[T3-Autonarrada] Buitres días
#1
Atributos Personaje

 
Día 80 de Primavera. Año 11
Barranca profunda (zona exterior), Isla Toko, Corriente Daiya ~ 6:30 a.m.

 
Apenas estaban saliendo los primeros rayos de sol cuando Sasha se levantó esa mañana, se arregló con los ojos medio cerrados usando su ropa de siempre porque empezaba a cansarse del look vaquero que estaba llevando, y junto a su preciado kanabo se encaminó a rellenar la regadera de agua limpia. A la semioni se le escapó un sonoro bostezo mientras esperaba que se llenara el objeto, cuando Gronn les dijo de encargarse todos de la planta de Bepso la joven no pensó en que acabaría así. Sasha emprendió su camino, arrastrando sus pies sobre la madera del barco, hasta el timón que era donde se encontraba la preciada planta que tenía en su interior los restos de su amigo tonttata.
 
Nada más llegar la escena que vio la despertó por completo. — ¡Eh, fuera de aquí! — gritó mientras corría hasta llegar al barril donde se encontraba el tiesto en el cual escarbaban tres pequeños pájaros, unos bastante feos y sin plumas en la coronilla, quienes salieron volando asustados una vez la vieron llegar. La rubia bastante enfadada no pudo evitar coger una de las piedras de la maceta impactando en la cabeza de uno de ellos ocasionándole un chichón bastante grande. — ¡Te lo mereces pájaro de mierda! — le chilló la semioni para que la pudieran escuchar pero cerró la boca enseguida cuando cuando se dio cuenta que podía despertar al resto de sus compañeros. Meditó un momento las consecuencias pero enseguida las ignoró, si ella tenía que despertarse para hacer tareas de buena mañana pues los Shogun Gari también. Sasha se fijó que parte del agua que había en la regadera se había derramado por el suelo al dar aquella carrera. — ¡No me jodas! — aquel día solo hacía que ir de mal a peor para la joven, ahora no solo tenía que regar la planta sino limpiar aquello para que nadie se resbalase. 
 
La semioni priorizó regar la planta, por lo que se acercó a la maceta mientras refunfuñaba por los problemas que estaba teniendo de buena mañana, pero mientras veía como el agua caía sobre la tierra donde estaban plantadas aquellas semillas de limón y los restos que, aquel estúpido robot, dejó del amable Bepso la joven se tranquilizó. El tontatta no tenía la culpa. — Ya sé que no tenía que tirarle una piedra al pájaro ¡pero se querían comer las semillas! — habló la chica como si el interior de la maceta la estuviera juzgando. — Además ahora tengo más faena y esta vez no lo puedo dejar así. ¿Sabes lo enfadado que está Gronn porque llevo dos días sin hacer los recados? Paso de otra bronca. — la rubia sabía que su pequeño amigo estaría orgulloso por lo que había dicho. Con un suspiro la semioni esperó hasta que cayó la última gota de dentro del recipiente, por lo menos ya tenía acabada su tarea del día y por una vez el gyojin no se enfadaría, se giró viendo como había dejado el suelo al rededor del timón, bueno no se enfadaría precisamente por no hacer la tarea que le había puesto.
 
La adolescente miró por por última vez la maceta asegurándose de que estuviera bien, por suerte aquellos horripilantes pájaros no se habían llevado ni la pluma de Nekah, ni el dibujo del wanted de Bepso, ni habían despegado la tirita que un chico dejó en los restos de su pequeño compañero de tripulación antes de partir de los Cabos Gemelos. Un escalofrío recorrió el cuerpo de Sasha recordando todo lo que había pasado en aquel sitio, fue toda una pesadilla y esperaba no volver a vivir algo como aquello nunca más.
 
Cuando la rubia confirmó que a la planta no le faltaba nada asintió dispuesta a buscar - con mala cara - una fregona para secar aquello, pero no le dio tiempo al notar una extraña sacudida en el barco seguido de una enorme e imponente sombra que la cubría tanto a ella como al barril con el tiesto encima. La semioni se giró lentamente con la cabeza ligeramente escondida entre sus hombros, los cuales había subido un poco, como anticipación a lo que podía ver detrás de ella. A Sasha se le fue el color de la cara cuando se acabó de girar y se encontró con un buitre de unos diez metros de altura posado en la borda. Varias gotas de sudor frío bajaron por la nuca de la joven que no sabía que hacer ante la penetrante y enfadada mirada de aquel enorme bicho alado, el cual en su hombro izquierdo estaba posado un pájaro exactamente igual - pero más pequeño del que la estaba intimidando - que tenía un chichón en la cabeza. La rubia tragó saliva de forma sonora después de entender la situación: el pájaro pequeño, feo, con coronilla por la falta de plumas y un chichón en la cabeza había llamado a su madre para vengarse de la pedrada.
 
Sasha vio como el inmenso pájaro dirigía la mirada a su cría esperando una respuesta, el más pequeño miró a la semioni quien negaba repetidamente con la cabeza esperando un poco de compasión  -  compasión que ella no había tenido con él  -  pero el animal lejos de perdonarla mostró una gran sonrisa por lo que sabía que venía a continuación. La adolescente frunció el ceño cuando el pequeño animal alado asintió mientras lloraba de la forma más falsa que había visto en su vida, parecía que la rubia no era la única presente que no sabía mentir, pero poco le duró a Sasha el ceño fruncido al ver la mirada hostil del ave más mayor.
 
