Un día nublado de otoño, hace ya unos cuantos años, un panda se encontraba de viaje por el East Blue. Había recogido todo su dinero, que en aquella época era más bien poco, y se había pagado un ferry para escapar de su hogar, de su padre y dirigirse hacia un nuevo amanecer. Pero el camino hacia los nuevos amaneceres está siempre plagado de tristes tardes y negras noches. En su camarote, para nada diseñado para albergar criaturas que casi llegan a los 4 metros de altura, Don Bambú se encontraba tirado en el suelo, mirando al techo con unos ojos enrojecidos y una boca seca, muy seca. Había tenido una mala noche. Todavía tenía unas cuantas desde el fallecimiento de su madre. Unirse a la revolución le había dado rumbo a su vida. Le había dado algo que hacer más que levantarse por las mañanas e ir a la biblioteca donde ella trabajaba para hacer lo mismo que el día anterior hasta bien caída la tarde. Pero entre misión y misión siempre había hueco para la introspección y lo que Don Bambú encontraba a través de ella nunca era bueno. El recuerdo persistente de su madre le había llevado a beberse la noche a través de cristales tintados, había vomitado tres veces, una de ellas en la cubierta, y el capitán le había ordenado que se quedase en su camarote hasta que se serenase. Ahí fue donde su compostura se fracturó. Lloró en silencio hasta que la luz de un nuevo día sin sol le golpeó en la cara desde la ventana del barco. Dejó pasar las horas sin cambiar de postura, sin mirar nada más que el techo y justo cuando iba a cerrar los ojos para dejarse llevar por el sueño, unos golpes en la puerta de su camarote le despertaron de nuevo. —¡Panda! ¡Hemos llegado a tierra firme, el ferry continuará su camino mañana a las 6 de la mañana hasta Dawn! —No hubo respuesta por parte de Don Bambú. —¿Me has oído? ¡Tienes que bajarte! —La puerta del camarote se abrió de golpe. El panda no miró al que le estaba hablando, pero parecía enfadado. Seguramente era el que tuvo que limpiar el estropicio de la noche pasada. Sin mediar palabra, la mole de músculo y pelo se medio irguió y salió a gatas del camarote. Caminó encorvado por los pasillos del barco hasta finalmente poder enderezarse en la cubierta y respiró el aire húmedo del puerto. Todo estaba lleno de marines, pero no por ir a por él, sino porque la isla, por su posición estratégica y las facilidades que daba para la defensa, era una de las más valiosas para la marina. Don Bambú endureció su rostro y pasó de largo de los marines como un pasajero más, aunque atrayendo un par de miradas. Los mink eran raros, pero no inexistentes en los Blues, de modo que no había preguntas que hacer. Una vez superado el puerto, la presencia de la marina ya no era tan evidente. Sí, había más marines de lo habitual, pero Shell's Town estaba compuesta de otras cosas también. Había comerciantes por todas partes en las zonas colindantes a la del puerto, y un poco más adentro estaban los hostales y hoteles que acogían a los viajeros de paso y a los turistas. La zona residencial se entremezclaba con la zona turística, pero era mucho más extensa y la ciudad se extendía alrededor de una gran formación rocosa coronada por una base de la marina enorme. Desde aquella posición de poder, los perros del Estado tenían un control superior sobre la ciudad. Parecía imposible la existencia crímenes en un lugar como aquel, pero precisamente por lo difícil que era cometerlos sin ser capturado, más atractiva era la idea de hacerlo. El panda decidió alquilar una habitación en un hostal de mala calidad y dejar allí sus cosas, protegidas tras una puerta de madera vieja y debajo de una cama sin sábanas y con un colchón medio deshecho del que asomaban unos cuantos muelles. Era todo lo que podía pagarse, pero los paseos eran gratis. Decidió salir a explorar la ciudad. Vio los comercios y las zonas turísticas desde lejos. Evitó cruzarse con demasiados marines no por tener una recompensa sobre su cabeza (que no tenía), sino por tenerles un odio visceral a raíz de su relación con su padre. Caminó tanto que volvió a la zona costera, a un puerto, pero no era el puerto de antes, que estaba bien vigilado. Éste a penas tenía presencia policial por tratarse de una zona pesquera. Por la mañana muy temprano zarpaban los barcos de los pescadores y volvían bien entrada la tarde, casi al anochecer para vender su mercancía. Debía tratarse de una zona medio pobre. Don Bambú pensó que esto era mejor para él, ya que estaría más tranquilo lejos de la presencia policial y continuó su paseo por la zona. Las