Kael Omuyaga
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Y ahí es donde se equivocó. No ella, sino él, dejando una abertura por mostrar una imprudencia a la hora de revelar lo que piensa sin filtro. El entramado flujo de pensamientos que habían guardado silencio le jugó en contra, pues ahora se encontraba solo, armado tan solo con lo primero que le naciera, y no con aquello que llevaba trabajando desde el principio de los tiempos.
— ¿Por qué sólo piensas en la Marina?
Tenía que rearmarse.
Pero ella había jugado una carta que hasta la fecha ni siquiera se había planteado.
— Ya te he dicho que soy la misma con y sin uniforme. Ni siquiera los llevamos puestos.
¿Por qué ha dado por hecho hasta ahora que la conocía? ¿Por qué, tras solo haber tenido la oportunidad de conocerse en una única ocasión, cree que sabe más de ella de lo que realmente conoce? ¿Qué le hace pensar que es capaz de ver a través de sus ojos?
El oasis estaba cerca, pero aquel pequeño paraíso en el desbordante acantilado de peligros debía esperar. Sé paciente, pues ahora él necesita encontrar ideas que hasta ahora creía haber olvidado.
— La marina es lo que soy. Pensar de esa manera es lo que me ha permitido llegar hasta donde estoy.—Deja la oscuridad a un lado. Encuentra las palabras, y abre las puertas para salir a pelear, pero hazlo siendo tú.— No conozco lo que hay más allá, o, para ser exactos, lo he ido olvidando poco a poco, con el paso de los años...
Y ahí mismo se detuvo, pidiendo que ella hiciera lo mismo en gestos invisibles, colocándose un segundo después por delante, observando.
Si ambos tienen preguntas, entonces ambos obtendrían respuesta.
— Yo lucho para que el mundo escuche lo que tengo que decir. Para que los que tienen el poder no sigan haciendo del mundo un lugar peor, y tampoco consigan terminar de destruirlo.—La luna permitió entonces que durante aquellos segundos ninguno pudiera esconderse del otro, y eso no le impidió seguir hablando.— Ellos juegan en un tablero que destruye las piezas que no les interesa, y yo no les dejaré verme subir hasta que sea demasiado tarde. Que sean ellos los que me permitan subir, no me importa si me uno a su juego, porque cuando esté donde ellos quieren aprovechar y controlarme, seré yo quién les de el golpe final.
Ni siquiera Shin lo sabía. Nunca se lo había explicado, a pesar de que si le prestó suficiente atención podría haberlo intuido. Nunca estuvo de acuerdo con su forma de jugar. Ir contracorriente le pedía un tipo de fuerza que él jamás poseería.
Y él lo dejó salir como un suspiro.
No fue un error, no hubo despecho, rabia, queja ni réplica. Tan sólo hizo la prueba, apostó sus fichas, y las colocó todas en el rojo. Los nervios habían desaparecido con todos sus pensamientos, y allí dejó salir algo que quizás le haría arrepentirse, pero también le haría aprender a conciencia de un movimiento nuevo.
Uno arriesgado, que no suele traer buenos resultados, pero que quiso probar.
Tal vez...tal vez sí que había un sentimiento oculto después de todo.
— ¿Entiendes ahora por qué no dejo que se vea lo que hay detrás? Porque no encontrarás una respuesta más sincera.
Y todo...¿para qué?
Kael...¿en qué estás pensando?
Nyra Kuroshiro
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—La marina es lo que soy.
Un nuevo suspiro contenido. Una facción, una identidad caída en el olvido.
Sus pasos se detuvieron, y eso interrumpió los míos. Sin embargo, en apenas un par de movimientos quedó ante mí y mis iris lo observaron sorprendidos.
—Yo lucho para que el mundo escuche lo que tengo que decir.
¿Para ser visto? No. Para ocultarse en las sombras y ascender y que otros no se aprovechen de su poder. Una declaración peligrosa para hacerla en voz alta, y aun así, allí estaba. Por supuesto, le guardaría el secreto…, pero ¿por qué? ¿Sólo porque pregunté? ¿Aun sabiendo las repercusiones que podría tener para él?
—¿Entiendes ahora por qué no dejo que se vea lo que hay detrás?
