohem Burnedead. Tal vez así, y solo así, las aguas se calmen producto de su terrible accionar.

Un cuadrado exacto, de cuatro por cuatro y de paredes muy altas, finalizaba con el pasillito angosto. No llegaba a golpear el sol, parecía el típico patio de un conjunto de casas donde la gente cuelga su ropa a secar o deposita comida no perecedera. El pecho que goteaba líquido carmesí del chico, inflándose y desinflándose, se detuvo de mirar hacia atrás. Delante de él yacía la muchacha que, con su mano y cuerpo, la había guiado hasta donde se encontraban. Rostro con rostro y recibiendo un flashback atroz de la imagen mental que quedó en su cabeza, frunció su ceño y miró hacia el suelo, apretando los dientes -No puedo permitir que algo así vuelva a pasar.- algo que hacía Owen, en muchas ocasiones, era tomar ventaja de la falta de visión de Gwen para, así, omitir ciertos detalles de situaciones escabrozas o, al menos, hablarla con más calma más adelante. El chico, pese a parecer un tiro al aire, solía tener mucha inteligencia emocional -No...tuve opción. Ni siquiera- empezó a girar las muñecas para verse ambas palmas, las cuales lucían humeantes, como si se evaporara el sudor de unas manos que no cesaban de temblar por la adrenalina y la explosión de hormonas en su interior -sé como se usa esto.- apretó su puño izquierdo, cerrando los ojos con fuerza -¿Estás bien?- porque las ropas de la chica, debido al abrumador "boom", se habían visto lastimadas, algo desgarradas y cortadas -Debo aprender sí o sí controlar esta mierda. Así estén del lado incorrecto,- dirigió sus ojos celeste brillante en la chica, tan serio como sentenciante.

[Imagen: ZEPDy2B.png]
-apuesto un millón de berrys a que me volveré el usuario de fruta más fuerte del mundo, sin dañar a quien no lo merezca.-

Obviamente, sin seguirle exactamente a Gwen "qué es lo que ha hecho".

Ella no es tonta, de todas maneras.

Al revisar su muñeca derecha con su mano izquierda, pudiendo sentir el goteo sanguíneo que decoraba el suelo a sus pies, pudo sentir el tacto liso de un objeto sin igual. Algo que, de forma impresionante, cambiaría su vida para siem- -¿Una piedrita?- sí, una piedrita, una que tenía todos los detalles propios de algo sin igual para poder encontrarle en semejantes dunas y desiertos. Volvió a guardarlo en su guante, tal vez podría servir para el futuro, ¿O no?.

Defuse the Bomb:
-Hablo- , Narro , -Pienso-
[Imagen: Fusaneitor.gif]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1871 - 50 = 1821
Energia: 1406 + 18 = 1424
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#30
No se podría llamar solución a lo que han hecho, pero en realidad nunca hubo pregunta de cómo lo resolverán, solo un problema que se presentó en la puerta. Aun así… todo ha sido tan caótico que sintió arrepentimiento de cada paso que han dado, porque han aterrorizado a la gente sin una buena razón, todo estaba bien y ahora le pareció que todo está tan mal, que ¿Qué podría decir? Entregarse no fue una opción, es la última en la lista ¡Incluso si Owen se hubiese entregado! Habría intentado hacer algo más.

La voz de Owen la sacó de sus pensamientos, esos que circularon y se arremolinaron, porque no sintió que pueda dejarlos ir con tanta facilidad ¿No se supone que quieren salvar a la gente? Ahí solo se encontró destrozos por personas que no quieren lastimar, pero es así, como si las costumbres del hombre dueño del barco que los ha traído se les hubiese contagiado.

Quizás de tener tiempo habría fruncido el ceño, pero no tuvo ni un segundo para eso, simplemente se dejó guiar entre la nada llena de obstáculos que no ve.

—Está bien — un pasillo que sintió por la presión del cuerpo, un lugar que no tiene final para ella y que pidió que pierda el aire para avanzar con mayor facilidad. — Deberíamos… — es un susurro que no legó a salir, una intención que quedó ahí, atrapada en sus labios, porque ninguno lo ha hecho bien. Solo que no pudo ver qué tan mal ha sido ¿Es mejor seguir ignorante o ver la realidad de las cosas? Una buena pregunta sin respuesta.

Su rostro bajó, de poder ver habría fijado sus ojos en el suelo, aun así no pasó — Estoy bien — es la respuesta más simple de dar, porque el destriparla solo los herirá más ¿Cómo preguntarle qué ha pasado allá? Porque de toda la gente en la marcha, nadie se ha movido lo suficiente como causar un sonido que pueda reconocer — Solo… preocupada — finalmente habló lo que debió declarar desde el primer segundo, esa sensación que se subió cuando le pidieron documentos que nunca existieron.

—Eso espero

Pero suena a mentira, se escucha a un sueño más difícil que ver sin ver, porque ha probado la maldición de Owen en ese instante — ¿Crees que nos regañen en el barco? Ya sabes, salimos y creo que armamos un escándalo — golpeó con suavidad su ropa, suficientes toques para que salga el polvo, pero que la marca del suelo no desaparezca, seguirá ahí, evidenciando que algo pasó, pero no qué.

Me caí

Esa sería la respuesta normal, la que siempre aparece cuando algo ocurre. Se ha caído por no ver, aunque ésta vez, no es silenciosa, no lleva una queja ahogada, sino más bien un amargor que no se quita.

—Vámonos. Seguro se preocupan por nosotros.

O no.

ପ(๑ˊᗜˋ๑)ଓ -
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