[Presente Absoluto] Ozymandias
#11
Cerca de 5 años… Cerca de 5 años habían pasado desde que decidí aventurarme a recorrer el mundo, tal y como hice allá en mi lejana y violenta juventud. Desde que había abandonado mi preciado hogar y el puesto de Gran Jefe del gremio All Hunt tras presenciar que mi querido y amado primogénito se hallaba más que preparado para asumir el cargo, eran incontables las veces que se me pasaba por la cabeza volver, pues echaba de menos a mi retoño, la luz de mis ojos. Pero un padre debía saber cuando sus enseñanzas ya no eran necesarias y, además, sabía a ciencia cierta que Shiraion estaba en buenas manos al haber dejado a Bjorn, mi más leal y viejo amigo, a su atento cuidado. Por otro lado, durante mi actual viaje, había sido testigos de sendos paisajes, algunos ya bien conocidos dada mi vasta experiencia, y otros completamente nuevos… Paisajes de esos que eran capaz de quitarte el hipo con tan solo mirarlos. Aquella ansia por descubrir cualquier rincón de este extenso mundo, junto a mi anhelo de guerrero por buscar batirme contra poderosos y formidables luchadores y combatientes, hacían de este viaje la mejor de las experiencias que un hombre podía tener antes de su partida final.

En esta ocasión, iba transitando por las bulliciosas calles de Rainbase, una de las grandes metrópolis que se podía visitar en Arabasta, mientras me deleitaba del sabor y el tacto del humo danzando en el interior de mi boca con cada calada que daba en mi apreciada pipa, empuñada con mi diestra. El cielo, que cubría a todos nosotros con su despejado manto azul, dejaba entrever que debía ser una hora cercana al mediodía, con el astro rey alcanzando su etapa cuasi cenital. Sus rayos, aunque agradables, eran impenetrables en mi piel, al llevar por encima un gran manto de color grisáceo para tapar mi figura y mi rostro pues, se suponía que un servidor debía llevar aproximadamente cinco años muerto, y si bien podía usar los poderes de mi Akuma no Mi para pasar desapercibido, prefería ahora mismo mil veces mantener un paseo normal. Para mí desgracia, cuando mides cerca de 4 metros y caminas fumando una enorme pipa de adornos dorados, una mera manta no es suficiente como para hacerte invisible, haciendo incluso que mis majestuosos y canosos bigotes sobresalieran por los lados de mi improvisada capucha. Algunos transeúntes, ante mi increíble complexión y mi nula aptitud para la discreción, se apartaban y miraban a través de mi poco elaborado disfraz. Sus caras, llenas de incredulidad y temor, eran suficiente como para saber qué estaban siendo testigos de un fantasma, una presencia de ultratumba.

Conforme seguía caminando por la infestada calle, acabamos divisando una suerte de arcos de tonos blanquecinos, compuestos de un material arcilloso, y que remataban con columnas - entre arco y arco - que se apoyaban sobre el mismísimo suelo. Estando a unos 70 metros de aquella obra de la arquitectura, y con mi Kenbunshoku Haki activo a 150 metros de distancia, empecé a detectar distintas presencias, a cada cuál más interesante que la anterior.- Hijo. - Me dirigí - tras apartar de mi rostro la boquilla de mi pipa - a mí fiel y alborotador acompañante, Burrich, quién en contra de mi voluntad había decidido seguirme lealmente desde mi partida, mas que con el tiempo acabé atesorando gratamente su compañía. Era como verme a mí mismo en mi juventud, y quizás eso era lo que me gustaba de él. - Más allá de aquellos arcos, detecto presencias que… - Fui expresando pero, conforme iba viendo que Burrich seguía caminando a su bola sin prestarme la más mínima atención, desistí en informarle.- Este mocoso imprudente… - Suspiré, volviendo a embriagarme del humo de mi adornado puro, para seguidamente expulsarlo paulatinamente por la nariz. Total, en la dirección que íbamos, acabaría topándose con ellos tarde o temprano. Sólo esperaba que su altanería y estupidez no fuera suficiente como para enfrentarse al individuo del aura rosada y llameante, que reflejaba el rugido de un mismísimo volcán. Estaba claro que mi acompañante no tenía nada que hacer en contra de alguien como él, poseedor de la ambición de un soberano. Había otros dos individuos que tenían la virtud de reinar sobre los demás, pero aún estaban a años de luz del primero y, sobre todo, de un servidor, Parecía que permanecer tanto tiempo en esta isla desértica, a pesar de los infinitos reproches de Burrich, había dado sus frutos.

Continué mi paso, con firmeza, traspasando las columnas que daban lugar a la plaza central, centrando mi mirada en las distintas figuras que, por su representación y relieve, debía pertenecer a grandes personajes de otrora época. Y es que, esta ciudad, rebosante de vida, era un digno ejemplo de cómo su excelente arquitectura era capaz de trascender al mismísimo tiempo, dándonos a conocer a los grandes visionarios y leyendas del pasado a aquellos que habitamos el presente y que, gracias a sus hazañas, podamos inspirarnos en poder forjar un futuro. Mi largo y encrespado camino en el ámbito del saber, me había llevado a apreciar detalles insignificantes como aquel.


Para mí aciaga fortuna, el patoso de Burrich bramó a los cuatro vientos mi nombre, haciendo que mi ensimismamiento se esfumara por completo y causando que me volteara inmediatamente hacia aquella dirección, con el ceño fruncido - para nada visible gracias a mi manto -, y procediendo agarrar con mayor firmeza a mi pipa por su centro de gravedad. Sin dar oportunidad a que toda la muchedumbre se percatara de mi presencia, alcé mi brazo derecho hacia el cielo, comenzando a girar de forma vertiginosa mi fiel pipa y arma por igual sobre mi mano, teniendo mi propio brazo como eje de giro, extinguiendo el humo de la cazoleta y causando que una violenta corriente de aire de tonalidades rojizas y anaranjadas se levantara bruscamente a mí alrededor, corriente de aire que abruptamente se tornó en un mismísimo vendaval, teniéndome a mí mismo como el ojo de huracán, como si promulgara la llegada del mismísimo otoño. De forma fortuita, todo lo que había dentro de la plaza, comenzó a levantarse repentinamente del suelo y salir volando, incluyendo al torpe de mi seguidor y el manto que me cubría con anterioridad, revelando mi intimidante aspecto. Pero esperaba que el sujeto de la aura majestuosa no sufriera aquel destino. Vaya que así fue.

Conforme seguía girando mi Zuìzhōng Pànjué, caminaba lentamente hacia mi objetivo, ahondando en mis sentidos, como una gota de rocío cayendo en el estanque sin formar ni una sola onda, para esquivar a las innumerables personas y objetos que seguían volando de forma errática en un aluvión de gritos y chillidos. Fue ahí que pude divisar con mejor ocasión con quién estaba tratando pues, ese casco, era inconfundible. Apenas recordaba cuando, allá hace 6 años, apareció aquel novato cazador que, bajo el gremio de Magna, prometía hacer competencia a los grandes como era All Hunt. Desde ese entonces, no eran pocas las ediciones del periódico en las que narraban su meteórica trayectoria, hasta llegar a lo que era hoy en día, un todopoderoso Dios del Inframundo tras la dimisión del antiguo Señor de la Moneda, Nitobo Ilime. Sin lugar a dudas, me había tocado con todo un pez gordo. Se trataba nada más y nada menos que Sohem Burnedead.

