[Presente Relativo-Entrenamiento]— Sé Haki. — Demuéstralo.
#1
Abandonar la casa era el primer paso para comenzar a buscar más poder. Ya habíamos visto lo devastador que podía ser el poder del Haki gracias al emperador shichibukai Zarutsuki, con ello habíamos descubierto que no éramos el tope de poder como podíamos pensar primera vista. Con tan solo una mirada el emperador había sido capaz de parar el golpe de una de las personas más fuertes que había conocido y con una pequeña explosión de Haki nos había hecho caer a todos inconscientes. Yo era plenamente consciente de que solo dos de los tres poderes podían ser aprendidos o adquiridos, mientras que el tercero y más poderoso de ellos, el del conquistador, tenía que ser algo con lo que nacieras. Él tenía que estar escrito en tu código genético y después tenías que ser capaz de usarlo. Yo estaba bastante seguro de que no poseía la suerte, vine a contar con una corona, soy en mi cabeza, así que me centre en las bases: el armamento y la visión. Sin embargo, y aunque estaba bastante claro que en aquella isla ubicada en los cielos había gente que tenía la capacidad de usar estos poderes, no todo el mundo sería capaz de hacerlo y menos de enseñarlo. La intención era salir de la isla del cielo con toda la información, víveres, oro, conocimiento y habilidades posibles. Y viendo que el emperador de la ciudad dorada era capaz de usar el haki no era extraño pensar que algún guerrero más de la civilización de Skypiea pudiera hacerlo. Dado que hay gracias al jefe me era imposible acceder a la ciudad dorada, tuve que deambular por la isla en diversas ocasiones para dar con poblados y preguntar por sus guerreros. Justo al salir de la casa donde estábamos durmiendo me dispuse a buscar poblados y aldeas donde encontrar guerreros para fortalecerme. Gracias a mis conocimientos sobre la geografía local supuse que lo más fácil era buscar algún poblado. Después de salir de la casa donde nos alojamos vagué acelerando el ritmo poco a poco hasta llegar a un pequeño poblado en el bosque. Para mi suerte, incluso siendo invierno como era el tiempo, era bastante agradable. El viento era suave y la temperatura bastante estable, quizá por la proximidad al Sol. Me encontraba en el poblado Birka, hogar de los birkanianos, que por alguna razón de hibridación o mestizaje habían sido relegados al último escalafón de la cadena social de la isla del cielo. El poblado era relativamente pequeño y en él sus gentes realizaban tareas cotidianas sin inmutarse demasiado de mi presencia. Los niños más jóvenes jugaban mientras adultos cargaban con sacos o transportaban objetos de su trabajo de área y algunos más ancianos observaban el lugar como si observaran el tiempo pasar lentamente frente a sus ojos. El objetivo era claro: encontrar a un guerrero digno y fuerte capaz de utilizar el haki y convencerlo para que me enseñara a utilizarlo a mí. Contaba con una gran ventaja y es que yo ya conocía el funcionamiento y explicación de los hakis por lo que el profesor de aprendizaje debería ser mucho más simple para mí.

— Disculpe, señor. — dije acercándome a un grupo de tres ancianos, a un grupo de tres ancianos birkanianos que observaban lo que parecía ser la plaza del pueblo — Soy un extranjero del mar inferior. Estoy buscando guerreros fuertes para aprender de ellos. ¿Hay algún poderoso luchador en vuestra aldea? — pregunté al grupo de hombres con la esperanza de que alguno pudiera referir a un campeón capaz de enseñarme tales habilidades. — Hummmm — comenzó a resoplar uno de ellos mientras los otros se cruzaban de brazos y miraban hacia arriba. — Supongo que te refieres a Jalindra. — dijo con duda el anciano birkanianos — Aaaah, sí, la chica genio. — afirmó otro de los hombres. — Esa niña siempre fue muy buena peleando, seguramente sea la más fuerte de la aldea. — confirmo el anciano. — Genial, sí, seguro que es ella. ¿Dónde podría encontrarla? — pregunte con entusiasmo al trío de viejos señores. — Quizá en el bosque, al norte de aquí, suele frecuentar esa zona para relajarse. — dijo señalando con el dedo hacia una línea de árboles que daban al bosque contiguo dijo señalando con el dedo hacia una línea de árboles que daban al bosque contiguo al poblado. — Gracias, señores, ¡marcho a buscarla! — agradecí, despidiéndome con un saludo tradicional, inclinándome desde la cadera con las piernas rectas. Tras esto me di la vuelta y salí corriendo hacia esa zona. Estaba entusiasmado por la posibilidad de conocer a alguien que pudiera enseñarme habilidades tan poderosas como lo eran el jakie en cualquiera de sus vertientes. Tras unos minutos andando entre los árboles cerca de la aldea, encontré un claro extenso sobre el que el sol incidía con más potencia. El césped era suave y verde, invitando junto con la fresca brisa a tumbarse a relajarse en él. En el centro del claro, una figura estaba totalmente tumbado mirando al cielo. — ¿Hola? ¿Jalindra? — dije con tono alto para que me pudiera identificar desde la distancia. La joven se alzó, sentándose y apoyando las manos hacia atrás, buscándome con la cabeza hasta dar conmigo a su diestra a unos metros. — los ancianos del poblado me dijeron que estarías aquí. Mi nombre es Viktor, vengo del mar inferior y me gustaría aprender de ti. Dicen que eres una guerrera excepcional. — dije con tono afable y una sonrisa. —

