¡DIVISIÓN 81 ADELANTE! | Pasado
#11
Kyoshiro apenas llevaba una semana dentro de la Marina y aun así sentía que el mundo entero había decidido avanzar demasiado rápido sin preguntarle si estaba preparado.Dos semanas atrás seguía viviendo entre las paredes tranquilas del monasterio. Despertando con campanas lejanas, barriendo hojas secas en silencio y perdiéndose durante horas leyendo libros viejos bajo la sombra de los árboles. Allí el tiempo parecía lento… amable incluso. Ahora todo era distinto.Las calles tenían demasiadas personas, los puertos demasiado ruidosos y las cartas oficiales demasiadas palabras difíciles.
Ni siquiera entendía del todo cómo había terminado asignado tan rápido a una división. Había escuchado algo acerca de recomendaciones, contactos y un vínculo extraño entre alguien de la Marina y alguien del monasterio, pero honestamente no había prestado demasiada atención. Cuando algo dejaba de interesarle, su mente simplemente comenzaba a vagar sola hacia otro sitio. Lo único que realmente recordaba era la razón por la que había salido del monasterio: “Conocer el mundo.”
Esa era su misión. Experimentarlo. Verlo todo.

Aunque claramente nadie le había advertido que “el mundo” incluía gigantes de veinticinco metros secuestrando personas hacia un bosque en mitad de la mañana.

El muchacho caminaba algo distraído por el sendero iluminado apenas por algunas nubes lejanas. La enorme mochila cruzaba diagonalmente su pecho mediante una sola correa, golpeándole suavemente la espalda y sus alas con cada paso. Dentro llevaba casi toda su vida: ropa doblada sin demasiado orden, varios libros gastados, cuadernos llenos de notas incompletas y pequeñas pertenencias del monasterio que se había negado a abandonar. Ni siquiera vestía el uniforme Marine todavía, la misma aún en su elegante plástico sin abrir..

La sudadera azul abierta ondeaba ligeramente con el viento nocturno, dejando ver la camiseta blanca algo holgada debajo. Sus pantalones negros terminaban a media pantorrilla y las sandalias simples golpeaban el suelo con un ritmo tranquilo mientras las largas calcetas blancas sobresalían bajo la tela oscura. Sus pequeñas alas blancas asomaban por los cortes improvisados de la espalda del abrigo; claramente alguien había abierto aquellos agujeros sin demasiada habilidad. Las dos antenas capilares sobre su cabeza se balanceaban suavemente mientras caminaba mirando todo alrededor con curiosidad casi infantil.

Cada cosa lo distraía. El sol de la mañana. El sonido del mar. Un gato callejero. Incluso se había detenido unos segundos antes únicamente para observar cómo el viento movía una bandera Marine. Por eso iba tarde. Otra vez.
“Busca a tu líder. Si no lo encuentras, busca al gigante… lo entenderás cuando lo veas.” - Recordó el comando de hace unas horas al recibir la carta. En ese momento no había entendido qué querían decir… Ahora sí.

—¡¡¡EH, TÚ, PEDAZO DE TROZO DE CACHO DE CARNE DE MÚSCULOS CON OJOS!!! ¡TIENES QUE BAJARNOS! ¡KAGURA ESTÁ MALÍSIMA! ¡TIENE MUCHA FIEBRE!

Kyoshiro se detuvo lentamente sin creer lo que veía. Parpadeó una vez. Dos veces. A lo lejos… una gigantesca silueta avanzaba hacia el bosque cargando personas en las manos. El muchacho inclinó apenas la cabeza hacia un lado mientras el viento agitaba algunos mechones blancos alrededor de su rostro. —…Ah…Entonces era eso.

Sus ojos claros se abrieron con una mezcla de fascinación y absoluta confusión. Honestamente no parecía asustado. Más bien… impresionado. Como un niño viendo algo imposible por primera vez. —Es enorme… —murmuró por lo bajo.
Dejó caer la mochila pesadamente al suelo y curvó sus manos alrededor de su boca para proyectar mejor su voz:  —¿¡Hola!? —gritó mientras agitaba una mano hacia arriba intentando llamar la atención—. ¿¡Ustedes son la División 81!?

Su voz no sonaba particularmente fuerte ni heroica. De hecho parecía más la de alguien intentando no interrumpir demasiado.

—¡Mi nombre es Kyoshiro! —añadió dando un par de pasos, aunque bajó la velocidad y se detuvo casi de golpe. . ¿¡Estoy en el lugar correcto!? ¡Me dijeron que buscara al líder!
El resto, se convirtió en un susurro mientras los veía alejarse…—Porque llevo una semana aquí y honestamente no sé si debería ayudar… correr… o llamar a alguien adulto…

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#12
17 de primavera, Año 17 ❥ Baterilla

Can't take the fire, 'Til you've fallen from grace
─ ♚ ─

El sonido de sus botas contra el suelo marcaba un ritmo constante mientras atravesaba hacia el punto de encuentro, rodeada de rostros desconocidos, había algo en Nyx que se negaba a confundirse con el resto. Ni siquiera el uniforme marine, diseñado para unificar presencias y diluir individualidades, conseguía volverla ordinaria. Quizás era tela clara, aquella que abrazaba con demasiada facilidad la silueta firme de su cuerpo, intentando, sin suerte, suavizar las curvas marcadas que acompañaban cada uno de sus movimientos

O quizás era la forma en que avanzaba sin vacilar, con esa seguridad silenciosa que contrastaba con el nerviosismo visible de muchos de los reclutas ahí reunidos, como si el espacio a su alrededor terminara ordenándose de manera natural a cada uno de sus pasos.

En aquel rostro de líneas suaves y pecas dispersas, la delicadeza de sus facciones contrastaba con la firmeza orgullosa de su mirada, aquella que no parecía inclinarse a una emoción en concreto. Sin dudas, era una neutralidad demasiado calculada para alguien que caminaba bajo una identidad inventada. Ese día la Archeron conocería a los integrantes de su división, o eso le había indicado hace una semana atrás su superior y ella…ella se había preparado para el encuentro con la división 81. Cuidadosamente preguntó por cada uno a quienes tenían mayor rango que ella, por sus nombres, por sus habilidades y puntos fuertes, memorizando cada detalle que pudiese ayudarle. Se negaba a llegar al encuentro sin haber asociado un nombre a una cara, pero, sobre todo, a soltar el control de la situación.

