[Presente relativo] Resacón en Toko
#1
Esperaba que los demás estuviesen aprovechando la visita a la isla más de lo que lo estaba haciendo yo. Desde que aquel cazador se había llevado a Peixe no había tenido ánimos para nada. Tanto tiempo entrenando, tanto riesgo, para no ser capaz de hacer frente al primer obstáculo con el que nos encontrábamos. A este paso nos podíamos quedar sin tripulación en un abrir y cerrar de ojos. Todos teníamos que entrenar y esforzarnos mucho más, empezando por mí. De nada valía pasar los días bebiendo, eso no solucionaría nada. Esta sería la última noche que pasaría en la taberna. Total, habíamos acordado marcharnos de la isla mañana por la mañana. Por fin habíamos pasado el tiempo suficiente para cargar el Log Pose de Aspros y eso merecía un último descanso, una pequeña celebración a pesar de que no había nada que celebrar.
El reloj acababa de dar las 10 de la noche. Llevaba bebiendo desde las 7, pero todavía me encontraba bien, tan solo un poco mareada, nada que no pudiese disimular con facilidad. No sabía dónde estarían los demás, los ánimos de Yamamura me preocupaban. Imaginaba que Aspros y Jolyne se habrían ido a la habitación que habíamos alquilado justo en la parte de arriba del local en el que me encontraba para descansar y prepararse para el viaje de mañana. Le pegué un último trago a la jarra de cerveza para acabármela. Tenía que ser como la octava o la décima. No llevaba la cuenta, pero habían sido bastantes. Tal vez así pudiese dormir un poco antes de zarpar. Tenía curiosidad por saber qué nos depararía la siguiente isla, podía ser cualquier cosa. Solo esperaba estar preparada. Si tardábamos unos días podía entrenar en el barco, aunque no sería suficiente, como no lo eran aquellas diez jarras de cerveza. —Disculpa —le dije a la chica de la taberna cuando pasó por el lado de mi mesa —. Tráeme una botella del vino más barato que tengas y un whisky con hielo, también del barato.

A estas alturas no iba a ponerme quisquillosa, mi bolsillo lo agradecería, aunque mi cabeza mañana no tanto. Ojalá tener el dinero suficiente para poder beber los licores más caros y fumar los puros más exquisitos, pero eso era algo que todavía no estaba a mi alcance. Pronto. Muy pronto. Mientras esperaba eché un vistazo a mi alrededor. No había demasiada gente y no estaban muy animados. Eran unos tristes borrachos, como yo ahora mismo. El único que llamaba la atención era un viejo con un bigote y un pelo ridículos y ojos rasgados que me miraba fijamente de manera inquisitiva. No sabía qué pasaba en aquel pueblo con los señores que observaban de forma inquietante a los forasteros, pero no quería problemas ahora que nos íbamos a largar de allí y como siguiese calentándome acabaría pegándole un katanazo. La chica me trajo lo que le había pedido y en seguida llené la copa con el vino. Me terminaría rápido la botella para acabar con el whisky e irme a dormir.

Viejo siniestro
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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

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#2
Nuestras aventuras en Toko habían llegado a su fin y al día siguiente partiríamos a nuestra siguiente isla. La pérdida de Peixe había provocado que Yojimbo y Triana estuvieran más aislados que de costumbre y me apenaba la idea de que se martirizaran con la culpa, que se dieran a la bebida o algo peor. Así que, haciendo de tripas corazón, se me ocurrió bajar a la taberna para asegurarme de que Triana estaba bien y no se metía en ningún lío para un día que nos quedaba. Sabía de la afición de Triana por los cotilleos, de modo que antes de ir a buscarla, me transformé para pasar desapercibida por mi tamaño y poder dedicarme a poner la oreja en las puertas de las habitaciones contiguas para ver si podía escuchar algo de los otros huéspedes que pudiera alegrar a nuestra espadachina. Después de un rato husmeando, por fin, lo conseguí. -Vaya, vaya. Así que nuestro vecino de la derecha no está realmente en un viaje de negocios como le dijo a su querida esposa.