La muchacha, que no debía tener más de quince o dieciséis años, se puso de pie. Medía más o menos lo que yo y tenía un pelo rubio dorado y la piel bronceada. Por detrás, en su espalda sobresalían sus alas típicas de la raza, demostrando así que ella también era una birkaniana. — ¡Hola! — saludó con una amplia sonrisa de vuelta — Suena bien, pero... parece que tú ya sabes pelear. — dijo analizándome de arriba abajo detenidamente. — ¿Estás seguro de que tengo algo que enseñarte? — dijo riendo entre dientes. Se notaba que la muchacha era bastante alegre y simpática, por lo que decidí ser totalmente sincero con ella. — Haki. Quiero aprender a usar el Haki. — espeté para dejar claro cuál era mi objetivo de aprendizaje con ella. Tras unos segundos de sonrisas encadenadas, la chica prosiguió — Haki. Es posible aprenderlo, y el hecho de que ya conozcas sobre él me dice mucho de ti... Pero la pregunta es si tendrás lo suficiente para dominar alguno de ellos. — contestó seria pero cordial. — Ponme a prueba. — contesté mientras comenzaba a quitarme el abrigo y doblándolo sobre mi brazo. — ¡No, no, no, no! — exclamó la muchacha poniendo sus manos abiertas por delante. — Me has debido malinterpretar. Si quiero probarte no voy a hacerlo peleando contigo. — explicó con cara de circunstancia. — Pensemos en uno de los dos, ¿qué versión del Haki te gustaría dominar primero? — dijo elevando sus dos puños a ambos lados de su cabeza. — ¿El de observación o el de armamento? — cuestionó mientras levantaba un dedo de cada mano según mencionaba cada tipo de Haki. Realmente no tenía que pensar demasiado, tenía era bastante claro cuál de los dos era mi prioridad. — Kenbunshoku Haki. La observación. Ese sería mi punto de partida inicial. — contesté entusiasmado dado que parecía que la muchacha no iba a poner impedimentos para enseñarme... Siempre que yo pudiera aprender. — No sé por qué pero... Lo sabía. — dijo sonriendo y bajando los brazos. Tras esto, la joven se agachó buscando una mochila que tenía a su lado en el césped y comenzó a hurgar en ella buscando algún objeto. Finalmente, sacó una especie de tablero y una bolsa pequeña. — Juguemos a un juego. — dijo casi riéndose a carcajadas mientras se sentaba con las piernas cruzadas sobre el césped y plantaba el tablero sobre que este dejando caer el contenido de la bolsa sobre el tablero revelando que fueran una especie de fichas pequeñas con kanjis dibujados sobre ellas. — ¿Alguna vez has jugado al Shogi? — dijo mirando hacia arriba buscándome con la vista. — Es fácil: se trata de un tablero de nueve casillas por cada lado. Los dos comenzamos con veinte fichas. Tendrás un rey, una torre, un alfil, dos generales de oro y dos plateados, dos caballos y dos lanceros, y para acabar nueve peones. A grandes rasgos se trata de mover tus piezas cada uno con un patrón distinto para hacerte con las piezas enemigas y cuando se hace jaque ganas la partida. ¿Ves? Fácil. — dijo entusiasmada. Parecía fácil desde su prisma, ya que ella sabía jugar. Refunfuñé un poco mientras me sentaba delante de ella al otro lado del tablero también con las piernas cruzadas y dejando a Shimei Kaeru y mi abrigo a un lado. — No sé si me ha quedado claro... — dije con duda y una sonrisa de incomodidad. — ¿No? Mejor. Así será más orgánico. — expresó con alegría. — Hagamos una cosa: juguemos. Yo te enseño Haki y tú me hablas el martes inferior. Yo empiezo. — espetó para, tras de eso, mover uno de los peones.

Yo no entendía muy bien de que iba esto, pero supongo que no me quedaba otra cosa que jugar con las cartas, o fichas más bien, de que me habían repartido en esta ocasión. La partida comenzó con movimientos muy calculados por mi parte a los que Jalindra era capaz de contestar con una precisión milimétrica para romper todas mis estrategias. — Venga, háblame. ¿De qué Blue eres? — dijo moviendo otra ficha y destrozando mi alfil. — Del West. En la isla Toroa. — contesté a trompicones, intentando buscar una apertura en su línea de defensa. — Qué guay. ¿Y tienes familia? ¿Hermanos o algo? — prosiguió mientras seguía reventando mis fichas. — Tuve padres, pero me marché hace mucho. No recuerdo ningún hermano... — contesté serio. No era un tema que me apasionara. — Oh... Entiendo. Y ¿qué te hizo salir de los Blues y acabar aquí? — preguntó de nuevo, dejando solo tres de mis fichas en el tablero. — Hice cosas mal y... Estoy tratando de arreglarlo. Y para eso necesito más poder. — espeté mientras Jalindra terminaba con mi rey. — Jaque mate. — dijo alegre y confiada mientras yo me cruzaba de brazos mirando al tablero casi vacío. — ¿Cómo te he ganado? — preguntó con tono soberbio. Asumí que era una pregunta capciosa y que tampoco había una respuesta real. Me mantuve en silencio y gruñi ligeramente. — Otra vez. — dijo la chica mientras recuperaba las fichas del suelo y las colocaba meticulosamente en su sitio inicial. — Así hasta que lo sepas. — dijo seriamente y comenzó la partida de nuevo.

Continuamos largas partidas. En cada una de ellas la joven guerrera de la aldea birka intercalaba sus preguntas sobre el mundo inferior conjugadas que parecían estar fuera de mi capacidad. No un poco, sino totalmente ajenas de mi comprensión e inteligencia. El sol, que al principio bañaba directamente el claro, comenzó a bajar conforme las partidas transcurrían y mis derrotas se sucedían hasta que finalmente y tras varias horas se ocultó detrás de la línea de árboles del bosque, haciendo imposible continuar el juego por la falta de luz. — Bueno... Ha estado bien. La lástima es que todavía nos ha adivinado como es qué hago para ganarte siempre. ¿Te parece si quedamos en tras comer aquí y continuamos? — dijo la chica levantándose y sacudiéndose a la ropa de los pequeños brotes de césped y tierra que se pudieran haber quedado adheridos. — Sí... Claro. — dije totalmente abatido y ensimismado mirando al tablero. La chica me observó durante unos segundos en silencio y tras esto se despidió. — Vale. Te dejo el tablero por si quieres pensar alguna estrategia. — dijo tras guiñar un ojo y marcharse en dirección al poblado Birka. Durante casi media hora me pasé mirando hacia el tablero y las fichas colocadas en el punto de partida, intentando analizar como habían sido sus movimientos, qué estrategias había utilizado, de qué manera había logrado mover su ficha, haciendo que siempre pareciera ir un paso por delante de mí. No hallé respuesta. Finalmente, caí rendido sobre el césped y estuve dormido un rato. Durante mi sueño volví a aparecer, pero esta vez en mi forma humana, en el pasillo que soñé la noche anterior mientras despertaba de él el ataque del emperador. Esta vez no había voces ni luces, solo un pasillo oscuro por el que pude deambular durante horas en ese estado onírico. Fue después de mucho tiempo andando y el recorrido por aquel frío lugar que me atreví a preguntar por el nombre que llevaba tiempo resonando en mi cabeza. — ¿Selene? —