Sobre todo, si sus acciones y decisiones implicaban a otros.

“¿Estás segura de que esta es la mejor forma?” El pensamiento cruzó fugaz y anidó en su pecho, como un eslabón más a esa pesada cadena que llevaba consigo, pero que había aprendido a ocultar de todos con precisa habilidad; lo ignoró. No era momento de cuestionar ni cuestionarse, finalmente, ella necesitaba una división, una en la que Nyx se aseguraría que saldrían de Baterilla en el menor tiempo posible, inclusive, si tenía que arrastrarlos ella misma fuera de la isla.

Finalmente, Nyxara lo sabía desde el inicio: la marina era el medio para un fin.


Suave, el suspiro escapó de sus labios carmesí.


Con el punto de encuentro cada vez más cerca cuadro sus hombros, su barbilla se alzó con ligereza, en ese porte de reina que le habían enseñado a lucir desde que sus piernas consiguieron sostenerle. Sin embargo, nada de lo que sabía con anterioridad, de lo que había averiguado sobre ellos con anterioridad, la hubiese preparado para lo que tenía en frente. La escena era, sencillamente, ridícula.

Fueron apenas unos segundos en el que el mar de sus ojos recorrió el desastre con una lentitud calculada, absorbiendo voces, detalles y posiciones para medir el impacto de lo estaba pasando. El gigante, a quien había identificado bajo el nombre de Alex, avanzaba hacia el bosque cargando, lo que ella creía a la distancia, eran reclutas en sus manos, mientras otro le gritaba como si aquello fuera a solucionar algo ¿Sería Jesse o Kyoshiro por el tono de voz masculina? Más atrás, el muchacho de cabello albino parecía debatirse seriamente en intervenir o fingir que nunca había llegado allí después de preguntar si esa era la división 81 y por el líder.

“Ese es Kyoshiro. El de la mano es Jesse”.

Permitió que el silencio se asentara en su presencia, como si necesitara ese mismo silencio para aceptar lo inevitable: "Esta es mi división"  Y no había decepción en su pensamiento, tampoco sorpresa, solo ese cansancio anticipado que aparecía cuando comprendía demasiado rápido, que ella se convertiría en el adulto responsable y funcional de ese grupo.

No apresuró el paso, no levantó la voz, simplemente se detuvo frente al joven de cabellos claros. Alta, recta e imposible de ignorar incluso entre el caos – Si – respondió con esa seguridad que marcaba su presencia – Esta es nuestra división – Ya no había paso atrás, ni para ella, ni para ellos. Partirían juntos, porque cada uno de ellos era necesario para tripular ese barco que los llevaría lejos de Baterilla, que la llevaría a otras tierras – Kyoshiro, ¿verdad? – sabía que no se equivocaba ¿Cómo se lo habían descrito algunos de sus compañeros? "Demasiado distraido para ser un marine" 

Ella estaba a punto de comprobarlo.

– Nyssa Vale – estiró su mano en señal de saludo, luego su mirada se fijó en Alex que avanzaba a la distancia con lo que ella suponía, iba el resto de su división – Vamos – añadió sin dar espacio para la duda, con esa seguridad de quien podría reclamar el mundo como suyo, si así lo deseara – Si Alex sigue caminando a ese ritmo, alcanzarlos no será sencillo – y ella, no iba a gritar para que se detuviera – ¿Llevas mucho tiempo en Baterilla? – una pregunta cortes y funcional, una que empujara a su compañero de división a seguirle el paso en dirección al gigante.

Léeme
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#13
Una notificación para una especie de reclutamiento es lo que recibí esta mañana, tras darle muchas vueltas en mi cabeza finalmente accedí a dar cumplimiento a aquello. Si estoy cambiando el rumbo de mi vida, debo acceder incluso a aquello a lo que no me simpatiza del todo.

Dieron un punto de referencia para el encuentro pero dada mi tardanza para decidirme es claro que no llegaría nada puntual al lugar de encuentro, que terrible que clase de mal comportamiento demuestro ante quien se supone sería mi capitán. Que por cierto creo que el apellido me suena de algo. Para pedir las disculpas correspondientes paso por una tienda para comprar algunas bebidas y quizas algo de picoteo para acompañar, la comida suele usarse para unir a las personas.

Como era de esperarse en el lugar exacto no había nadie pero si se siente un estruendo en el terreno aledaño, como si estuviese temblando cada ciertos segundos, recordándome a una situación parecida tiempo atrás, donde las vibraciones no eran producto de un temblor, más bien del andar de un giganton. El suelo volvió a sacudirse, esta vez con una violencia que hizo que las botellas en mi bolsa tintineaban peligrosamente. entonces necesitaba saber de donde venía, aceleré el paso dejando atrás el punto de encuentro siguiendo el sonido de la marcha y el origen de muchas voces gritando y mezcladose, lo que encontré más adelante me ha dejado un poco salida de onda.

¿Pero que carajos?

Susurre quedandome clavada en el sitio un par de segundos observando como lo que parecía una torre de asedio, caminaba por el terreno con una tranquilidad envidiable. Pero lo peor no era el tamaño amenazante, sino lo que llevaba en las manos que parecía crear un gran escándalo alrededor. Agucé la vista y parecía reconocer una cabellera peliroja que conocía de algún lado y que asocie con una de las voces que se presentaron.

¿Jesse?

El hombre que se supone será mi superior parecía estar atrapado en la palma de aquel coloso como si se tratase de una figurita de accion, y parece no estar solo. Desde mi posición, el gigante parecía estar en medio de un trance, su voz sonaba extraña en otro idioma que ni putas idea de que es lo que estaba diciendo. Jesse por su parte, le girtaba cosas sobre pedazos de carne, en cualquier otro contexto, me habría dado media vuelta y huido producto de la verguenza ajena, pero a esas alturas estaba segura de que aquel grupo era la división con la que pasaría mucho tiempo a partir de ahora.

"Vaya primera impresión, Viatrix", pensé, sintiendo el peso de la bolsa de compras en mi mano. "Has llegado tarde a un secuestro, a un delirio médico y a un monólogo existencial de un gigante". No podía quedarme ahí mirando. Si quería que ese chico guardara dignidad como el futuro lider de la división ante mis ojos, tenía que intervenir antes de que el gigantón se internara en el bosque y decidiera que mis nuevos compañeros eran el postre.