La semioni apreció como el traidor del pájaro más pequeño volaba del hombro de su madre alejándose de allí con una sonrisa, la joven volvió a mirar a aquella rata con alas de diez metros y se fijó en como tiraba su cuello hacia atrás. La rubia abrió los ojos como platos al darse cuenta de la situación por lo que de un salto de poco menos de un metro se tiró hacia la maceta para protegerla del afilado pico de aquella bestia que impactó sobre la madera causando un agujero en el cual se veía el camarote de Sasha. — ¡Oye, ese es mi camarote! — le gritó la semioni ante el agujero que había hecho pero pronto se dio cuenta de lo que había pasado. — Tobías va a matarme. — dijo la joven al ver el desastre, si no la mataba aquel buitre lo harían sus compañeros de tripulación, o directamente solo el barba naranja. La rubia escuchó los primeros gritos mañaneros hacia su persona y tragó saliva, eso era imposible de explicar pero sabía que tenía que alejar a aquel pájaro de sus compañeros, la semioni no se perdonaría nunca que alguno de los Shogun Gari saliera herido por su culpa.
 
Sasha miró la maceta, no le quedaba otra, aquel mini pájaro seguro que estaba esperando la más mínima oportunidad para comerse las semillas que estaban plantadas. La joven sin pensarlo mucho más se transformó en su forma híbrida de triceratops y girando su voladizo óseo se elevó del suelo saliendo volando lo más rápido que pudo alejándose del barco. El buitre no tardó en seguirla usando en su caso las inmensas alas negras que tenía, haciendo que la adolescente suspirase porque su plan estaba funcionando pero ahora tenía a un pajarraco de diez metros pisándole los talones.
 
La semioni se fijó que unos diez metros más adelante había un bosque podía usarlo para distraer al animal pero le daba miedo que al no verla volviera al barco a por los Shogun Gari. Sasha miró la maceta de Bepso, pelear con el objeto en la mano no era una opción pero tal vez el bosque podía serle de ayuda para esconder el tiesto con las semillas. Con determinación Sasha aceleró su vuelo hasta el bosque siendo seguida por aquel feo pájaro que parecía dispuesto a alcanzarla. Al animal todavía le faltaban cinco metros para llegar al bosque cuando la joven aterrizó en su destino, con rapidez escondió la maceta y se acercó tres metros hacia la bestia para que el combate no fuera un peligro para el recipiente donde descansaban los restos de su pequeño amigo Bepso.
 
Sasha se puso en guardia con el kanabo en alto mientras mantenía su forma híbrida de triceratops, aquel buitre de diez metros no parecía querer frenar, iba a embestirla. La semioni se preparó en su mejor pose de bateadora sujetando el kanabo con ambas manos en la parte derecha de su cuerpo. — Muy bien prepárate para ver la estrellas. — le dijo la joven cuando el inmenso animal estaba a un metro. — ¡Star run! — gritó impactando su arma contra la cabeza del buitre y derribándolo cuatro metros a su izquierda. El animal se levantó de forma lenta mirando a la adolescente con rabia, el ave estaba más enfadado  -  si podía ser aquello posible  -  y esta vez de un rápido movimiento con una de sus alas negras, pilló por sorpresa a Sasha consiguiendo que saliera disparada ocho metros. La semioni se levantó un poco cansada, tenía que acabar con aquello ya. — Ha sido divertido pero aquí termina. — le dijo la rubia al buitre quien pareció sonreírle y se preparó para volar hasta ella. La rubia volvió a preparar su kanabo mientras el voladizo óseo de su cuerpo empezaba a dar vueltas, apretó su arma hasta que sus nudillos se volvieron blancos pero enseguida los relajó, no había necesidad de hacerle mucho más daño. El ave salió volando hacia ella y la semioni hizo lo mismo, volando de forma baja como el animal y girando la parte superior de su torso se preparó para dar otro golpe. — ¡Doraiburō! — gritó la adolescente una vez impactó su kanabo  -  otra vez  -  en la cabeza del buitre, el cual se desplazó tres metros en diagonal a la izquierda de la chica.
 
Sasha se sentó en el suelo quitando su transformación en el proceso, tenía claro que no volvería a regar la maceta de Bepso de buena mañana. La rubia escuchó un suave piar familiar y se encontró con los tres pajaritos traviesos que habían intentado comerse las semillas junto a su madre. Con un suspiro cansado la semioni se levantó hasta llegar a donde había dejado el tiesto, el cual recogió junto a algunos frutos que encontró en los arboles de donde empezaba aquel bosque. Se acercó hasta el buitre de diez metros que la miraba con desconfianza, se agachó para dejar los frutos delante de la familia y con un suave movimiento de cabeza se fue caminando hacia el barco. Sasha estaba cansada y sucia después de aquella pelea a primera hora de la mañana pero estas eran las aventuras que le gustaban a la semioni. — Parece que las aventuras no han acabado para nosotros, Bepso. — dijo Sasha con una gran sonrisa a la maceta. La bronca que le esperaba a la vuelta iba a ser espectacular pero la siesta que se iba a pegar nada más llegar también lo iba a ser.
 
 

Akuma

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#2
Aventura Tier 3 Autonarrada Completada


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