— ¡Buenos días! ¿Qué tal has dormido? — preguntó Jalindra mientras yo me incorporaba sobre el césped y apoyaba mis antebrazos y las rodillas flexionadas estirando un poco mi espalda para unos segundos después alzar mi mano derecha totalmente abierta y balancearla de lado a lado en signo de poca aprobación. — Veo que duermes pero... ¿Comes? Supuse que estabas como un vagabundo y no tendrías donde ir este rato. — dijo la chica soltando una bolsa llena de bolas de arroz. Tras esto se sentó en frente de mí al otro lado del tablero y cogió una de ellas comenzando a comer y otra de ellas que extendió hacia mí ofreciéndomela. La cogí y comencé a mordisquearla lentamente, volviendo a mirar de nuevo al tablero. Pareciera que había despertado en la chica una curiosidad, puesto que repitió la pregunta del día anterior. — ¿Ya sabes cómo te he ganado? — preguntó mientras trataba un bocado de arroz. — Me gustaría decir que sí, pero siendo honestos con la verdad... no tengo ni la más mínima idea. — dije con cara de derrota. — ¿Te parece si repetimos? He estado pensando unas estrategias bastante buenas y creo que puedo pillarte en algún renuncio esta vez. — cuestioné a mi "maestra", tras lo cual, la chica se apresuró a terminar en la bola de arroz rellena de pescado y dio una sonora palmada delante de ella. — Al lío, pupilo mío. — dijo con sorna, haciendo el primer movimiento. Yo me golpeé un par de veces los mofletes con las manos abiertas para quitarme el sueño de encima y comencé a reaccionar.

Las fichas seguían su curso natural en el tablero. Avanzaban, desaparecían, eran capturadas... pero nada cambiaba. Jalindra seguía acaparando todas las victorias para sí. En ocasiones solo le tomaba un par de movimientos, desbaratar toda mi estrategia y hacer que cualquier intento ofensivo por mi parte se quedara en una embestida contra un muro. Terminaba por ser algo frustrante. — ¿Nada aún? — preguntó de nuevo la muchacha, que casi parecía estar regocijándose en su victoria — No, no lo entiendo... Es casi como si en todo momento supieras lo que voy a hacer, vas un paso o dos por delante de mí siempre. — dije mientras recolocaba las piezas de nuevo para comenzar una nueva partida. Jalindra se limitó a sonreír. Tras tres partidas más en las que estaba siendo brutalmente apalizado, comencé a ponerme bastante molesto. Yo era bastante paciente, pero no entendía cómo esto me podría ayudar a entender cómo dominar el haki. Cuando la tercera partida terminó me quedé mirando el tablero mientras ella colocaba las piezas. "Un paso por delante de mí". Fruncí el ceño y pedí una última partida. — La última, por favor. — solicite a mi joven maestra. La chica me miró confundida y su mirada se tornó distinta como si se hubiera dado cuenta de que sé algo más de lo que estaba contando. Conforme las fichas se movían ya no solo comenzaba a pensar en que haría ella, es que empezaba a comprender que quizá lo que estaba intentando enseñarme era un nivel de anticipación muy superior a lo que tu mente puede hacer de manera natural. — Espera. — paré su mano cuando iba a mover una ficha y generar un jaque. — Tú... Sabes lo que voy a hacer antes de que lo haga. No es que estés un paso por delante. Es que ves un paso por delante. — espeté — Estás usando el Haki para ganarme. — dije confiado, descubriendo así la "trampa" de la joven niña prodigio. — Vaya... solo hemos tardado treinta y tres partidas en que te des cuenta. — dijo con asombro mientras yo me enorgullecía de mi victoria intelectual — Más o menos la media. — remató dejándome de nuevo en mal lugar. — Aun así, ya lo has entendido y con eso, podemos pasar al siguiente punto. Ven. — dijo poniéndose de pie — ahora que has descubierto parte de los usos iniciales del haki quiero que comencemos con la primera habilidad que debes desbloquear: sentir las presencias de las entidades a tu alrededor. El verdadero entrenamiento empieza aquí y ahora, Viktor. — dijo con tono solemne la rubia.

