[AVENTURA T1] La venganza se sirve caliente
#1
Anochecer del día 72 - Otoño - Año 11
Pueblo Cobo, Isla Korossasu. West Blue.

Tras algo más de un mes desde que la lunarian frustró los planes de unos piratas que estaban aliados con la guardia local de la isla las cosas escalaron, los dos piratas que sobrevivieron volvieron con su tripulación para contar lo que había sucedido en el Pueblo Yasu a sus compañeros. La banda estuvo unos días preparándose y elaborando un plan para vengar a su capitán, juntaron todos los berries que pudieron y contrataron a un mercenario para que se ocupase de la asesina, y cuando todo estuvo listo para que aquel despreciable grupo pudiera hacerse con la morena cabeza de la lunarian partieron hacia la isla Korossasu de nuevo, esperando encontrarla de nuevo allí. Fue una sorpresa para el grupo que ya no estuviera en la isla para cuando llegaron, pero ya habían desembarcado, ¿Qué podían hacer? La respuesta era evidente, saquearían el pueblo ahora que su protectora alada no estaba presente.
 
La gente de Cobo no pudo hacer nada ante la horda de piratas que salió del bosque a la vez que el sol se ocultaba en el horizonte. A algunos los pillaron volviendo a casa tras un día de recolección de madera, a otros recogiendo sus puestos para marcharse a descansar después de una jornada de ventas, pero a todos les pasaron por encima y en cuestión de pocos minutos se hicieron con el control del pueblo, amenazando con comenzar una matanza si no colaboraban y les daban cualquier cosa de valor que tuviera; ya fuera dinero, joyas o incluso objetos valiosos que pudieran vender en otras islas, cualquier cosa les servía. Habían llegado a la isla con el único objetivo de arrasar con todo, pero mejor que rebuscar entre los escombros era que la gente les diera lo que pedían antes de matarlos de todos modos, y si alguno de los presentes decidía hacerse el héroe el mercenario que los acompañaba tenía orden de no tener piedad.
 
El futuro, al igual que el cielo, se tornaba cada vez más oscuro para los habitantes de la humilde isla, que entre llantos y sollozos se veían obligados a entregar todo lo que tenían, que no era mucho, a una banda de malnacidos sin escrúpulos, unos verdaderos abusones que no podrían hacer nada sin el respaldo de aquél mercenario que les daba tanta seguridad.

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#2
Leyenda

Atributos Personaje


Me costó siete días llegar a la isla. Cada vez que llegaba viva a un puerto, me planteaba seriamente si podía seguir moviéndome de esa manera. Necesito un barco más grande. Aunque, yo sola no podía navegar con un navío de mayor tamaño, necesitaba una tripulación. Quizás si Kisuke aparecía por Ohara...

Zarandeé la cabeza y conecté con el tiempo presente. Ahora no estaba en Ohara, estaba en Korossassu. Y había venido porque quería ir a ver a los tontos de Cobo: me preocupaban. Aún así, lo más probable es que estuvieran perfectamente en el pueblo, así que no tenía ninguna prisa por ir. Y menos, después de mi paso por Ballywood. Demasiado contacto con seres con capacidad de hablar. Ciertamente no había sido desagradable, al contrario, había sido una gran visita pero igualmente necesitaba un descanso en mi soledad, con Fenrir. Tardé tres días en llegar a Kano, descansé otro y necesité de otros tres para llegar hasta Korossassu. Fui directa al bosque. Todo el mundo necesita estar en casa, yo no era distinta en ese aspecto. Pasé seis días ahí tranquila recolectando. Había tomado el hábito de hacerlo cada vez que volvía al bosque, ya que era la manera más sencilla para mí de ganar dinero en la ciudad. Cuando me sentí recuperada energéticamente para volver a tolerar el contacto humano, decidí volar hacia Cobo.

