[FIC-Entrenamiento][Presente absoluto](+18) Royal Rumble TechnoViking
#1
Día 49 de Primavera, Año 17
Outfit ---- Sigurd de Arabasta

Arabasta era un lugar extraño, demasiado denso para mí gusto. Sí, denso es la palabra exacta que estoy buscando. Denso en población como ningún lugar de la Gran Line, denso en el clima, que es drásticamente más caluroso que Whisky Peak o Little Garden, y denso en general, no sé. La sensación de que el tiempo se estira como un chicle se nota por cada día que pasa que prefiero no hacer nada a causar una nueva masacre. Es increíble.
Tal vez esa es la clave del apogeo comercial de este lugar, que ningún pirata quiere estar aquí cociéndose vivo. Es una trampa mortal que te tiene escondiéndote de sombra en sombra, con distancias kilométricas entre ciudades y un desierto criminal porque el que no quiero volver a pasar.
Ahora mismo estamos en Katorea. Llevamos pocos días aquí, divagando de un lado a otro. Es imposible disimular que somos turistas llegados a saber de dónde, con nuestros inmensos tamaños y ropas que cantan que flipas. Aún así, hay diversidad de toda clase paseando por las calles, desde diminutos Tonttatas a enormes Onis. Por lo que llamar la atención aquí es lo más normal del mundo. Solo imaginar como debe de estar de abarrotada la capital... Me asusta .
Los caminos son anchos, aunque hay poco espacio para pasar por todo el comercio que se mueve en ellas. La calle principal, por donde estamos ahora, atraviesa al completo el lugar, una gran vía que dibuja una diagonal perfecta de un extremo al otro. Las callejuelas están cubiertas de arena, pero en esta inmensa avenida, se han dado el gustazo de pavimentarla con pequeñas piedras talladas que facilitan el movimiento de monturas y carruajes que corren cargados de mercancías y materias primas de máxima calidad. Entre aceras habrá más o menos 14 metros de separación, aunque entre transeúntes hay pocos centímetros. Y nada alcanzas el extremo de la calzada, encuentras un puesto tras otro de forma consecutiva de todo aquello que puedas imaginar. Textil, alimentación, utensilios para comunicarse, joyería, entretenimiento... De todo.
La temperatura es otro cantar. Deben de ser las doce del mediodía. El hambre empieza a apremiar y el Sol se encuentra en la parte más alta. El sudor empapa cada rincón de mi cuerpo como si fuera una fuente andante. Las telas que llevo no son capaces de enfrentar el sofoco que llevo encima. La gente que vende comida no enciende ningún fuego, parecen calentar las cosas en planchas de acero directamente expuestas o en la propia arena candente. Es una locura. Y lo que más me jode es que el mamón de Ubbe parece inmune el hijo de puta. Mientras yo estoy pillando un tono salmón horrible, el parece un mulato poderoso, cada vez más Lunarian, que romper cuellos de las mujeres al pasar.
Calle principal de Katorea

Aprovechando el tumulto y viendo que se separa a observar un puesto de interés, me escabullo como puedo para alcanzar un tenderete de alimentación que tenía bicheado cuando llegué en su momento, antes de que el grandullón cruzara el desierto. Es un pequeño comercio de bebidas energéticas, isotónicas y azucaradas, para echarte entre pecho y espalda algo fresco. Con malicia y susurrando al dependiente, le hago la comanda. -Ponme una de lo más dulce que tengas.- se me escapa una risa nasal maligna. Cuando el hombre me saca los refrescos, le pago y le pido algo "especial" -Porfavor, dame un vaso y deshazte de la lata, no quiero que se vea ninguna marca.-
-¡Hey, hermano, que me pierdo si te vas muy lejos!¡¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!!- me río pensando en su cara cuando se tome la bebida. Sí, parece una gilipollez y lo es. Como tal, podría haber escupido en el vaso o directamente mear en el y engañarlo. Pero si por algo he visto matar a este monstruo es por hacerle creer que le gustan las bebidas azucaradas. Lo lleva fatal. Imagina como se va a poner cuando se beba una, solo de pensarlo me pongo cachondo. Risas aseguradas cien por cien. -Toma tío, te he comprado esto.- extiendo mi brazo derecho, ofreciendo el vaso de plástico con un líquido marrón y espumoso, similar a una coca zero. Con la izquierda sostengo a Yggdrasil apoyada en el hombro. Por si acaso. Y en el rostro, una mirada amable y despreocupada que esconde una maldad pura y profunda. Aquella que va a cometer el acto más cruel del universo... La novatada.
Sigurd quiere engañar a Ubbe