Oye tu gigantón

Grité echando a correr hacia ellos mientras agitaba uno brazo para llamar la atención del tipo enorme, mientras intentaba que las cosas en la bolsa siquieran intactas.

Baja a esa pulga que luego se pone de malas. Traigo comida y se como usarla.
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#14
La caminata era caótica, el viento pegaba de frente, el tuerto, la enferma y el monstruo los tres sin rumbo fijo… como idiotas (solo el gigante) daban paso a paso avance por ese pequeño “espacio” hacia donde el chico creía que se haría la batalla, y solo eso era lo que concebía, sonreía, reía y decía tonterías.

Era tal y como se imaginaba en gigante que la “amistad” tenia que ser, aquello era chisto y … ¿pero alguien más debería llegar al encuentro? Lo analizo, pero no encontró algo que… ¡UNO APARECIO! Giraría totalmente hacia el sonido, era claro que se dirigían a el o a alguien mas y ahora era una mole imparable
Un chico de azul, el gigante dio paso hacia él, era un loco y era veloz parecía que lo atropellaría, pero no era así, era como un tiburón pues la mano libre paso de lleno al sujeto y fue apresado de un tirón, con todo y bolsa... la fuerza fue brutal, no pudo reaccionar y Alex lo deposito en la palma… otro más para el gigante.
Una segunda persona que intento hablar con el primero, una chica, apresada también en cuanto Kyoshiro fue apresado, mismo destino la dama a ¡la palma! Era como si Gargamel cazara pitufos ¿Cuántos más? ¿Cuántos mas eran necesarios para ir al bosque?

Alex comenzó la huida, pero… era claro, faltaba “la quinta”, otra dama deseaba subir al “barco” su carrera era clara, manoteo y ahora era la presa de ese animal, la velocidad fue rápida y el agarre fuerte, pero amable… era como si el gigante buscara hongos para su sopa, tendría suficiente… esta otra dama Viatrix, también tendría un destino… la palma, ¡Todos en la palma!

HUEHUEHUEHUEHUEHUE KOOOF KOOOOOOOF HUEHUEHUEHUEHUE Ryuuu

Era éxtasis, era una locura el gigante… creía que todo esto era un juego, una gran sonrisa iluminaba su rostro mientras no paraba de moverse, ya no se veía nadie mas para subir al transporte… nuevamente, los pasos de aquel gigante eran claros, el bosque… contra Kaguya, con todos estos como observadores de su amistad.
Iria caminado y quizá la vista a tantos metros era vertiginosa pero, faltaba tramo y rato para el destino, el día avanzaba y con él, nuestro astro rey, parecería que aquellos iban en una cruzada directo a donde se oculta el sol.


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#15
Me encontraba sentada sobre la borda, observando cómo el sol se hundía lentamente en el horizonte, tiñendo el mar de tonos anaranjados y dorados que danzaban sobre las olas. La brisa salina acariciaba mis mejillas y movía suavemente mi cabello mientras una melodía tranquila viajaba por el aire, no lograba distinguir si provenía de una armónica o de una guitarra, pero tenía una calidez extrañamente reconfortante. Al volver la mirada hacia el centro del barco cerca del inmenso timón, pude ver varias siluetas reunidas entre risas, conversaciones y platos rebosantes de comida caliente. Algunas siluetas me resultaban familiares, otras no, pero todas compartían esa misma alegría sincera. Una sensación cálida invadió mi pecho, como si finalmente hubiese encontrado un hogar. Entonces, la figura más grande del grupo pronunció una palabra que conocía muy bien —Ryu— Sonreí con gentileza antes de abandonar la borda para unirme a ellos. 

Sin embargo, antes de que pudiera formar parte de aquel momento cálido, las risas comenzaron a desvanecerse entre ecos distantes. Escuché voces… primero murmullos confusos y luego gritos cada vez más claros, masculinos y femeninos mezclándose en un caos imposible de comprender. ¿Qué estaba pasando? Sentí cómo aquella tierna realidad se quebraba lentamente bajo mis pies como si estuviera siendo arrastrada hacia un inmenso abismo. Mi cuerpo cayó en una oscuridad pesada y sofocante hasta que poco a poco comencé a abrir los ojos. La visión era borrosa apenas podía distinguir lo que tenía enfrente, la calidez de unos brazos que me rodeaban lograron tranquilizarme. Pude distinguir un perfil conocido -- ¿Jesse…? -- murmure en voz baja, parecía estar gritándole algo a alguien, desesperado quizá.

Cuando finalmente recuperé la conciencia, la realidad cayó sobre mí de golpe. Separandome de golpe de cualquier abrazo, una tos leve escapó de mis labios mientras me incorporaba bruscamente, cubriéndome la boca al sentir el desagradable impulso de querer vomitar, era evidente que me sentía fatal. ¿A causa era debido al movimiento del gigante? ¿Quizás por el medicamento que había tomado antes de venir? ¿O tal vez por aquel desayuno improvisado que apenas había logrado comer horas atrás? No podía saberlo, todo era posible. Fruncí levemente el ceño antes de mirar a mi alrededor con evidente confusión. Lo primero que busqué fue mi sombrilla, Apenas la encontré mis dedos se aferraron con fuerza al mango, era mi objeto más valioso y no podía perderlo. Al levantar finalmente la cabeza, mi visión terminó de aclararse y me encontré rodeada por un grupo de personas, unas prácticamente amontonadas sobre otras debido al espacio reducido. Parpadeé varias veces, todavía aturdida, creyendo por un instante que seguía atrapada dentro de aquel extraño sueño, pero no… esto era real. Todos nos encontrábamos sobre la inmensa palma de aquel gigante, cuya mano servía como una improvisada plataforma suspendida en el aire. El espacio era incómodo y estrecho, ¿Quienes eran estas personas?, aunque creo saber la respuesta...