Reflexioné unos segundos, tratando de dar con la respuesta.
—Entiendo que pueda ser peligroso que eso se sepa…, pero yo no diré nada. Yo creo que en la tripulación nadie lo haría. Especialmente Shin. ¿Lo has hablado con él? —inquirí con una suave sonrisa—. Le gusta mucho ir de frente, y puede ser la distracción perfecta justamente para lo que buscas. Podríais hacer un gran equipo; los dos saldríais ganando. Podríais protegeros el uno al otro y terminar juntos en la cima.
Daba por hecho que ya lo habrían hablado. Parecían hermanos, después de todo.
—Pero no quiero que te obsesiones hasta el punto en que sólo exista eso. Kael, tú no eres solo la Marina. Tu tripulación no somos solamente compañeros de trabajo, sino que podemos ser un equipo. Donde no llegue uno, seguro que podrá hacerlo otro. Incluso podríamos llegar a ser todos amigos. Si has olvidado quién eres, quizás podamos ayudarte a recordarlo… o a que puedas llegar a ser quien desees.
No todo es trabajo. No todo es deber. También somos personas, y eso también es algo que proteger.
Kael Omuyaga
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Una expectativa. Eso fue lo que Kael percibió del rostro de la contraria, y era aquello que buscaba generar. Saber que le estaba prestando atención con plenitud, saber que su mirada le pedía confiar, y que de alguna forma, él le estaba entregando aquello que solamente él podía observar le hizo sentirse bien, satisfecho, como el de un paso bien realizado de un gran trabajo.
— No esperaba que lo hicieras.—Aquella verdad le salió impulsiva, una respuesta sincera ante la calma que ella poco a poco parece obtener.— Pero no se trata de la tripulación, Nyra.—En aquel tono carente de emociones, su nombre fue una pequeña suavidad expresada con una pausa musitada.— No es un camino que yo pueda compartir, no con personas que me podrían llegar a importar.
Tentaba a su propia suerte jugando con una mano perdedora, haciéndose un farol a su propia conciencia. ¿Su única ventaja? El recuerdo de una vida pasada, una mejor, atractiva, risueña y calmada. Decir aquellas palabras le dejaban en una posición que sólo la ausencia de toda luz brillante le provee. Si su mejor amigo es una luz que se guía por su propio brillo, Kael viaja entre las sombras sin que otros se den cuenta.
Pero aquella estructura comenzaba a desmoronarse con el paso de los años.
La entrega de palabras que buscan atraer la tranquilidad tan solo le generan nuevas dudas, preguntas sin resolver tan obvias como el nacimiento del sol cada mañana, pero para él tan desconocidas como el significado de la existencia de la humanidad.
Recorta la distancia. Un paso, dos...pero no se acerca lo suficiente. Quiere ver el brillo de sus ojos bañados en las estrellas del cielo para poder comprender...y está dispuesto a ponerla a prueba. Sus ojos se entregan a los suyos, buscando que ambos fueran observados. Su mirada no parece haber cambiado, y sin embargo...refleja en los Onyx algo diferente, aunque quizás ella desviara la mirada y no pudiera percatarse de aquel detalle.
— ¿Y que será de vosotros? No seréis parte del juego, pero os tratarán como si lo fuerais. Si cometo un fallo, uno solo, buscarán lo que me haga vulnerable. Si sois mi equipo entonces irán a por vosotros, pero si sois mis amigos...entonces acabarán dejándome en pedazos.—Poco a poco él mismo nota su temple tambalearse, pero no retrocede.— ¿Por qué debería correr el riesgo? Al final...mi deseo no tiene nada que ver con el vuestro.
Porque Shin se lo dijo en palabras mudas; porque en ella vive el sueño del albino, y poco a poco, encuentra un reflejo del mismo, más débil, amable, quizás demasiado confiado, pero observándole...y es incapaz de distinguir la emoción que eso le hace sentir.
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13-05-2026, 09:37 PM
(Última modificación: 13-05-2026, 09:46 PM por Nyra Kuroshiro.)
Mi rostro se ladeó ligeramente una vez más, tratando de comprender. ¿No se trataba de la tripulación? ¿Por qué no compartir ese camino con quienes le pudieran llegar a importar?
