[Pasado] (+18) La fascinante, esplendida, radiante, hermosa y exquisita Marine.
#1
Día 40 de Invierno, Año 11.

Yo, un ser de rasgos sublimes con un cuerpo esculpido por los mismísimos Dioses, que cada paso que daba levantaba suspiros en kilómetros a la redonda, y que no solo eso, sino que además gozaba de una inteligencia sobresaliente, excepcional y superior a la de todos cuanto me rodeaban, me había perdido.

Había decidido salir a dar una vuelta por la ciudad de Shandora, en búsqueda de una librería que teóricamente estaba a la vuelta de la esquina desde la residencia que nos habían asignado. Pero no era así. Seguí cada una de las indicaciones que me dio un Skypieano, pero acabé, de alguna forma, al otro lado del río que bordeaba la ciudad.

—Menudos incompetentes… —susurré apoyando la espalda en uno de los enormes árboles que daban comienzo al bosque— Ni son capaces de dar bien unas simples direcciones, seguro que debido al trauma y el miedo atroz que profesan a su regente pirata.

Suspiré y me dejé caer hasta quedar sentada en el suelo, estirando las piernas y con una mano tapando la resplandeciente luz que impactaba de lleno en mi cara. Hacía un calor horrible, como casi siempre en aquel lugar, y realmente en todos los que había visitado. Nunca había sido muy dada a las altas temperaturas, pero últimamente parecía que mi sensibilidad a ellas había aumentado. Pero tenía una perfecta solución para ello. Desabroché uno por uno los botones de la camisa y la dejé caer sobre mis caderas, manteniéndose allí gracias a tenerla remetida por dentro del pantalón.

—Agh… Podría acostumbrarme a esto, ¿sabes? —pensé en voz alta.

Llevaba, como casi siempre, un moño, un bolso con salsa sriracha y mi libreta, y vestía con el emblemático uniforme de Marine. Y no era para menos, pero me cansaba mucho tener que llevar esa ropa que dejaba tanto a la imaginación. Daba igual lo que me pusiera, siempre estaba increíble y mi cuerpo era capaz de convertir hasta un trapo en un sensual atuendo de alta costura, pero odiaba el estar tan limitada por obligación. Con un cuerpo como el mío, aquello debería ser considerado una afrenta al arte. La marina estaba cometiendo un crimen al permitirlo. Reí al pensar en aquello. Pero precisamente por ello siempre llevaba debajo ropa interior de intrincado diseño. En aquella ocasión, portaba un set de lencería de encaje rojo, con un broche de corazón en la parte central inferior del escote, y sin relleno, por supuesto.

Miré al cielo, completamente despejado, relajándome bajo aquel árbol con el murmullo del río a escasos metros por delante de mí. Ni una sola nube cubría los cielos, estaban todas por debajo de la isla. “Este sitio es el paraíso.” pensé suspirando. Algún día acabaría con Zarutsuki, liberaría a sus gentes oprimidas y acabaría con todos los piratas que osasen poner un pie en el lugar, incluida a esa estirpe que se atrevían a llamarse reyes, como el lunarian Yojimbo. Esas tierras idílicas encajaban mejor con una Diosa verdadera como yo.

Karmas
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#2
El músico de los Shogun Gari salía de su residencia con la pura intención de entrenar. Todo lo que había vivido en Skypiea le había demostrado cuán verde seguía en cuanto al nivel de fuerza y poder que exigía, y seguiría exigiendo, la aterradora Grand Line. Yojimbo... Sohem... Zarutsuki... Allí había conocido a verdaderos monstruos que, de llegar a enfrentarse a alguno de ellos acabaría en el peor de los escenarios posibles. Menos mal que sabía que el capitán de los Alas Negras era pana. Con el fin de fortalecerse decidió ir al bosque que rodeaba a la ciudad dorada, concretamente a la zona que se encontraba al otro lado del río. Igual allí encontraba a alguna bestia con la que se podía batir o algo así.

A pesar de haber salido con el fin de entrenar su cuerpo, Garnet se había vestido con una camiseta de color roja con una estrella amarilla en el centro. La camiseta llevaba las mangas arrancadas -como era ya habitual en su vestuario-, tenía un escote de pico y la parte inferior de la prenda estaba hecha un nudo, de forma que se podía ver sus abdominales, como si fuera un top. En cuanto a sus pantalones, portaba una mallas traslucidas que dejaban ver un tanga de rayas naranjas, negras y blancas, como si de un tigre se tratara.- Tch, se supone que estamos en invierno, ¿cómo hace tanta calufa?- Garnet soportaba bien el calor realmente, pero si tenía la oportunidad de desnudarse, ciertamente no la iba a dejar pasar. Es por eso que, estando frente al río, se arrancó de cuajo la ropa -con cuidado de no tirar su laúd y zurrón,colgados en sus hombros- Quedándose tan solo en tanga. Poco duró.

Usando su dial de nubes, hasta cinco veces, y realizando 5 saltos de unos 6 metros, el pirata cruzó el río exitosamente. Iba camino a adentrarse al bosque a ver con que animal, bestia y monstruo se podía encontrar para medir su fuerza pero, justamente casi a la entrada del mismo, apoyado en un árbol pudo ver algo, o mejor dicho alguien, por su rabillo del ojo. Alguien que le era muy familiar. Lentamente giró su cabeza hacia allí cuando vio esa carita angelical y ese cuerpo de escándalo que le había traído loco días atrás y que le despertaba sus instintos más primitivos. Por un par de segundos se quedó con los ojos abiertos, embobado.- Iki...-. Cuando se acordó del húmedo beso con el que habían sellado su cita, y vio que estaba descamisada, enseñando un sugerente sujetador de color rojo con un corazón en el centro -a parte de sus mamellas- Garnet explotó. Sus ojos se volvieron corazones y sacó la lengua de forma lasciva mientras su baba descendía de la misma.- RAMIII??- Había perdido los papeles. Sentía como si su tanga podía estallar en cualquier momento debido a la presión que ejercía el mini Garnet - gracias a Zarutsuki que no estaba bien bien dotado-. Pero tenía que concentrarse, no era eso a lo que había salido de casa. Agitó su cabeza rápidamente, de lado a lado, y se dió dos palmadas en sus mejillas, miradola ahora con seriedad, ¿qué hacía ella ahí y ASÍ? - Ejem, perdón se me ha ido la perola... ¿Es o no es?- Poso su mirada en esa maldita cara que se le hacía irresistible.-¿Por qué tenía que ser una marine?- Se preguntaba Garnet, apartando su mirada momentáneamente de ella, aunque sabía en el fondo que era justamente ese olor a peligro lo que le ponía verdaderamente.- Hace un calor que...- Dirigió sus pupilas, entonces, en los exuberantes e inconmensurables senos de la pelirroja.- Tetorras, ¿es o no es?- Efectivamente, estaba empezando a hacer más calor de lo normal.

KARMAS


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#3
El mono venido a más y la gallina turuleca gobernando lo que algún día serían mis tierras, era de risa. No podía sacarlo de mi cabeza por más que quisiera, pero un extraño ruido me sacó de mis ensoñaciones y vi como alguien se acercaba en mi dirección. Era ese felino pulgoso que había conocido en los juegos, el pirata Garnet. Crucé los dedos y levanté los brazos estirándome mientras él me reconocía gritando mi nombre y después se disculpó por la escena, mirándome con cierta seriedad en el rostro. ¿Habría pasado algo?