Aterricé en la entrada del pueblo y caminé por las calles que ya conocía, pero se encontraban en un estado diferente al que las dejé. Miré a mi alrededor y no vi a nadie. Estaba todo removido: las casas estaban abiertas, puestos de comercio en el suelo como si los hubieran pateado, con productos sin valor desparramados. Entré en una casa y identifiqué claro signos de robo: desorden y objetos de cristal rotos. Pude ver una mancha de sangre en el suelo. Con el pie la toqué, arrastrándola. Estaba húmeda. El incidente había sido reciente. Noté como una espiral de rabia se engrandecía en mi pecho. Salí de la casa y cogí mi hacha al instante para tomarla con las dos manos. Abrí mis alas y sobrevolé el pueblo, en busca de los culpables.

En la plaza central, pude ver a gente. Había un grupo de personas apelotonadas contra las casas y otro grupo, de pie, al frente de ellos. Ahí están. ¡Hijos de puta! Me dirigí hacia ellos y descendí en el suelo un par de calles antes de llegar. No sabía qué tipo de armas llevaban, sería mejor guardar distancia por el momento. ¿Quiénes eran? ¿Más guardias asquerosos? ¿Marina? Y me vinieron a la cabeza los dos trozos de mierda que se escaparon del pueblo abandonado. Piratas. Sentí remordimiento, el pueblo estaba en problemas por mi culpa.

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Karmas
#3
La oscuridad de la noche te dificultaba ver con claridad cuantos piratas había en la plaza desde la distancia, con un vistazo más cercano verías que no era un grupo demasiado grande, pero iban armados y no tenían problemas en usar la violencia contra cualquiera de los pueblerinos, eso les había servido para rápidamente tenerlos a todos sometidos, agrupados en una masa de personas que estaba siendo vigilada por cuatro piratas con sables que los apuntaban para recordarles que no debían intentar nada si es que valoraban sus vidas. Un grupo de cinco iba entrando y saliendo de las casas, asegurándose de que no se hubieran dejado a nadie y también confirmando que no quedaba en ellas nada de valor que poder robar. El último grupo de estos corsarios estaba formado por dos, dos rostros que resultarían familiares a Hécate, pues eran los que habían sido testigos de su matanza en Yasu. — ¡Vamos, más rápido! — gritó el que debía ser el pirata más feo del West Blue. — Parece mentira que estemos haciendo esto para vengar a nuestro capitán, sois un atajo de vagos... — le siguió el pirata a su lado, que tenía un gesto mucho más amable que el resto de sus compañeros. Ambos habían sobrevivido - huyendo - al ataque que acabó con Bogger, su capitán, pero tergiversaron la historia para que sus compañeros estuviera ahora bajo el mando conjunto de ambos.
 
Entre los dos estaba de pie el mercenario que habían contratado, vestía un kimono más negro que la noche que dejaba descubierto su musculado pecho y una capa del mismo color reposaba sobre sus hombros, unas botas tabi cubrían sus pies con el mismo tono azabache y el único color más distintivo de su atuendo era su cinturón, blanco como la luz del día, en él llevaba la vaina de su katana, negra con detalles dorados y también la funda que albergaba su rifle. Con una mirada fría el hombre era testigo de toda la situación, ignorando por completo las súplicas de la gente que le pedían que hiciera algo con esos piratas, solo le interesaba acabar rápido y poder irse a seguir haciendo su vida. — Se nos va a hacer de día como sigáis a este paso, ¿Por qué tardáis tanto? — el pirata feo dejó su posición en el centro de la plaza, quedando ahí el mercenario y otro pirata más, juntándose los tres grupos en uno solo de diez que rodearon a los civiles.
 
Quedaba entonces la circular plaza distribuida de la siguiente forma; dos calles servían de entrada y salida, a medio camino entre ambas entradas el grupo de civiles se encuentra apelotonado y en el suelo, rodeado por los piratas que tienen los sables listos para hacer lo que haga falta, y por último la zona central de la plaza tiene una pequeña elevación, como un mini escenario circular, en el que estaban el mercenario y un pirata.