En efecto, cajita feliz
#2
Ubbe se había detenido frente a un puesto de telas gruesas, de esas pensadas más para cubrir del sol y el calor que para lucir nada. Colores apagados, fibras bastas, ropa hecha para aguantar arena y sudor. El mercader hablaba rápido, gesticulando, intentando convencerle de que aquello era “lo mejor de Katorea”. Ubbe apenas escuchaba, estaba aburrido ya de todo aquello, pues Arabasta estaba siendo un poco como un pain in the ass. 
Al menos, a él, el calor no le molestaba. No era inmunidad, pero su cuerpo lo aceptaba mejor que su compañero. El sudor caía, sí, pero no le quemaba la cabeza ni le volvía torpe. Simplemente estaba ahí. Como un peso constante. Como tantas otras cosas.
Escuchó a su hermano de batallas yendo hacia él, diciendo que no se alejase o se perdería. 
Se giró justo a tiempo para ver a Sigurd abrirse paso entre la gente, vaso en mano, con una curiosa sonrisa. Ubbe entrecerró los ojos tras sus gafas, viendo como el titán venía hacia él. La multitud chocaba contra sus piernas como olas contra un espigón. Al acercarse lo suficiente, Sigurd le dijo que le había comprado eso, lo que parecía ser una bebida refrescante, de hecho, ¡incluso parecía una Cola Zero! Chasqueó los dedos señalando el vaso, en agradecimiento.
- Yooou, ¿no serás tú el fucking boss no? - tomó el vaso con ímpetu y no dejó pasar ni un segundo que empezó a beber directamente de la pajita. Un segundo. Dos.
El silencio duró lo justo para que Sigurd quizá pensara que había funcionado. Entonces el rostro de Ubbe se tensó, se oscureció. Frenó en seco. El mundo entero dejó de girar, en ese momento solo estaban Ubbe, Sigurd, y esa trampa, esa dolorosa trampa.
Los labios se fruncieron. La mandíbula se le tensó con fuerza. El ceño se frunció lentamente peligroso, como una tormenta acumulándose a punto de estallar a llover. Bajó el vaso con parsimonia, mirando el líquido como si le hubiera insultado directamente a la cara.
Volvió a beber otro trago, esta vez más grande, como si quisiera confirmarlo. Error.
El gesto fue inmediato. Una mueca brutal. El cuello se le tensó, los hombros se alzaron ligeramente, y por un instante pareció que iba a escupirlo todo sobre la calle principal de Katorea.
No lo hizo.
Tragó.
Con esfuerzo.
- Son of a bitch... -dijo al fin, muy despacio, sin levantar la voz. 
Ahora todo tenía sentido, la sonrisa con la que venía Sigurd, una extraña bebida de su parte y encima en vaso, no en lata...
Miró hacia Sigurd. No había ira. Todavía. No le miró a la cara, no le apetecía levantar la mirada hacia arriba, peró con mirar a su lado, ahora mismo era suficiente. 
Apretó un poco el vaso, sin llegar a derramarlo, y con su gran velocidad habitual, estampó el vaso en toda la entrepierna de Sigurd haciendo fuerza en el golpe y manchando todo el pantalón de este. 
El plástico crujió al contacto, y el líquido marrón se desparramó sin ninguna piedad, empapándole la tela como si hubiese sido un accidente vergonzoso en mitad de la calle principal.
Ubbe soltó el vaso vacío al suelo como si no valiera nada.
-Baby… -dijo con una calma insultante- Me has dado azúcar. NI MY FAMILY ME DABA AZÚCAR - Haciendo referencia a su familia como si fuera el mismísimo diablo. 
- GAHAHAHA, ahora estarás pegajoso y meado, ¡por motherfucker! - Ubbe se quedó al lado, riéndose de su compañero.

INFO
#3
Outfit ---- Sigurd de Arabasta

¿Puede suceder?¿Le estoy haciendo beber a Ubbe esa bebida azucarada que tanto detesta? Por supuesto que sí. El tío coge el refresco con total confianza y se lo mete entre pecho y espalda. Yo aguanto las ganas de descojonarme vivo mientras lo hace, aguantando con una muñeca ridícula y una gota de sudor que se desliza de la frente hasta la mejilla. Pero cuando le cambia el semblante y le pega un segundo sorbo para confirmar la putada que le he hecho, me es imposible seguir disimulando. -¡¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!!- me comienzo a reír con fuerza, arqueando la espalda hacia atrás y golpeado mi pecho con la mano libre con exageración. Puedo oír como está murmurando cosas, pero yo estoy encerrado en una crisis de humor infinito que me hace achinar los ojos mientras me caen lagrimones del despiporre que llevo encima.
La venganza del negrito de ojos claros no se hace esperar. Aprovechando que estoy en mitad de un ataque de risa, con el mismo brazo con el que sostiene el vaso, me conecta un directo en la entrepierna, derramando gran parte de la bebida en mis cojones y simulando que me he meado encima. -¡OUh!- doy un pequeño respingo para atrás, involuntario, al sentir sus nudillos conectando con mis pelotas de Bakumetal. El tipo, satisfecho, se burla y se empieza a mofar de la escena, y la gente que nos rodea, antes que asustada, ve a un gigantón de siete metros con los pantalones húmedos y se ríen junto a él. -Así que esas tenemos ehh...- farfullo casi maldiciendo, aunque con una sonrisa ladeada.