—Minino bonito, a ti te lo perdono todo. —dije levantándome del lugar y acercándome un poco hasta quedar frente a él.

Era extraño, ahora que lo veía de nuevo me parecía algo distinto. Llevaba solo un tanga cubriendo sus partes, dejando al descubierto todo su cuerpo que estaba tonificado y musculoso. Miré primero su torso y finalmente levanté la vista hasta llegar a su cara. No sabía si había cambiado su maquillaje, si la iluminación del lugar le favorecía o qué podía ser, pero a simple vista parecía, como decirlo, ¿más guapo? Me quedé un momento en silencio regalándole una encantadora sonrisa de mi hermosa cara mientras pensaba. Quería seducir a ese sucio pirata para poder acabar con él con mis manos, ese había sido mi plan inicial. Pero el Shichibukai había echado por tierra mis planes al decretar que no toleraría ninguna actuación por parte de la Marina contra los piratas, incluido el skypieano ante mí. Entonces, ¿realmente valía la pena seguir con aquel engaño? Garnet apartó la mirada un momento para decir que hacía mucho calor, lo cual era verdad, y luego la devolvió a mis pechos para acabar con una broma sobre ellas. “Joder, es que es una presa tan jugosa y me lo pone tan fácil...” pensé mordiéndome el labio indecisa. Eché un vistazo a los alrededores escuchando atentamente para asegurarme de que estuviésemos los dos solos. Era mejor que nadie, y aún menos un marine, me viese hablando con un pirata en esos términos.

—Es, y uno que parece que hasta abrasa la ropa, ¿sabes? Shshshshs. —bromeé riendo por su ocurrencia, que aunque fingiendo un poco la risa, la verdad que me había hecho algo de gracia— Me alegra poder encontrarme contigo. La verdad que no sabía si iba a poder verte de nuevo antes de partir… —dije desviando la mirada al suelo mientras acariciaba mi brazo derecho con el izquierdo algo avergonzada y después volví a mirarlo a él— Pero, ¿qué hace un artista tan apuesto como tú, en un sitio tan apartado como este? ¿Has venido solo hasta aquí?— Señalé con la cabeza su laúd y sonreí— No me digas que has seguido a esta hermosa e indefensa mujer a través de la ciudad hasta este lugar tan apartado para acorralarla y deleitarla con un concierto privado.

Acompañé la frase una sonrisa picarona mientras me deshacía el moño. De verdad que no sabía qué hacer en aquella situación, pero es que el juego del gato y el ratón, siendo él el ratón claramente, era algo que me tentaba demasiado. Y es que se me daba fantásticamente bien, como todo en la vida.


Karmas
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#4
La marine se levantaba, tras estirar sus brazos, llamando a Garnet "minino bonito" que hizo que el pelirrojo se sonrojara ipso facto. Luego, barrió con su mirada el cuerpo de Garnet, como si estuviera analizando cada detalle del pirata, todo mientras permanecía en silencio y le dedicaba una delicada pero preciosa sonrisa. Debía de considerarse un crimen mirar a alguien así.

Justo después de que el pirata le dijera, a su peculiar manera, el calor que hacía, la marine se le quedó mirando mientras se mordía su labio. Al ver esto, al pelirrojo se le pusieron los pelos puntas, como si un escalofrío recorriera su cuerpo. - Joder... Esta piba me lo pone jodidisimo con cada gesto que haga, ¿es o no es?- Le seguía mirando sonrojando, intentando contener su lujuria e impulsos como pudiera, mas le era imposible delante de una diosa como ella. Ikirami respondió que si que hacía calor, uno capaz de evaporar la ropa, seguramente en referencia a la desnudez de Garnet... O la suya... O a la de ambos. Finalizó la respuesta con una risa, que le pareció cuanto menos adorable al pelirrojo, y diciéndole, con cierta timidez, que se alegraba de verle, ya que pensaba que no le volvería ver antes de que partieran. En ese momento recordó que, justo antes de que comenzara su combate contra la pajarraca azul, quedaron en volver a verse después del torneo para... Bueno, hacer "cosas". De solo pensar eso, durante unos segundos, los ojos de Garnet se tornaron de color blanco y se puso completamente colorado, lo cual era contradictorio pues toda la sangre que circulaba por su cuerpo debía estar concentrada en sus bajos, que luchaban por salir de su prisión de tela con estampado de tigre.-Joder... Me tiene cogido por los huevezunos haga lo que haga.-

Sin embargo, lo siguiente que dijo lo sacó de su ensoñación pues preguntó que que hacía allí un artista tan apuesto como él, y que si la había seguido hasta allí- nominándose como una mujer hermosa e indefensa- para darle un concierto privado, señalando con su cabeza al laúd, como el que prometió que le daría días atrás. Garnet se llevó su diestra al cuello y desvío su mirada hacia el bosque mientras esbozaba una sonrisa que reflejaba cierta incomodidad.- Pueje pueje que va
, muñeca, el menda no está tan colgado para seguirte como un acosador de esos, ¿es o no es?
- Y claro que no lo era, él era un salido y un baboso, pero él iba siempre de frente, al menos. Eliminó su sonrisa, suspirando profundamente para después apretar fuertemente su mandíbula, y mirarla con seriedad. Por un momento parecía que su lujuria había disminuido al pensar en el problema que residía consigo mismo.- La verdad que había venido para ver si me encontraba con una bestia mazo chunga y así entrenar... .- Quitó su mano derecha del cuello y se la llevó a la altura del pecho, cerrándola con fuerza y fijando su vista en ella.-Visto está que tengo que ser más fuerte, ¿es o no es?- Garnet lo tenía más que claro, ahora mismo su deber iba por encima del deseo, aunque estuviera rechazandole a una diosa de esa escala poder intimar más de lo que ya habían hecho.

Pero, para desgracia, o fortuna, se Garnet, cuando volvió a posar su mirada en ella, pudo ver cómo, con una sonrisa de picardía, se deshacía el moño, dejando caer su carmesí cabellera, que danzaba con el mismo viento que abanicaba las hojas de los árboles del bosque. Aquella escena había dejado completamente K.O. al Skypiean. Podía notar como el calor de su cuerpo incrementaba y si torrente sanguíneo circulaba a mayor velocidad en la zona de sus gónadas. Todo lo que había dicho hace un segundo se había ido a la mierda.- Pero por ti hago una excepción mi chata PUEJE PUEJEJE.- Dijo con sus ojos transformados en corazones a la par que, con suma rapidez, desenfundaba su Fallen Sound, agarrando con la zurda la parte del cuello y sujetando con la diestra la caja de resonancia.-  ¿Te hace que te toque entonces...-
Pequeña pausa para pensar en marranadas.-...algo de música?- Preguntaba cambiando, seguidamente, su expresión de baboso a una que rebosaba confianza.-No mucha peña ha tenido el lujo de vivir un concierto a solas con el menda, reina, puejeje- Y así fue como su plan inicial se fue al traste. Esa mujer era completo veneno para Garnet, pero lo peor de todo es que a él le encantaba.

