[Aventura T4 - Presente Absoluto] (+18) - La ley del más fuerte
#1
Día 81 del año 12, Invierno - 11:47 p.m.
Corriente Akai - Isla Kyodaina - Selva Oki

Ah la selva... La selva negra... En aquel lugar, alejado de la humanidad y civilización, tan solo habitaban innumerables y poderosas bestias que se regían por una sola ley: la ley del más fuerte. Solo aquellos animales que se imponían ante los otros con su devastadora fuerza, lograban alzarse sobre la cima de la cadena alimenticia. Y era así como dos piratas, un religioso birkaniano y un iracundo y violento oni, consiguieron autoproclamarse como los verdaderos reyes de aquel inhabitado lugar... O eso parecían creer.

Era una noche apacible de invierno en la oscura y silenciosa selva. La luna brillaba en lo más alto junto a sus estrellas hermanas, dotándoos de una ligera visibilidad en la nocturna noche. Tras haber fundado lo que, a partir de ahora, se conocería como la banda de los Piratas Mushoku, os dedicabais a deambular por cada rincón de la isla, quizás para encontrar nuevos retos que llenaran vuestra sed de superación y sangre, o tal vez para encontrar algún método de huir de aquel desértico lugar. Hicierais lo que hicierais, y con el propósito que tuvierais, en estos instantes, os encontrabais en un claro en mitad de la selva, cuyo terreno estaba recubierto de un pasto que sobrepasaban los 30 centímetros y de pequeñas rocas recubiertas de musgo y con un pequeño estanque circular, situado justo en el centro, con un radio de 2 metros y unos 4 metros de profundidad. Visto desde arriba, aquella zona podría tener perfectamente una forma circular, de unos 13 metros de diámetro. Delimitando ese claro, había varios arbustos, lo suficientemente frondosos y grandes que, junto a los enormes árboles que os rodeaban con una altitud que oscilaban los 17 y 23 metros, eran suficientes para que no pudierais ver bien a través más allá del claro y las estrellas situadas sobre vosotros, pues, siempre que mantuvierais dentro de él, se podía apreciar con total facilidad la bóveda celestial. 

Era una noche apacible de invierno en la oscura y silenciosa selva, hasta que, solo si poseíais un buen sentido del oído, algunos ruidos provenientes de los arbustos y de la vegetación situados al oeste del claro - en la zona que limitaba con la selva - comenzaron a sonar. Y es que, aquel sería el inicio de una nueva batalla por ver quién sería el que imperaba en aquellos dominios. La calma que reinaba, estaba a punto de desmoronarse.

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#2
Lo días habían pasado. Desde que conocí a Zarek pocas cosas habían cambiado, seguíamos en la selva, no teníamos barco, pero, y solo gracias a eso no había perdido completamente la cabeza, había tenido mucho tiempo para entrenar y asimilar mis particulares características. Deambulaba de un lado al otro del claro con la katana en mi mano diestra, pasaba al lado de la charca a cada ida y venida. Solo había visto a Zarek en aquel inhóspito lugar, era mi única compañía. Bueno y el Pequeño Nicolás, aunque no sabría si eso era positivo.  

- ¿Qué haces? - Me preguntó el Pequeño Nicolás que se encontraba reposado en una de las pequeñas rocas con musgo que descansaban en el suelo, cerca de la charca.

- Pensar - Contesté - Pensar como cojones vamos a salir de esta condenada isla - Me movía de un lado a otro como un tigre enjaulado. 

- Ah, ¿Qué tu piensas? - Replico Nicolás rápido y mordaz mientras pasaba a su lado. Golpeé la piedra en la que estaba apoyado, está cayó a la charca zambulléndose y creando las pertinentes ondulaciones, horas antes, cuando decidimos pasar allí la noche me había dado un baño en ella, como era costumbre me hacía sentir débil, su profundidad hacía que en el punto más hondo sobresaliera medio metro de ella. Nicolás rodo un poco, debido a la falta del apoyo que había tirado a la charca y lo agarré. Lo levanté hacía mi con la mano libre. 

