[Presente absoluto] Un alma revolucionaria [Grupal - Aventura T1]
#1
Día 2 / Año 11 / Primavera ⚟



¿El rey tenía chanchullos? conforme iban sucediendo las cosas es lo que pensé -Con tanto jaleo, hay que aprovechar, el panda parece estar más distraído que los demás- no podía olvidar, entre todo el alboroto de gente corriendo hacia el bosque, que Caló y yo estábamos en plena pelea, bueno yo, por qué el otro ya estaba con sus mierdas de médico empático. No sé como dios me había cruzado en el camino de Khruner, objetivamente si no nos conocieramos el estaría más del lado del panda, la cucaracha y la mujer pescao, que del mío. No quería pensar en eso, por qué me ponía pensativo, ese momento no requería de esas ideas, ameritaba que me centrara en los problemas actuales.  Al final era imposible obviar la migración y todos terminamos yendo isla a dentro. Unos cuantos se desperdigaron en casas perdidas por el campo, otros fueron visitando lugares conocidos, pero la mayoría que íbamos perdidos acabamos en mitad del bosque.
—  Como se puede complicar todo tanto —  Había guardado mi katana, me parecía obsceno ir con ella al aire alrededor de tanto niño. Intenté cruzar miradas con Derya, pero me fue imposible. También era casualidad encontrarla aquí, que todo se girara de esa forma, que pegase a mi puto oso.

Era imposible no escuchar algunos comentarios. Una mujer de cabello pelirrojo, rasgos gruesos, vestido azul y con una niña de no más de tres años en brazos.
—  Estoy cansada de esto ... —  Cayó al suelo — ¡No puedo más! —  Todos los presentes, unas quince personas sin contarnos a los relevantes, la miraron. Varios se aproximaron, pero la mujer estaba desquiciada, como si esto no fuera la primera vez que sucede.
—  Deysi déjalo ya, ya sabes que ...
—  ¡No! —  Le sirvieron una mano, pero la despejó con violencia. —  ¿Es que quieres criar a tus hijos así? por que yo no ... —  Miró a su hija. —   Mi dulce Joe ... Mi niña ... —  Los silencios en mitad del bosque eran estremecedores. Nadie respondió a Deysi, todos se sumergieron en un atronador mute que dejó florecer los sonidos ambientales. Gruñidos, siluetas gigantes apostadas en los árboles que no se dejaban ver bien.

La mañana había pasado, ahora tocaba la noche, sin hogar ni resguardo. ¿Dónde íbamos a ir? me preocupaba Khruner, de cumplirse lo que creía, el se vería ampliamente implicado, lo que le implicaría a él también, llevábamos varias semanas en la isla y sabía bien por qué nadie quería meterse en el dichoso bosque de noche. Una de las figuras que danzaban entre los árboles cayó en mitad de la escena. Era un gorila de unos tres metros, repleto de magulladuras por el rostro, sentí empatía con él, que remedio. En su propia caída había aprovechado para sujetar a uno de los niños por el brazo y lo estaba zarandeando, pero todo el mundo estaba en Shock. Cuando intenté sacar la katana e ir hacia él en un improvisado gesto de hermandad, volvió a dar un salto, perdiéndose entre la maleza. 

