08-06-2024, 02:37 AM
(Última modificación: 08-06-2024, 02:39 AM por Kenzo D. Fujiwara.)
22 de Invierno, año 12.
Después de mi pequeña problemática en la Universidad de Montblanc en el Reino de Lvneel, huí hasta volver al puerto para marchar de una vez por todas al Grand Line. Kumatetsu me tenía que estar esperando en algún lado allí donde fuera. Tenía que preguntarle que porqué no me explicó nada cuando marchó, y también quería demostrarle que mi aventura pirata acababa de empezar y ya estaba haciendo cosas que resonarían en todo el mundo. Ubiqué un barco mercantil enorme, más grande que un gigante de trescientos cincuenta y siete metros. O eso era lo que mi cabeza me hacía pensar. Era un simple barco mercantil más grande de lo común, pero no mucho más grande. De cualquier manera, les pregunté a donde marchaban y me comentaron que iban a una isla muy recóndita del Grand Line, lo que a mi me sonó maravillosamente. Poco tardé en convencer al capitán de aquel barco para que me dejara apuntarme en aquel lugar para cargar mercancías, cajas, y todo lo que se les ocurriera.
Así pues, ese mismo día por la tarde, después de cargar toda la mercancía, salimos en dirección a ese gran desconocido lugar llamado Grand Line. Sinceramente estaba muy nervioso, y no paraba de moverme por mi camarote, con las manos a la espalda y la cabeza gacha. Antes de que anocheciera completamente, nos avisaron para que comenzáramos a prepararnos pues la Reverse Mountain se encontraba totalmente impasible e imponente frente a nosotros. Salí a la cubierta para observar aquel espectáculo físico que nos proporcionaba nuestra geografía mundial. ¿Cómo era posible que un río fuera corriente arriba? Si lo pensaba era bastante loco. Me agarré a un cabo del mástil. No quería perderme absolutamente nada, y poco a poco, comenzó el ascenso. Subíamos lentamente, y podía notar como el barco iba moviéndose de izquierda a derecha, esquivando piedras y obstáculos que iban surgiendo poco a poco. Y tras alcanzar la cima, durante unos segundos pude ver el mar, sin fin y totalmente infinito, mezclados en el horizonte con el cielo. Y tras esa bella estampa, empezamos a bajar de manera rápida, descontrolada y peligrosa. Rozamos un par de rocas, cosa que me preocupó un poco, pero aquel barco era grueso y no fue nada grave. Hice acopio de todas mis fuerzas para agarrarme al mástil y no moverme, y finalmente, tras un gran impacto, llegamos al Grand Line.
Los Cabos Gemelos estaban frente a mí. No era gran cosa, no me pareció algo interesante o importante, por lo que después de divertirme bajando la Reverse Mountain, me fui a mi camarote a dormir un rato. Ahora si que sí iba a descansar. Dormí no se cuantas horas, pero me despertaron golpes en mi puerta, avisando que habíamos arribado a una isla. Nervioso, salí corriendo tras vestirme torpemente con unos calzones cortos y una camiseta ancha. Mi primera impresión fue totalmente decepcionante. Era una isla completamente llena de desierto, y de mucho calor. Me puse un pañuelo en la cabeza, protegiéndome del sol, y salí a explorar el lugar tras pillar una cantimplora de la cocina del barco. Nada más que encontraba desierto y algún que otro edificio en la que en el porche había algún que otro señor mayor meciendose en un balancín con una jarra llena de zumo o algún tipo de refrigerio. Tras mucho andar y no encontrar nada, finalmente acabé entrando en una taberna de mala muerte en aquella isla. Mientras me servían un plato de comida caliente y una jarra de zumo de pomelo bien fría, comencé a leer el periodico, por hacer algo. Mientras leía las noticias, se cayeron los nuevos carteles de “Se Busca”. Comencé a mirar uno por uno, hasta que finalmente, vi uno que me hizo caerme de espalda del taburete donde estaba. ¡ERA MI PRIMER CARTEL DE SE BUSCA! ¡Y ME HABÍAN PUESTO UNA RECOMPENSA DE 135 MILLONES DE BERRIES!
