[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano
Y de esta manera, sin mayor pena ni gloria, los juegos daban comienzo al fin, siendo el mismo dirigente el que, tras una clase magistral de espectáculo e interacción con su estimado público, comenzó a explicar en qué consistiría la primera prueba de todas.- ¿U-una prueba f-física? - Estaba claro que unos juegos de ese estilo, no estaban enfocados a alguien como él. Conforme el maestro de ceremonias seguía detallando como se iba a realizar el puntaje y en base a qué, más claro tenía Kevin de que esa prueba no estaba hecha para él.- D-disculpad, pero c-creo que alguien c-como yo sería un c-completo inútil participando en una prueba así… - declaró el ya no tan joven Fojobs, inclinando su torso superior en señal de disculpa.- S-sin embargo… - Pareció cambiar de opinión en algo, momento en el que comenzó a erguirse de nuevo, con un rostro que reflejaba algo de decisión en medio de su desconfianza a sí mismo.- P-puedo que alguna de v-vosotras ganéis. - titubeó, pero con mayor seguridad de la que podía aparentar.

 

En ese momento, Kevin llevó rápidamente su diestra hacia el nudo de su corbata - con cuidado de no darle al pequeño Omi, que seguía enroscado en su cuello -. Con suma maestría, comenzó a aflojar la atadura de aquella prenda de tela, hasta el punto de de quitársela por completo para, acto seguido, agarrar la cinta con sus dos manos y comenzar a rodeársela alrededor de su cabeza, a la altura de la frente, quedando una gran parte de la tela colgando por su lado izquierdo de su cabeza.

- ¡E-EQUIPO 9! - Exclamó, extendiendo sus dos brazos hacia los lados, y poniendo un rostro que podía aparentar cierta locura, debido a los nervios que aquella actuación le estaba comenzando a causar.

IMAGEN DE KEVIN


- ¡V-VAMOS, VAMOS, EQUIPO 9! - empezó a exclamar, pasando a apoyarse sólo con una de sus piernas - mientras seguía con sus brazos extendidos -, comenzando a girar y a girar sobre sí mismo, haciendo que el pobre hurón tuviera que aferrarse con más fuerza a la solapa de su traje para no salir despedido.- ¡Á-ÁNIMO, Á-ÁNIMO, EQUIPO 9! - Con cada vuelta que daba, gracias a la propia fuerza centrífuga de la rotación de Kevin, el ondeo del extremo libre de su corbata comenzó - junto a sus propias palabras - a alentar y brindar de una fuerza física sin parangón a todos sus compañeras del equipo 9. Era irónico que, alguien destinado a estar sólo por la eternidad, debido al cruel futuro que sufría todo aquel que le acompañara, tuviera uno de los poderes más orientados al apoyo de sus aliados y seres queridos. Una vez terminó con los ánimos, Kevin se detuvo, quedándose completamente parado y mirando de cara a la arena, esperando que sus esfuerzos tuvieran efecto sobre la persona que fuera a participar.

INFO
Tras el anuncio de la primera prueba y la explicación de la misma, Kibai miró hacia el resto de sus compañeros, manteniendo la pose de los brazos cruzados. Sin duda aquella prueba no era ni para la birkaniana de pelo rosa con cara de haber chupado tres limones, ni para Kiyoshi, al cual recordaba perfectamente de su combate en los Cabos Gemelos como un luchador a distancia.  Asi que la cosa iría entre la otra Bai y él.

Examinando a la hermosa joven de cabello bicolor de arriba a abajo con ojo clínico, el mink valoró cuidadosamente las opciones que tneía su grupo. Aunque él tenía una fuerza decente, su estilo se basaba en movimientos rápidos y fugaces, más que pesados tajos y estocadas como para los que estaba diseñada la pesada espada que cargaba Bai. Por ello, cuando la birkaniana se giró para mirar en su dirección, Kibai mantuvo las manos tranquilamente enganchadas en su cinturón y le indicó con un gesto de la cabeza que podía adelantarse.

Los diferentes miembros de cada prueba iban a sus posiciones. El mink observó con una cierta alegría como Eros, el topo con el que había luchado mano a mano contra el tres veces desgraciado Uosan Sakana. Kibai, aún a sabiendas de que el que en aquel momento consideró un civil al que debía proteger era ahora un pirata reconocido, lo observó con una pequeña sonrisa de orgullo. Al fin y al cabo, no dejaban de ser dos personas que se habían salvado la vida mutuamente. Con alegría, tomó aliento, levantó la mano en alto y soltó un poderoso rugido en su dirección.

El siguiente en adelantarse fue Stroud. La sonrisa de Kibai se hizo aún más amplia. Su comandante a buen seguro se iba a desempeñar con la excelencia acostumbrada. Aún así para su sorpresa, y a pesar de mantener su postura rigurosa, el joven marine casi parecía... dejarse llevar por la emoción del momento? Cruzando de nuevo los brazos, el mink clavó sus ojos en Stroud, sin dudar ni un solo momento de su superior. Y como no, sus esperanzas no resultaron en vano. Tras aumentar su musculatura mediante el uso de su fruta, que aunque no resultaba claramente visible, el nombre de la técnica era perfectamente identificable para el mink. El puñetazo de Stroud resonó contra el objetivo con un sordo crujido que hizo asentir a Kibai con confianza. Sin duda el comandante quedaría en una buena posición.