Ah… ¿Ustedes deben ser los demás de la división…?— murmuré antes de cubrir mi boca al comenzar a toser levemente. El dolor en mi cabeza aumentaba cada vez que lo hacía, pero aun así mi atención estaba completamente enfocada en conocer a quienes me rodeaban. Mi mirada terminó posándose sobre una mujer de cabellera carmesí, hermosa y de cuerpo bien definido, con facciones delicadas que parecían demasiado elegantes. A su lado se encontraba un hombre de cabellos albinos, tez clara y orbes azules tan serenos que transmitían una extraña tranquilidad. Había algo en él que me resultaba interesante a simple vista —¿Mori…? Veo un ángel…— mencioné casi por inercia pues su apariencia me resultaba interesante pero al desviar la vista hacia la rubia, sin duda me encontré con otra belleza, se trataba de una mujer con figura atlética, de mirada afilada y porte impecable, como si fuese una celebridad imposible de ignorar o de olvidar  —Pero… qué grupo tan interesante… jaja…— reí por lo bajo antes de volver a toser suavemente.

Fue entonces cuando bajé la mirada y noté algo importante, no llevaba puesto mi uniforme de la marine, estaba tecnicamente en ropa interior (color azul). Mis ojos se abrieron ligeramente mientras llevaba una mano hasta mi cabeza con evidente resignación —No otra vez…¿porque? — me regañé a mí misma antes de dejar escapar otro pesado suspiro. Reincorporándome un poco mejor, incliné la cabeza hacia los presentes en forma de disculpa —Perdonen… es un mal hábito, en algun punto del dia termino de esta forma... por cierto, mi nombre es Kagura es un gusto — confesé con cierta vergüenza mientras me presentaba, Desviando la mirada hacia Alex, quien parecía completamente concentrado en el camino frente a nosotros. La brisa golpeó mi rostro mientras observaba el camino que tomaba —¿A dónde nos llevará…?— pregunté con genuina curiosidad.

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#16


Jesse pisoteaba con fuerza la mano del gigantón aunque posiblemente el solo notaba como si una mosca se moviera por la palma de su mano, era absurdo. Pero las cosa es que tampoco parecía entender lo que le decía, y en caso de entenderlo estaba pasando de él como si le estuviera hablando a una pared, en este caso a un muro gigante. Y es que si algo caracteriza a Jesse es que precisamente no era discreto. Bufó un momento, no había forma de llamar la atención del gigante, bueno, si que la había clavar su espada en la palma de la mano del gigante. Pero quizás era peor el remedio que la enfermedad.

Pero no solo es que no les soltará, es que el gigantón tuvo la amabilidad (notese la ironia) de tomar a tres personas entres sus manos, lo cierto es que con su memoria de pez no recordaba a ninguna de ellas, aunque la rubia si que le sonaba de algo pero no estaba seguro de que, tenía la sensación de haber hablando con ella… ¿Pero cuando? A la otra chica y al muchacho si que no los conocía, de hecho no recordaba haber hablado con ellos.

¿Eran miembros de la división 81? De ser así menudo comienzo para la división… Soltó un suspiro, y encima la pobre Kagura estaba enferma… ¡Y en ropa interior! Sin duda para todos ellos iba a ser un día para recordar.

¡No pudo dudar! No había tiempo para ello. Se quitó él mismo su prenda superior y se la puso a Kagura prácticamente sin avisar, prefería llevar el torso desnudo a que ella fuese completamente en ropa interior. Puras prioridades, y más sin encima ella estaba enferma.

– ¡Tú debes recuperarte! – Le recordó a la pelirroja.

Luego miró al resto de miembro de la división, aunque él no estaba seguro de que lo fueran, aunque al menos con el uniforme de la marina, estaba seguro de que podía referirse a ellos como compañeros.

– ¡Buenas! – Saludó con algo de apuro. – Les aseguró que no estaba previsto que Alex… – Dijo con algo de duda. – Nos secuestrará… – Porque dudaba que eso pudiera llamarse de otra forma.

Lo cierto es que como tal y había acontecido las cosas le daba mucha vergüenza presentarse como líder de la división, porque seguramente un líder de verdad habría sido capaz de prevenir eso… O eso pensaba. Se estaba dando cuenta de que tal el no era un verdadero líder, pero… ¿¡QUE DIABLOS ESTABA DICIENDO!? ¿Cómo ibas a evitar que un gigante de tal tamaño te secuestrará? Era cuanto menos poco probable evitarlo… A no ser que tuvieras una fuerza descomunal y pudiera derribarlo de un solo golpe.

– Soy Jesse Spencer. – Dijo haciendo el saludo típico de la armada, recordemos con el torso desnudo. – Soy el líder de la división 81… Y… ¿El responsable de esta situación? – Realmente no, pero quitarse responsabilidades no es de un buen líder. Por lo que tendría que tomar una medida impopular.

Sacó su espada y la colocó con el filo hacia abajo, tendría que hacerlo, pero aún así le daría una oportunidad al gigante de bajarles.

– ¡ALEX! – Gritó a todo pulmón. – ¡NO ME OBLIGUES A HACERLO! – No estaba en contra de herir a los demás para poner a salvo a otras personas, pero siendo un compañero tenía que darle la oportunidad detenerse antes de clavarle la espada en la palma de aquella enorme mano.

Ahora todo quedaba en mano del gigante… ¡De forma literal!

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#17
Kyoshiro no estaba completamente seguro de en qué momento exacto su vida había dejado de ser una caminata tranquila hacia un punto de reunión y se había convertido en un viaje no autorizado sobre la palma de un gigante...Aunque, siendo honestos, quizá había tenido varias señales de advertencia...La primera fue la silueta enorme avanzando hacia el bosque...
La segunda fue escuchar a alguien gritar que Kagura estaba enferma y necesitaba un médico...La tercera fue que, al preguntar si aquella era la División 81, una mujer de porte impecable y mirada firme se detuvo frente a él con una calma que contrastaba demasiado con el desastre que ocurría a la distancia. Kyoshiro la miró desde abajo, parpadeando con esa expresión suya de curiosidad desorientada. Alta, recta, elegante, como si incluso el caos tuviera que pedirle permiso antes de acercársele. Ella le había confirmado que sí, que aquella era su división....Nuestra división.