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#4
Leyenda

Me acerqué cuanto pude sin ser detectada, de cuclillas, y pude ver, con toda la claridad que el momento del día me permitió, la distribución de los piratas en la plaza. Había un tipo entre ellos que llamaba la atención: se situaba en el medio de la plaza, llevaba kimono, una espada y un rifle. Los demás iban armados con sables y eran los que rodeaban, amenazaban e incluso agredían a los atemorizados cobenses, que se encontraban en el suelo contra la pared de una de las casas.

Paré un momento para idear un plan. Era evidente que mi máxima prioridad era salvaguardar a la gente del pueblo. Por supuesto no iba a permitir que les pasara nada, así que el primer objetivo iban a ser los piratas. El tipo del kimono parecía que tenía un porte y un físico superior al del resto, probablemente era más fuerte. Cabía la posibilidad que recibir un ataque por su parte mientras yo atacaba al grupo, pero era un riesgo que estaba dispuesta a asumir: lo primero era proteger a ese grupo de tontos indefensos.

Aún en posición de cuclillas, me impulsé hacia adelante y entré en la plaza posicionándome en frente del grupo de piratas. Roté sobre mí misma e hice un barrido con mi hacha que cortó los cuellos de todos los que estaban entre mí y los habitantes del pueblo. Noté el cansancio de semejante movimiento. Cuando acabé de rotar me quedé en posición de defensa, dando la espalda a los habitantes y de frente al tipo con kimono y al pirata que se encontraba junto a él, en frente de la plaza.

- ¡¿Qué os creéis que estáis haciendo, trozos de mierda?!

Me llamó la atención el aspecto afable del pirata que se encontraba junto al tipo del kimono. Emanaba una energía de... buena persona. Aunque no iba a confiarme de eso.

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#5
Como una sombra más en la oscuridad de la noche te conseguiste acercar a la plaza y antes de que ninguno de los piratas pudiera siquiera gritar por tu presencia el frío acero de tu hacha acabó con sus vidas. El corte hizo brotar la sangre de todos ellos como macabras fuentes que en pocos segundos tiñeron de rojo parte de tu ropa, el suelo y a algunos de los rehenes que estaban más cerca de ellos. El único pirata en pie temblaba a pesar de la distancia de quince metros que os separaba, aterrado por lo que acababas de hacer, y alzó su mano para señalarte al grito de — ¡E-Es ella! — su voz estaba quebrada por el miedo, dio un suave golpe al brazo del mercenario. — Vamos, estás aquí por ella, ¡Mátala! — un soplido fue la única respuesta que recibió.
 
El mercenario había sido capaz de seguirte con la mirada desde el mismo momento que pusiste un pie en la plaza, pero había decidido no intervenir porque mientras quedase con vida un único pirata él recibiría su pago. — Hora de trabajar, entonces. — dijo, y con un serio semblante clavó en ti su fría mirada. Con ambas manos tomó sus armas y acto seguido pasó a interponer su rifle entre ti y el pirata. — Vete. — comentó serio, sin siquiera mirarlo, era su seguro de que hacía todo eso por un módico precio, a toda costa debía mantenerlo con vida mientras la lunarian siguiera en pie, era la única cosa que se interponía entre él y su dinero, del mismo modo él era lo único que se interponía entre Hécate y la erradicación de aquella banda pirata de segunda que bastantes problemas había causado ya a esa pobre gente de Cobo.
 
Primero irguió su brazo derecho y te apuntó con su espada, tal vez una advertencia, tal vez un ritual, pero después ladeó la katana y la usó como base para reposar la punta de su otra arma, un rifle, que te apuntaba. Prácticamente en el mismo momento que el rifle tocó el acero de la katana disparó hacia ti.