- ¡CALLA EL MALDITO HOZICO DE UNA PUTA VEZ JODER! - Dije gritando a todo pulmón mientras le apretaba con fuerza. Nicolás tenía la peculiar condición de sacarme de mis casillas. En otros lugares del mundo gritar a esas horas sería raro, ¿Pero a quién le importa en medio de una selva desértica? La situación me superaba. Si no conseguíamos un avance le pediría a Zarek finalizar nuestro combate aquí y ahora. 

- Vale, vale, pero tranquilito - Me contestó. Le até a las lianas que lo sujetaban a mi pantalón. 

Volví a emprender mi marcha iracundo, esta vez acercándome a los matorrales que delimitaban el claro, me encontraba en la parte este del claro. Desenfundé mi katana. Su funda cayó en el suelo, el espeso manto de hierba acolchó su caída. 

- ME CAGO EN ESTA PUTA SELVA - asesté dos espadazos al arbusto que tenía delante - EN EL MALDITO PESCADOR QUE ME DEJÓ AQUÍ - Otros 2 golpes. Algunas ramas se desprendían fruto de mi esquizofrénico ataqué - PIENSO DEFORESTARTE - Seguí golpeando el matorral como si de algo sirviera. Una vez me había desquitado bufé. 

- Zarek - Dije mientras me giraba y daba la espalda al arbusto que acababa de ajusticiar - Sácame de una puta vez de aquí - 
Si no conseguía salir de allí acabaría entrando en una cólera sin igual. Solo 2 razones hacían que estuviera con Zarek, 1 me había devuelto mi katana, ahí me había ganado un poco, aunque claro primero me la había quitado, 2 el era mi pasé para salir de allí, por lo que me había contado en los días que llevábamos juntos sabía navegar.

Me quedé esperando su respuesta. La charca de 2 metros de radio y 4 de diámetro ocupa el centro del claro. Yo me encontraba en ese momento a 4 metros de ella, medio metro me separaba del arbusto del ala este con el que acaba de tener una trifulca.



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#3
Llevamos varios días y semanas todavía varados aquí. Los nervios están a flor de piel y las tensiones crecen cada día. Ashura lleva tiempo hablando con un coco que lleva consigo, con eso lo digo todo. Pero bueno, sigue siendo tan letal y mortífero como siempre, así que tenerlo a mi lado es prioridad. Además, su lengua está tan afilada como su espada, y me descojono con sus comentarios.
Por su parte, bueno, no somos unas maricas nenazas para hablar de nuestros sentimientos, así que realmente no sé qué opina de mi. Me la suda a nivel personal, pero estaría bien saberlo para analizar el patrón de conducta de este men. Básico en el reformatorio, básico con cualquiera. Lo único que he podido averiguar es que está deseoso por salir y todavía no lo he sacado.
Llevamos varias noches y hemos encontrado un claro mejor que en el que nos enfrentamos. Un claro con un estanque natural pequeño y más cubierto.
Me encuentro cerca del lago, sentado en la orilla, junto a un pedazo de pierna de insecto gigante a medio devorar. Meto el dedo en el agua, mojándolo y me lo llevo a la boca. Lo saboreo, intentando averiguar su sabor. -Mhhh...- vacilo pensativo. -No soy capaz de saber si es agua dulce o salada. Putas papilas gustativas...- me susurro a mi mismo. Miro al cielo y luego veo la tierra seca y la vegetación que tengo detrás. -Por cojones es agua dulce de lluvia, así que...-
Mis pensamientos y reconocimiento del terreno son interrumpidos por una seguidilla de ataques y espadazos a mis espaldas. Luego, una orden. Ashura volvía a desesperarse.
Me levanto lentamente, me giro y lo miro directamente serio. -¿Te ves en posición de darme órdenes, Ashura?- sonrío -¿acaso quieres pelea? sHIAHAhahHah...- cuando dejo de reír, me recompongo. -Mira a tu alrededor. No hay barco que navegar. No toques la polla y ya encontraremos algo. Te prometí un mundo en llamas, y yo siempre cumplo mi palabra.-
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#4
La incertidumbre de no saber que sería de vosotros ni cuando saldríais de aquella jungla infestada de bestias y libre la humanidad se apoderaba lentamente de vuestras mentes, corazones y almas, a cada uno de una manera distinta. Por un lado, Ashura, acompañado de su fiel amigo el Pequeño Nicolás, parecía haber perdido por completo los estribos, vociferando, en mitad del claro, toda clase de injurias y maldiciones, desquitando toda su rabia e impotencia con un pobre e indefenso matorral que se encontraba en la parte más oriental del claro. Por otro lado, mientras el oni asesinaba al arbusto delante de su mujer e hijos sin ninguna clase de piedad, Zarek el hereje, se encontraba algo más sosegado, intentando saborear una de las muchas delicatessen que podía ofrecer aquel exótico lugar, manjar que se vio interrumpido tras el arrebato de Ashura.