Aquello le había provocado una sensación extraña. Por un lado, alivio. Al menos no se había equivocado de lugar. Por otro, una pregunta bastante razonable: si esa era su división, ¿por qué parte de ella estaba siendo transportada hacia un bosque por un gigante? 
—Kyoshiro, ¿verdad?
Él había asentido apenas, algo sorprendido de que ya supiera su nombre.
—Sí. Mucho gusto Aunque… creo que llegué un poco tarde.
No había sonado demasiado preocupado. Más bien como alguien que acababa de llegar tarde a una ceremonia de té y no a un secuestro en proceso. 
Cuando ella se presentó como Nyssa Vale y extendió la mano, Kyoshiro tardó un segundo de más en entender el gesto. Luego sonrió amplio, con esa confianza inmediata de quien todavía creía que la mayoría de las personas eran buenas por naturaleza, y correspondió el saludo con ambas manos, quizá con más entusiasmo del necesario.
—Mucho gusto, Nyssa Vale.
Luego ella dijo que debían avanzar, porque si Alex seguía caminando a ese ritmo, alcanzarlos no sería sencillo. El skypeano miró hacia el gigante, luego hacia sus propias sandalias, luego otra vez hacia el gigante.
—Ah… sí. Eso parece verdad.
Había empezado a caminar junto a ella, o al menos intentarlo, cuando la pregunta llegó con cortesía funcional.
—¿Llevas mucho tiempo en Baterilla?
Kyoshiro abrió la boca para responder.
—Una semana. Bueno, casi una semana. Antes estaba en un monasterio. Es una historia un poco larga, pero—
No terminó la frase porque entonces otra voz apareció en medio del caos.
Una mujer rubia corría hacia ellos con una bolsa en la mano, gritando hacia el gigante con una valentía que Kyoshiro no supo si admirar o clasificar como una decisión muy poco segura.
...Traigo comida y sé cómo usarla.
Kyoshiro giró la cabeza hacia ella con genuino interés....Un segundo después, el mundo entero se movió.
La mano de Alex descendió con una velocidad que su mente no terminó de procesar. Kyoshiro apenas tuvo tiempo de mirar hacia arriba, ver sombra, piel, dedos enormes y pensar que tal vez debió haber dejado la mochila en el suelo...Luego el piso desapareció bajo sus sandalias.
—¿Ah?.
Eso fue todo lo que logró decir al principio...No gritó. No porque fuese valiente, sino porque su mente tardó varios segundos en comprender que acababan de levantarlo del suelo como si no pesara absolutamente nada. Sus antenas capilares se agitaron violentamente por el movimiento y sus pequeñas alas blancas se abrieron por reflejo, aunque naturalmente no sirvieron para nada más que verse algo dramáticas durante la elevación...
Fue depositado sobre una superficie cálida, enorme y ligeramente inestable....Una mano....¡Estaba sobre una mano! Otra vez, la realidad decidió darle una respuesta antes de que pudiera formular la pregunta.

Kyoshiro bajó lentamente la mirada hacia la piel bajo sus pies, luego hacia el borde de aquella palma, luego hacia el vacío más allá de los dedos del gigante. El suelo estaba lejos. Muy lejos. Lo bastante lejos como para que cualquier pensamiento sensato en su cabeza le dijera que debía entrar en pánico. En cambio, se quedó mirando.

Durante un instante, olvidó por completo que aquello probablemente contaba como secuestro. La vista era impresionante. El camino se extendía bajo ellos como una cinta de tierra, los árboles parecían más pequeños, el viento olía a hojas, sal y humedad, y cada paso de Alex hacía que todo se balanceara con un ritmo pesado y profundo. Era como estar sobre un barco, pensó, aunque un barco demasiado vivo, demasiado grande y con muy poca preocupación por sus pasajeros...Entonces recordó que no estaba solo...Había demasiada gente allí arriba...Demasiada gente para una mano ¡Una mano! ¿Qué tan loco era aquello?

Kyoshiro giró el rostro lentamente, tratando de ordenar la escena. Nyssa también había terminado allí, conservando incluso en aquella situación un aire demasiado compuesto para alguien que acababa de ser recolectada por un gigante. La mujer de la bolsa de comida también estaba en la palma, con sus compras aún presentes de alguna manera milagrosa. Cerca de ellos estaba Jesse, el hombre que gritaba con energía suficiente para despertar a todo Baterilla, ahora sin camisa, cubriendo a una muchacha pelirroja claramente enferma. Y aquella muchacha, Kagura, parecía llevar bastante menos ropa de la que Kyoshiro esperaba encontrar en una reunión oficial de la Marina.

Kyoshiro observó a Kagura...
Luego observó a Jesse sin camisa...
Luego a Kagura otra vez...
Después a Nyssa...
Después a Viatrix...
Después a sí mismo, que ni siquiera llevaba el uniforme Marine todavía porque seguía perfectamente guardado dentro de su mochila, doblado en su plástico original...
Sus ojos claros se entrecerraron lentamente...
¿Qué rayos estaba pasando? ¿Y porqué había tanta nudez? 

Jesse, por su parte, intentaba mantener una dignidad casi imposible. Se presentó ante todos con el torso descubierto, espada en mano y expresión de líder arrastrado por una situación que claramente no había pedido.
—Soy Jesse Spencer. Soy el líder de la División 81… Y… ¿el responsable de esta situación?
Kyoshiro parpadeó...Una vez...Dos veces...Luego levantó la mirada hacia él.