Con el 1 a 1 puesto en el marcador, toca pensar en el desempate. Me volteo y me adelanto, separándome como quien no quiere la cosa un poco menos de diez metros y dejando el "conflicto" en tablas. Pero como si fuera por voluntad divina, lo veo llegando desde la distancia. En mi dirección, apartando gente y con la prisa de un repartidor de Nozama, cruza a toda pastilla un carruaje tirado por dos espectaculares caballos y con un cargamento completo de piñas frescas. La piña. Esa fruta infame e incomestible que hace que te arda la lengua, pero que le chifla a mi hermano de otra madre. 
Me interpongo en mitad del trayecto del carro, que está obligado a frenar en seco y de forma brusca. Los caballos relinchan y el cochero me empieza a insultar en un idioma que no logro entender ni me interesa. En mi cara se dibuja una sonrisa diabólica, llena de satisfacción. La fina línea entre la broma y la agresión física la ha cruzado él, como debe ser entre verdaderos Buccaneers. Es momento de devolver la moneda con intereses.
Carro de piñas

Con un movimiento diestro de muñeca, dejo a Yggdrasil clavada en el suelo pedregoso de la gran avenida. Entonces, a puro peso muerto, agarrando por debajo del estómago de uno de los caballos y una de las ruedas del vehículo, levanto el transporte y su carga sobre mis hombros, sin mucha dificultad y abusando de la enorme diferencia de tamaños. 
La sorpresa y los gritos de la multitud empiezan a hacerse denotar por los alrededores de donde nos encontramos. Algunos deciden huir antes de salir heridos. Otros piden a gritos que me detenga. Los más curiosos observan atentos la hazaña, viendo como yo, Sigurd Hakkon, orgulloso Bucanero, va a liarla una vez más. Me doy la vuelta en dirección a Ubbe y antes de actuar, llamo su atención. -¡Tú, cara sepia!- le grito a pleno pulmón. Cuando se voltea a verme, no tardo ni medio segundo en lanzarle con todas mis fuerzas el carromato lleno de fruta. Este corta la distancia como un proyectil letal, como una bala de cañón lanzada a mala fe. Arrasa con todo lo que tiene por delante hasta impactar contra el mulato, haciendo estallar por los aires todas las piñas, los caballos y al señor. -¡¡¿ESTO SI QUE TE GUSTA MÁS, VERDAD CABRONAZO?!!- suelto un rugido desafiante, provocando ahora sí lo que tanto tiempo he deseado, una pelea contra mi compañero de armas. 
Con el mismo movimiento fluido, tras el lanzamiento, recojo a Yggdrasil del suelo, desencajandola y llevándome un peñasco de roca clavado en uno de sus filos, como si de una enorme maza se tratara. Agarro el arma con ambas manos y por si cabía alguna duda... -¡¡VAMOS, HIJO DE PUTA, VEN CON TODO!!- ahora sí, ahora la gente empieza a correr en todas las direcciones.
Yggdrasil Pétrea