Cuando me encontré a 10 metros de distancia de él, detuve mi caminata, así como el giro de mi pipa, haciendo que las fuertes corrientes huracanadas originadas por mi cesaran poco a poco, dejando que no hubiera ni un alma dentro de la plaza salvo él y un servidor, además de una pequeña presencia, con un aura de colores parecidos a los de mi objetivo - pero muchísimo más débil que ésta -, estando ubicada a unos 60 metros de mi y alineándose perfectamente conmigo y Sohem. Pasé a empuñar mi pipa - aún con mi diestra -, próximo al extremo cercano de la boquilla, flexionando mi brazo derecho y haciendo que reposara la vara sobre mis dos hombros. Al mismo tiempo, flexiones levemente mis rodillas, mientras extendía hacia abajo mi siniestra, con la palma de dicha mano encarando hacia su figura, en señal de ofrenda y respeto.- Por favor, hijo, permite que esta vieja bestia sin nombre afile sus desgastados colmillos y garras una vez más-kozo. - Me introduje, de forma honorable y anónima, en una escena en la que, teniendo de testigo mudo un majestuoso edificio de color jade, prometía ser el inicio de una contienda de niveles legendarios y épicos.

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INFO
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 20163 + 0 = 20163
Energia: 12100 - 1400 = 10700
Espiritu: 4710 - 37 = 4673
#12
La expansión de mi haki me hizo darme cuenta de que el verdadero peligro no eran estos dos soplagaitas que habían aparecido pidiendo una paliza. Eran otros tres que aun estaban por llegar. Dos de ellos con un aura aun más poderosa que los dos tipos enormes que tenía delante, y un tercero.... Sentí un escalofrío. Por primera vez en muchísimo tiempo, me sentí vulnerable. Por primera vez, incluso contando nuestro encuentro con la Shichibukai aquella de medio pelo que vino a molestarnos cuando reclamé mi isla, sentía que iba a tener algún problema. Un aura como sólo había sentido antes tres veces: Una en Marineford, de manos de la madre de la puta de Triana Tempesta. Y las otras dos en Sabaody, provenientes de Verus y de aquel Yonko que me había dado la oportunidad de mejorarme a mi mismo. Por primera vez desde hacía dos años sentía que la persona que se aproximaba hacia mi verdaderamente iba a suponer un problema si hacía las cosas mal.
Su aura era llameante, del color del fuego mismo, y se aproximaba calmado hacia nuestra posición.

Era consciente de mi y de los que me acompañaban, pues esa ansia de combate era difícil de camuflar y podía notarse de sobra, pero no hizo falta mucho más Kenbunshoku cuando decidió hacer una verdadera aparición en escena, pudiendo verle perfectamente desde la distancia que nos separaba debido a su gran tamaño y sus acciones. Giraba sobre si mismo una gran arma de asta, parecida a un martillo redondeado, y con la fuerza del giro producía un vendaval que arrastraba los colores del otoño y se creaba con tanta fuerza que todas las personas en la plaza comenzaron a salir volando por los aires atrapadas por la corriente que este generaba. Los bravucones frente a mi, el gran hombre negro que entró junto a aquel anciano, e incluso Jin y Owen, a quienes pude ver salir volando al mirar en derredor. Gwendolyn por su lado fue lanzada contra una columna de la plaza, pero continuaba en esta — ¡Lárgate niña! — grité volviendo a mirar hacia aquel anciano, sacando la mano de mi bolsillo y semiflexionando las rodillas. Esto iba en serio. Desconocía sus poderes y sus habilidades, así que si Gwendolyn se quedaba en esta plaza podría acabar siendo atrapada y afectada por estos, o peor aun, por los míos propios. No podía pelear si tenía que estar pendiente de ella, para protegerla o para esquivarla... y ni que decir si trataban de usarla en mi contra.
Chasqueé la lengua, esta situación no era una en la que yo me aventuraría a combatir.

El anciano colocó su arma sobre sus hombros y pude apreciar entonces mejor que era una gran pipa de fumar. Un arma larga - con alcance - que podía usarse de forma contundente - con pegada - y que era atípica de ver. No era una lanza, ni una alabarda, ni tan siquiera un martillo de guerra... parecía todas ellas. Y si la blandía con tanta fuerza como para hacer salir volando a todas estas personas debía de ser letal usándola.
Estaba a cincuenta metros de mi, cerca de uno de los arcos de la plaza, y su postura me invitaba a pelearme con él. Las venas de mi sien se abombaron al momento y fruncí el ceño, molesto, encendiéndome por su provocación educada y amable. ¿Quién coño era este tío y por qué venía a pelear conmigo? Estaba claro que sus palabras iban hacia mi, y quería enfrentarme y, aunque sintiese su aura como alguien amenazador y poderoso... como un depredador tranquilo acechando en la maleza, ya no me consideraba una presa.


Llevé mi mano hacia mi chaqueta y dando un fuerte tirón la arranqué de cuajo, quedando sólo en el tren superior con una camisa de tirantes de color gris.


Emperor subió de revoluciones y empezó a vibrar y rugir un poco más, liberando otra bocanada de humo mientras la tela hecha jirones de mi chaqueta salía volando entre él y yo. Mi espalda se encorvó, mis rodillas estaban en semiflexión con los pies apuntando hacia él, y mi mano derecha sujetaba a Hellhound.

— No sé quién eres ni qué quieres de mi, pero si insistes en atacarme debes saber que voy a defenderme, y no voy a contenerme porque seas un anciano... así que espero que esas garras y colmillos tan viejos estén listos para su última cacería — le respondí, adoptando mi particular postura de combate descrita anteriormente, aumentando la maestría de mi Kenbunshoku y reduciendo su área a tan solo diez metros. Era preventivo, no sabía qué podía hacer ese tipo y no recordaba haberlo visto en la vida, pero parecía completamente decidido a pelear contra mi y darme una batalla complicada. Tenía que acabar con él rápido y sin mucho coste para poder ir a por los muchachos.





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#D86700
#13
Llega la gente, aparecen personas que se asoman por momentos y que también puede escuchar. No se preocupó por la conversación aunque la escuchó, después de todo existe una confianza en la fuerza del hombre con el brazo mecánico — No deberían molestar a Sohem — una mueca se formó en el rostro, es la incomodidad de saber qué podría pasar de existir un enfrentamiento ¡No es necesario! No es necesario en un mundo que no existe, porque una vez más se encontró con la situación de siempre: La respuesta va a ser un conflicto. Y esperó que no sea muy violento.

—Quizás deberíamos acercarnos para… calmar las cosas — su voz sonó como un susurro, porque no se sintió lo suficientemente segura, aun así no necesitó más. Las primeras intervenciones llegaron, es gente de combinaciones que no ha visto hasta ahora, desconocidos que tienen nombres, al menos uno fue el que pudo oír.

Akatora.

Pero no hay pistas de quién es, podría ser un famoso, un hombre de mucha fama pero nunca podría saberlo.

Hizo un ademán de levantarse, de dar pasos al conflicto, manteniendo las distancias cuando todo ocurre. Es una tormenta que la removió, intentó afirmarse de algo ¡Lo que sea! No le importó qué, pero no hubo nada en el camino, simplemente sintió como el cuerpo se levanta del suelo, hasta impactar con algo. Una columna fue lo que la sostuvo, en un golpe de suerte que aprovechó para afirmarse del suelo hasta que finalmente el viento se extinguió.

Se encontró con una advertencia de una voz conocida. Es la experiencia hablando ¿O el temor de lo que vendrá? Se tomó la cabeza con suavidad, la meneó para despertar, acomodándose en el espacio y entonces los sintió a ambos.

—¡E-Está bien! — no pudo sentir al resto ¿A dónde han ido? ¿El viento los habrá alejado tanto? Apretó los labios con suavidad, levantándose finalmente. El primer paso fue difícil, pero el segundo pudo avanzarlo mejor, como si sus músculos le dijeran que están listos para avanzar, es alejarse de ahí, porque el poder de aquellos dos le pareció tan abrumador que no lo pensó.

No hay cabida para un tercero que no puede resistir lo suficiente.

Tomó un trago de aire antes de seguir avanzando, es preparar un grito que lleva consigo toda su suerte y voluntad, como si un trozo de aquello le pudiese llegar.

