[Pasado][Fic] Como todos los demás
#1
Hace aproximadamente un año
 

Acostumbrado a los camerinos, a las enormes maletas de vestuario, a la gente, al ruido. En mi mente podía leer los titulares:

“Famoso a la fuga: ¡Aspros! La prometedora estrella en paradero desconocido. Confirmada su bajada de los escenarios, huida de los focos”

Pero la fama era efímera y sabía que, en poco tiempo, una nueva estrella aparecería en el cielo, captando de nuevo la atención del caprichoso público. Y junto con él, algún tiburón, también llamado manager, que oliese su sangre fresca y pretendiese exprimírsela hasta la última gota. Mantuve una buena relación con el mío, Frank, pero su enfado y decepción tras mi huida serían sofocados rápidamente por un nuevo talento que extirpar de algún iluso.

- Aunque deberá llenar unos zapatos muy grandes.

Y hablando de zapatos, aquellas plataformas, por muy bonitas que fuesen, no eran el calzado indicado para iniciar una nueva vida. En el extremo más oriental del East Blue, un pequeño navío mercante me había llevado hasta las costas de la isla Isshin, en un intento de alejarme una buena temporada del ojo público. - Tu cara me suena chaval, ¿dónde te he visto? -inquirió uno de los marineros del mercante de metal. Pretendía esquivar ese tipo de preguntas manteniendo silencio o rehuyéndolas con otros comentarios. Me escurrí como pude de la embarcación y me adentré en la isla, camino a la villa Shimotsuki. Había viajado muchísimo durante mis años de gira, pero aquel era uno de los pocos lugares a los que no había ido; eso significaba que las probabilidades de que alguien me conociese allí eran nulas. En la villa abundaban los vastos campos de cultivo, las casas de piedra y madera, los tejados de paja y teja. No se apreciaba una gran actividad en sus calles, a pesar de que era casi mediodía.

- Buenos días, ¿por casualidad podrí… -me detuve en el umbral de la puerta de la primera taberna que me encontré en el camino. Pretendía comer allí y, si era posible, encontrar información sobre algún sitio donde poder hospedarme. En su lugar, me topé con una tasca en la que un pequeño y solitario mesero limpiaba anodino un vaso de cristal. Hasta ahí, todo era normal. La discrepancia residía en el enorme póster colgado a su espalda, a la vista de todo el local, que mostraba una colosal imagen de mi cara – Esto…ya me ib…
- ¡ERES TÚ, AL FIN! -de la emoción, el pequeño señor lanzó el vaso al suelo y saltó la barra cual gacela para plantarse delante de mí. De cerca, era aún más bajito, puesto que no alcanzaba ni la altura de mi cintura- Llevaba años esperando a que tu gira llegase hasta nuestra humilde villa, ¡pero ya estás aquí! Por favor, fírmame un autógrafo, ¡fírmame la cara! ¡Y la de mi mujer!

[Imagen: Jizo.png]

- No voy a firmar a ningún ser humano, señor -dije, retrocediendo un pequeño paso para recuperar algo de espacio personal- Y he decidido retirarme de los escenarios, ¿no lee el periódico?
- Lo vi, lo vi, triste noticia -si no fuese porque lo tenía frente a mí, nunca me habría creído que un señor como aquel, dueño de una taberna, llorase la retirada de un artista como yo- Pero entonces, ¿qué haces aquí? -me agarró del brazo y me llevó hasta una silla, en la que me sentó de un empujón. Se retiró a la parte trasera de la barra y los pocos segundos volvió con dos vasos y una botella de licor de lagarto- Cuéntame, cuéntame – comenzó a llenar los vasos mientras me observaba, ojiplático. Tal vez por eso no se percató de que la lagartija había caído en su vaso.
- Si bueno, ya sabe, demasiada… -comenzó a beber y yo tenía la esperanza de que se percatase del intruso en su bebida. Intenté hacer algún gesto para advertirle, pero era como enseñar matemáticas a un perro-… atención -se la tragó.
- Uh, qué fuerte está esto, a saber cuánto tiempo lleva ahí esa botella -el señor se rascaba la garganta – Voy a por agua, sigue hablando -En cuanto se dio la vuelta, lancé el contenido de mi vaso por encima del hombro, empapando una de las sillas tras de mí. Cuando volvió el tabernero, miró mi vaso con orgullo. - Vaya, vaya, sí que te ha gustado.
- Una verdadera experiencia para el paladar, en fin -carraspeé con la intención de reorientar aquella conversación sin sentido- Quería vivir una temporada lejos de la humanidad, por así decirlo, y buscaba un sitio donde resguardarme.
- ¡Aquí, aquí! -su exaltación hizo que brincase sobre la silla- Puedes quedarte aquí todo el tiempo que quieras, ¡y gratis! Como mucho alguna cancioncilla para animar el ambiente, ¿qué te parece?