Localicé jocosa a Triana desde la parte de arriba. Estaba sentada y bebiendo en una de las mesas, pero yo tenía un jugoso cotilleo y sabía que eso le pondría de mejor humor. Bajé por las escaleras de madera recuperando mi forma humana de golpe sin que nadie me viese, mirando a todos los tipos raros que se congregaban para beber a esas horas. Qué lástima daban. Triana acababa de pedir una cantidad ingente de alcohol y yo, como buena amiga, aparecí por detrás para poner un poco de sensatez. -Un vasito de agua de vez en cuando tampoco te vendría mal, ¿sabes? – me senté a su lado con una sonrisa pícara. -Pero bueno como tú veas. Me he enterado de una cosa que al igual te interesa.

Cuando me disponía a contarle a Triana lo del vecino de al lado, un viejo de extraño atuendo, con la cara chupada y bigotes alargados de rata se acercó a nuestra mesa. Caminaba con las manos juntas y algo encorvado, y su acento era muy curioso. -Buenas noches, señoritas. Disculpad la impertinencia, pero no he podido evitar fijarme en vosotras. Miré a Triana dudosa. No sabía cómo se iba a tomar esta interrupción, pero el viejo siguió hablando. -Llevo toda mi vida en contacto con el mundo espiritual y poseo un remedio capaz de solucionar todos vuestros problemas y limpiar vuestra alma. De volver a poneros en contacto con el mundo animal, ¿os interesa? Lo dejo bien de precio. Tenía que reconocer que me llamaba la atención lo del mundo animal, pero no estaba segura de si fiarme de alguien tan raro. Nos puso encima de la mesa una botella con un líquido dentro y lo que parecía un gusano y unas hierbas flotando en él. Si tenía cosas naturales no tenía por qué ser malo, ¿no?

fruta

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#3
Jolyne bajó de la habitación con información interesante. Seguramente se trataría de algún cotilleo. Ignoré por completo su recomendación sobre el agua y pegué un largo trago a la copa justo antes de sacar del bolsillo de mi chaqueta la caja de puros y el mechero para encenderme uno. Agua. Qué éramos, ¿animales? Di una calada al puro y esperé su fascinante historia. Lo único bueno que tenían esas habitaciones eran las paredes, que parecían de papel. Nos habíamos enterado de la vida de medio pueblo gracias a ellas y había sido el único entretenimiento estos días. Seguramente fuese el motivo de que no nos hubiésemos vuelto locas, al menos yo.

Antes de que pudiese contarme nada, el viejo bigotudo se aproximó hasta nuestra mesa para ofrecernos algo que no llegué a comprender. Menos mal, al principio pensaba que su intención era ligar con nosotras, una jugada que le habría salido bastante mal. Su producto, al parecer, nos sería de ayuda para ponernos en contacto con el mundo animal. ¿Qué se suponía que significaba eso? Parecía ser una especie de bebida con pinta asquerosa y algo sumergido en el líquido. Estaba casi convencida de que era un gusano. En cualquier otra situación me habría parecido una idea pésima, pero en este momento la indiferencia que sentía por lo que me rodeaba me llevó a aceptar aquella extraña oferta. Si el precio estaba tan bien como decía, podría con un trago de la bebida conseguir el mismo efecto que con todo el alcohol que había bebido y que me saliese rentable. —Oh, sí. Suena genial —dije sin una pizca de emoción en la voz —. Vamos a solucionar todos nuestros problemas con una bebida mágica.