—¡Te estaremos esperando! —

Una razón más para volver, para llegar incluso si es mal y tarde. 

ପ(๑ˊᗜˋ๑)ଓ Hola ia me voi duré un post waja
[Imagen: Gwendolain.gif]
#14
Ira, impaciencia e incertidumbre. Esas tres cualidades podía sentir a través del hombre al que acababa de desafiar gracias a mi refinado Kenbunshoku, hombre que, junto a mi, éramos ahora los únicos seres que habitaban la plaza mayor, al abandonar el lugar la tercera persona en discordia bajo la promesa de volverse a encontrar en otro momento, causando que redujera el rango de acción de mi Kenbunshoku hasta los 10 metros.

Yacía frente a mi, adoptando una perfecta postura que rememoraba a la de una bestia en alerta, arrancándose la chaqueta que portaba de cuajo y revelando, además de una camisa de tirantes grisácea, una complexión física y musculatura, aunque no exageradamente definida, digna de envidiar. Aquello, además, hizo percatarme con mayor precisión de que, en su diestra, parecía llevar equipada una especie de prótesis, un artefacto que asemejaba a un brazo de metal con lo que, aún con mi longeva existencia, desconocía dada a mi niño saber en ese tipo de tecnologías. En mi vida, había llegado a combatir contra honorables guerreros que portaban distintos implantes de ese estilo, pero al igual que había infinitas formas de cumplir los designios del arte de la guerra, cada uno de esos implantes era un mundo distinto. No sabía que era capaz de hacer aquel armatoste, a excepción de expulsar bocanadas de humo a presión, tan fuertes como para arrancar un trozo de tela que quedaba de su chaqueta. En esa misma mano metálica, mi oponente empuñaba un arma contundente, un kanabo de metal, negro como el azabachede, que debía rondar, aproximadamente, el metro de longitud. Aquello, junto a su robusto cuerpo, me indicaba que, en el combate, el enmascarado buscaría, a todo coste, un combate cercano aspecto que, en contra de mi arma, sería una tarea ardua para él, algo que me ponía en clara desventajas.

No obstante, esto tan solo era una simple y mera apreciación visual, algo que podría haber reducido cualquiera. Desconocía por completo como se rápido era capaz de moverse, todas las capacidades que podría brindarle ese humeante brazo y, sobretodo y lo más importante en este mundo, si era usuario y de que fruta. Todas estas variables e incógnitas, sumando el increíble aura que emanaba Sohem, era lo que más me gustaba disfrutar de las peleas. Al igual que la infinidad de paisajes y biomas que te podía ofrecer este vasto mundo, necesitaba conocer, experimentar y sentir en mis ancianas carnes distintos estilos de combate pues, no había mala forma de pelear, solo guerreros ineptos que no eran capaces de sacarle el máximo partido a sus aptitudes.

Sohem, entonces, comenzó a responder ante mi invitación para iniciar el duelo, comenzando a aclarar que, si atacaba, el se defendería sin piedad, no importándole la edad que tuviera. Sonreí, mientras aprovechaba mi postura flexionada junto a mi brazo izquierdo extendido hacia abajo, para apartar mi gran pipa de mis hombros, situándola frente a mi y apuntando hacia Sohem, con mi brazo derecho contraído, de forma que cada uno de los dos segmentos de mi brazo formaban un ángulo de unos 30 grados con el codo apuntando hacia atrás de mi. Quedando próxima la pipa a mi mano izquierda, desplacé esta última hacia un punto intermedio de la vara, sirviendo como un punto de apoyo entre en el extremo de la boquilla - que empuñaba con mi diestra - y la cazoleta mientras atrasaba ligeramente mi pie derecho respecto mi cadera, momento en el que Sohem terminaba de declarar como aquella sería mi última cacería. Arqueé la ceja izquierda ante aquella supuesta afirmación. Maldito mocoso impertinente… Tenía agallas, y eso era algo que me gustaba, pero debía enseñarle que esta vieja bestia aún tenía muchas cacerías por vivir.


Apretando con firmeza ni diestra en la empuñadura de mi pipa, recubrí esta en su totalidad en una reluciente película de color negro mate que era mi haki de armadura a la vez que, en un veloz movimiento, extendí mi brazo derecho hacia él como un resorte, pudiendo sentir como el frío metal de Zuìzhōng Pànjué recorría con celeridad pero delicadeza mi mano izquierda, hasta que, en el momento en el que mi brazo derecho se encontraba completamente recto, mi arma se detuvo en seco, a aproximadamente 4 metros del hombre enmascarado, no dándole ni de lejos pero produciendo, en su lugar, una devastadora onda de choque de 1 metro de diámetro que se transmitía por el aire y que impactaría de lleno en el cuerpo de mi oponente, hasta el punto de empujarla bruscamente hacia atrás hasta quedar separados unos 26 metros el uno del otro, aproximadamente, finalizando por desatar una violenta pero inofensiva corriente de aire tras de él al colisionar con él la onda procedente de mi ataque.

Queriendo saborear cada sudor y sangre derramado en este combate, a pesar de que en cualquier momento la vejez podría jugarme en contra, contraje mi brazo derecho para tener más cercano a mi la pipa, aspirando una gran cantidad de aire en mis pulmones y a la par que decidía mostrar el poder de mi fruta del diablo. Mi cuerpo, de inmediato, aumentó de tamaño considerablemente, pasando de medir 4 a 6 metros de alto, a la par que mis músculos se volvían más voluminosos, adoptando una complexión mucho más corpulenta de lo que ya presentaba. Todo mi piel, salvo mi barbilla, pecho y abdomen, se recubrió de un pelaje que variaba desde tonalidades anaranjadas, marrones y rojizas, camuflándose en otrora época con el color de mi cabello y prominente bigote y barba. De mi trasero, brotó una enorme cola de 3 metros de longitud, a la par que de los dedos de mis manos y de mis pies salían garras, afiladas como dagas y perforantes como agujas. Para muchos ineptos que solo buscaban poderes capaces de distorsionar la realidad o las leyes del espacio-tiempo, podía ser considerado como una de las peores frutas pero, para mi, no había fruta mejor. Una fruta que estaba destinada a ser consumida por mi, dado a mi nombre de pila, Akatora. Una fruta que me daba mejores capacidades físicas y la apariencia de una bestia, ganándome el apodo de Xiānfēng hǔ o “Tigre de Vanguardia”, pero que también me había permitido pasar tanto tiempo desapercibido tras mi fingida muerte. Y aunque era fácil de confundir con un tigre, estaba orgulloso de haber consumido la Neko Neko no Mi: modelo Gato Pardo.

Con mi transformación abrupta completada, comencé a correr hacia él, mientras cambiaba el empuñe de mi diestra al centro de gravedad del arma, haciéndola girar entre mis dedos en mi costado derecho, teniendo como eje de giro mi propio brazo una vez más. Una vez recorrí 21 metros y - por tanto - me hallaba a otros 5 metros de él, me detuve, cesando la rotación de mi arma y abanicándola hacia abajo, levantando otra corriente de aire, inofensiva, que mecía nuestros ropajes. Esperaba impacientemente que tenía que mostrarme este guerrero, hasta el punto de que sentía como la emoción se arremolinaba en mi pecho como un huracán arrasando con todo.

