[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 1
#41
No le pasó desapercibida la reacción de Mizuki al ver al marine y parpadeó, dándole un golpecito en la frente con su dedo índice. —Mala Mizu— Escribió en su libreta, mirándola directo a los ojos. —Nada de pelear, al menos por ahora, espera hasta que lleguemos a tierra firme o no nos quede otra opción— Soltó un pequeño suspiro, sintiendo que poco podría hacer, a la hora de calmar a sus compañeros, las adjetivos de peleadores salvajes le pegaban bastante bien, no pudiendo evitar sentirse como una mamá patito intentando calmar a sus hijos que resultaban ser cocodrilos.

Y no le pasó desapercibido el robo por parte de la rubia, agradeciendo el no poder soltar sonidos, mirando feo a la gyojin, era divertido ver como los tres miembros de la tripulación eran muy diferentes y en más de una posible ocasión, le producirían un ataque al corazón a la pobre Seraphine, aunque, no pudo evitar sonreír al ver las monedas que le entregaba, mientras pensaba en lo poco que tenían ahorrado para comprarse la tripulación un propio barco, dejó escapar un suspiro, sacudiendo un poco su cabeza, colocando un mechón detrás de su oreja.

No tardando demasiado tiempo en aferrarse a la mano de su compañera, siendo una especie de ancla para su supervivencia, ahora que estaban dentro del barco, de seguro, que menos posibilidades tenía de perderse, pero, Seraphine no quería tentar a la suerte, en especial al confirmar de hecho, que el barco se ponía en movimiento y la joven skypean casi se va para atrás de la emoción, su cuerpo temblando, soltando al fin las pocas lágrimas que bailaban en el borde de sus ojos, sin dejar de sonreír, pareciendo una boba, soltando las manos de Mizuki, la engulle en un exagerado abrazo, casi intentando dar una vuelta con ella y corrió a la barandilla, debiendo de tener mucho cuidado para no caer al mar, tropezando con sus propios pies, pero consiguió evitar caer, señalando la isla que se alejaba, pareciendo ser una cría.

Y fue en ese entonces, cuando vio cierto cabello naranjo que conocía muy bien, apenas se percató de la presencia de Miyori y de Yuuki en las cercanías, Seraphine alzó su mano, con intención de saludar a ambas desde lejos, con una enorme sonrisa, dando pequeños saltitos para llamarles la atención, lo que no esperó… fue lo que ocurrió a continuación, el corazón casi se le quedó parado, mirando a Kazan con enorme preocupación, mientras sus manos se aferraban a las de su compañera, queriendo evitar que se lanzara sobre las personas.

Para el colmo, incluso el Wotan llamaba más la atención.

Separó sus labios, en una pequeña mueca, ahora que pensaba, la recompensa del de piel azul, era pequeña, quizás ni lo reconocieran. —¿Lo escuchaste bien?— Agarró la mejilla de su compañera, tirando un poco con fuerza, cuando bajó su estatura, Seraphine tragó saliva y llevó ambas manos a su propio rostro y… se abofeteó así misma, no tenía mejor expresión que antes, pero con el rojo que adornaba sus mejillas y una mirada de convicción, estiró sus brazos hacia él. —Puedo hacerlo— Lo miró directo a los ojos. —Sé muy bien que me mis compañeros son algo problemáticos y guerreros, que no se quedarán de brazos cruzados— Le sacó la lengua con lo escrito, sintiendo el peso de su arco y flecha sobre ella, acomodando un poco las armas que cargaba consigo, buscando mantenerlas un poco ocultas con su largo cabello.

Off
#42
La calma guiaban los pasos del lunarian, el estrés por estar rodeado de tanta gente guiaba la mente. Hizo lo que pudo por apartarse de algunas de aquellas personas a quienes esquivaba o al menos lo intentaba con todo su ser, pues su tamaño inhumano y aquellos dos apéndices que llevaba en la espalda eran cuanto menos, un bulto significativo. A cada segundo que pasaba sobre la tarima del navío sentía que el traqueteo de pasos se hacía cada vez más constante y consistente. El moreno miraba de vez en cuando por el rabillo del ojo hacia detrás, pero al parecer no con la suficientemente asiduidad, pues sentiría una punzada.

Los músculos se contrajeron por un momento, por la sorpresa. No solo había sido una punzada física, también a su corazón. Intentó apoyar la mano sobre el mango de la katana con la mayor naturalidad, no necesitaba iniciar una pelea allí mismo y, de igual manera, el solo desenvainar su arma allí sería complicado al estar rodeado de tantos obstáculos. Se giró con la tranquilidad con la que siempre se emitía su voz, una calma casi perpetua. Miró a la altura de sus ojos pero no vio al contrario hasta que, finalmente, bajó el mentón y entonces lo vio. A su vera, aquel hombre de pelo ennegrecido, que portaba también una katana. Aquel con quien no había tenido el mejor de los inicios en aquel día borroso en Samba. - Tú. - Se limitó a decir, siquiera necesitaba llamarlo por su nombre. - Al fin te encuentro. Eres como una rata sin hambre - Dejó caer ligeramente sus párpados, escaneándolo de arriba abajo. - Llevo demasiados días buscándote por todo Samba y Baterilla - Mencionó mientras que miraba su mano, adoptando una actitud casi pensativa. Intentaba recordar parte de aquellos protocolos sociales que usaba la gente. 