En realidad, me hacía una idea. También a mí me daba miedo perderlos si algo les pasara, pero ese miedo parecía especialmente incrustado en el corazón del habitualmente impasible moreno. No me extrañaba, teniendo en cuenta que había creído perder a su amigo del alma…
Un paso. Otro más. Kael se acerca y yo no me alejo ni uno solo, tratando de descifrar aquellas gemas que parecían un enigma por resolver. Uno cuya respuesta parecía querer ser descubierta, pero quizás con demasiado miedo de salir a la luz, fuese la que fuera.
Una nueva revelación. Más bien, una confirmación y una hebra de miedo tejida en el conjunto de su voz.
—¿Por qué debería correr el riesgo? Al final… mi deseo no tiene nada que ver con el vuestro.
Dejé asentarse aquellas palabras durante un par de segundos antes de exponer mi propia visión.
—¿Y por qué eso debería ser razón para no trabajar juntos o alejarnos?
Una pregunta genuina que, en realidad, no esperaba respuesta, sino enfrentar su propia concepción.
—Mientras nuestros caminos sean el mismo, poco importa cuál sea el destino final que busquemos.
Hablé con suavidad, pero también con la sencillez de quien simplemente muestra lo que ve.
—Entiendo que tengas miedo, Kael… sobre todo, después de lo que ha pasado. Yo… —Un suspiro se me escapó por la nariz al apartar un momento la mirada. Con las orejas gachas, mis iris mostraron preocupación cuando volvieron a encontrarse con los de él—. No puedo… imaginar cómo debiste de sentirte cuando creíste que no ibas a verlo más.
Si a mí me habría destrozado por dentro, ¿cómo habría sido para él?
Y, aun así, me atreví a traer un nuevo interrogante.
—Después de lo que has vivido, ¿pretendes alejarte de Shin? —inquirí, tratando de ocultar una inquietud que no podía ignorar—. Quiero creer… que en realidad no quieres hacerlo. Entiendo que puedas tener la tentación, así como la de no acercarte a nosotros por si algo nos sucediera y ya fuera demasiado tarde como para que no pudiera afectarte tanto… pero… ¿de qué sirve una vida en la que no hay nada lo bastante valioso como para darla, Kael?
Un nuevo dilema en el aire antes de soltar uno más.
—Y, si tú estás dispuesto a darlo todo por lo que quieres conseguir… ¿de verdad crees que vas a poder evitar que lo hagamos los demás?
Busqué respuestas en su mirada al finalizar. Mis dedos buscaron sin darme cuenta mi collar.
—Si vamos a arriesgarnos todos… ¿por qué no hacerlo juntos para que podamos tratar de protegernos y apoyarnos entre nosotros?
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— ¿Y por qué eso debería ser razón para no trabajar juntos o alejarnos?
Lo que debe encontrar respuesta se responde en su mente con más dudas. Su mente le pone las palabras directamente sobre la lengua, y sin embargo se niega a pronunciarlas, recapacitando, volviendo a pensar, creyendo que debía ofrecerle algún nuevo dato con el que seguir indagando en aquellas verdades que poco a poco se están pronunciando.
— Mientras nuestros caminos sean el mismo, poco importa cuál sea el destino final que busquemos.
¿El camino hacia la cima, o el camino sempiterno que los lleva en dirección a ninguna parte concreta hasta el infinito, avanzando por la línea mortal del Grand Line? Cada palabra que extrae de sus labios deposita nuevas dudas, como un infante con ganas de comerse el mundo, alguien contenido por el desconocimiento, pero que camina dando pasos en busca de todo lo que ello le pueda ofrecer.
¿Hasta que punto podía ella aguantar?
— Entiendo que tengas miedo, Kael… sobre todo, después de lo que ha pasado. Yo…—Su suspiro le hizo darse cuenta. Volvía a sentir de cerca aquellas emociones que ha apartado para mantener esa conversación. Un esfuerzo imposible que milagrosamente ha realizado solo por la excepcional situación en la que para él ahora mismo se encuentra.—. No puedo… imaginar cómo debiste de sentirte cuando creíste que no ibas a verlo más.