En efecto, cajita feliz
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 6089 - 676 = 5413
Energia: 3428 + 0 = 3428
Espiritu: 1149 + 0 = 1149
#4
Ubbe seguía riéndose cuando Sigurd empezó a alejarse.
La risa le salía sola, resonando por encima del murmullo del mercado mientras se apoyaba un segundo en la cadera, como si tuviera que parar un momento solo para seguir riendo. 
Se llevó una mano al chaleco abierto, notando todavía el sabor dulce en la boca, torciendo el gesto un instante… pero sin perder la sonrisa. Aquello había sido una putada, sí, pero una de las buenas. De las que se pagan con unas risas más tarde.
Ubbe avanzó un par de pasos hacia otro puesto, como si el asunto ya estuviera cerrado, como si aquello hubiese quedado en empate.
El mercado siguió con su ruido habitual… hasta qué dos mil quilos de piñas impactaron contra Ubbe. 
Un insulto llamándole cara de cefalópodo le hizo girar el torso, y en ese momento vio la que se le venía encima. 
Le costó reaccionar y ver lo que estaba pasando, y en un intento de heroicidad frutal, intentó salvar tantas piñas como pudo, dejando que el propio carro le embistiera de lleno. Cuando el estruendo terminó, prácticamente no había podido salvar ninguna... y eso le dolía más que lo de la bebida azucarada, joder que si le dolía... 
El jugo de varias piñas le resbalaba por los brazos, por el pecho, empapando el chaleco abierto. Había demasiadas. Demasiadas piñas. Demasiado desperdicio. Y encima no había podido hacer casi nada para salvarlas.
El mercado ya estaba casi vacío. Los últimos civiles huían entre gritos, puestos volcados y fruta aplastada. 
Ubbe dio un paso al frente. Luego otro. Sigurd ya había recogido su hacha del suelo, y entonces Ubbe empezó a hablar. 
-Baby… -dijo con voz baja- The pineapples... 
Los músculos de sus piernas se tensaron. El cuerpo entero se inclinó hacia delante, como un bloque de acero a punto de soltarse cuesta abajo. No miraba a Yggdrasil. No miraba al entorno. A través de sus oscuras gafas, ahora manchadas de zumo de piña, solo veía a Sigurd.
- Con esto no se juega man... - miró a su alrededor, inhalando el olor dulce de las frutas - Encima mira todo este desperdicio alimentario... ¡FUCK YOU BABY! ¡HOTWHEELS!
El suelo explotó bajo sus pies y Ubbe salió disparado como un proyectil con su hombro derecho hacia adelante, dispuesto a placar a su compañero; una mole negra veloz como un rayo. El aire silbó a su alrededor mientras avanzaba a toda velocidad, levantando arena, restos de madera y piñas destrozadas a su paso. No era un salto normal, ni una embestida sin más, era toda su potencia trasladada a sus piernas empujando todo su peso hacia adelante. 
El impacto llegó en un abrir y cerrar de ojos.
Ubbe se estrelló contra Sigurd con todo el peso de su cuerpo, un golpe devastador de hombro y torso que buscaba abalanzarse y quedar sobre él. El pavimento crujió bajo ambos, resquebrajándose en un radio amplio.
La risa brotó desde el pecho de Ubbe incluso durante el impacto, profunda, salvaje. - Me vengaré por las piñas, cabronazo! GAHAHAH!

INFO
[Imagen: ksMOGZu.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 6949 - 97 = 6852
Energia: 4034 - 440 = 3594
Espiritu: 903 + 0 = 903
#5
Outfit ---- Sigurd de Arabasta

El transporte choca a gran velocidad contra el cuerpo de Ubbe, provocando que este estalle en fragmentos y lance él cargamento de fruta en todas direcciones. Impacto directo y objetivo cumplido, tengo la atención total de la mole negra. Los gritos y la gente corriendo de un lado a otro han ayudado bastante... Ah, y que le lance un carro de caballos hasta arriba de mercancía, también. Sobretodo piñas. Las piñas le flipan al mamón este. Con todo ese alimento desperdiciado y lo del tema del azúcar, tengo al Buccaneer rabiando contra mi. Eso me gusta.
El tipo no lo duda. Le he provocado y ahora voy a pagar las consecuencias de haberle faltado al respeto. -Cojonudo...- murmuro mientras le veo susurrar irascible y colocarse en una posición ofensiva. Mientras hago pivotar ligeramente mi pie derecho hacia atrás, ladeando el torso y alzando a Yggdrasil Pétrea sobre mi hombro, sosteniéndola con fuerza y ambas manos desde abajo, como un bate de béisbol. Rugimos al mismo tiempo, como dos bestias milenarias a punto de matarse. Cada uno en su idioma, rezando a nuestros orígenes. Somos guerreros indomables en puro éxtasis de violencia. Él va cargado de furia vengativa. Yo sonrío ante el frenesí de la matanza.
 -¡VALHALLA, COMEMIERDA! ¡¡¡ÁSGARDR!!!-
Se lanza como un misil letal, hombro por delante y con la firme intención de embestirme, sin piedad alguna. El suelo bajo sus pies quiebra y solo queda una bola de demolición colosal que se mueve a unas velocidades imposibles. Pero yo ya estoy acostumbrado a la batalla y vivo para momentos como este. Lo veo. Veo como a su paso arrolla con todo lo que encuentra a su paso, pero no cedo, al contrario, busco comparar nuestro poder. Con una destreza fuera de este mundo, descargo a Yggdrasil a toda velocidad y con una fuerza desmedida. Esta dibuja un arco descendente que corta el aire desde mi lo alto de mi hombro hasta impactar con el suyo en carrera, en una trayectoria perfecta que no me obliga a extender los brazos al máximo pero que conecta con Ubbe a con el rango total del arma. No uso el filo agudo del hacha, sino aquel que sostiene la roca, para pegar un golpe contundente y provocar un choque de trenes devastador. 
Cuando la roca y sus músculos se encuentran, la sacudida es apoteósica. Se genera un estallido sonoro violento y una onda de choque a nuestro alrededor que manda a volar todo lo que está cerca en un rango de más de quince metros. La gente sale despedida, los mercadillos ceden y el terreno se resquebraja en roca y escombros, formando un inmenso cráter bajo nuestros pies. La crudeza del impacto es tan salvaje que frena en seco la acometida de mi compañero, mientras que por mi parte, se quiebra la roca que sostiene Yggdrasil, dejando de nuevo al descubierto su filo desgarrador y esta sale rebotada hacia arriba, en la dirección opuesta. Puedo frenar a fuerza bruta su trayectoria, pero decido dejarla escapar de mis dedos, mandándola a volar varios metros y quedándome desarmado por unos instantes. 
Empieza la batalla entre hermanos