— Necesito que cierres los ojos. Te prometo que no te haré daño, pero necesito que empecemos por aquí. — dijo Jalindra tras lo cual me levanté y cerré mis ojos. — De acuerdo, ahora quiero que probemos algo. Necesito que te concentres en mi voz. Síguela mentalmente y trata de ubicarla en el espacio a tu alrededor. No pienses. Siente. No calcules. Intuye... Al final me callaré y quiero que te gires hacia donde creas que estoy. — dijo mientras se movía a mi alrededor hasta quedarse en silencio. Espere unos segundos y gire unos noventa o cien grados hacia mi izquierda y abrí los ojos. No había nadie. — Casi. — dijo la muchacha apareciéndose desde mi lado derecho y golpeando con ternura mi hombro. — No es nada fácil, ¿eh? Vamos a repetir hasta que te estés acercando. — dijo, mientras gesticulaba con las manos, indicando que cerrara los ojos de nuevo. Hice caso a mi maestra y cerré los ojos. La joven continuó hablando mientras giraba a mi alrededor y, por momentos, parecía desaparecer y aparecer en sitios distintos. Sin embargo, y aunque iba intentando acercarme a su posición final en cada intento, parecía no acertar con su localización. Estaba claro que había mucho más detrás de esto que el oído. Era una cuestión de sentir, como ella dijo. Así que intenté dejar de pensar y, como sugirió, empezar a sentir. Poco a poco las voces se fueron apagando. Los sonidos parecían más distantes a mi alrededor y cada ruido se cancelaba como si un filtro sonoro estuviera afectándome. Con el paso del tiempo y los intentos, aun con los ojos cerrados, comencé a visualizar formas. Formas de colores que se ubicaban a mi alrededor y, una de ellas, la más nitida y cercana, debía ser la de Jalindra. Esta se movía sutilmente mientras hablaba hasta que al final se callaba y se posicionaba esperando que yo adivinara su localización. En este último intento, cuando la joven maestra se calló, giré mi cuerpo hacia la figura brillante y abrí los ojos, descubriendo a mi maestra. — Vaya... es... interesante. — dijo sorprendida — Otra vez — dijo sonriendo — hasta un reloj roto da la hora dos veces al día. Repetimos. — explicó mientras cerraba los ojos, confiado, y volvía a visualizar lo que en mi mente pensaba que eran auras o almas. Jalindra se movía esta vez en silencio y muy despacio, pero yo podía verla. De alguna manera que no comprendía, podía hacerlo. Esperé a que se parara en un sitio para girar y abrir mis ojos. — Genial, bien, bien, estupendo. — dijo sorprendida de nuevo — Una vez más. — parecía no estar segura, por lo que en cuanto cerré los ojos comencé a seguirla con la cabeza durante todo el trayecto hasta que después de girar dos veces, abrí los ojos al parar. — Creo que podemos pasar al siguiente paso. — bromeó con amabilidad — No pensé que fueras a cogerlo tan rápido. Pero, mejor, así podemos avanzar. Verás, el primer paso es este: percibir las presencias. Estoy segura de que has sido capaz de captar donde estaba como si lo estuvieras visualizando. Si te concentras, esta visión podrá extenderse metros. Decenas, centenas e incluso miles de metros. Pero el siguiente paso es más interesante. Quiero que vuelvas a cerrar los ojos. Me voy a quedar delante de ti, muy cerca y quiero que me digas en qué pienso. — pidió esta vez.

— ¿Lo que piensas? — cuestioné incrédulo — No sé si entiendo bien. — dije mientras cerraba los ojos, pues ya sabía que todo comenzaría en ese instante. — Sí, a grandes rasgos. No necesito que me digas la comida en la que pienso o lo que voy a hacer cuando vuelva a casa. Solamente, siente mis pensamientos. — explicó mientras se colocaba delante de mí a medio metro aproximadamente. — Hummm — gruñí mientras me concentraba en la silueta frente a mí. Durante largos minutos estuve mirando, si es que se le puede llamar así, al aura de Jalindra intentando imaginar o sentir qué pensaba. Sin embargo, era algo tan difuso que se escapaba a mi comprendimiento. ¿Cómo iba a saber en qué pensaba? Era de locos. Poco a poco el aura comenzó a volverse menos difusa y más y más nítida, hasta que prácticamente podía verla como lo haría con los ojos abiertos. Fue ahí cuando comencé a ver cosas. Por momentos su aura cambiaba. Temblaba o se relajaba. Se volvía tremendamente agitada o reposada. Quizás eso era lo que Jalindra esperaba de mí. Quizás simplemente era un ejercicio de lectura, de comprensión y deducción. — Enfado... Tranquilidad... Miedo... Seguridad... — fui enumerando con susurros mientras su aura cambiaba. No estaba cien por cien seguro de que fuera lo que pensaba, pero era lo que su aura me hacía intuir. Sus fluctuaciones en forma, densidad y calibre hacían sospechar sobre estos cambios mínimos que aunque se notaban totalmente forzados por parte de mi maestra, eran lo suficientemente obvios como para que un novato usuario del haki pudiera detectarlo. — ¿Estoy muy alejado de la realidad? — pregunté mientras abría los ojos y contemplaba a Jalindra sonriendo de manera amplia y orgánica. — Bastante acertado... para ser honesta. Casi me das miedo, Viktor. No conocía a nadie tan rápido aprendiendo... además de yo misma. — dijo riéndose a carcajadas. Casi parecía que estaba avanzando a pasos gigantes. Cosa que además necesitaba enormemente puesto que no tenía todo el tiempo del que me gustaría disponer para el entrenamiento.

— Vayamos a la tercera parte antes de lo verdaderamente interesante. Ahora eres capaz de percibir emociones básicas. Pequeños fragmentos de cómo una persona se siente. Esta es una habilidad sumamente interesante, ya que puedes identificar aunque sea de una manera muy muy... y repito, MUY superficial, cuando alguien te oculta algo o te miente. — explicó la joven maestra viendo la movía las manos de un lado a otro, sin parar presa del entusiasmo por la explicación. — Y... antes de pasar a la habilidad verdaderamente importante y divertida hay otra habilidad parecida y más, pero en esta ocasión voy a ser yo quien te guíe para que sepas encontrar la diferencia al visualizar presencias a tu alrededor. — matizó para, comenzar la explicación. — Si cierras los ojos y te concentras, seguro que eres capaz de visualizar un poquito más lejos que antes. Mira hacia el poblado, analiza a sus gentes, siente la esencia de cada una de las personas que juega, trabaja, come o duerme en este instante. Si indagas un poco más, podrás darte cuenta de que algunas tienen una presencia mucho mayor. Esta es también una habilidad del haki de la observación: observar y sentir el poder de las entidades que hay a tu alrededor. De esta manera puedes identificar en algunas situaciones a rivales fuertes para evitarlos o puntos débiles que explotar. — explicaba mientras yo trataba de sentir como ella me decía la cantidad de poder que poseían los habitantes del pueblo.