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#6
Vi como el montón de mierda caía con mi hachazo uno a uno. Fue un espectáculo macabro, ya que parecían fuentes brotando sangre. Aparecieron algunas caras reconocidas de entre los cobenses de entre los cuerpos cayendo que acaba de atacar. Todas emanaban un claro miedo. Me giré rápidamente para dar la cara al tipo del kimono y al otro pendejo que se encontraban al medio de la plaza. Vi como el que parecía más fuerte me señaló con su katana, amenazante - una katana, ironías de la vida, acababa de hacer mi primero amigo y usaba katana, y ahora esto. Alzó su rifle y noté un impacto de disparo en la pierna izquierda. Dolió, pero no mucho. Mi condición lunarian se hizo presente, ni siquiera me atravesó, sólo fue un rasguño para mí. El rifle no iba a ser problema, veríamos qué tal se le daba la katana.

- ¡Gente de Cobo: entrad en las casas y no salgáis!
- ¡Hécate! Hécate ¿cómo podemos agrade-
- ¡Entrad, coño! - No era momento para agradecimientos, primero tenía que derrotar a ese sujeto y luego ya veríamos - Ve con ellos, Fenrir.

La serpiente descendió por mi cuerpo rápidamente y noté como se dirigía hacia mi zona posterior. Escuché movimientos a mi espalda y un par de puertas cerrarse, así que deduje que entraron en las casas más cercanas. No me giré para comprobarlo, pues tenía dos problemas delante de mí que no me permitían desviar el contacto visual sinó quería acabar mal.

Agarré mi hacha por los extremos del manga con cada mano, la levanté y la utilicé como un escudo. Era cierto que no me había hecho mucho daño pero tampoco hacía falta recibir gratuitamente disparos del tipo del kimono. Tenía una arma a distancia y estaba a unos 15 metros de mí. Yo necesitaba estar más cerca para poder impactarle, así que decidí correr hacia adelante con mi escudo improvisado, que protegía mi cabeza, el lugar más vulnerable. Usé las formas del hacha para mantener la visión en un ojo y no perderme los movimientos del tipo kimono.

- ¿Por qué no te metes con alguien de tu tamaño, rata inmunda? Aunque visto así, quizás yo te quede grande... ¡hakikiki! - propiné mientras me acercaba hacia él. - Y tú ya puedes huír, asqueroso, cuando termine con él me encargaré de tí - seguía mirando hacia el tipo del kimono pero supe perfectamente que el pirata restante se daría por aludido.


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#7
Por un segundo, cuando mandaste a toda la gente a las casas para resguardarse, el pirata hizo el ademán de hacerlo, y tras unos segundos indeciso optó por finalmente guarecerse él también. — To-Toda tuya, Gambino. ¡Recuerda que si no la matas no habrá recompensa! — a pesar de intentar sonar amenazante, o al menos imponente, el temblor en su voz y su lenguaje corporal, completamente a la defensiva y preparado para huir, dejaban mucho que desear. El mercenario, de nombre Gambino, suspiró pesadamente ante la "orden" que acababa de recibir, y sin apartar de ti su mirada le dijo — Cállate y escóndete ya. — no relajó su postura, manteniéndote en la mira del rifle en el momento en el que empezaste a correr hacia él.
 
Ante tu provocación y burla Gambino volvió a suspirar, — ¿De verdad crees que tu tamaño es una ventaja? — afianzó su pulso y volvió a disparar con su rifle, volviendo a apuntar a las piernas pensando que de algún modo eso te frenaría. — Si solo piensas en atacar de frente no vas a ganar por muy grande que seas, me pones las cosas más fáciles. — era su turno de mofarse, sonrió macabramente, — Más tamaño es más lugares dónde impactar... Matarte será más fácil de lo que pensé, ¡Será dinero gratis! — rio sonoramente tras ello, esperando una respuesta de parte de la lunarian, su objetivo era desestabilizarla psicológicamente, enfadarla lo suficiente como para que no pudiera pensar con claridad y se volviera - más - fácil de leer.

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#8
Gambino, así se llamaba el tipo del kimono. O eso me pareció escuchar por parte del pirata con cara de buena persona, y que probablemente no lo era. Menudo nombre de mierda, pensé. Sonaba a mafioso, a tipo capaz de vender a su propio hijo por tres monedas de plata. Y evidencia de ello era que el superviviente le habló de recompensa. Hice una mueca que quiso parecer una sonrisa pícara. Así que era un sicario que habían contratado para asesinarme... Normal, puesto que de un hachazo había tumbado a toda la tripulación pirata, menuda panda de absolutos fracasados.