—¿Y exactamente qué es esta situación? - La pregunta quedó flotando entre ellos con una sinceridad casi dolorosa. Porque “situación” parecía una palabra demasiado pequeña para describir aquello. Situación era olvidar una carta. Llegar tarde. Derramar sopa en un comedor del monasterio. Aquello, en cambio, era un grupo entero de marines atrapados en la mano de un gigante que caminaba hacia el bosque mientras una compañera enferma despertaba en ropa interior, el líder amenazaba con clavar una espada en el suelo vivo que los sostenía, una mujer elegante parecía resignada a convertirse en adulto funcional del grupo, y otra había intentado negociar con comida.
Kyoshiro se rascó la mejilla...miró hacia Alex...Luego hacia el brazo gigantesco que se extendía desde aquella mano hasta un hombro lejano, enorme y elevado como una colina viviente. Sus ojos se iluminaron con una mezcla peligrosa de curiosidad e impulsividad.
—Ah.
Ese “ah” no era de comprensión...Era de idea terrible.
Sin avisar demasiado, Kyoshiro se ajustó la correa de su mochila cruzada al pecho, flexionó un poco las piernas y comenzó a caminar hacia la base del pulgar de Alex. El balanceo del paso casi lo hizo perder el equilibrio de inmediato, pero logró sostenerse inclinándose hacia adelante y apoyando ambas manos sobre la piel del gigante.
—Voy a subir un momento —anunció, como si estuviera diciendo que iría a revisar una ventana. No explicó mucho más.
Quizás, en su cabeza, llegar al hombro de Alex tenía sentido. Desde allí podría ver mejor el camino. Tal vez encontraría una forma de entender hacia dónde iban. Tal vez desde arriba todo tendría más lógica. O tal vez, simplemente, acababa de descubrir que una persona de veinticinco metros podía escalarse como si fuera una montaña y su mente ya no tenía espacio para ninguna otra prioridad.
—No creo que sea muy diferente a subir un árbol —murmuró para sí mismo.
El siguiente movimiento del gigante hizo que casi resbalara. Kyoshiro se aferró de golpe, con las alas tensas y las antenas disparadas hacia arriba. Con la concentración absoluta de quien había olvidado por completo lo peligroso que era lo que estaba haciendo, siguió avanzando poco a poco por el brazo gigantesco, usando pliegues, músculos y cualquier borde de tela como punto de apoyo. Cada paso de Alex transformaba la escalada en una prueba absurda de equilibrio. Cada balanceo lo obligaba a pegarse más al brazo, respirar hondo y esperar el siguiente momento estable.

Desde abajo, la palma comenzaba a verse como una plataforma llena de problemas...Desde arriba, el hombro parecía una meta imposible...Y aun así, por alguna razón, Kyoshiro siguió subiendo...No porque tuviera un plan claro. No porque hubiese calculado la distancia, el riesgo o la forma correcta de detener a una persona de veinticinco metros. En realidad, su pensamiento era mucho más simple, mucho más absurdo y probablemente mucho más peligroso....Si Alex no escuchaba a los de abajo…Tal vez escucharía a alguien más cerca...O al menos sentiría algo ¿No?

Cuando finalmente alcanzó el hombro del gigante, Kyoshiro se quedó unos segundos allí, arrodillado, respirando con fuerza mientras el viento le agitaba la sudadera azul y las antenas capilares se sacudían sobre su cabeza. La vista desde ese punto era todavía más impresionante. El bosque se extendía frente a ellos, el camino quedaba atrás, y la palma donde estaban los demás parecía ahora una especie de cubierta improvisada llena de marines confundidos... 

Entonces sus ojos claros subieron lentamente hacia la cabeza de Alex...El cabello del gigante se movía con cada paso, bundante, cercano, completamente accesible...Kyoshiro lo observó. Parpadeó. Una idea terrible volvió a iluminarle el rostro.
—Bueno… si tiene cabeza, debe tener forma de dirigirlo.
Aquello no tenía ningún sentido...Pero para Kyoshiro, en ese momento, sonó razonable....Se levantó con cuidado, dio unos pasos torpes sobre el hombro de Alex y terminó trepando hasta acercarse a la parte superior de su cabeza. El viento golpeaba con más fuerza allí arriba y cada movimiento del gigante lo obligaba a agacharse para no perder el equilibrio. Aun así, siguió avanzando con una determinación absurda, como si estuviera escalando el mástil de un barco demasiado grande.
Cuando por fin logró posicionarse cerca de la cabeza de Alex, Kyoshiro extendió ambas manos y tomó dos mechones de cabello gigantesco, uno con cada mano con firmeza.
Respiró hondo y jaló hacia atrás.

—¡Frena! —exclamó, aunque su voz sonó más desesperada que autoritaria—. ¡Frena, frena, frena!
Tiró de los mechones como si fueran riendas...Primero hacia atrás...Luego un poco hacia un lado...Después hacia el otro.
El gesto era tan ridículo como inútil, pero Kyoshiro parecía completamente convencido de que estaba haciendo algo. Sus sandalias resbalaban ligeramente sobre el movimiento del gigante, sus alas pequeñas se tensaban a su espalda y su sudadera azul ondeaba violentamente mientras él seguía jalando los mechones con la expresión concentrada de alguien intentando pilotear una criatura colosal...Y, mientras intentaba conducir a un gigante desde la cabeza usando dos mechones de pelo como riendas, Kyoshiro empezó a sospechar que quizá la Marina necesitaba manuales de bienvenida mucho más específicos.
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#18
17 de primavera, Año 17 ❥ Baterilla

Can't take the fire, 'Til you've fallen from grace

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Los árboles se alzaban espesos a ambos lados del sendero porque lo que comenzaban a transitar el skypeano y la humana, filtrando la luz de la mañana entre las ramas húmedas por el rocío de primavera. El aire llevaba ese aroma a tierra húmeda y madera, mientras el sonido de sus pasos desaparecía bajo aquella vibración suave pero constante, que hacia temblar el suelo a la distancia.

Nyx escuchó la información que le entregaba Kyoshiro sobre sí mismo sin limitarse únicamente a sus palabras, observó aquello que el skypeano parecía comunicar sin darse cuenta: la manera en que no parecía preocupado por llegar a la hora, la forma en que su sonrisa amplia reflejaba una confianza en otros que aún no había sido mermada, como si el mundo aún no hubiese terminado aún de desgastarlo. En como avanzaba para seguirle el ritmo a pesar de llevar sandalias, en ese detalle revelador que, tras una semana en Baterilla, él aún no vestía su uniforme de Marine ¿algún apego que se negara a soltar de forma inconsciente, quizás? ¿o solo un olvido casual?

Lo terminaría descubriendo, a su debido tiempo.

La voz femenina a unos metros por delante de ellos hizo que Nyx desviara la atención hacia ella. Silenciosa, el mar de sus ojos se posó sobre ella con esa calma altiva que rara vez pasaba desapercibida, esa mirada demasiado serena, como si fuese capaz de medir a quien tenía enfrente en segundos; supuso, por su color de cabello y lo que había averiguado previamente con sus superiores, que debía tratarse de Viatrix. Lo que dejaba una sola figura fuera de la ecuación: Kagura, a no ser que esta estuviese en la mano de Alex.

Variable que no podría asegurar.