Nos encontramos en un punto muerto, frente a frente el uno con el otro. Por su parte, veo el dolor en su mirada por haber soportado el peso de uno de mis mejores golpes, cosa que es de admirar. Sin embargo, sé que no es suficiente para romper su voluntad. Yo he perdido mi arma más poderosa y me encuentro desarmado y dentro de su rango de acción, pero todavía me quedan cartas que jugar en esta pelea. En este mano a mano, a escasos metros el uno del otro, solo gana el más rápido, el primero en ejecutar un movimiento que doblegue al rival. Para este tipo de situaciones, he tenido al maestro perfecto, y esta vez sí, pienso dejarlo tieso en el sitio.
Con pericia extrema y un juego de manos absoluto, me hago con Sköll y Hati, dos de mis martillos gemelos, que me reposan en el cinturón. Desenvaino a una velocidad pasmosa y sostengo ambas armas desde el extremos de sus mangos. Con una extensión total de mis brazos, apuntando bajo, a la cabeza de mi adversario, colapso ambas herramientas desde los dos lados, buscando aplastar el cráneo sin miramientos. Que Ubbe sienta lo real de mis golpes, aquellos que fueron capaces de derribar el edificio sobre él. Una sonrisa se dibuja en mi rostro... Ahora le queda la mejor parte.

En efecto, cajita feliz
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5413 + 0 = 5413
Energia: 3428 - 823 = 2605
Espiritu: 1149 + 0 = 1149
#6
Los martillos impactaron. Sköll y Hati descendieron a la vez, cerrándose sobre la cabeza de Ubbe con una precisión brutal. El golpe retumbó como un trueno en el cráter, un sonido seco, metálico, que hizo vibrar el suelo y el aire alrededor. El cuello del Buccaneer se comprimió un instante, los hombros absorbieron la violencia y pudo notar el sabor metalico de la sangre dentro de su boca. Pero no cayó, ni un golpe ni dos como ese tumbarían a Ubbe. 
Ubbe alzó lentamente la cabeza.
Sonreía.
Una sonrisa ladeada, peligrosa, cargada de desafío. Un hilo de sangre le resbalaba por la comisura de los labios, pero sus ojos claros seguían fijos en Sigurd, brillando con una intensidad casi divertida.
- Buen golpe man... -dijo, escupiendo al suelo- Gracias por no apuntar a las gafas, Baby, Igual te las cargas… y eso sí que no. - GAHAHAHA.
La risa sonó grave, rota, justo antes de que el cuerpo de Ubbe se moviera.
No retrocedió ni se apartó. De hecho, se acercó un poco más a Sigurd todo lo rápido que su cuerpo le permitía: 
En un movimiento casi invisible por la velocidad, avanzó medio paso, cerrando la distancia hasta pegarse a Sigurd. Sus brazos se dispararon a la vez, como dos pistones sincronizados, sin recorrido, sin aviso previo.
- TAKE THAT HITS, BABY.
Dos puñetazos simultáneos.
Uno con cada brazo.
Ambos directos a las costillas bajas.
El impacto fue seco, profundo, concentrado. No buscaba lanzar por los aires ni romper el equilibrio: buscaba compararse con su hermano. Él le había pegado con sus dos martillos, pues ahora Ubbe respondía con sus dos armas. 
La fuerza de Ubbe entró en línea recta, brutal y precisa, transmitiendo toda su masa en un instante demoledor.
El suelo volvió a vibrar.
Ubbe no se retiró tras el golpe. Solo acercó los brazos hacia sí, quedándose en posición de pelea, esperando el movimiento de su hermano, el combate solo había hecho que empezar, y quedaban muchas hostias por repartir. 