KARMAS


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#5
El gatito parecía algo avergonzado al reconocer que no me había seguido, sino que se había adentrado en el bosque con la intención de enfrentar a alguna criatura para entrenar. Asumía a su vez, que se había visto que debía hacerse más fuerte y parpadeé perpleja por aquella revelación, la cual me había sorprendido realmente. Se mostró decidido con aquello, con una expresión seria en el rostro que me llegó a preocupar. En su combate demostró ser muy superior a Karl, a la cual yo consideraba realmente fuerte. Y no solo eso, desprendía una especie de aura que reflejaba de todo menos debilidad. ¿En qué clase de monstruo podría llegar a convertirse Garnet si seguía por ese sendero? Me deshice el moño mientras pensaba en que tal vez debería eliminarlo en ese momento y arriesgarme a la furia de Zarutsuki. Aquel hombre… No, aquel pirata debía haber segado la vida a cientos e incluso miles de personas para lograr una recompensa como la que tenía. No merecía respirar ni un segundo más. Y siempre podía acabar con su vida y alegar que había sido en defensa propia, que aquel psicópata en taparrabos me había encontrado indefensa al borde del bosque, me había atacado por la espalda y yo no había tenido más remedio que pelear y que su muerte había sido accidental. Seguro que me creerían, era arriesgado pero podría funcionar. Exhalé, dispuesta a ponerle fin a sus sueños dementes y perversos cuando, al levantar la vista decidida hacia él, cambió totalmente su comportamiento y volvió a ser el baboso habitual de siempre, con los ojos transformados literal y metafóricamente en corazones y sacando su laúd tras decir que por mí haría una excepción con su entrenamiento.

—¡Shshshshshshshs! —estallé en una carcajada al ver su cambio de actitud de un momento a otro. Incluso tuve que secarme una lágrima que amenazaba con recorrer mi mejilla con una mano— Ay… Perdón… —intenté decir recuperando el aliento por el ataque de risa repentino que había sufrido.

Era curioso, pero verlo con aquella expresión, justo tras haberse mostrado tan firme con su resolución de hacerse más fuerte, me había roto por completo la imagen de pirata malvado masacrando un pueblo. En mi cabeza por un momento había imaginado al tonto del culo pelirrojo ese, en tanga en mitad de la plaza de una ciudad gritando: “¡Soy un pirata malvado! ¡Os mataré a todos con mi música diabólica!” Y después convirtiéndose en un gato y cantando Miau Miau Miau tocando con sus patitas el laúd. No tengo ni idea de por qué esa precisa escena cruzó mi mente, pero chocó tanto con lo que estaba pensando un momento atrás que no pude contener la risa. Para cuando pude dejar de reír, él se ofreció a tocarme… algo de música. Una broma más que esta vez recibí de buen grado. Incluso se me escapó una sonrisa ladeada, sin duda estaba todavía convaleciente por la escena que había imaginado. Ahora con un aire lleno de confianza, me aclaró que no mucha gente tenía el lujo de recibir un concierto privado por su parte.

—Tampoco muchos músicos tienen el honor de tocar para una reina, minino. —respondí agarrando su mentón y clavando la mirada en la suya para seguidamente susurrarle— Pero estaré encantada de ofrecerte el gusto, si estás dispuesto a darme a mí el placer… —solté su barbilla, y le tendí la mano, invitándole a cogerla— Vayamos a un sitio más íntimo. Si es un recital privado, no quiero compartirte con ningún cotilla que pueda escucharnos por ahí, ¿sabes?


Me adentré un poco más en el bosque, dejando atrás la silueta de las casas de Shandora al otro lado del río y sustituyéndolas por enormes árboles frondosos que mecían sus hojas con el viento. El sonido que nos rodeaba estaba compuesto por una mezcla de estridulaciones de los insectos, el canto de algunos pájaros (que no eran Ñordikis) y el leve rumor del río que cada vez se escuchaba más lejano. La maleza era espesa, pero no lo suficiente para que impidiese nuestro paso. Apenas había avanzado unos momentos, pero ya no tenía ni idea de dónde me había metido. De alguna forma habíamos llegado a un pequeño claro, de unos quince metros de diámetro, donde algunos rayos del sol se colaban por la superficie frondosa como el agua a través de un colador, iluminando la zona lo suficiente para ver bien, pero sin permitir que el sol abrasador me molestase por su calor. Bueno, si ni siquiera yo, con mi gran sentido de la orientación, sabía ni dónde estábamos, seguro que sería muy difícil para otros encontrarnos. Así sería todo mucho más sencillo para mí, quizás incluso podría partir de la isla sin que nadie supiese de su muerte. Solté suavemente su mano y giré sobre los talones con una expresión dulce en la cara. Me recogí un mechón detrás de la oreja y me agaché frente a un tronco caído para dejar mi camisa sobre él y después sentarme.

—Espero que el sitio sea de tu agrado y que la acústica sea adecuada. Igualmente, estoy segura de que lo harás genial. Me muero de ganas por escucharte. —dije sonriendo y apoyando ambas manos en el tronco reclinándome levemente hacia atrás— Y creéme, te recompensaré bien por ello. Tengo un regalo preparado para darte cuando terminemos, querido gatito. —terminé de decirle y me relamí los labios hambrienta por lo que vendría después.

Dejaría que ese hombre diese su último concierto y posteriormente acabaría con él sin dejar rastro.

Karmas
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#6
La casi bipolaridad del músico, por alguna razón que él mismo no llegaba a entender, dejó escapar la característica risa de la pelirroja, risa que casi hizo que se le escapara una lágrima y llegando hasta a pedir perdón. Luego, su reacción ante la lujuriosa y musical oferta del skypiean fue aclarar que tampoco muchos músicos habían tenido la oportunidad de tocar para una reina como ella, lo cuál encajaría perfectamente con la imagen de Ikirami y lo que evoca. Al fin y al cabo, él no era el músico de la faz de la tierra, y cualquiera con sangre en las venas - o como en el caso de Garnet, en las venas de la tercera antena skypieana - sucumbiría a sus encantos e intentaría "cortejarla" usando sus dotes artísticos... O algo así.

Seguidamente, junto al atrevido movimiento de agarrarle con sus suaves manos la barbilla de Garnet, posó sus radiantes y dulces ojos carmesíes sobre los del músico para, acto seguido, acercarse a su oído para susurrarle que le ofrecería el gusto, siempre que él estuviera dispuesto a darle "el placer". Todos los pelos, e incluido plumas, del cuerpo del pirata se le erizaron, a la par que la sangre, condensada en la zona inferior de su cuerpo, fue a parar ahora a sus mejillas también. Mientras le susurraba eso, el músico no pudo evitar bajar la mirada hacia sus senos al descubierto, y es que era imposible no mirarlos, aún menos con ese bonito y sensual sujetador que llevaba puesto.- Ufff, llega a tener su uniforme puesto y joder... Siento que el menda se pierde...- Pensaba Garnet, sintiéndose ya hasta mareado de todo el shock que era tener a alguien como ella de aquella forma y jugando a ese "tira y afloja" que tanto le ponía. Justo después, la marine le soltó la barbilla y, tendiéndole la mano, le ofreció ir a algún lugar más íntimo para que ningún ojo curioso pueda invadir su privacidad. Obviamente, el pirata no tenía ni idea de lo que tramaba Ikirami, y encima iba ya más caliente que la final del torneo de Zarutsuki, así que, sonrojado, asintió rápidamente sin mediar palabra, guardó su laúd y agarró la mano de la pelirroja, dejándose guiar por ella.