Una presión tensó sus músculos. La sensación de terror causada por la fuerza desconocida llegó una vez más a sus músculos, atacando su cuerpo durante una fracción de segundo. El cuerpo le pidió retroceder, retraerse en aquellos pasos que le estaban acercando de una forma premeditado...pero ella lo tenía anclado. No había contacto; no le tenía sujeto por ningún lado ni tampoco se apoyaba en él, pero su tranquilidad en las palabras le pedían asentarse, descender sus pensamientos al presente, y mantener sus ojos en los de ella para que ambos pudiesen observar a través de los contrarios. Donde él veía el brillo de las estrellas reflejados en los berilos aguamarina, ella tenía en frente la profundidad que guarda en sus oscuras turmalinas.
— Después de lo que has vivido, ¿pretendes alejarte de Shin?
"¿Alejarme?" Una nueva duda que no cobraba sentido, pero esta vez no generó una nueva cuestión como posible respuesta. Le entregó un pensamiento, un interrogante que a diferencia del resto no podía ignorar, no en ese momento, no en esas circunstancias.
Las palabras que le siguieron no le llegaron, no formaron parte su respuesta...hasta que fue invadido una vez más.
¿de qué sirve una vida en la que no hay nada lo bastante valioso como para darla, Kael?
Y otra...
Si tú estás dispuesto a darlo todo por lo que quieres conseguir… ¿de verdad crees que vas a poder evitar que lo hagamos los demás?
Y otra más...
¿por qué no hacerlo juntos para que podamos tratar de protegernos y apoyarnos entre nosotros?
Un asedio incesante frente a sus defensas. Sus armas inutilizadas, sus muros resquebrajados por los cañones que poco a poco impactan con más fuerza en las aberturas que va entregando...y sin embargo sabe que ha sido él quién ha bajado el portón. Una táctica dispuesta a recibir su asedio, pero que recibió con mucha más fuerza de la que estaba capacitado para soportar.
— Shin, León, Caín, Himari...—Aquellos nombres fueron las palabras que con más suavidad había pronunciado, acunando cada uno de ellos en un salto hacia el viento, entregándose a las esponjosas orejas contrarias.— Esos son los nombres de aquellos que, junto conmigo, conformamos una antigua división Marine, justo como lo es ahora la división setenta y cinco.—Su tono maldito conformaba aquellas frases en un ritmo más lento, pausado...protegido.— A tres de ellos los conocí después de ti, algunos meses más tarde, y como tú, fueron compañeros de división.
Unas escaleras que subían hasta el recuerdo. Guardado bajo llave, abrió el candado que lo tenía encerrado en un cofre mental seguro, recóndito y a salvo...
— Antes de que pudiera darme cuenta, los que tan solo veía como soldados de la marina se comportaban como una unidad en equipo enérgica, alocada, algo indisciplinada...una donde no había día en la que no hubiera peleas o malentendidos, pero aún así trabajadores.
...lo tomó entre sus manos un par de segundos, recordando mientras lo observa aquellas pantallas.
Shin replicando a León por haberle puesto la comida quemada en el borde, mientras el resto resplandecían como en un restaurante, sólo porque su relación era como la del perro y el gato. Himari ayudando al albino a tranquilizarse, y Omuyaga apartado al pelirrojo para evitar comportamiento digno de un jardín para niños, mientras Caín observaba con su silencio amable y poco perceptivo.
— Aquella rutina derivó en un sentimiento de compañerismo, y con el tiempo, lo que debía ser un grupo profesional, se convirtieron en amigos.—Una pareja que rozaba las campanas, unos amigos que quería como los hermanos que nunca tuvo.— . En una familia.
Más adelante, la pelicula mostraba escenarios salpicados, momentos difíciles, situaciones peligrosas...y todas acababan, de alguna manera, en un suspiro compartido y unas risas al anochecer que mantenía lo vivido en todas y cada una de las noches.
— Ellos fueron para mí lo que tú estás buscando. Lo que tú pides que seamos.
Al final de la cinta, la última escena.
Un recuerdo amargo, una decisión mal tomada, una insubordinación a lo que se les había ordenado.
Un error fatal
Ninguno de los presentes está aquí para compartir una sola cerveza. Ni uno solo discutía sobre la comida ni empezaban una disputa por lo más estúpido que en la cabeza de aquellos simios encontrasen con lógica.