Uno de los dos enormes Bucaneer que había conducido a sus hombres a una muerte rápida por aplastamiento multiorgánico en un acto de soberana estupidez estratégica se adelantó a continuación. Con un fuerte rugido se transformó en una bestia prehistórica acorazada, similar a la que en una ocasión había cazado en Little Garden, antes de azotar el objetivo con su cola, en un impacto que retumbó en todas las gradas, e incluso el viento azotó la capa de Kibai, haciendo revolotear la tela blanca a sus espaldas. Con una expresión seria, el mink hizo una leve inclinación de reconocimiento hacia el bucaneer a medida que recuperaba su aspecto normal. Sin duda sería un rival muy complicado de batir.

Tras aquel desplegamiento de fuerza, una mujer se adelantó desde el siguiente cubículo. Vestida con un atuendo que dejaba ver sus cicatrices, dejó caer un montón de armas a sus pies antes de adentrarse en la arena. Kibai respiró profundamente, ya que el aspecto de la joven le sonaba bastante, y el olfato le acabó de confirmar que aquella joven, aunque se había rapado totalmente el cabello, era la misma que se les había encarado en los Cabos Gemelos y que habían encontrado en Little Garden. Al parecer el tiempo no había hecho nada por mejorar su carácter, el cual seguía siendo completamente estrambótico. Sin embargo, al ver las espadas de las que se desprendía, una leve sonrisa se asomó por tercera vez en el rostro de Kibai. Quizás en un futuro pudiese cruzar aceros con ella para comprobar que nivel de espadachina tenía. Tras hacer un pequeño discurso, la joven calva se transformó en un pequeño reptil, provista de una larga cola. ACto seguido asestó un golpe contra el objetivo, antes de volver a su forma humana y volver a su cubículo.

El joven de pelo negro, Uker, otro viejo conocido de Little Garden, fue el siguiente, intercambiando improperios con Juan Sebastián, el cual mandó al pirata a la mierda de una forma bastante poco profesional, pero totalmente comprensible y apoyable. El propio Kibia le dirigió un sordo rugido mostrando los colmillos hacia Uker. Sin mayores ceremonias ni palabras aparte de los mismos improperios insulsos, el pirata asestó un puñetazo contra el objetivo, antes de retirarse de nuevo a su cubículo.

Finalmente Bai se adelantó. Kibai ladeó ligeramente la cabeza, estudiando de nuevo su posición con renovado interés, pues al fin y al cabo, aparte de conocerla previamente en Drum, el hecho de que fuese la otra espadachina del grupo, y por encima una con un estilo de pelea totalmente diferente al suyo, era algo que le llamaba poderosamente la atención al mink. Además, no podía negar que la figura bronceada de la birkaniana, con las grandes alas a su espalda, le despertaba recuerdos bastante agradables.

— Maldita sea, por qué todas tienen que tener alas? — pensó el mink mientras se agachaba, apoyando las manos en la arena observando la preparación de Bai antes de golpear al tronco.

Contenido Oculto


Bai realizó su propio golpe, arrancando un seco crujido a la base del objetivo que indicó que efectivamente la birkaninana no era precisamente floja. Kibai se incorporó de nuevo, sacudiendose la arena de las manos y dando unos cuantos aplausos corteses a su compañera mientras esta volvía hacia el cubículo.


La Caja de Pandora
[Imagen: gvCFAP2.png]
Escuché al dirigente hablar sobre la primera prueba: La prueba de coloso, la arena parecía prepararse con aquellos troncos: Uno de nosotros iba a tener que enfrentarse a esta para ganar puntos y solo pude pensar con un ligero ceño en la frente ¿Debía ir?  Sé que soy increíble sin importar a donde vaya, pero si solo podía participar una vez… lo mejor sería aprovechar un diamante tan pulido como yo en otra prueba, por suerte, no hubo ni siquiera que discutirlo: el grandote de lentes había tomado la delantera diciendo que este era cosa suya. No parecía haber nadie en contra o al menos no hubo tiempo de eso cuando simplemente había entrado al campo.
 
Solo quedaba una cosa por hacer. Avancé un par de pasos para quedar lo más cerca del escenario principal sin salirme del cubículo, carraspeando un poco mientras seguía a aquel muy visible hombre por la pista.
 
—¡OYE! ¡CON FUERZA, GRANDOTE! ¡IMAGINA QUE ES TU PEOR ENEMIGO! ¡¿ME ENTIENDES?! ¡NADIE PUEDE CONTIGO! — Las palabras de aliento salieron de mi garganta casi raspándola, no estaba seguro que me escuchara desde tan lejos y tan alto así que debía esforzarme. —¡EL EQUIPO 5 VA A GANAR ASÍ QUE ES MEJOR QUE SE RINDAN DE UNA VEZ! ¡EVITENSE LA PENA! — porque aquello era la verdad absoluta, obvio. Miré a mis otros dos compañeros: el pelinegro y el perro del gobierno, esperando que se unieran a apoyar al grandote conmigo.
 
Sobre el área de competencia, al regresar la mirada, hubo un cambio: Aquel grandote parecía crecer, transformarse, endurecerse: No de la forma en la que mi piel se endurecía, pero como escamas y una coraza que lograba cambiar su apariencia a algo más… animal. Sabía que seguía siendo el mismo pues sus lentes de sol no habían cambiado en absoluto. Creo que no había visto a nadie transformarse en animal hasta hoy, sin duda era cuando más curioso. La enorme cola impacto contra el dial y no fue el único: El resto de participantes hacían ataques que podría clasificar como devastadores, la competencia era fuerte pero confiaba en que aquel moreno también lo era.
 
Por supuesto, entre los rostros también pude divisar a mi capitán, aunque por el momento no era mi prioridad, además que no me había ido a buscar y todavía no cobraba aquella deuda… emocional, tuve que contener mis ganas de apoyarlo, solamente entrecerrando los ojos mientras analizaba como atacaba, volví a voltear con mis compañeros temporales, señalando a Ryota. —¿Saben? Ese es peligroso, hay algo que me aterra de ese hombre: Lo que quiere, lo consigue, en definitiva un enemigo a considerar… pero confío en el grandote, se ve… fuertote. —
 
Contrato confidencial: Tezca Norova
Narrador / María Merlot



Emoción.
Alegría.
Expectativa.

