[Pasado] Un nuevo camino
#1
Leyenda


Otoño, Año 11
A bordo de la Rémora Fatua, en algún lugar del West Blue
Día 31, al mediodía

- Como sigamos así me da que me voy a morir de hambre. - pensé, mientras admiraba la agradable vista del mar desde la proa. Hacía un día soleado y la brisa del mar en mi rostro se sentía realmente genial. - Bueno, no me voy a morir de hambre pero esta comida es un asco. - Hacía ya un par de días que habíamos salido de Ciudad Murkhold en nuestro "nuevo" barco. A decir verdad el barco se lo robamos a Waj, pero no creo que este fuera a quejarse, a decir verdad. Por ahora no conocía a ningún muerto que hubiera ido a denunciar el robo de su barco.

No habíamos visto tierra desde que perdimos de vista la isla de Toroa. En gran medida esto se debía a la tormenta que tuvimos que afrontar nada más salir. De hecho, si no nos fuimos a pique fue debido a las habilidades de navegación de nuestra ahora capitana. Yo era un cero a la izquierda en todo lo relacionado al manejo de barcos, y aun así, consiguió que tanto Peteiro como yo hiciéramos lo que hacía falta para salir de aquel gran aprieto, todo gracias a su capacidad de liderazgo. No sabría decir si la albina mujer había nacido para ello, pero era innegable que sabía cómo manejar a dos moles como nosotros. Lo había demostrado en nuestra pelea contra el amigo tuerto, y después en la tormenta.

Justo por eso era nuestra capitana. Por eso y porque por lo poco que conocía de mi amiga, no iba a aceptar por nada del mundo que alguien estuviera por encima de ella. Yo a decir verdad tampoco, estaba cansada de que me dijeran qué hacer, pero con ella podía hacer una excepción. - Bueno, es un pequeño sacrificio que hay que hacer a cambio de poder repetirlo - me reí, recordando lo incómoda que se puso cuando la subí a mis hombros.

A pesar del horrible clima, le había cogido un cariño especial a aquella isla. Era de esperar, puesto que desde que llegué, mi vida había dado un vuelco completamente. A pesar de la mala impresión inicial, en aquella pequeña ciudad de calles estrechas, barro y clima de perros había encontrado a gente a quien podía llamar amigos, personas en quien sabía que podía confiar. - Como siga así voy a llorar, y seguro que se ríe de mí y me dice que soy como una niña pequeña - suspiré, antes de dirigirme hacia dentro.

A Maeve y Peteiro no les importaba lo más mínimo lo que comiéramos. El gyojin se comía directamente lo primero que pillaba, y a la albina lo único que parecía importarle era que no fuera marisco. Yo, por desgracia, no era una salvaje como ellos, y me gustaba poder comer buena comida de vez en cuando, cosa que desde el día en que Waj vino a molestarnos no había hecho.

- Vale, manos a la obra. - cerré la puerta que daba a la bodega. No quería que nadie me interrumpiera, ni siquiera Mandarina. Por azares del destino, Waj resultó ser un amante de la cocina. Encontré un libro llamado "Libro de recetas de Waj" en el propio barco, e incluso había habilitado un pequeño espacio en la bodega a modo de cocina. Aquello era posiblemente lo único referente a aquel semigigante que no era repugnante, bueno, eso y la Rémora Fatua.

Me agaché, dejando mi pelo caer frente a mis ojos. Tras desenredar los mechones me levanté a la vez que recogía mi roja melena en una coleta alta. - Como haya algún pelo en la comida me mata seguro.

Abrí el libro por una de las páginas que tenía marcadas: Tortilla de patatas con verduras. La receta era fácil. Patatas cortadas en taquitos, unos cuantos huevos, sal y luego verduras. Y cebolla, que parecía muy importante. Tras lavarme las manos cogí y pelé las patatas, las cuales puse a remojo. Siguiendo las instrucciones las corté en taquitos pequeños. Piqué también la cebolla, antes de ponerla a caramelizar. Comencé a freír las patatas con abundante aceite.
- Sí que tarda esto - suspiré, secándome el sudor de la frente. Sofreí las verduras, tal como decía el libro, y una vez que las patatas y la cebolla estuvieron listas las saqué. - Esto no tiene sentido. Pero si las he hecho todas a la vez. - Hablé, retirando los trozos de patata que se habían quemado. - Si todavía hay algunos cachos sin hacer incluso - suspiré. Esto de cocinar era durísimo, pero no quería seguir comiendo carne seca y pescado medio crudo. Volví a meter al aceite los trozos crudos, asegurándome de que estos no se me quemaran. Tras casi lamentar la pérdida de las verduras, por haberme distraído con las patatas, saqué estas también del fuego. - Vale, cascar huevos y remover, esto parece fácil. - nada más lejos de a realidad. Tras aplastar en mi mano uno de los huevos y estampar otro contra la improvisada encimera, conseguí cascar el resto sin causar un estropicio. Y con causar un estropicio me refiero a un estropicio mayor.
Una vez removidos los huevos, tocaba juntar todo y echarlo en la sartén para que se cuajara. Parece que no hay nada fácil en el mundo de la cocina, y por poco que faltara para tener listo aquel plato relajarse podía suponer un error fatal. Y tanto que fatal, pues, tonta de mí, subestimé el infame paso de dar la vuelta a la tortilla. - ¿Qué dificultad puede haber en dar una simple vuelta a esto? - me pregunté en alto. Decidí que la mejor idea era hacerlo lo más rápido posible. Cuánto menos tiempo dure menos opciones de cagarla, ¿no?. Pues para mi sorpresa, la amalgama de patatas, huevo semi cuajado, verduras y cebolla puede alcanzar una velocidad de vuelo bastante más alta de la que me gustaría. De alguna milagrosa forma alcancé a recoger en la sartén aquella cosa voladora sin que terminara desparramada en el suelo. - Dios, que mal lo acabo de pasar - dije, enormemente tensa por lo que acababa de suceder, mientras volvía hacia el fuego. Puse la sartén y continué dejando que se cuajara. Tras unos minutos más lo saqué a un plato y lo comparé con el dibujo que había en el libro.