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INFO
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 20163 + 0 = 20163
Energia: 10700 - 343 = 10357
Espiritu: 4673 - 837 = 3836
#15
Eran sólo 10 metros los que nos separaban, afortunadamente los metros que tenía extendido mi Kenbunshoku y este, estaba gritando peligro. Aquel abuelo había sonreído al escuchar mis declaraciones y se disponía a adoptar una postura extraña de combate, insistiendo mis sentidos con que iba a atacar en breve, previendo mi Haki de la Observación que se trataría de un impacto frontal y lineal con aquel arma. No tenía tiempo que perder contra este tipo, debía defenderme y empezar a golpearle cuanto antes porque iba bastante en serio contra mi. Todos mis sentidos y mis capacidades físicas se activaron de golpe produciendo una mejor focalización de mi fuerza, mi resistencia y mi destreza con el manejo de mi arma preparándome para el combate, y aprovechando además el calor que había estado guardando con anterioridad, grité — ¡Hot Spot! — liberando uno de mis mejores combos, al mismo tiempo que extendía mi Busoshoku por mi pecho y él desplazaba el cuerpo de su arma hacia mi buscando impactarme. Mi torso quedó cubierto de una capa negruzca y brillante como el alquitrán y con ligeros brillos rosados, y mi ataque produjo una ola de calor que bañó todo a cuarenta metros a la redonda y encendió a Hellhound en llamas. Mientras tanto él generaba con su impacto una bola de aire a presión que impactaba en mi pecho ya protegido y me hacía derrapar hacia atrás un total de cinco metros, levantando el polvo de la plaza de aquel sitio, pero sin ser capaz de interrumpir mis acciones o habilidades.

Aun así abrí los ojos de par en par por el impacto. Incluso habiéndome protegido a tiempo con Busoshoku y empleando la mejor concentración de mis cualidades físicas preparando y previendo el golpe, me había conseguido causar bastante daño e incluso moverme. Con un simple movimiento de billar... estaba jugando conmigo.
Fruncí el ceño y apreté los dientes al máximo, así como el agarre de mi arma, mientras clavaba mi mirada sobre él y lo veía lanzarse a por mi girando su arma y transformándose en una especie de tigre gigante. Usaba una fruta como las de Viktor.
Este viejo escondía mucho más de lo que estaba mostrándome, pero estaba subestimándome y trataba de jugar conmigo como si fuera un pelele, y eso había sido suficiente como para que encendiese toda la maquinaria dentro de mi dispuesta a acabar con él.


Según se lanzó corriendo a por mi, dando yo un paso al frente y llevando el Busoshoku de mi pecho a mi arma, tendí un movimiento con aquel Hellhound cubierto de llamas hacia él. Un golpe de barrido vertical, ascendente, buscando impactar en el enorme pecho de aquel coloso que traía al descubierto al tener su arma girando al final de su brazo, en el lateral. Imprimí toda la fuerza que me era posible en aquel movimiento, aprovechando la 'sobrecarga' de energía del momento en la que estaba expuesto y golpeé con más fuerza que nunca hacia aquel anciano.

— ¡ ¡  H E L L S   B E L L S  ! ! —

El impacto produjo el claro sonido del tañido de una campana, que reverberando por la acústica de la plaza en la que estábamos llenó por completo el lugar y se trasladó hacia las calles venideras como un fortísimo y brutal eco.
Un impacto de hierro negro, reforzado por mi energía vital, envuelto en las llamas de mi ira, y potenciado con mi dureza, mis músculos de hierro y la habilidad de mis dedos de oro. Un impacto que, tras dar de lleno en aquel tipo produjo a sus espaldas una explosión de viento que sacudió sus ropajes y el polvo tras él, expandiéndose en cono hacia lo lejos. El anciano se tambaleó un instante y pareció resentir aquella cantidad de daño, pero aquí no terminaba mi ofensiva.

— ¡ ¡  HELLHOUND ECO  ! ! —

Grité de nuevo, emocionándome sin necesidad, mientras tres golpes consecutivos - girando completamente mi brazo - impactaban en la misma zona del viejo, provocándole una quemadura brutal en el pecho, vertical, con las marcas de Hellhound clavadas en su piel.
Lo vieras por donde lo vieras el enfrentamiento tenía sus tildes poéticos. Un anciano contra un hombre maduro... un relevo generacional. Usaba a su favor el viento, y yo el fuego. Y que se hubiera transformado en un gato enorme era lo mejor... porque tenía delante de él a un sabueso dispuesto a cazar cualquier cosa.
Tras el tercer impacto dando un paso atrás cambié el agarre de mi arma para sujetarla con mi mano real - la izquierda - y anteponer a Emperor por delante de mi, manteniendo mi Kenbunshoku activo en la misma área de efecto y esperando por ver cómo salía este anciano de aquello. Me daba igual que respondiera o no, ya el simple hecho de que estuviera de pie después de aquellos golpes decía mucho de aquel viejo y... que por primera vez en mucho, mucho tiempo, no tenía que contenerme para nada.

Chasqueé la lengua, y sonreí con una mueca muy desagradable.



Resumen

Inventario

Bélico

Gastos y daños

Invasión
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[Imagen: mz3XEoL.png]
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#D86700
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 17188 - 2912 = 14276
Energia: 9901 - 2638 = 7263
Espiritu: 4506 - 400 = 4106
#16

Un pulso de calor abrasador, eso fue lo que note en mis piel después de que el hombre enmascarado pronunciara dos palabras, dos sílabas, que se dieron prácticamente al mismo tiempo que realizaba mi acción ofensiva. Si bien podía sentir gracias a mi Kenbunshoku su explosiva hostilidad, decidí no defenderme ante tal ataque en área, debido a que prefería gastar mis reservas de espíritu cuando de verdad fuera necesario, y vaya que si no había necesidad de recubrir mi cuerpo con mi haki. Si bien, aquella bofetada ígnea me dejó varias quemaduras por todo mi cuerpo, el daño que me hizo fue verdaderamente insignificante, ¡ridículo! ¿Era eso lo mejor que sabía hacer un Emperador del Inframundo? No, estaba seguro de que, al igual que había hecho con él, esa oleada de calor no era más que un saludo cordial. O eso me gustaba pensar, pues si había atacado a la par que alguien como yo, era porque poseía un nivel de Haki excepcional. Y eso era digno de aplaudir. Más allá de eso y del ataque calórico, me llamó la atención la forma en la que su arma se prendió en llamas, ¿confirmaba este hecho que se trataba de un usuario de akuma no mi? ¿O en cambio había activado todo ese espectáculo de llamas gracias al uso de estos cachivaches celestiales? Era algo que, por el momento, desconocía pero que pensaba ir averiguando en el trascurso de la batalla, pues aquella era la verdadera esencia  que había detrás del choque de dos honorables guerreros. Y con esa intención de averiguarlo, corrí hacia él, transformado en la forma híbrida que mi preciada fruta me dotaba.

Rotando mi arma con mi diestra en ese mismo costado, me dirigí hacia él, tan rápido como mi avanzada edad me permitía, preparado para acortar distancias con él después de haberle asestado con mi primer ataque, dándome cuenta que, lejos de lo que inicialmente creía, mi oponente no había sido arrastrado lo suficientemente hacia atrás, ¿la vejez me estaba empezando a afectar a mi mente y me estaba haciendo experimentar ilusiones? No... ¡Debió protegerse con Busoshoku para amortiguar el impacto de mi onda de choque! Era bueno, vaya que si lo era. Y por si fuera poco, mi Kenbunshoku detectaba que, el inminente ataque que se avecinaba por su parte, rezumaba peligro y muerte por cada poro de su aura, como si estuviera frente a las mismísimas puertas del infierno. Ante aquella alerta próxima, no pude hacer otra cosa que aumentar considerablemente la velocidad de giro de mi arma, canalizando toda mi destreza en el siguiente ataque, anteponiendo mi arma al frente y formando una circunferencia de color oscuro - gracias a tener aún mi Busoshoku aún activo -, teniendo al frente toda una égida inexpugnable capaz de protegerme ante cualquier objeto y ataque imparable. Y así fue.