Los gritos de otra madre ahogaron la noche.
—  Tenemos que movernos o los siguientes seremos nosotros —  Hice espalda con Caló, para cubrirnos mutuamente.
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#2
No entendía la presencia de piratas en la isla, pero cuando se cruzaron a un grupo de civiles buscando refugio no pudo sino ir con ellos para ayudarles a escapar. Todavía no podía ayudarles de otra manera más eficiente. La marea migratoria iba casi sin un rumbo fijo. Lo único que estaba claro, es que el camino a seguir era aquel que más nos alejaba de los disparos y el barullo que los piratas armaban. De vez en cuando todavía se escuchaban disparos, pero conforme la tarde se apagaba en el horizonte, éstos se fueron espaciando cada vez más hasta que el sepulcral silencio era interrumpido por las ocasionales voces de los civiles fugitivos. El peliblanco conocido como Kova se había unido a la marea de gente, tal vez en un intento de ayudar, aunque Don Bambú no se fiaba demasiado de él. El panda decidió no prestarle tanta atención con la intención de percibir mejor hacia donde se estaba dirigiendo el grupo. Tenía la certeza de que estaban yendo en dirección oeste, pero el bosque sencillamente no tenía fin. La oscuridad era densa. Los árboles no permitían que la luz de las estrellas les llegase y la luz de los farolillos que llevaban era la suficiente solo para no tropezarse. De repente, el grupo se detuvo. Los sonidos del bosque se transformaron apagando todas las conversaciones y los dramas humanos. Un grupo de siluetas pertenecientes a bestias ocultas en la noche se apareció entre las ramas de los árboles, observándoles desde una altura prudencial.
 
Una de aquellas figuras entre los árboles se abalanzó sobre uno de los civiles y le agarró por el brazo. La bestia era un gorila de alrededor de 3 metros de altura, una mala bestia con magulladuras por toda la cara fruto de algún enfrentamiento. La víctima era un niño. —¡Y una mierda! —Don Bambú se lanzó sin pensarlo dos veces para placar al gorila, pero la bestia fue más rápida que él y de un salto se perdió en la maleza del bosque. Tenía ante él una decisión. Una decisión muy difícil de hacer. Si se lanzase a por la bestia aquella podría verse rodeado de malas bestias en cuestión de segundos, pero por otro lado, tenía la facultad para librarse de ellas en una situación desesperada. Los gritos de la madre le atravesaron el corazón como una espada. Se imaginó que era su madre la que gritaba y notó cómo algo buscaba emanar de sus ojos, pero lo contuvo con todas sus fuerzas. No era el momento de caer presa de viejos traumas, no. Don Bambú no tenía elección. Sus piernas empezaron a moverse sin él controlarlas y se lanzó hacia la misma maleza en la que se había perdido la bestia con un farolillo por delante. —¡Vuelve aquí! —Por suerte, los gritos del niño le guiaban en la oscuridad y solo necesitaba del farolillo para evitar tropezarse con raíces traicioneras. ¿Era Don Bambú más rápido que aquel gorila? Quizás mientras todavía llevase con él a la criatura. No sabía si podía ver su oscura silueta al final de su rango de visión o si era su cerebro jugándole una mala pasada, pero eso no le detuvo, la persecución no había terminado todavía.
 
 
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#3
El caos era demasiado intenso. Si no estabas lo suficientemente despierta, era bastante posible acabar perdido. Todo el mundo estaba chillando y corriendo. El resto de su grupo, si es que se le podía llamar así, acompañaron a los habitantes de la aldea en su huída al bosque. Pues ella no iba a quedarse sola ni de coña. Corrió junto con los demás, siguiéndoles el paso. Quizás allí, alejados del peligro, podrían pensar con más claridad, trazar un plan, esconder a los civiles... Algo. Pero parecía imposible que la situación fuese a calmarse, ni siquiera un poquito. Y a más inri, se había ido haciendo de noche poco a poco, sumado a la densidad de aquellos árboles que les rodeaban por los cuatro costados.

Todo el mundo estaba aterrado, era difícil no empatizar, que no se te contagiase el miedo e inundase tu cuerpo. Derya era fuerte, sabía mantener la calma en momentos complicados, pero tanto grito desesperado empezaba a ponerla de los nervios. Se hizo un moño despeinado. Sabes que una mujer está preparada para la acción si tiene hecho un moño.

Entonces se escuchó un ruido terrible, un gruñido de lo que era claramente una bestia enorme. Un gorila gigante salió de entre la maleza con una rapidez sorprendente, parecía impropia de su tamaño. Apareció y agarró de la pierna a un indefenso niño. El zarandeo que se propinó al pobre chico impactó a todos por igual. Pudo ver por el rabillo del ojo como Kovashi hizo el ademán de desvainar su arma, aunque finalmente no lo hizo. Enseguida hizo grupo con aquel oso marrón, pero no parecía con ganas de ir detrás del gorila. Todo lo contrario a cómo actuó panda, que en un abrir y cerrar de ojos salió corriendo en la misma dirección.

