Guardia del invierno | P.R | T2
#11
El puño del gigante, como una roca venida del cielo, un fragmento del infinito, descendió sobre la joven mink, quien sólo pudo observar como el mundo mismo se convertía en una cortina de humo y fuego a su alrededor. La fuerza del golpe la estampó contra el suelo y la posterior explosión sólo aumentó su presión en el asfalto, enterrándola parcialmente. Se convirtió en una figura, un calco, un cuadro pintado en la acera con la violencia desproporcionada que un gigante podía descargar sobre un ser que no era ni la mitad de su tamaño, ni un cuarto de su peso.

—¡Paru! —exclamó Saru, cubriéndose de la explosión con los dos brazos. La corriente de viento ocasionada por la detonación estuvo a punto de arrojarla hacia atrás. Sus pies se arrastraban en el suelo, la suela gastada contra la piedra—. ¡Maldición! ¡¿Qué demonios fue eso?! —exclamó, frustrada. Nunca había visto nada parecido y nadie les advirtió que el gigante tenía un poder de ese tipo—. ¿Es un usuario de Fruta del Diablo?

La cortina de humo y tierra se extinguió al cabo de un suspiro. Frente a sus ojos, lo que quedó de la explosión fue la imagen de su compañera parcialmente enterrada y severamente herida, los ojos desorbitados, las pestañas quemadas y el pelaje ennegrecido por la ceniza.

Saru apretó el agarre sobre su daga, se giró nuevamente hacia Arceo y, justo cuando pretendía adelantarse para volver al ataque, una sombra la cubrió. Alcanzó a levantar la mirada y abrir los ojos con sorpresa, incredulidad y hasta miedo cuando la enorme mano del gigante alcanzó su cuerpo. Los dedos del marine se cerraron sobre ella. La estrujaron. Sus huesos, como palillos en manos de un niño, crujieron y se quejaron. Perdió el aliento en una exhalación forzada y en ese instante, supo con certeza lo que se sentía ser exprimida

—¡Gah! —balbuceó, pero no había forma de que construyera una palabra con el poco aire que le quedaba en los pulmones.

Los pasos del gigante retumbaban en la acera y en los alrededores, en la mitad del pueblo, pues su tamaño y peso al acelerar hacían temblar las paredes de las casas en la manzana circundante. Cualquiera que mirase al cielo vería, de soslayo, la silueta de Arceo avanzar a toda velocidad por la calle. En su sombra, la noche se hacía más oscura, pues ni la escasa luz de la luna abrigaba.

Taru sintió, inevitablemente, el estruendo a su espalda, pero cuando quiso mirar por encima del hombro ya era demasiado tarde: Arceo estaba encima suyo.

—¡Qué…! —Se atragantó con las palabras y, en un acto reflejo de auto preservación, dejó caer la carreta a un costado del camino y se puso en guardia—. ¡¿A ti no te tenían que retener las otras…?! ¿Ah? ¡¿Saru?!

En la mano del gigante reconoció a su compañera, estrujada y apenas consciente entre los enormes dedos.

—¿Qué demonios pasó con Paru? ¿Esa explosión…?

—¡Quieto!

El chasquido del martillo de un mosquete le hizo correr una sensación fría por la espalda. Taru, el gyojin de las profundidades, sudó una gota de hiel mientras, lentamente, movía su mirada a la derecha. Por el rabillo del ojo los vio: dos siluetas. Dos marines. Dos armas apuntándole.

Lengua y Dientes, al aterrizar la carreta, habían logrado bajar de ella, reponerse al mareo y ahora apuntaban al último bandido que quedaba por aprehender.

—¡Estás arrestado! ¡Baja las manos lentamente! —exclamó Dientes, tensando el índice sobre el gatillo—. ¡Arceo! ¿Estás bien? Parece que te encargaste de esas dos.

Levantó la mano libre con el pulgar extendido.

—¡Sí! A este lo tenemos. ¡Ve y asegura a la minina! —agregó Lengua, mientras, al mismo tiempo, el gyojin bajaba lentamente las manos hasta colocarlas tras la espalda. Lengua sacó un par de grilletes de su bolsillo y se los colocó en un único movimiento.

Saru yacía completamente inmovilizada en la mano de Arceo mientras Paru, varios metros atrás, hacia lo posible por levantarse, aunque mucho le estaba costando debido a los daños del impacto recibido. Taru yacía de rodillas tras recibir una patada en la parte trasera de la articulación que lo obligó a caer. Y en la carreta, caída a un costado del camino, solamente se oía un respirar lento y controlado.

Off
#12
No seria mentira el decir que con enojo el gigante sentía que cargaba literalmente con todo el equipo, ciertamente, el ataque desmedido contra el primer sujeto abría sido de enojo y descontento, había pagado los trastes rotos… pero así era la cosa.

La otra, se sentiría cada vez mas floja en el agarre del gigante, pero a el esto no le interesaría, por que comenzaría a apretar y apretar más, de verdad deseaba que se detuvieran… y no veía el cómo, fue cuando le dio alcance cuando por fin, los desgraciados harían algo… a punta de pistola encañonaron al… ¿pez? Y la otra simplemente sufría el poder levantarse…

Ahora, de la nada, esos buenos para nada parecían ser lo mas eficientes posibles, un solo movimiento y PUM, engrilletado, se movería el segundo a realizar lo propio con la que estaba chamuscada a lo lejos… y la otra.
El gigante elevo el puño que continuaba apresado, ¿Por qué no se desmayaba? El chico lo pensó seriamente…y aquella mano se hincho un poco y BOOOM….volvió a hincharse un poco y BOOOOOOOOOOOOOOOM…. El contacto de la mano de Alex con la ropa de la apresada hizo que en una corazonada activara su fruta para causarle daño a manera de debilitarla… su idea…literalmente dejarla KO y quizá, con dos explosiones a quemarropa aquello sería suficiente…

Suspiraría, pero parecía que el “paquete” no había escapado y no solo eso, ahora tenían tres sujetos mas para entregar, excelentes noticias para el comando… que de un momento a otro, todos fueron encadenados y pues básicamente, ingresados a la misma cárcel carroza para seguir con el recorrido, era lo mejor… apretados y chamuscados, se les retiraron sus armas y si no, básicamente se les desnudo bajo la amenaza de que el gigante los explotaría de no cooperar.

El camino fue lento y horrible, no por que pasase algo, si no que, la incertidumbre de lo ocurrido los hizo mantenerse aun mas atentos de lo normal, ¿Por qué querían salvarlo? Quizá algún otro habria pensado en aquello y cerca del puerto los emboscarian… pero no, no paso y simplemente los marines hicieron la entrega militar al siguiente convoy… donde Alex y los parlanchines, vieron como se alejaban los maleantes heridos y así nunca mas volverlos a ver… o eso esperaba.


Resumen
Pensamiento • Dialogo • Cronologia
[Imagen: LrdQgpv.png]
#13
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Aventura T2: Completada

Recompensas Narrador (Enji)

— Puntos Mugiwara: 15

— Puntos de Rol: 20

— Berries: 30k


Recompensas User (Alex)

— Puntos Mugiwara: 10

— Reputación: 20

— Berries: 20k

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