Conforme iniciabais lo que podría ser perfectamente el principio de una discusión, los gritos de del espadachín de 4,50 metros, captaron la atención de algo que acechaba hacia vosotros por la parte más occidental del claro sin que vosotros fuerais capaces de daros cuenta. Quizás si os hubierais mantenido en silencio y en una zona de baja iluminación - es decir, en ausencia de una pequeña fogata y hoguera -, podríais haber pasado completamente desapercibido por lo que se os venía encima. De los arbustos situados más al oeste, comenzaron a emerger, casi de par en par, una manada de lobos blancos de 2 metros de largo y de un un 1,30 metros de alto, hasta que la suma de 40 lobos, alterados y agitados por alguna razón que desconocíais, comenzaban a aproximarse velozmente hacia vosotros. A pesar de que el más próximo, dada vuestra posición y desde el punto que parte la manada, era Zarek, debido al olor intenso a sangre que emanaba Ashura, los 40 cánidos no pudieron evitar concentrarse por completo en el oni, pasando por completo del birkaniano. Dándole la espalda a Zarek, los lobos se colocaron -casi- en un semicírculo de dos metros de radio teniendo de centro a Ashura. Si prestabais la suficiente atención, podríais ser capaces de apreciar como, alrededor de un 25% de los lobos -es decir, unos 10 de los 40 que hay- presentaban algunas heridas profundas dejando tras de si un rastro de sangre. Tras un par de segundos, en los cuáles los lobos observaban a la enorme mole que tenían ante ellos, un aullido del alfa -el cuál era el que estaba situado justo en frente a Ashura- en una increíble coordinación, se lanzaron al unísono buscando desgarrar con sus zarpas y triturar con sus afilados dientes cada parte del cuerpo del oni.

Mientras tanto, en la densidad de la jungla, y no muy lejos de dónde estabais situados, algunas figuras ennegrecidas por la oscuridad de la noche, deambulaban a través de la basta y extensa vegetación.- Je-jefe... ¿No crees que hemos buscado ya lo suficiente?- Preguntó, titubeando y con cierto nerviosismo, una de las siluetas, haciendo que otra, de 6,5 metros de alto se girará hacia la primera, haciendo que esta pegara un brinco del susto ante lo que se le podía venir.- ¡Qui-quiero decir! ¿Có-cómo va a haber un alma en esta isla desierta? Llevamos casi dos horas caminando y no hemos encontrado nada... Solo estas bestias como la manada de lobos de antes... ¿N-no crees que podemos dar inicio con el plan?- Dio su opinión, atemorizada, la misma persona. La figura de cinco metros, entonces, se acercó más hacia él.- Justamente porque llevamos SOLO dos horas caminando, es la causa de que aún tenemos que seguir buscando, so' gilipollas.- Sentenció con enojo y molestia.- Además...- Comenzó a esnifar.- Llevó un buen rato oliendo a sangre... Sangre distinta a la que nos hemos ido encontrando... Y sabéis que mi olfato no me falla nunca, ¿verdad, cabrones?- Dijo la misteriosa figura, causando que todas las demás se pusieran firmes casi al unísono.- ¡SÍ, JEFE!- Gritaron todos a la vez, haciendo que el grandullón se volviera a voltear y prosiguiera su camino.- Pues en marcha, nenazas, RAHAHAHAHA.-. Era muy probable que, más pronto que tarde, aquella manada de lobos solo fuera un mero tentempié de un plato aún más fuerte para degustar.