Derya se encontró a sí misma dudando por un momento. ¿Qué era lo que debía hacer? Ayudar al panda, igual que él la había ayudado o a ella, o quedarse allí por si aparecía otra amenaza. Le dio la impresión de que el panda podría con aquel gorila, igual simplemente por la ilusión de la altura, pues a pesar de que era un gorila mucho más grande que un gorila común, el panda le sacaba casi un metro. Y además, tenía un horrible presentimiento que le decía que si se separaba en aquel momento y en aquel lugar de Kovashi, igual no volvía a encontrárselo más. Y aquí se presentaba la dualidad y la hipocresía de la psicología humana. La había estado tratando como una mierda desde que volvieron a verse, y sin embargo, en lo más profundo de ella, sabía que debería de haber un error. Que todo era un malentendido, y que si se sentaban a hablar, la magia que sintieron cuando se conocieron volvería a florecer. En resumen, que estaba tan hecha lío que sus piernas no se movieron. Aunque sí que adoptó una posición defensiva. Al fin y al cabo, su cuerpo era su propia arma.
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#4
Tal y como pensaba algo estaba ocurriendo, pues la población fue hacia el bosque y muchas madres y padres con sus hijos pequeños corriendo atemorizados de lo que estaba ocurriendo, pero me daba la impresión de que no fuere la primera vez que esto ocurría en el pueblo sería que algo perturbador estaba ocurriendo aquí, el atardecer estaba terminando y con ella la noche empezaba, el bosque se hacía casi imposible para mí, pues aumenta un poco más con que se había hecho de noche.

-Dime que esto no está pasando, se puede tener más mal fario ¡Andeve!- Mi falta de orientación se agudizaba y ahí sí que no tenía nada que hacer, empecé a golpearme de forma lógica en mi cabeza por ser como era, -siempre tendría que depender de alguien para no perderme o no caerme o leer?- pensé para mí, pero justo en ese momento sentí la presencia del que nunca me fallaba y quizás de para mí la única familia cercana para mí, mi espalda chocó junto con otra espalda, gire mi cabeza y si ahí estaba era el Kova, no os miento si os digo que una lágrima salía de mis ojos y no era extraño que pasase eso pues… 
-¡Palikerav tuke!, hermano- mis energías y ganas de ayudar volvieron gracias a su simple presencia.

Pero de repente un gorila de la misma altura mía más o menos apareció de un árbol y cogió a uno de los niños y con él se metió entre los árboles, mire a Kova y vi que detrás de nosotros estaba la chica de antes, que no me había olvidado por el momento de ella, pero estaba seguro de que algún día la iba a recordar, y por mi lado con una velocidad consideradamente rápido para el tamaño que tenía era el panda que iba tras el gorila no sabría que decir, pero si hacer, mire a Kova y le dije
 - Nos vemos, ¡tut kamav!- por alguna extraña razón siempre que tenía algún momento de tensión y donde hubiese un peligro me salió hablarle como mi idioma nativo, sin pensar me dirigí detrás del panda para ir tras el gorila si le seguía y con la ayuda de mi oído seguro que no me perdería.

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#5
Y cuando por fin pensó que se saldría con la suya y tendría un poco de acción todo se fue al carajo cuando una increíble cantidad de personas se veía venir desde la ciudad, no se preocuparon siquiera por el grupo de personas extrañas, los ignoraron y continuaron su paso hasta que se vio como varios se fueron internando en el bosque, Baraqqiel esperaba a que los criminales se aparecieran y por fin en compañía de Don Bambu encargarse de ellos aun si no era su deber, pero cuando viro el rostro para dedicar una mirada a su camarada, enseguida sus ojos contemplaron como este se alejaba internándose al bosque detrás del tumulto de gente, lo mismo aplicando para los otros extraños y sin más remedio tuvo que seguirles la corriente. Fácilmente pudo haber desplegado sus alas, emprender el vuelo e informarse desde las alturas sobre la cantidad de atacantes y por donde venían, pero usar sus alas nunca se le atravesó por la cabeza en ese instante.