Poco a poco mis sentidos se fueron agudizando y era capaz de visualizar con mi haki de la observación un poco más lejos y de manera más nítida y precisa. Tanto era así que podía sentir o ver a los niños jugando, a los ancianos sentados en el banco de la plaza central o incluso a los que estaban en sus casas cocinando y sentir cada cuchillada al alimento. Curiosamente, y por alguna razón que desconocía y no estaba seguro de si quería preguntar, sentía una presencia bajo tierra. Parecía ser un pozo, pero no tenía mucho sentido que hubiera una persona atrapada ahí y que nadie se hubiera dado cuenta, así que deduje que debía hacer algún tipo de prisionero o simplemente les daba igual... Tampoco es que me concierna precisamente a mí liberar al personal. — Te agradezco enormemente la explicación... Aunque para ser honestos con la verdad ya era conocedor de todas estas habilidades. Durante mi vida he leído muchísimo y he tenido el tiempo para aprender y estudiar diversas materias desde que salí de mi isla natal. Lo que realmente necesito es poder utilizar este poder en situaciones reales de combate. Digamos que mi profesión me expone a ciertos peligros y que ser capaz de anticiparme a los ataques sería una ventaja bastante grande. — expliqué a la muchacha rubia mientras me observaba con sus ojos verdes profundos, sin decir ni una sola palabra. — Entiendo... Supongo que ya te has llevado algún susto. — dijo mientras se señalaba el ojo de arriba a abajo indicando mi cicatriz. Parecía que la joven maestra entendía la perfección, cada cosa que le decía y por qué necesitaba tal poder en mi arsenal.

— La siguiente práctica que vamos a realizar realmente está fuera de la capacidad actual de observación que posees. Sin embargo si quieres aprender a visualizar algo más que la auras y las intenciones básicas, vas a tener que intentar esquivar ataques mientras percibes todo eso en tu mente. Así que quiero que mientras te intentas concentrar en visualizar mi aura con los ojos cerrados trates de discernir por donde voy a atacarte tirando piedras. No te preocupes no podré hacerte daño y aunque siendo sincera no creo que seas capaz de esquivar más que alguna piedra por suerte o azar, creo que sentará las bases para que poco a poco tu haki se afine y si en algún momento volvemos a encontrarnos seas capaz de esquivar cualquier ataque. — dijo la joven maestra mientras se agachaba para coger un montón de piedras que puso en su regazo y se dispuso a lanzar cuando cerrara los ojos. En esta ocasión la muchacha comenzó lanzando piedras con muchísima potencia hacia mí y aunque al principio sólo estaba apuntando hacia mí pierna o torso poco a poco sí que comenzó a apuntar a la cabeza, supongo que para darme una sensación de peligro un poco superior. Al principio parecía que todo iba bien y que aunque no podía visualizar ninguno de los ataques no podían ocasionar en suficiente daño en mi cuerpo curtido por el combate como para que fuera totalmente peligroso, recibiendo así todos y cada uno de los ataques con los ojos cerrados, pero tuve una pequeña bajada de energía o de concentración repentina. No entendía bien por qué, pero mi vista parecía estar apagándose. — No entiendo qué me pasa... ¿Podemos parar un poco? — le dije a la joven maestra. — Ya era hora. Parece que te has quedado sin energía. — dijo acercándose y comenzando una nueva explicación sobre este poder que estaba desbloqueando en la isla del cielo — El Haki, como cualquier poder o técnica que quieras utilizar requiere de un combustible. En este caso es tu energía espiritual y usarla en exceso te debilitará. De hecho, si sobrepasas tu límite es posible que mueras. Así que esta es la siguiente lección: aprende a dosificar tus fuerzas. Incluso ahora estás simplemente viendo mi aura e intentando forzar una habilidad que seguramente no puedas dominar hasta dentro de mucho tiempo estás gastando energía espiritual por encima de tu nivel. — dijo mientras se acercaba y echaba mano de la comida de nuevo — Estoy acostumbrado a que no me fallen mucho las energías, pero supongo que mi mente y mi cuerpo no funcionan en el mismo ritmo... — dije mientras me sentaba con ella y comía también.

— Y... ¿A dónde irás cuando marches de Skypiea? — preguntó retomando ese primer juego de preguntas que nos había llevado a compartir este día de entrenamiento. — Supongo que donde el Parabellum nos lleve... O bueno, más bien donde el navegante decida llevar el barco. Realmente no importa mucho. — contesté mientras trataba a duras penas otra bola de arroz. — Eso suena como que no tienes un plan. Te tenía por un hombre bastante más organizado. — dijo guiñándome un ojo como burlándose de mí. — Tengo un plan. Pero el jefe de mi gremio es terco como una mula, así que probablemente todo lo que planee se modifique sobre la marcha como nos pasa siempre. Tampoco es que importe mucho, en verdad tiene más gracia así. La lástima es el tiempo que nunca sobra... Generalmente vagamos por los mares de isla en isla intentando buscar piratas con cierto renombre y precio por sus cabezas, esperando que la situación se propicie y podamos cazarlo. A eso nos dedicamos, de alguna manera macabra, limpiamos los mares de desgraciados y maleantes. Ya tengo un objetivo en mente para cuando avancemos por las corrientes del Grand Line pero no sé si tendré tiempo de preparar todo lo que me gustaría antes de que se marchen y tengamos que salir de aquí. — espeté y mientras me reclinaba hacia atrás y apoyaba mis manos en el césped — Pero… ¿Cuándo os marcháis de Skypiea? — preguntó la joven maestra totalmente exaltada. Yo la miré de reojo y volví a mirar hacia el cielo intentando abstraerme por unos instantes — Posiblemente mañana mismo. Sería hoy, pero el jefe estaba recogiendo algo en el palacio del emperador mañana por la mañana, así que supongo que tendremos que esperar un poco. Me hubiera gustado poder aprovechar más el tiempo, aprender también el colro del armamento o incluso poder darme el gusto de comer en Shandora, pero gracias a que mi jefe tiene la mano bastante suelta, tenemos prohibida la entrada a la ciudad dorada. Así que me quedaré sin entrenar más, sin comer y sin estudiar en alguna biblioteca repleta de libros. — contesté a mi maestra. — ¿¡QUÉ!? ¿¡Y QUIERES DOMINAR EL HAKI EN UN DÍA!? — gritó a todo volumen mientras se ponía de pie como un relámpago. — Entonces no hay ni un minuto que perder. Entrenaremos hasta que caigas inconsciente si es necesario, pero si quieres aprender a dominar el haki, más nos vale acelerar el proceso todo lo posible. — explicó mientras volvía a agacharse para coger más piedras el suelo en su regazo. — Vamos Viktor, ¡en guardia! — dijo animada mientras yo me levantaba motivado de nuevo para el entrenamiento. Por alguna razón que desconocía y que en mi mente no tenía del todo sentido, las energías de mi maestra me motivaban a volver a entrenar con todo lo que tenía. — Vamos a ello, esta vez quiero que vayas con todo. Sé que no podré esquivar ningún golpe, pero quiero forzar mi visión todo lo posible contigo ahora que tengo un entorno de prácticas. — dije mientras me levantaba apoyándome en las rodillas para impulsarme desde el suelo y volvía a cerrar mis ojos. — Esta vez no voy a contenerme, ¡muévete! — exclamó la rubia mientras volvía a lanzarme piedras, pero esta vez a una mayor velocidad, volviendo a golpearme en todo el cuerpo durante una hora más sin que yo pudiera anticipar ni un solo de los ataques que la maestra lanzaba.