Finalmente, y muy seguro de ello, alzó ligeramente la mano, ofreciéndole un apretón con casi ninguna presión. No quería hacerlo mal.

Intentando concentrarse en no destrozar la mano de aquel al que había prometido seguir, casi omite la vocecilla que se dirige a los dos. Alek giró su rostro con una lentitud anormal y quedó mirando casi desde el rabillo del ojo. Una mujer, aquella cabellera naranja refulgía como una luz en mitad de una noche cerrada. - ¿Quiere algo? - Mentó por un instante sin apartar su mirada de la joven. - ¿Nosotros? - Cruzó la mirada con Cill de nuevo. - Tres palmos - Dejó su mirada fija en Cill. - Dos palmos - Cambió su mirada a Miyori. - ¿Lo siguiente será un tontatta? - Había cierto aire de socarronería en sus palabras, pero su tono de voz era incapaz de transmitir aquello. - Soy Alek - Sentenció impasible. - Ya había prometido seguirlo, así que los acompañaré - Recuperó la postura. - ¿Decirle adiós al puerto? - Pensó por un instante, sintiendo que aquello era la cosa más estúpida que podía hacer, pero si aquello era una costumbre más lo intentaría. El moreno sabía de sobra que no tenía mucha mano con la naturalidad de las relaciones y costumbres, por eso se esforzaba en seguirlas. Persiguió a la mujer hasta el límite que separaba el navío del mar, aquella barandilla que para él no era muy funcional, pero que perfectamente podía cubrir la caída de un humano normal. 

Allí se plantó y, con algo de inseguridad y sintiéndose un poco tonto, levantó la mano, casi disimulándola, al mismo tiempo que la violinista para zarandear su mano ligeramente y, con ello, despedirse del puerto. 

- Yo se algo de... - Sus palabras se detuvieron abruptamente, necesitó concentrarse por un instante en algo que había llamado su atención. Algo como una estática que molestaba a sus oídos.

La megafonía de la isla se había activado repentinamente y entonces lo escuchó. - Un mensaje de la marina - Interrumpió. Intentó susurrar inútilmente, aunque tampoco lo gritaría, simplemente no podía ninguna de las dos cosas. - Están buscando a varias personas. Parece que van a haber muchas distracciones en el parque. Una batalla campal - Aclaró. - Creo...que esto es todo un montaje para capturar a gente con recompensa. Dharma, Barald, Kuro, Kazan, entre otros - Frunció el ceño. - Esos han dicho - A veces aquel oído fino le venía bien para enterarse de cosas que no debería. - Habrá que tener cuidado - Miró a Cill directamente, puesto que ya sabía que tenía una recompensa por su cabeza en cuanto leyó el periódico.


cositas
#43
Con la mirada de un águila que no pierde de vista a sus presas, fui apurando con los ojos a mis compañeros de tripulación. Me crucé de brazos mientras observaba cómo se registraban y subían uno por uno, con toda la parsimonia del mundo. Fantástico. Qué espectáculo tan emocionante.
 
Pero bueno… tampoco es que tuviera algo mejor que hacer, así que supuse que mirar cómo avanzaban era mi entretenimiento momentáneo.  
 
Al fin habían llegado a cubierta.
 
Miré al equipo reunido: Wyatt, Runin, Ryo, Barald, Yuuki, el caballo y la serpiente. Bien. Ah y por supuesto la estrella en ascenso ¡yo! Observé a mi simpático y poco pagador capitán cuando parecía que iba a decir unas palabras hasta ser interrumpido por la estática y entonces aquel aviso. Un aviso de la marina, increíble. Al parecer habían logrado divisar a varias “personas non gratas” por la zona incluyendo a nuestro inocente y totalmente honesto inventor: La malvada marina haciendo de la suyas una vez más ¿Es que no podrían dejar a los pobres piratas en paz? Escuché a Ryota con una sonrisa en el rostro, soltando un suspiro. —¿Sabes que es un verdadero crimen? Pasar por desapercibido ¿En serio? ¿Nadie? Mal este sitio. Al menos reconocen la grandeza de Barald — Apunté al espadachín con la palma abierta como quien presenta al actor principal en una obra. — Por más reconocimientos como este, compañeros ¿me entiendes? — Un triunfo para los Hanu Mahana. Después de todo… ¿acaso la infamia no es también una forma de fama?
 
La confianza de mi capitán me hizo sonreír. Incluso si la situación actual parecía limitar un poco nuestra diversión, aquello no era más que un tierno aviso sobre los próximos movimientos de aquellos uniformados. Un pequeño regalo para nosotros: la certeza de que nuestro posible enemigo ahora se encontraría en alerta.
 
En fin, el buffet parecía más interesante.
 
Me estiré con pereza, llevando una mano al colgante sobre mi pecho solo para asegurar que se encontraba en el mismo lugar por encima de la ropa. —Espero que la comida esté buena, vamos, Yuuki. — Dije al notar que era la más cercana, tomándola del brazo para caminar un par de pasos hasta darme cuenta que no sabía donde estaba el buffet.
 