Con el sol ocultándose las sombras de los arboles incrementaron su tamaño, el sonido de los grillos y cigarras se enmudeció cuando el de los pasos desordenados lo opaco, todos corrían despavoridos seguramente pensando que al desplegarse así tendrían más oportunidades, pero en la oscuridad de la noche y en un bosque las opciones de vivir se reducían y solo la suerte podría salvarlos, pues las probabilidades de que murieran bajo el yugo de algún animal salvaje o la casualidad de un accidente incrementaba. Y dicho y hecho, luego de avanzar entre la maleza durante un rato todos se detuvieron cuando un sonido proveniente de las ramas de los arboles inundo el espacio, instintivamente los ojos del lunarian se elevaron para situar al responsable, pero sus ojos lo único que percibieron fueron sombras amorfas de inmenso tamaño, que logro medio identificar cuando una de ellas descendió frente a ellos…- Piratas por un lado, gorilas por otro, a veces tengo que tener cuidado con lo que deseo – Claramente se refería a su deseo por conseguir acción, durante varios días estuvo buscándola pero solo bastaba con esperar para que se presentara.

Así como el animal llego se desvaneció, pero no sin las manos vacías, sus características físicas le facilitaron el agarre de un infante que sin problemas manipulo a su antojo y con agiles movimientos se perdió entre la maleza escuchándose el ruido de sus pisadas al irse abriendo camino y el de los gritos del chiquillo que de vez en cuando se ahogaban por el tremendo zarandeo al que se le sometía…- ¡ESO! ¡YO TE SIGO! – A diferencia de Don Bambu, Baraqqiel era impulsado por el deseo de conseguir en que entretenerse, muy poco por el de ayudar al infante, pero si podía cumplir con su deseo y encima hacer algo bueno, todo mejor. Sin dudarlo se lanzo a seguir a su compañero revolucionario, trazando el mismo camino que el había tomado.
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#6
— ¡Donde vas pedazo de idiota! — Llegué a decir cuando Khruner abandonó nuestra formación. Lo peor no fue eso, lo peor es que con el se marcharon varios. ¿Es que nadie pensaba un poco? se había llevado un niño el gorila ese, vale ¿pero y los niños que quedaban aquí? ¿y todos los demás? — Te has juntado con gente un poco gilipollas — Le comenté a Derya, la única con un poco de cabeza a mi parecer. — Bueno y yo ... — Eso lo susurré para que nadie pudiera escucharlo, giré incluso la cabeza, escupiéndoselo a otro niño que me miraba. Le enseñé la lengua y se marchó. Se me daba bien asustar a niños, una cualidad para la que uno no está preparado. 

Con el ajetreo de los que se fueron, todos, por inercia empezamos a hacer piña. Menos mal que estos si sabían cómo tenía uno que defenderse cuando no ves una puta mierda, es de noche y hay potenciales enemigos por todas partes. Yo me las apañé para hacer cuerpo con Derya, su brazo y el mío se tocaban, estaba a mi derecha, prefería tenerla cerca a ella y no a gente que no conocía de nada.
— ¿No te parece un lugar parecido a la cueva en el mar?— Los sonidos ambientales se podían ver de dos maneras; pájaros cantando a la melodía que ofrecía la noche o aterradoras aves gigantes esperando el momento de cazar el alimento para sus crías. La suerte o desgracia de poseer ciertas habilidades ofensivas y defensivas, es que uno se solía confiar, dándole poco valor a momentos así. 