horas transcurrieron más deprisa de lo que imaginaba, porque cuando se propuso volver a su hostal ya estaban saliendo las primeras estrellas en el cielo y el sol estaba a punto de ocultarse del todo en el horizonte. En una zona más bien vacía de la calle, mientras estaba de paso, una voz llamó su atención susurrando. —Estás hecho un grandullón, ¿eh? —Su voz estaba rasgada, algo propio de la edad avanzada y de una salud deteriorada. Don Bambú giró su cabeza y atisbó una sombra en un callejón. —¿Qué te trae por aquí? —Le dijo la sombra. —¿Cómo sabes que no soy de aquí? —Respondió el panda, aunque era evidente. —Lo sé porque tengo ojos. ¿Necesitas dinero para espejos? —Ah, sí, con que de eso iba la conversación. —He tenido un mal día. Unos cuantos, la verdad. —No era ninguna amenaza, al contrario de lo que cualquiera podría pensar. El viejo, sin embargo, entendía los huecos entre las palabras. —No tengo cura para eso, chico, pero puedo ofrecerte algo para distraerte y dinero por tu tiempo. —De algún modo, Don Bambú supo que el viejo estaba sonriendo. Don Bambú pensó que lo de distraerse no le venía mal. Si se iba al hostal ahora se lo comerían las paredes. Además, con un poco más de dinero podría pagarse una cena caliente, que era lo que le estaba pidiendo su estómago en el momento. —¿Y qué tengo que hacer? —Ya había aceptado, el resto era mero trámite. —Ven conmigo, chico. —Y la sombra se desvaneció en el callejón. El panda miró a los lados y solo vio una calle desierta. Aprovechó su aparente soledad para meterse en el callejón sin ser visto y se deslizó por entre las frías paredes de piedra. El callejón no tenía salida, pero al final no había nadie. Miró a su alrededor en busca de alguna puerta o algún hueco por el que se hubiera podido colar el viejo y entonces la vio. Era una tapa de alcantarilla ligeramente abierta. El esfuerzo que tuvo que hacer para meterse dentro fue considerable, pero lo logró tras unos minutos de crisis en los que creyó que se había atascado. Dentro de las alcantarillas todo estaba a oscuras. —Cierra la tapa, chico. —Don Bambú obedeció y un mechero se encendió en la oscuridad. En la penumbra pudo ver parte de la cara del anciano. Tenía la barba mal afeitada, una boina marrón y la dentadura medio deshecha. Estaba sonriendo. —Sígueme. —Y así lo hizo. La red de túneles del alcantarillado era compleja, muy compleja, pero el viejo se la sabía de memoria. Al final de lo que parecía otro callejón sin salida, pero subterráneo, el viejo golpeó una pared de piedra tres veces. Cuando lo hizo, lo que parecía el muro empezó a deshacerse piedra a piedra para dejar paso a una estancia iluminada por antorchas donde había más personas de las que podría haberse imaginado. Era una cámara tan grande, que Don Bambú cabía completamente erguido. Una vez traspasó el falso muro, los muchachos que lo deshicieron volvieron a ponerlo todo en su sitio. La pared era evidentemente falsa, pero para verla había que encontrarla y de lejos daba el pego. —¿Qué tal sabes usar esos puños que te traes? —Preguntó el viejo.
Aquello era una mision de incognito. Su primera mision, para ser mas exactos. Minato no cabia en si de la emocion, y estaba deseoso de empezar a dr justicia. Reunieron a los reclutas en el campo de entrenamiento, y los dispusieron en una fila alargada para explicarles de que iba la mision. -Señoras y señores, espero que esten preparados. Hoy vamos a tratar de desmantelar una casa de apuestas ilegal. Somos pocos efectivos, pero tendremos que valernos por nosotros mismos. Dijeron informandole de la situacion. A medida que daba mas y mas explicaciones, el de cabellos violaceos dejaba de escuchar. Estaba tan emocionado, que hasta que no le dieron un codazo en el brazo derecho, no volvio a levantar la cabeza para atender. -... Y tu, novato, te encargaras de entrar por la puerta principal junto a Julius, no tienes que decir nada, solo acompañarle. Y recuerda, debes ir vestido mal.- Minato fruncio el ceño y asintio con conviccion.
Lo siguiente que recuerda fue mucho ajetreo, mucho movimiento por parte de sus compañeros, y por supuesto, unos nervios y ganas que no cabian en su pecho. Mientras se vestia con unos pantalones oscuros cortos y desgastados, una camisa que antes era blanca pero que habia cogido un color amarillento, y unas sandalias; Julius le hablaba dandole instrucciones, que por supuesto, el chico apenas oia. Le hacia hasta gracia. Era una mision de infiltracion, de incognito, secreta... Llamalo como quieras, pero el iba a estar en el ojo de la accion.