Cogí la botella para abrirla y pegar un par de tragos. Tal y como parecía, estaba asquerosa. No pude reprimir una mueca por el sabor tan fuerte del líquido, aunque aquella sensación no duró demasiado. Tal vez fuese por todo lo que había bebido a lo largo de la noche o tal vez la bebida llevaba algo más que alcohol, pero las paredes del local comenzaron a tambalearse ligeramente, como si estuviesen vivas. Me quedé mirándolas fijamente, intentando controlar mi visión para que dejasen de moverse. Tras varios segundos, o lo que a mí me parecieron segundos, me di por vencida. Ahora no solo las paredes serpenteaban, sino que también sentía los ojos de todos los presentes sobre mí. No dejaban de mirarme y cuchichear entre ellos. Me había asegurado de que mi aspecto fuese impecable antes de bajar a beber, así que debía ser otra cosa. En ese momento, se me pasó por la cabeza la idea de que todo era una trampa. Lo que comenzó siendo una idea, se volvió rápidamente una realidad en mi cabeza. Los presentes seguramente eran cazadores de recompensas o peor, marines de paisano. Nos habían encontrado y estaban esperando el momento para que bajásemos la guardia y pudiesen atraparnos.

—Jolyne, nos vamos. Nos han encontrado —le dije poniéndome en pie y desenvainando una de mis katanas para apuntar a los que se encontraban sentados en las mesas. No iba a permitir que volviese a pasar lo de hacía unos días. —¡Que nadie se mueva ni nos siga! —les amenacé mientras cogía a Jolyne por la muñeca y la arrastraba hacia la puerta. Teníamos que salir de ahí cuanto antes y regresar al barco.
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#4
Triana sin dudarlo le dio un trago a la bebida misteriosa del señor con bigote, y yo no iba a ser menos. Quería conocer ese mundo animal del que nos hablaba, así que agarré la botella y vertí su contenido en mi vaso, usando el dedo índice para empujar al gusano hacia el exterior. No me fiaba de beber por si era peligroso pero un gusanito no me parecía tan mala idea. El bicho se hundió hasta el fondo de mi vaso y yo volví a meter la mano esta vez para sacarlo y comérmelo de un bocado. El viejo me habló un poco extrañado. – No es exactamente…  Bueno, da igual. Triana estaba embobada mirando fijamente las paredes del local y en cuestión de segundos, lo vi. En esas paredes empezaron a aparecer y desaparecer puntos negros de diferentes tamaños.

-Veáis lo que veáis no tengáis miedo, no pasa nada malo. Miré asustada la cara del viejo mientras empezaba a hacerse más ovalada y sus bigotes se rizaban hasta el infinito. -Serán … berries. Podéis … ahora … pero no os aconsejo … ¿entendido? Me sujeté con fuerza a la silla por si desaparecía o por si todos desaparecíamos entre esos agujeros del demonio. ¿Siempre habían estado ahí? Estaba empezando a comprender cuál era la realidad que había estado oculta hasta ahora. Por fin todo cobraba sentido. No moríamos, nuestras vidas son las que se colaban por la oscuridad y luego no sabían regresar hasta nuestro cuerpo. Si tan solo tuviésemos una forma de hacerle saber que estamos aquí viviríamos eternamente rompiendo el ciclo de la vida.

- ¡Triana!  - mi compañera estaba nerviosa porque parecía que nos habían encontrado. Me agarró con fuerza de la muñeca y me arrastró por el local mientras yo miraba las caras amenazantes de todas las personas que nos rodeaban, como si en cualquier momento se fueran abalanzar hacia nosotras para darnos caza. Para intentar disuadirles, les enseñé mis dientes mientras gruñía y soltaba cualquier sonido que se me pasara por la cabeza. Habíamos conseguido salir con vida de la taberna, pero todavía no estábamos a salvo. Si nos atrapaban, nos entregarían a la marina y seríamos ejecutadas públicamente. - ¡No si podemos impedirlo! -grité con fuerza y señalando al cielo. Buscando una posible vía de escape, observé en la distancia que había una pareja oculta en uno de los callejones que rodeaban el local y se me ocurrió la idea más brillante de la historia. – Pss, Triana, sígueme. Vamos a salir de esta.

Me acerqué sigilosamente hacia ellos por detrás y agarré uno de los dos del brazo. -Dame tu ropa, es urgente – dije mientras le quitaba sus gafas para ponérmelas. -Tú puedes ponerte cualquier otra cosa, pero yo necesito ser tú. Debido al forcejeo me tuve que recolocar la cartuchera con mi arma y finalmente, me acabó prestando su vestido mientras decía “no por favor, tengo dinero”, pero eso no era lo que yo quería. Nadie sospecharía de mí si me convertía en una mujer de mediana edad del pueblo Goruden, era el plan perfecto.