Sinceramente, durante el trayecto, el músico no tenía ni idea de dónde la estaba llevando. Pero eso no le importaba realmente a Garnet. En esos momentos, él iba tan feliz, agarrado de la mano de Ikirami, con la lengua fuera y sus ojos en forma de corazón, dejándose casi tirar por la marine. Iba en un estado de ensoñación tan alto que no se daba ni cuenta ni de la maleza, entorpeciendo su paso, ni del cantar de los pájaros ni el sonido que los insectos que habitaban el bosque producían. Solo cuando llegaron a un claro, que no llegarían a los 20 metros de diámetro, el pelirrojo "espabiló" y prestó atención al pintoresco lugar. Los pocos haces de luz que se llegaban a colar a través de la frondosa capa de vegetación, confería a aquel sitio una intimidad y privacidad idónea para el momento que se palpaba. Garnet echó un silbido, para reflejar su impresión. Igual la marine sí que tenía planeado todo su trayecto.

Ikirami, entonces, soltó con delicadeza la mano del músico, haciendo que el pelirrojo, que estaba algo ensimismado con el paisaje, cambiara el rumbo de su mirada hacia la cara la propia marine, que lo miraba con una expresión dulce mientras se recogía un mechón de su cabello para, justo después, girar sobre si misma y dirigirse hacia un tronco caído. El pelirrojo, la siguió hacia allí y, cuando se agachó para dejar su camisa sobre la madera, no pudo evitar que su lascivia, una vez más, le poseyera, y le mirara con sumo descaro como se le marcaba el culo en la parte inferior de su uniforme, dejándole con una cara de pura perversión que, al momento de sentarse la pelirroja - si juzgaba su mirada y la dirección de su visión - podría intuir hacia donde estaba mirando el muy marrano. Si no era suficiente con eso, al sentarse Ikirami, y quedar en una posición inferior a la del músico, Garnet tenía una perfecta visión de sus gemelas, haciendo que los agujeros de sus fosas nasales se dilataran más y más.- Pueje pueje puejeje.-

Finalmente, antes de dar inicio el espectáculo de Garnet, Ikirami se reclinó hacia atrás, expresando sus ganas de escucharle, añadiendo que le recompensaría muy bien por ello con un regalo que tenía preparado para él, relamiéndose los labios después con una sensualidad que hacía que el tanga del músico se sintiera como si estuviera a punto de romperse. La imaginación del pirata echó a volar con esas últimas palabras, llegándose a imaginar toda clase de cerdadas y guarrerías, mientras escuchaba de fondo los gemidos de la marine. Sintió como su cara explotaba.- ¿¿R-RECOMPENSA??.- Nervioso, sacó rápidamente su laúd, preparado para tocar lo primero que se le viniera a la cabeza. Pero antes de empezar a darle... Al instrumento... Musical... Se paró un poco, cerró los ojos, y expiró e inspiró profundamente, para calmar los nervios.-Perdóname Aurora, estés dónde estés.- Aprovechó también para disculparse con la que fue el primer amor de su vida. De esa forma no habría quién tocara bien nada.- Entonces prepárate Ikirami, ¡espero que te flipe lo que se viene pueje! ¿Es o no es?- Le dijo con una sonrisa pícara y señalándole con el índice de su derecha, a la par que le guiñaba un ojo. Levantó su mano derecha, entonces, preparado para dar la primera tonada.- Disfruta del concierto, mi diosa pelirroja- Y, seguidamente, descendió con gran rapidez, dando pie a las primeras notas de su canción y, con ello, al concierto.


Garnet tocaba con gran virtuosismo la pieza musical, al mismo tiempo que se movía y bailaba por el claro, sin llegar a alejarse demasiado de Ikirami. Meneaba su larga melena, iba lanzando guiños sin discreción e incluso le llegaba a poner hasta el culo al descubierto del skypiean en la cara de la pelirroja. De puertas para fuera, todo parecía estar yendo bien para el músico y, sin embargo, Garnet sabía que algo iba mal y es que no era capaz de entonar una palabra. No sabía si era por los nervios, su condición mental o falta de inspiración pero, no era capaz de crear e improvisar una letra para la canción que estaba tocando. Una vez finalizada la canción, Garnet se paró frente a Ikirami, a tres metros de distancia, sudado y respirando de forma acelerada por todo el esfuerzo físico que acababa de hacer.- Bueno, ¿qu-qué te ha...- Tomó aire profundamente.-...Parecido, Ikirami?- Preguntó para saber la opinión sincera de la marine, mientras guardaba su laúd en su funda, colgada a sus espaldas. Entonces, cabizbajo, bajó la mirada.- Lo cierto es que el menda no está en su "peak" ahora mismo...- Resignado, apretaba fuertemente sus puños.-Quería cantarte algo pero no me salía nada del carambolo, ¿es o no es?- Volvió a alzar la cabeza para posar su vista en Ikirami, a la vez que esbozaba una incómoda sonrisa.- ¿Te hace que para la próxima vez componga una canción solo para ti?- Propuso el músico con completa honestidad ante su, en parte, fracaso al pensar que no estuvo a la altura de lo que la situación realmente pedía. Por otro lado, parecía que la parejita no estaba sola y es que, gracias a la música de Garnet, habían captado la atención de algo, o alguien, que acechaba oculto desde la vegetación, imperceptible, por ahora, para el pirata.

KARMAS


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#7
La presa me siguió, como si de un felino sumiso se tratase, a través del bosque hasta el claro donde me senté, dispuesta a concederle su último momento de paz. Por supuesto, no había pasado desapercibida ninguna de sus lascivas miradas a mi cuerpo. Qué fantástica escena y que deleitoso momento estaba viviendo en aquel momento. ¿Qué cara pondría cuando, embriagados todos sus sentidos por nuestra romántica y caliente “cita”, descubriese que su vida terminaría en ese mismo instante? No podía borrar de mi cara una sonrisa llena de expectación y anhelo por ver la vida del hombre apagarse en sus ojos. Le daría exactamente lo que él había dado al mundo, rompiendo los sueños y fantasías de otros en apenas un instante, cambiando por completo sus vidas para siempre. Aunque parecía que él no cabía de la emoción, cosa que su tanga así confirmaba, no estaba ni por asomo tan excitado como yo en aquel momento. Expiró profundamente, dándose unos momentos para relajarse tras lo cual me sonrió y guiñó el ojo, diciendo que me preparase y que esperaba que disfrutara del concierto.

—¡Es! —respondí con una radiante sonrisa y juntando las manos rectas apoyando mi mentón sobre ellas— Adelante, mi apuesto juglar.

