[Presente Relativo] Los PirateBusters: Una triste esperanza
#1
Día 22 de Otoño año 11

Las heridas del cuerpo de Gideon estaban frescas, recién salido de la batalla. Gideon descansaba en la oscuridad de su habitación. Habían vencido a los bandidos Lirtom, pero algo en su pecho, miedo, le decía que no era suficiente. No era lo suficientemente fuerte para proteger a la gente que ahora formaba parte de su familia, una familia elegida muy extravagante, pero una que quería proteger a toda costa.
Gideon se recostó de lado, apoyándose en su hombro bueno, el otro lo tenía vendado y le rabiaba de dolor. Omi le acompañaba, como siempre hacía, enroscado en el colchó cerca de su cuello. El hurón de vez en cuando revisaba el estado de la respiración del Skypiean acercándose a su nariz y lamía su frente en busca de fiebre. Gideon seguía fascinándose cada vez que veía uno de esos gestos, su pequeño amigo era demasiado inteligente. Con la mano izquierda intentó acariciarle, pero al moverla sintió un latigazo en el hombro, demasiado pronto.
Kevin también había salido herido de esta, algo que afligía su pecho al pensar que no había podido con todo. El chico había recibido golpes que habían dejado su cuerpo lleno de cardenales, era algo que se curaría fácil, pero aún así Gideon se machacaba por ello. Tenía que entrenar, hacerse más fuerte y conseguir defender a capa y espada a sus amigos. Una vez su herida estuviese curada se pondría manos a la obra y entrenaría día y noche sus habilidades con la espada. Se haría lo más fuerte posible, por Kevin, por Siri, por Omi.


Día 25 de Invierno año 11

Su brazo estaba prácticamente perfecto, seguía vendándolo en parte por costumbre y en parte por prevenir que en los últimos momentos empeorase. Siri le había dicho mil veces que ya no era necesario y Kevin, con su timidez habitual, se limitaba a asentir junto a su amiga. Así que ese día decidió no vendárselo, si hacía algún movimiento extraño aún le molestaba, pero no era nada en comparación, Gideon había llegado a pensar que parte de las molestias eran psicológicas.
El día anterior había ido de visitar al Castillo para ver las exposiciones artísticas y había vuelto de allí con una idea clara. Sus amigos eran sus musas, su inspiración y su ancla. El entrenamiento era cada vez más necesario, cada vez tenía más claro que eran personas que tenía que proteger y eso haría.
Se vistió rápidamente, se maquilló los ojos de una manera más sencilla que habitualmente y se puso en marcha. Omi iba colgando de su cuello y el pelo le rozaba las mejillas con la brisa de la isla. Las calles estrechas de la ciudad eran tan familiares que se movía por ellas como si de grandes avenidas se tratase, esquivaba a los transeúntes con una facilidad increíble y en pocos minutos ya estaba en la entrada del bosque. Allí era mucho más fácil entrenar sin molestar a nadie, podría utilizar algún tronco inservible como objetivo, pero primero practicaría los movimientos al aire.
Cuando llegó a un pequeño claro recordó sus aventuras junto a Kevin y a aquel perrillo, Bisbal. Qué sorpresa se habían llevado con el agente doble. En el claro dejó que Omi eligiese una roca donde le observaría durante toda la mañana de entrenamiento y se puso manos a la obra.
Gideon desenvainó su katana y empezó a practicar, primero con movimientos más simples, comprobando que su brazo no sería un problema. Su hombro ya no le dolía, así que podía continuar, con movimientos más abiertos, más rápidos. Gideon lanzaba cortes al aire, cortes verticales y horizontales como solía hacer. Entonces miró a Omi, que se aburría sobre la roca y se perseguía la cola en un intento por entretenerse. Eso le dio una idea, un corte en 360 grados.
Esa mañana el sol brillaba de una manera muy poco habitual, en aquella isla prácticamente nunca había días soleados y ese día no era diferente. Sin embargo las nubes del amanecer dejaban colarse unos colores rojizos. Chispeaba y el abrigo de Gideon pesaba, así que se lo quitó, dejándolo junto a Omi.
Se posicionó y agarrando la katana con ambas manos, colocándosela a la altura del cuello frente a su pecho, empezó a girar sobre sí misma, realizando un corte a su alrededor. No pudo evitar pensar en un sol rojo, un sol que le observaba por encima de las nubes y que acogería como nombre para aquel ataque. Akai Taiyou.
Estuvo toda la mañana girando sobre sí misma, cayendo alguna que otra vez mareada por tanto giro y cuando se quedó casi sin aliento decidió volver a casa, empapada pero con una sonrisa. Victoriosa por haber avanzado un poco más en el camino que se había abierto ante ella.


