[T1] [Aventura Autonarrada] ¡Me voy al Grand Line!
#1
Dia 3 de Verano, año 11
80ª División de la Marina


Tras finalizar la aventura con los agentes Daryl, Irina, Jude y Alzeid, cogí un barco en dirección a la base G-22 de la Marina, dónde me había formado y me esperaban para informar de los hechos que habían acontecido en Ilisia respecto al pirata Glatus.

El sol del mediodía irradiaba su calor sobre la cubierta del navío, haciendo que la brisa del mar no fuese lo suficiente refrescante para mi gusto. Llevaba mi uniforme puesto, a diferencia de lo que solía vestir, aunque con la camisa a medio desabotonar para paliar un poco el calor. Mechones de mi pelo rojo aleteaban y jugueteaban con el viento mientras yo buscaba asiento frente a la cabina de proa, apoyándome en ella y elevando la vista al firmamento. El cielo estaba completamente despejado, con algunas pequeñas motas de nubes aquí y allá que parecían luchar por manchar de blanco el cielo sin mucho éxito. Suspiré al escuchar el graznido de las gaviotas, indicando que nos acercábamos ya a la costa. No había sido capaz de comer en todo el día, preocupada por las posibles represalias por haberme tomado demasiadas libertades en mi cometido. Al final, era una simple soldado raso, el rango más bajo entre las filas de la Marina. Realmente… estaba asustada. Mis ansias de acción me habían llevado a unirme a una aventura que en toda regla se encontraba fuera mi alcance, incluso agentes del gobierno habían participado en ella. Esperaba no haber echado a perder mi futuro como marine por ello, pero no lo sabría hasta más tarde. Así que, aproveché para poner un poco en orden mis pensamientos mientras revisaba la herida de mi brazo, que parecía que no iba a dejar cicatriz.

Mis últimos días habían sido sin lugar a dudas de los más interesantes que había pasado desde que me alisté. Primero, le puse ojitos a mi superior, un hombre llamado Juan, para que me mandase a algo más interesante que hacer papeleo. Y funcionó, rematadamente bien. Me encomendaron ir a Ohara a revisar un cargamento que partía de allí y se tenían sospechas de que podía contener contrabando. La misión consistía en simplemente comprobar e informar, pero ya que estaba aproveché para ver un poco más del lugar. Era considerado una de las mecas de la erudición más famosas del mundo. Parecía un lugar de ensueño para mí. Y lo era. Por desgracia no visité el árbol del conocimiento, esperaba tener ocasión de volver en breves a estudiar sus libros. Quién sabe los conocimientos que puede albergar su biblioteca, siglos de documentos acumulados. Sin duda encontraría información realmente valiosa allí. Aunque no podía quejarme de mi estancia en la isla. Conocí a alguien increíble mientras curioseaba por Pueblo Engan. Su nombre es Erika, y es una chica joven, más o menos de mi edad, con la que rápidamente conecté de una forma que no lo había hecho nunca con nadie. Es mi amiga y la echo de menos. Se podría decir que si mis ganas de volver a Ohara por los libros son cincuenta, por ella son tres mil. ¡Incluso le había pedido que se alistara conmigo! Sonreí al recordar el momento. Tal vez me había excedido con el entusiasmo por haber hecho una amiga tras tantos años, pero no me arrepentía de ello. Me dijo que no se veía como Marine, pero que me ayudaría a su manera si podía. Realmente sentía mucha curiosidad por saber que tenía en mente, en cuanto tuviese un momento la llamaría al Den den mushi que le regalé. De verdad tenía muchas ganas de hablar con ella y contarle lo que había pasado, además de que ella me ayudó a recoger las pruebas de que se trataba efectivamente de mercancía ilegal.

Y precisamente eso fue lo que me llevó a la situación en la que me encontraba ahora. En el propio pueblo Engan, a la mañana siguiente de conocer a Erika, me crucé con tres personas realmente extrañas. Una mujer de pelo rosado y ojos intrigantes, un hombre de pelo azul grisáceo lleno de cicatrices que parecía a la vez una mujer con unos intereses un tanto siniestros y un hombre muy… atractivo, que portaba una gran espada. Despertaron mi curiosidad casi al instante en cuanto les vi, la forma en la que actuaban, vestían y hablaban dejaba claro que no eran un grupo cualquiera. En un inicio me mantuve a lo mío, desayunando tranquilamente y observándolos de reojo, solo estaban la mujer y el personaje andrógino. Más tarde descubrí que se llamaban Irina y Alzeid, pero en primera estancia solo eran unos desconocidos un tanto llamativos. Entonces, apareció el tercero, Daryl. Aún no entiendo bien qué me había pasado, pero realmente me sentí muy atraída por él. Su porte, su masculinidad, y cuando se dirigió a mí de forma intimidante, todo ello hizo que se me acelerara mucho el corazón. Era… una lástima. Sacudí la cabeza, intentando alejar esas emociones. No me convenían, además, realmente creía que esa era la razón por la que Irina después me trató de forma tan despectiva todo el tiempo. Esos dos debían tener algo, algo que tal vez ni ellos sabían que tenían, pero se notaba y yo tenía cosas más importantes que atender en esos momentos.