Aquello que yo había cocinado no se acercaba ni por accidente al aspecto que se suponía que tener la tortilla de patatas con verduras. Parecía más bien un grupo de cúmulos de patatas y trozos verdes, con algunos trozos semi quemados. A pesar de que parecía poco aconsejable, decidí probarlo. Sorprendentemente estaba bueno, aunque tal vez algo soso.

Decidí bautizar a aquella impura aberración comestible preparación como "Huevos revueltos con patatas y verduras" tal como ponía en una de las notitas del final de la receta que decía lo siguiente:

"Si el resultado final no se ve cómo debería ser o parece sacado del mismísimo infierno culinario, sustituye Tortilla por Huevos Revueltos y parecerá que está hecho así a propósito"

Limpié entonces todo el estropicio que había causado, y me puse a buscar la siguiente receta que mancillar preparar.


Aclaración

Akuma

Karmas Relevantes
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#2
Leyenda


Tras el primer fallido intento de cocinar algo que tuviera buen aspecto, decidí optar por una receta que fuera más sencilla todavía. Pasé rápidamente las hojas, tratando de encontrar algo que pudiera gustarme y que fuera a salirme bien. El libro era realmente caótico. Había un montón de recetas, las cuales no seguían ningún orden. Había primeros platos, postres,... todo mezclado. Era evidente que su creador había ido anotando las recetas según le habían ido viniendo a la mente, aprovechando para rellenar también con infinidad de notas aclaratorias, aunque la mitad no tenían el más mínimo sentido.

- Esta va a ser - dije, emocionada, dejando el libro sobre la encimera. - Seguro que a Mandarina también le encanta, al fin y al cabo es pollo - solté una risita. - Vale, es solo pollo empanado, no puede salir nada mal esta vez. - cogí el pan rallado, así como aceite, huevo, sal y pimienta, además de un poco de perejil fresco, que vi que le daba un toque especial. Fui entonces a coger el pollo. - Esto debería servir - cogí un par de pechugas y las llevé a la encimera, dejándolas sobre la tabla de cortar. - Fiu, Fiu - moví el cuchillo, como si tratando de cortar a un enemigo invisible. Tras un ratito de hacer el tonto con mi nueva y letal arma, procedí a cortar el pollo. Hubiera sido mucho más fácil si el pollo estuviera fileteado ya, pero si ese hubiera sido el caso seguramente se hubiera quedado seco. - Vale, despacito y finito - comencé a cortar la pechuga poco a poco. Sabía que los filetes no podían ser muy gruesos, o si no se iban a quedar crudos por dentro. - Joder, este cuchillo no corta una mierda - llevaba ya cortados casi todos los filetes, cuando, haciendo fuerza para conseguir cortar el pollo, es cuchillo se deslizó bastante más de lo esperado. Para ser exactos se deslizó hasta mi índice izquierdo, donde me hizo un feo corte. - Ay ay ay ay - solté el cuchillo y cogí rápidamente algo con lo que presionar la herida. - Mierda, mierda - para variar, estaba extremadamente nerviosa. - ¿Está todo bien, no? - me pregunté a mí misma, mientras miraba que el pollo no se hubiera manchado de sangre. Aparté levemente el trapo para ver la herida. - No aprendo - dije, volviendo a taparlo con el trapo. Mamá me había dicho mil y una veces que mirar las heridas no servía de nada. Que no iba a ayudar a que se curaran antes, y que solo iba a ponerme más nerviosa. Tenía toda la razón, pero aun hoy el ansia por verlo me superaba. Tras unos instantes de comprobar que el sangrado había parado y tras tapar bien el corte, limpié bien el cuchillo para terminar de filetear la pechuga de pollo. Piqué el perejil, y lo junté con el pan rallado.
Casqué dos huevos, esta vez sin desperdiciar nada ni hacer ningún estropicio. Me sentía orgullosísima de mí misma, puesto que hacía cosa de media hora había destruido un huevo con mis manos. Batí los huevos, le eché pimienta y comencé con el proceso. - Echar sal al filete, pasar bien el pollo por el huevo, retirar el exceso de huevo, cubrir bien con el pan rallado y a la sartén - me repetía los pasos mientras los realizaba. El proceso era muy sencillo, por suerte. Mientras se freía el pollo aproveché para preparar un poco de ensalada. No tenía ni la más mínima idea de qué verduras les gustaban, así que cogí solo lechuga, tomate, pepino y cebolla.

- Huele genial. - el aroma que desprendía aquello era una delicia. Tardé poco en sacarlos, asegurándome de que no se había quedado crudo, pero con cuidado de que no se me quemara el pollo.

- Vale, parece que ya está. - sonreí, y tras recoger y limpiar todo cogí todos los platos. Como tenía las manos ocupadas, abrí la puerta de la bodega de una patada.

- ¡Ya está la comida! - grité, esperando que mis dos compañeros me escucharan y vinieran a comer. Me moría de ganas de hincarle el diente a los platos que había preparado, pero sobre todo me moría de curiosidad por ver qué les parecía a estos.


Resumen
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