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#5
No sabía cómo saldríamos de esta, pero lo íbamos a hacer sin ninguna duda, aunque tuviese que cargarme a todo el que intentase detenernos. No podía ser tan difícil llegar hasta el barco sin que nos siguiesen, allí estaríamos a salvo hasta que zarpásemos. El principal problema era que estábamos rodeadas de enemigos. Si no les despistábamos llegar al barco no serviría de nada. Intentaba pensar rápido, pero mis ideas se amontonaban, se desvanecían y volvían sin control. Afortunadamente, Jolyne encontró una solución. Era una chica de campo acostumbrada a buscar soluciones con lo poco que tenía, seguro que su plan era nuestra mejor opción.

Entre las casas y establecimientos del pueblo encontró un pequeño callejón en el que había una pareja, un hombre y una mujer. No entendí qué pretendía hacer con ellos hasta que agarró a la mujer del brazo para pedirle prestada su ropa. Era una genialidad. Si cambiábamos nuestro aspecto nadie nos reconocería. Yo también me acerqué a ellos, ocultándome en el callejón para no llamar la atención de la poca gente que parecía haber por los alrededores. Seguramente los cazarrecompensas estarían ocultos, esperando vernos salir del callejón, pero se llevarían una sorpresa cuando viesen aparecer a un hombre y a una mujer completamente corrientes en lugar de a las piratas que esperaban. —Vamos, tú también. Dame tu ropa ahora mismo —le dije al tipo apuntándole con la katana. ¿Cuándo la había desenvainado? Para esta tarea era una molestia, así que la enfundé mientras la mujer nos ofrecía dinero mientras era desvestida por Jolyne y el hombre balbuceaba cosas que no entendía mientras se desabrochaba la camisa y los pantalones para dármelos. —Tampoco es para tanto, a cambio os vais a quedar con nuestra ropa, que es mucho más bonita, aunque mejor si no os la ponéis, podéis acabar muertos —les advertí para que no fuesen atacados por los cazarrecompensas al ser confundidos con nosotras.

Tras tener sus prendas nos las pusimos rápidamente, tan rápidamente que apenas recordaba ya cómo me había vestido. Ahora me encontraba junto a Jolyne saliendo de aquel oscuro callejón. Éramos dos personas completamente diferentes. Me coloqué bien el sombrero tratando de ocultar mi rostro todo lo posible y adelanté nuestro siguiente movimiento. —Por aquí —le dije yendo hacia la salida del pueblo. No sabía dónde estábamos, pero, por algún motivo, sentía que sabía hacia dónde ir. Tal vez fuese esa parte animal de la que habló el viejo. También ayudó que nos hubiésemos hospedado en un lugar cerca de la entrada o salida del pueblo. Caminamos a paso rápido y me percaté de que comenzaba a tener pequeñas lagunas. Estaba pasando junto a una fuente y, de repente, me encontraba unos metros más hacia adelante. No sabía hasta qué punto podían llegar estos vacíos de memoria, tal vez llegase un punto en el que nunca recordase nada, ni siquiera quién era. Teníamos que llegar cuanto antes. Aceleré el paso seguida por mi compañera hasta que llegamos a la salida, un camino de tierra llevaba hasta la zona deshabitada que tendríamos que cruzar para alcanzar el barco. Me paré en seco, siendo consciente de que la tarea iba a ser mucho más complicada de lo que esperaba.

Mire hacia el horizonte, intentando rehacer el camino que me había llevado a aquel pueblo varias veces. Me hacía una idea de hacia dónde teníamos que ir, pero tal y como estaba no podía asegurar nada. —Jolyne, estamos jodidas. Creo que sé ir al barco, pero si salimos de aquí y nos perdemos jamás sabremos volver. Tiene que haber una forma… —susurré pensando y mirando ahora hacia todos lados. La respuesta se me apareció delante de las narices. Desenvainé de nuevo mi katana y, de un movimiento, corté por la base el pedazo de madera que sujetaba el cartel con forma de flecha en el que se leía “Pueblo Goruden”. —Lo tenemos. Si llevamos este cartel con nosotras siempre sabremos volver, solo tenemos que seguir la flecha.