Que mi tamaño no era una ventaja, dijo. Bueno, esa era su opinión. Le duplicaba en altura, sólo tenía que acercarme lo suficiente para propinarle un hachazo. Con uno sería suficiente para tumbarle, quizás dos.

- ¡Esos disparitos tuyos son un chiste! ¿Crees que vas a ganarme con eso? - dije mientras seguía avanzando hacia él, con el hacha en la misma posición. Me encontraba a unos once metros. Cuando me di cuenta de ello mi impaciencia se hizo figura: ¡Ven aquí! ¡Déjate de mierdas y acabemos con esto! - dije con la esperanza que se acercara a mí para empezar la pelea.


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#9
Gambino recargó su rifle y volvió a apuntar. — ¿No dices que son un chiste? Entonces no te molestarán unos cuantos más. — y con eso dicho disparó de nuevo, esta vez al tórax. Ya se había dado cuenta de que sus disparos no estaban siendo especialmente efectivos, pero tal vez esas heridas podían marcar la diferencia en un combate cercano, por más que sus provocaciones sugiriesen lo contrario el hombre sabía que un golpe de ese monstruo imparable que se dirigía hacia él lo dejaría al borde de la muerte, pero si mantenía la falsa confianza tal vez podría acumularle a la lunarian suficiente daño. — Si tantas ganas tienes de acabar date prisa y ven, ni siquiera con esa enorme hacha podrás llegar a cortarme. — seguía con la intención de enfadarla hasta que se volviera errática, tal vez descubriendo su cabeza y exponiéndose a un impacto de bala en la cara.

Bajó el rifle para poder mirarla bien, con la mano en el bolsillo contó las balas que le quedaban, 27 balas, no serían suficientes, ni de cerca, para acabar con lo que parecía la mismísima imagen de la muerte, avanzando de forma lenta pero imparable hacia el mercenario, como observar a una fuerza de la naturaleza abrirse camino hacia él. Tragó saliva y volvió a encañonarla, afianzando su pulso. — Si te entregas y te rindes prometo darte una muerte rápida e indolora, hoy estoy de buen humor. — afirmó, pero ni él mismo se lo creía, tenía que pensar en una estrategia rápido o acabaría mal, muy mal, pero, ¿Qué estrategia iba a salvarlo de ella?

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#10
- ¡Dispárame cuánto quieras, mamarracho! - de verdad me empezaba a plantear si ese tipo tenía algo más que ofrecer que esas patéticas cosquillas. Iba en línea recta hacia él y el tipo no hacía ningún movimiento, más que seguir disparando balines y soltar estupideces por la boca. - Ya voy hacia tí, payaso, eres tú el que debería venir también o esto se va a hacer largo.

Seguía avanzando hacia el tipo en la misma posición, con mi hacha protegiéndome la cabeza. Escuchar sus estupideces sólo hacía que cabrearme más, y eso que haber atacado al pueblo de Cobo ya me cabreaba muchísimo de por sí. Corría hacia él mientras fantaseaba con qué movimiento mi hacha le partiría en dos: de arriba abajo, de izquierda a derecha o quizás se la hundía en el pecho directamente. Oí cómo volvía a charlar:

- Si te entregas y te rindes prometo darte una muerte rápida e indolora, hoy estoy de buen humor.

- ¡¡HAKIKIKIKI!! - me estallé de la risa. No podía estar diciendo eso en serio alguien que medía 2 metros menos que yo. Su expresión facial contradecía sus palabras. Tiene miedo. Sonreí. - Si te entregas y te rindes te prometo reventarte los órganos uno por uno hasta que te duelan lo máximo posible, hoy estoy de mal humor.

Ya me estaba desesperando este payaso y no tenía paciencia para más tonterías. Ladraba mucho para lo poco que mordía.

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