—¿Y donde mierda queda el buffet? — Pregunté sin soltar a la birkiniana, mirando a mis compañeros ¿No es que todos acaban de subir? Bueno, tal vez alguno se leyó algo que yo no, además no quería irme tan lejos ¿Y si les pasaba algo y no estaba ahí para defenderles? Era egoísta pero al final del día… Si los salvo me alabarán más ¿verdad? Ya podía visualizarlo “Oh, Tezca, eres un gran héroe” diría Runin con una sonrisa en el rostro. “Amigo, eres increíble, nadie como tú” le seguiría Wyatt mientras Yuuki y Barald asienten. “Ten bro, toma mi dinero, bro, el triple de lo que te debo para que te compres lo que quieras de bro, bro“ Parlaría mi querido capitán Ryota y todo claramente merecido como el gran pirata que soy. Sin darme cuenta me había perdido alrededor de 5 segundos en mis propios pensamientos, asintiendo con una ligera sonrisa.
 
resumen

 
Karmas

 
Inventario
#44
Aunque el ritmo de mis maracas era una auténtica maravilla, tesoro, la música tuvo que detenerse de golpe cuando un anuncio resonó por todo el puerto. La voz metálica atravesó el aire como una campana de alarma, clara, imposible de ignorar. Mis manos se quedaron quietas a mitad del compás y el chaca-chaca murió lentamente entre mis dedos, bueno, la fiesta siempre dura exactamente hasta que el deber decide hacer su entrada dramática.
 
Las reacciones de mis compañeros fueron inmediatas. Juan volvió a su forma gyojin con esa naturalidad que me impresiona, mientras Enji adoptaba una seriedad que parecía caerle encima como una armadura invisible, habían criminales en el puerto, piratas, revolucionarios, gente revoltosa con demasiado tiempo libre y muy poco respeto por la tranquilidad de los demás y claro, tesoro, dejar que ese tipo de personas caminen por aquí como si nada sería un desastre absoluto, especialmente en un lugar lleno de civiles que solo vinieron a disfrutar del verano.
 
Guardé las maracas en mi cinturón con cuidado, alisando mi pantalón con un pequeño gesto elegante mientras mi expresión cambiaba de alegre a firme. No dejé de sonreír, pero ya no era la sonrisa de la fiesta, era la de alguien que sabe exactamente cuál es su papel cuando las cosas se ponen serias. —Esta gente piensa que puede venir a este puerto a sembrar caos mientras la Marina está presente— dije con voz clara mientras mis alas se tensaban ligeramente a mi espalda.
 
Suspiré suavemente y estiré los hombros, mirando primero hacia el puerto y luego hacia los demás barcos que, al menos en apariencia, eran simples embarcaciones civiles. Mis dedos juguetearon un instante con el mango de mis maracas antes de dejarlas descansar en el cinturón. —Ay, tesoro, justo cuando el ritmo se estaba poniendo bueno —murmuré con cierta nostalgia antes de dejar escapar una pequeña risa, —Pero bueno, supongo que ahora el espectáculo será de otro tipo. —  Entonces dejé que mi cuerpo respondiera al llamado del combate.
 
Primero fue una sensación que comenzó en lo profundo de mi espalda y descendió por la columna como un escalofrío eléctrico. Mis piernas temblaron ligeramente y la piel empezó a tensarse, como si algo antiguo y poderoso despertara bajo ella. El cambio llegó con una elegancia salvaje, mis botas dejaron de tocar la madera cuando mis piernas comenzaron a unirse, los huesos acomodándose con un crujido suave mientras la piel se transformaba en escamas de tono ocre que se extendían hacia abajo formando una larga y poderosa cola serpentina. Los pantalones parecieron desaparecer mientras mi cuerpo se alargaba, mi altura aumentando notablemente mientras la cola gruesa y musculosa se enrollaba un instante antes de apoyarse con firmeza sobre la cubierta. Al final de aquella cola, el cascabel se formó con claridad, segmentos duros que tintinearon suavemente al moverse, como un aviso elegante de que la fiesta había cambiado de ritmo.
 
El cambio continuó ascendiendo por mi torso. Escamas comenzaron a cubrir mis brazos, mis hombros y la parte superior de mi cuerpo con un brillo terroso que capturaba la luz del sol. La estructura de mi rostro se modificó lentamente, la parte superior de mi cabeza se estiró y adoptó la forma característica de una serpiente, la piel humana cediendo su lugar a las escamas ocres que se extendían hasta la nariz. Sin embargo, mi mandíbula, mi boca, mi pecho y mi vientre conservaron su forma original, permitiendo que mi expresión siguiera siendo inconfundiblemente mía. Cuando abrí los labios, dos colmillos afilados se deslizaron hacia abajo con un suave clic, retráctiles y relucientes, prometiendo veneno a quien lo mereciera.
 
Moví ligeramente mi nueva cola y el cascabel vibró con un chrrr-chrrr seco que resonó sobre la cubierta. Me erguí entonces, más alto que antes, mis alas blancas desaparecieron detrás de mí mientras observaba el puerto con calma absoluta.