Algo dentro de mí me decía que había algo extraño en mi razonamiento, pero una voz mucho más fuerte solo gritaba que era la idea más lógica e ingeniosa que había tenido nunca. No sabía por qué no hacían varios carteles en miniatura de los pueblos y ciudades y los vendían. Era una idea millonaria, mucho más sencillo que las brújulas y mucho más accesibles si se vendían a las salidas de los pueblos. Aunque para eso también podían montar puestos de brújulas. ¿Por qué no montaban puestos de brújulas abiertos permanentemente? Aquellas ideas se me pasaron en tan solo unos segundos por la cabeza. Ahora no tenía sentido pensar en ello y tampoco era algo que me importase. Nunca había necesitado brújulas ni mapas, este era un caso excepcional.

—Vamos. Por aquí —dije comenzando a caminar con el cartel apoyado en mi hombro.
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#6
El vestido de aquella mujer era demasiado largo y tenía que andar sujetándome la falda para no tropezar. Triana también agarró la ropa de aquel hombre y así fue cómo nos las arreglamos para salir callejón siendo personas completamente distintas. La seguí todo el tiempo por los diferentes caminos mientras ella rastreaba como un sabueso en busca de una presa hasta que se quedó quieta de golpe. Estaba preocupada porque si nos adentrábamos en el páramo, cabía la posibilidad de que no supiéramos ubicarnos y quedáramos desamparadas en medio del desierto. Entonces, cortó de un tajo el letrero de “Pueblo Goruden” y se lo puso al hombro, por si nos perdíamos, al menos poder volver al pueblo.

-Hay que ver lo ingenua que eres. Si nos llevamos el cartel solo sabremos la dirección y eso no nos sirve de nada. Tenemos que saber también cuál es la distancia. – Revolví los bolsillos de mi ropa nueva y la de mi compañera buscando algo con lo que poder escribir, hasta que por suerte encontré lo que necesitaba. -Hay que contar el número de pasos que damos y así sabremos siempre el camino de vuelta, pero antes… Por si acaso se nos olvidaba este razonamiento, lo lógico sería escribirlo en un lugar que pudiera ver siempre. Así que lo apunté en la cara de Triana con un claro “Importante. No olvidar”. Esto era igual que con los agujeros negros que nos rodeaban; los números y la señal eran nuestro farolillo en medio de la oscuridad para volver a casa. En otras palabras, lo que nos haría volver a la vida.

Apenas empezamos a andar, nos encontramos de frente con un cactus. Para no perder los números de vista y mientras me sujetaba el vestido para no pisarlo, extendí mi brazo izquierdo para que Triana los anotara allí. -Veinticinco, apunta. Ese cactus serviría como punto de referencia para ir hacia la derecha, así que cambiamos de rumbo y nos pusimos a andar otra vez. ¿Habían sido setenta y ocho o sesenta y ocho pasos? No lo recordaba, pero eran medidas aproximadas, por lo que un desvío de unos diez pasos tampoco iba a cambiar mucho. -Hemos girado y hemos dado cincuenta y ocho pasos. Así que apunta, cuarenta y ocho.

Con cada paso que daba intentaba susurrar el número para no perder la cuenta, pero había algunos que se me escapaban pese al empeño que le ponía. Y, aunque Triana iba demasiado rápido como para poder contar al mismo tiempo, tampoco quería asustarla. Así que yo seguí con mi cantinela. – Setenta y tres, apunta.

Arrastraba los pies en el suelo, agotada de esta fuga sin fin. Con todos los giros que habíamos hecho, dudaba que nos encontraran a menos que tuvieran perros rastreadores o alguna habilidad especial. Lo bueno era que, aunque nos dieran caza, solo verían a una pareja dando un paseo a las afueras. Llegamos hasta una zona de tierras en la que había también algunas casas. Era un buen lugar para abastecernos antes de largarnos de la isla ya que ir al pueblo sería demasiado arriesgado, pero si armábamos lío, vendrían aquí a por nosotras. - ¿Qué hacemos? ¿Pasamos de largo?

