[FIC - Pasado] [+18] Náuseas
#1
Contexto

Leyenda


Verano, Año 12
Cerca de la Rémora Fatua, en el bosque, Korossassu
Día 28, 09:20 AM

Hemos vuelto a postponer nuestro viaje al Grand Line. Esta vez, no nos hemos encontrado con ningún viejo conocido. Simplemente me desplomé en el suelo de la cubierta antes de que empezáramos a comer para luego partir al Grand Line. No recuerdo mucho más, únicamente que he debido de pasar varios días tirada en la cubierta (pues Maeve es incapaz de cargar conmigo hasta la cama), prácticamente dormida y sollozando constantemente. Sé todo esto porque la misma capitana me lo contó cuando "desperté", hace una semana. Pasé el resto de días en la cama, pues con ayuda de la albina pude entrar a la bodega.

Durante todo este tiempo, mi amiga se ha ocupado de absolutamente todo, incluso de prepararme la comida y de cuidar del pequeño Mandarina, quien parecía estar notablemente preocupado. No habíamos hablado de las causas detrás de aquel suceso, ni de ningún otro tema relacionado con cómo nos encontrábamos anímicamente. No quería hablar de ello. Mejor dicho, tenía miedo de sacar ese tema, pues sabía lo mal que lo debía de estar pasando mi amiga después de la marcha de los revolucionarios. Bastante tenía ya con las incontables preocupaciones que le daba.

- Maeve me va a matar cuando se entere - A pesar de sus numerosas broncas y recomendaciones, había aprovechado que se había ido a comprar al pueblo para escaquearme y pasear por el bosque. Estaba segura de que un poco de aire fresco y de escuchar la naturaleza me ayudaría con ese enorme malestar que sentía. Caminaba con dificultad, apoyándome en los troncos de los árboles. Los rayos de sol se colaban entre las hojas, iluminando levemente la zona. - Bueno, Mandarina se encarga de decirle que he salido de paseo - había escrito una pequeña nota de disculpa por haber salido sin permiso, la cual até al collar de Mandarina, antes de dejarle cerrado dentro de la bodega para que no me siguiera.

Sentía un enorme dolor en la tripa, por lo que me senté en un pequeño tocón que había a escasos metros de mí, en el borde del claro. Me encogí, estremeciéndome. A pesar de las dos capas de ropa, además del abrigo que llevaba, sentía un enorme frío. Mis manos temblaban, así como el resto de mis brazos. No recordaba haber sentido un frío igual en mucho tiempo. Cerré los ojos, tratando de calmarme, respirando despacio mientras seguía tratando de calentar mis brazos. Agaché la cabeza y comencé a peinarme - Debería de lavarme el pelo luego. Si no me mata le pediré ayuda a Maeve - dije en bajo mientras separaba lentamente los mechones. Deshacía los nudos, rozando con los dedos el carmesí pelo. - Me tengo que cortar las puntas también - suspiré. Levanté la cabeza bruscamente. Eso no solo hizo que mi cabeza diera vueltas, si no que noté cómo algo dentro de mí se revolvía. Subió rápidamente desde el estómago a mi pecho, haciendo que unas enormes náuseas me golpearan, provocando que inevitablemente comenzara a vomitar.


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#2
Me encuentro en un baño. Conozco a la perfección esos blancos azulejos, la forma en que brillan, el delicado tacto de su superficie... La recargada lámpara que cuelga del techo, hecha por completo de oro. Los grifos del lavabo y la bañera también son de oro, así como los relieves que decoran la parte exterior de esta última.
Tengo frío. Miro hacia abajo, despacio. Estoy arrodillada sobre un charco de mi propia sangre, la cual se fusiona con los dibujos de loros de las baldosas del suelo. Siempre me han parecido estúpidos esos dibujos de loros. Aquel que decidió encargar que llenaran el suelo de ellos realmente tenía un gusto horrible. Un sabor metálico comienza a inundar mi boca. Es el sabor de la sangre, mi sangre. Reconozco ese sabor, pues no es ni de lejos la primera vez que la pruebo, ya sea de forma voluntaria o involuntaria. Cuando vivía con mamá en casa me gustaba lamer la sangre de mis heridas, aunque mamá me regañara diciendo que podía enfermarme. Pero, hay algo más. Un sabor grotesco se niega a abandonar mi boca. Poco a poco la intensidad aumenta y va rellenando cada rincón. Las náuseas son tales que vuelvo a vomitar en el retrete.

Tengo calor. Todo mi cuerpo arde. Mi blanca piel está llena de moratones y heridas. Heridas que no dejan de sangrar y manchan el sencillo vestido azul que llevo. Me duele todo el cuerpo, pero sobre todo el hombro derecho. Siento como si no dejaran de clavarme cuchillos en mi hombro desnudo. Odio que la gente vea la marca de mi hombro, pero toda la ropa que me permiten utilizar está hecha específicamente para que se vea a la perfección. El dolor y la pérdida de sangre hacen que el cansancio aumente. Apoyo los brazos en el retrete y dejo caer mi cabeza sobre mi brazo izquierdo. Cierro los ojos, deseando que toda esta pesadilla acabe. Me dejo llevar por el sueño.

Unas pisadas me sacan de mi sueño, provocando en mí un incontrolable terror. La puerta del baño se abre de golpe.

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