—Pero ellos ya no están.—Las palabras no se le atragantaron. Ofrecidas con la pesadez de una montaña atadas a su cuerpo con una cadena maciza.—Todos ellos han fallecido...y por un minuto...creí que incluso él también me había dejado.—Y rompió su conexión con ella. Alzó la mirada hacia el cielo, estático durante unos segundos en diagonal, hasta que ofreció sus respetos a la luna.—Nadie debe llenar ese vacío que ellos dejaron...ni siquiera tú.
Él le ha abierto una puerta, y ella se estaba colando sin saber hacia donde podía llegar a acceder, a que tanta profundidad podría adentrarse, ni tampoco lo que llegaría a encontrar ahí dentro, se mantuviese quieta y en silencio, o continuase avanzando sin importar las consecuencias.
Él era su responsable, y ya no podía negar lo que de los hilos de su cabeza comenzaron a despegarse las pegatinas ni las notas escritas.
— Pero tú no pareces del tipo de persona que acepta un no por respuesta.
Aunque siempre ha lidiado con las medias verdades, ya no podía jugar un juego en contra de aquello que florece sin control en el desierto, en medio de la noche, alejados de todo rastro de vida o civilización, perdiéndose en la oscuridad hasta el oasis descarnado.
Fue solo entonces cuando cerró en un solo paso la corta distancia que los terminaba de separar, tensando la cuerda entre el contacto y lo prudente, presionando con su voluntad frente a la de la contraria...bajando la mirada una vez más. Sin defensas, sin esquivas...
Sin máscaras
Un único momento que perderían para siempre en un único recuerdo.
—Dime que de verdad puedes permanecer a mi lado. Dime cómo quieres hacerlo; cómo quieres ayudarme a recordar a vivir sin miedo de perderlos a todos.—Una fracción casi imperceptible, donde su voz se había finalmente lastimado.—Porque si vas a entrar en mi vida, Nyra, no te voy a dejar salir de ella. Porque si vuelvo a perder una sola vez más...
...creo que esta vez ya no podré volver.
Nyra Kuroshiro
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Cuatro nombres. Cuatro nombres atesorados, fuera de contexto hasta que poco a poco fueron ubicados. Riñas, juegos, amigos… familia. La fotografía que recuperé de la habitación de Shin cuando se estaba hundiendo el barco cobró sentido de repente.
Pero ellos ya no están. Y el albino estuvo también a punto de no hacerlo.
—Nadie debe llenar ese vacío que ellos dejaron… ni siquiera tú.
Mis orejas se alzaron y mi mirada se amplió, sorprendida. «¿Yo?». ¿Era una advertencia sobre algo por pasar o una revelación de lo que ya había ocurrido?
—Pero tú no pareces el tipo de persona que acepta un no por respuesta.
Un último paso con el que un suspiro haría que pudiéramos llegar a rozarnos. Sus pupilas imantadas en las mías mientras yo aún luchaba por comprender.
—Dime que de verdad puedes permanecer a mi lado. Dime cómo quieres hacerlo; cómo quieres ayudarme a recordar a vivir sin miedo de perderlos a todos.
Demasiadas peticiones, a cada cual más compleja.
—Porque si vas a entrar en mi vida, Nyra, no te voy a dejar salir de ella.
Una confesión ante la que no sabría cómo responder.
—Porque si vuelvo a perder una sola vez más… creo que esta vez ya no podré volver.
Y el temor a que la historia pudiera repetirse por segunda vez…
Abrumada por aquel torbellino de emociones, necesité unos segundos para ordenar mi sucesión de pensamientos en palabras.
—Voy a entrenar para hacerme más fuerte. Fuerte para protegeros, para no perderos, y tampoco permitir que vosotros me perdáis. Pero… no puedo quitarte ese miedo. —La calma y seguridad con que había empezado a hablar se tiñó con preocupación cuando mis orejas se inclinaron ligeramente hacia atrás—. No sé lo que ocurrirá. No sé si sufriremos una emboscada, si caeré del barco en una tormenta o si dentro de unos años me llevará una enfermedad. —Un suspiro escapó de mis labios. Una inspiración me permitió continuar—. Me pides respuestas, Kael…, pero esa es una que no te puedo dar. El riesgo siempre va a existir, y no puedo ser yo quien tome esa decisión por ti.