Referencia a la transformación


Mi Off
[Imagen: xFGuWOj.jpeg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 512 + 0 = 512
Energia: 528 - 18 = 510
Espiritu: 102 + 0 = 102
#45
El ferry ya se había separado del puerto cuando el sonido de los den den mushi comenzó a extenderse por el aire. Primero fue un zumbido de estática que recorrió la cubierta y, unos segundos después, la voz amplificada se escuchó con claridad suficiente para que nadie pudiera ignorarla. El mensaje mencionaba varios nombres. Entre ellos estaba el mío.

Durante un instante permanecí quieto junto a la barandilla, con la mirada fija en el horizonte. El viento del mar movía ligeramente mi ropa mientras el barco seguía avanzando, alejándose cada vez más de la costa de Baquella. A mi alrededor el ambiente cambió de forma casi inmediata. Las conversaciones se apagaron, algunas personas comenzaron a susurrar entre ellas y otras simplemente guardaron silencio mientras miraban en distintas direcciones, tratando de identificar a los nombres que acababan de escuchar.

No tardé en notar varias miradas posándose cerca de donde yo estaba. Algunas eran rápidas, curiosas; otras se quedaban un poco más de lo normal. No era extraño. Cuando un anuncio como ese se hacía público, la gente empezaba a observar con más atención a cualquiera que pareciera mínimamente sospechoso.

—Genial... justo lo que faltaba.—

Exhalé lentamente y aparté los brazos de la barandilla. No tenía ningún interés en quedarme allí mientras la curiosidad de los pasajeros empezaba a crecer. Llamar la atención en ese momento solo complicaría las cosas, y lo último que necesitaba era provocar una escena innecesaria en medio de la cubierta. Comencé a caminar con aparente tranquilidad entre los pasajeros, como si el anuncio no tuviera absolutamente nada que ver conmigo. Algunas personas seguían mirando hacia distintos puntos del barco, intentando localizar a los individuos mencionados por la Marina. Otras simplemente se apartaban ligeramente de cualquiera que les pareciera mínimamente sospechoso.

—Bueno, esto se pondrá problemático.—

Mantuve el paso constante mientras me dirigía hacia el interior del ferry. La estructura metálica del barco vibraba suavemente bajo mis pies mientras avanzaba por los pasillos. A medida que me alejaba de la cubierta principal el ruido del mar y de la multitud fue quedando atrás, sustituido por un ambiente más tranquilo.

Mi intención era simple: llegar al camarote, cerrar la puerta y esperar a ver cómo se desarrollaban los acontecimientos.

El problema era que, como me ocurría con demasiada frecuencia, mi sentido de la orientación no estaba exactamente de mi lado. Al principio no me preocupé demasiado. Seguí caminando por uno de los pasillos interiores del ferry convencido de que recordaba perfectamente el camino. Giré en una esquina, luego en otra, atravesé un pequeño corredor lleno de puertas idénticas y continué avanzando con seguridad. Unos minutos después empecé a tener la sensación incómoda de que algo no cuadraba. Las paredes eran iguales en todas partes. Las lámparas colgaban a la misma distancia unas de otras y las puertas se repetían en una sucesión casi interminable. Durante unos segundos me detuve, mirando a mi alrededor con una ligera expresión de duda.

—Un momento, esto no me suena.—

Decidí seguir avanzando. Al fin y al cabo, el camarote no podía estar tan lejos. Sin embargo, tras varios minutos más caminando por distintos pasillos empecé a aceptar una posibilidad bastante evidente. Me había perdido.

Solté un suspiro mientras seguía caminando. En algún momento había tomado un giro equivocado y ahora estaba atrapado en una especie de laberinto de pasillos idénticos. Durante un buen rato seguí intentando orientarme por mi cuenta, girando en distintas esquinas y tratando de recordar por dónde había venido. El resultado fue exactamente el que cualquiera podría esperar de alguien con mi historial de orientación. Tardé cerca de una hora en encontrar el camino correcto. Por suerte, en algún punto de ese recorrido interminable me crucé con un camarero del ferry que se encontraba trabajando en la zona de camarotes. Sin decir demasiado, le indiqué el número de la habitación que estaba buscando. El hombre me señaló la dirección correcta con absoluta normalidad y continuó con su trabajo sin mostrar ninguna reacción extraña.

Por la forma en que actuó era bastante evidente que no había escuchado el anuncio, o al menos no lo había relacionado conmigo. Si lo hubiera hecho probablemente su actitud habría sido muy diferente. Seguí las indicaciones que me había dado y finalmente llegué al pasillo correcto. Esta vez reconocí algunos detalles del entorno y supe que estaba cerca. Al cabo de unos pasos más encontré la puerta del camarote.

Me detuve frente a ella durante unos segundos antes de abrir. Mientras giraba el pomo, mi mente volvió brevemente al anuncio que había resonado en todo el puerto. Entre los nombres mencionados también estaban los de otros criminales conocidos. Algunos de ellos tenían recompensas considerablemente más altas que la mía, lo que significaba que, si la Marina estaba organizando una persecución seria, era muy probable que concentraran la mayor parte de su atención en ellos.

