[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 1
#31
Hoy es uno de esos «días especiales» en los que su plan de acción dista demasiado de lo que realmente quiere hacer. Es terrible ver cómo es que, incluso algo tan divertido como puede ser un parque de atracciones —aunque ella prefiere quedarse en algún lugar apartado tomando juguito de naranja—, también pueda ser un escenario idóneo en el que las fuerzas del desorden se disponen a fraguar planes de distinta índole.

El uniforme, impoluto y apropiado, acorde a las directivas dadas por el que está a cargo, luce en ella con la sobriedad pretendida por ellos. Es su rostro ligeramente fastidiado el que parece gritar que esto puede ser un completo desastre. Tiene esa sensación ominosa que cree que reina en el ambiente… O eso, o es la muchedumbre que se alza ante sus ojos.

Aunque, en honor a la verdad, habla de estar ligeramente fastidiada porque dicha sensación negativa no es la que inunda, precisamente, sus sentidos ahora mismo. No con St. George en el radar.

Hacía mucho tiempo que no veía una cantidad tan contundente de personas. La convocatoria de ese parque parece generar no solo un revuelo entre los propios habitantes del pueblo; se incluye en este grupo a los que, seducidos por lo que parece ser una invitación a lo nuevo y llamativo, acuden desde distintas partes del South Blue para tener un lugar entre los privilegiados que consigan una línea escrita en esta nueva historia. A eso deben sumarse aquellos indeseables que, prestos a camuflarse entre la multitud, parecen buscar una excusa para poder sembrar caos en el destino al que irían.

No es algo malo. Es un curso de acción. Es una nueva oportunidad y una manera glamorosa de pasar al siguiente nivel: Grand Line. Choi no se siente preparada para dar el gran paso, sin embargo, sabe que debe dar un salto de fe junto a sus compañeros, con el fin de hallar el camino hacia la verdad. Ha dado demasiados pasos importantes en estos últimos días, de esos que deciden y cambian el curso de su propia historia. La sonrisa aflora al pensar en el último gran salto que dio.

Una locura con nombre y apellido.

Ahora mismo, Hae-won está con el arma ajustada a la espalda, un bolso bien asegurado en el que guarda todos los utensilios necesarios, el Den Den Mushi en su hombro, y un equipo de mate completo en una de sus manos, empacado para disfrutar en el viaje.

La sonrisa divertida de la joven aparece por primera vez al escuchar a Shin —el loco de toda la división— afirmando su posición como protector del grupo, además de cuestionar con alto descaro la capitanía de Kael. Si tiene que ser sincera, ese tipo de interacciones provocan en ella diversión y ternura a partes iguales. Se nota a leguas que son amigos y eso, para alguien como Hae-won, representa todo lo que está bien.

En ese momento piensa en Dravenia. Y al pronunciar su nombre en el vacío de sus pensamientos, decae su semblante antes de suspirar audiblemente y continuar con sus labores. El relicario que lleva debajo de su ropa pesa con la certidumbre de que ha perdido a otra hermana, y de ella no pudo conservar un recuerdo digno de guardar. Esos intrusos mentales se desvanecen al escuchar las órdenes de su capitán, además de contar una colaboración beneficiosa con miembros de otra división.

Cuando los integrantes de la ochenta se presentan ante ellos, la dama inclina ligeramente la cabeza al escuchar la educación y buena clase de… ¿la tortuga parlante? Eso no es lo peor. Se da cuenta de que Enji y uno de los gatos más bonitos que ha visto en su vida —la mascota del mencionado— están usando a la misma tortuga parlante como transporte. El cuadro en sí mismo sería hilarante, de no ser porque nota casi de inmediato la extraña sensación de animadversión de su actual pareja.

Saca por conclusión que la esencia inconfundible del albino de la ochenta le repele, y puede entenderlo. Cuando Dima le susurra algo acerca de uno de los que abordarían el ferry dispuesto por la organización del parque, la joven entrecierra los ojos cruzada de brazos.

Lo sabía.

No tarda en acomodar un mechón de su cabello detrás de la oreja al observar al gigante azul. Si es alguien que tiene pedido de captura y una recompensa por su cabeza, entonces tendrían que advertirle a su capitán. Se encamina hacia el pelinegro con una mirada tranquila.

—Kael… Hmmm… ¿El sujeto gigante de piel azul no te parece conocido? Dimitri me comentó que justo lo captó mirando atentamente hacia nuestra dirección.

Puede escuchar de fondo una voz melodiosa animando el ambiente con el sonido de maracas acompañándolo, como fieles seguidoras y certeras cantantes. Al parecer, es otro miembro animado de la pintoresca división ochenta. Otro más se presenta al compás del ánimo expresado por el artista del grupo.

Deben divertirse mucho entre ellos. Eso seguro.

—… De ser así, deberíamos dar algún aviso, ¿verdad? Aunque dudo que hayamos sido los únicos que han identificado al sospechoso, si tiene pedido de captura y recompensa por su cabeza.

Tal vez son demasiadas gestiones. Tal vez es su mente tratando de captar los detalles debido a las ordenanzas del comandante, y sus justificadas sospechas acerca de los procederes de la administración de ese bendito parque de atracciones. Tal vez es la dispersión que generan las charlas a su alrededor, y esa tendencia que ella tiene de escuchar todo por ese lado chismoso que no puede controlar… Pero es solo un ligero toque a su cabeza el que le permite centrarse y volver a ese presente en el que, quiera ella o no, debe trabajar.

Camina con paso tranquilo hacia el Tempestad para preparar todas las herramientas de reparación, porque sabe que cruzar a las aguas más embravecidas del mundo en el que vive puede provocar una serie de grietas en el barco que deben ser subsanadas. Ese es su deber y en eso se debe concentrar mientras navegan por el mar.

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#32
La noche me picó casi tanto como las sábanas aquella madrugada. Cada pensamiento reiterado se convertía en una nueva vuelta en la cama.

«¿Cómo estarían Ritsu y Sandy y su hijo en mi ausencia? Ritsu sabe cuidarse, pero cada año él se hace mayor y no tendrá siempre la misma fuerza». Ya me despedí de él antes de mi última partida de Baterilla, pero es ahora cuando me encuentro ante el aterrador abismo de la realidad. «Y si no vuelvo ni en cinco años? ¿Y si... no vuelvo? ¿Estará bien… si no vuelvo? Seguramente Sandy cuidaría de él… ¿Y si son mis compañeros los que no vuelven?».

Cuando me descubrí bocarriba con los dedos enredados en el colgante de mis padres, supe que era el momento de hacer lo que hacía siempre que me agobiaba por el futuro: asegurarme de que todos tuvieran un día feliz más que recordar.

El resto de la noche, en la cocina, actuar volvió a ayudarme a no pensar.

***

(¡¡Gracias, Kibai!! AAAAAAAAAAAAAH)

¡Hay tanta gente! ¡Todo está lleno de colores y gente! Comerciantes con puestos, niños corriendo y jugando, decoraciones y panfletos de todo tipo… ¡De hecho, ya me había guardado uno! ¡Y fíjate, hay músicos por allí animando el puerto y todo! ¡Llevo queriendo darme prisa en venir desde que terminó el discurso de partida de la Marina! ¡¡Es tan emocionante!!

Para cuando llegué junto al Tempestad, casi todo mi grupo se había reunido ya. ¡Normal! Las bolsas que llevo con comida pesan una completa barbaridad… ¡Es comida para un montón de gente, todos con raciones acordes a su tamaño, ¡y algunos de ellos son muy grandes! ¡¿Por qué puñetas no pude interceptar a Kael antes de salir?! ¡Habría podido llevarme todo este peso! ¡Agh!