En ningún momento aparté la mirada de sus iris, enfrentando su posible abismo.
—Lo que sí puedo hacer es explicarte qué elijo yo. Y yo elijo conoceros. Elijo involucrarme con cada uno de vosotros a pesar del posible precio. —El brillo de mis gemas reflejaba la seguridad de mi alma—. Porque si algo os pasara, prefiero honrar lo vivido aunque eso conlleve la herida de llevaros siempre en el pecho. Porque si fuera yo quien muriera, preferiría hacerlo habiéndoos conocido y llevando en mis últimos momentos vuestro recuerdo.
Mas, aunque esa sea mi elección…
—No digo que sea fácil…, pero eres tú quien debe decidir si merece la pena pagar el precio de hacer que merezca la pena vivir, Kael.
Kael Omuyaga
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No sabe confrontar sus palabras. Cada una de ellas refleja una seguridad que no comprende, mostrando sinceridad que cree genuina, un sentimiento cálido como el sol matutino en las costas de la Isla de Samba, y que aún así una gran parte de él se resiste a poder sentir en los poros de su piel. La coraza de piedra se agrieta a partes desiguales, perdiendo el control mientras trata de mantenerse a flote, pero los cimientos que componen la estructura dejan en su sitio algo que parece haber quedado maldito por experiencias pasadas en la vida de aquel que ahora está sin palabras, emitiendo un juicio interno.
"Si no sabes cómo afrontar todas las posibles opciones, entonces no formaste la mejor estrategia".
Aquello se había vuelto una vez más en lo que para él resulta la peor de sus pesadillas: improvisación.
— No...no te permitiré abandonarnos de esa manera.—Porque en aquel pequeño espacio emocional no se encontraría sola, pero sería tan solo su segunda entidad.— Le prometí a la muerte que no se llevaría a mi amigo sin que yo lo acompañase, y esta le permitió quedarse para que viva por más tiempo.—Su único escudo, frágil para una mente clara, era lo imperturbable de su tono de voz, aunque sus palabras revelasen una realidad distinta.— Entrenar es apenas un comienzo, pero eso nunca te hará lo bastante fuerte.
No arriesgaría a perder los pedazos que lo conforman, no por una respuesta que uno de los dos no pareció terminar de comprender. ¿Se trata de enseñanza o falta de conexión? ¿Es quizás el primer paso...o es tal vez el último?
— No te estoy pidiendo que hagas desaparecer los miedos que escondo dentro. Ni tú, ni Shin, ni nadie pueden borrarlos por mí.
Llegados a ese punto, sus ojos hablaron por él. Dijeron basta con un grito más alto de lo que jamás sus palabras podrían expresar, y le obligaron a cortar esa pequeña conexión que parecía poco a poco hacerse cada vez más profunda, arrancando un pedazo de voluntad que lo había llevado a expresar más de lo que jamás habría dicho en voz alta.
Alejó sus pasos hacia atrás, pero nunca le entregó la espalda. Giró su cuerpo hasta tenerla de lado, dejando que recobrase la tranquilidad en el monótono y abrumador paisaje plano de las dunas desérticas.
— No soy ningún hombre sencillo, Nyra. Quizá nunca seas capaz de entender del todo cómo funciono. Incluso si algún día creyeses saber cómo puedo actuar y responder, algún día encontrarías algo que jamás habrías predicho de mí.—Nadie en el mundo ha sido capaz de lograrlo, y eso él lo sabe perfectamente.— Tal vez eso te termine haciendo daño. Puede que incluso tus ideales choquen con los míos, tu forma de querer hacer las cosas, y quizás te terminen poniendo en mi contra.
La confrontación de albino y el azabache en las aguas que los llevaron hasta la isla de Kutsukku le entregaron algo de conocimiento. Nunca podría estar en la misma página que su hermano, pero siempre le permitiría una disculpa sincera, por más que sigan rivalizando.