—Con un poco de suerte, estarán demasiado ocupados con ellos como para preocuparse demasiado por mí.—

Abrí la puerta y entré al camarote. El interior estaba en silencio. La habitación era pequeña, pero suficiente para lo que necesitaba. Cerré la puerta detrás de mí y dejé que el sonido del pasillo desapareciera lentamente al otro lado. Durante unos segundos permanecí quieto, observando el espacio. Me acerqué a la pequeña mesa del camarote y apoyé una mano sobre la superficie de madera.

Respiré con calma y dejé que mis pensamientos se ordenaran. Si algo ocurría en ese ferry, tendría que estar preparado para reaccionar. No importaba si se trataba de marines, piratas o cualquier otra complicación inesperada. Apoyé la espalda contra la pared y cerré los ojos un instante.

—Pase lo que pase… estaré preparado para ello.—

OFF
#46
Mis mofletes se inflan como dos globitos por el berrinche cuando Shin intenta apartarme, aunque finalmente soy yo la que lo suelto cuando se agarra a una de mis mejillas para meterse conmigo.

―¡Oye! ¡Que no soy una niña! ―me quejo, tratando de controlar las ganas de reír. Sin embargo, mi sonrisa pronto se vuelve atrevida y aprovecho la cercanía para enlazar las manos en la espalda e inclinarme ligeramente hacia él―. Así que solo te dejas tocar por mujeres con las que tienes intenciones, ¿eh? ―acerco mi rostro hacia él, casi retándolo, con una mirada llena divertida provocación contenida―. Pues no tuve que coquetear mucho contigo para que quisieras que jugáramos a ser novios el día que fuimos de compras ―le recuerdo antes de sacarle la lengua sonoramente como una niña pequeña y darme luego la vuelta entre risas.

¡El resto de cosas que pasaron fueron todas muy divertidas! ¡E incluso pude repartir la comida para todos! ¡Y Kael me ha dicho que soy una gran compañera! ¡Bieeeeeeen!

Sin embargo, el ambiente cambió ante la mención de Kazan. Por supuesto, no dudé en apoyar a Choi y a Dimitri sugiriendo avisar por Den Den Mushi a la Marina, pero por supuesto, Shin no perdió la oportunidad de presumir.

―Ah, ¿sí? ―inquiero cruzándome de brazos, sonriendo, sin creerme del todo que lo hubiera vencido ya una vez―. Si eso es cierto, ¿por qué sigue libre?

Pero sus siguientes palabras desdibujan la sonrisa de mi rostro igual que lo haría el mar con las pisadas de la orilla. «Es un buen tipo», resuena en mi mente al tiempo que la duda echa raíces en mi pecho, extendiéndose rápidamente. ¿Dejaría de ser Uker el único en mi lista secreta de piratas a los que proteger? Aún debería averiguar más sobre Kazan para saberlo seguro, pero…

Escucho que el comandante se acerca apresurando a todos. Iba a avisar a mis compañeros de subir ya al barco en cuanto Kael diera el aviso sobre Kazan por Den Den Mushi, pero...


Este es un mensaje de la Marina.


Mis orejas se alzan en alerta y mi cuerpo queda rígido al instante. Escucho cada palabra, memorizándolas en el acto. «¡¿Dharma?!». La mirada se me afila y los puños se me cierran en el acto. Recuerdo perfectamente la descripción de sus víctimas en el periódico: acaba por igual con niños, mujeres y hombres. Su tripulación: los Rakshasa. Mi mente viajó rápidamente por el resto de nombres, pero solo conocía de ellos sus rostros y recompensa.

Shin es el primero en romper el silencio. Asiento enérgicamente a sus palabras: ciertamente, no podemos permitir que siga haciendo de las suyas. Cuando él se marcha con Dimitri, yo escucho las instrucciones de Kael, principalmente porque sigo a su lado, pero con su primer mensaje por Den Den Mushi le hago un saludo militar en silencio para que sepa que lo he escuchado y voy a obedecer de inmediato.

Las palabras de Enji nos animan desde su barco mientras yo subo al mío y, una vez en cubierta, le hago a él también un saludo militar desde el Tempestad. Acto seguido, miro alrededor buscando al albino, que está junto a Dimitri, y me acerco al par mientras lo escucho pidiéndole al navegante acercarse a veinte metros del barco de Dharma. Sin embargo, Kael, que también ha subido, lo reprende por sus palabras y ordena colocarnos detrás del ferry.

Cuando me da la orden de encargarme de las velas, asiento nuevamente con el saludo militar.

―Ahora mismo ―anuncio. Sin embargo, retrasaría el cumplimiento de la orden un minuto, pues aún tengo algo que hacer―. Shin, hay algo que no me ha dado tiempo a contarte.

Ya lejos de los otros barcos, y con toda la tripulación de la División 75 dentro del Tempestad, explico brevemente al albino los detalles de mi fruta para que entienda bien el porqué de mi siguiente petición.

―Por lo que te he explicado, creo que entenderás por qué te voy a pedir que, si por alguna razón terminas subiendo al ferry, me lleves contigo, si puedes. No soportaría que algo le ocurriera a posibles rehenes si puedo evitarlo.