Quería olvidarme durante un tiempo de los escenarios y de las actuaciones, pero la oferta era tentadora. En mi retirada, me había llevado unos pocos ahorros para que el nuevo inicio fuese un poco más fácil, pero no podía abusar de mi ahora estrecho presupuesto. Igualmente, seguía siendo un artista, pero con otras pretensiones más que la fama y la atención, por lo que cantar no me suponía un problema si no hacía que el público volviese a saber de mi existencia.

- Acepto.
 

Unos días después

Mi habitación no era gran cosa, pero poseía lo mínimo necesario para vivir: una cama, un pequeño baúl para mis pertenencias y un escritorio con una lámpara cuya bombilla suplicaba clemencia. El baño debía ser compartido con otros huéspedes, pero al contrario de lo que se pudiese pensar, no era una persona escrupulosa; eso que se llevaban, admirar a tal belleza en todo su esplendor, tal y como llegué al mundo. Aquellos primeros días me había recluido en la taberna para organizar ciertos asuntos pendientes y llamar a Frank.

- Pero dime al menos donde estás, ¿estás bien? -angustiado, el representante se aferraba al den den mushi como si la vida le fuese en ello- ¡La que me has montado!
- Estoy bien, estoy bien.
En cierto sentido, era gracioso como Frank se mostraba más preocupado por mí (o por lo mucho que le llenaba el bolsillo) que mis padres:
- Cariño, hemos leído el artículo de la revista -contestó mi madre, con su habitual tono de actriz encantadora, cuando la llamé días antes- Si pasas por el West Blue avísanos, besitos.
- En la vida hay que explorar nuevas metas, hijo -replicó mi padre con inusitada tranquilidad, como si le hubiese dicho que no quedaba pan en la tienda- Pero no te drogues demasiado.
- ¿Cómo que demasiado?

No podía quejarme de los padres que me habían tocado, aunque a veces me resultaba irreal su ilimitada indulgencia; a veces sentía que el padre era yo. Con todos esos asuntos en relativo orden, pude disfrutar de un par de días de exploración. Mi nombre había sido uno de los más sonados de los últimos años, pero la gente de aquí por lo general vivía ajena al bullicio externo a la isla y, por ende, a mí. Me gustaba ser fiel a mi estilo y forma de expresar mi cuerpo, pero si quería pasar desapercibido tenía que hacer ciertos sacrificios, como llevar calzado plano. Ahora, vestía un yukata sencillo y liso de color verde menta, obi morado y sandalias de madera tradicionales. El único elemento que mantenía de mi vida anterior era la diadema de rombos, insignia de mi identidad y un bonito recuerdo de una amiga del pasado.

- ¿Un santuario?
- Sí, a las afueras de la villa. Muchos dojos de la zona lo emplean para pruebas o rituales -me comentó el tabernero, Jizo, mientras comíamos un generoso plato de ramen vaporoso- Lo más común aquí son las escuelas centradas en la esgrima, pero también existen algunas para aprender a combatir cuerpo a cuerpo.

Aunque no fuese mi principal meta, ser fuerte era un requisito indispensable para poder viajar tranquilamente por el mundo, y más si estaba solo. Era capaz de defenderme gracias a las lecciones que recibí de Caroline en el pasado, pero era consciente de que solo había arañado la superficie de mi potencial. Poseía un buen físico, nociones básicas de combate cuerpo a cuerpo y una gran predisposición, ¿por qué no intentarlo?, ¿por qué no entrenar durante mi estancia para ser más fuerte, más ágil, más todo? ¿Por qué no ser mejor?

- Dime cómo llegar hasta allí.
[Imagen: rvCfBMF.png]

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¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo,
¿Mi bandera? El glamour querida, ¿Mi teléfono? Ya quisieras.



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