Por primera vez, durante lo que podría ser menos que un instante, ese recuerdo le dió un lujo mayor que aquella confesión. Al final, ese estúpido, oloroso, creído y desgraciado compañero de vida sigue pudiendo conseguir lo que él cree que ya ha perdido, incluso cuando él no está para presenciarlo.
Le ha permitido sonreír.
—— Yo también he tomado una decisión. Pedirte imposibles no es justo para ti, ni para aquellos que una vez estuvieron ahí, donde ahora tú estás.—Eleva la vista al cielo, donde sus únicos amigos ahora descansan, dándole fuerzas para dar el siguiente paso. —Para poder entender a qué me refiero...para que puedas ser más fuerte tendrás que caminar a mi lado y no perderme de vista, y así yo tampoco podré perdértela a ti. Te dejaré un espacio para que puedas conocerme de verdad, si eso es a lo que aspiras.—Entrega sus pasos para cortar su distancia, pero deja de ser alguien que corta su camino.—Yo tampoco sé mucho sobre ti, así que...quiero saber quién eres. Espero que detrás de todo lo que nos has mostrado, seas alguien interesante.
Aún callan muchas cosas, siguen permaneciendo guardados en los pasillos y habitaciones de aquel inmenso castillo laberíntico un mar de preocupaciones, lamentos que quizás jamás se silencien por completo, y una infinidad de puertas que aún mantienen la cerradura intacta, pero...
al menos parece que ha sido capaz de compartir su llavero con alguien más.
Nyra Kuroshiro
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—No… no te permitiré abandonarnos de esa manera.
Mis iris crecieron un poco más, sorprendida por aquellas palabras. Por supuesto, yo no quería abandonarlos, pero no es algo que pudiera controlar en su totalidad, y así se lo había expuesto. Pero, si tan seguro estaba, ¿por qué entonces me había pedido que le dijera que podía permanecer a su lado?
Seguí escuchando, tratando de dilucidar.
Decía que no me pedía hacer desaparecer sus miedos, que sólo él podía vencerlos, aunque antes me había pedido certezas que no tenía por temor a no poder volver si perdía otra vez.
Decía que sería impredecible, que eso podría hacerme daño, provocar un choque de ideales y que incluso podría ponernos en bandos opuestos, pero que para ser fuerte tendría que caminar a su lado y no perdernos de vista el uno al otro. ¿Y qué clase de fuerza, si ni en combate ni en corazón parecíamos parecernos?
Me ofrecía conocerlo, pero sus palabras parecían contradictoras y su mirada gritaba alto, aunque en un idioma que se me antojaba extranjero. Lo único que realmente entendí fue que, en verdad, no era sencillo.
—Yo tampoco sé mucho sobre ti, así que… quiero saber quién eres.
Quizás podríamos empezar por ahí.
—Espero que detrás de todo lo que nos has mostrado, seas alguien interesante.
Una ligera sonrisa se mostró en mi rostro. Me sentí halagada, pero también asomaron pequeñas dudas. ¿Se refería a mi personalidad? ¿Al hecho de que había vuelto de Kutsukku sin heridas? ¿Creería que soy una buena guerrera por eso, cuando en realidad simplemente ellos me protegieron mejor a mí que yo a ellos?
¿Qué clase de expectativas tendría sobre mí?
—Bueno, eso sólo podrás decidirlo tú, ¿no~? —inquirí sin moverme del sitio, dejando que fuera él quien marcara el paso y la dirección—. Pero, si te falta información, dime. ¿Qué quieres saber?
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Palabras escasas, razonamiento sencillo, un silencio que lo dejó expresarse más de lo que había podido mostrar en años. Aquel momento le resultaba extraño; lucha con las fuerzas de aquellos que le permiten seguir expresándose, a pesar de tener dudas internas sobre mostrarse tal y cómo es.
Aquello para él era un paso mayor, un pequeño comienzo que quizás lo llevaría lejos, aunque la dirección en el camino nunca llegase a ser completamente clara y visible. Puede seguir siendo él mismo, nada tiene que ser diferente...mientras deje que la curiosa cánida le ofrezca una línea de pensamiento que lo lleve a pensar en vías diferentes a lo que su mente es capaz de mantener.