Una de las mujeres del grupo encendió una antorcha, vete tú a saber con qué, porque no pude verlo. Estaba demostrando tener más iniciativa racional que muchos. Se sentó junto a su hija, resultó ser la misma mujer que sufrió aquel ataque de pánico, tenía tres críos, todos a su lado como una pequeña manada y casualidades de la vida, me tocaron al otro lado. Derya por un costado y ellos por el otro. Formábamos un círculo un poco uniforme, pero servía para protegernos.

La mujer Intentaba anclar la antorcha en medio del círculo para que la luz les llegara a todos por igual, un bonito acto de empatía. No lo pensé ni un momento, se la quité de las manos con poca delicadeza, eso llamó a ojos atentos que no se fiaban ni un pelo de mí ni de mi rostro. Clavé con fuerza la antorcha por la mujer, lo que calmó los ánimos. Bajó su cabeza, muestra de agradecimiento ante mí. Me encantaba que me mostraran respeto, era una filia o algo, es que me gustaba mucho. Pasé mi dedo índice por el fuego, robándole parte de su poder. Pequeños cuadraditos de fuego del tamaño de una pulga se formaron en mi mano. Jugaba con ellos, atrayendo así la mirada inocente de los niños, que por primera vez en varias horas mostraron amplias sonrisas.
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#7
La presencia de raíces y maleza en el bosque se acentuaba cuanto más se adentraba el panda en territorio salvaje. Debido al gran tamaño del mink, Don Bambú se iba chocando todo el tiempo contra ramas y árboles, pero no frenaba su avance bajo ningún concepto. Con las raíces fue más cuidadoso, ya que tropezarse en plena persecución implicaría perderle la pista a la bestia. Tras varios minutos de correr, Don Bambú pudo ver claramente la figura del gorila, que se desplazaba con agilidad, pero se veía frenado por el niño que llevaba en su mano. El gorila, al ver que estaba siendo alcanzado, decidió lanzarse a trepar un árbol enorme con suma facilidad, sin duda confiando en que la altura le diese ventaja sobre el oso que le perseguía. Aquella decisión fue, sin embargo, un error. Don Bambú se lanzó al árbol y clavó en él unas garras medio cubiertas por el pelaje de las manos que solo podrían identificarse si se prestase atención. Con ayuda de estas garras, el panda comenzó a trepar el árbol como si fuera una superficie horizontal más, a penas variando la velocidad de su marcha y superando la altura del gorila en la escalada. Sin embargo, en lugar de seguir trepando, se soltó del árbol y giró su cuerpo 180 grados para encontrarse de cara con la bestia. Apretó con fuerza su puño derecho, tensó los músculos de su brazo y descargó sobre la cara del gorila el golpe más potente que pudo. La potencia fue tal, que el animal se precipitó hacia el suelo y tuvo que soltar al niño, ya inconsciente y magullado, para intentar sujetarse al árbol en plena caída y así amortiguar el impacto. Don Bambú aprovechó ese instante para impulsarse en el tronco del árbol hacia el civil y recogerlo entre sus brazos en pleno ahora, dándose la vuelta para impactar con su cuerpo contra el suelo y desde una altura de cinco metros.
 
El golpe no fue tan espectacular como se suele contar en las historias. No hubo grandes cráteres ni sonidos atronadores que resuenan en medio bosque. La verdad es que el cuerpo del panda golpeó el suelo con un sonido seco que a penas se escucharía a unos metros y levantó una humareda de polvo y tierra no muy densa. La caída no le hizo daño real a Don Bambú, aunque hubiera podido pasar el día sin experimentarla. Se levantó inmediatamente protegiendo a la criatura entre sus brazos y miró a todas partes buscando al animal. La oscuridad del bosque le devolvió la mirada. En algún momento de la acción, se le había caído el farolillo al suelo y se había apagado de golpe. No veía casi nada.
 
Unos gruñidos le indicaron que el animal se estaba levantando y que iba a ir a por él. —Ah, sí, esto va a ser problemático —Se dijo el panda a sí mismo.
 