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#7
La apreciación de Jolyne me hizo darme cuenta de mi gran error. Cómo no me había dado cuenta. Con aquel cartel teníamos la dirección, pero no la distancia. Si no apuntábamos nuestros pasos nunca sabríamos dónde girar y estaba claro que en aquel terreno tendríamos que cambiar de dirección en varias ocasiones debido a lo escarpado que era en algunas zonas. Sería imposible ir en línea recta. Algo me decía que mi idea del cartel no era tan buena, seguramente fuese por este gran fallo que Jolyne había detectado. No sabía cómo se había podido pasar por alto algo tan importante. Seguro que era cosa de aquella extraña bebida que nos hacía olvidar. De nuevo, mi compañera tuvo una genial idea para que no nos volviese a pasar y acabásemos perdidas en medio de la nada. Me apuntó en la cara que no debíamos olvidarnos de contar los pasos, así sería imposible olvidarlo, se acordaría cada vez que me mirase.

Comenzamos a andar en la dirección que creía que era la que nos llevaría al barco. En un principio tenía controlada la situación, pero a medida que avanzábamos aquello se convirtió en una tarea titánica. Era de noche, apenas veíamos por dónde íbamos y Jolyne hacía algo raro cada vez que veíamos un cactus y giraba a la derecha. Apunté en su brazo el número de pasos que dábamos antes de cambiar de rumbo, pero muchas de las veces se me olvidaba contarlos. Tendría que confiar en ella, que parecía que llevaba bien la cuenta. Pasado un tiempo que no sabría decir si fueron minutos u horas, me di cuenta de que ya no reconocía el camino. Por suerte, Jolyne parecía saber lo que hacía, seguramente estuviésemos bien encaminadas, solo que la oscuridad me impedía distinguir el paisaje.

Ya estaba comenzando a cansarme cuando vimos una especie de asentamiento. Unas viviendas que parecían chabolas improvisadas y algunas personas alrededor de un fuego en el suelo. También había varios carros y caballos. Seguramente fuesen comerciantes o algo así. Odiaba no saber qué hacer. —Podíamos acercarnos a ver si nos ofrecen algo. Tengo sed —dije sin pensármelo demasiado. Si eran más cazarrecompensas Solo tendríamos que acabar con ellos, no eran demasiados. Cuando me acerqué pude ver que su aspecto no era amenazante. Eran un par de ancianos, un chico joven de complexión delgada y dos adultos, una mujer y un hombre.

—No te preocupes, sígueme la corriente. ¡Buenas noches! Os preguntaréis cómo un hombre como yo puede ser tan atractivo. Eso es porque… No soy un hombre —dije quitándome el sombrero para desvelar mi identidad. No me apetecía estar fingiendo tanto por un trago de agua, era más sencillo confiar plenamente en aquellos desconocidos. —¿No tendréis algo de beber para estas dos chicas de pueblo?

No estaba acostumbrada a hacer de pueblerina, pero mejor eso a que pensasen que podíamos ser una amenaza. A Jolyne el papel le venía al dedillo. No sabía interpretar sus caras y si se lo habrían creído. El chica más joven levemente tras mis palabras. Tampoco era mi intención hacerles reír. Solo me quedaba esperar a que la confiable Jolyne solucionase el asunto. Nuestras vidas dependían de ello.
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#8
Caminamos hasta llegar junto a un grupito de gente reunido alrededor de una fogata y Triana empezó a hablarles de forma amistosa pidiendo algo de beber e intentando caerles en gracia. Aunque no era tan raro llevar armas para proteger tus tierras, pensé que cabía la posibilidad de que se asustaran, así que decidí sacar un poco de picardía. – Estamos intentando ser precavidas por si hay bandidos sueltos. Esas alimañas no respetan ni su sombra, pero qué os voy a contar que no sepáis. Señalé el cartel que llevaba Triana al hombro y continué. -Y esto es para no perdernos, aunque creo que ya lo hemos hecho.