Garnet comenzó a entonar las primeras notas con su laúd, una melodía intensa a la vez que hermosa. Una de las muchas mentiras que le había contado al músico, era que nunca antes habían tocado para mí. Una gran mentira, puesto que en mi juventud, mis padres contrataban asiduamente a músicos para ello, incluso tuvimos a uno durante unos meses tocando cada día para amenizar las cenas, hasta que mi padre se cansó de él. Todo aquello me había dado la capacidad de saber apreciar si un músico era bueno y si tenía talento o no, y lo cierto era que Garnet tocaba espectacularmente y rebosaba de talento. Era la primera vez que lo escuchaba con atención, quedando asombrada y, para mi estupor, disfrutando de la pieza musical. Además, el joven danzaba de forma animada, moviéndose de un lado a otro pero sin alejarse demasiado. En una ocasión incluso paso su trasero por toda mi cara, que tuve que echar hacia atrás para no golpearme con él. Estaba siendo muy divertido, sin duda los artistas que había visto no actuaban de esa forma y en aquellas circunstancias habría sido considerado una grosería y algo sumamente vulgar, pero tras una vida llena de normas y etiqueta, al salir al mundo real y conocer a más personas, había llegado a recrearme con actuaciones como aquella. Precisamente por las limitaciones que me habían impuesto a la hora de comportarme, las personas como Karl, que eran directas, sinceras, naturales, que mostraban sus emociones sin tapujos, sin máscaras artificiales, me despertaban una genuina simpatía. Eran todo lo contrario a lo que yo era, y en lugar de generarme rechazo, me atraían magnéticamente.

Garnet terminó su actuación, exhausto por la enérgica actuación, sudoroso y jadeando. Me preguntó sobre qué me había parecido.

—Ha sido… —dije levantándome— francamente fantástico, ¿sabes? —terminé de decir, sonriente y aplaudiendo— Tienes muchísimo talento, Garnet, te lo digo de corazón, ha sido maravilloso.

Fue una reacción sincera, lo cual hizo que me sintiese terriblemente mal. Él apartó la mirada hacia el suelo, no parecía estar a gusto con su actuación y dijo que no estaba en su mejor momento, que le habría gustado cantar también, pero que no era capaz de encontrar las palabras. Lo observaba con una expresión agridulce en el rostro. Me estaba planteando de nuevo si realmente era verdad que fuese un asesino desalmado. Su música, su actitud, no veía ningún atisbo en él de la maldad que proyectaban los piratas. Me preguntó si querría que para la próxima me compusiese una canción, una solo para mí. Era hasta dulce…

Tap, tap, tap…

Un sonido cercano me puso en alerta. Si mi oído no me fallaba, y nunca lo hacía, algo grande acechaba en el bosque al frente, justo por detrás de Garnet, todavía oculto por las sombras. Podía escuchar el leve sonido de las patas sobre la maleza, un sonido increíblemente sutil, pero letal. Y cuando desvié la mirada por encima del hombro del hombre, crucé la mirada con los ojos de la bestia, que reflejaban muy ligeramente la poca luz del claro. Era una situación perfecta. Si una bestia acababa con él, no tendría ni que ensuciarme las manos. Una lástima, a su vez, pues llevaba mucho sin poder disfrutar del fragor del combate, pero una opción mucho más segura, sobre todo en lo concerniente a Zarutsuki. Sería imposible que me echasen la culpa de que un animal salvaje asesinara a Garnet, y una vez muerto, podría entregar su cuerpo incluso, tal vez. Independientemente del resultado para mi carrera, lo importante es que habría un pirata menos respirando en el mundo.

Pero apenas un segundo atrás, estaba planteándome si de verdad merecía aquello Garnet. Había confiado en mí, me había tratado bien, aunque lascivamente, y se había esforzado por regalarme un momento íntimo y agradable. ¿Era justo que le hiciese eso? “Justicia…” pensé en la palabra y lo que significaba para mí. ¿Cómo me habría sentido si alguien hubiese tenido la oportunidad perfecta para acabar con Rust y la hubiese dejado pasar simplemente porque le pareció majo? Aparentar, fingir, mentir… Eran cosas muy sencillas de hacer y podían cambiar por completo la opinión de los demás sobre quién eras, yo lo hacía de continuo. ¿Y si Garnet estaba haciendo precisamente eso? Bien podría estar fingiendo para cumplir sus fantasías y acostarse con una mujer hermosa, la más hermosa del mundo, por cierto. A su vez, con lo pervertido que era, seguro que le encontraba morbosidad a la idea de acostarse con una marine. Sí, era todo fingido, una tapadera para su verdadera cara, la de un asesino desalmado.

—Mi dulce y precioso gatito… —susurré avanzando hacia él, salvando la corta distancia que nos separaba sonriente.

No podía permitir que la tercera presencia lo alertase, debía entretenerlo a cómo de lugar. Y era muy sencillo el cómo hacerlo. En cuanto estuve delante, lo besé con intensidad, con las manos apoyadas en su pecho que resbalaron con el sudor hacia sus marcados abdominales. “Qué desperdicio de cuerpo, perteneciendo a un pirata. Espero al menos que sirva de algo por primera vez en su vida alimentando a la bestia.” pensé cerrando los ojos a la vez que veía como el animal se lanzaba a su espalda dispuesto a encajar un zarpazo en ella.

Bestia


Karmas
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#8
A pesar de las inseguridades de Garnet sobre su desempeño musical, la bella marine parecía haber disfrutado del pequeño concierto privado que le había brindado el pelirrojo. De hecho, le había gustado tanto que, al acabar y preguntarle como le había parecido, Ikirami se levantó de su asiento, respondiendo, entre aplausos y deslumbrante sonrisa, lo fantástico que había estado y lo talentoso que era como músico, haciendo que el skypiean no pudiera evitar ruborizarse. Aunque él no pensara lo mismo, no podía negar que ver a la pelirroja disfrutar genuinamente de su actuación hizo que el pirata sintiera una cómoda calidez en su caótico corazón.

Sin embargo, cuando le preguntó, a modo de oferta, que le parecería que la próxima vez que se vieran le compusiera una canción solo para Ikirami, no obtuvo ninguna respuesta. Más bien se quedó mirando fijamente a Garnet, o a algo que se situaba detrás de él, aunque de esto el pirata no se percató en lo más mínimo pues entre sus problemas y estar ante tal belleza, los sentidos de Garnet estaban completamente obnubilados. Entonces, llamándole como "su dulce y precioso gatito" entre susurros, la pelirroja acortó la poca distancia que los separaba. Era inevitable negar que el skypiean se ponía muy tontorrón cuando le apodaba como "minino" y "gatito", por lo que se puso algo nervioso y confuso al mismo tiempo.- I-ikirami no has respondido la pregunta de...- Empezó a decir, sonrojado, con el ceño fruncido y de morros, pero no pudo acabar la pregunta ya que la marine, cuando estuvo a suficiente distancia, se lanzó directa a sus labios, fundiéndose los dos en un intenso beso. Podía sentir las delicadas y suaves manos de la teniente recorrer su pecho y abdomen, ocasionándole un cosquilleo que le ponía - aún más - a mil. Los ojos de Garnet se abrieron como platos durante el primer segundo. No era la primera vez que se besaban, no. Y por supuesto que las señales de la marine sugerían que esto, tarde o temprano, acabaría pasando de nuevo. Pero aún así, el pelirrojo seguía sin creerse que, alguien de sus magnitudes - hablando en todos los sentidos posibles - se fijara en alguien como él. Pero no era momento para pensar en ese tipo nimiedades, así que el pelirrojo, dejó caer su laúd, cerró los ojos y se dejó llevar por las señales que le mandaban su tercera antena. Colocó su mano derecha detrás de la cabeza de Ikirami, hundiendo y acariciando sus dedos en su abundante y sedoso pelo rojizo, al mismo tiempo que situaba su siniestra en la parte lumbar de su espalda - con peligro inminente de descender la mano hacia sus posaderas - y la presionaba, con fuerza pero delicadeza, hacia él. La pasión lo había cegado por completo... Y eso le impidió ver lo que se le avecinaba por la espalda.

