[Presente Relativo - Entrenamiento] ¿Es ese Kisuke Kageyama? Ah, no, no es.
#1
Día 27 de Invierno, Año 17
23:47

La fortaleza revolucionaria de Báltigo enmudecía paulatinamente según la medianoche se acercaba. La luna, casi llena en todo su esplendor, iluminaba a través de los ventanales el pabellón de entrenamiento número 8, donde a estas avanzadas horas de la noche no había nadie. Nadie, claro, excepto una persona.

Don Bambú no era un mink trasnochador, pero de un tiempo a esta parte le había estado agobiando el bullicio de la fortaleza. Había mucha gente, demasiada, y aunque todos ellos eran revolucionarios de buen corazón uno necesitaba su propio espacio. O por lo menos su propia cama. Los catres estaban a rebosar aquella noche y aunque el mariscal podría tirar fácilmente de galones para hacerse con una cama para él solo, no le parecía justo privar a un pobre recluta de su sueño reparador en propio beneficio. Tampoco tenía sueño. La cercanía de una luna llena se lo arrancaba despiadadamente, dejándole una sensación de intranquilidad sobrenatural. El sulong le llamaba, pero no era el momento ni el lugar de dejarse llevar por sus instintos más salvajes. Debía guardar las formas y la compostura si no quería dejar en mal lugar al Ejército. Había, además, otras formas más productivas de liberar el estrés. En aquellos momentos Don Bambú se encontraba entrenando. Era tarde, sí, y los pabellones estarían normalmente cerrados, pero hacer uso de su elevado rango en aquella ocasión no podía causarle daño a nadie, ¿verdad?

El sonido del hierro contra el hierro inundaba la extensa sala. En cada brazo, Bambú portaba enormes barras de metal rebosantes de discos de hierro con cifras absurdas escritas donde debía indicarse el peso. El sufrido metal se combaba al soportar la pesada carga de 800 kilogramos que llevaba cada una. Dejar caer una de aquellas barras causaría tal estruendo que despertaría a media base revolucionaria sin lugar a dudas. Pero el panda no las iba a dejar caer. Las levantaba con ligereza, a penas estresando los músculos de sus brazos y sin resollar siquiera ante la falta de esfuerzo por su parte. Aquello era más bien un calentamiento, si era digno de tal nombre. —Podría ir al pabellón de al lado a por otro juego de discos... —Se lo planteaba, de verdad que sí. Sin embargo, no quería importunar una segunda vez al mozo de las llaves. —Bueno, mejor no, me apañaré con esto. —Cerró los ojos suspirando, llevando su mente por otros derroteros para no pensar en el ejercicio que estaba haciendo con el fin de no aburrirse.

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#2
Atributos Personaje


Era una noche bastante triste para el niño, pues justamente hacia no demasiado había tenido que resignarse a dejar marchar a su compañeros, en parte estaba tranquilo puesto que sabía que se iban con personas muchísimo más fuertes, además de que su deseo de proteger a su compañera Shirohime iba a estar mucho mejor cuidado que con el, aún así, era confuso para el infante que las únicas personas por las que tenía sentimientos de cercanía fueran a estar tan lejos, su hermano mayor…¿Dónde estaría ese hombre? Solo lo lograba ver en fotos de recompensa y sus nuevos Nakamas los cuales quería tener bajo su protección…seguramente la próxima vez que les viera ya no sería un niño y la pubertad lo habría atacado.

En fin, no le quedaba de otra más que aceptar la situación, realmente no era tan mala, de hecho lo había dejado bien parado, lo que había dicho de ser el líder de un escuadrón se había cumplido, ahí se dio cuenta de él poder que tenía la palabra y la ley de atracción.

-(seré muy fuerte!)

Pensó el joven pues sabía que las situaciones no estaban bajo su control debido a su falta de capacidades actual. Eso, lo ponía realmente incómodo.

El joven ya había testeado al nuevo capitán de sus compañeros, de hecho tenía un par de vendas y tiritas por el cuerpo por lo mismo, él no era consciente de la magnitud y el peso que tenía su situación, de hecho era una persona con muy dichosa de hallarse en ese lugar y haber tenido la oportunidad de conocer a las grandes ligas.