María Merlot se dirigió al cubículo número nueve, lugar dónde debía aguardar hasta qué... ¿Fuera su turno? Eso imaginó, considerando que disoció durante la explicación del enmascarado. No la mal entiendan, era todo un showman increíble pero las indicaciones/instrucciones la aburrían y hacían perder rápidamente la atención, y mas considerando si tenía la distracción del objeto de su fanatismo obsesivo cerca.

Mientras iba caminando al sitio, pensó que algo similar le había comentado su Unnie en una oportunidad, una idea lejana que retumbaba en su corazón como un sueño imposible: coliseos, campeones, retos. Si su hermana lograba volver realidad aquello que anhelaba, quizás ella podría actuar como Maestra de Ceremonias, ser igual de amada y aclamada por él público como El Dirigente mismo le mostró que se podía.

La sonrisa en sus labios se mantuvo, la ensoñación de los grillos le hizo prometerse así misma luchar por lo que la Valkiria Besada Por El Sol deseaba. Sus pensamientos fueron interrumpidos por las personas que conformaban el grupo nueve: Una mujer con rasgos primatescos y otra mujer con rasgos de haber salido de una selva tropical en taparrabos.

— Encantada de conocerlas, mi nombre es María Merlot pero mis amigos me llaman MM, pueden decirme así — comentó a ámbas señoritas guiñandoles uno de sus orbes ámbar con su divina manera de ser — ... te vi antes, en el camino desde la playa. Venías con el burro y la mujer alada. ¿Viste el río y los peces? ¡Hermoso! ¿Morderán? No pude descubrirlo estaba trenzado el cabello de Mi Campeón... ¿Debería trenzarle el cabello a Algodón de Azúcar? — empezó a divagar.  Lo último lo dijo pensativa llevando la diestra a su mentón.

Entonces, llegó el último participante. Un hombre. ¡Olviden el grupo unicamente de chicas! ¡Buh! El pobre tipo parecía salido de un hueco esclavista de una organización contable y muy burocrática, hasta tenia corbata y una bufanda blanca. María inclinó la cabeza unos grados a la izquierda evaluándolo — ... encantada de conocerte, soy MM — correspondiendo a su saludo verbal, un poco confundida por la formalidad de su presentación. Cuando estuvo a punto de pedirle que relajará la pelvis y se soltará figurativamente la "corbata" presentó a una pequeña mascota... ¡No era una bufanda! Los ojos de la mestiza brillaron con alegría, le encantaban los animales: Cara Melo, Rochallor, Rassmusen, La Mona, La Iguana, La Cebra, y ahora esto — Encantadisima de conocerte Nubecita — comentó acercándose al hombre, quedando a medio metro de él mientras llevaba las manos hacia atrás e inclinaba la parte superior de su cuerpo hacia adelante —... eres una cosita muy linda. ¿Lo puedo tocar? ¿Abrazar? ¿Muerde? ¿Qué come? ¿Cómo duerme? ¿Ronca? ¿Es blanco natural? ¿Cuál es su comida favorita? ¿Le gusta nadar? ¿Sabe leer? Cara Melo no sabe leer, le he intentando enseñar pero prefiere que invierta ese tiempo en acicalarlo... — lo bombardeo con varias preguntas mostrando interés genuino por el animal, sin embargo su atención se perdió rápido cuando la voz de Él Dirigente se volvió a escuchar. Dejo de prestarle atención a la mascota — ¡Parece que dará inicio! ¡Que emoción! Apuesto 1000 berrys a mi campeón EL MACHO — comento a nadie en particular uniendo sus manos frente a ella en forma de plegaria mientras una sonrisa traviesa pasaba por sus labios: Si apostaba en la casa de apuesta Merlot siempre ganaría sin importar el resultado porque era ella contra... ella. Cuatros esferas, humo y la aparición de un cachivache con una caracola roja.

ADRENALINA


Ignorando su ignorancia como manitas María se quedó de pie observando y escuchando, también reaccionando al público, el ánimo del coliseo la contagiaba haciéndola aplaudir y corear las consignas de los pollos blancos y negros. ¿Una prueba de fuerza? La joven miró sus manos enguantadas, apretó los puños, recordó los cráneos que aplastó en defensa propia... no, definitivamente no era lo suyo, los músculos eran para los hombres, las mujeres debían ser suaves, femeninas, delicadas, así que descartó ese juego. Iba a decirle al hombre que fuera pero la dama morena decidió hacerlo ella. ¿Cómo fue que dijo que se llamaba? ¿Acaso siquiera usaría su nombre? Nunca llamaba a las personas por su nombre —... ¡Fuertísimo y buenísimo, Bombóncita! — la animó con risas encantadoras al tiempo que le asignaba el mote de un dulce preparado con chocolate... justo como ella.

Cuando el hombre flacucho y tímido empezó a animar, liberándose de la corbata para usarla como pompom María sonrió aún más. ¡Que hilarante! Sin pensarlo se unió a él, aunque ella no tenía nada para hondear lo hizo subiendo sus brazos y moviéndolos de un lado a otro con suavidad como si fueran las olas del mar — Vamos, Bombón, Vamos. Arriba grupo nueve. Nosotros si vemos, si vamos, somos nuevos y no huevos... — ciertamente ella lo estaba disfrutando, y su alegría lo certificaba, aunque eso no evitaba que divagará.

