[Pasado] La señora de las moscas.
#1
Día 81 de Primavera. Año 11.

El calor en Toko era agradable. Siempre me gustaron los días soleados, aunque el polvo que entrara por la ventana de la habitación se me pegara a la piel creando una especie de capa de barro que me protegía. Ya hacía unos cuantos días que me había comido esa fruta misteriosa que me dio la habilidad de transformarme. Hubo algo en el momento que la vi que me llamó la atención, casi como si fuera mi destino pegarle ese bocado. Después de eso, había tenido que descubrir por mi propia cuenta cómo adaptarme. Alas por aquí, escamas y cola por allá... Una deformación más o una deformación menos no iba a marcar la diferencia. Pero desde entonces, no había dejado de tener la sensación de que algo en mí había cambiado, aunque tampoco sabía explicar qué... Hasta que apareció.

Una mosca. Entró por la ventana desprevenida y revoloteando hasta que se posó una de las paredes. La había empezado a seguir con la mirada sin pensarlo. — ¿Qué es lo que miras? ¿Quieres problemas? — mantuve la mirada mientras se frotaba las patas—. ¿Es eso, me estás retando? La mosca retomó su vuelo hasta la pared de enfrente. Al principio solo era una idea, un zumbido en mi cabeza y un movimiento en el aire me atraían como la miel a los osos, a Triana una bebida alcohólica o a Yojimbo una zanahoria, pero de pronto comencé a ver que sus movimientos se volvían más y más lentos. Ahora podía verla con mayor precisión. Mis ojos se movían al unísono siguiendo cada aleteo, y dejé de ver una mosca para ver la distancia entre nosotras. — No llega a la media vaca... —pensé.

Si hacía un movimiento brusco, la mosca se alejaba. Pero de forma inocente o burlona se volvía a acercar a mí para apoyarse en la misma zona en la que estaba. Si era lo suficientemente rápida, podría atraparla, y dejé de pensar en un "¿por qué lo haría?" para pensar en un "¿cómo?". El calor dejó de ser importante, ahora solo importaba esa mosca que se movía tan alegremente por la habitación. Yo estaba completamente inmóvil, esperando el momento exacto para atraparla. Sus alas eran finas como la piel de una cebolla. ¿Por qué se movía tanto? Era algo casi algo hipnótico que no podía controlar.

La mosca se volvió a mover de la esquina de la habitación. Mi instinto hacía que me quedara completamente quieta, y ya no me hacía falta girar la cabeza para buscarla . Esa mosca ya no tenía secretos para mí, igual que el diario de Aspros. Aunque mi pecho se mantenía, tenía la piel escamosa, mis manos habían pasado a ser solo un par de dedos y tenía una cola que se enroscaba por encima de mi cabeza. Ya casi la tenía, no solo para saborearla, sino para que dejara de revolotear llamando la atención todo el rato. Se posó sobre la ventana de la habitación volviendo a dejar el silencio. Pretendía largarse como si nada.

De forma completamente natural e instintiva proyecté mi lengua hacia la mosca, que se adhirió al momento. No hubo resistencia porque no se lo vio venir. Enrollé la lengua de vuelta a mi boca y dejé solamente un rodal húmedo en el cristal de la habitación. Fue bastante agradable. De todos modos, lo natural tiene que ser bueno.

INFO

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¿Yo escribo aquí y cualquiera puede leerlo? ¿Cómo es eso posible? ¿Y tengo que decir lo que yo quiera? En ese caso, juraría que una vez vi a la legendaria vaca marina. ¿Cuánto has dicho que me queda para poder expli

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