―¡Hola… chicos! ―llego jadeando como el primer día que subimos a aquel barco, contenta de haber llegado por fin. Dios santo, ¡qué calor! Al menos, nunca será peor que el frío. ¡Por suerte esta vez todas mis maletas estaban ya en el barco! Si no, ¡me habría querido morir!―. ¡Ya estoy aquí…!

Dejo las bolsas en el suelo de madera mientras recupero el aliento, pero en ningún momento se me borró la sonrisa. La verdad es que me hace mucha gracia escuchar a hablar al albino y al moreno sobre el tema de la capitanía. ¡Yo ahí mejor no me meto y que se apañen ellos!

―¡Shiiiiiiiiiiiiin! ―corro a abrazarlo en cuanto ya puedo respirar con normalidad―. ¡Cuánto tiempo, Shin, ¿cómo estás?! ¡Espero que te hayas traído el haori! ¡Tienes que lucirlo allí en tus horas libres!

Porque claro, evidentemente, todos llevamos hoy el uniforme completamente reglamentario, como siempre hacemos (o yo, al menos) cuando hay una misión oficial de la Marina.

―¿Emocionada? ―preguntó Dimitri.
―¡Muchoooo! ―exclamo soltando a Shin y casi saltando a su lado―. ¡¿Has pensado ya qué sitios quieres ver allí en nuestras horas libres?!

Pero, por supuesto, Kael no tardaría en dar su discurso de resumen oficial, recordando cómo nos moveríamos y que colaboraríamos con la División 80. ¡Qué ganas tengo de conocerlos!

―¡EH, SHINCHAN! ¡Por aquí, cara de nalga!

Enseguida, toda la atención envuelve a dos curiosas figuras acercándose… ¡Es Enji… y un bonito gatito... sobre una tortuga! ¡¿Cómo puede esa tortuga ser tan increíblemente fuerte?!

―¡Espera un momento… ¡¿Qué haces tú encima de mí?! ¿Dónde está el equipaje?

Las manos me cubren de inmediato la boca. ¡Una tortuga que habla! Miro de inmediato a mi alrededor. ¡¡¿Por qué soy la única sorprendida?!! ¡¿Y por qué la tortuga conoce a Kael?! ¿Juan… Sebastián? Pero ¿no era un cang…? ¡Oh…! ¡Oh! ¡Debe de ser cosa de una de las frutas!

―¡Encantada de conoceros! ―saludo alegremente a ambos, hasta que de repente caigo en que puedo aprovechar para darles lo que había traído―. ¡Ah! ¡Esperad un momento, por favor!

Enseguida corro ágilmente los pasos que me separan de ellos y ofrezco a Enji la bolsa que contiene todos los platos para cada uno de los miembros de la División 80: Juan Sebastián tenía un delicioso salteado de percebes con algas y limón (¡muy apto para cangrejos!); Akira tenía un muy buen montóoon de nigiris, de atún, salmón, bacalao, gambas…; Sigrid un muy bueeeeeeeeeen plato de estofado al vino tinto, perfecto también para su tamaño; Masato me costó bastante, porque no la conocía mucho, pero esperaba que unos onigiri de rellenos variados pudieran gustarle, ¡y Enji era el único con comida como postre! Había escuchado que le gustaba mucho el dulce, así que seguramente no se quejaría de su tarta de limón. Además, todo el mundo tenía un postre aparte: ¡buñuelos de bacalao! Todos tenían miel de caña y canela, salvo Juan Sebastián, que como no sabía si le sentaría bien la miel, tenía una caja con y sin miel y canela. ¡Así podría elegir! ¡Postre apto para cangrejos también!

―¡Es comida para todos! Espero que os guste. También he añadido una cajita con lechuga, rúcula, dientes de león, espinacas y acelgas para vuestro Mushi Mu… ―¡Uy! ¡No, no!―. ¡L-los Den Den Mushi! B-bueno, ¡muchas gracias por pasaroooooooooos!

Entre risas, vuelvo junto a mis compañeros, pero tomo nota mentalmente. ¡Tengo que tener cuidado para no llamarlos así delante del resto de la Marina o me podrían regañar!

―¡SUENA LA MARACA SUAVE! ¡CHACA, CHACA-CHÁ!

Canción, maracas y botas eran su propia fiesta caminando por el muelle a un ritmo imposible de ignorar.

—¡A ver, tesoros de la setenta y cinco, no me digan que voy a tener que enseñarles cómo se siente el verdadero espíritu del verano porque esatas chaca-chaca vibes no me las van a ignorar!
―¡Uuuh~! ¡Vamooooooooos! ―exclamo proyectando la voz con una mano y marcando con la otra el ritmo de mis saltos.

¡Es que es imposible no bailar al ritmo de la canción esta artista, por favor! ¡Qué arte tiene! ¡Ojalá podamos irnos de fiesta juntas en el futuro! ¡Va a ser tan genial!

―¡¡Aaaaaaaaaah!! ¡¡Viva la División Ochentaaaaa!! ¡Vivaaaaaaaaa!

Demasiado distraída por aquella fiesta, casi no me entero del nuevo mote de Milki… ¡de Dimitri! ¡Ay, qué bueno, me gusta mucho la sugerencia! ¡Pero lo mejor es cuando también él habla de unirse a la fiesta! ¡Esooooooo!

Entre risas, veo de lejos a Akira dirigiéndonos una reverencia, y enseguida se la devuelvo de la manera más digna, orgullosa y feliz posible. ¡Qué majo! En cuanto sube a su barco, vuelvo la atención hacia mi tripulación.

―Chicos, ¡también tengo algo para vosotros! ―anuncio antes de empezar a ir sacando cajas―. Dimitri, ¡esto es caldo de bacalao! Tiene almendras, semillas de calabaza, huevo hilado y acelgas. ¡Se supone que son cosas que te deberían ayudar con las migrañas! ―Acto seguido, voy hacia Hae-Won―. Lo tuyo son fideos con pollo y verduritas con salsa de soja. Es bastante equilibrado y he evitado salsas que tengan nada de alcohol, ¡pensé que te gustaría! ―Rápidamente, desvío el pensamiento que me hace acordarme de Uker, que fue quien me enseñó la existencia de esos fideos. No puedo permitirme ponerme sentimental ahora―. ¡Y estos son para vosotros! ―me acerco a Kael y a Shin―. Como sé que a Kael le cuesta saborear cosas y me suena que dijo que también te pasaba a ti, Shin, he hecho unos platos bastante picantes, a ver si eso os ayuda. Uno es de pollo y otro de ternera, ¡podéis elegir cuál queréis! Si tenéis alguna preferencia, no dudéis en decírmelo y tomaré nota de ello. Y, lo que queda en la bolsa es, aparte de mi plato combinado con las sobras… ¡El postre! ¡Buñuelos de bacalao con canela y miel!

Sí, ¡el mismo delicioso postre que di a la División 80! ¡Ya solo queda esperar a que sea la hora de comer!

Entonces, Hae-Won dice algo MUY importante. Se lo dice a Kael, pero yo miro enseguida alrededor, buscando enseguida a ese gigante de color azul… ¡y ahí está, en el ferry! Es relativamente fácil de ver entre la multitud. Sí, definitivamente lo recuerdo de uno de los carteles: Kazan, 25.000.000 berries. ¿Y había mirado hacia aquí?

―¿Deberíamos avisar por Den Den Mushi a la Marina y coordinarnos con la 80?