Pero pensar en ello me creó cierta incertidumbre. Agarré la manga de la camisa con fuerza. Estaba acostumbrada a utilizar mi cuerpo y mi atractivo para conseguir lo que quería, pero no tenía ninguna experiencia con el romance real. Yo… ¿Podía amar y ser amada de verdad? ¿Podía alguien llegar a quererme realmente a sabiendas de lo que me habían hecho? Y no era solo eso, hacía muchos años que no sentía amor de ninguna forma. Todas las personas que me habían querido habían muerto tiempo atrás. Mis padres, mis hermanos… Incluso descubrí más adelante que los amigos y tutores que tuve habían perecido en aquel infierno también. Desde entonces había estado aislada de la gente, manteniéndome en pie únicamente guiada por mi sueño, mi cometido.

Solté la manga de la camisa y respiré profundamente cerrando los ojos. Tal vez estaba sola, pero no sentía frío. El ardor en mi corazón era todo lo que necesitaba para seguir adelante. Acabar con los piratas para hacer del mundo un lugar mejor en el que la gente pudiese vivir sus vidas en paz y sin temor. Eso me recordó de nuevo la misión que acababa de de completar. Esos tres agentes que había conocido seguían la pista del mismo hombre que yo, Glatus. Era el propietario en las sombras del contrabando que había estado investigando. Al enterarme de ello, les pedí que me permitiesen acompañarles sin apenas pensarmelo. Juntos, viajamos hasta Ilisia, a una mina dónde supuestamente se encontraba el desalmado pirata. Y así era, pero no éramos los únicos tras su pista. Una hermosa mujer semigiganta llamada Jude se nos unió cerca de nuestro destino. Al parecer era otra agente del gobierno igual que ellos. Justo después, nos enfrentamos a dos de sus secuaces y acabamos con ellos sin compasión, limpiando el mundo de su maldad. Me llevé un corte en el brazo durante la batalla, pero no fue nada grave. Nos adentramos en la mina y llegamos hasta Glatus. Fue… mal. Jude, Irina y yo nos encontramos con él en las profundidades de la cantera, pero no acabamos con él. Fue un terrible error, estoy segura. Pero no podía ajusticiarlo con las demás delante, así que lo capturamos y se lo llevaron para entregarlo. Justo al terminar, descubrimos que había alguien relacionado con Glatus que le esperaba en otra isla. Si podía, iría con ellos en cuanto terminase con este asunto, aunque no tenía muy claro si me dejarían o no.

La sirena del barco rompió mis pensamientos, tan inmersa me encontraba en ellos que no había visto que ya habíamos llegado al puerto. Repasé mi atuendo para asegurarme de que estuviese en perfectas condiciones y me dirigí hacia el despacho de Juan. Mientras caminaba por la base, algunos compañeros me saludaron. No había hablado mucho con ninguno, pero siempre se comportaban amablemente conmigo. Claramente, destacaba sobre la multitud por ser mujer, y además tremendamente atractiva. Sí, era muy consciente de como me percibían los demás. Era probablemente la mujer más bella que muchos de ellos verían en su vida.

Así, llegué finalmente frente a Juan. Ya le había hecho un resumen de lo acontecido al embarcarme mediante el Den den mushi que llevaba. Una vez allí, le expliqué en detalle todo y le entregué el Den den Mushi que había pertenecido a Glatus. Se quedó pensativo, incluso diría que sorprendido. Cuando mencioné a los agentes pareció mostrarse algo incómodo. La situación pintaba mal para mí. Me ordenó que esperase en los barracones mientras él se encargaba del asunto, al parecer tenía que hablar con sus superiores.