Poco tardaron en llegar en aquel lugar. Aparentemente era una casa normal y corriente, algo desgastada por el paso del tiempo, pero igualmente normal. Minato llamo a la puerta, y una enorme mole de peso le abrio, mirandole de arriba a abajo y con cara de muy pocos amigos. Fue entonces cuando Julius se adelanto y comenzo a hablar. -Ya era hora, joder. Llevamos como media hora esperando a que nos abrieras.- Dijo mientras entraba, apartando con una mano a aquella bestia. Y sin parar, añadio. -Tranquilo, joder. El chico viene conmigo. Tiene que ir aprendiendo como ganar dinero fuera de la labranza del campo.- Y tras decir aquello, entraron de lleno en aquella casa, que por dentro era otra cosa.
Bajaron como a un sotano, lleno de gente e iluminado con antorchas. El ambiente era algo tetrico y oscuro, pero a Minato se le podia ver una pequeña sonrisa en sus labios, causa de su nerviosismo y ganas. En el centro de la sala, habia como una especie de plataforma improvisada, pero el joven marine apenas le presto atencion hasta que alguien subio y comenzo a anunciar un combate. Tras aquel anuncio, los dos tipos comenzaron a pegarse tortazos, con bastante fuerza, hasta que uno de ellos cayo definitivamente KO. Cuando retiraron el cuerpo, el tipo que habia presentado, comenzo a pedir voluntarios para una segunda pelea. Minato, por un segundo se olvido de todo, y alzo la mano. -¡AQUI UNO SIN MIEDO! ¡COJAME A MI, SEÑOR!- Grito con todas sus fuerzas, mientras que Julius, le agarraba de la camisa. Pero aparentemente a era tarde, pues Minato se iba direccion a la plataforma para pegarse contra quien fuera.
En un principio, Don Bambú se quedó mirando los combates desde una esquina, sin hacer nada. No le gustaba mucho aquel lugar, pero sentía tal tristeza que por debajo de ella no sentía gran cosa. Los musculosos hombres se partían la cara los unos a los otros por un puñado de monedas mientras los demás miraban, gritaban y agitaban billetes llamando la atención del corredor de apuestas. La escena le daba un poco de asco. Su estómago rugió, sin embargo, y supo que no era momento de cuestionarse la moralidad del asunto. Cuando hay hambre, las personas hacen cosas desesperadas y allí se encontraba en el lugar donde mayor desesperación había. Los combates transcurrían uno detrás de otro con breves pausas para realizar las apuestas pertinentes. Sin embargo, hubo un momento en el que la pausa fue mayor que las anteriores. Habían terminado los combates planificados y ahora buscaban voluntarios para las peleas. Mientras el presentador buscaba gente, el silencio se hizo entre los espectadores. Todos querían mirar, pero nadie quería pegarse. Nadie excepto un chaval. Un humano de pelo color lila, un color de pelo bastante raro entre los humanos, que demostraba un entusiasmo sin precedentes en un lugar como aquel. No le disgustaba del todo aquella actitud, pero le pilló en un momento bastante decadente de su vida. Supo lo que tenía que hacer. —Yo también. —Al contrario que el jovenzuelo, el panda no demostraba demasiado entusiasmo por la situación. Él no buscaba fama ni fortuna, buscaba desahogarse. Buscaba apagar su cerebro un rato. Buscaba aplastar el venenoso entusiasmo de aquel humano que le recordaba unos tiempos mejores. Cuando el presentador dio el visto bueno, el panda se subió al ring y se quedó plantado en la mitad del mismo, mirando fijamente al humano, desafiándole en silencio. Su enorme estatura causó silencio durante un momento, pero rápidamente los espectadores hicieron cálculos en su cabeza y decidieron que seguramente ganaría el que medía casi cuatro metros. Pero quién sabe, no todo era fuerza y estatura.
Julius no pudo contener al imprudente de Minato, quien se zafó rápidamente de aquel agarrón de la camisa y subió rápidamente a aquella plataforma de boxeo. Desde arriba podía ver a todo el mundo. Alzó los puños a modo de saludo, con aquella sonrisa llena de confianza en su rostro. -¡¿ES QUE NADIE ME VA A APLAUDIR?! ¡SHAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!- Gritó a todo el público, deseoso que le vitorearan y celebraran, más lo que escuchó no fueron más que risas y carcajadas. Fue entonces cuando bajó los brazos y frunció el ceño. No terminaba de entender porque se reían.