Luego de dar un par de saltos sobre su propio eje, respiró y sonrió aún más. En ese momento, y quién sabe, por acción de la adrenalina, se sintió más fuerte y resistente. ¡La prueba de los musculitos le estaba dando poder! Se miro las manos, se tocó la cara, apretó sus biceps, miro su abdomen... se veía igual pero pero pero se sentía superpoderosa — ¡Hasta yo me siento fuertísima! ¿Que dices tu Monita? ¿Sientes el poder? — buscó con la mirada a su otra compañera, luego regresó su atención a la arena — superpoderosa, supermusculona, superhermosota... grrrrrrrrrrrrr — fue diciendo a la par que hacía poses de fisicoculturista: levantando los brazos y apretando los puños, colocando una mano en la cintura de medio lado y la otra flexionando el brazo, y por último bajando los brazos a la altura del tronco para formar una especie de semicírculo y mover la cabeza haciendo "grrrrrrrrr".

En el momento, y por la adrenalina de su imaginación o no de SUPERMUSCULOSA y con más fuerza de lo normal, se volteo hacia el hombre oficinista, le sonrió con travesura... e hizo lo impensado, lo agarró y alzó como una pluma por encima de su cabeza — ... YO SIENTO EL PODER. YEHEEEEEI. VAMOS EQUIPO NUEVE GRRRRR — declaró girando con él en el lugar, luego lo bajo entre risas con gentileza. Se la estaba pasando muy bien, se notaba en su hermoso rostro — Fideo Dulce. Deberías comer más, no pesas nada de nada. Cuando esto acabe te invitaré un tazón de tofu... de frutas no, las frutas te maldicen y... luego no te dejan nadar... me gusta mucho nada ¿Sabes? — le invito a comer sacándole la lengua con simpatia. La declaración que siguió a la invitación fue dicha bajando el tono revelando su confusión y tristeza por la maldición que entendía tenía por haber comido una fruta, aunque toda su vida hubiera comido frutas. María Merlot era ignorante del conocimiento del mundo, por eso la desconcertaba "su maldición"...

La tristeza que se reflejo en sus ojos, se borró cuando vio entrar a la arena caras conocidas... ¿Acaso de sus queridos nakamas participarían en esa prueba? La sonrisa volvió a sus labios, ahora llena de expectativas por el futuro incierto... pero dulcemente musculoso.



ESQUIZO ESQUIZO MERLOT
Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]
Alegre de tener en frente a una de sus nuevas compañeras, Mahou apoya su bastón en el suelo a un lado de ella, la cabeza del martillo la apoya en el suelo a sus espaldas, y su puño libre lo deja en su cintura. - ¿Eh? ¡Ah! ¿Hablas de Zhang y Bai? ¡Asi es-uki! - asintió un par de veces. - ¿Y has visto las plantas-uki? ¡Incomibles-uki! - exclamó sonriente en tono de broma, pero luego inclinó la cabeza a un lado. - ... ¿has dicho algodón de azúcar-uki?

Llegó el momento de conocer a su segunda compañera, quien se presenta como alguien fuerte y con dotes en la carpinteria, y por supuesto, con iniciativa de participar en la primer prueba. - ¡Entonces necesitaremos de tu fuerza-uki! ¡TIENES QUE DARLO TODO-UKI! - poco después llegó un hombre con un hurón alrededor del cuello, se presentó con una voz temblorosa y tambien aclaró en lo que era bueno, pero no se le veía muy convencido de participar, incluso a Mahou le pareció un tanto pesimista en un comienzo. - No digas esas cosas, mono hurón-uki... ¡Lo harás bien en otras pruebas-uki! - evidentemente su nombre le habia entrado por un oído y le salió por el otro. - Por ejemplo-uki... - se llevó una mano al mentón. - ¡Yo tengo buena puntería-uki! - sonrió con confianza por unos segundos antes de aclarar. - ¡A veces-uki!

El Dirigente volvió a tomar la palabra, preguntando al público si eran capaces de esperar más, y Mahou se integró a la respuesta. - ¡NO PODEMOS ESPERAR MAAAS-UKIIIII! - desvió la mirada a su grupo, fue entonces cuando vio a Ñorm colocarse la corbata a la altura de la frente, estirar los brazos y poner una cara de un completo loco, además de girar sobre si mismo dando gritos de animos al equipo 9. - ¡Ukikikiki! ¡El mono hurón se volvió loco-uki! - y ya no le parecía una persona tan negativa.

Además, se unió Maria al baile, y Mahou no iba a querer quedarse afuera. - ¡E-EQUIPO NUEVE-UKI! ¡A-ANIMO-UKI! - comenzó a imitar el tartamudeo de Ñorm, el baile funcionó a la perfección porque sentía su entusiasmo crecer, realmente Ñorm es muy bueno para dar apoyo emocional, por lo que parece. Mahou terminó alzando ambos brazos a modo de respuesta. - ¡¡ES EL BAILE DE NUESTRA VICTORIA-UKII!! - probablemente estaban armando tanto escándalo que cualquiera que se halle cerca del cubiculo habría pensado que estaban locas.

Y entonces, vio como María alza a Ñorm como si se tratara de un trofeo. - ¡Ukikikiki! ¡Tambien le hace falta comer un poco de durazno-uki! - cuando finalmente llegó el momento de Runin para pasar al escenario, Mahou no dudó en sumarse al vitoreo. - ¡VAMOS, VAMOS EQUIPO NUEVE-UKIII! 

resumen

gastos

karmas
Mahou Chikao
¡DIVERSIÓN Y ÁNIMO!
? La Intrépida Sakura
฿ 20,000,000
?Nv.10 — Espíritu Alegre
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1821 + 0 = 1821
Energia: 1786 - 6 = 1780
Espiritu: 270 + 0 = 270
Cuando Kael le puso la mano en el hombro, a Moja se le encabritó el cuerpo por puro instinto. Se le tensó la espalda bajo la camisa blanca y estuvo a punto de soltarle un manotazo para apartarlo, pero al ver que el chaval solo negaba con la cabeza, con esa cara de bueno que ponía, el mink respiró hondo y tragó saliva. La boca le sabía a pura bilis.