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#33
En torno a los barcos, se cruzaban miradas suspicaces, ojos entornados y cuchicheos, ardientes acusaciones que se lanzaban como dagas por el aire, de forma inevitable, entre las decenas de intrépidos aventureros cuyos destinos habían dado a parar en aquel particular y minúsculo punto del South Blue. Por todo el puerto de Pueblo Baquella, multitudes de todo pelaje se arremolinaban en diversos puntos, preparándose para la travesía que estaba por llegar, desconocedores de la aventura que estaba por llamar a sus puertas. Algunos de los allí presentes podían estar a punto de embarcarse en el último viaje de sus vidas, aunque ninguno de ellos, claro, podía saberlo. El destino era hábil a la hora de insinuar sus cartas, mas sin mostrarlas hasta el momento adecuado, y en aquel caluroso día de verano se estaba repartiendo la primera mano de un juego que marcaría a toda una generación, para mejor o para peor. ¿Cómo jugarían sus cartas? ¿Quién se llevaría aquella primera ronda? ¿Quiénes lograrían dejar su marca como los favoritos de toda una generación?



Todos, o la mayoría, se disponían ya a zarpar hacia lo que prometía ser, como mínimo, una experiencia. Los piratas iban y venían, en su mayoría con discreción (o eso pensaban), subiendo a sus propios navíos, si bien una cantidad nada despreciable optó por subir en el elegante ferry del New Era, pasando por las horcas caudinas de identificarse con una cantidad inquietante de detalles ante el hombre del bigote, que, con una calma evidente, fue tomando nota de todo. Algunos intentaron engañarlo, si bien no todos lograron ser lo suficientemente convincentes, o sin la agudeza de ocultar aquello que pudiese delatar lo burdo de su engaño. El hombre del bigote, sin embargo, no mostró problemas ante ninguno de ellos, y se limitó a seguir tomando nota de todo. Cada vez que alguien daba los datos requeridos, él simplemente los miraba de arriba a abajo, asentía, hacía un educado (y cansado) gesto con la cabeza hacia la pasarela, y les daba paso al enorme barco, frecuentemente sin siquiera una palabra. Los Marines, servidores más o menos disciplinados de la justicia, también se preparaban para partir, algunos con más prisa que otros. Una campana sonó a bordo del ferry del New Era. En mera cuestión de algunos minutos, el hombre del bigote se había desvanecido, habiendo recogido consigo su pequeño tenderete, y un par de hombres forzudos retiraban con brusquedad la pasarela que daba acceso al barco. Ya se habían soltado los gruesos cabos que fijaban el ferry a los amarraderos del puerto, y el barco comenzaba a moverse con lentitud. El enorme ferry de letras doradas se preparaba para surcar las aguas hacia el Grand Line.

—¡Vamos, mancha de memos! —exclamaba, hastiado, el comandante, paseándose por delante de los (ahora sí) debidamente uniformados marines, asegurándose de que todos cumpliesen con el protocolo que había ordenado con claridad, y viendo con estupor cómo algunos aún se apoltronaban alrededor del puerto, sin ponerse en marcha. No era la primera vez que veía marines como aquellos, jóvenes, llenos de vida e ilusión, como muchos de los reclutas que él mismo comandaba en Baterilla— ¡Tenéis que espabil...!

El comandante, sin embargo, enmudeció aún con las palabras en la boca, que parecieron cortarse de golpe, al igual que el resto de los presentes. Por toda la isla, diversos den den mushi de megafonía repartidos aquí y allá, situados estratégicamente en los lugares habitualmente más concurridos, comenzaron a emitir primero un zumbido de estática, al tiempo que empezaban a recibir una señal. Una voz ligeramente distorsionada y comprimida habló alto y claro a través de todos al unísono.


Este es un mensaje de la Marina.

El cuerpo de la Marina presente en Baterilla ha detectado la presencia de varios criminales de notoriedad en el área, incluyendo a Dharma, Barald Kane, KuroVongola o el revolucionario Kazan, entre otros.

Varios malhechores han sido detectados en la zona. Procedan a su captura y detención.

Repito: procedan a su captura y detención de forma inmediata.


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Se hizo el silencio, justo mientras una multitud de navíos empezaba a zarpar, uno detrás del otro, del puerto de la isla de Baterilla. El viejo comandante, con los ojos como platos, tardó un instante en reaccionar, arqueando una ceja. Pocas veces se había visto en una situación como aquella, con tantos piratas escapándosele delante de sus narices, pero no tardó en tomar el control de la situación. Sus instintos de liderazgo salieron a flote, y su actitud al completo pareció dar un giro de 180 grados. Completamente firme, comenzó a hacer indicaciones más propias del campo de batalla que de una situación de distensión en un día de verano, indicando a los Marines que subiesen a los barcos y procediesen a la persecución e identificación de los piratas.

Los acontecimientos se precipitaban; para unos y otros, había llegado la hora de ponerse en marcha.





Resumen

Información importante
#34
El calor seguía siendo abrasador, y no es como si en breves minutos algo respecto a ese hecho fuese a cambiar fácilmente. Shin empezaba a ponerse de mal humor, sudando sin a penas haber hecho nada y queriendo arrancarse algunos fragmentos del uniforme en pos de que su piel pudiese respirar. Observaba el agua del mar con recelo, sabiendo que ese oleaje de apariencia inofensiva lo rechazaba, sino, ya se habría lanzado de cabeza a refrescarse. Lastimosamente la idea tendría que esperar, sólo deseaba que en los Cabos Gemelos la temperatura no fuese tan pesada.

Pero ni el sudor, ni mucho menos el sol intentando quemar el pigmento bien protegido de Hasegawa serían tan densos como el mismísimo albino, quien aún portando su par de gafas mantenía el pique sobre la persona que seguramente lo conocía más, dispuesto a sobreponerse sobre su ego. ¿Que fuese él mismo? Decía cosas sinsentido en la lógica siempre retorcida del prodigio aplastante que representó desde su crianza entre dos clanes elitistas, culpables quizás de su actitud actual.

—¡Ajá! ¡Ajá! ¡Pues ya verás! Voy a brillar como nunca en esta misión y entonces tendrás que asumir que sigo superándote. —Omuyaga quizás lo habría notado, pero desde la obtención de su fruta se podría asumir que Shin era todavía más molesto que antes. Es decir, siempre fue egocéntrico, sin embargo, ahora... los fundamentos le sobraban, y saber que en parte hablaba con verdades, pues su nuevo poder le permitía hacer cosas que parecían imposibles, quizás atribuía sentido a esa sensación invisible.

Junto a ello, el hecho de que los momentos en donde genuinamente habla en serio disminuyeron, al punto en que desde la reagrupación de la nueva División, nunca mostró esa faceta.

Y habría seguido dedicado a meterse con Kael, pero ese nuevo rostro que hasta ahora no había conocido se acercó a presentarse, y demonios, ¡cuánta formalidad! ¡Nada de nada! Así no se tratan los asuntos triviales, por ende decidió romper de inmediato con ello, primero colocando el rostro más serio que el castaño jamás había visto, y luego... rompiendo la fachada, llevando ambas manos entrelazadas al costado de su mentón y exclamando en un tono prácticamente chillón el apodo que decidió para el joven marine. —¡Geoooooooooooooorgy! ¡Es un placer saber que esa carita tan inocente estará al frente cuando una tormenta amenace con devorarnos! Te lo encargo, sólo espero que las ojeras no arruinen tus facciones, ¿okey? —rompió las distancias súbitamente, y le dio dos suaves palmadas en la cabecita. ¡Tan tierno que era!