—Empezaré con algo que se me ha venido a la cabeza entonces.—Caminaba lento, dejando que sus pasos le guiasen en lo que podría ser ninguna parte, hasta que la arena dejase paso a la hierba, cuando el oasis les entregase la calma que él había estado buscando.— Dime, ¿qué es lo que más te gusta hacer? ¿Qué es aquello que crees que podrías hacer una y otra vez, lejos de toda responsabilidad sin cansarte?
Aquella pregunta no era suya. De sus labios jamás habrían salido tales palabras si las hubiera pensado él mismo, pero las puso delante como alguien que tenía la facilidad de causar una reacción visible en los demás, porque él dista de realizar preguntas agresivas en primera instancia. En la simpleza de lo banal se halla mucho más de lo que los seres humanos pueden concebir en un primer pensamiento, y eso pone en juego una doble moral: lo experimental con lo conocido, lo directo junto a lo sutil, lo desconocido...junto aquello que ya tiene perfectamente memorizado.
La pregunta le vuelve a sí mismo unos segundos apenas la hubo pronunciado sin siquiera darle tiempo a la contraria a responder. Él no tendría nada que ofrecerle a cambio; no hay nada que se distinga como externo del trabajo, porque hasta ese mismo momento él siempre ha sido un soldado. Es entonces cuando la niebla se le hace más densa y espesa. No es consciente del largo camino que debe atravesar, y alzar la vista no le llevaría a ninguna parte. El humo de su cabeza le resulta intransigente, pero debe hacer caso omiso a lo que aquello le pide.
—Porque si alguien que no te conoce te preguntase...¿Cómo te definirías a ti misma?
Debe dar pequeños pasos. Entregar pequeños anzuelos que le permitan volver a lo que de su mente ha escapado. Saber si verdaderamente está haciendo lo correcto a cada pequeño momento, hasta que termine de instalarse en su cabeza.
Pero eso le abruma.
—Supongo que son unas preguntas extrañas.—Terminó admitiendo tras unos segundos de silencio.—Nunca he entendido demasiado bien cómo son ese tipo de cosas.
Era su forma de saber si ella le había estado prestando la suficiente atención...y si había podido sacar algo en claro de todo lo que aquella conversación le había permitido entregarle.
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La punta de mi cola se agitó con suavidad ante unas preguntas que al fin podía entender.
—Me gusta mucho cocinar —expliqué, aunque ya lo supiera, siguiendo el ritmo de sus pasos—. A casi todo el mundo le gusta comer, y es una de mis formas favoritas de hacer felices a los demás. También me gusta jugar a las cartas o a los dados, creo que es una buena forma de pasar el rato con quienes quizás podrías llegar a hacerte amigo. Bailar también es divertido, y me encanta leer historias y cuentos… ¡También me habría encantado poder ir a un parque de atracciones de verdad! —reí un poquito antes de mirarlo de reojo una vez más—. Perdona, son muchas cosas. ¿Qué te gusta hacer a ti?
No sabía cuál sería su respuesta, pero pronto habría más preguntas.
—Mmm…
Aquella segunda era algo más complicada. ¿Cómo me definiría…?
—Pues… supongo que creo que soy divertida. O, al menos, podría serlo. También… ¿lista? Aunque no tanto como tú, supongo —reí nuevamente—. Los puzles están bien porque tienen imágenes, pero no me gustan las cosas demasiado difíciles de entender, no sabría qué hacer con un libro complejo o con demasiados números. Mmm… ¿Qué más…? —Reflexioné un poquito, tratando de dar con algo—. Leal a quienes me importan, supongo. ¡Y soy valiente! —anuncié orgullosa con un nuevo movimiento de mi cola—. Aún no soy lo bastante fuerte como para conseguir lo que me proponga, pero sé que haría lo que estuviera en mi mano por ayudar a los demás.
Observé con curiosidad a Kael cuando comentó que sus preguntas eran extrañas. ¿Qué le hacía pensar eso?
—No lo son —respondí con una gran sonrisa, mirándolo a los ojos—. ¡A mí me gustan! No asumas que algo se te da mal sólo porque a lo mejor no estás muy acostumbrado. Dime, ¿cómo te definirías tú?
Seguramente sus respuestas también me permitirían a mí llegar a conocerlo un poco mejor.
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