INFO
[Imagen: ksMOGZu.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 6852 - 2011 = 4841
Energia: 3594 + 0 = 3594
Espiritu: 903 + 0 = 903
#7
Los martillos salen disparados del cinturón, tamborileando entre mis dedos y cogiendo una trayectoria perfectamente simétrica en dirección al rostro de mi hermano de armas, ahora adversario. A la velocidad del trueno, estos impactan como una prensa hidráulica, aplastando la cara de Ubbe desde izquierda y derecha. Aún así, con este movimiento que detuvo en seco el avance de un capitán de la Marina, para el Buccaneer sureño no es más un mísero choque. Un golpe que lo pone a tono, pero nada más. Su resistencia es descomunal, desproporcionada. No sé qué cojones comerán en los mares del sur, pero este tío tiene mucha mejor genética que yo. Menos mal que es un orgulloso Bucanero junto a mi, porque si fuera un enemigo real, estaría realmente en problemas. Me da hasta envidia admitir que su físico está a otro nivel, muy superior al mío.
Pero si de algo peca, es de experiencia en batalla. En eso sí que le saco años de ventaja y masacres en alta mar. Su corazón es noble, y aunque le gusta el caos tanto como a mí, le falta esa malicia salvaje para ser un pirata. Uno de verdad, no esos que van de la manita y juegan a ser amigos de todo el mundo. Saqueadores de pueblo, tener la libertad de hacer y tomar lo que quieras por el mero hecho de ser el más fuerte y el más fiero. Lo aprenderá con el tiempo. Eso y a respetar el combate y dejarse de pantomimas en un idioma inventado.

En vez de contraatacar tras resistir mi golpe, ladea lentamente la cabeza con una sonrisa teatral. Me mira con desafío mientras la sangre le baja por la boca. Sangre que escupe tras elogiar mi ataque, en vez de aprovechar el momento. No contento con eso, sigue dale que te pego, ahora parece que agradeciendo no sé el qué. Mi rostro está ensombrecido por completo. Ha perdido su ansía de batalla por una seriedad incómoda. No me interesa lo que me tenga que agradecer y antes de que termine, alzo el brazo derecho tanto como puedo en un movimiento veloz, para descargarlo en descenso como un relámpago enfurecido. Sköll colapsa contra la parte superior de su cráneo y sigue con su trayectoria, obligándole a agachar la cabeza. El golpe no solo va cargado de una fuerza inusual, sino que va acompañado de un grito imperativo:
-¡¡¡CÁLLATE, COÑO!!!-
El ataque no viene solo. Va precedido por un correctivo y una lección que va a aprender por la buenas o por las malas. -¡¿Qué pasa, acaso pretendes insultarme?!- pregunto de forma retórica mientras doy un paso para atrás. Sin dar tiempo a que me conteste, continuo con la reprimenda. -¡¿No soy lo suficiente digno para que me des el 100%?!- ahí va otra. Esto es personal y quiero que se lo tome como tal. Pongo mis martillos por delante, marcando una X, alentando a que venga a por mí. -¡Estas en mitad de una pelea, capullo, da igual que yo sea tu adversario. Deja la charlatanería y el teatro para cuando no te juegues la vida!- le recrimino. Y ahora si, alzando la voz tanto como puedo, culmino la oratoria con una amenaza, como mandan los dioses. -¡¡¡AHORA VEN Y DAME TU MEJOR GOLPE, O JURO QUE TE MATO AQUÍ MISMO, UBBE, HERMANO DE KAL, HIJO DE BUCCANEERS!!!-

Aquí lo espero, un par de pasos atrás y recolocado para recibirlo. A ver de qué es capaz cuando lo da todo de sí. Últimamente lo hemos tenido fácil, entre oleadas de enemigos que han muerto aplastados y Marines negligentes sin apenas poder. Pero los enemigos que nos esperan ahí fuera, no van a tener la más mínima duda de arrancarnos la cabeza ni darnos un respiro. Mejor ser yo quien lo ponga en su sitio a qué lo haga alguien con peores humos... Aunque lo de matar... Eso sí que no va en coña. Que lo dé todo o lo dejo en el sitio.

En efecto, cajita feliz
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5413 + 0 = 5413
Energia: 2605 - 216 = 2389
Espiritu: 1149 + 0 = 1149
#8
El segundo impacto descendió como un martillo y le obligó a inclinar la cabeza, pero no fue el dolor lo que lo mantuvo quieto. Fueron las palabras. El nombre. “Hermano de Kal.” Esa mención atravesó más que cualquier arma, deslizándose por debajo de la piel, por debajo del músculo, hasta tocar algo que no tenía nada que ver con la fuerza física. Durante un instante que pareció más largo que todo el combate, el ruido del mercado desapareció. Los gritos, el polvo, el calor sofocante de Arabasta… todo quedó amortiguado, como si el mundo hubiera decidido dar un paso atrás para dejar espacio a ese recuerdo.
Kal.
Ubbe volvió a verse más joven, menos ancho, menos sólido, cayendo una y otra vez sobre la madera de un ring improvisado. Recordó el sabor de su propia sangre mezclado con salitre, la respiración cortada mientras intentaba levantarse antes de que el siguiente golpe llegara. Recordó cómo le gritaban que en combate no se habla, no se sonríe, no se adorna. Se termina. Se domina. Se sobrevive. Kal no le enseñó a ser fuerte; le enseñó a no desperdiciar la fuerza. 