Sintió unos pasos pesados tras de él, y cuando se dio la vuelta, vio lo que le pareció un gigante, y fue entonces cuando entendió de que se reía la gente. Y él también empezó a reir. -¡SHAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA! ¡Un jodido oso panda! ¡Shajajajajajajajajaja! ¡Me va a romper las piernas!- Reía de manera descontrolada, causa de los nervios más que nada, pero poco a poco fue adoptando un gesto más serio, aunque sin perder nunca aquella sonrisa que le caracterizaba. -Así que tu vas a ser mi rival... Soy Minato, por favor, no te pases conmigo. Sólo soy un joven inconsciente que no sabe donde se ha metido. ¡Shajajajajajajajaja!- Dijo a modo de broma.
Se quedaron mirándose a los ojos durante largo rato. Minato sentía nervios y ganas por empezar el combate, y empezó a prepararse para ello. Ladeó su cuerpo, y adelantó el lado izquierdo, poniendo delante el pie izquierdo. Levantó también el puño izquierdo hasta la altura de la sien, y el puño derecho a la altura de la mandíbula mientras curvaba levemente el tronco. Había adoptado una posición para el combate, y fue entonces cuando le dedicó una mirada llena de determinación. -Venga, oso. ¿Peleas o te cagas?-
Don Bambú no sabía muy bien qué hacer con aquel chaval. Se había subido al ring casi como si fuera una súper estrella y había solicitado aplausos como si fuera el protagonista del evento principal. El panda se quedó mirándole en silencio, midiendo sus palabras, tratando de discernir si verdaderamente era tan... idiota como aparentaba. Fue cuando el chico se giró y vio que su oponente era un oso panda que empezó a reírse como un desquiciado. —Estás un poco chalado, niño. —Le dijo el mink sin inmutarse. No obstante, el chico empezó a calmarse poco a poco, adoptando un semblante más serio sin dejar de lado en ningún momento la sonrisa en su rostro. Se presentó como Minato, un joven inconsciente. Y tanto. Minato adoptó una postura de combate e instó al oso a iniciar el combate. —Puedes llamarme Panda, si quieres. —Don Bambú adoptó de igual manera una postura de combate. El público estaba impaciente. Las apuestas ya se estaban realizando, y si Minato ganaba pronto habría gente muy adinerada caminando por las calles de aquel pueblo. El anciano que había invitado al oso a venir al evento miraba con interés al chaval, como si lo escrutara con intensidad.
Don Bambú dejó de escuchar al público. De repente, para él el tiempo se volvió una cuestión relativa. Los gritos de los espectadores se convirtieron en murmullos y luego en silencio. El panda miraba fijamente a los ojos a Minato, como si tratase de leerle la mente. De repente, sin una señal previa que avisase de ello, el panda se lanzó hacia delante, posicionándose a un metro de Minato. El panda alzó ambos brazos hacia el cielo y con un sonoro rugido lanzó un golpe descendente con ambas manos entrelazadas que pretendía golpear en la cabeza a Minato.
Off
Hola, dejo aquí mis atributos actuales por si los voy subiendo y tal.
Fuerza: 34
Resistencia: 40
Destreza: 13
Precisión: 13
Agilidad: 15
Reflejos: 13
Inteligencia: 25
Voluntad: 25
Control de Akuma: 70
El cálculo de daño en caso de impacto serían 34 - tu resistencia.
El joven Minato sonrió aun más cuando escuchó las palabras de aquella enorme bestia, llamandole chalado. -¿Te puedo llamar Panda? Es un muy nombre muy simple. Pero me vale.- Dijo, encogiéndose de hombros. Al fin y al cabo, se llamara como se llamara, le daba igual. Iba a pelear contra una bestia que estaba dispuesto a romperle en mil pedazos. Estaba siendo un inconsciente total.
Sin embargo, en ningún momento le retiró la mirada. Quizás por su juventud, o quizás por no ser lo suficientemente inteligente, Minato no temía lo más mínimo al mink oso panda, quien en un movimiento algo lento para el chico, se lanzó a la carga hacia él con un sonoro rugido, para acto seguido lanzarle un ataque con sus garras entrelazadas, descendente. El de cabellos violáceos dió un pequeño salto hacia atrás, y cuando los brazos chocaron contra el suelo, se impulsó y dio un salto hacia adelante, cargando su puño derecho para proyectarle un golpe en el hocico.
En principio la intención era marearle. Iba a tratar de esquivar todos los golpes posibles, para luego ir debilitándole y desquiciarle poco a poco. Sin embargo, tendría que ir con ojo al pelear contra el Panda, ya que a la mínima, podría destrozarle.