Después de algunas horas en las que intentamos realizar esa práctica, finalmente la maestra desistió y volvió a los básicos entendiendo que yo ya había comprendido cuál era el punto al que tenía que aspirar, aunque mi nivel actual no me lo permitiera. — Vale… ahora que te hemos agotado y dañado un poco quiero que nos sentemos aquí. — dijo señalando con la mano abierta y extendida hacia dos tocones cortados de enormes árboles. — Quiero que realicemos una última práctica de meditación en la que expandas tu visión todo lo posible. Está claro que todavía no puedes ver con nitidez ni siquiera en un espacio pequeño, así que vamos a concentrarnos en practicar la distancia máxima a la que puedes visualizar las auras. — explicó mientras se sentaba de manera casual que usando las piernas y poniendo un tobillo por encima del gemelo contrario en posición de loto. Tras esto me acerqué un poco dolorido por los impactos de las piedras, aunque más me dolía el orgullo de no haber podido esquivar ni una de ellas. Incluso entendiendo que esa habilidad era mucho más avanzada de lo que yo me podía permitir al inicio de mi entrenamiento en mi fuero interno, me dolía no ser capaz de haber esquivado ninguna. Cuando me senté en la misma posición que ella, pese a que yo era mucho más partidario de la posición tradicional de seiza, mi joven maestra comenzó a guiar una meditación para expandir mi mente a otros extremos. — Cuando cierras los ojos quiero que te concentres primero en tu respiración. Pausa poco a poco tus latidos a base de inhalar de forma natural y exhalar de forma muy lenta. Si es necesario, cuenta hasta cuatro mientras inhalas y cuenta hasta ocho mientras exhalas. Dale el doble de tiempo. Poco a poco tu corazón irá frenando y tu mente se irá disipando. Tras alcanzar este punto quiero que comiences a utilizar tu energía espiritual para canalizar tu color de la observación hacia tu alrededor. Comienza sintiendo la hierba, visualizando como se mueve todo a tu alrededor, los pequeños animales como insectos que van bajo tierra. Los animales más grandes como ardillas o pájaros. Finalmente, expande tu dominio hasta que abarque todo el claro. Conviértelo en tu hogar. Una vez lo hayas hecho avanza hasta el poblado. Divisa a sus gentes y como trabajan, comen, ríen y lloran de manera individual. Párate en cada uno de ellos y obsérvalo con detenimiento. Vuelve siempre aquí después de cada persona. No tengas miedo de retroceder. — explicaba mi maestra mientras yo poco a poco iba intentando seguir las instrucciones que me marcaba para esta meditación. Durante la práctica fui realizando poco a poco cada una de las acciones que mi maestra solicitaba. Y me sorprendió lo poderosa que era la respiración y como calmó mi mente y mi espíritu en cuanto pasé unos segundos en calma respirando con la cadencia mucho más lenta. Fue esta última práctica en la que más tiempo nos llevó, pues este proceso que he explicado apenas duró unos instantes se repitió incontables veces. Hace horas en esa posición, viajando con mi color de la observación desde mi cuerpo hacia el poblado y de vuelta cada vez que pasaba por una persona y analizaba su aura. El agotamiento estaba presente, pero sentía que podía mantener ese nivel de observación durante un tiempo mucho más largo cada vez. Finalmente y tras varias horas decidí que era el momento de abrir los ojos y mirar hacia mi maestra que no se había movido ni un ápice de mi lado.

La noche nos había envuelto casi sin darnos cuenta. El sol que antes bañaba el claro había desaparecido y la temperatura había bajado considerablemente, aunque quizá dada mi condición mitológica y resistente a los elementos y no había percibido tanto este cambio. O quizás simplemente estaba tan ensimismado en el entrenamiento que no había percibido esta bajada de temperatura. Los pájaros que antes cantaban habían desaparecido, volviendo a sus nidos a dormir hasta el día siguiente. Los mamíferos que bajaban por el bosque se habían retirado para no ser presa de los depredadores nocturnos. Finalmente, casi todos los habitantes del pueblo habían puesto sus casas a esperar un próximo día de trabajo. Busque los ojos de mi maestra y sonreía ampliamente. — Creo… — dijo la joven mientras curvaba su espalda y apoyaba sus manos en las rodillas — Creo que debe ser de los alumnos más interesantes que he tenido en bastante tiempo. Aunque bien pensado, ninguno podía dominar el haki la observación… y menos hacerlo en un único día con tanta destreza. — admitió la joven maestra mientras se me acercaba lentamente y se levantaba del tocón. — Viktor… casi me das miedo. Miedo de lo que puedes llegar a hacer si sigues entrenando con tanto ímpetu. — me halagó y me golpeó con el puño cerrado en el hombro derecho. Yo me sentí orgulloso por el halago de Jalindra, finalizando así por lo que parecía la situación la práctica final. — Gracias Jalindra… has sido muy paciente conmigo. Ni siquiera sé si puedo pagarte lo suficiente por lo que me has enseñado. — dije honesto mientras la chica, en silencio, ponía las manos abiertas por delante de ella y negaba con la cabeza. — El gusto ha sido única y exclusivamente mío. — dijo mientras se echaba la bolsa que había traído al hombro y parecía disponerse en marcharse. — Intenta utilizar todo esto que has aprendido para cambiar las cosas como decías. Puede que hayas hecho muchas cosas mal pero creo que eres un buen hombre y si quieres hacer el bien podrás hacerlo. Solamente no dejes que la gente a tu alrededor te lleve al mal camino. — dijo mientras se alejaba unos pasos en dirección al pueblo — Y no dejes que estas habilidades caigan en manos inadecuadas… ahora posees una responsabilidad mayor. Cuídate, Viktor. Y vuelve a verme cuando quieras otra paliza al Shogi. — dijo mientras se marchaba riendo a carcajadas y despidiéndose con la mano en alto. — Seguro, Jalindra. Seguro… aunque la próxima vez yo seré quien vaya un paso por delante, maestra. — murmuré mientras la muchacha se marchaba del lugar y me quedaba solo en aquella noche estrellada de la isla del cielo.