A quien no perdonó, por supuesto, fue a Hae-won, a quien le frunció el ceño con rabia (simulada) acumulada —¿Y tú qué, ChooiChoi? ¿No saludas? —acto seguido le sacó la lengua, antes de, claro... ser atacado por la última en llegar. Nyri deslumbró con su presencia, acto habitual en sus presentaciones y entradas, cargando una suma de equipaje que hasta le costaría llevarse a la persona más alta y corpulenta que conoció, Kazan.

Pero así y todo se dio el lujo de embestirlo con un abrazo, del cual, por supuesto, Hasegawa renegó, fiel a su estilo —¡Oyeee! ¡Que hace calor! —intentó zafarse, sin mucho éxito —Además, sólo permito que me toquen mujeres con las cuales sí tengo intenciones. —refunfuñó, y una vez libre... —¿O acaso estás coqueteando conmigo, eh, Nyri? —y al final, contradiciéndose, fue él quien invadió el espacio personal de la chica, estirándole una mejilla como pequeño castigo.

El abrazo lo hizo sudar todavía más si cabía la posibilidad, ¿se estará derritiendo?

Con tanta payasada hasta olvidó lo del haori, pero fue el suficiente shock parcial como para que Omuyaga tome su postura e intente coordinar, órdenes que ignoró con todo el descaro del mundo, volteando y observando entonces a otra dirección, en el momento justo para escuchar una voz bastante... familiar. Enji, quien lo derrotó, usando aquel apodo de nuevo, y justo cuando iba a devolverle el favor, se dio cuenta de la forma en que se estaba acercando.

Encima de una tortuga. La tortuga más grande que había visto nunca. —No puede ser... ¡te conseguiste una mascota, príncipe de los quinientos mares del sur! —siguiendo la broma de aquel día, extendió los brazos y se movió de un lado a otro, emocionado, al menos hasta que finalmente se acercó con el resto de la División Ochenta, viendo que la tortuga se llamaba Juan y no estaba al servicio de nadie más que el Gobierno Mundial. —¡Lo siento, tortu-sama! ¡Debí suponer que Enji es demasiado brusco para domar bestias como usted! —ignoró al felino, claro, sino, le desmoronaba la broma.

Y más gracia que un chiste le hizo el modo en que Juan se presentó y saludó, bajando la cabeza, en una lucha por mantener la gorra que justificaba su uniforme reglamentario sobre la susodicha, atrapándola en el momento justo con la boca y hablando como buenamente podía. Sí, definitivamente era fan.

Casi tanto como del artista que se presentó poco después, llamado Masami. Shin era excéntrico, le daba bastante igual presentarse si no era para presumir sus habilidades innatas, o quizás... sencillamente se le pasaba por alto, por ello decidió acompañarle con pequeñas palmas que marcaban el tempo de su melodía, sumándose a la fiesta en un baile poco profesional —Así uno navega como un verdadero rey... —confirmó, y permitió que las cosas siguiesen su flujo cuando Kuroshiro volvió a tomar el foco protagonista, ofreciendo platos de comida a todo Dios.

Escuchó el informe sobre lo que le preparó, pero fue entonces que el dúo de tortolitos (a vista de Shin, por estar medianamente juntos) le hizo darse cuenta de algo. ¿Un gigante de piel azul? Desde su posición, Hasegawa no llegaba a verlo, pero ese dato fue suficiente para que lo reconociera, porque sólo había una única persona coincidente con esa descripción, y ese era la Marea Azul.

—¿Kazan? ¿Dónde? —cuestionó, prácticamente ladeando la cabeza. Ni siquiera trató de voltear a verlo, considerando que estaban próximos a embarcar, y se tomó el tiempo para relajar a sus compañeros —No se preocupen, si es quien creo que es, ya lo vencí una vez. Sin que siquiera haya podido tocarme. —colocó ambos brazos en jarra, sacando pecho —Dejen que me encargue de él. Es un buen tipo, aunque no lo parezca... —indicó, dispuesto a cumplir con su palabra. Fue sincero, y así como le dijo la verdad a su División, también debía sincerarse consigo mismo.

Porque compartir un objetivo no lo eximía de sus crímenes, ni de la visión anarquista y caótica que le había demostrado en aquel combate. Su voluntad era férrea, y aunque le demostró que no moriría por sus ideales, también le hizo entender que quizás, su lucha, abarcaba algo más que simplemente probarle a los demás cuánto quiere conseguir aquello que enciende de fuego su corazón. Había estado esperando ese reencuentro, lastimosamente la vida tenía otros planes...

Y llegaron con el aviso general, transmitido en todo el puerto.

Dharma, Barald Kane, KuroVongola y Kazan fueron mencionados. Sin embargo, de entre todos ellos, sólo el nombre del primero resonó en su cabeza, y el semblante de Hasegawa pasó a uno completamente serio, pues a ese bastardo le atribuían asesinatos cruentos en el periódico.

Dimitri ya había subido, y Shin decidió hacer lo propio, pues las órdenes eran claras —¡Vamos a ello! Si Dharma está aquí, tengo que capturarlo. Él y su tripulación no pueden seguir haciendo de las suyas. —exclamó, repasando a los presentes uno a uno —Kael, encárgate de coordinarlas. Iré con Dimitri, si consigue acercarme lo suficiente a los barcos piratas, podré atacarlos. —confirmó, tomando la iniciativa con una seguridad enorme. La soberbia iba implícita, Hasegawa no se creía capaz de perder, y lo demostraba en cada acción que realizaba. —¡Vamos a bordo ahora! —resaltó, esperando que la Ochenta hiciese lo propio.

Decidido, eficaz y sobre todo, veloz, subió al Tempestad, barco de la División Setentaicinco, corriendo hacia la zona del timón, donde imaginaba que encontraría al Navegante. No se tardaría demasiado en colocarse en posición, justo a su derecha, observando entonces desde esa espaciosa vista el despliegue del Ferry y de otras embarcaciones a quienes debían darle caza por orden del Comandante.

—Los escuchaste, ¿verdad? —cuestionó, ni siquiera para él, que estaba dentro, eso tendría pérdida. —Veinte metros, Georgy. Sólo necesito que me acerques a alguno de esos barcos veinte metros, y si es al de Dharma, mejor que mejor. —una sonrisa soberbia, llena de ego, y sus ojos cerúleos brillando, repletos de determinación, indicaban la firmeza de sus siguientes palabras.

—Voy a cargarme a esos asesinos.

Lo que leyó en el periódico estaba clarísimo. Él y los Rakshasa debían caer, pero sobre todo aquel que se hacía llamar Dharma. Saber que todavía surgían desde los Blues piratas con semejante forma de actuar le rememoraba situaciones que aún seguía sufriendo a día de hoy. Heridas emocionales sangrantes, y el motor principal que lo estaba moviendo durante esa misión. Su ex pareja, sus amigos caídos por la crueldad desmedida, camaradas con los cuales quería pasar más tiempo, luchaba por ellos, y por ellos seguiría adelante costase lo que costase. —No me decepciones, navegante. Debemos capturarlos. —al lado de Dimitri y el timón, fijó la vista en los barcos que abandonaban el puerto, intentando identificar señales de los Rakshasa.

Era su manera de mostrarle confianza. En aquel trance, también observó a un costado, el barco de la Ochenta, pensando en que Enji, Sigrid, Juan, Akira y Masami iban a ser igual de funcionales. Todos iban a salir con vida, era su juramento personal, sin importar el costo.

Esta vez sería diferente.