Los puños del panda impactaron contra el suelo con tal fuerza que se levantó una pequeña humareda de polvo. Sin embargo, como notó el instante en el que golpeó el suelo, debajo de sus puños no había ninguna persona. Sospechó entonces que había sido víctima de la agilidad de alguien más pequeño que él. Ah, la terrible agilidad de las otras personas. Panda era lento. Grande y lento. Es lo que hay. Alzó su rostro y lo que se encontró fue el puño de su contrincante. Su mano impactó contra el rostro mullidito del panda con fuerza, pero Don Bambú estaba hecho de un material diferente al de los humanos. —Pégame fuerte, ¿no? —Encima se chuleaba el mamón. Normalmente no lo habría hecho, pero había sido una semana de mierda. En otras circunstancias hubiera admitido que el chaval golpeaba incluso con más fuerza de la que era capaz de proyectar el panda. —¿Dónde entrenas, muchacho? —Le preguntó con media sonrisa. Sus puntiagudos dientes brillaron a la luz de las antorchas que iluminaban la estancia. Podría atravesar la carne con esos dientes con suma facilidad. Entonces tuvo lugar la intentona del panda por atrapar a su contrincante. Como era rápido, no tenía las de ganar si se limitaba a golpear el aire y el suelo como un idiota, de modo que mientras le sonreía, confiando en que no se apartase inmediatamente de él, lanzó su brazo izquierdo por el lateral del muchacho para agarrarle la cara y llevársela contra el suelo para que comiese un poco de polvo. —¡Eres rápido, cabrón! ¡¿Pero qué más tienes?! —Si el chaval conociera al panda, aquello le resultaría extremadamente raro. Era como ver a otra persona diferente hablarle. Normalmente Don Bambú era un mink bastante agradable y tranquilo, pero cuando entraba en combate podía volverse muy agresivo y violento.
Off
Recibo el golpe de lleno en la cara. Noto la fuerza del impacto, pero en última instancia no me hace daño.
Como ataque, intento distraerte con insultos para luego agarrarte la cara por un lateral y golpearte la misma contra el suelo, como si te la aplastase.
Fuerza: 34
Resistencia: 40
Destreza: 13
Precisión: 13
Agilidad: 15
Reflejos: 13
Inteligencia: 25
Voluntad: 25
Control de Akuma: 70
El muchacho no se movió para esquivar el agarre del panda, tal vez por miedo al enfrentamiento, por impresión ante la enorme figura que se encontraba delante de él o sencillamente porque quizás estuviera distraído. En cualquier caso, agarró la cabeza del muchacho y la estampó contra el suelo, dejándole el rostro pegado a la tierra. La audiencia vitoreó este movimiento, pues por fin tenían la emoción que esperaban. Las apuestas se cerraban rápidamente y aquellos que habían apostado por el pequeño aullaban de puro disgusto ante la situación. El panda, que vio su oportunidad, mantuvo el agarre en la cabeza del muchacho contra el suelo y alzó su otra mano hacia el cielo. Los músculos de su brazo se tensaron rápidamente, de tal forma que la manga de su camisa se rasgó un poco por la zona de la apertura. —¡Ahora verás! ¡Golpe fuerte! —Y gritando para animarse a golpear con más fuerza, descargó un golpe de fuerza descomunal contra su adversario. Si el golpe impactaba, la humareda que se levantaría sería todavía mayor que con el anterior golpe, pero seguiría sin ser suficiente para ocultar la presencia de ninguno de los contendientes.
—Me gustaba esta camisa. —Dijo con sorna. —Pero ya me la pagarás en diversión esta noche, muchacho. —De aquella forma el sufrimiento que sentía el panda en su interior se iba ocultando bajo una masa de testosterona y violencia. No desaparecería, como averiguaría más tarde aquella noche, pero a lo largo de aquellos segundos que había durado el enfrentamiento, se había sentido más vivo que en las últimas semanas. Finalmente podía respirar y alegrarse de estar en aquel lugar y aquel momento. Más tarde se arrepentiría, pero no en ese momento. No en aquella pelea.
Aclaraciones
Te salto el turno, que me viene bien el post para la recompensa de cada 2 días jeje. Además hace mes y medio que me debes post, así que está justificado, y como es un pasado, la pelea tiene poquita importancia. Eso sí, si te vuelvo a saltar cierro el tema, porque tampoco me parece bien abusar.
Solo pusimos nuestras estadísticas cuando hicimos este tema, así que ni idea de qué vida tienes, pero como doy por dado el agarre y teniendo en cuenta las nuevas especificaciones de la resistencia, el daño que sufrirías sería:
34 + 64 (por la técnica que hago) = 98 de daño que no se mitigarían porque tu resistencia no llega a 50.