Acto seguido, y sin querer hacer esperar más las órdenes de Kael, me dirijo hacia las velas para ayudar a Hae-Won y ponernos en posición lo antes posible.

Off
[Imagen: bskx3zy.jpeg]
#47
Subí a este gran barco con intención de ir a un lugar que desconocía completamente y aún así acepte, pero sabía en el fondo que era una mujer que no tenía absolutamente nada que dar ni nada que recibir, no merecía nada si no tenía sueños, ni motivación, no había nada podía hacer later mi corazón, y no es que se trataba de frialdad, porque las cosas las realizaba con pasión, por dentro y afuera hacia calor, sin embargo, me sentía como vacía, muerta, eso estaba más cerca de pacerlo. Pero no podía distraerme recordándome quién realmente era bajo toda esta ropa. Tras subir, observé de reojo el panorama, la gente reunida en el puerto se subía a sus barcos. Esos barcos tenían con una apariencia más pequeña al que me había subido, también eran otro color, otro diseño, algunos con dibujos extraños en las telas. Podía imaginarme tener mi propio barco, pero no lo deseaba… cualquier barco de quien sea servía de todas formas para ir más allá y más libremente de lo que permiten las demás naves como esta.

Arriba de la nave en la que embarqué las personas son tan peculiares. Sus apariencias son extrañas, también su manera de vestir, aunque no los juzgaba, simplemente porque no me nacía y porque no era un tema que me interesaba, ya estaba vestida también como alguien rara, las monjas son raras y si está tan loca como yo… vaya, peor. Entre las personas me moví para adentrarme al interior, tenía unos largos pasillos, unas puertas y algunas indicaciones. Me recordó un momento que tuve… ah, no sé si lo podía volver a repetiré por aqui. Veamos… Por suerte me encontré con uno de los del personal, al cual me acerqué con un sonrisa y él se dirigió a mi amablemente, queriendo prestar de sus servicios —¡Muack!— Le lancé un beso, pero no me di cuenta —Hola, soy Lana, ¿puedes ayudar a una dama perdida? ¿Cómo te llamas? Estoy buscando al capitán Jisjisjis… Uhm miau. Ya veo, está ocupado… Creo que buscaré el baño, ¿hay uno publico para allá? Ah ¿también en el cuarto? Gracias, me has ayudado. Eso era todo miau— Me mordí el labio cuando el chico me indicó con un gesto a donde quedaba cada cosa… y de repente… en ese entonces la nave hizo un sonido. El personal me explicó que ya íbamos a avanzar. Eso sonaba genial.

Al despedirme de él, tomé la decisión de ir a preguntar por las habitaciones a donde me indicó el otro, ahí había más personal, donde uno de ellos me llevó y me dejó entrar a una. Necesitaba ir al baño y sinceramente casi me asusto al ver mi rostro. ¿Cuanto tiempo no lo había visto? No me podía reconocer, era tan… contradictoria. La cara pálida, los ojos celestes decorados con unas sombras bajo de ellos… Limpiarme el rostro me ayudaba a quitarme un poco el sudor de encima. Escuchaba el correr del agua, pero entre medio… una voz se escuchaba a lo lejos, ¿qué era? Detuve el agua, la voz se le entendia mejor, era sería y dió un aviso de criminales y nombres… Una orden, pero ¿tan mal se iba a poner por unos criminales? ¿De qué tipo era? Salí para sentarme en la cama. Los murmullos que eran parte de esta nave se cortaron y tomó tiempo para que volvieran.

✝︎ Miau
#48
Y, de pronto, se alza ante ella una orden de arriba.

—... Oh, vaya —La mirada de la joven se vuelve más seria que de costumbre al escuchar el mandato mayor en medio de una situación de supuesta tranquilidad—... Ni siquiera terminé de abordar el barco y ya se están poniendo salvajes.

Es que, ante la amenaza latente de la piratería y la revolución en medio de un grupo importante de civiles, todo parece indicar que el viaje será más impredecible y difícil que de costumbre. Hae-won ya tiene en su mente la idea de una revuelta o un ardid sospechoso que se yergue sobre los presentes, debido a la amenaza declarada. Si de por sí la idea del parque grita sospecha por todas partes, esto suma. A pesar de las advertencias de su mente, ella decide moverse y escuchar las directivas de su compañero, a fin de organizarse como puede.

Es relativamente frustrante, porque tenía muchas cosas que hacer y quería hablar con un grupo de compañeros.

Si hubiera podido, habría entregado su equipo de mate a Enji, de la división ochenta, para que aprenda del noble arte del cebado correcto de una infusión tan magna como la que ella disfruta, mas el tiempo no se lo permitió. Lo único que pudo hacer en esos momentos fue asentir ante su «my lady» y sonreírle con educación antes de poner marcha directa hacia el barco.

Fue entrenada para estas cosas. Está capacitada para mantenerse lo más entera posible, y todo esto huele a estiércol. Hae-won se lo ve venir. La sola idea de que haya un asesino y un alborotador le pone los pelos de punta, pero está preparada para afrontar la amenaza hacia la población. Es un orgulloso miembro de la marina, y sabe que no hay lugar para debilidades personales dentro de sus filas.