Para colmo, la calva de la Maki seguía a lo suyo, soltando perlas que le revolvían las tripas. Que si “saco de pulgas”, que si “pervertido”... Moja apretó los dientes con tanta fuerza que le dio un pinchazo detrás de la oreja. Si no fuera por la maldita norma de no pegarse allí y porque Stroud estaba mirando desde arriba, le habría reventado la boca de un guantazo.

Y el otro de la 80, el tal Masami, ahí temblando como un flan y balbuceando que tenía un arma. ¿Eso era un marine? Kael, al menos, intentó calmar las cosas y le chocó el puño a la tía, hablando de llevarse bien y de no sé qué leyes. Moja se giró del todo, dándoles la espalda. No iba a perder el tiempo con una delincuente.

De pronto, el Dirigente ese dio el aviso y empezó el jaleo de la fuerza.

Moja se pegó a la madera del cubículo. Tenía las orejas tiesas, moviéndose a cada grito del público. El primer pavo, el del topo, se transformó y le metió un viaje tremendo al tronco. Luego bajó Stroud. Al mink se le infló el pecho de orgullo al ver al Comandante arremangarse la camisa con esa parsimonia tan suya, pidiendo calma a la gente. Cuando le metió el viaje con el brazo lleno de mochi y eso sonó como un cañonazo, Moja asintió una vez, serio. Así se hacían las cosas.

Pero después... después aquello se llenó de piratas. El tal Ubbe, un bicho de casi trescientos millones, se convirtió en un dinosaurio que casi tira el estadio abajo con un colazo. Menudo puto animal. Luego la loca de la Maki, cantando y dando vueltas antes de hacerse iguana para pegar. Moja gruñó bajito. La tía pegaba duro, por mucho que le jodiera admitirlo.

El chaval de los dos colores de pelo, Uker, bajó de una mala hostia tremenda, maldiciendo entre dientes, y le metió un viaje rabioso al dial. La mujer alada, Bai, hizo crujir su armadura antes de arrearle, y otro pavo con seis brazos usó los guantes del rubio Akira para reventar el marcador. Moja sentía que le hervía la sangre. Toda esa escoria que debería estar pudriéndose en una celda, ahí abajo, dándose golpes de pecho y buscando deseos.

Pero lo de la última tía fue lo que le dejó con el cuerpo cortado.

La tal Runin, de las Kuja. Bajó casi bailando, pidiendo que la gente aplaudiera como si aquello fuera un teatro. Moja la miró con cara de pocos amigos mientras se ponía los guantes de Akira. La tía se plantó frente al tronco, el brazo le empezó a brillar con una luz que casi le deja ciego y, con un grito que le retumbó a Moja en los tímpanos, soltó el viaje.

El impacto sonó diferente. No fue un golpe normal; sonó seco, compacto, como si se hubiera roto algo por dentro. Moja se quedó mirando la pantallita del dial rojo mientras los números subían sin parar, dejando atrás a casi todos los demás. Se le quedó la garganta seca.

-Joder...- masculló en un susurro que se tragó el viento.

No había que ser un lince para verlo. Quitando la bestialidad del dinosaurio, el viaje más limpio y seco de la tarde lo había metido esa pirata. Moja se frotó las manos contra los pantalones, sintiendo que el pelaje de las garras le vibraba por la adrenalina. Se le estaba haciendo eterna la espera. Se encajó la gorra blanca hasta las cejas, bufando por la nariz. Ahora venía la de velocidad, su terreno, y no iba a dejar que ningún pirata le pasara la mano por la cara.

Información
*Pienso*  -Hablo-  Narro
[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]
En mí cubículo se encontraban mis otros compañeros. Un hombre, musculoso pesa a su figura delgada. Junto a él un mink burro, que parecía mantenerse ágil incluso siendo el mayor de los cuatro. Sin embargo, el que más llamó mi atención fue el tercero que competiría junto a nosotros. Un hombre grande, con alas negras y tez oscura. Sin duda, sería a quien había llamado el dirigente como el Mord Heras. 

—Sí. He leído acerca de ese estrato llamado Mord. La clase alta en está isla, ¿me equivoco? ¿Cómo deberíamos referirnos a usted, Mord Heras?

Aquel hombre parecía amigable. Sin embargo, pretendía que compartiesemos información sobre nuestros compañeros para aprovechar debilidades. ¿No sería eso algo como una especie de traición?. Aunque, pensándolo bien, mis amigos ahora eran mis rivales. A pesar de eso, yo no estaba dispuesto a cometer tal deslealtad.

—Diría que lo mío es mantenerme en las sombras —dije mientras rascaba una de mis sienes, desplazando mi sombrero hacia arriba—. O los juegos de azar. Si hay algo que tenga que ver con ruletas, dados o cartas, déjenmelo a mí.

Volví a ceñir mi sombrero con la intención de aparentar seguridad. Confiaba plenamente en mis habilidades con los juegos de azar, aunque a la vista de aquel estadio, sabía que aquellos juegos se acabarían pareciendo más a los que se daban en un coliseo romano que a los de un casino.

El hombre de pelo rosa se presentó. Hablé dirigiéndome a él.