Info
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#35
Caminaba por los espacios laterales del ferry, recorriendo los peldaños que componían su estructura interna, no elegante, pero común entre los demás navíos de cualquier puerto. Demasiadas personas en un pasillo podría resultar algo agobiante pero cuando el tránsito comenzó a mermar me dediqué a buscar entre los rostros, intentando, quizás encontrar a mi capitán.  —- ¿Será que se le olvidó?. —- dudé por un momento, Cill no era un hombre que faltara a su palabra.

Podría jurar haber visto rostros conocidos en la entrada, pero no estaba segura de saber si realmente se trataba de ellos, llevaban vestimentas holgadas y frescas, propias de una excursión. También me di cuenta la presencia de un gran ogro azul de enorme tamaño, acompañados de una ángel de pelo rosado que sabía se trataba de Seraphine, parecía estar ansiosa pero también protegida por sus amigos. ¿Quizás era miedo a los viajes en barco?. Después de eso, al echar un vistazo a la cubierta, me di cuenta de que tampoco se encontraba Cill en ese lugar. ¿Estaba sola?, una inquietud significativa floreció en mi corazón.

Volví entonces a los pasillos internos, esta vez en la dirección contraria, avanzando incluso contra el flujo de pasajeros que se dirigían hacia la proa del ferry. De cierta manera estaba preocupada. ¿Me había equivocado?, ¿Y si este no era el barco que me indicó Cill?.

En lo que llegaba a la parte trasera del barco, aún sin salir al aire libre y quedándome apenas en el umbral de lo que parecía ser un espacio abierto como la cubierta, mi andar se detuvo en cuanto escuché la campana que anunciaba que pronto partiría el ferry, incluso podía sentirse la vibración del algo poniéndose en movimiento. El viaje comenzaba. Alcé mi mirada hacia el techo mientras trataba de concentrarme en ese sonido, y después, todo quedó en silencio. Estaba…sola.

Hasta que escuché mi nombre. Esa voz…era él. Mi mirada azulina se dirigió hacia la dirección de donde provenía su llamado, y ahí conecté con el cobre de su mirada. Finalmente podía anclarme y sentir alivio profundo. No me había mentido, aunque en el fondo sabía que esa posibilidad siempre había sido una idea equivocada. Sonreí con plenitud y acorté la distancia para recibirlo a modo de bienvenida.

— Me habías preocupado, ¿dónde estabas? — dije con un aire de preocupación, llegando incluso a tomar la manga de su brazo izquierdo. Aún así, estaba feliz, sin duda, de verlo de buen humor y relajado. Ese era Cill.

Luego mi mirada se posó en quien parecía ser un amigo suyo. Era más alto que nosotros dos juntos, un lunarian en todo su esplendor y eso me hizo acordar que entre la gente me pareció ver a Ashe y Heras, podría saludarles después. Él también tenía hermosas alas azabaches, cabello albino y trenzado, piel morena oscura y ojos en tonalidad ámbar.

—Oh… Una disculpa, mucho gusto… —dije mientras acomodaba la correa del estuche de mi violín sobre mi hombro izquierdo y extendía mi diestra en señal de saludo—. Mi nombre es Miyori Hoshino, ¡un placer conocerte!

— ¿Viajarás con nosotros?, bueno… me refiero si te unirás a nosotros cuando estemos en Cabos Gemelos? — ¿Significaba que era alguien más de la tripulación que aún no conocía?, aquella idea me llenó de una emoción absoluta. —- ¿Vamos a decirle adiós al puerto? — señalé hacia el umbral de la popa, esperando a que ambos se incorporaran al camino conmigo.

Una vez en el exterior, dejando que la brisa del mar nos abrazara de forma constante, llevé una mano a mi sombrero para evitar que el viento se lo llevara. Me acerqué lo suficiente a la baranda, quedando a medio metro de ella, y fije la vista en aquella isla que pronto sería más que una mancha en el horizonte. Y recordé todos los momentos de mi niñez y a las personas que conocí en Baquella y que espero verlos de nuevo en el futuro. Le decía adiós a mi hogar, sin saber cuánto tiempo pasaría antes de volver. Y aunque en mis ojos se asomaron ciertas lágrimas de nostalgia, no me arrepentía de emprender este viaje.

—- Nunca he ido a un parque de diversiones, ¿será divertido? — expresé en lo que mis manos se encargaban de borrar rastros de mis sentimientos a flote de mi rostro. Miré ahora a Cill y al joven Lunarian con una sublime sonrisa, manteniéndome a un metro de distancia de ambos. Nuestra aventura era incierta, si, pero sabía que también sería maravillosa. — Tal vez incluso encontremos a más personas que quieran unirse a nosotros, ¿No?.

—-- Cill es un excelente navegante, yo soy una artista que busca aprender todo tipo de música. —- Ahora mi mirada se centraba en el joven de ojos ámbar. —- ¿Qué hay de ti?, ¿Hay algún sueño por alcanzar?.



Info
[Imagen: miyoocheja.png]
Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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#36
—¿Ensuciarte? No seas exagerado —Enji puso los ojos en blanco al tiempo que daba otra pitada a su cigarro—. Ni que fuera a dejar caer un pedazo de ceniza negra sobre tu capara…

Tss.

El momento oportuno. Claro, así tenía que ser. Todo era cuestión de timing en la comedia. La ceniza esperó, aguantó, paciente cuál experto cazador, al momento oportuno para dejarse caer. Había aunado masa, peso, y torcido el segmento consumido hacia abajo. El residuo blanco, deprimido, cayó, y Enji estiró la mano para tratar de atrapar la mota en el aire durante un pedazo de instante que pareció eterno. Fue en vano. Juan lo había vaticinado y la predicción se cumplió, invocada por la tortuga. El montón de ceniza se deslizó entre sus dedos y se desmenuzó sobre el caparazón de Juan Sebastian.

Enji guardó silencio durante un momento. Por dentro, se estaba cagando en toda la familia Marboro.

—(...)Como decía, no hay forma… —retomó su discurso mientras, disimuladamente, posaba su pierna sobre el lugar del manchón. Mala idea. El roce de la tela no sólo hizo más grande la mancha, sino que se contagió al pantalón azúl y selló en su tela otro manchón negruzco—, de que te manche el caparazón, Juancho. ¿Es que no confías en tu sargento?

La División 75 apareció para distraer a su compañero y postergar su ejecución pública. Enji los escrutó de arriba abajo, uno a uno, menos a Shin. A él lo vio primero que a nadie y saludó con un guiño y una sonrisa arrogante. Llegar al puerto subido en Juan había tenido el efecto que esperaba.

El siguiente fue Kael.

—Enji —dijo, obligado a mirar hacia arriba por su estatura reducida al estar sentado sobre Juan—. “La Fiebre del Oeste”. Puede que hayas oído hablar de mi. Desmantelé una mafia de traficantes de cartón. ¿Qué has hecho tú, modelito?
La mentira se deslizó de su lengua como el veneno de una serpiente fluye desde sus colmillos. Con esa simple presentación, Kael ya sabía todo lo que necesitaba saber.

Después de él se acercó un muchacho de cabello corto y ojos claros que parecía muy ocupado con el barco —¿sería su navegante?—, llamado Dimitri, a quien Sigrid entregó un paquete. Enji no le prestó mucha atención.

Luego llegó una mujer de cabellos blancos y ojos azules que no tardó en reconocer como Choi, la chica mate, a quien dedicó un pícaro guiño.
—My lady —masculló, y bajó ligeramente la cabeza en una pequeña reverencia.
«Que mujer más bella, sí señor»

Por último, pero no por ello menos importante, una mujer de canello cenizo y orejas en la cabeza cerraba el pintoresco equipo de la División 75. Nyra, se llamaba. Otra insultante belleza que caía en una división diferente a la suya. Maldijo su mala suerte, aunque, pensándolo bien, ya tenía suficiente con Sigrid, la hermosa vikinga que le alineaba los patitos de una cachetada de vez en cuando. Quién sabe si compartirían esos instintos violentos, o la habilidad con los derechazos...