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Daño relativo que le haría mi ataque = 30 (fuerza) + 30 (técnica) - X (su resistencia) = 60 - X

[tecnicainvalida=cac101]
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#8
Empecé a correr persiguiendo al panda alias er Richard, la noche se hacía cada vez más oscura, veía que el panda iba saltando y yo iba copiando hasta cierto punto pues… -¡Me cago en los muertos del gorila!- me tropecé con una de las ramas de los miles de árboles que había allí en el bosque, ese haciéndome rodar y perdiendo de vista al panda, -pues ahora sí que la hemos liado- me levante de suelo y mire al frente o lo que yo pensaba que era el frente, no se veía nada y entre el ruido de la multitud no había nada que me hiciera decir por ahí o por el otro lado.


-Mierda y ahora para donde tiro?- cerré los ojos y empecé a respirar poco a poco controlando mi respiración y pensando que es lo que haría mi hermano, lo más seguro es que él iría en la dirección correcta, pero yo no sé cómo ir porque siempre me estoy perdiendo por la vida y por el camino mismo, mientras me concentraba. Escuche un gran golpe a unos pocos metros de mi, por la izquierda, como si una batalla hubiera empezado, abrí mis ojos - bien ya os encontré- corrí hacia el ruido que sonó, como si alguien hubiese golpeado a alguien y al oír los gritos del niño diría que el panda le pegó primero al gorila. A medida que iba me encontré a un costado del panda junto con el niño, y con unos gruñidos que venía por mi otro costado, pues el panda no podía hacer nada, ya que estaba agarrando al niño con sus fuertes brazos, pues no me queda otra que actuar pensé, -¡Panda encárgate del niño!- Me puse de cuclillas con la mano izquierda tocando el suelo con solo 3 dedos, y mi otra mano agarrando la lanza con toda mi fuerza, mi cabeza miro al gorila que ya se dirigía hacia nosotros, mis piernas se convirtieron en muelles, con mis tres dedos me fui impulsando, cuando todos los muelles de mis piernas se juntaron y ya no tenía más espacio para impulsarme, me lance hacía un árbol que se encontraba a 3 metros y así rebotar con mas fuerza hacia donde estaba el gorila con mi lanza que se encontraba a 5 metros de distancio con el árbol hacia el pecho del gorila -¡Deja en paz al puto crío come mierda!-


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Torpe -3
Torpe -3
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#9
- Pues ya ves. - Le respondió con un suspiro. Se relajó poco a poco, estirando las rodillas flexionadas, corrigiendo la postura. - Panda podría con ese gorila él solo. - Giró el cuerpo para mirarlo frente a frente y fue acercándose a él. Lo pensaba de verdad, parecía más que capaz. Aunque mirando el lado bueno, igual si eran tres acabarían antes con aquel monstruo, y antes podrían volver a estar todos juntos. El resto también parecían fuertes, o quizás la palabra intimidantes era más apropiada. Menos el oso, Derya no quería ni pensar en ese oso.

Kovashi tomó la iniciativa para que hicieran piña. No solo ellos dos, sino que poco a poco, todos fueron agrupándose. Había toda clase de ruidos ambientales. Es lo que tenía el pleno bosque. Todos los ruidos y sonidos daban miedo, la oscuridad lo vuelve todo mucho más tenebroso de lo que es realmente y la imaginación te juega malas pasadas. Ella ya estaba acostumbrada a esta situación. Al fin y al cabo, el fondo marino es un lugar aterrador, si quieres pasar la noche ahí y dormir bien, tienes que aprender a obviar muchas de las cosas que oyes.

Le miró, estaba sentado a su izquierda y sus brazos se tocaban. La joven sonrió al notar su calor, pero sobre todo al escuchar sus palabras. - Aquello era un poco más acogedor, ¿no crees? - Notó un resplandor, giró el rostro para ver lo que sucedía. Una mujer había tomado la iniciativa y había encendido una antorcha. Otras personas más siguieron sus pasos, la luz tranquilizaba los nervios y podía ahuyentar a algunas bestias también. Aunque Derya prefería no acercarse mucho, se le secaba mucho la piel.