Estando a cosa de un metro aproximadamente, su ataque, como toda una calamidad, se dirigía verticalmente y ascendente hacia mi pecho, encontrándose en el camino con mi pipa giratoria, rompiéndose el silencio que reinaba en toda la plaza por el consecutivo tañido de una campana debido a la colisión de las dos negruzcas armas, produciendo una explosión de viento que, de haber habdio alguien presente, habría salido volando con el mero de impacto de su arma contra la mía. La fricción del choque y las propias llamas del kanabo de Sohem hicieron saltar chispas de este duelo sin parangón del cuál ninguno de los dos pensábamos ceder. Pero de ninguna de las maneras, pensaba ceder ante él. Aún quedaba mucho que saborear de este combate y es que, no había hecho nada más que empezar, ¡pero estaba siendo completamente disfrutable! Con esto en mente, mientras seguía interceptando su ofensiva, bajé mi centro de gravedad y aproveché el aire que había inhalado anteriormente y que acumulaba en mis pulmones, para soltarlos de forma brusca y violenta, formando casi una especie de vendaval que arrastraría hacia atrás a mi aguerrido oponente. Nuestras armas se separaron, cesando las chispas de tan equiparable duelo, empujando al hombre cubierto por la máscara hasta una distancia cercana a la treintena de metros, momento en el que cesé de hacer girar mi arma y extendí mi Kenbunshoku Haki hasta esa distancia.

- ¡TORARARARARARA! -

No pude evitar soltar una sonora carcajada, pudiendo sentir aún como mis viejos y desgastados músculos de mi brazo derecho vibraban del violento choque. ¡Vaya poder! ¡Que fuerza tan descomunal!

- ¡Espléndido! ¡Sumamente espléndido-kozo! - Alabé la imparable fuerza de mi oponente, pasando a agarrar mi pipa, ya no sólo con mi diestra, sino también con mi zurda, ubicando esta cerca de la boquilla de mi arma para, a continuación, golpear con la cazoleta de Zuìzhōng Pànjué, el suelo dos veces. Si con el primer choque, la cazoleta de la pipa se incendió en unas llamas similares a las que portaba el arma de Sohem, con el segundo, al activarse el dial de gas incrustado en mi pipa, ambos elementos reaccionarían químicamente para producir una sustancia de color fucsia, similar al misma. Si el garrote de Sohem podía arder con las llamas eternas del inframundo, Zuìzhōng Pànjué ardía, no sólo con la misma intensidad, sino que además cargaba con los gases nocivos y el miasma del mismo infierno. Zuìzhōng Pànjué, no era parte del inframundo, sino que él representaba la puerta que daba paso a la muerte, al juez que daba el veredicto y guiaba a las almas hacia su destino final.

- Sigamos, por favor-kozo. - Invité a Sohem a proseguir con el combate, antes de llevar la boquilla de mi arma hacia mi boca, inspirando aquella sustancia, a sabiendas del peligro que aquello acarreaba, pudiendo notar como mi interior se corroía gracias a las increíbles propiedades del miasma. Era una sensación inigualable. Una vez que mis colosales pulmones se embriagaron de tal nociva sustancia, coloqué mi arma a mi costado izquierdo, con el arma paralelo al suelo y con la cazoleta mirando hacia Sohem, al mismo tiempo que empezaba a expulsar la sustancia de color fucsia tanto por mi nariz como por mi boca, llenando paulatinamente toda la plaza del miasma de color fucsia que, tan sólo su mera exposición, deterioraba y pudría los materiales. En cuanto a la carne, la irritaba, hasta el punto de que salían sarpullidos por todo tu cuerpo.

INFO
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 20163 - 2255 = 17908
Energia: 10357 - 3630 = 6727
Espiritu: 3836 - 387 = 3449
#17
Hora de laburar...

Hola Sohem, Akatora,

Me mandan de Tierra Santa para matizar un detalle que ha resaltado Sohem tras el ultimo turno de Akatora.

Tras revisar la interacción entre ambas técnicas, ataque de Sohem y defensa de Akatora, confirmamos que el ataque de Sohem se impone en 11 puntos al bloqueo de Akatora, entrando seguidamente en juego su resistencia pasiva a mitigar estos 11 puntos. 

Al atravesar parcialmente la defensa y llegar a impactar — aunque el daño final quede anulado por la Resistencia Pasiva — la técnica defensiva no cumple su función principal, por lo que su efecto asociado no se activa.

En consecuencia, el empuje no se produce.

Por lo que la sentencia dictaminada es la siguiente: Akatora asumirá los 4290 puntos de daño correspondientes a los golpes blancos de Sohem y mantendrá la distancia final prevista mediante un salto hacia atrás, de forma que el resto de su turno no se vea alterado por lo que dicho salto les posiciona a 29 metros de distancia el uno del otro, y la pipa junto con la consecuente técnica se activan.

Sohem, se te concede una extensión de 4 horas para postear tu siguiente respuesta.

Gracias por resaltar este tema, lo matizaremos tan pronto nos sea posible en las guías.

Desaparezco antes de morir envenenado, calcinado, o peor...
Sentomaru
#18
Aun intentando interponer su arma para frenar el avance de mi Hellhound, este había sido demasiado para el anciano que, sin motivo aparente había decidido retarme a este enfrentamiento e iba a sufrir las consecuencias de su atrevimiento. Desde que había descubierto el verdadero nombre de esta arma, la combinación con mi Hells Bells se había vuelto algo verdaderamente demoledor para mis enemigos, y aunque había impreso toda mi fuerza y todas mis capacidades en ello esta vez, porque sentía que con este enemigo podía dar el cien por cien de mi, no había surtido el efecto que esperaba.
Había antepuesto su ataque al mío pero Hellhound se había impuesto, haciendo que aquella enorme pipa giratoria se desplazase a un lado permitiendo a mi kanabo impactar sobre el pecho de aquel hombre-felino, correspondiendo los tres siguientes impactos del Hellhound Eco que acababa de inventar... no me convencía el nombre.

El anciano saltó hacia atrás casi tres decenas de metros seguido por la expansión de mi haki de observación, y echó a reír, elogiando mi poder y mi ataque.
Siempre era bueno que alguien fuerte elogiase tus capacidades, y suponía que un anciano como este debía de tener la experiencia suficiente como para saber de lo que estaba hablando, pero no iba a dejarme seducir por sus elogios y palabras bonitas. Ciertamente había sido un golpe magnífico, yo lo sabía, pero su defensa había sido prodigiosa para poder refrenarlo.
Entonces dio dos golpes consecutivos algo separados entre si con la cazoleta del depósito de la pipa en el suelo, haciendo que primero se prendiese en llamas, y después estas pasasen a cambiar de tonalidad.
Mi haki estaba gritando, me advertía de que aquello iba a ser peligroso. Se avecinaba un ataque en área, enorme, y tenía que tener cuidado. Obviamente era la pipa, la estaba usando para atacar y ¿sería fuego? ¿las cenizas? ¿el humo? Si era en área podía ser cualquiera, pero el hecho de tener a Hellhound prendido en llamas por Pay Day y la experiencia que parecía tener este anciano me hicieron pensar que no trataría de usar fuego contra mi. Sería como secar un charco echándole más agua.


Fuera como fuese, venía un ataque proveniente de esa pipa, y previamente la había encendido en llamas, así que era momento de decirle a aquel fuego que no podía estar ahí sin mi permiso — Rest Blest — dije en tono bajo, sin variar mi posición, formando una esfera perfecta de aire caliente que rodeaba la totalidad de la cazoleta de la pipa. Esa técnica era una versión perfeccionada y para realizar en ocasiones 'con más prisa' de Breath Death, que nunca había tenido la oportunidad de usarla en combate. Era una habilidad interesante y cruel, haciendo uso de las virtudes del despertar de mi akuma no mi y poder controlar la zona afectada por mis poderes, hacía que en lugar de afectar a la calidad del oxígeno en un área determinada, afectase directamente a una zona concreta y reducida, en forma de esfera, que usualmente se usaba para ahogar a los enemigos dentro de ese 'casco sin oxígeno'. Pero no era su único uso: Iba a ahogar la ignición de esa pipa.
Igual que si prendía en llamas un papel y lo tapaba con un vaso, el fuego se apagaría al consumir todo el oxígeno dentro del vaso.