Un momento.
¿Orejas en la cabeza?

«Mierda, debe ser una de esas raritas de las que hablaba el periodico —pensó fugazmente, recordando el apartado dedicado a  “The Rians” en la última entrega del World Economy News Paper—. Espero que no se le dé por marcar territorio en el parque»

Forzó una sonrisa incómoda en sus labios, dividido entre lo raro de ese grupo de huminks y lo mucho que le llamaba la atención esa mujer en particular, y la saludó agitando la mano izquierda. Aunque le hubiera gustado acercarse a mirar más de cerca esas orejas y comprobar que fueran de verdad, estar sentado sobre una tortuga implicaba dejarse llevar por la tortuga, fluir con la tortuga y, en consecuencia, ir donde iba la tortuga. Y Juancho, ni lento —bueno, un poco—, ni perezoso, encaró hacia el puente de abordaje al barco. Su camarada no quería perder un segundo más. Apenas le dio tiempo de hacerse con la bolsa de comida que Nyra le ofreció.

—¡Eso, Masi! ¡Cha, cha, cha! —Llevado por el ritmo, mientras Juan, a su vez, lo llevaba a la cubierta del barco, Enji se paró sobre su caparazón y empezó a moverse al compás de la música. Ford, arrancado de su quinta siesta del día, se bajó corriendo y caminó junto a Juan Sebastian, siendo los dos testigos obligados del espectáculo.

Enji daba pasos cortos, pues el espacio era pequeño, y todo su flow corría por la soltura de su cadera y cintura. Parecía un fideo movido por el viento o una soga agitada por el oleaje del mar. Se movía bien, nadie podría negar eso pese a lo ridículo de sus pasos. Tenía el compás memorizado y su despliegue era fluído, instintivo, sin pausas o aristas.

El jolgorio duró poco, sin embargo. Definitivamente muchos menos de lo que le gustaría. La música se vio interrumpido de forma abrupta y totalmente anticlimática cuando los altoparlantes conectados a la red de la marina soltaron un anuncio oficial, forzando una pausa en el tiempo para todos y cada uno de los marines que abordaban de camino al parque. Los nombres resonaron con mayor fuerza, instalados en el imaginario popular después de la última tanda de wanteds publicada hace muy poco. Nombres que empezaban a significar algo dentro del South Blue. Estrellas emergentes.

Peces gordos.

Enji sonrió.

—¡No se queden atrás, setenta y cinco! —gritó al pequeño grupo de marines que todavía no se había subido a su barco—. ¡Se van a perder la diversión!

Y saltó a cubierta desde el caparazón de Juan.

Dio una última calada a su cigarrillo, descartó el filtro amarillento y se rascó el cuello mientras observaba partir el ferry junto a otras varias embarcaciones de diferentes tipos, diseños y colores. Se aferró al barandal que delimitaba la superficie y por un instante pensó, se preguntó, si sería capaz de alcanzarlos de un salto. La pregunta lo hizo sonreír. La emoción rompió el hervor en su pecho. ¿La misión había cambiado? No estaba seguro, pero su situación sí. Una oportunidad había aparecido frente a sus ojos, en su camino, como un gigantesco pico puesto allí para que lo escalara.

—¡Dénme un maldito remo! Tenemos que llegar antes que ellos —vociferó, dispuesto a hacer lo que fuera para que la embarcación oficial del cuerpo de marines se moviera más rápido—. ¡Denme un remo! Que se lo doy a Juancho. ¿A que sí, Juancho? Además, ¿alguien vio los brazos del rubiales? Está hecho para remar.

Off
#37
El anuncio llegó cuando Kazan ya no se encontraba en el muelle, si no en el ferry. En otras palabras cuando el muelle de Baquella ya era apenas una franja de madera a unos treinta metros por la popa. Kazan lo escuchó desde la barandilla de cubierta, donde se había detenido con la pipa entre los dedos y sin molestar a nadie, solamente acompañando a sus compañeras. El humo salió despacio como si Kazan lo soltara de forma deliberada al ritmo de los pensamientos que le venían. Entonces las bocinas de los den den mushi repartidos por el puerto saltaron al unisono y su nombre llegó claro.

No se movió. A su alrededor la gente empezó a hacer lo que era evidente, alejarse del mismo y mirarlo de formas ya menos disimuladas que como se mira a alguien azul de diez metros. Una mujer con sombrero de paja, dos hombres de mediana edad, un chico joven .. todos absolutamente todos se giraron para mirarle a él. Todos repasando el mismo recorrido ascendente que él llevaba décadas aprendiendo a reconocer, juiciosos y rápidos de pensamientos morales cuando se trata de categorizar al diferente como un problema. Dio otra calada, necesitaba relajarse y mantener la calma.

-Por las profundidades, qué manera de estropear una tarde tranquila ¿no?.- Lo dijo sin girarse siquiera, sabia que movimientos bruscos y rápidos empeoraría aquello con la vista todavía fija en el horizonte donde el puerto seguía encogiéndose. Luego se volvió, lentamente no con brusquedad. Sus ojos pequeños se estrecharon aun mas y recorrieron todos los rostros de los allí presentes. -Ninguno de ustedes tiene nada que temer de mí. Ese mensaje es para los uniformados de allá. A sus ojos soy un monstruo que lucha contra lo que ellos protegen, esclavitud y tiranía.- Un gesto breve de la pipa señaló vagamente hacia el puerto, donde los barcos de la Marina ya empezaban a moverse. -Ga-ha-ha-ha-ha.- La carcajada fue corta. -Y si alguno de ustedes tiene miedo de todas formas... pues bien, es comprensible. Soy muy grande, azulado y tengo cuernos. Yo también tendría miedo. Pero también fui yo quien hace ya unos días solucionó el problema del faro de Baquella.- Algunos lo recordarían ya que fue el quien soluciono el problema de la familia del faro.

Se irguió buscando a sus dos compañeras, a Seraphine la encontró primero porque sabía dónde mirar. La skypean llevaba la palidez de quien se encontraba evidentemente mal. "Necesita sentarse. Y agua." Entonces bajó la vista a Mizuki. La gyojin seguía sonriendo con esa amplitud de colmillos que él ya había aprendido a leer como señal de que algo le había llamado la atención. Recordaba perfectamente en qué dirección estaba apuntando esa sonrisa antes de subir al ferry. Hacia la cabellera blanca del marine. Peligro. Sus dedos rozaron distraídamente uno de los cuernos curvados antes de hablar.

-Escucha bien, Mizuki, por favor.- El tono no tenía reproche, solo el peso de quien ya conoce el final de la historia. -Ese que te hizo salivar en el muelle es el mismo que me mandó al fondo del mar la última vez que nos vimos. Lo digo sin vergüenza porque perder ante él fue... instructivo. No podía hacer nada- Una calada lenta y pausada -Así que si nuestros caminos se cruzan en este viaje, te pido que no le des a esa sonrisa tuya más combustible del necesario.-

Luego se agachó. Y el peso hizo de las suyas, eran quince toneladas al fin y al cabo. Quedó en cuclillas frente a Seraphine, todavía por encima de su altura pero a una distancia menor a la habitual. Sus dedos indicaron vagamente el interior del barco.

-Agua supongo que hay adentro. Antes de que ese color tuyo se ponga más blanco, que ya es decir.- Pauso para que la joven entendiera -Debes recuperarte, ahora mas que tu compañero de división te necesita.- El ferry ganaba velocidad.