Sigurd no estaba del todo equivocado. Últimamente todo había sido demasiado fácil. Oleadas de enemigos aplastados sin resistencia real, Marines sin convicción, rivales que no aguantaban ni un asalto. Ubbe había empezado a disfrutarlo, a dejar que la risa y el teatro se colaran en medio del combate. No por debilidad, sino por confianza. Pero la confianza mal colocada se convierte en descuido, y el descuido en muerte. Kal le habría golpeado por eso. No con rabia, sino con corrección.
Ubbe escupió sangre al suelo, no como gesto desafiante, sino intentando recomponerse. Alzó la cabeza lentamente y la sonrisa había desaparecido por completo. Sus ojos claros ya no brillaban con burla ni con diversión; estaban firmes, centrados, profundamente serios. No necesitaba decir nada. No necesitaba aceptar ni rechazar las palabras de Sigurd. El combate era la única respuesta válida.
Recolocó los pies con precisión milimétrica, sintiendo el terreno quebrado bajo las botas. Bajó apenas los hombros para liberar tensión innecesaria y alineó la espalda como si cada vértebra estuviera encontrando su sitio natural. Respiró hondo una sola vez, llenando los pulmones con el aire caliente y polvoriento de Katorea, y dejó que ese aire descendiera hasta el centro de su cuerpo.
Cuando se movió no hubo teatralidad. Dio un paso firme hacia delante, cerrando la distancia con una determinación. La potencia nació desde el suelo, desde el talón que se clavó contra la roca resquebrajada, ascendió por la pierna, atravesó la cadera y se concentró en el hombro como una corriente comprimida lista para liberarse. El brazo derecho se tensó en una línea limpia, sin recorrido innecesario, sin advertencia previa, y el puño salió disparado con toda la fuerza que su cuerpo podía generar, directo al centro del torso de Sigurd.
- ¡¡C'MON BABY!!
No buscaba empujar. No buscaba lucirse. Buscaba atravesar la defensa, hacer que el impacto hablara por todo lo que no iba a decir en voz alta. El aire se comprimió en el instante del contacto, el suelo crujió bajo sus pies y el golpe viajó sólido, absoluto, sin duda. No era una broma entre hermanos ni un intercambio amistoso. Era un recordatorio. De quiénes eran. De cómo se forjan los Buccaneers. De lo que Kal habría exigido.
Y esta vez, Ubbe no estaba riendo.

INFO
[Imagen: ksMOGZu.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4841 - 1204 = 3637
Energia: 3594 - 657 = 2937
Espiritu: 903 + 0 = 903
#9
Mis palabras resuenan con una furia diferente, ecos de una ira enfocada en enaltecer a mí adversario, no en amedrentarlo. No es algo muy común en mí dar segundas oportunidades a mis enemigos, pero en este caso no me enfrento a un don nadie. Hablamos de un mano a mano con mi hermano de otra madre. Y si de esta pelea sale más fuerte que nunca, para mí ya es una victoria. 
Las casas tiemblan con mi rugido, levantando polvo del suelo y quebrando los pocos vidrios que se mantienen en pie tras la destrucción expansiva de nuestros impactos. Los escasos y valientes curiosos que son testigos de la escena, observan atónitos lo que sucede en el campo de batalla. Pero todo eso me da igual. Lo importante es como reaccione Ubbe. Y como siempre, no decepciona.
Su mirada se vuelve la de un guerrero. La de alguien que entiende la grandeza del momento que está viviendo. Ya no hay una fanfarronería infantil ni alguien que se toma mis golpes como un juego. Ahora veo a un monstruo dispuesto a sacarme la cabeza del sitio si me descuido y a mandarme con los dioses en cada impacto. Que orgullo.

Lo veo prepararse. Veo como reposiciona sus pies en la tierra agrietada, como balancea el peso de sus piernas y controla su centro de gravedad para obtener más dinamismo a la hora de cargar el puño. Su diestra, tan fulminante como un cañón, cargando como un resorte mecánico a plena potencia. Y como este se dispara cuando llega al tope, descargando una fuerza descomunal capaz de partir el mundo en dos. Lo veo llegar.
Por poder, podría reaccionar de mil formas distintas. Me recuerda a mí cuando comencé este viaje. Pura fuerza bruta descontrolada. A las malas aprendí que hace falta técnica y destreza para que la destrucción se dé. Aún así... Creo que ya ha habido correctivo suficiente. Ha aprendido la lección, voy a dejarte disfrutar el momento. Cerca del momento del impacto, cierro los ojos y esbozo una sonrisa profunda, dispuesto a recibir el puñetazo nuclear que viene. No me da tiempo ni a extender los brazos, pero el golpe no tarda en superar mi guardia con los martillos y colapsa en mi pecho con un recto a máxima potencia.
-Glorioso propósito...-