La esfera sin oxígeno que envolvía la pipa hizo su efecto y apagó las llamas de esta cuando el anciano me pedía amablemente que siguiésemos, tratando de inhalar de su instrumento sin lograr hacer nada — Aquí no se puede fumar y tu ya no estás en edad de hacerlo, abuelo — le dije elevando mi tono para que pudiera oírme desde mi posición a casi treinta metros, con sorna y burla haciendo referencia a la imposibilidad de fumar su pipa. Yo era el que decidía si algo ardía o no en este campo de batalla, y no necesitaba tener control del fuego para hacerlo... Nunca lo había necesitado.
La temperatura es un arma.

Mantuve mi postura, con la pierna derecha extendida hacia atrás, la izquierda semiflexionada apuntando hacia delante, el torso medio ladeado llevando la diestra a la retaguardia agarrando a Hellhound en ristre preparado para golpear, y posicionando a Emperor delante de mi sirviendo de guardia, listo para protegerme de lo que tuviera para mi.
Chasqueé la lengua — Heat Beat — dije, desatando otra ola de calor en cuarenta metros a la redonda, buscando desgastar progresivamente a mi enemigo poco a poco.
Mis ojos ambarinos le observaban desde detrás de los agujeros de mi casco, intentando averiguar la cohesión de lo que mi enemigo había hecho. Portaba esa enorme arma, que servía tanto de arma contundente como de asta, cubría corta y media distancia con ella. La había usado para golpear el aire entre él y yo y ahora parecía haber preparado algo con el depósito donde se introduce el tabaco a fumar en estos cacharros. Parecía un luchador experimentado en el cuerpo a cuerpo portando armas, y esa pipa me daba la sensación de ser tan extraña como poderosa de solo mirarla y saber que había resistido el impacto de Hellhound haciendo un Hells Bells a máxima potencia.
Y para colmo se ha transformado en una especie de tigre enorme... pero no podía imaginar nada más allá de que cuerpo a cuerpo era peligroso. Y por desgracia para él, yo también.





Resumen

Inventario

Bélico
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[Imagen: mz3XEoL.png]
—
#D86700
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 14276 + 0 = 14276
Energia: 7263 - 720 = 6543
Espiritu: 4106 - 335 = 3771
#19
Pensé que había defendido con absoluta seguridad el demoledor bateo ascendente, pero erré, gravemente. Lejos de llegar a someterlo bajo mi soplido huracanado, arrastrándolo lejos de mi para poder ganar momentum, su ofensiva fue, aunque por poco, lo suficientemente superior como para que se impusiera ante mi. Gracias a esto, aquel guerrero consiguió, por mucho que pudiera sentir sus intenciones y ataques con mi Kenbunshoku, asestarne tres garrotazos en el pecho. Habiendo visto la potencia que se gastaba con su arma blanca, sabía que necesitaba mantener la distancia, para al menos pensar en mi siguiente movimiento con suma claridad. Pero había algo en mi pecho que amenazaba con salir, algo que llevaba aprisionado durante muchos años. Con cada latido de mi corazón, con cada suspiro y pensamiento, sentía que el ser que conocía en antaño, se forzaba más y más en liberarse de las cadenas que lo apresaban. Cada segundo que pasaba combatiendo con Sohem, conseguían debilitar las barreras que me había autoimpuesto hace tanto tiempo. ¿Era esto lo que había estado esperando tanto tiempo? ¿El motivo por el que había estado vagando casi 5 largos años por el mundo?

Habiendo ganado la suficiente distancia como para ubicarme hasta 29 metros frente a él, me dispuse a enseñarle que, mi más leal arma, Zuìzhōng Pànjué,no sólo era una pipa común de 4 metros que exhalaba humo común. Habiendo golpeado la cazoleta dos veces en el suelo, era hora de enseñarle el fucsia que representaba la mismísima desesperación. Llevando mis labios hacia la boquilla, era hora de esparcir el miasma por toda la plaza pero, lejos de que tenía en mente, después de que Sohem pronunciara dos palabras, prácticamente inaudibles para mi, la sustancia que emanaba la cazoleta de mi pipa y que estaba apunto de inhalar, se consumió por completo, no quedando ni rastro aparta de aquel espectáculo de colores que salía de mi arma, y haciéndome inspirar la nada absoluta. Aquel cambio drástico sólo podía significar una cosa y era que, los diales de mi cazoleta se habían desactivado de forma abrupta, y no era ni un error por mi parte ni que estos cachivaches estuvieran defectuosos. Aparté a Zuìzhōng Pànjué de mi boca, cerciorándome de que, una esfera visible, como si de un espejismo se tratara, rodeaba la cazoleta de mi arma. ¿Sería posible qué..?

Acerqué la cazoleta hacia mi cara, sin que esta llegara a tocar aquella esfera que parecía distorsionar el espacio en su interior, con curiosidad, pudiendo notar claramente que, esa esfera translúcida era un foco de calor extremo. Era obra suya, 100%, y sabiendo la distancia que nos separaba, no había dial que fuera capaz de hacer lo acababa de realizar, dejándome tan solo una opción, y es que se trataba de la habilidad de una fruta del diablo. Y no una habilidad cualquiera, no. Conocía de sobra que era lo que estaba viendo, gracias a mis innumerables batallas a mí cargada espalda y a mi vasta sabiduría. Aquello de extender tu poder más allá de tu cuerpo, con ese nivel de dominio, no podía ser otra cosa que el despertar de una fruta del diablo, seguramente, del tipo paramecia, una que le pudiera permitir controlar la temperatura, calor o fuego habiendo visto sus anteriores habilidades. Buenas destreza y manejo con su arma, una fuerza y complexión física arrolladora, increíble análisis del combate y, por encima de todo, había alcanzado la cima en lo que a poder de Akuma no Mi respectaba. Y por encima de todo, la insolencia de ese mocoso, al comentarme en un turno burlesco que nada de fumar aquí, no hacía más que creciera mi interés y aprecio por él. No podía evitarlo, personas de ese estilo eran las que mejor me caía. Y sobre todo, parecía que había encontrado lo que quería y, con eso en mente, no había marcha atrás. Contra él, cada fibra de mi cuerpo sabía que no había necesidad de contenerme, que podía dar el todo por el todo y que, aún así, esta contienda podía seguir su curso. No había necesidad de que la bestia que dormía en mi interior siguiera en un letargo perenne. Finalmente, había llegado la hora de sacarla. Enseñarle que no era el único en aquella plaza que había conseguido doblegar los poderes de su fruta.


De forma inmediata, mi tamaño volvió a aumentar, pasando a medir algo más de 8 metros de alto. Toda mi figura y silueta, se volvió mucho más monstruosas, dando lugar a lo que se trataba de toda una bestia, haciendo que los rasgos que podían mantener aún algo de humanidad, como la piel de mi pecho y abdomen, además de mis dientes, se perdieran por completo, llenándose estos primeros del mismo pelaje color pardo propio del felino y, en cuanto a mis dientes, volviéndose todos y cada uno de ellos afilados y puntiagudos. Mi cabello, barba, bigote, y así como puntos fijos de mi pelaje como el de codos y el extremo de mi cola se encresparon con ferocidad, mostrando una serie de surcos que asemejaba a las espirales propias de las Akuma no Mi. El continuo alboroto en mi pelo, hizo que el tocado que lo recogía se cayera, haciendo que una larga melena canosa reposara sobre mi espalda. Y por último, como característica de todos los despertares de las tipo Zoan, una especie de llamas negras emergieron de mis dos hombros, formando, en primer lugar, una suerte de columna de fuego, que se iría extendiendo y doblando hasta ponerse por encima de mi cabeza, momento en el que, las dos llamas de mis hombros se unificarían, formando una especie de halo de fuego oscuro. Era una forma que potenciaba considerablemente todas mis aptitudes físicas.