—Oye, Shin —La voz de la dama es firme, pero la calma la envuelve a pesar de todo, ¿por qué lo llamó por nombre y no por apellido?—... Se te ha echado de menos, compañero.

Drave regresa a su mente en ese único instante.
Una vez crucen el sendero del mar hacia el otro lado, ellas verán sus caminos separados por un largo, largo tiempo. Ya dentro del barco, con su arma en mano, su Den Den en el hombro —que guarda dentro de su bolso— y la aceptación de una separación inminente, se acerca al timón del barco y se posiciona al lado del navegante.

—Hmmm… a partir de hoy, seremos nosotros contra la incertidumbre de un destino trazado en el agua —Se acerca, apoyando su cabeza a la altura del hombro ajeno—. Me quedaré a guardar la estructura del barco hasta que lleguemos a destino. Cualquier cosa que necesites, avísame.

Antes de continuar con su plan, se dirige a la cubierta del barco para izar las velas, por petición de Kael.

—Nyra… Tienes que enseñarme a cocinar —Sonríe, mientras busca una manera de despejar la mente y zafarse del estrés—. Gracias por la comida, querida~.

Viene bien. Comer es bien. Comer es amor y es vida.

Ya está dentro del barco.
Ya tiene todo preparado para iniciar viaje.
Es hora de moverse.


Disclaimer

#49
Cual oráculo, parecía que el destino tenía sus propias jugarretas, pero la percepción de la situación que tiene Dharma es bastante admirable, es inteligente y analítico, no se deja llevar por las sensaciones mundanas. Su última meditación que había llevado a cabo hace un par de días a las faldas del volcán durmiente de Baterilla, le había dado una perspectiva fresca y sustanciosa, no cambiaba su forma de ver el mundo y comprender ciertos estatutos, los confirmaba, el poder es la herramienta mas útil, para adiestrar, para enseñar, para formar, para desarrollar, con poder las cosas se vuelven más sencillas, es aún más importante que el dinero. El poder es para quien lo ejerce y consciente de eso en su totalidad, todo lo que estuviera en su porvenir era asimilable, pues era un paso más en el desarrollo de sus habilidades, las mismas que le dan y darán acceso al poder real. Mas allá de la marina y el gobierno mundial, más allá de los piratas y cazadores. Aun más lejos que la ideología de los revolucionarios, a los cuales admiraba de cierta forma y ya había tenido contacto con par de ellos en el pasado.

Todo se confabulaba para que una de sus primeras decisiones de cautela le diera el acierto, ahora más que nunca tenían que ser precavidos, pero aun así no temerían a nadie. El espadachín oriundo de Wano estaba concentrado, mirando desde la parte central de su embarcación alrededor de lo que ocurría en el puerto, su vista era lo bastante buena, no como un águila, pero podría decirse que de alguna manera se le acercaba a ese maravilloso espécimen, podía ver diversos navíos ya haciéndose a la mar junto con ellos. Los Rakshasa se habían alejado del puerto desde un inicio esa era la idea, mantenerse en la línea ideal, sin parecer los últimos ni tampoco los primeros. No tenían ansias de una gloria tan efímera como llegar al Gran Line. Puesto que eso era solo un escalón más de lo que realmente importaba, llegar al nuevo mundo, que para eso faltaba un buen trecho, pero cada paso los acercaba más, cada escalón infundía en el capitán de estos piratas un fervor especial.

| Bien, con esto podría bastar, poco se sabe de qué barco navegamos... aun somos poca cosa.| Entendía la diferencia entre los piratas con un Wanted mucho mayor que lo triplicaba o multiplicaba demasiadas veces. Tampoco se trataba de una competencia, pero era una gran referencia, aun así, sabia y entendía los significados de dichos números y que los más de 100milones de berries tampoco era poca cosa. Junto con lo acumulado de los demás miembros de Rakshasa. Pasaron unos minutos, los demás hacían lo suyo, Dharma por su parte se mantenía observando hacia el puerto, no de forma nostálgica, sino con mucho interés y atención, mientras su navío Buda se alejaba más y más de las cercanías del puerto, pero sin tampoco salir del radio que otros barcos llevaban. Pues todos comenzaban a moverse, podría decir como si se tratase de una atracción, pero eso era literalmente un parque de atracciones, nunca mejor definido dicho concepto, incluso el folleto era bastante llamativo. 

| Hmm... no tardaron tanto en mostrar sus intenciones los marines | Estiraba con lentitud, calma y decisión los músculos de su espalda, como enfocando su concentración, preparándose para lo que venía. Un sonido de estática que arrollaba al sonido bullicioso, los megáfonos de la isla e incluso algunos barcos marines que, si bien se encontraban lejos de los navíos de comerciantes y/o piratas podía escucharse ese característico ruido, pero hasta ese momento todo parecía andar en un protocolo muy tranquilo, solo hasta ese momento. Pues lo siguiente que recitaba dicha megafonía eran advertencias, serias, su buen sentido del oido, le permitía comprender de forma clara lo que se podia llegar a escuchar y después sonaba un nombre acompañado de otros sin importancia.  | Dharma... | Sus orbes esmeralda se abrieron un poco más y una sonrisa tranquila se esbozaba en su rostro, pues su ojo vaticinador había dado en el clavo anticipadamente. | Mantengamos el perfil bajo y estemos tranquilos, nada ha cambiado y para los que no lo hayan logrado escuchar. | Pausaba por un instante. | La marina acaba de encender sus alarmas por toda la isla y sus navíos, nos están buscando. | Dijo en su habitual tono lo suficiente para ser escuchado por los integrantes de Rakshasa. Pero así con ese tono habitual, también había una seguridad comprobada y una calma bastante inspiradora en su decir.

