14-04-2026, 12:06 AM
Paso a paso, mirando férreamente adelante y lo que tenia al frente, no era un terremoto… pero, aun así, todos lo miraban con intriga mientras avanzaba por aquella plaza, gracias dios parecía un día no tan concurrido, además de eso, la gente pasaba de largo o simplemente se salía de su camino conforme avanzaba, realmente se movía lento, su tamaño hacia complejo el movimiento de manera sutil por la gran calle.
Las sombrillas temblaban, los vasos tintineaban, las paredes se cimbraban… si no era uno, todos levantaban, aunque sea la mirada al pasar de aquel sujeto con la camisa y gorra de la marina, era un poco reconfortante para los que observaban el hecho de que claramente estada del “lado de los buenos”, pero no todos tenían ese raciocinio.
Justo estábamos en el lugar, una sombra llego primero al “carrito” de helados, el tendero no sabía lo que pasaba. Solo una ominosa presencia le aquejaba, miro a su alrededor hasta que observo algo así como botas gigantes… ¿dos?-
Intento sacar la vista de la sombrilla que lo protegía… cada vez más y más veía al cielo y no parecía tener final, una larga cabellera ondeaba con el fuerte viento a veinticinco metros de altura, la calma de quien no tenia prisa se reflejaba en su semblante, los ojos puros se enfocaron en el curioso… empezó a moverse, parecía que se acercaba, nuevamente sintió esa ominosidad pero solo era Megas… acercándose al tendero mediante una zancadilla.
Levanto la mano derecha con la palma de frente, un saludo, un gemido y luego una seña… un numero uno hacia con su índice hacia el tendero-
¿1?.... uno… a! un helado, claro que sí señor Marino… ¿qué sabor? – empezó a sentirse menos tenso, pero aun sí, era enorme, sentirse calmado no era algo que lograría solo por entender que no había nada que temer de manera preliminar.
Nuevamente el índice apuntaba, suspiro tan fuerte que el viento de sus fosas nasales generó cierta presión en el ambiente, era… el sabor mango, al menos lo parecía, pero ¿Cómo saberlo? El tendero observo - ¡a! naranja, excelente elección – el joven no comprendió, y buscando entre sus bolsillos saco varias monedas, las cuales se veían realmente ridículas en su palma, con mucho cuidado selecciono el monto, hizo la transacción y se erguido de nuevo… esa nieve, no representaba nada para aquel gigante, un tapa-muelas si así lo consideras.
Observo a su alrededor ¿y ahora? El objetivo del día se había completado, comió el aperitivo… una mueca salió de su rostro… no era mango.
Las sombrillas temblaban, los vasos tintineaban, las paredes se cimbraban… si no era uno, todos levantaban, aunque sea la mirada al pasar de aquel sujeto con la camisa y gorra de la marina, era un poco reconfortante para los que observaban el hecho de que claramente estada del “lado de los buenos”, pero no todos tenían ese raciocinio.
Justo estábamos en el lugar, una sombra llego primero al “carrito” de helados, el tendero no sabía lo que pasaba. Solo una ominosa presencia le aquejaba, miro a su alrededor hasta que observo algo así como botas gigantes… ¿dos?-
Intento sacar la vista de la sombrilla que lo protegía… cada vez más y más veía al cielo y no parecía tener final, una larga cabellera ondeaba con el fuerte viento a veinticinco metros de altura, la calma de quien no tenia prisa se reflejaba en su semblante, los ojos puros se enfocaron en el curioso… empezó a moverse, parecía que se acercaba, nuevamente sintió esa ominosidad pero solo era Megas… acercándose al tendero mediante una zancadilla.
Levanto la mano derecha con la palma de frente, un saludo, un gemido y luego una seña… un numero uno hacia con su índice hacia el tendero-
¿1?.... uno… a! un helado, claro que sí señor Marino… ¿qué sabor? – empezó a sentirse menos tenso, pero aun sí, era enorme, sentirse calmado no era algo que lograría solo por entender que no había nada que temer de manera preliminar.
Nuevamente el índice apuntaba, suspiro tan fuerte que el viento de sus fosas nasales generó cierta presión en el ambiente, era… el sabor mango, al menos lo parecía, pero ¿Cómo saberlo? El tendero observo - ¡a! naranja, excelente elección – el joven no comprendió, y buscando entre sus bolsillos saco varias monedas, las cuales se veían realmente ridículas en su palma, con mucho cuidado selecciono el monto, hizo la transacción y se erguido de nuevo… esa nieve, no representaba nada para aquel gigante, un tapa-muelas si así lo consideras.
Observo a su alrededor ¿y ahora? El objetivo del día se había completado, comió el aperitivo… una mueca salió de su rostro… no era mango.