Me levanté, recuperando la poca compostura que me quedaba, me guardé mi cartel de “Se busca”, y tras beberme de un solo trago el zumo, me fui sin pagar nada, todavía un poco sorprendido por aquel cartel de se busca. Si me supuso un infierno llegar a la taberna, volver al barco de vuelta me supuso un paraiso. Iba sobrepensando todas las cosas que había hecho para alcanzar tremenda fama. ¿Y si ahora me buscaban los marines? ¿Y si los tripulantes del barco me reconocían? Me encerré en mi camarote, y no salí de ahí hasta que zarpamos. Una vez salimos, comencé a salir poco a poco, evitando a todo el mundo. No quería que me lanzaran al mar, o que me abandonaran. Por ello, cada vez que parábamos, yo me quedaba recluido en mi camarote sin moverme, haciendo ejercicio, comiendo y durmiendo. Realmente no se cuanto tiempo me llevé allí, pero conté cuatro paradas en seguramente cuatro islas diferentes. Cuando zarpamos de la última, me puse a pensar… ¿Esto es lo que haría el pirata más grande de todos los tiempos? ¿Se pasaría escondido todo el tiempo? ¡NO! El pirata más grande de todos los tiempos saldría a explorar todos los lugares habidos y por haber, sin miedo a las repercusiones y sin miedo a que le reconocieran. Había estado actuando como un enano, y ya no era así.
Varios días después, arribamos en una isla aparentemente rosa, muy bonita desde fuera. Aquel lugar se llamaba Momoiro, y tal como la vi, salté de la borda para caer en el muelle donde arribamos. Salí corriendo como un niño, totalmente emocionado por ver que había ahí. Corrí por las playas, me bañé en sus aguas, me eché una siesta… Y esa fue mi perdición. Cuando me desperté, era de noche, y salí corriendo en busca del barco, pero cuando llegué al lugar donde arribamos, no había ningún barco. Me habían dejado totalmente abandonado allí… ¿Se habrían dado cuenta que era un pirata? De cualquier manera, ahora me tocaba aventurarme aún más en busca de alguien que me ayudara, y buscar una manera de encontrar a mi maestro Kumatetsu.
Después de mi pequeña problemática en la Universidad de Montblanc en el Reino de Lvneel, huí hasta volver al puerto para marchar de una vez por todas al Grand Line. Kumatetsu me tenía que estar esperando en algún lado allí donde fuera. Tenía que preguntarle que porqué no me explicó nada cuando marchó, y también quería demostrarle que mi aventura pirata acababa de empezar y ya estaba haciendo cosas que resonarían en todo el mundo. Ubiqué un barco mercantil enorme, más grande que un gigante de trescientos cincuenta y siete metros. O eso era lo que mi cabeza me hacía pensar. Era un simple barco mercantil más grande de lo común, pero no mucho más grande. De cualquier manera, les pregunté a donde marchaban y me comentaron que iban a una isla muy recóndita del Grand Line, lo que a mi me sonó maravillosamente. Poco tardé en convencer al capitán de aquel barco para que me dejara apuntarme en aquel lugar para cargar mercancías, cajas, y todo lo que se les ocurriera.
Así pues, ese mismo día por la tarde, después de cargar toda la mercancía, salimos en dirección a ese gran desconocido lugar llamado Grand Line. Sinceramente estaba muy nervioso, y no paraba de moverme por mi camarote, con las manos a la espalda y la cabeza gacha. Antes de que anocheciera completamente, nos avisaron para que comenzáramos a prepararnos pues la Reverse Mountain se encontraba totalmente impasible e imponente frente a nosotros. Salí a la cubierta para observar aquel espectáculo físico que nos proporcionaba nuestra geografía mundial. ¿Cómo era posible que un río fuera corriente arriba? Si lo pensaba era bastante loco. Me agarré a un cabo del mástil. No quería perderme absolutamente nada, y poco a poco, comenzó el ascenso. Subíamos lentamente, y podía notar como el barco iba moviéndose de izquierda a derecha, esquivando piedras y obstáculos que iban surgiendo poco a poco. Y tras alcanzar la cima, durante unos segundos pude ver el mar, sin fin y totalmente infinito, mezclados en el horizonte con el cielo. Y tras esa bella estampa, empezamos a bajar de manera rápida, descontrolada y peligrosa. Rozamos un par de rocas, cosa que me preocupó un poco, pero aquel barco era grueso y no fue nada grave. Hice acopio de todas mis fuerzas para agarrarme al mástil y no moverme, y finalmente, tras un gran impacto, llegamos al Grand Line.