Resumen


Inventario


Karmas
#38

Uno a uno, los miembros de la banda Hanu Māhana tomaron la palabra, expresando sus deseos, intenciones e incluso algunos desganos respecto al New Era Joy Park. Todos coincidieron en un mismo sentir: el deseo individual de divertirse en las atracciones, avanzar hacia cabos gemelos y continuar su travesía tras una gran, divertida y, ojalá, refrescante tarde.

Todos ellos representaban al pie de la letra los deseos del castaño cuando quiso formar una tripulación. Aquel anhelo se volvió realidad cuando logró reunir a un grupo de egoístas con la valentía suficiente para ir tras lo que deseaban, sin importar qué tan lejos tuvieran que llegar o qué tan loco fuera el viaje al que se aventuraban.

“Sí, así es como debe ser.” Sonrió para sí, al tiempo que Tezca, Yuuki, Barald, Runin y Wyatt interactuaban entre sí sobre la primera atracción a la que se aventurarían en el parque de diversiones. Lo que para muchos fuera ruido, para él era armonía, la que solo el caos podía generar.

Ya fuera riéndose, animándose unos a otros o sintiendo la confianza de burlarse entre ellos por algo tan simple como sorprenderse al ver a un gigante de diez metros, la tripulación ya tenía algo que muchas otras pasaban su vida buscando, química.

Tras el abordaje, quien recibió su apuesta fue Yuuki. La mujer de hebras sonrosadas y varios centímetros más alta.

Royta guardó silencio, observando la expresión de Tezca cuando el anciano no hizo el mínimo gesto de asombro al escuchar su nombre. Tuvo que contenerse para no comenzar a reír y ascender junto con ellos después de que el rubio expresara su malestar. “Kekeke entiende al viejo bro, capaz no presta atención a esas cosas.” Reía conforme ascendían por la plataforma, aferrándose a la manga del pequeño morral que llevaba a la espalda y donde portaba sus cosas.

“Me debes 20 mil Yuu.” Susurro a la mujer en una breve pausa en medio de sus risas, pues si ya fue divertido que no atinara con Tezca, era hilarante que no diera con ninguna de sus predicciones.

Ya en la cubierta, junto a la barandilla con vista al puerto, uno a uno fueron llegando con el pequeño grupo.

A los tres, siguió Barald junto con Runin y Cardan, el primero se acomodó al lado del castaño, quizás por la vista y la segunda movió los labios consiguiendo robarle una sonrisa. “Al fin”, respondió a ella sin emitir sonido alguno.

Los siguientes fueron Wyatt y Tocho Morocho, quienes parecían estar algo agobiados por el número de personas. “¡Oye!, ¡tráelo con nosotros!, ¡si nos ponen problema pagaremos un poco más para que no lo metan en una bodega!” Gritó Ryota cuando los vio subir por la pasarela. Un amante de los animales jamás permitiría que sus amigos cuadrúpedos o rastreros anduvieran en una fría prisión, ni Tocho Morocho ni Cardan debían pasar por algo como eso. Aunque ese último ya lo hubiese cambiado por Barald.

Cuando todos estuvieron reunidos sobre la cubierta y el sonido de la campana vibró por todo el lugar, anunciando el inicio del viaje, Ryota estuvo a punto de tomar la palabra. Sin embargo, su atención fue robada por los distintos den den mushis de megafonía repartidos por el pueblo.

Primero fue el sonido de la estática, lo que hizo que el castaño se desviara hacia el puerto. Luego vino el anuncio claro para sus oídos: la marina daba la alerta de presencia criminal en el área y entre los nombres figuraba el de Barald.

Ahora, una orden de búsqueda y captura comenzaba a movilizar a los marinos en el puerto, mientras que el ferry se llenaba de murmullos de civiles angustiados por su seguridad.

La tensión se palpó en el aire al compás de las botas que se movilizaban por el puerto, mientras el ferry ya avanzaba sobre el agua. "Por si no lo escucharon, la marina acaba de lanzar un comunicado para la búsqueda y captura de varios piratas de renombre junto a nuestro buen Barald."



“Qué loco, uno ya no puede andar tranquilo por la confiable baquella sin que criminales sádicos anden sueltos… esta isla ya no es lo que era.”

Expreso en completa serenidad con su característico humor, buscando arruinar la más mínima tensión que cualquiera de sus compañeros pudiera tener, mientras inflaba su bomba de chicle.

“Ya escuchaste, Bro” Se refirió a Barald. “Eres un criminal famoso…” Sonrió, quitándose la gorra para arrojarla al mar y peinar sus cabellos hacia atrás con la izquierda, pues mantenerse oculto ya no importaba tanto. “Felicidades.” Su diestra se posó sobre el hombro del espadachín negro en un gesto apreciativo. Era todo un logro ser anunciado de esa manera ante tantas personas.

“Kekekeke ¡Vamos a felicitar a esta celebridad que nos opacó a todos!” El gesto suave se convirtió en un agarre de gancho por el cuello, un gesto infantil que demostraba su cercanía y envidia en ese momento. “Aun así nada cambia.” Lo soltó para que los demás pudieran felicitarlo a su manera.

“Iremos al New Era Joy Park, y montaremos en la montaña rusa,” sentenció confiado en sus palabras.



“Molere a golpes, a quien trate de impedirlo.”

Lo consiguiera o no, poco importaba. Ya se encontraban en un gigantesco ferry capaz de transportar a un hombre de diez metros; poco podía hacerse para regresar o escapar. De ahora en más solo quedaba por delante una aventura sin precedentes. Su meta era llegar al parque de atracciones y luego adentrarse en el mar, donde los sueños se cumplen. Si debía atravesar una barrera de marines, lo haría con gusto, después de todo era un pirata, tarde o temprano tendría que hacerlo, ¿no?

En ese momento, cuando el puerto comenzara a encogerse, la gran voz amable del gigante azul de diez metros se escuchó sobre los presentes. Era imposible de ignorar, es decir, media diez fuking metros. El gigante llamó a la calma de los civiles en el barco, buscando ganarse su confianza para que no perdieran la compostura. Un acto noble Pero que el de ojos color miel, vio innecesario, al no saber si ellos consiguieron escuchar el anuncio de la marina.

Ryota desvío su atención a sus compañeros, ya que aunque hubieran escuchado a él no le importaba si los reconocían o temían, después de todo, eran piratas, los villanos de la historia y estaba bien con eso. "En ese caso, disfrutemos del Ferry mientras inicia la fiesta, ¿Quien quiere ver si hay buffett?"


INFO
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#39
—Hablo—
—Pienso—


Los compañeros de Kael acabaron siendo incluso más agradables de lo que esperaba, Nyra incluso preparó comida para todos nosotros. Y al igual que nosotros, también tenían a un tipo que rebosaba confianza. Ciertamente podía ser preocupante que esa confianza no estuviese respaldada por su habilidad, pero si era igual que Enji, no tendría que preocuparme por el bienestar de la división 75.