Mientras tanto, mi haki me advertía de un ataque en área, de magnitudes parecidas al primero que recibí por parte de mi oponente. Y si bien anteriormente decidí no asumir un gasto excesivo de Haki para el poco daño que iba a recibir en este caso, y con el daño que llevaba ya acumulado, sentía que necesitaba que este combate durara lo máximo posible y que si, se terminaba, fuera porque Sohem me había asustado con su mejor ataque, su mejor baza. Y no un ataque cualquiera que buscaba jugar al desgaste. ¡Basta de milongas!

Flexione mis piernas, armándome de una fuerza y dureza sin parangón, apuntando hacia el dueño de uno de los distritos del Inframundo y, con una celeridad mayor que previamente, eché a correr hacia él, apuntando con la cazoleta a mi adversario y agarrando mi arma con mi siniestra en un punto cercano a la boquilla y empujando mi diestra el centro de gravedad de la vara, buscando atravesar su ola de calor masiva pero, en esta ocasión, protegido íntegramente por mi Busoshoku Haki, volviéndose todos mi cuerpo del mismo tono que mi arma, de un negro mate reluciente y pulcro, como lo era mi alma en estos instantes. Corrí de frente hacia él, siguiendo estrictamente mi código de honor, observando como mantenía una postura perfecta tanto a nivel defensivo como ofensivo, posicionando su brazo metálico por delante y, su arma por detrás, preparando un inminente bateo. Mientras me aproximaba hacia él, no podía parar de sonreír, me encontraba completamente lleno de dicha y euforia e, increíblemente al mismo tiempo, en sintonía y en paz conmigo mismo y con el universo. Mi mente viajaba a antiguas épocas, épocas en las que me medía de igual a igual con mi noble y honorable rival, Whitend, quién ahora regentaba el cargo del Almirantazgo de Flota. Épocas en las que peleaba a muerte contra piratas de élite, que hacían sacar lo mejor de mi mismo, ese lado brutal que llevaba tanto tiempo guardando. Kichita… Amada mía, solo espero que allá donde estés, puedas estar viéndome. Ahora mismo, era como si mi alma estuviera en la cima de la montaña, era como si estuviera yo mismo en la cima del mundo. Y en agradecimiento por ello, y sumo respeto hacia mi rival, pensaba darle una muestra de las vistas desde la cima. Lo que uno conseguía cuando, no sólo llevaba a lo más alto su poder demoníaco, sino su cuerpo, mente y espíritu.

Atravesando la oleada de calor sin mayor adversidad, seguí corriendo hacia mi oponente, hasta quedar a 10 metros de distancia de él. En ese mismo momento, disminuí el rango de acción de mi Kenbunshoku Haki hasta 12 metros, intensificando al mismo tiempo mi concentración y, sobre todo, el poder de mi mente, activando de esta manera uno de los usos que solo los más experimentados usuarios del Kenbunshoku habían sido capaces de dominar: la visión del futuro. Está habilidad me permitía, a diferencia del nivel anterior del haki de observación, poder ver un futuro cercano de todo aquello que estuviera dentro de mi campo visual, pudiendo actuar asimismo en consecuencia y con una mayor antelación de lo que podría de normal.

Seguí avanzando, hasta que estuve entre unos 5 metros y medio de distancia de Sohem, deteniéndome por completo y blandiendo mi arma hacia mi espalda al mismo tiempo que desplazaba y reunía todo el Busoshoku con el que me había recubierto en mi Zuìzhōng Pànjué, aunando todo mi cuerpo y ser en ese arma, hasta el punto de que el característico tono negro mate del haki de armamento se convertía en su nivel superior, una versión avanzada que rodeaba a mi arma de un color similar al de mi aura, dotándole de una capacidad destructiva sin parangón aunque perdiendo su capacidad defensiva.

Y, por si fuera poco, a la par que imbuia con Busoshoku Avanzado a mi pipa, pasaba a depositar todo mi espíritu también en ella, concretamente en la zona de la cazoleta, infusionando mi Haoshoku en ella y causando que un haz de rayos negros, emergiera de ella. Aunque me era sabido que este no era el culmen del Haoshoku, si solo los elegidos eran capaces de ser poseedores de este poder capaz de hacer doblegar a tus adversarios, solo los elegidos de esos elegidos podían sacar el máximo esplendor de este codiciado poder.

Cuerpo, mente, y espíritu. Sólo cuando uno era capaz de dominar esos tres fundamentos del ser, le era posible hallar la paz interior. Y ahora que había reconocido, o mejor dicho, me había reconciliado con mi bestia, todo mi ser rezumaba paz interior. Era tal que, junto a mi arma, mi aura se moldeó, hasta adoptar la forma de un gigantesco tigre, rojizo y humeante, tigre que, cuando abaniqué con suma brutalidad y potencia, con una nunca antes vista, mi pipa hacia delante, hacia la cabeza de Sohem, ese mismo tigre de manera simultánea se lanzó directo a por él, como un depredador apex cazando a su presa.

La cazoleta de mi pipa, que se abalanzaba hacia el casco del hombre enmascarado, cuando estuvo a punto de impactar en este se detuvo, a dos metros exactos de su agujereada máscara, no golpeando exactamente con mi arma, sino siendo una especie de aura invisible, propio del nivel avanzado del Haoshoku el que lo hizo, extendiéndose la capa rojiza de mi Busoshoku para añadir una destructividad mayor a mi ataque. En el punto de impacto, los rayos negruzcos que emergían de la cazoleta se alborotaban y extendían hacia puntos indeterminados con aleatoriedad, agrietándose gran parte del suelo que se sostenía bajo nuestros pies y levantándose una violenta corriente de aire que, acababa con estamparse contra las paredes que delimitaban la plaza mayor o, por el contrario, pasando a través de los arcos que daban pasó hacia los distintos caminos de entrada o salida de la misma.

Mi honorable oponente, por su parte, vio completamente fracturado su casco, amortiguando gran parte del impacto, pero siendo el daño lo suficiente como para tumbarlo boca abajo en el suelo, en lo que se había formado como un pequeño cráter. Me quedé expectante, a su ahora conocida apariencia física, pudiendo apreciar tan solo sus cabellos rosados, que reflejaban casi con exactitud el color de su propia aura. Por otro lado, también pude divisar como, debido a la dureza de mi ataque, el daño había sido suficiente como para apagar las llamas que calcinaban su garrote, además de que aquella extraña esfera de calor que envolvía uno de los extremos de mi pipa desaparecía. Probablemente había sido uno de los mejores que podía asestar en mi época actual, pero sabía que esto aún no había acabado.

- ¡No hay honor en atacar a un hombre derribado-kozo! - Exclamé, mirándole desde arriba gracias a mi increíble altura, mientras desactivaba todos mis hakis, notándome como el cansancio se empezaba a apoderar de mi. - Sé de sobra que sigues consciente y que aún tendrás sorpresas por mostrarme... - Proseguí, cambiando el empuñe de mi arma, agarrando ahora con mi diestra el extremo libre de la vara y, con mi mano izquierda el centro de gravedad de esta.- Así que sigamos disfrutando de este fortuito encuentro del destino-kozo. - Finalicé flexionando mis dos piernas y posicionando mi diestra a la altura de mi cadera y en un punto cercano a mi espalda. No quería que este combate terminara nunca.