Con suma agilidad y sigilo, aquella bestia que había invadido aquel claro de intimidad y privacidad "pelirrojil",  se lanzó a por el Skypiean, asestándole un feroz zarpazo en la espalda, y dejándole una marca de cuatro líneas diagonales que se teñían de rojo. La sangre empezaba a brotar y, con ello, un agudo e intenso dolor recorrió todo el cuerpo del pelirrojo, que puso los ojos en blanco y apartó, entonces sus labios de los de Ikirami.- AGHHHHH.- Se quejaba de dolor, dejando de agarrar a la marine y girándose hasta darle la espalda, rápidamente, para ver como, tras él, había un enorme felino - un poco menos alto que Garnet - parecido a un leopardo salvo por la característica de que poseía unos enormes bigotes que acababan en una punta azul brillante.- ¿Pero qué cojones?- Se preguntaba a sí mismo, llevándose su zurda a la espalda, y sin quitarle la vista al felino, tocando las heridas que tenía y sintiendo un ligero escozor. Cuando se llevó esa mano a su vista pudo ver como estaba llena de sangre.- Tch... Ha tenido que atraerlo mi música, perdona Ikirami.- Se ponía en posición de combate, adoptando una postura similar a la de un boxeador.- Al menos al final el menda va a poder entrenar...- Pensaba Garnet, el cuál tenía la intención de no usar su fruta. Al mismo tiempo, la bestia lanzó otro veloz zarpazo con su pata delantera derecha, - directa a su pecho - pero no lo suficiente rápido para escapar a la reacción del pirata. Garnet, cambió su expresión a una de enfado, frunciendo su ceño y poniendo los ojos en blanco.- ¡Pero me has jodido el momento puto bicho! ¿Es o no es?- Paró el arañazo anteponiendo, con firmeza, su brazo izquierdo al mismo tiempo que cargaba su puño derecho, cerrándolo de forma plana y haciendo que sobresalieran sus articulaciones interfalángicas. El skypiean extendió, rápidamente, y sin que pudiera reaccionar la bestia, su puño hacia su morro, resultando en un devastador golpe para el felino, dejándolo desorientado durante algunos segundos.- Tengo que aprovechar para alejarla de Iki.- Miraba de reojo  hacia atrás a la marine para, seguidamente, correr hacia el animal y empujarlo - agarrando al leopardo del torso por debajo - lo más lejos posible de allí, hasta situarse a unos 5 metros de la pelirroja. Garnet sabía que Ikirami debía saber combatir y tener nociones en el combate, por eso de que era marine, pero no era momento comprobarlo y de dejar que un cacho bestia como esa le atacara.

Una vez que el animal recobró el sentido, aprovechó la proximidad del pirata para hincar las uñas de sus dos zarpas en su espalda, dejándole más marcas de sangre.- AGHHHHHH hijo de...- Soltó, o mejor dicho, lanzó entonces al felino hacia arriba, a unos 2 metros de altura, pegándole un total de tres puñetazos mientras estaba en "caída libre". Esta vez los golpes no fueron lo suficiente como para dejarlo aturdido así que fue directo a dar un mordisco a skypiean en la cabeza, que el pelirrojo pudo prevenir perfectamente, agarrando con su diestra el colmillo derecho superior y, con su mano izquierda, el el colmillo izquierdo inferior. La fuerza del skypiean, que era mayor maxilar del leopardo, consiguió forzar a abrir su mandíbula hasta que sonó un "crack". Le había roto la mandíbula al felino y, con ello, un rugido retumbó en el claro y sus alrededores. Al ver que el pelirrojo le superaba, al leopardo no le quedó otra que cambiar de objetivo. Momentáneamente se fijó en Ikirami y, en un rápido movimiento que pilló desapercibido a Garnet, empezó a correr hacia ella, dando un salto y, empezando a girar sobre sí mismo, como si de una rueda se tratara. Garnet, rápidamente miró hacia atrás.- Mierda, ¡IKIRAMI!-

Situado ya a tan solo dos metros de la marine, el leopardo ralentizó su velocidad de giro, apareciendo entonces sus largos bigotes. Su intención era aprovechar la inercia y la fuerza centrífuga para, atacar con ellos a la hermosa pelirroja con sus bigotes como si látigos fueran con gran potencia.- ¡Y UNA POLLA!- Garnet, viendo que no podía llegar a tiempo, concentró todas sus fuerzas en los músculos de sus piernas, ganando una gran agilidad momentánea y, de esta forma, pudiendo colocarse por delante de Ikirami justo a tiempo para interceptar, con el pecho, el ataque del leopardo. Sus bigotes, como dos latigazos, impactaron sobre los pectorales descubiertos de Garnet, formando una "X", sobre estos. Le velocidad y potencia del impacto era tal que, se sintieron como cuchillos, dejando otras dos líneas en su cuerpo que se iban llenando de sangre.- Ffffffffffgggg ya está bien, ¿es o no es?- Le miraba de manera amenazante para, seguidamente, lanzar un uppercut con su derecha a su barbilla, que lo lanzaría por los aires - y volvería a encajar su mandíbula - dejándolo finalmente K.O. Había conseguido acabar con la bestia, pero a que precio. Estaba empapado por toda la espalda y de pecho para abajo de sangre, además de cansado y agotado, por el esfuerzo que tuvo que hacer encima en el concierto anterior. Garnet se giró para encarar a la pelirroja, para ver como estaba.- Perdona... Ufff... Ikirami, ¿cómo estás? ¿Todo piola? Espero que ese bicho no te haya hecho nada, ¿es o no es?-

KARMAS


ACLARACION


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#9
Ay, si el pobre y desprovisto Skypiean supiera lo que pensaba de él. Por suerte para mí, era algo que guardaba a muy buen recaudo dentro de mi cabeza. Así es que, cuando me lancé en búsqueda de sus labios, los encontré y fui correspondida por un fuerte y pasional a la vez que dulce abrazo. Compartimos saliva durante unos momentos que fueron extremadamente incómodos para mí a pesar de que su contacto, fuerte a la vez que gentil, hacía que se me erizara la piel. Pero enseguida, aquello cesó, y escuché cómo la mejor de sus melodías escapaba a través de sus labios; un gemido. Uno de dolor. Se giró ante mí, con unas hermosas líneas rojas que comenzaban a emanar aquel líquido rojo tan precioso y preciado. Una bella obra de arte adornada por dos pequeñas alas a los lados. “Hermoso.” pensé al ver la composición en su espalda. Me retiré hacia atrás lentamente mientras mi bello acompañante se disponía a darme un segundo espectáculo. Seguía con la piel erizada, una sensación que se negaba a escapar, aunque el clima húmedo y caluroso no parecían ser la causa. Recogí mi camisa y la abotoné, sin perderme ni un solo segundo del show. Él se disculpó, pero no había nada que perdonar, estaba saliendo todo exactamente como esperaba. Cuando la bestia volvió a embestir, Garnet bloqueó con su brazo el arañazo y golpeó al felino, que quedó aturdido un instante.