| Bro... Sanemi sigamos lo planeado, mantenernos en una distancia prudente... junto con los barcos de comerciantes y demás fulanos... | Se cruzaba de brazos por un momento, manteniendo la seriedad y la tranquilidad en la situación. | Tampoco llamaremos la atención huyendo o moviéndonos de forma errática, la calma es nuestra y nos han dejado escuchar que saben que estamos aquí... nosotros y muchos más piratas e inclusive revolucionarios. | Lo último venia porque, entre esos nombres, pudo comprender bien, que se trataba de Kazan, un antiguo conocido con el que compartió una conversación interesante y este era un revolucionario. | Con Buda podremos lograr llegar... lo sé. | Decía con la promesa certera y con la intención de que sus palabras fueran una afirmación.

OFF ROL:
| D e v i l s | N e v e r | C r y |
#50
Por supuesto, no logró captar nada de Tezca y éste le golpeaba la mano y la sermoneaba, a lo que Yuuki respondía con una sonrisa tonta y se sobaba la cabeza a la vez que sacaba la lengua. Y quiso seguir haciendo la tonta para el rubio, le gustaba subirle el ego y que él la premiara por eso. Aunque a veces era simplemente un tarado, se divertía con él. A decir verdad, le hacía cierta gracia que los conocía a todos... o bueno, casi a todos. El chico del caballo era, sin duda, a quien acababa de conocer. Y para suerte de ella, se le acercaba. Y vaya forma patética de hacerlo. Y el que conociera a Yuuki, sabía qué pasaba...

Yuuki tomó la hoja y la pluma, y escribió su nombre de manera que fuera sencillo de leer, pero también con algo de estilo. Incluso puso un corazón en el punto de la "i" en su nombre.

—¿Y me das un regalo también? Déjame darte un regalo a ti también entonces... —Y aunque quería llevárselo de allí para qué tan patético podía ser, tenía que comportarse. Así que simplemente se agachó y dio un beso en la frente del rubiecito. Luego le acarició el cabello y le puso la hoja de papel en las manos, luego solo sacó la lengua y guiñó un ojo. Podría considerarse coqueteo... aunque Yuuki era simplemente así con todos. Incluso con los que llegaban a hacerle sentir cosquillas con sus actitudes.

Notó unos saltos a la distancia y vio a Seraphine. Sí, era ella. Definitivamente era ella. Levantó su mano y saludó de vuelta, aunque se mantuvo con sus amigos.

—Ciertamente, dinero fácil... capitán... —Dijo mientras sacaba el dinero de su bolsa y le hacía el pago de los veinte mil berries a Ryota luego de que la apuesta le saliera del todo mal. Pues no solo Tezca se comportó como una persona decente, sino que Runin supo poner un pie adelante del otro y Barald dio su nombre. Cosa que vendría bastante graciosa después.

Ni bien pagó el dinero a su capitán, se logró escuchar el mensaje de la marina. Y de entre las personas nombradas, Barald era uno de los que estaban allí. Yuuki sonrió y dio una palmada en la espalda a su compañero, celebrándolo también. Para cualquiera, ser buscado por los marines podría ser un problema. Pero, por lo visto, para Hanu Mahana eso era como si estuviera teniendo éxito en su carrera. Incluso Miyori tenía un aviso de búsqueda. Yuuki se preguntaba para cuándo llegaría el de ella... quizás luego. Los dedos de su mano derecha tamborileaban sobre su muslo derecho mientras pensaba en ello.

Quiso decir algo más, pero ahora era Tezca el que se la llevaba del brazo, y aunque esto la hizo sonrojarse un poco, estiró la mano para buscar llevarse a Runin con ella también mientras le hablaba a Tezca sin mirarlo.

—¡Y yo que voy a saber! La que sabe ubicarse es la que lleva al Señorito Cardan, no yo. ¡Runin! ¡Ayuda! ¡Me está secuestrando el rockstar!

Iba a tomárselo con calma. Que los marines se volvieran locos, si quisieran. Tenía un grupo de amigos al que les debía su lealtad y si ellos no se iban a molestar, pues tampoco veía ella razones para hacerlo. Confiaba en que su apariencia inofensiva y su comportamiento de joven turista bastara para que no la molestaran... aunque sí que se iba a poner intensa la cosa si alguien se atrevía a ponerle un dedo encima a Barald. Era su amigo y lo iba a proteger. Ryota había dejado clara la instrucción también.

Y mientras quería agarrar a Runin de lo que fuera que pudiera agarrarla, hacía señales a la morena para que agarrara a cualquiera de los otros tres que le quedara cerca. Así todos terminarían yendo al buffet como Ryota y Tezca habían sugerido.


Off
[Imagen: o32YH2T.png]

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