Se miraron entre ellos, pero al final nos dejaron sentarnos y nos ofrecieron algo de beber. - En mi granja tampoco se le niega un vaso de agua al sediento – expresé en agradecimiento. Necesitaba tranquilizarme un poco y hacer que todo dejara de moverse tan rápido. La caminata por el desierto me había dejado con la boca seca y con el estómago vacío, sin tener idea de cuánto tiempo nos llevaría llegar al barco, por lo que largarnos ahora sería una imprudencia.

Fijándome bien, noté que tenían buenas tierras. No era la primera vez que fantaseaba con ser la señora de un rancho como ese, pero se necesitaría toda una cuadrilla para poder mantenerlo. Cuando me quise dar cuenta, estábamos en mitad de una charla sobre ganado y parecía que ya teníamos su confianza. Confusa, le hice un gesto con la cabeza a Triana para que se levantara y habláramos a solas. No recordaba toda la conversación así que quién sabe lo que les habríamos dicho, pero no parecían estar sorprendidos. Era el momento de urdir un nuevo plan para salir vivas de esta isla.

-Iríamos más rápido si les pedimos prestados un par de caballos – le susurré a Triana. –Esta gente tiene de sobra. Además, son unos ejemplares muy bonitos y yo los cuidaría muy bien. De verdad que quiero esos caballos. El problema era que marcharnos ahora con dos de sus corceles llamaría demasiado la atención y nos acabarían pillando. Tampoco podíamos esperar a que se durmieran ya que nos estaban buscando y el tiempo corría en nuestra contra. Debíamos ser más listas que ellos. – ¿Se te ocurre algún plan?

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#9
La idea de Jolyne no me pareció mala, pero la descarté de inmediato. Yo no sabía montar a caballo y si me perdía con un bicho de esos a saber dónde acabaría. Mi plan era sencillo, realmente solo quería beber un poco de agua y continuar con nuestro camino, pero ahora mi compañera había despertado mi lado más codicioso. No parecían tener demasiadas cosas valiosas, como oro, pero parecía que Jolyne le había visto algo a esos caballos. El lugar daba bastante lástima, las casas parecía que se iban a caer de un momento a otro, había varios animales sueltos y otros tantos tras unas verjas y tenían una gran cantidad de terreno vacía y tan solo poblada de hierbajos. Tal vez fuese una plantación, pero no tenía ni idea de estas cosas. Puede que fuesen ricos en terrenos, aunque eso no nos serviría de nada, no era algo fácil de robar. O sí.

—Jolyne, tenemos que casarnos con ellos para desplumarles —susurré lo más bajo que pude para que no me escuchasen y resumiendo al máximo mi plan maestro. Parece que no se dieron cuenta, porque de inmediato uno de ellos nos invitó a aceraros amablemente mientras nos tendía una cantimplora con algo de agua. Los demás miraron con algo de recelo, pero no se opusieron. Por las botellas vacías de whiskey que había a su alrededor imaginé que no estarían mucho mejor que nosotras. Eso nos vendría genial. Me acerqué para coger el recipiente y beber. —Muchas gracias. No queremos molestar, ahora mismo nos vamos —dije esperando que alguno de ellos sacase su lado caballeroso que tanto detestaba para que nos impidiese hacer esa locura. Tuvimos suerte de nuevo, el que nos ofreció el agua se negó a que caminásemos a esas horas por ahí.

—¿Estáis locas? ¿Cómo vais a… a… ir por ahí con esta oscuridad? Quedaos esta noche —se notaba en su forma de hablar que había bebido más de la cuenta. Los demás no dijeron nada. Ese tipo debía ser el cabecilla. —¡Muchísimas gracias! Qué amable —dije exagerando mi felicidad todo lo que podía para intentar resultarle agradable. El tipo no era feo, imaginaba que a algunas personas podría incluso resultarle atractivo, pero a mí solo me interesaba una cosa de él.