La voz de Viatrix amenazó al gigante con una bolsa con comida y Nyx, no alcanzó siquiera a pensar si aquello era una estrategia funcional cuando el suelo vibró con mayor violencia bajo sus pies. Fue automático, su cuerpo se tensó como siempre lo hacía antes de actuar, los músculos preparados para responder antes de que su mente terminara de procesar el peligro, fue ahí, cuando la sombra cayó sobre ellos.

Giró el rostro hacia arriba, solo un breve segundo para percibir el descenso de aquella mano de tamaño descomunal, y esa acción, fue más rápida de lo que la Archeron admitiría. Su mano izquierda, instintiva, fue hacia su espalda para buscar la katana que acostumbraba a portar allí desde que ingresó a la marina; convencida, tozudamente convencida, de que todavía podía hacer algo al respecto pero Alex era demasiado grande y más rápido de lo que ella habría considerado desde un inicio. El vació a sus pies fue tan acelerado como la sensación de que su estomago subía hasta su garganta en medio segundo, el movimiento había sido brusco y le recordaba que su cuerpo acababa de ser arrancado del piso con una facilidad humillante. El viento golpeó su rostro despeinando su cabello, observó pasar rápidamente las copas de los árboles como una única mancha de ese tono que siempre se diluía frente a sus ojos, y, durante ese momento, durante ese instante, lo único certero fue la sensación absoluta de falta de control.

Su cuerpo cayó sobre la base con firmeza, obligándola a apoyar una rodilla y una mano sobre la piel de esa mano enorme que ahora era el suelo bajo sus pies. Su pose era ridícula y mostraba como, en esos segundos, su cuerpo se acostumbraba a mantener el equilibrio bajo esa superficie inestable, viva, que vibraba a cada paso y que le indicaba que ella también estaba suspendida a varios metros del suelo. Nyx respiró profundo, una sola vez. Como si ese único instante fuese extremadamente necesario para recuperar aquello que no pensaba ceder ni bajo tortura y entonces, solo entonces, su mente hizo aquello que siempre hacía frente el caos: organizarlo.

Su mirada recorrió primero el espacio inmediato, calculando distancia, estabilidad y riesgos, luego observó a sus compañeros mas cercanos: Kyoshiro y Viatrix. Ninguno parecía herido, después fue sobre el resto y la mirada fue directa sobre la otra joven en ese lugar. “Kagura” pensó, notando su estado enfermo, su piel ligeramente rojiza al mismo tiempo que su desnudez. Mientras ella hablaba intentando incorporarse en ese estado, la reacción de Nyx llegó antes incluso de pensarlo: sus delicados dedos fueron hacia los broches de su chaqueta para quitársela y entregársela, pero Jesse fue más rápido.

“Bien”.

El capitán tenía las prioridades correctas, porque ella no aceptaría a un capitán que no lo tuviese. Y esa pequeña aceptación basto para que parte de la tensión de sus hombros desapareciera.

Caminó hacia Kagura con cuidado, manteniendo el equilibrio pese al movimiento constante de Alex al avanzar – Soy médico – indicó antes de su propia presentación – Voy a revisar tu pulso – Sus dedos encontraron la muñeca de Kagura con la precisión de quien ha realizado esa misma acción demasiadas veces con anterioridad, no era únicamente por la marina, aquello había comenzando con Seren cuando aún eran unas niñas y su madre, Nesta, les había enseñado a ella y Aelira como hacerlo para asegurarse que su hermana menor estuviese bien. Apoyo el dedo índice y medio sobre el pulso bajo la base del pulgar, sin embargo, antes de contar las pulsaciones percibió la temperatura elevada del cuerpo de su compañera de división, el calor que desprendía la piel de ella confirmó parte del problema – Necesitamos hidratarla – concluyó antes de elevar la vista primero hacia Kagura luego hacia Viatrix, quien aún sostenía la bolsa de compras en el proceso – Tiene fiebre y probablemente ya está deshidratada ¿Tienes agua o alguna bebida en tu bolsa? –

Y fue el grito de Jesse, precisamente el grito, el que hizo que su atención fuera de Viatrix hacia él y la espada que sostenía entre sus manos dispuesto a apuñalar la única base que los separaba de una caída de más de veinte metros de altura, en la que, seguramente, ninguno sobreviviría. Respiro hondo, una sola vez y volvió a ordenar las prioridades.

Lentamente se levantó del lado de Kagura – Jesse – le llamó para atraer su atención antes de que hiciera algo totalmente irracional – Entiendo lo que intentas hacer, pero si atraviesas su palma con una espada y nos arroja por el reflejo, Kagura no sobrevivirá a esa caída – ciertamente, ninguno lo haría. Avanzó en medio de las vibraciones del movimiento de Alex, hasta posicionarse frente a él y el mar de sus ojos se sostuvo en los contrarios, con esa calma orgullosa que recordaba demasiado a alguien acostumbrado a sostener a los demás cuando todo a su alrededor amenazaba con desmoronarse – Tenemos que buscar otra forma, una que no ponga a tu tripulación en riesgo – su mano izquierda, silenciosa, ascendió con suavidad sobre la muñeca que sostenía el arma y se posicionó ahí como una caricia, antes de afirmarse alrededor de esta con una firmeza medida, una que buscaba impedir cualquier movimiento irracional de quien era su capitán – Una que haga girar a Alex hacia el cuartel para llevar a Kagura a la enfermería –

Léeme
Karmas
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#19
¿Cómo las cosas pueden cambiar de un momento a otro? El tirón fue tan repentino que incluso llegué a sentir que el estómago se me subía por la garganta. Ni tiempo tuve a oponerme o a reaccionar evitando el agarre. La mano colosal de Alex descendió como quien dice es el zarpazo de un depredador, re exagerada era. Y en un parpadeo mareante, el suelo simplemente desapareció debajo de mis botas apareciendo otro tipo de superficie, muy diferente  una cálida, suave, inestable e inmensa pero no lo suficiente.