—¡Vamos, tú puedes! —animé al extraño jaguar sonriente.

Estaba viviendo el combate en mis carnes, no podía apartar la mirada a otro lado, presa totalmente del deleite que aquella danza me brindaba. Una vez más, mi aliado animal asestar de nuevo unos zarpazos en la espalda del pelirrojo, arrojando al aire una buena cantidad de sangre. Mientras, yo apretaba los puños, deseosa de que acabase ya con él. El combate era frenético, apenas podía mantener la vista centrada, y un ardor dentro de mí me ponía las cosas todavía más difíciles. No podía aguantar, estaba literalmente en ascuas, a la espera de que todo finalizase al fin. Pero el minino no iba a ponérselo fácil a la bestia. Agarró sus colmillos cuando este se abalanzó a morderle, haciendo que un fuerte “crak” se escuchase en todo el claro. Chasqueé la lengua, ¿me tocaría al final mancharme las manos? Pensar en ello no me molestaba, incluso me sentía con ganas de hacerlo, pero tal vez sería más difícil de explicar ahora que las cosas se habían puesto así. Siempre podía tirar de mi labia, de mí increíbles dotes de actuación y de mi fabuloso…

—Oh. —susurré al darme cuenta de que mi aliado felino no era tan aliado como me pensaba.

Me encontré de cara contra este, que se desplazaba como si de una rueda se tratase, directo para embestir contra mí. Tal vez, si hubiese estado en un estado mental menos agitado, podría haberlo visto venir, pero no fue así. Seguramente Garnet, al fijarse en que su enemigo cambiaba de dirección había aprovechado para huir. Lo escuché llamando mi nombre, probablemente mofándose de la situación en la que me dejaba. Al final de todo, era un pirata, y ellos solo piensan en sí mismos. Además, seguro que creía que así habría una Marine menos en el mundo de la que preocuparse. Así, la bestia frenó a dos metros justo frente a mí, y por el rabillo del ojo apenas pude discernir unas siluetas borrosas dirigidas a, y perdón por la frase, toda leche en mi dirección. Aquello dolería, pero después le demostraría a la criatura que se había equivocado de persona con la que enemistarse. Seguro que su piel me quedaba fantástica como vestido.

Acepté la herida que iba a recibir y cerré los ojos, para evitar al menos que me diese en ellos. Pero el dolor nunca llegó y, extrañada, los abrí quedando con la boca abierta en total sorpresa. El minino se había puesto delante del ataque, sufriéndolo él en mi lugar. Pestañeé incrédula, con la mente fragmentada intentando encontrarle una explicación a aquello. Mientras estaba paralizada, atónita por aquello, el pelirrojo golpeó la mandíbula del animal, dejándolo inconsciente o muerto frente a él. Recorrí con la mirada su cuerpo, bañado en la sangre del animal. El corazón me latía con tanta fuerza que parecía que iba a estallar, pero lo peor era la batalla que había en mi cabeza. Una mezcla de emociones que embotaba mis sentidos y me dejaban a merced de los instintos. Garnet, comenzó a girarse para preguntarme como estaba, pero antes de que pudiera girarse...

—Deke... —dije echando los brazos hacia atrás— bas.

Eché ambos brazos hacia atrás y aproveché que estaba malherido para empujarlo por los hombros tirándolo contra el suelo, justo delante del cuerpo del animal. Lo miré desde arriba, sin poder contener la sonrisa que se formaba en mi cara. 

Imagen de Ikirami


Acto seguido, me lancé sobre él, quedando con las rodillas apoyadas en el suelo encima suyo y con los brazos extendidos mientras le miraba sin mediar palabra, con mi pelo cayendo por los lados sobre él. Levanté la mano derecha y con el dedo índice recorrí la herida de su pecho, sintiendo el calor y el espesor de su sangre. ¿Cómo sabría su sangre? ¿Tendría un toque dulce o tal vez picante? Me moría de ganas por averiguarlo, pero por el momento me contuve y me deleité con su tacto y el cómo resbalaba mi carne contra la suya.

—Minino… —susurré mientras dibujaba formas con el rojo en su pecho, sin apartar la mirada de su torso para después apoyar toda la mano encima y clavar la mirada en la suya— Dime, ¿a cuántas personas inocentes has matado en tu vida, cuantas vidas has arrebatado? Tienes sobre tu cabeza una recompensa muy, muy, muy alta, ¿sabes? —pregunté acercando mi cara a la suya todavía más, con mis labios casi rozando los suyos— Y dime, ¿por qué me has salvado del ataque? Sabes que soy una Marine, al fin y al cabo... Y no me mientas, gatito lindo. —aclaré acercándome para susurrarle al oído izquierdo— Si lo haces, no tendrás un final feliz, ¿sabes? —sentencié para después lamer su cuello y terminar mordiendo el lóbulo de su oreja.


Bélico

Karmas
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#10
Aquel jaguar yacía, mínimo, inconsciente frente a un agotado Garnet. Quiso darse la vuelta, girarse hacia la deslumbrante Ikirami y preguntarle si había sufrido un rasguño. Al fin y al cabo, seguramente que fue por culpa de su música que la bestia había detectado su paradero, poniéndola en peligro de manera innecesaria. No obstante, antes de que pudiera voltearse hacia la marine, esta le preguntó que de que iba - o algo así - sintiendo seguidamente un empujón, en cada uno de sus hombros, con gran fuerza que, sumado a sus heridas, irremediablemente, hizo que se estampara contra el suelo.- ¿Huh?- Dejó escapar, incrédulo, el pelirrojo, él cuál se encontraba tumbado boca abajo. Como pudo, intento darse la vuelta para, al menos, quedar boca arriba y entender que era lo que estaba ocurriendo.

Cuando lo hizo, y vio la sonrisa y mirada de Ikirami, un escalofrío invadió su cuerpo. Por alguna extraña razón, Garnet en ese momento sentía que estaba en peligro.- ¿Ikirami?- El músico no estaba comprendiendo que estaba pasando ahora. La marine, entonces, se le lanzó, quedando apoyada en el suelo con ambas rodillas y sus manos, con los brazos extendidos. La bella pelirroja siguió mirándole con esa expresión, en silencio durante algunos segundos que, para el skypiean, se hicieron eternos, por todas la incógnitas de aquel momento. Garnet clavaba sus pupilas en las rojizas de Ikirami, intentando averiguar que se escondía tras sus intenciones. Al mismo tiempo, la teniente, con el índice de su mano derecha, empezó a juguetear con la sangre que brotaba de la herida del pecho. Era algo raro de narices sí, pero al músico, en cierto modo, le pareció hasta sensual, haciendo que se sonrojara y pensara en que debía tratarse de un juego con aires sadomasoquistas. Para más inri, al fijar en el dedo de la marine, pudo notar como, Ikirami, se había puesto y abrochado su camisa, haciendo que el skypiean abriera los ojos como platos y emitiera un largo resoplido, mordiéndose seguidamente el labio inferior, a la par que, de cadera para abajo, se retorcía.- Joder, joder, JODER... Va a petar... VA A PETAR CON TREMENDAS BUFAS.- Toda la preocupación de hacía unos segundos se desvaneció en instantes.