Decidí que pasaría unas cuantas horas más en el lugar y que, pese al cansancio, iba a destinar unas horas a meditar y descansar. La práctica había sido extenuante y no solo mis músculos estaban cansados y doloridos, si no que también mi mente parecía divagar entre pensamientos inconexos que no comprendía muy bien. Saqué la funda de mi arma del cinturón y la ubiqué en el suelo frente a mí mientras me sentaba de rodillas en posición tradicional, apoyando mis glúteos sobre los talones y reposando mis manos sobre las rodillas. — Rei. — saludé apoyando las manos en el suelo delante de mi espada e inclinándome hacia el suelo hasta casi apoyar la frente sobre el césped para después volver a quedarme sentado. Desconozco el tiempo exacto que posee en aquel lugar, pero debieron ser un par de horas. Por mi mente no había más que preguntas sobre la infinidad de usos de este poder o de siquiera si sería posible aumentar más su capacidad. Estoy seguro de que en algunos momentos de concentración había sido capaz de visualizar largas distancias con una nitidez increíble, por lo que quizás sería buena idea trabajar y enfocarme en desarrollar algún tipo de habilidad relacionada con esto. Poder analizar grandes extensiones de terreno con precisión milimétrica sin exponerme ningún peligro podría ser una habilidad increíblemente útil para el gremio de cazadores. Estaba seguro de que el jefe le iba a encantar esta capacidad. De hecho, estaba tan seguro de que le encantaría que seguramente pidiera que se la enseñara. Ahora que estaba totalmente en silencio, era capaz de percibir la suave brisa que corría por el claro y que mecía las hojas de los árboles lenta pero continuamente generando un siseo a mi alrededor. El césped se balanceaba de lado a lado con esta misma brisa y hacía del suelo una cama mullida y viviente que te arropaba y te invitaba a permanecer en su lecho. Los animales diurnos habían desaparecido para dar paso a sonidos de depredadores al fondo del bosque, buscando sus primeras presas para alimentarse a ellos y a sus crías. Volví a concentrarme por última vez. Visualice mi alrededor y analicé cada aura que pude ver por mi haki de la observación. Algunas eran ínfimas y otras enormes, denotando así su poder. Algunas estaban agitadas y otras totalmente en calma, seguramente por algún tipo de emoción que los alteraba. Pude percibirlas en una especie de plano que mi mente generaba en mi cabeza y me permitía ubicarlas en el espacio. Durante algún instante incluso pensé en ayudar al pobre infeliz que se encontraba en el pozo. Aunque, por otra parte, no era asunto mío el porqué un pueblo como los birkanianos habían decidido meter a un pobre desgraciado dentro de un pozo y dejarlo abandonado a su suerte ahí durante Dios sabrá cuánto tiempo. Por lo tanto, y aunque de alguna manera me causara algo de molestia, decidí ignorarlo. Finalmente, decidí que era el momento de coger mi espada de nuevo y tras ubicarla en mi cinturón apoyé mi rodilla derecha en el tupido césped del claro y me levanté ayudándome de mi antebrazo apoyado sobre la rodilla contraria. Era el momento de volver al Parabellum.
Durante el camino de vuelta estuve pensando en cuál sería el siguiente paso del gremio. En el corto, pero intenso transcurso de los juegos del emperador Zarutsuki habíamos podido tener la capacidad y posibilidad de ver a muchos piratas interesantes que seguramente después del gran evento de talla mundial podrían poseer un mayor precio por sus cabezas. A mí particularmente me llamaba la atención y me producía algo de interés volver a encontrarme con Tobías, el pistolero con poderes gravitacionales y capitán de los piratas Shogun Gari. Estaba casi seguro de que ese hombre debía valer una millonada más de lo que valía cuando me lo pude encontrar en la isla Toko. Y sinceramente, ahora que tenía al equipo conmigo, daba exactamente igual si estaba acompañado. Nuestro poder era tal que si Magna señalaba a un pirata con el dedo, ese pirata solo tenía dos opciones: rendirse o morir. Para el caso cualquiera de las dos era válida, puesto que nos permitía cobrar nuestra recompensa.