Desde ahí se puede sentir el vaivén del andar del gigante, y vaya que estaba muy lejos de plana y firme tierra. ¿Cómo termine en la palma de un gigante? Todos estábamos secuestrados en el mismo lugar, e incluso así el panorama a mi alrededor pareció ser sacado de un manicomio flotante. A unos escasos centímetros estaba Jesse, mi disque capitán, con el torso desnudo dando un saludo apresurado y con unas intenciones de clavar su espada en Alex, una no muy grandiosa idea a decir verdad. Frente a él, una chica de hermosa y naranjada cabellera que me recuerda a las mandarinas y que tosía débilmente, tambien ligeramente desnuda. ¿Me uní a una especie de cabaret?

¿Qué clase de disfunción grupal es esta?

Murmuré para mi misma, al mismo tiempo que intenté plantar bien los pies en la palma, antes de cada paso que daba Alex. Observé al resto de los pasajeros, que recogió como si fueramos hongos (callampas) para su sopa. Otra mujer de belleza evidente igual que la mandarina y de cabello carmesí, si tuviera que pensar en una fruta a la que me recuerde esas serían las granadas, y un chico que por lo que entiendo es skypeano agitando sus alas. Toda la situacion me hace masajearme las sienes, desnudos, aparente enfermedades, y unos locos gritando otro corriendo con gente secuestrada ¿esta era la división 81? que gran forma de empezar el nuevo rumbo de mi vida.

Agradezco la presentación Spencer, pero presentarte básicamente semidesnudo no grita “confianza de mando” 

Señalé su torso descubierto y toda la situación en la que estábamos inmersos, aunque si hubo alguien que actuó como un adulto funcional, presentándose incluso cómo médico, quien tras un examen me solicitó si tenía alguna botella de agua o algo que sirviese como un hidratante. Gracias a dios la bolsa no se soltó de mi mano y las botellas se encontraban en ella, aunque no encontré precisamente una botella de agua, si le lance una de jugo.

Definitivamente un circo, el capitán no era capaz de encontrar una forma lógica de hacer las cosas sin importar lo que pudiese suceder con todos nosotros, en eso mismo el chico de las alas comenzó a trepara tras decir que subiría un momento, estaban todos absolutamente locos. Le pellizque levemente uno de los dedos para llamar la atención del gigante a la palma de su mano, y desde allí le mostré las bebidas y la comida. Usando básicamente lenguaje de señas intentaba decirle que frenara para buscar un lugar donde compartir esas bebidas y las comidas, aunque considerando el tamaño del hombre seguramente necesitaremos algo mucho más grande para poder satisfacer su hambre y sed.

Hey! ¡¿Quieres beber algo, o comer carne?!

Le hice las señas de abrir una botella para comenzar a beber, tras eso le mostré una especie de carne seca y la extendi lo que más pude para que la viera, si era de su agrado sabría que debía buscar para preparle.
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#20
El camino era ameno, la dirección era correcta y ante los ojos el gigante que no tendrían “palabras” lógicas, entendería que todos aquellos se divertían ¿habría raptado a los correctos? Seguro que si ¿Por qué no habría de haberlo hecho correctamente? Era la lógica egoísta de aquel que no entendía nada alrededor de su mundo, la verdad era la que el dictaba y no había ninguna otra que enfrentara esa postura. ¿Era solo? Quizá ¿era triste? Seguramente sí, pero ¿Cómo podrías convencerle de lo contrario? Si ni siquiera pudieses comunicar aquello que considerabas correcto.

Kaguya parecía llevar con calma el viaje, derrotada en la palma, de nuevo aquella dama ya en paños menores parecía realizar movimientos extraños que a ojos del gigante… seria “divertirse”.

Luego estaba el imbécil de la espada ¿Qué hacía? ¿Qué decía? Acaso no notaba que también estaba en paños menores y eso haría que Kaguya se asustara… Alex no lo planeaba, ni tampoco lo considero a buenas o a primeras… pero habido y aprovechando el “paso”, sacudiría un poco aquella palma, quería claro que aquel sujeto perdiera le piso y cayera… en la palma claro… pero ¿Qué se creía aquel sujeto diciendo el nombre del gigante? ¿Quién era? ¿Qué quería? Quizá… una sacudida le enseñe modales, claro… cuidando que nadie caiga y si así pasase, seria atrapado por la otra mano.

Habría uno, curioso, uno que decidiría “escalar” al muchacho, este si bien no era molesto, era raro… subiría a la cabeza del gigante y luego procedería a jalar algunos de sus cabellos, el intento era raro… soso… y ciertamente débil, Alex pensaría para sus adentros ¿Qué quería ese? Aquel pequeño genuinamente le daría curiosidad y por ello se sintió en la necesidad de hablarle, pero, aquella no era su naturaleza… el dijo algo, quizá para el gigante, lo hizo mientras jalaba algunos mechones… Alex… rio.

HUEHUEHUEHUEHUEHUEHUE RYU ! Que fais-tu, oiseau ? Je suis Alex Arceo, enchanté… Allons dans la forêt, où Kaguya et moi réglerons notre différend une fois pour toutes… à coups de poing… c’est le seul moyen de guérir ce genre de choses (HUEHUEHUEHUEHUEHUEHUE ¡RYU! ¿Qué es lo que haces ave? Soy Alex Arceo, mucho gusto… vamos al bosque, donde Kaguya y yo cerraremos nuestra disputa de una vez por todas… puños contra puños… es la única manera que se pueden sanar este tipo de cosas)

Diría tras una risa fuerte y perturbadora, los últimos… la rubia y la pelirroja eran las más curiosas, hacían cosas… y curiosamente todos tendrían muchas atenciones a Kaguya ¿Qué pasaba? Pero era pronto para saltar a conjeturas, el gigante era enorme y sus pasos largos, la distancia subjetiva avanzada había sido amplia, se veía como pasábamos cercanos al cuartel, pero no era la dirección a donde se dirigían… el bosque estaba directo hacia los pasos del gigante, estaban cercas del objetivo y no podría ser mas entusiasta al respecto, ¿Cómo sería la batalla?

Y entonces se revelaría el objetivó… solo Kagura conocería aquel lago, amplio libre y con un frondoso bosque a su alrededor, aquellos pasos terminaron cuanto más se acercó a la orilla y en aquella orilla, Alex se sentaría de piernas cruzadas…. mientras bajaba la palma a una altura tan “pequeña” que básicamente cualquiera que así lo quisiese… podría bajar.

Resumen
Pensamiento • Dialogo • Cronologia
[Imagen: LrdQgpv.png]
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