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#5
Miré a Zarek, el cual se había levantado en la orilla de aquella charca. Estaba deseoso por finalizar nuestro combate, ese momento me parecía idóneo, pero los cielos decidieron que el destino fuera otro. De los matorrales delimitantes en el lado adverso al mío, empezaron a salir lobos 1, 2, 3, 4, muchos. Observé tranquilo el percal, eran grandes, como todo lo que se movía en aquella isla. Antes de que pudiera darme cuenta me habían rodeado por completo, ignorando en su marcha a Zarek. ¿Por qué? No tengo ni puta idea la verdad.  Se quedaron parados un segundo. Parecían hostiles. Moví mi mano suelta para agarrar la katana. Los miré. Otro segundo, complete el agarre. El aullido de uno de los lobos marcó el inicio de su ataque. Con un diestro movimiento contesté a su aullido. Los lobos saltaron hacia mi, intentado herirme. ¿Mi respuesta?

- Dolor - De mi boca salió cadente aquella palabra, pesada, sangrienta. Como era normal cuando usaba ese corte, el leve movimiento en la muñeca me hacía ser más diestro, lo había estado perfeccionando, era un pequeña diferencia, me hacía ser más rápido con la espada, así podía sorprender. Ejecuté el corte horizontal a la perfección. Era la primera vez que usaba aquel corte bajo ese nombre, le iba como anillo al dedo.  El sonido de mi katana partiendo, desgarrando y abriendo la carne se sumó como una nota mortal a la partitura que estaba tocando aquella noche la selva, pude apreciar el lloro de la manada a medida que mi espada la sometía. Ellos habían firmado su muerte, no sentía pena ni empatía. Si tuviera que fijarme en todas las hormigas que matan mis pisadas nunca podría caminar.

El dulce sabor del asesinato recorrió todos los nervios de mi cuerpo, erizando mis pelos, dándome un placer sin parangón. En mi cara podía verse un sonrisa desquiciada, desencajada y completamente maquiavélica. Volví a fijar mi mirada en Zarek, desafiante. La sonrisa levemente se fue apagando, habían sido muertes superfluas, mi ansia por asesinar iba mucho más lejos, no discernía de razas ni números, sino en la dificultad de su obtención. 

- Entonces tendremos que encontrar un barco - Le dije a Zarek - Uno grande dónde entren este par de gigantescos cojones HArHArHArHAr - Dije mientras soltaba el agarre de la espada con la mano izquierda y me agarraba el paquete con la misma - Podemos pelear cuando quieras - Pronuncie cortando mi carcajada y mirando a los peculiares ojos de mi socio - Nada en este mundo me haría más feliz - Sentencie mientras sonreía inocentemente, como un niño al que le prometen un caramelo. 

- Estas completamente loco hijo de la gran puta - Me dijo Nicolás. Le ignoré, no le iba a permitir que me arrebatara ese segundo de paz al que llegas después de matar. 