El infante, no obstante, no estaba del todo conforme, por ello, en una de sus paranoias decidió indagar más, por ello, observaría al hombre panda (el cual le parecía fascinante pues siempre tuvo una debilidad por los seres extraordinarios animaloides y más teniendo en cuenta que era un panda) con una leve sonrisa, justo lo pensó hacia un par de días “que era mejor que un hombre cerdito? Solo un hombre panda” y si, existía.

El niño arqueó su ceja derecha para luego arquear la izquierda. Le habría robado al amo de llaves las llaves, por lo que estaría observándole des de la ranura de la puerta.

El niño vio al tipo mover como si nada aquellos pesos. ¿Realmente estaba moviendo el peso que ponía? Eso era increíble, seguramente el niño no sería capaz ni de oler ese peso sin hacerse una hernia.

El joven empezó a analizar el terreno. Una sala  de 70 metros de ancho x 100 de largo. Muy espaciosa…habían máquinas de ejercicio, pesas, esterillas, también habían muchas muchas cajas, al parecer todo este material acababa de llegar para que los presentes de la reunión pudieran aprovechar el tiempo pero…mucho de esto se lo iban a llevar. La luz era tenue…las cajas oscuras. Aquel sitio era agradable para el niño. Además, habían espejos pero no demasiados, eso era interesante.

El niño realmente quería entrenar con el panda...pero era tímido y le daba mucha vergüenza pedírselo, no quería que lo confundiera con un fan.


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#3
Bambú se había abandonado a sus ensoñaciones más profundas. Con los ojos cerrados, en aquel pabellón de entrenamiento, levantaba sin pensarlo aquellas pesas improvisadas una y otra y otra vez. Por su cabeza pasaban las caras de los miembros más recientes del escuadrón al que él pertenecía. Berry, Shirohime, Dean y Kelvin. Hacía ya día y medio que había revisado todos los informes con Kisuke y habían concluido que eran los más adecuados, aunque a decir verdad, había muchos candidatos con un enorme potencial. El secreto era que no había una decisión incorrecta y que en manos del comandante y del mariscal, cualquier joven promesa podría convertirse en una figura relevante para el Ejército. Una sonrisa cruzó su rostro ante la mera idea de haber llegado tan lejos. Se vio a sí mismo, un joven panda con unas ideas muy claras pero poco más que eso en su primera misión. Aquel fue el día que obtuvo su misterioso poder, el cual había estado descuidando últimamente en pos de potenciar sus atributos espirituales. Se acercaba el momento, sin embargo, en el que tendría que volver a dedicarse en cuerpo y alma a potenciar los poderes de su fruta del diablo: la Oshi Oshi no mi.

Pero aquel no era el momento. No quería causar estragos en la base revolucionaria sin necesidad. —Bueno, con esto no hago nada más. —Dobló su espalda ligeramente, flexionando sus enorme piernas para bajar poco a poco las barras de metal que llevaba en sus manos. El suelo hizo un sonido preocupante cuando el panda depositó las pesas en el suelo, pero por suerte no se cargó la tarima y pudo proceder a desmontar las pesas de la barra y a ordenarlas por tamaños y peso en el suelo al lado de las barras, ahora desnudas. Una vez todas estuvieron ordenadas, el panda las fue llevando por grupos a sus respectivos hogares, no muy lejos de la puerta desde la que le espiaba un jovenzuelo al cual no podía ver ni sentir. No se imaginaba siquiera que alguien pudiera estar espiándole a esas horas de la noche, de modo que no se molestó en activar el Kenbunshoku. Una vez las pesas y las barras estuvieron colocadas donde debían, el panda regresó a su esterilla y empezó a hacer abdominales, ejercitando el vientre sobre el que tenía una terrorífica cicatriz relampagueante, recuerdo de su pelea con Nottingham.

Tal vez si seguía así, podría empezar a sudar un poco.