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INFO

Cambios en estadísticas
Vitalidad: 17908 - 4291 = 13617
Energia: 6727 - 431 = 6296
Espiritu: 3449 - 3137 = 312
#20
Chasqueé la lengua y sonreí divertido. El anciano parecía bastante intrigado por las capacidades de mi akuma no mi, con aquella cara incrédula y curiosa observando el depósito de su pipa, la cual había elevado frente a su rostro. Ciertamente la capacidad de controlar y direccionar mi calor gracias al despertar de mi akuma no mi tenía sus inconvenientes, como que el calor era tan concentrado que se podía observar como un espejismo, pero que sacase conclusiones y supusiera que podía controlar la temperatura en sentido ascendente no iba a cambiar el destino de esta pelea.
Las viejas costumbres se transforman, las tradiciones se pierden, y el paso del tiempo impone siempre una sola cosa: El cambio.
Porque ese anciano podía ser uno de los grandes de otra época, sin duda un guerrero diestro, legendario y capaz, la potencia de sus golpes parecía desatada y natural, no fruto de un sobresfuerzo. Su adaptabilidad a mis habilidades era sorprendente y era algo que sin duda era sólo una ganancia de la experiencia. Pero sólo era eso, un recuerdo de un guerrero, no el guerrero en si. Y entendía que esta clase de hombres buscaba un lugar en el que descansar su leyenda, un lugar en el que su época resonase una última vez.
Pero esta época iba a llevar un sólo nombre y tenía cinco letras. Y era el mío.

Entonces aquel anciano decidió que aun tenía más trucos escondidos para mi, y empezando sus músculos a convulsionar errática y aleatoriamente comenzó a transformarse de nuevo. Su tamaño alcanzó los ocho metros, siendo verdaderamente inmenso frente a mi. El pelo cubrió todo su cuerpo por completo y sus dientes se aserraron adoptando una visión mucho más felina y amenazante, pero lo que más llamó mi atención fue que el moño que sostenía su cabello blanco se soltó liberando una melena larguísima que, junto con su barba y su bigote, tendieron a rizarse y ondularse en constante movimiento, emulando el comportamiento de unas llamas. Era hipnótico, pero palidecía cuando aquel halo de fuego negro brotaba de uno de sus hombros al otro, en círculo por encima de su cabeza, manteniéndose ahí dándole un aura aterradora y divina. Entonces el anciano se recubrió enteramente de Haki de Armamento de forma visible para tratar de defender el daño de mi nueva ola de calor y se lanzó a por mi — Un Myoo... — se me escapó de entre los dientes en un susurro mientras abría los ojos de par en par, reconociendo aquel halo de las escrituras y los cuentos sobre dioses antiguos, budas gordos y musculosos con halos de humo, sintiendo con mi Kenbunshoku el incremento de poder que estaba haciendo aquel viejo y recubriendo automáticamente a Emperor, que era la parte de 'mi cuerpo' más adelantada de mi, con mi busoshoku prácticamente por puro instinto de supervivencia.

Corría tan rápido que no era capaz de seguirlo con la vista, pero si con mi Kenbunshoku, lo cual me hacía pensar que si malgastaba mis reservas de energía y quedaba sin poder usar mi haki, esta pelea sería mi final, pero... ¿por qué me estaba pegando con aquel monstruo? Sólo había aparecido frente a mi en aquella plaza y me había pedido combatir, y si bien sin duda alguien como él debería poder tener la capacidad de usar el Kenbunshoku como para haber podido rastrear mi poder, ¿por qué quería enfrentarse a mi? ¿Simplemente para demostrar quien era el más fuerte? ¿Quizá porque tenía algo pendiente conmigo? ¿O con mi familia? ¿Era esto una situación consecuencia del estilo de vida de los Tenryuubitos?
Fuera como fuera, eran demasiadas preguntas como para pararme a preguntarle todas al anciano y este no parecía muy dispuesto a querer pararse a contarme mucho, la verdad. Así que sólo podía tener una resolución. Elevé mi brazo unos centímetros hacia arriba para protegerme el cráneo previendo con mi haki su potente golpe.


Mi Kenbunshoku me alertaba de un golpe colosal, una brutalidad como nunca antes había enfrentado o... bueno. Sonreí recordando el olor de mi propia carne quemada en Sabaody hace dos años. El segundo golpe más fuerte que había enfrentado. Y no podía caer ante algo así, porque si lo hacía, no estaría preparado para rendirle cuentas a aquel Emperador del Mar en el futuro. Tenía que aguantarlo y tenía que hacerme aún más fuerte para poder acabar con ese hijo de la gran puta, no por haber perdido el brazo, pues ahora Emperor me dotaba de más y mejores capacidades, si no por haberme humillado así con un sólo disparo.

El viejo tigre sonreía pese a que se había lanzado corriendo contra mi ola de calor y esta había desactivado el haki de todo su cuerpo, y cuando se plantó frente a mi a una distancia algo más de un par de pares de metros, descendió con su enorme cachibache desde su espalda imbuído en su haki negruzco y resplandeciendo con un aura del color del fuego mientras emitía rayos negros de forma discontinua. ¿Qué cojones era eso? ¿Por qué sentía tanto poder proviniendo de este punto? Una defensa simple no pararía nada, iba a aplastarme, iba a destrozarme, iba a partirme el cráneo con aquel poder latente, iba a terminar conmigo.

— ¡¡ BLOCK LOCK !! —

Grité al mismo tiempo que mi escudo se desplegaba recubierto de mi Busoshoku y, para mi sorpresa, en vez de impactar directamente la cazoleta contra mi, era una enorme bola de aire con forma de esfera la que se topaba contra mi escudo, empezando a aplastarme con fuerza, como si su arma estuviera comprimiendo el espacio mismo entre él y yo y tratase de aplastarme con él sin miramiento alguno. El suelo bajo mis pies se quebró y estos se hundieron un poco, levantando polvo y el adoquinado de la plaza a partes iguales. Los rayos negros provenientes de su ataque danzaban a mi alrededor e impactaban por igual contra el suelo que contra el aire, pareciendo resquebrajar todo a su paso pero... no eran nada eléctrico. ¿Qué eran esas cosas?. De pronto y mientras nos manteníamos en ese choque luchando por imponer nuestras voluntades, un crujido extra me hizo abrir los ojos aun mas, advirtiendo que provenía del escudo de Emperor, el cual de súbito se abolló y fracturó a partes iguales, deformándose y convirtiéndose en un armatoste inútil y roto, pasando ahora el impacto contra mi prótesis mecánica, y resultando el arma de mi enemigo repelida hacia atrás al imponerse mi defensa.
La fuerza que había ejercido aquel anciano era tanta que empezaba a sentir que mi brazo iba a doblarse, pero confiaba en las manos de Shoto y las de Viktor, y sabía que esto había sido gracias a ellos. A mis amigos.

Entonces, echando humo por la zona de Emperor que había recibido el impacto y con el escudo roto, este comenzó a caer en fragmentos al suelo lenta y progresivamente mientras mi enemigo recobraba su postura al haber sido su ataque repelido por mi defensa. Pero no podía dejar de pensar en qué había sido esa cosa. ¿Qué era ese aura de fuego entorno al cazo? ¿Qué eran esos rayos negros? ¿Y cómo era posible que este cabrón, que a todas luces era una fruta de animales como Viktor, controlase el viento también? ¿Acaso era un animal especial como él? Si Viktor controlaba el hielo en cierta medida, tenía sentido que este... no se, tigre de las nubes controlase el viento. Pero ahora que lo veía mejor y más de cerca... no tenía rayas. No era un tigre. ¿Qué clase de poder extraño y abrumador tenía aquel viejo? — ¿Quieres probar otra vez? — le pregunté divertido, sonriendo, manteniendo la postura defensiva y pendiente de sus movimientos con mi kenbunshoku, dispuesto para atacarle con Hellhound en cuanto se me acercase un poco y emitiendo un pulso de calor sencillo para recordarle que no sólo su lucha contra la vida era una lucha contra el tiempo, si no que su lucha contra mi también.





Resumen

Inventario

Bélico
—
[Imagen: mz3XEoL.png]
—
#D86700
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 14276 + 0 = 14276
Energia: 6543 - 1079 = 5464
Espiritu: 3771 - 485 = 3286


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