Justo después, la marine volvió a hablar, apoyando ahora toda la mano encima del pecho de Garnet, y posando ambos, nuevamente, sus miradas el uno al otro. El pelirrojo seguía algo inquieto por su pequeño fetiche, pero quiso canalizar toda su concentración en lo que tenía que decir la hermosa mujer. Entonces sacó un tema que, sinceramente, estaba tardando mucho en salir, aunque el músico jamás pensó que Ikirami lo sacaría. La marine, acercó su cara a la del pirata lo máximo posible, hasta el punto en el que podía sentir como sus labios se rozaban con los suyos con cada palabra que articulaba. El pirata sentía que iba a estallar, pero fue el contenido del mensaje lo que hizo que no perdiera la concentración y se dejara llevar por la pasión y es que preguntó cuántas vidas había matado, debido a la recompensa que le habían puesto a su cabeza.- Claro...- La expresión del ensangrentado músico se tornó, entonces, en una seria. Entonces, Ikirami se acercó, esta vez, a su oído izquierdo, susurrándole que, sin mentirle, por qué la había salvado, puesto que ella era una marine.

Ikirami lo había dejado completamente claro. Si mentía, iba a tener un amargo final, y aún así, el contenido del mensaje, no cuadraba con sus acciones pues, al finalizar y aprovechando que estaba su cara próxima a su oreja, le dio un lamido a su cuello para, seguidamente, morder el lóbulo de su izquierda. Todo aquello, si ya no era suficiente con todo lo que había pasado desde que había visto a la teniente, lo había puesto a mil por hora. Garnet ahora mismo seguía convencido en que era un especie juego sexual del estilo "te has portado muy mal y voy a tener que castigar tus fechorías". Tenía los pelos como escarpias, el corazón le latía con fuerza y sentía como quería dejarse llevar por su lujuría y la tensión sexual que se palpaba y arrancarle toda la ropa -menos la camisa- a la marine. Sin embargo, aunque fuera parte de un juego, tenía la corazonada de que debía responder bien a todo lo que le había preguntado. Rápidamente, con sus dos brazos, rodeó el abdomen de la mujer, arrastrándola hacia él. Situó su mano izquierda justo en la zona lumbar de Ikirami, y la derecha a la altura de su omóplato. Con la fuerza con la que la presionaba, podía sentir todo el perfecto cuerpo de la marine sobre su piel, hasta el punto que era casi como si sus cuerpos estuvieran a punto de fundirse en uno. Garnet jadeaba con intensidad, mirando hacia el cielo, oculto en la vegetación del claro, mientras intentaba ordenar sus pensamientos.

¿A cuánta gente inocente había matado? Esa pregunta le había tocado de sobremanera. Garnet era un pirata y no era un santo ni mucho menos, eso estaba claro. Pero no era ningún asesino y, en caso de haber matado a alguien, lo hizo por proteger a su familia. Aún así, ese no era el verdadero problema, y el músico lo sabía, muy en el fondo.- Nekah... Sage... Ariel... Gronn... Aurora...- Las pupilas de Garnet se contraían y dilataban al pensar en todos sus amigos y amada que murieron a manos del que fue su mayor pesadilla por tanto tiempo y, por consiguiente, que murieron por su culpa. Por su debilidad, por su inutilidad, y porque, encima, fue él quién lo atrajo hacia ellos, en busca de venganza. Todo mientras su respiración se acentuaba. Por alguna razón, las dos veces que había visto su recompensa aumentada, había sido acompañada de la muerte de sus seres queridos. Aunque le doliera, ya sabía que responder a la primera de sus preguntas.

- Cinco...- Dijo Garnet, serio, tras estar unos 10 segundos en silencio, escuchando tan solo su respiración y el viento abanicando las hojas de la vegetación.- Cinco son las vidas inocentes que he arrebatado.- Seguía mirando hacia arriba con una mezcla de seriedad y melancolía.- Cuatro de ellos eran como mis hermanos y la otra persona mi amada.- Exhaló un suspiro.- ¿Te dice algo Finn Slingerland?- Preguntó a Ikirami, quedándose un par de segundos callado.-Ese hijo de puta, en los Cabos Gemelos nos la lio parda y allí mató frente a mí a uno de los míos, que el menda no pudo proteger porque era demasiado débil. Fue allí donde conocí a Sephi, por cierto.- Hizo otra pequeña pausa, para prepararse para lo que se venía.- Fue después de esa movida que vi mi primera recompensa, 50 millones de berries.- Negó con la cabeza en silencio y prosiguió, apretando con fuerza la ropa de la marine.-Luego, en isla Toko, el cabrón volvió, y nos hizo una emboscada de la manera más cerda posible, y allí mató a los cuatro restantes. Fue muy chungo y aún sigue doliendo, pero, entre Sasha, Tobías y el menda, conseguimos finalmente aniquilar a ese psicópata, ¿es o no es?- Explicó Garnet, saltándose, por el momento, el detalle de cómo Finn se había infiltrado en la marina para tenderles una trampa.- Después de eso, el precio por mi cogote volvió a subir a la que se sabe hoy.- Terminó de explicar todo lo que concernía a la primera pregunta de la marine.

Ahora tocaba la segunda pregunta, ¿por qué había salvado a Ikirami si ella se trataba de una marine? Lo cierto era que Garnet lo tenía bastante claro.- ¿Y qué por qué el menda te ha salvado siendo marine?- Esbozó una tímida sonrisa.- Pueje, sí... Te mentiría si no te soltara que quiero arrancarte toda la ropa y tener un buen revolcón contigo pueje pueje... Pero...- Desvió entonces su mirada hacia su derecha, y se quedó en silencio y sonrojado durante 2 segundos.- El menda tampoco puede negar que, a pesar de que odio la marina, me molas...- Confesaba sin pelos en la lengua Garnet, soltando, entonces a la marine de sus brazos. Estaba claro que lo que sentía por Ikirami no se podía comparar a su amor por Aurora, por supuesto, pero tampoco se podía reducir a pura tensión sexual. No habían interactuado demasiado, más allá del torneo de Zarutsuki, pero con ese poco tiempo, y sumado a ese juego del ratón y el gato que traían y sensación de peligro, sentía que había cierto magnetismo entre ellos que hacía que quisiera conocer más a la marine. Vamos, que no quiero ni me perdonaría perderte.- Se sonrojó aún más.- Quiero seguir conociéndote, tocándote...- Puso durante una cara de perversión que le duró un segundo.- Y tocándote música, ¿es o no es? Pueje- Confesó el músico, mirando fijamente los ojos de la teniente. Seguidamente, situó su mano derecha por detrás de la cabeza de la marine, entrelazando sus dedos en los rojizos cabellos de Ikirami, y acariciándolos con suavidad. Garnet aproximó, entonces, sus labios, lentamente, a los de la bella marine, fundiéndose en un beso que jamás olvidaría el músico de los Shogun Gari.

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