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#4
El niño no sabia como podía pedirle un entrenamiento al joven panda, este, no se había percatado de su presencia lo cual le hacia sentirse orgulloso de  si mismo. Cuando vio que el panda se acercaba lo entendió, lo mejor era la terapia de choque. Así mismo, el niño, en cuanto el panda dio la espalda estando as la distancia mas próximo (5m) el infante se desplazo lo mas rápido que pudo a por el mismo, mientras se abalanzaba a el mismo tras abrir la puerta sin hacer ruido buscando que el único ruido que se escuchase fuera el golpe en su pierna, el niño desenvaino su mangual de manera ascendente, buscando impactar al oso panda en su pierna mas próxima (al estar de espaldas seria la izquierda) el niño estaba testeando, el panda seria capaz de prevenir su ataque? o debido al despiste lo lograría impactar? el niño siempre fue muy chismoso por lo que sabia perfectamente de las hazañas que aquel hombre había logrado, si lograba si quiera tocarlo seria un honor para el. 


Impactaba o no, el joven trataría de tomar algo de distancia, aquel ataque sorpresa fue su saludo. El niño lo miro sin ninguna expresión en su rostro, tenia fe de que entendiera que lo que quería era entrenar con el, esperaba que no se lo tomara como un atentado sorpresa por que era obvio que no era un traidor ya que los habían investigado lo suficiente como para saberlo. Esta toma de distancia puede variar en función de lo que haga el contrario, pues, si era atacado probablemente el comportamiento fuera otro.

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[Imagen: FVeewks.jpeg]
#5
Completamente centrado en sí mismo, el panda ni siquiera se percató de que la puerta se había abierto sigilosamente mientras él colocaba los discos en su sitio. Tampoco se dio cuenta de que un niño se aproximaba a él con plena intención de sorprenderle con un ataque el cual Zorak podría llegar a halagar, siendo como era su personalidad. Las cadenas del mangual emitieron un tintineo al final de su viaje, cuando habiendo favorecido la propulsión de la esfera metálica que sujetaban en su extremo, descansaron como descansó el hierro sobre la parte anterior de la pierna izquierda de Bambú. El enorme mink panda, la víctima de este brutal ataque, ni siquiera sintió el golpe. Para él fue como si una mano se depositara con gentileza sobre su pierna, tratando de llamar su atención. Sorprendido por esta circunstancia, se dio la vuelta para encontrar a Kasui con las manos en la masa, tratando de alejarse del mink tras el crimen perpetrado. —Te vas a hacer daño con eso, pequeño asaltante, honhonhonhon. —Se reía a pesar de todo. No era el tipo de persona que por su cargo considerase que los demás le debían rendir pleitesía o siquiera tenerle miedo. Tenían que llamarle mariscal, eso sí, que para algo se había ganado el rango. Mariscal Bambú. Qué bien sonaba. Sólo Kisuke podía llamarle peluchito.

—Observo que te alejas de mí. ¿Intentas tomar distancia? Es una decisión sabia por tu parte, pero te mueves muy lento. Digamos, sin embargo, que tu enemigo es más lento que tú. Ahora te está mirando directamente y tú, joven observador, te habrás dado cuenta de que tiene algún que otro punto débil. —Se acercó un paso hacia el muchacho, acortando la distancia que los separaba a un metro, más que suficiente como para que el muchacho tuviera al alcance su objetivo. Sus manos se apoyaron sobre sus caderas y descansaron sobre ellas dejando los brazos flexionados en posición de asa de jarra. Ambas piernas se flexionaron tímidamente, bajando un poco la altura del vientre del panda para que el muchacho pudiera alcanzar con mayor facilidad su punto débil. Una tímida invitación a continuar golpeando, a darle con su mejor ataque y a demostrar lo que sabía hacer.

¿Qué sabía hacer?

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#6
El infante lo habría logrado, había impactado. No le había hecho nada de daño pero lo había alcanzado por sorpresa, a un hombre como el…instantáneamente lo pensó, si alguien de su nivel, prácticamente una leyenda Víva, un mariscal, un ejemplo para el resto de revolucionarios no había visto venir su ataque…la gente de su mar lo iba a tener muy complicado con el, aquello despertó cierta llamita en su pecho, cierta fuerza de voluntad. Des de que había salido de aquella reunión notaba que su voluntad estaba encendida en fuego…¿quizá por ello se sentía más fuerte que nunca? ¿Acaso gente externa le estaba empezando a servir de motivación?  A decir verdad todo esto era demasiado trato social para el joven, no estaba entendiendo mucho pero de momento no le desagradaba tanto.