Día 58 de Invierno año 11

Este podía ser perfectamente uno de los peores días de la vida de Gideon. Kevin y Siri le habían pedido que se encargara de hacer la compra. Kevin estaba estudiando medicina básica porque quería ser capaz de practicar al menos los primeros auxilios en caso de que fuese necesario en alta mar. Siri tenía mucho trabajo actualizando sus carteles, necesitaban integrar a Kevin ya que era otro cazador más. Así que le había tocado a ella apechugar con tener que ir a hacer la compra. El problema no era otro que tener que socializar, hablar con los mercaderes. Gideon se moría de vergüenza y de ansiedad cada vez que tenía que hacer algo así. Así que recurrió a la única opción que le quedaba, debía llamar a Jace.
Gideon estaba convencida de que Jace era otra persona, pero no era más que un alter ego que había utilizado desde hacía años para afrontar situaciones como esta. Jace utilizaba ropas mucho más llamativas. Vestía una cazadora de cuero negro llena de parches de colores y camisetas coloridas estrechas que marcaban sus músculos. Utilizaba además una peluca rubia de pelo corto y, para ocultar las antenas de Gideon, Jace se ponía un gorro de lana rosa chicle. Los pantalones, mucho más estrechos que los que llevaba Gideon, y las botas también tenían detalles de colores chillones, contrastando con los colores pastel que utilizaba la Skypiean.
Jace tomó el control y Omi, que conocía esta faceta de su dueña, le siguió el rollo. Omi con Jace no era tan cuidadoso, era más altivo. Omi se adaptaba a su dueña y se colocaba sobre el hombro de Jace mirando con superioridad a todo el que pasaba. Eran un dúo totalmente diferente. Ninguno de los dos mostraba su miedo, nada podía con ellos.
Jace se acercaba a los puestos y hablaba con las vendedoras sin problema ninguno, de hecho hasta se permitía flirtear con alguna que otra persona en su paseo. No tenía nada, pero nada que ver con Gideon. Así que con la lista de la compra en mano se encargó de las tareas que le había delegado la Skypiean y una vez hubo terminado dejó la compra en la entrada de la habitación y dejó volver a Gideon. 


Día 76 de Invierno año 11
Cuando todo parecía ir cogiendo forma, con un poco más de dinero y un plan sobre la mesa, la angustia azotó la habitación de la posada en la que se alojaba Siri, Kevin y Gideon.
Kevin y él llevaban día y medio buscando a su compañera Siri, ésta había desaparecido el día anterior y no había rastro de ella. Gideon se había echado a llorar en las primeras horas de su desaparición, no sabía qué hacer. Era todo tan frustrante.
¿Dónde estaba? ¿Habían cometido algún error y por eso se había marchado? ¿La habrían secuestrado? Las opciones eran infinitas y llevar un día y medio vagando las calles de la ciudad y las distintas zonas de la isla sin encontrar una sola pista no ayudaba. La angustia se ceñía alrededor de su pecho y los pensamientos intrusivos no le dejaban actuar con lógica. Gideon lloraba, fumaba compulsivamente y su tic nervioso no dejaba de aumentar. Kevin y ella parecían dos desquiciados correteando por Toroa en busca de una chica.
No podían hacer mucho más y seguirían intentándolo.


Día 78 de Invierno año 11
Kevin había tomado el control de la situación, al tercer día de buscar a Siri, Gideon se había derrumbado totalmente y había acabado tirada en su cama gimoteando durante un día entero. Habían pasado cuatro días y su cabeza pintaba mil escenarios horribles que le hacían pensar en el incidente del refugio. La culpa no abandonaba su pecho ni su cabeza. Ni siquiera Omi podía consolarla. A la Skypiean la vida le había arrebatado la primera amiga que había hecho en muchísimos años.
Esa misma tarde, Kevin llegó a la habitación con información. Había escuchado rumores sobre que Siri había estado buscando a unos cazarrecompensas y que estos se habían ido hacia el Grand Line. Definitivamente no era algo esperanzador, si los rumores eran ciertos era motivo suficiente como para abandonar inmediatamente Toroa y salir en su búsqueda, ya que era muy probable que Siri fuese tras ellos.
Quizás nunca daban con ella, el mar no era un lugar fácil y mucho menos para una persona  sola sin experiencia en la navegación, pero tendrían que dar el salto de fe. Era eso o abandonar por completo sus sueños y sus objetivos, algo que Siri no querría nunca que hicieran. Así que con un gran dolor en el pecho, Kevin y Gideon decidieron seguir hacia delante y, sin olvidar a Siri, salieron al mar.


Día 8 de Primavera año 12

El camino hacia la Red Line fue fácil, sin contar algún pequeño percance que solucionaron como pudieron entre él y Kevin. Lo que se complicó fue el ascenso por la Reverse Mountain. Gideon tenía una fobia tremenda a las alturas y el hecho de que el mar ascendiese por una montaña no ayudaba. Gideon se agarró al mástil cerrando los ojos con fuerza.
— Kevin, Kevin, no puedo, no puedo, esto es demasiado, a mi no me contaste esto. ¿Cómo es posible que estemos ascendiendo tanto? —Gideon gritaba con pavor.
Si abría los ojos el horizonte le bailaba, su fobia le hacía marearse, debía centrarse en un punto fijo y olvidarse de que estaban a no se cuantos metros de altura y que como algo saliese mal caerían directos al mar y morirían. Gideon podía ser un poco fatalista.
Pese a intentar concentrarse, Gideon acabó desmayándose debido a su fobia. Una vez descendida la única corriente por la que se podía bajar, Kevin consiguió traer de vuelta a Gideon salpicándole con agua la cara.
— Hmm, ¿estamos muertos? ¿Hemos caído? —fueron sus primeras palabras de vuelta.
Kevin rió ante esto y le contó cómo había sido su ascenso y descenso de la Reverse Mountain, Gideon agradecía haber estado inconsciente la gran parte del tiempo.
Encendiéndose un cigarrillo, contempló la belleza del mar en la Grand Line viendo al fondo el inicio de su aventura, los Cabos Gemelos.
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