—Varo Ganchin —acompañé mi nombre con mi característico gesto de sombrero—. Sin duda, el chico tímido al que se refiere es Eros, mi capitán. Su nombre me resulta familiar. ¿Puede ser que conociese a alguno de mis antiguos compañeros? Gwen, Rosse, Alana... O tal vez fuese alguno de los actuales. ¿Fue Kiyoshi? No, estoy seguro que debió ser Uker.

Mi mano rascaba mi mentón mientras lanzaba aquellas preguntas al aire. Tal vez fuera más eso que llaman "pensar en alto" que un interrogatorio a aquel hombre, pues no estaba seguro de que su peculiar nombre fuese el que recordaba. La voz del dirigente resonó de nuevo. El publico coreaba y al fin daban comienzo los juegos. Ya estaba aquí la primera prueba. La prueba del coloso. Una prueba de fuerza. Sin duda, algo para lo que yo no estaba hecho. Hyákinthos alzó el brazo y propuso decidir en un pulso quién participaría. Mi mirada recorrió su brazo, luego saltó a los otros dos miembros de nuestro equipo. De nuevo a su brazo. Sus músculos estaban marcados, pero aún así parecía ser el que menos fuerza tendría. Perfecto para una derrota no humillante que me apartase de aquella competición en la que no deseaba participar.

—Está bien. Un pulso —acerqué me mano a la suya para medir fuerzas—. Yo confío más en mi rifle que en mis puños. No soy adecuado para esta clase de prue...

Un tirón seco cortó mis palabras. Aquel hombre tenía mucha más fuerza de la que aparentaba. Había girado mi brazo sin haber podido oponer resistencia. Me alejé sacudiendo el brazo, mientras la otra mano buscaba mi hombro, como si pretendiese darle consuelo. Vi como el pelirrosa fue derrotando al mink burro y al Mord. Ya teníamos nuestro participante en la prueba del coloso.

Uno a uno, el resto de participantes fueron golpeando el extraño medidor que había instalado para la prueba. Golpes terribles. Una potencia desmedida, cada vez más intensa. El golpe de Eros hizo que todo se estremeciese. Sin embargo, el capitán de los Hanu Mahana y un hombre lagarto asestaron golpes que parecían aún más poderosos. Tras alguna duda disfrazada de queja, nuestro participante también descendió. Su golpe también fue potente. Estábamos ante una exhibición de bestias.

Vamos Hyákinthos. Vamos, Eros.



Antología
Emme's Codes

La prueba comenzó mucho antes de lo que imaginaba, tesoro. Apenas tuve tiempo de asimilar que realmente estaba allí cuando una de las participantes dio el primer paso. Era la pirata que compartía grupo con nosotros, junto a Moja y Kael, parecía tener bastante más decisión que yo y no, no era miedo. Era conocer mis propios límites. Desde que entré a la división 80 siempre he sido consciente de una cosa, entre todos mis compañeros, sigo siendo el más débil. Juan es una fortaleza andante, Enji posee una experiencia que todavía me queda muy lejos, Aki-chan es absurdamente rápido y yo apenas estoy comenzando mi camino.
 
Todavía me falta mucho por aprender, mucho por entrenar, mucho por controlar. El Okama Way también me enseñó a ser honesto conmigo mismo. Fingir que soy más fuerte de lo que realmente soy no me hará crecer más rápido. Al contrario, aceptar mis debilidades es el primer paso para convertirlas, algún día, en fortalezas, por eso decidí mantenerme un poco alejado al principio. Observando, analizando, aprendiendo. Mis ojos seguían cada movimiento de los demás participantes con atención, intentando comprender su forma de actuar antes de lanzarme a hacer cualquier tontería. porque una cosa era ser escandaloso, y otra muy distinta actuar sin pensar. —Tesoro, primero miro, después improviso. —murmuré para mí mismo mientras mantenía una postura relajada.
 
Vi a cada uno de ellos participar en la prueba de fuerza, primero un hombre que se convirtió en topo que a pesar del tamaño dio un golpe realmente poderoso, después pasó el comandante de la división 60, Stroud Cara de pocos amigos Nanashi se llamaba, habia convirtiendo su cuerpo en una clase de masa que hasta el momento yo desconocía tesoro, de verdad que no tenia idea que era, después honey pasó un tipo enorme como Sigrid pero con unos pectorales que han de ser un delito ante los mismísimos dioses del okama way, este también se convirtió en un animal, un dinosaurio para ser exactos tesoro y golpeó con su cola, esto ya me estaba pareciendo un zoológico, fue solo entonces cuando llegó la mujer de mi equipo y tras una presentación digna de mí, claro, parecía ser yo pero versión pirata y sin cabello, y malvada, bueno, me salgo del tema, ella también se convirtió en un animal, una iguana y golpeo la caracola con toda su fuerza, estas personas sin duda tienen una fuerza abrumadora delante de mí.
 
Los que pasaron después me dieron un poco igual salvo la última que parecía ser diferente, golpear diferente, moverse diferente y su forma de mover los brazos llamó enteramente mi atención, aunque poco después hubo otro hombre que parecía vestirse igual que yo, era una lastima que fueran todos piratas y que en algún momento tenga que enfrentarlos, apresarlos o asesinarlos, aunque esa jamás sea la primera opción.
 
Me acerque varios pasos hacia el contramaestre gato manteniendo la vista puesta en el escenario mientras todos seguían participando, no quería distraerlo demasiado, pero llevaba una duda rondando mi cabeza hacia ya un buen rato. —Contramaestre Moja— lo llame con un tono mas tranquilo de lo normal, sin insinuaciones de las mías. —¿Usted cree que me vaya bien en alguna prueba? — Guardé silencio un instante antes de sonreír con algo de timidez. —Soy el más débil de todos, incluso dentro de la división 80 y creo que de todos los participantes — Lo admití y no era ningún tipo de queja tesoro, tampoco buscaba que alguien me contradijera porque era la mas absoluta realidad, tal y como yo lo veía, Juan, Enji y Aki-chan llevaban mucha mas experiencia que yo y cada vez que entrenaba con alguno me quedaba clarísimo cuanto camino me faltaba por recorrer.