El niño, vio que el mariscal había contemplado bien sus intenciones, al parecer ambos salíamos ganando, yo entrenaba con uno de los seres más fuertes que había visto nunca y él entrenaba a un pececito de los blues lleno de talento.

Para cuando el oso le había dicho aquello, el niño ya lo estaba analizándo, de hecho ya había visto su cicatriz, pero no esperaba que le diera pie y invitación a usarla en su favor. El niño  asintió con la cabeza y se movilizó nuevamente hacia el oso, con su mano izquierda en el mango de su mangual este dirigió un movimiento descendiente hacia sus pies, en el último momento, justo antes de llegar, aprovechó su pie izquierdo para que al dar un paso este fuera a la derecha, un tranco distanciado de la anchura de su hombro derecho, esto lo haría para coger impulso con otro paso de su pie derecho el cual lo colocaría y de frente tras acompañarlo con un movimiento de cadera, movimiento el cual, aprovecharía la rotación de sí mismo para llevar aquel mangual hacía el ojo del hombre panda, ojo el cual tenía una cicatriz y podía ser el punto débil al que se refería. Conocía de alguno que era débil en sus cicatrices pues dicen que las cicatrices son 3 veces más sensibles que la piel normal. ¿Era verdad? Ni idea. Pero probaría la teoría, de todas formas parecía que el mariscal estaba dispuesto a recibir golpes, de todas formas no le iba a hacer mucho daño.

A todo esto el niño no nombraría una sola palabra, le daba mucha vergüenza, más sabiendo que lo primero que iba a decir era un insulto y no quería ser desagradecido y insultar a su superior cuando este le está dejando entrenar con él a pesar de la diferencia de capacidades.

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#7
El muchacho parecía entender las palabras de Bambú, pero se negaba a corresponder con una respuesta verbal. ¿Sería mudo? ¿Cómo se llamaría? Lentamente, a ojos del panda, el niño empezó a realizar complejos movimientos con el mangual. Verdaderamente debía de sentirse cómodo utilizando aquella pesada bola de hierro enganchada en una cadena. Lo movía como si formase parte de su naturaleza, pero no lo hacía rápido ni con excesiva finura. No le costaba seguir sus movimientos, pero no se movió para evitarlos. El niño había identificado que uno de los puntos débiles del panda se encontraba en la cicatriz de su ojo, aunque le hubiera resultado más sencillo impactarle en el vientre si lo que quería era aprovecharse de una herida del pasado. De nuevo, el metal del mangual impactó contra la piel del panda, puesto que este no se apartó. Un agudo tañido inundó la sala en la que se encontraban y cuando la esfera se retiró, el panda seguía intacto. —Te falta fuerza, chico. ¿No tienes ningún movimiento especial? —Podrían parecer duras palabras, pero eran honestas. —Una técnica, una habilidad única. Algo que te haga apretar las nalgas y gritar a toda voz, como suelen hacer algunos, y te de fuerzas al hacerlo. —Esperaba que el muchacho reaccionase a sus palabras. Quizás fuera demasiado joven como para haberse desarrollado a ese nivel, pero quería saber si podía dar más de sí.

—Y no hagas movimientos tan complicados, que te ven venir. Tienes otro punto débil aquí, mira. —Se señaló el vientre, donde la cicatriz que le dejó Nottingham se dejaba ver por entre el pelaje natural del mink. —Golpéame aquí con todas tus fuerzas y, de paso, preséntate o algo. Yo soy el mariscal Bambú. ¿Y tú quién eres? —Hablaba con claridad y de forma directa con la intención de espabilar al infante, a ver si así se animaba a responder.

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#8
El golpe había impactado, sus cálculos habían fallado pero el hombre no se apartó, el joven atónito, observó que no le había hecho  Ni un solo rasguño a su oponente de entrenamiento. Aquello era increíble, nunca había golpeado a alguien con todas sus fuerzas y se la había pelado tanto.