Empezó a notar de nuevo aquella odiosa sensación. Siempre empezaba igual, como una punzada leve y aguda en el centro de la frente. Aquella horribles migrañas. Cuando se bañaba se le pasaban y aquella pausa le duraba unas cuantas horas, pero siempre volvían. Quizás un médico podría ayudarla, aunque ella en el fondo ya sabía que era algo crónico, que nunca desaparecerá del todo. Estaba sacudiéndose ligeramente la cabeza y finalmente se sujetó la frente con la diestra, apoyándola en la rodilla izquierda. Así podía ver lo que Kovashi hacía. Ayudó a colocar bien la antorcha en el suelo y luego hizo algo gracioso con los dedos. Pasó el índice por el fuego y de entre sus manos empezaron a formarse pequeños cubitos rojos. Los rodaba entre sus dedos y empezó a llamar la atención de algunos niños. A ella le llamó mucho la curiosidad. - ¿Dónde está el truco? - Preguntó sonriendo. Tenía que ser eso, un truco de magia que conocía para entretener a los niños.

Un enorme pinchazo en la frente. - Perdona, tengo que levantarme un segundo. - Dijo, disculpándose con Kovashi y poniéndose en pie sin esperar a su respuesta. Se acercó a un árbol a unos cuantos metros sin dejar de sujetarse la frente la cual reposó sobre aquel árbol cuando estuvo lo suficientemente cerca. - Me cago en todo... - Estar tranquila le ayudaba a controlar los dolores, pero no estaba para nada tranquila.

Cita:Karmas utilizados:

Doliente: Migrañas.
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#10
Cuidaba por donde andaba ya que de caer perdería el rastro de su compañero oso, movía con los brazos que llevaba al frente la maleza y las ramas de cualquier árbol que pudiera encontrarse en su camino, y con fuertes zancadas disminuía drásticamente la distancia que le separaba de su aliado y el gorila que por el rapido andar que le impulsaba parecía abandonarlos cada vez más, en el peor de los casos tendría que desplegar sus alas y utilizar sus destrezas físicas para colarse entre los arboles en pos de alcanzarlo, pero no hizo falta que lo hiciera, todo termino cuando el secuestrador hizo a trepar un árbol con el niño en un brazo. Baraqqiel se quedó inmóvil al presenciar la increíble habilidad con la que Don Bambu trepaba, en tan solo unos segundos alcanzo y rebaso al antropoide, quien al verse acorralado dejo caer al niño y en una escena sacada de un cuento, el panda golpeo al captor y rescato al infante cayendo al suelo, protegiéndolo con su cuerpo.

- ¡Ahí viene otro! – Uno atacando a Khruner y otro llegando por su costado, el infame revolucionario no tuvo otra opción que actuar como si estuviese protegiendo al primer mencionado, emocionado se lanzo al ataque esperando el manotazo del animal que aunque grande no le ganaba en altura, el lunarian elevo el diestro y con el antebrazo se protegió el rostro deteniendo el golpe…- ¡Es mi turno! – Exclamo con fuerza resonando su grito entre la maleza, el revolucionario formo un puño con su mano diestra y lo lanzo contra el chipo de su adversario, impulsándose con las rodillas y dejando ir en el puñetazo el peso de su cuerpo, de ese modo cuando el ataque asesto en su objetivo este no pudo evitar comenzar a liberar sonidos que se asemejaban a chillidos…- ¡¿Eso es todo lo que tienes!? – En pleno éxtasis volvió a atacar lanzando una patada recta con la diestra, así con la punta de su bota impacto contra el enorme torso, el animal era resistente pero no lo suficiente como para que el golpe no lo pusiera de rodillas, parecía ser que tanto en el reino animal como en el humano las cosas no eran muy diferentes, se alzaba quien tenía más fuerza y en ese caso no solo Baraqqiel demostraba dicha cualidad.
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