El arma clavándose en el hombre de arcilla no generó sorpresa alguna. Niichi sabía que no le haría daño, tan solo fue su intento desesperado por darle algo más de tiempo a su hermano.
Lo que transcurrió a continuación apenas fue una muestra más de la arrogancia humana. Sin temor, resentimiento o malestar, Tezca tan solo le dio la espalda a su oponente para abandonar el restaurante.
El infierno se cernía sobre ellos, el humo impedía que respiraran, los gritos desorientaban, pero aun con todo eso encima, la humillación al guerrero hizo que su sangre hirviera. Sin embargo, no hizo nada, el escudo de arcilla desapareció como por arte de magia con la salida del rubio y el de cabeza de medusa, corrió para socorrer a su hermano Chichi con la intención de poder escapar antes de que el fuego terminara de consumir el lugar con todos adentro.
Una vez desechó el muro de arcilla, los comensales, corrieron desesperados a la ventana que Sanchi había quebrado, lanzándose por ella como animales, tosiendo y resintiéndose del dolor.
En menos de unos minutos varios médicos llegaron al lugar, con algunos miembros de la comunidad. Y allí se encontraba Lorenzzo, con una sonrisa en el rostro frente a su restaurante. “¡Eccezionale!” Canturreaba el pequeño hombre mientras agitaba la mano de Tezca. “¡Davvero impressionante!” Continúo elogiando al usuario logia. “¡Grazie! ¡Te debo la vida mío amico! ¡Per favore! ¡Toma este dinero por haber protegido el mio ristorante!” Una bolsa de berrys se posó sobre la mano del oji azul, mientras el anfitrión actuaba frente a todas las miradas.
Era bastante evidente que su única intención era quedar bien ante el ojo público, por eso ofrecía dinero al chico, por haber lidiado con el atraco; aunque la verdad era que no hizo nada heroico, ni siquiera protegió a los civiles que estaban dentro. Pero eso solo lo sabían los comensales que yacían moribundos en el callejón, tras salir algunos con vida.
Lorenzzo era un hombre ingenioso, no tardó en salir por la cocina cuando lo peor inició. Y ahora, utilizaba el momento para ganar aún más prestigio al mostrarse como un agradecido dueño de restaurante. “¡Ohhh nooo, miii ristorannnteeee!” Pareció acordarse de que debía actuar también dolor al ver su restaurante en llamas, pero mientras no lo veían, se relamía los labios, pensando en la cuantiosa suma que ganaría con el seguro.
Viéndolo desde la espalda, Tezca también tendría opción de robarle la billetera en su bolsillo trasero. Tendría que agarrarle el culo, pero seguro no era la primera vez que hacia algo así.

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