Tarde unas horas más en volver a la cabaña donde nos habíamos hospedado mientras estábamos inconscientes. El enorme ángel Custodio todavía permanecía en la puerta, por lo que deduje que mis compañeros debían seguir dentro y más dada la hora. Entré sin prácticamente mirarlo y observé el salón en silencio. Seguramente mis compañeros estuvieron dormidos. Estaba sediento y hambriento después de todo el día fuera y haber comido únicamente una bola de arroz, por lo que me dispuse a ir hacia la cocina en la que todavía parecían quedar rectos de la comida que Chloe debió haber preparado por orden de Sohem cuando me marché esta mañana. Ni siquiera sabía que era, pero me lo iba a comer con muchísimo gusto. Cogí un plato, me serví una reacción abundante y un vaso lleno de agua bastante fría y me fui a la mesa donde había hecho la explicación esta mañana, sentándome sube la misma silla y dejando el plato en la mesa. Cené tranquilo y simpatizado durante cerca de media hora hasta que finalmente devolvía el plato a la cocina, dejándolo en la zona donde estaban todos los demás acumulados. Me dirigí hacia mi cuarto y cerré la puerta con cuidado. Tras esto me quité mi abrigo y lo dejes sobre la silla que había en la habitación de manera que no se arrugara demasiado en la zona de los hombros. Comencé a desvestirme por completo manteniendo simplemente mi ropa interior y dejé todas mis armas sobre la mesa al lado del libro de poesías. Tras esto me tumbé en la cama y llevándome mis brazos hacia mi cabeza, pasé las manos detrás de la nuca entrelazando los dedos a la vez que flexionaba una de las rodillas y apoyaba el pie en la cama. Parecía que por fin iba a poder descansar después de todo un día con la joven maestra birkaniana Jalindra. Me sorprendía que una muchacha tan joven fuera tan diestra en el combate. Yo siempre me había considerado una especie de genio para pelear, pero lo de esa chica no tenía nombre. No debía tener ni dieciocho años, seguramente fuera incluso más joven, y ya era un peligro con patas y alas. Casi me daba miedo que todos los rivales que nos fuéramos a encontrar de aquí en adelante fueran así de fuertes. Pero si hay algo que caracteriza a nuestro gremio es que podemos ser más débiles, pero no cobardes, y enfrentaríamos a cualquier rival de la única manera que sabemos hacerlo: juntos.

Antes de irme a la cama quería aprovechar para actualizar y darle mantenimiento al filo de mi arma, Shimei Kaeru, por lo que utilice una de las piedras de afilado y sentándome en la cama con su filo de manera lateral comencé a realizar pasadas suaves y lo más silenciosas posible de manera alterna, por un lado, y por otro. Me demoré como unos diez o quince minutos hasta que me aseguré que mi arma estaba tan afilada y letal como siempre. Fue entonces cuando decidí que era el momento de dormir por fin y comencé a cerrar mis ojos, aunque me costaba conciliar el sueño por el cansancio acumulado. Eso era prácticamente una ironía pura, puesto que cualquiera pensaría que estar tan fatigado debería hacerme caer rendido y, sin embargo, me costaba dormir. Aunque también puede que tuviera que ver el miedo que tenía de volver a repetir una pesadilla como la que tuve cuando quede rendido por él aquí de conquistador del emperador Zarutsuki. Seguía sin saber bien que podía significar ese sueño en el que recorría un pasillo mientras aquella voz femenina me llamaba. Aquella voz que parecía tan familiar y que, por otro lado, no identificaba. No estaba seguro de si quizá era una pequeña premonición o si de, por el contrario, se trataba de un recuerdo. En cualquiera de los dos casos esperaba que este nuevo poder que había conseguido en la isla del cine me ayudara a descubrirlo. A fin de cuentas se trataba de observar. Observar y analizar. Y no hay nadie mejor que yo para eso, solo necesitaba el tiempo suficiente. Finalmente, y ya completamente entrada la noche, terminé por cerrar mis ojos y desconectar mi mente. Mañana tendría que buscar una biblioteca antes de partir. Ya tenía claro que no quería irme de la isla sin poder leer sobre la civilización e historia, no solo de la ciudad dorada Shandora, sino de toda la isla en general, porque estaba seguro de que todavía escondía secretos que merecían ser la pena desvelada para mí. Estaba claro que la isla del cielo era un vergel de conocimiento. Si para mí que ya era un estudioso de diversas materias había sido un descubrimiento, lo quería imaginar lo que podía ser para gente más ignorante como podían ser mis compañeros en muchos ámbitos. Prácticamente, se les tiene que haber abierto un mundo nuevo, mientras que el mío simplemente se acababa de ampliar. Durante los juegos no había tenido ocasión de hablar con ningún lugareño, pero ya había escuchado a algunos habitantes hablar sobre una biblioteca, así que lo único que podía hacer era despertar al alba, intentar que alguno de los habitantes de la isla revelara su situación a un foráneo como yo y después tratar de ubicarla y leer todo lo posible antes de que el jefe decida que nuestro barco abandona la isla del cielo. Si como otras civilizaciones o pueblos, la isla del cielo recopilaba su historia, personajes emblemáticos, e incluso simplemente más información actualizada sobre estas habilidades que acababa de adquirir merecía la pena y realizar una visita a la biblioteca. Hubiera sido infinitamente mejor poder visitar la ciudad dorada, pero de nuevo pude recordar que gracias al caballero de la máscara y brillante kanabo me era imposible poner un solo pie sobre la ciudad, bajo riesgo de que los alados custodios del emperador, o peor, su guardia personal, se acercara a pedirme gentilmente que desistiera en mi empeño de acceder a la ciudad aunque fuera para aprender, así que solo me quedaba levantarme lo más pronto posible para acudir a la biblioteca en busca del más mínimo conocimiento extra que pudiera llevarme al Parabellum en nuestro viaje hacia... ni siquiera sabía donde. Pero tenía claro que era imprescindible que así como saqueábamos y capturábamos piratas, saqueara y capturara toda la información que pudiera. A fin de cuentas, el conocimiento es poder, por más que digan que es veneno. Aunque yo odiaba madrugar, pensaba suspirando profundamente hasta girarme y cerrar los ojos para dormir finalmente, esperando no volver al oscuro pasillo donde últimamente pasaba todos los tramos de sueño que podía permitirme. Mañana será otro día.
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#2
ENTRENAMIENTO: COMPLETADO
Puedes entrenar el primer nivel de Kenbunshoku (Añadido en la pestaña: Entrenar técnicas)

Kenbunshoku Haki (Base)

Kenbunshoku Haki
Especial
2 huecos
Información

Permite proyectar tu Kenbunshoku para detectar el aura o presencia de cualquier ser vivo a tu alrededor. También te permite identificar de manera vaga cómo de poderosos o sus intenciones más superficiales.


Código: kenbunshoku001
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