El joven miró al mariscal y escuchó todo lo que dijo, entendiendo perfectamente lo que este le decía y asintiendo. Al parecer, estaba obligado a hablar. Por ello dio un par de pasos hacia atrás retomando 2m de distancia. No sin antes, darle un breve toque con su dedo índice derecho en la zona más próxima de su cuerpo, esto para notar el tacto de su piel pues, sería tan dura como el acero? O por que no le hacía nada? Un poco más y se rompía su arma.


El niño se alejó y miró a su superior, el joven escuchó todas sus palabras y suspiro pues sabía lo que se venía.

El niño quería contestarle sin insultarle pero, su síndrome de tourrete siempre estaba activo para hacer las cosas más incómodas. El niño agitó si brazo derecho como si fuera un pollo intentando despegar, sacudió su cabeza involuntariamente y tras una crujidita de cuello tontorrona movió su cabeza de un lado a otro y acabó iniciando su respuesta con un insulto.

~~ajá. Pu-puto peluche. ¡MPH!

Tras decir aquellas palabras el infante  usó su mano derecha para taparse la boca con un notorio sonrojo en aquella pálida piel dejando salir un pequeño ruido que denotaba que había sido en contra de su voluntad.

Tras aquello él niño suspiró y dijo.

~~Di-disculpa… no quería insultarlo señor mariscal, ajá. Si, se hablar. No, no tengo ninguna técnica desarrollada aún…estoy planteándome alguna.

El niño se acordó de su poder de su fruta y dijo

-Ajá! Ah si, tengo un poder súper chuli.

El niño, tras esto, guardó su mangual y hizo la metamorfosis de su fruta para acceder a su forma híbrida de spinosaurio. Pasando a medir tres metros de alto, esto le llevaría un buen rato, de hecho seguramente para el mariscal era lentiiiisimo. El infante, tras acabar de transformarse, como seguramente no sería para nada interrumpido, aprovecharía para decir lo siguiente.

~~También puedo hacer esto! Ajá!

El joven niño dinosaurio se llevó la mano a su larga y potente cola (de dinosaurio) y la arrancó empleando su fuerza, ante esto no mostró ni una sola señal de dolor, independientemente de si lo sentía o no, aun que la imagen podía ser algo grotesca.

El niño sacó su cola pasando esta a ser una especie de espada/abanico de 6 metros de diámetro la cual empuñaría para alzarla en frente de su superior con una notoria expresión de curiosidad.

~~Pero esto aprendí a hacerlo ayer… por eso no sé usarlo todavía jeje, ¡ajá!

El niño frunciría el ceño pues no sabía si el mariscal lo iba a juzgar por sus tics nerviosos, esa sería una situación donde pensaría “a veces me gustaría ser un niño normal para no quedar así” pero, no era conciente de que al igual que tuvo mala suerte por un lado tenía muy buena por otra. 

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Karmas


Akuma y gasto
[Imagen: FVeewks.jpeg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1035 + 0 = 1035
Energia: 928 - 50 = 878
Espiritu: 441 + 0 = 441
#9
Antes de alejarse, el niño tocó con su dedo índice una de las piernas del panda, cuya covertira de pelaje propio de su especie la hacía más blanda de lo que parecía, aunque luego a la hora de golpearla se endureciera como el mismísimo acero. El chaval era raro, para qué mentir. Empezó a agitar su brazo como si fuera un pollo, a mover su cabeza de un lado a otro y por encima llamó puto peluche al mariscal. —Oe oe, eso sólo lo puede hacer el comandante, honhonhon. —No se lo tomó a mal porque estaba hablando con un jovenzuelo que probablemente llevase menos de un año metido en el Ejército. Algún día se toparía con un sargento menos paciente y entonces se llevaría una buena azotaina, pero Bambú no era tan estricto. Al parecer el muchacho recuperó la compostura (debía de tener algún tic nervioso o algo) y se disculpó por la ofensiva cometida. Al parecer, como muchas veces le había pasado al propio mink, el muchacho estaba todavía planteándose sus posibilidades. —Lo comprendo, yo también estuve en esa fase y, de hecho, nunca se termina de salir del todo de ella. Aún a día de hoy tengo que pensar mucho para elaborar movimientos complejos con los que sorprender y derribar a mis oponentes, honhonhon. —Pero el muchacho sí que tenía un as bajo la manga. Mencionó "un poder" que tenía. El panda arqueó una ceja, curioso ante lo que estaba a punto de ver y se quedó boquiabierto al comprobar que el muchacho empezaba a transformarse muy lentamente en una criatura prehistórica. Poco a poco el niño fue incrementando su tamaño hasta llegar a una altura cercana a los tres metros, sólo unas cuantas cabezas por debajo de la estatura del panda. Dejó que la transformación se sucediera sin interrupción porque quería ver más. Poco a poco, los patrones de la fruta se hicieron aparentes para una persona con tantos estudios como Bambú.