Me retiré como me había ordenado, aunque hecha una bola de nervios. Casi estuve a punto de morderme las uñas. Por suerte pude frenarme a tiempo. No es que llevase una manicura extremadamente elaborada, pero prefería evitar adquirir malas costumbres. Me tumbé en mi catre, en el cual hacía ya tiempo que no descansaba. Los nervios me estaban matando, el pecho me estaba ardiendo y no podía hacer nada más que esperar. Era tal la ansiedad que incluso comencé a llorar. Me llevé una mano a los ojos para secarme las lágrimas mientras pensaba en las miles de formas en las que me podrían echar de allí y lo que me depararía el futuro después. Cada versión peor que la anterior. Estuve tanto rato así que más por agotamiento mental que físico, acabé quedándome dormida.

Unas horas más tarde, otro Marine me despertó de la siesta. Miré a mi alrededor y vi que fuera la luz ya comenzaba a escasear. Había dormido toda la tarde. Me comunicó que me estaban esperando en uno de los salones de reuniones. Abrí los ojos de par en par, era muy mala señal. Me dijo que me tranquilizara, que todo estaba bien. Pero, ¿qué otra cosa me iba a decir? Me iban a enviar de patitas a la calle y solo quería reconfortarme. Le agradecí y lo seguí por los pasillos de la base, mantuve la mirada baja preparándome para lo peor. Llegamos a una puerta y la abrió para que pasase. Me quedé unos segundos en el umbral de la puerta, sintiéndome pequeña e indefensa. Cogí aire y me adentré en el salón.

Había varios superiores, no reconocía a ninguno excepto a Juan, que se encontraba en uno de los laterales de una larga mesa. Un hombre más alto que la mayoría encabezaba la mesa y me indicó con un gesto que me tomase asiento en el lado contrario a él. Apretando los puños, me senté y miré directamente a los ojos del hombre que me iba a despedir.

Las palabras comenzaron a fluir de su boca, se dirigía a mí en todo momento, pero lo que decía no tenía ningún sentido en mi cabeza. Hablaba del suceso en los Cabos Gemelos, el que había salido en los periódicos recientemente. Decía que la Marina necesitaba a más gente capaz y dedicada a la labor, que habían sufrido bajas y que necesitaban a más tropas en el frente. Levanté las cejas, totalmente perpleja por lo que estaba diciendo. Mi cara era un lienzo de confusión. Alabó mis actos recalcando la importancia de dar un paso al frente en la lucha de los piratas y… me ofreció embarcarme en un navío que se dirigía al Grand Line la mañana siguiente para unirme a un pequeño grupo encabezado por el Comandante Joe, que había participado en dicha batalla.

Estaba atónita, y no solo eso. Por un momento mi cuerpo se había relajado tanto que creí que me iba a caer de la silla. Me estaban ofreciendo una oportunidad única en la vida. Apenas había terminado su última palabra, un “Sí” surgió de mis labios sin que pudiese siquiera darme cuenta de ello. El hombre me miró desconcertado por la rapidez de mi respuesta, incluso yo me sorprendí por ello, pero enseguida dibujó una ligera sonrisa en sus labios y me ordenó prepararme para el viaje. Comentó sobre un posible ascenso, pero que ya lo discutiríamos más tarde, el barco no iba a esperarme y tenía que recoger mis cosas cuanto antes. No sabían cuanto tiempo estaría fuera, tal vez no volviese en años. Terminamos de hablar pequeños detalles y rápidamente me fui a preparar mi partida y a darme una merecida ducha.

-¡ME VOY AL GRAND LINE! -grité a mi reflejo en el espejo empañado por el vapor caliente.

Estaba increíblemente feliz, dando saltitos de alegría y emoción. Llevaba tanto tiempo esperando una oportunidad así que no cabía en mí misma. Veloz como un relámpago, recogí toda la ropa posible para cada ocasión. No sabía demasiado del Grand Line, pero sí que el clima variaba mucho de un sitio a otro, así que me preparé concienzudamente. Cargué una mochila con lo esencial y llené una maleta con el resto, incluídos mis libros y suministros de salsa picante. Por supuesto, también llevaba un poco de Sriracha en la mochila y en mi bolsa. Era cien por cien necesario.

Estaba ilusionada como nunca lo había estado desde… desde que dejé de tener un hogar. Tenía tantas ganas, necesitaba hablarlo con alguien. En cuanto pudiese, llamaría a Erika para contarle todo. ¡Qué mal lo había pasado! ¡Y que bien que había salido todo!

No solo por la siesta, la euforia que me embargaba no me dejó dormir aquella noche. Pasé las últimas horas de la noche sentada en el puerto frente al barco que me llevaría a nuevos mares. Viendo el amanecer salir, indicando el comienzo de un nuevo día, sentí que era un nuevo comienzo también para mí. Un nuevo viaje en el que embarcarme. Un nuevo mundo entero por descubrir. Y un nuevo futuro que construir.


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#2
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