Mi Estupido y Sensual Off
[Imagen: xFGuWOj.jpeg]
No pasó mucho tiempo hasta que estuvieron los cuatro juntos en el cubículo. Luego de una rápida presentación, Zhang se limitó a escuchar lo que estaba pasando; su capitana les había pedido pasar desapercibidos, y Zhang intentaría hacerle caso.

Desde su posición, el viejo burro observó cómo daba inicio la primera prueba. Varios participantes se adelantaron, revelando habilidades monstruosas: un hombre que se transformaba en un pequeño topo, un marine con extrañas habilidades, un dinosaurio, una iguana furiosa y hasta un espadachín malhumorado ese último le recordaba a alguien, pero por su mala visión no lograba aún recordarlo. 

Fue entonces cuando Zhang dirigió su único ojo bueno hacia la pista del equipo siete. Allí vio a su capitana, Bai, la birkaniana se concentró, y asestó un golpe firme y limpio. Zhang asintió despacio, orgulloso de ella, sin duda era una mujer muy fuerte.

—¡ASÍ SE HACE, BAI! —gritó el burro animándola a la distancia, aunque su voz volvió rápidamente a su habitual tono tranquilo y calmado tras el festejo.

Tras la demostración de su capitana, la atención de Zhang regresó a su propio grupo. El primero en hablar fue el inmenso alado, Heras. A pesar de su título de "Mord", resultó ser un muchacho bastante educado que repudiaba la violencia y que, curiosamente, se estaba mareando por el sofocante calor. Eso le agradó a Zhang, quien también prefería profesar la paz en vez de la guerra.

—Hmmmm Mord Heras, un gusto conocerlo. Es un lugar bastante agradable, ¿es usted de acá? —preguntó Zhang. Al ver el malestar del gigante, el instinto de médico del viejo burro se activó. Haciendo uso básico de su fruta de nieve, dejó salir un leve aliento blanco para enfriar y refrescar el entorno cerca de ellos. —Bebe un poco de esto, joven Heras —le ofreció, tendiéndole su té helado—. Y no te preocupes por la violencia, a mí tampoco me gusta ensuciarme las manos si no es estrictamente necesario.

Sin embargo, las palabras de otro de sus compañeros hicieron que la curiosidad del burro se despertase. Varo Ganchin... sin duda ese nombre lo había escuchado, pero lo que más le sorprendió fueron sus últimas palabras.

—¿Varo Ganchin? He escuchado cosas sobre ti. Nosotros viajamos un tiempo con Alana luego de una noche terrible; allí también conocí a Rosse y a Uker. Me alegra por fin saber quien eres. —dijo Zhang emocionado, sin entender cómo el mundo podía ser tan pequeño.

Como su equipo aún debía presentar a alguien para la prueba de fuerza, comenzaron una pequeña contienda interna con un pulso de brazos, propuesta por el médico pelirrosa. Cuando Hyakinthos agarró su brazo peludo, el viejo Mink cayó derrotado ante él en un abrir y cerrar de ojos. Varo y el gigante alado sufrieron el mismo destino cómicamente.

—Hmmm... Qué fuerza tan oculta tienes, muchacho.  —bromeó sobándose la muñeca con una sonrisa pícara.

Mientras Hyakinthos bajaba a la pista haciendo una pasarela digna de la realeza, lanzando besos y haciendo suspirar a las jovencitas de las gradas, Zhang decidió seguirle la corriente al animado ambiente del estadio.

—¡DEMUÉSTRALES CÓMO SE HACE, CHICO!—le gritó Zhang a todo pulmón, dándole su merecido apoyo mientras el pelirrosa se preparaba para golpear el dial. Y fue allí donde empezó el verdadero espectáculo.


La bitácora del burro
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
❄ La Calma del Vacío
฿ 226,000,000
?Nv.19 — Logia Yuki Yuki
No vale la pena estar de malas con esta gente. Sí, son marines, lo sé. Pero ahora remamos juntos en el mismo barco, por mucho asco que me den. Al menos, de entre todos los imbéciles con un palo por el culo que me podían tocar, me han juntado con un par de enrollados. Un comandante con cojones y otro con entusiasmo por ganar. Cada vez estoy más convencido de que el problema de la Marina no es su gente, sino la institución, y que aquí se alista la muchedumbre para no pasar hambre y matar el tiempo. Aquellos que no tienen el coraje o la fuerza suficientes para hacerse con el beneficio de otro. Miedicas que no conocen la verdadera libertad, ni la conocerán jamás.
Todos disfrutamos de la euforia y del comienzo de los juegos, animados y haciendo el tonto con el número del equipo. Sobre todo los soldados, que se les ve unidos. Incluso se atreven a bromear conmigo, a imitarme y hacer camaradería. No es hasta que El Dirigente da paso a la prueba que todo son risas y jolgorio.
La Prueba del Coloso. Así la llaman. Una competición por ver quién golpea más duro que nadie. Se me escapa una ligera sonrisa mientras me pongo en pie torpemente. -Vale, esto pinta sencillo.- murmuro para mí mismo, sin hacer demasiado ademán de mi fuerza. Nada mejor que una demostración de la misma para enseñar a estos pequeñajos cómo se hace. Sin embargo, cuando voy a recuperar a Yggdrasil, algo me frena. Es mudo, invisible, pero lo siento bien adentro. Algo que todavía lucha en mi interior, y eso que ya he expulsado al mal de mi cuerpo.
La pausa es lo suficientemente larga para que Akira, invadido por el espíritu del nerviosismo y la tensión, se ponga a calibrar el tamaño de unos guantes que lleva. Evidentemente, a mí no me entra semejante baratija, así que se los entrega a Ryota, y, sin el consentimiento de nadie, le pega un empujón para que se vaya él a probar suerte. -¡Pero tío, si se llama prueba del...!- le quiero rechistar, pero una comezón intestinal me advierte de que quizás no es el momento de discutir. -¡¡NHAA...!!- me quejo, dejándolo estar y recuperando mi posición sentado. Me cruzo de brazos, malhumorado, y miro a un lateral, perdiendo la mirada en el horizonte. -Está bien por esta vez, pero la próxima prueba me la pido yo, sea cual sea.- reprocho, poniendo morritos.