En forma tortuga y con mi compañero subido sobre mi caparazón no podía moverme con la libertad que me gustaría para acompañar el ritmo de Masami, pero nada podía impedirme mover mis caderas de tortuga al son de la música mientras tarareaba —Chaca chaca, Chacachá— El calor hacía mella mientras sentía como mis patitas se calentaban en contacto con la astillada madera de la cubierta, pero nada podría impedir que disfrutase del pegadizo ritmo de mi compañero, o eso pensaba…

Desde la cubierta del barco pude escuchar el grito del comandante, que, como esperaba, vendría desde el mismísimo infierno de ser necesario, solo para evitar que hiciésemos el tonto un rato. Detuve mi movimiento de cadera y suspiré antes de susurrar —Jooo… Ciempde iguad…— Me dispuse a decirle a Enji que se bajase de mi caparazón para empezar a preparar el barco para partir, pero antes incluso de poder empezar, una megafonía hizo un anuncio. —¿Dedincuented? Dhadma, Badad, Kudov- ¡¿Dharma?!— Mi gorra se cayó de mi boca por la sorpresa ¿Desde cuándo es un criminal?

Una vez Enji se bajó de mi caparazón, volví a mi forma de gyojin, cancelando mi transformación. Estiré mi espalda y fui a coger uno de los periódicos que se encontraba en las cajas del barco. Empecé a hablar conmigo mismo mientras leía las últimas noticias —Un nuevo héroe… ¡Meh! Un pirata nunca será un héroe…Saqueadores de… Esto no… ¡Aquí! Mata hombres, mujeres y niños… No me dio esa sensación cuando le conocí… Ese bastardo me engañó.— Si bien en el fondo de mi caparazón quería dirigirme a capturarlo de forma inmediata, la justicia no debía ser selectiva, atraparía a cualquiera de los criminales que tuviese delante. Pero, por encima de todo, debía proteger a los inocentes, el Ferry que se dirigía al parque podría estar secuestrado por piratas —Los niños…— Susurré, no podía dejar que los criminales le hiciesen daño, en el peor de los casos, podría ser una masacre, y no podía permitirlo, no otra vez…

Enji tomó las riendas de la situación como de costumbre —ESO, DAME LOS REMOS…¿Espera qué? Rema tú gilipollas, que tienes dos manos normales— Dejando de lado las tonterías y las triquiñuelas de mi compañero, me moví con rapidez para coger mi gorra, que afirmé con seguridad sobre mi dura cabeza, y soltar las drizas del barco con un golpe seco de mi pinza para izar las velas de la forma más veloz posible —¡VAMOS QUE NOS VAMOS!—

Una vez desplegadas las velas, que cayeron acompañadas por el sonido correoso de las cuerdas rozando con las poleas, cogí la comida que Nyra me dio y me puse a comer mientras el resto de los tripulantes seguían atareados con sus respectivas tareas —Aaah… El mar… Tan basto… Tan misterioso… *Ñum* *Ñum* Hmmm, qué bueno está esto… ¡¿Habéis probado la comida chicos?! Está deliciosa—

Off
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#40
Kael, rodeado por la multitud de miembros de las dos divisiones, con los mismos de diferentes razas, tamaños y actitudes, comprueba como dentro de la Marina, aquellos que se comportan con seriedad dentro de un grupo de Sargentos y Soldados Rasos es, cuanto menos, de lo más baja que ha sido capaz de encontrar.

—¿Mafia de traficantes de cartón?—El humor de Enji, junto con su rostro asumiblemente demacrado por las sustancias que consume, los rastros de cicatrices provocados por quemaduras y las ojeras, dejan a entender que en comparación, Kael lo tiene que tener fácil con su miembro de División albino.—Las mafias y bandas armadas son mi especialidad. Si algún día encuentras algo más peligroso que traficantes de madera, podéis contar siempre con la división setenta y cinco.

El jolgorio entre los compañeros de las dos divisiones no le hizo perder de vista a su comandante, quién a varios metros de distancia se le veía ligeramente impaciente y hastiado. No se detuvo ante el sonido recordatorio del Reino de Samba de la compañera alada, pero estaba claro que Nyra, por su forma animada de ser habitual, iba a disfrutar de lo lindo de aquel ánimo compartido entre divisiones. Incluso a todo esto, le ofreció algo de comida a todos y cada uno de ellos. Ahora Juan podría conocer la que él llama como "la gran cocinera de la setenta y cinco" que le mencionó en su entrenamiento.

—Gracias, Nyra. Eres una gran compañera.

A unos pasos de embarcar, al lado de su azul marino navío, Hae-Won hizo contacto con el de cabello azabache, mostrando cierta disconformidad con todo el ánimo que tenían el resto de marines que aún no habían terminado de subirse a los barcos.

"¿Un criminal? ¿Aquí?" Estaba claro que la apertura de los Cabos Gemelos hasta el Grand Line no iba a dejar a nadie indiferente. El bloqueo puesto por la Marina había impedido el paso por alrededor de un año, y ahora, todo aquel que desease pasar estaba viendo su oportunidad.

—Gracias por el aviso, Hae-Won. Sube al barco. Daré un aviso por Den Den Mushi. Trataremos de evitar un revuelo entre los civiles.

Unos segundos después, aquella idea se perdería entre el resto de miembros. Los Den Den Mushi comenzaron a retransmitir por los altavoces de la isla, dando lugar al efecto contrario que Kael buscaba conseguir. Ahora, todos y cada uno de los criminales estaban alerta, y sabían perfectamente que iríamos por ellos, pudiendo poner en riesgo a cualquier inocente utilizándolos como rehenes. 

El ferry con destino al parque de atracciones había levado anclas y, con ellos por detrás sin terminar de hacer lo propio, comenzaban a salir. El capitán, antes de que el Sargento pudiese llegar a darles una nueva orden para desembarcar, tomó su Den Den Mushi para, esta vez, dirigirse a todos y cada uno de sus compañeros uno a uno, repitiendo el mismo mensaje cada vez para todos ellos.

—Ya habéis oído el mensaje. Subid al Tempestad, y seguid al Ferry. Tened las armas a punto...—Demasiados problemas e incógnitas en un momento demasiado prematuro a la novedad del parque. Aquello, definitivamente, auguraba desastre para el día de apertura.—Preparaos para capturar a los criminales. Es una orden.

El ferry estaba comprometido, y la misión de todos los Marines en aquel momento era evitar la catástrofe.

Escuchar las palabras de Shin con ganas de gresca ante otro barco pirata era, sin duda alguna, una muy mala idea que no estaba dispuesto a cometer. Una vez dentro de la Goleta, dió un toque de atención a su compañero.

—Este barco no está preparado para un combate naval, Hasegawa. Mucho menos para asaltar otros navíos.—Pero sabe perfectamente que él no prestaría atención a esas palabras, y en su lugar, las ofrece al aire para que todos los miembros a su alrededor pudiesen escucharlas incluso no se mostraba con la atención hacia ellos. En un par de segundos, sus ojos fueron en búsqueda de su navegante, al que retiraría esa idea.—St.George, nuestro barco seguirá por detrás al ferry del Joy Park, y solo si ves la ocasión trataremos de adelantarlo para posicionarnos por delante, sin desviar su rumbo.—Por alguna razón, no se fía de que el capitán de ese gran barco vaya a detenerse solo por orden de la Marina.

Espera que sus compañeros se unan a los que ya han embarcado dentro del navío, y uno tras otro, comenzaría a dar las órdenes pertinentes.

—Nyra, Hae-won, izad las velas. Shin, si vas a hacer algo, ayúdame a levar el ancla.—Su pensamiento interno fue "Y si no, por lo menos asegúrate de que todos hagan bien su trabajo", pero no las llegaría a transmitir, asegurándose así que le entendiese sin trasmitirlo con palabras para evitar que se escaquease por evitar seguir sus órdenes.

Entre todos (o al menos, todos menos Shin) harían todo lo posible para comenzar a navegar lo antes posible, y Dimitri, al mando del timón, ponernos con las capacidades del barco lo más cerca que pudiera del ferry manteniendo la distancia prudencial.
A disposición


Salto de foro:


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