Me senté a su lado junto al fuego y miré fijamente a Jolyne para comunicarme mentalmente con ella. Algo me decía que me entendería, ahora estábamos unidas por esa bebida ancestral. “Jolyne. No te asustes, soy yo. Me voy a ligar a este pringado, parece el dueño de algo. Tú averigua quién es otro buen partido y haz lo mismo. Puede que el viejo sea buena idea. Juntas nos podemos hacer con todo esto. Estas tierras serán nuestras”. Si era lista escogería al viejo. Seguro que era el dueño de un montón de cosas y no le quedaría mucho de vida. Lo malo sería si tuviese hijos, entonces Jolyne tendría que lidiar con ello y, seguramente, casarse con alguno de ellos tras quedarse viuda. Eso ya sería problema suyo. —Contadnos algo de vosotros. Por ejemplo, ¿estáis casados? ¿sois familia? —pregunté mirando muy de cerca a los ojos de mi futuro marido.
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#10
Las ideas de Triana eran cada vez más locas y no sabía hasta qué punto podrían funcionar. – Así que casarnos… No estaba preparada para ello. Ser la soltera de oro de mi pueblo tenía su gracia, pero si solo era para sacarles los cuartos, no había nada de malo en ello. La codicia de Triana no conocía límites. A mí me bastaba con tener la mitad de sus tierras y de su ganado.  Al principio dudé un poco e incluso me dieron algo de lástima cuando nos ofrecieron pasar la noche allí, pero luego recordé que el mundo a veces era cruel y que consistía en cazar o ser cazado. Y yo no pensaba ser una presa fácil, así que decidí seguirle la corriente.

Nos sentamos otra vez cerca del fuego, ahora con un objetivo claro. Triana parecía ya haber encontrado a su víctima y me miraba fijamente, incitándome a que yo hiciera lo mismo. “Sé que puedes leerme el pensamiento, Triana. No pienso casarme con el viejo.” Las opciones eran escasas y esto se acababa de convertir en una competición llamada “¿Quién tiene más cosas valiosas para Jolyne?” Analizando objetivamente la situación, el viejo era un buen partido, pero no dejaba de ser una carga y después la gente cuchicheaba, por lo que lo descarté por el momento. El resto no parecían ser importantes ni poseer nada de interés.

Gracias a la pregunta de Triana, nos enteramos que algunos eran familia y otros eran amigos. Con lo que les daban esas tierras comerciaban y de paso aprovechaban y vendían todo tipo de cosas. Vamos, unos buitres sin escrúpulos que vivían en una especie de comunidad y que se beneficiaban de las necesidades de la gente. De entre los que dijeron que no estaban casados, se encontraba el hijo del viejo, que se había unido a nosotros hace poco. Era el menos agraciado del lugar, pero al menos así no pondría pegas y me podría quedar con su herencia. Además, el viejo no duraría mucho y siempre se le podría dar algún disgusto para agilizarlo. El calor era muy malo para la salud. Miré a los presentes y me pareció buen momento para echarle el lazo antes de que se me escapara.

-Pues podríamos casarnos. Por ejemplo, yo contigo y tú con ella - señalé primero al sucesor del viejo y después a Triana junto al otro pardillo. Todos empezaron a reír descontroladamente y la mujer animó aún más la situación. - ¡Que se levanten los novios! ¿no? Yo miré a Triana fijamente. “El plan está en marcha. Ya no hay vuelta atrás”. Los dos hicieron caso a la chica y entre risas se levantaron dando tumbos como pollo sin cabeza, seguramente por el alcohol. Recitaron unos votos inventados que no recordé e incluso se quitaron unos anillos para ponérnoslos entre los aplausos del resto. Formalidades que para mí no tenían sentido, pero que estaban socialmente aceptadas.

– Entonces ahora todo esto es nuestro, ¿no? Nos pertenece por matrimonio. Como si estuviese contando una especie de chiste, se rieron. -Oye… hay algo que se nos escapa, pero no sé muy bien el qué – le susurré a Triana.

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