Por ahí van saliendo los diferentes participantes. Cada uno de su madre y de su padre. Pero el primero que recoge toda mi atención es Ubbe. Cómo no. ¿Acaso no es obvio que iba a salir en esta prueba? Él se pone a buscar a alguien hasta que lo encuentra. Me busca a mí. Sutil, pues sabe que competimos uno contra el otro, pero no deja de ser mi hermano. Me levanta un pulgar y me esboza una sonrisa. Yo hago lo propio, enseñando los dientes con una mueca de lado a lado, y asiento con la cabeza de forma exagerada. No grito, pero en su mente se puede escuchar mi voz diciéndole claramente: -¡¡A sangre y fuego, como siempre!!- Supera la prueba con creces, convertido en un monstruo terrible con una fuerza descomunal. Orgulloso bucanero el kaiju.

Otro que se deja ver es precisamente Uker, el Marcado. Cuando lo veo salir hacia la prueba, se me pone cara de asco y se me frunce el ceño. Mis dientes chirrían uno contra el otro. Shin, el marine que ahora reposa sobre mis hombros para tener mejor vista, empieza a insultarlo de forma infantil cuando el pirata parece vomitar faltas de respeto al aire. -¿Lo conoces de algo?- miro sorprendido y curioso al soldado. Capaz ya han tenido algún encontronazo en el pasado y me puede dar una información útil. Negativo. Parece que solo lo insulta por el gusto de hacerlo... Pues qué coño, yo también quiero. -¡¡UKER, APRENDE A RESPETAR, COMEMIERDA!!- Jamás imaginé que insultar a un tercero junto a un caniche del Gobierno sería tan divertido.

Turno de nuestro muchacho. Por un primer momento, Ryota no parece muy convencido de presentarse, pero con el apoyo general, y sobre todo el de Akira, se ve preparado. Al igual que Ubbe, el joven pandillero posee poderes de transformación. Muy interesantes, de hecho. A diferencia del bucanero sureño, este parece sufrir de una metamorfosis de brazos peludos extra, con los que se basta y sobra para asestar un buen golpe y puntuar francamente alto. -Sorprendente...- susurro para mis adentros. -¡Recordad, chicos, hay que felicitarlo en su regreso. Lo ha hecho asombrosamente bien!- ordeno al resto del equipo, aunque ya cuento con el apoyo de todos.

La que destaca por encima de todos es... ¿Una diosa? Tal vez me estaba fallando la vista, pero madre mía... Si Ubbe hubiera nacido mujer y fuera mínimamente atractivo, sería así, tal cual. Capaz mi chocolatoso tiene más tetas. Lo que no tiene es más fuerza que la mujer. Con unos giros de brazo tontorrones, calienta el músculo y proyecta una fuerza descomunal, capaz de superar la del bucanero. -Imposible...- me quedo boquiabierto, pálido como un vaso de leche. No parece haber ni truco ni trampa ni poderes. ¿¿Es acaso la legítima heredera de la fuerza de la que hablaba Musashi?? Yo solo sé que me he enamorado.
Si la situación ya es lo suficientemente surrealista, lo mejor llega justo después. Ryota se acerca al cubículo de vuelta, pero antes de que le pueda felicitar, Runin, la chica morena, va tras él. Esta no solo tiene un cuerpo de escándalo y un poder envidiable, sino que tiene una voz y unos dotes de seducción... Le agradece a Akira, devolviéndole los guantes, y luego se acerca EN EXCESO al macarrilla. Se conocen. Y no solo se conocen, sino que tienen rollo, pero fijo. La mujer, tal y como vino, se va, dejándonos a todos embobados.

¡¿¿Felicitaciones??! Y un cuerno. Cuando vuelvo en sí, extiendo mi mano diestra hacia el joven, apresando su torso entre mis dedos y levantándolo hasta la altura de mi cabeza. -Ryota, malnacido... ¿¿Cómo un tipo escuálido como tú ha seducido a una mujer así??- le grito enfadado. Me es imposible disimular la envidia. Menos exteriorizarla. Ni yo ni el resto. -Cuéntanos tu secreto, o te comeré vivo.- le amenazo, aunque detrás de toda esa rabia se puede sentir el humor y casi el llanto por mi... ausencia de género femenino en mi vida. -Vamos, escúpelo. Que ahora somos mejores amigos todos.- Negociación. ¿Qué fase era esa? No me acuerdo. Solo sé que un último retortijón me hacía rugir el estómago, como el aviso de que mi malestar físico ha llegado a su final.

No sé quién es Ryota. No conozco su apellido, sus poderes ni de dónde viene. Solo sé... que es un ganador en la vida. Un aplauso para Ryota porfavor...

En efecto, cajita feliz


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