Los nudillos buscan la boca de mi estomago. La onda de choque es colosal, destruyendo aún más el cráter que nos sostiene y terminando de romper las estructuras que nos rodean. Las telas que visto se desintegran con la fuerza del impacto, dejando el pecho al descubierto. Mis pies no soportan la presión y salgo despedido un puñado de metros a ras de suelo, teniendo que clavar con fuerza los talones para frenar el empuje, creando dos surcos paralelos ligeramente profundos. 
Nada más frenar, siento como mi estomago genera un reflujo urgente que sube por mi garganta hasta obligarme a escupir un coágulo denso de sangre. La sensación de mareo y confusión perduran unos segundos, dejándome atónito por momentos. Pero no es momento de detenerme. No ahora. El combate no ha terminado y ni con esas va a tumbar al terror de la Gran Line.
-¿Eso es todo? Mi abuela pegaba más fuerte que tú, comemierda ¡¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!!-


En efecto, cajita feliz
#10
El golpe había entrado limpio. Había sentido cómo sus nudillos se hundían en el torso de Sigurd, cómo la fuerza viajaba a través de su propio cuerpo hasta estallar en el impacto, cómo el suelo respondía y el aire se comprimía alrededor de ambos. Lo había hecho bien. Lo había hecho como debía. Y aun así, cuando el gigante frenó su propio desplazamiento, cuando escupió sangre… y cuando empezó a reírse, algo dentro de Ubbe cambió de sitio.
No fue rabia inmediata ni una explosión sin control, sino algo mucho más pesado y profundo, una presión que llevaba acumulándose desde hacía varios intercambios y que, en ese instante, dejó de tener espacio donde contenerse. La burla, la risa, el desafío… no le molestaban por un orgullo herido, sino porque le estaban negando el peso real del combate que acababan de construir entre ambos. Había dado un golpe serio. Había respondido como un guerrero. Y aún así, Sigurd seguía tratándolo como si no fuera suficiente.
Ubbe inhaló con fuerza, notando cómo el aire caliente de Arabasta le llenaba el pecho y descendía por su cuerpo. Sus hombros se elevaron apenas un centímetro antes de asentarse de nuevo, liberando tensión, y sus ojos claros se endurecieron hasta volverse completamente serios. Ya no había rastro de humor, ni de teatralidad, ni de esa ligereza que había arrastrado durante los primeros compases del combate. Solo quedaba intención pura y dura.

Y entonces se movió.
No hubo preparación visible, ni aviso, ni ese pequeño retraso que delata un ataque. Su cuerpo simplemente decidió avanzar y lo hizo de forma absoluta, reduciendo la distancia en un instante mientras el terreno resquebrajado crujía bajo sus pies. Entró de nuevo en el rango de Sigurd con una determinación distinta, más fría, más directa, colocándose lo suficientemente cerca como para eliminar cualquier margen de reacción amplio, como si quisiera imponer el combate en el espacio más incómodo posible.
Su torso se compactó en el último paso, alineando cada parte de su cuerpo en una única intención, y sus brazos salieron a la vez sin recorrido innecesario, como dos pistones liberados en el mismo instante exacto. No hubo arco, no hubo carga visible, no hubo concesión alguna al espectáculo; solo velocidad, precisión y una masa brutal comprimida en dos trayectorias paralelas.
- TAKE THAT HITS BABY!
Los dos puñetazos impactaron simultáneamente en las costillas bajas de Sigurd, uno por cada lado, cerrándose sobre su caja torácica como una trampa perfecta. La fuerza no se dispersó ni empujó hacia fuera, sino que se hundió hacia dentro, buscando colapsar el aire en sus pulmones y romper el ritmo de su respiración desde el interior. El sonido del doble impacto fue pesado, profundo, casi antinatural, como si el propio espacio entre ambos hubiera sido comprimido de golpe.
El suelo volvió a temblar bajo sus pies, respondiendo a la violencia contenida del intercambio.
Ubbe no retrocedió tras golpear. No había prisa por separarse ni intención de marcar distancia. Se quedó pegado a él, respirando con fuerza, el pecho subiendo y bajando mientras sus músculos permanecían tensos, preparados para encadenar el siguiente movimiento sin interrupción. Sus ojos seguían clavados en Sigurd, completamente serios ahora, sin rastro alguno de risa.
Y esta vez no había broma.
Solo combate.
Solo acercó los brazos hacia sí, quedándose en posición de pelea, esperando el movimiento de su hermano, el combate solo había hecho que empezar, y quedaban muchas hostias por repartir. 

INFO
[Imagen: ksMOGZu.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3637 + 0 = 3637
Energia: 2937 - 820 = 2117
Espiritu: 903 + 0 = 903


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)