—Oooh, ya veo. Has consumido una zoan prehistórica, ¿verdad? Tan joven y ya con una akuma no mi en su estómago. —Se agachó ligeramente, observando los detalles de la transformación. La zona posterior del torso permanecía con piel humana, al igual que la mandíbula y la boca, pero el resto del cuerpo había adquirido una textura curtida y densa propia de los legendarios espinosaurios. —Ryu ryu no mi: modelo espinosaurio. Si mis conocimientos en la materia no me fallan. —Y no le fallaban, porque Don Bambú era un experto en la materia. En Mogaro había libros verdaderamente interesantes al respecto. Acto seguido, porque la demostración todavía no había terminado, el muchacho se llevó las zarpas a la cola y empezó a tirar con fuerza ante la atenta mirada del panda. —¿Oh? —Y tras un tirón con lo que parecían ser todas sus fuerzas, arrancó la cola y la empuñó en sus manos como si de un enorme sable se tratara. —¡Oh! Seguro que se te ocurre alguna técnica con eso, honhonhon. Sin embargo has sido muy rápido a la hora de guardar tu mangual. Vuelve a empuñarlo y emplea todas tus fuerzas en golpearme ahora, a ver qué eres capaz de lograr. —Se levantó cuan grande era y extendió sus brazos hacia los laterales, dejando una apertura bastante evidente para que el muchacho pudiera volver a utilizarle como muñeco de entrenamiento.

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#10
El joven muchacho-dino asintió ante las palabras del mariscal dándole la razón en todo, volvió a colocar su cola en su lugar algo confundido, esperaba que el mariscal lo sacara de dudas pero hasta a él le pareció que era mejor usar su mangual que la espada por lo pronto, usaría ambas cosas, pero no es ambidiestro, quizá con el tiempo lo lograría…por lo pronto, no.


Agarró su mangual con su mano izquierda y tras sacudir dos veces la cola con el fin de ver que había conectado bien con su cuerpo, el joven se abalanzó nuevamente a por aquel tipo, su velocidad de movimiento se había incrementado, su fuerza también y su resistencia lo mismo, aún que bueno, eso no lo iban a notar pues por lo pronto el panda estaba siendo un bloque más duro que El Hierro el cual golpeaba, en cierta parte agradecía que fuera su mangual el que recibiera el impacto en vez de su mano.


Eso, le generó curiosidad. El niño atacó más de una vez, ya que el contrario no iba a reaccionar empezó a lanzar diversos ataques, golpeó con su mangual, dando vueltas con este y impactando en distintas zonas, rodillas, estómago, mandíbula, nariz incluso en uno de los giros aprovechó su cola para dirigir un corte hacia el cuello del panda. Por suerte para ambos, el panda era inmune a todo (literal el puto superman) por lo que todo lo que hacía era inútil. Más, si fuera alguien normal, seguramente ya estaría muerto, de hecho, el ataque al cuello fue con intenciones mortales pues el niño no sabía pelear sin ir a matar ya que le habían educado para eso mismo.

Tras golpear incansablemente al hombre panda, el muchacho retomó su distancia, habia gastado algo de energías? Si, lo estaba dando todo? Si. Cualquier otro estaría hioervebtilando, pero el niño era un maestro en esconder sus emociones y situaciones de estados, él controlaba su respiración. A pesar de que sus palpitaciones estaban brutalmente aceleradas en el no se podía notar nada de cansancio a simple vista.

~~Tsk! Es inútil…supongo que tengo que conformarme con haberte alcanzado por sorpresa señor mariscal. Es usted un hueso duro de roer…ajá.

Resumen


Belico
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