Los Cabos Gemelos estaban frente a mí. No era gran cosa, no me pareció algo interesante o importante, por lo que después de divertirme bajando la Reverse Mountain, me fui a mi camarote a dormir un rato. Ahora si que sí iba a descansar. Dormí no se cuantas horas, pero me despertaron golpes en mi puerta, avisando que habíamos arribado a una isla. Nervioso, salí corriendo tras vestirme torpemente con unos calzones cortos y una camiseta ancha. Mi primera impresión fue totalmente decepcionante. Era una isla completamente llena de desierto, y de mucho calor. Me puse un pañuelo en la cabeza, protegiéndome del sol, y salí a explorar el lugar tras pillar una cantimplora de la cocina del barco. Nada más que encontraba desierto y algún que otro edificio en la que en el porche había algún que otro señor mayor meciendose en un balancín con una jarra llena de zumo o algún tipo de refrigerio. Tras mucho andar y no encontrar nada, finalmente acabé entrando en una taberna de mala muerte en aquella isla. Mientras me servían un plato de comida caliente y una jarra de zumo de pomelo bien fría, comencé a leer el periodico, por hacer algo. Mientras leía las noticias, se cayeron los nuevos carteles de “Se Busca”. Comencé a mirar uno por uno, hasta que finalmente, vi uno que me hizo caerme de espalda del taburete donde estaba. ¡ERA MI PRIMER CARTEL DE SE BUSCA! ¡Y ME HABÍAN PUESTO UNA RECOMPENSA DE 135 MILLONES DE BERRIES!
Me levanté, recuperando la poca compostura que me quedaba, me guardé mi cartel de “Se busca”, y tras beberme de un solo trago el zumo, me fui sin pagar nada, todavía un poco sorprendido por aquel cartel de se busca. Si me supuso un infierno llegar a la taberna, volver al barco de vuelta me supuso un paraiso. Iba sobrepensando todas las cosas que había hecho para alcanzar tremenda fama. ¿Y si ahora me buscaban los marines? ¿Y si los tripulantes del barco me reconocían? Me encerré en mi camarote, y no salí de ahí hasta que zarpamos. Una vez salimos, comencé a salir poco a poco, evitando a todo el mundo. No quería que me lanzaran al mar, o que me abandonaran. Por ello, cada vez que parábamos, yo me quedaba recluido en mi camarote sin moverme, haciendo ejercicio, comiendo y durmiendo. Realmente no se cuanto tiempo me llevé allí, pero conté cuatro paradas en seguramente cuatro islas diferentes. Cuando zarpamos de la última, me puse a pensar… ¿Esto es lo que haría el pirata más grande de todos los tiempos? ¿Se pasaría escondido todo el tiempo? ¡NO! El pirata más grande de todos los tiempos saldría a explorar todos los lugares habidos y por haber, sin miedo a las repercusiones y sin miedo a que le reconocieran. Había estado actuando como un enano, y ya no era así.
Varios días después, arribamos en una isla aparentemente rosa, muy bonita desde fuera. Aquel lugar se llamaba Momoiro, y tal como la vi, salté de la borda para caer en el muelle donde arribamos. Salí corriendo como un niño, totalmente emocionado por ver que había ahí. Corrí por las playas, me bañé en sus aguas, me eché una siesta… Y esa fue mi perdición. Cuando me desperté, era de noche, y salí corriendo en busca del barco, pero cuando llegué al lugar donde arribamos, no había ningún barco. Me habían dejado totalmente abandonado allí… ¿Se habrían dado cuenta que era un pirata? De cualquier manera, ahora me tocaba aventurarme aún más en busca de alguien que me ayudara, y buscar una manera de encontrar a mi maestro Kumatetsu.
Resumen
Personaje
Información
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Alas Negras
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