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ASHURA - INVENTARIO
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#6
La bronca puede estallar en cualquier momento. Ashura está deseoso de matanza y yo ansioso por pelear a muerte. Prometí un desenlace fatal más allá de las nubes, pero quizá Horus tiene pensado adelantar los planes. No ha sido el caso. 
Cuando me he querido dar cuenta, una jauría de lobos ha invadido nuestro territorio de forma hostil, imprudente y sin pedir permiso. Grave error por su parte. Estos empiezan a rodear a Ashura. Ya deben estar desesperados o hambrientos para intentar cazar una presa así. Deben de tener el instinto jodidamente roto, aunque no lo suficiente como para saber que yo soy una presa imbatible, sHIAHAhahHah. Lo que podía haber sido una riña se esfuma rápidamente para centrarnos en los estúpidos animales y desahogarnos con ellos. Me coloco en posición de batalla, con una postura más salvaje que la de los propios cánidos, con las manos por delante y un rostro ansioso por sangre. Sin embargo, mi compañero se me adelanta con un movimiento tan elegante como destructivo. Un corte horizontal le pone final a la más breve de las batallas hasta la fecha y me deja con toda la sensación de haber tenido un gatillazo, sin haber lanzado un triste puñetazo o patada.
Lo que en un inicio era una sonrisa ácida, se torna rápido en una mueca amarga. Ni un solo lobito me ha dejado, todos pedazos de carne inerte. Bajo la guardia y me dedico a revisar los cuerpos cercenados en busca de algún desgraciado agonizando, sin éxito. Ni corto ni perezoso, Ashura no tiene suficiente con cortarme el rollo, que encima se mofa de mí sobre su proeza y se jacta en mi cara agarrándose los genitales. Encima el tío sigue buscando bronca conmigo. Sin duda soy un amante de los combates, pero no solo teníamos una alianza y un trato, sino que ambos estamos en jaque el uno para el otro, así que pelear es absurdo. Aunque el capullo me lleva los límites constantemente. Haciendo caso omiso a su invitación, me acerco a él y le respondo con una queja y una amenaza.
-Cabronazo, hijo de puta, no me has dejado ni uno. ¿A esto lo llamas trabajo en equipo? Te los has cargado a todos sin mi.- piso una de las cabezas de uno de los muchos lobos, lleno de frustración, estallando el cráneo bajo mi pie. Señalo entonces a Ashura con rabia. -El próximo malnacido que se nos plante en el camino será mío, o te juro por Horus que me follaré ese coco con el que hablas por cada agujero coquil que me encuentre.-

Con la horda eliminada, ya solo quedaba volver a reposar y continuar mañana en busca de algún navío o civil que nos lo ofreciera. Poco más. Me vuelvo a acercar a la orilla de estanque, pero está vez arrastrando medio cuerpo de lobo por la pata. Ya más calmado, invito a Ashura a sentarse a mí lado. -Vamos imbécil, esto no es lo único que va a querer comernos.- comento sin apenas mirar a mi espalda y esperarlo. Una vez sentado, me hago con un par de ramas mínimamente secas en mí proximidad. Una de ellas la extiendo en el suelo, mientras que la otra la cojo desde un extremo y la apoyo con el otro en la primera rama. Con mis poderes, hago que mi muñeca se convierta en mochi y empiece a rotar a altísimas velocidades, generando fricción entre los dos palitos y unas hierbas que he añadido después. Con esto genero unas chispas y unos segundos después un fuego sencillo. -Naisuuuuu, sHIAHAhahHah...- la estancia se ilumina en la profunda noche. Apoyo la carne encima del fuego, creyéndome el cocinero supremo. -Seguro que me sale de coña, ven Ashura, vas a flipar con esta mierda, SHIHahaHAHaH...-

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#7
Obviando por completo la presencia de Zarek, la manada de lobos, sedienta de sangre y fuera de sí, tras la orden de su líder, se lanzó de lleno al unísono a arrancar y trocear la piel, músculos y órganos del espadachín que se situaba frente a los lobos. O esa era su idea pues, tras el firme agarre al mango de su katana, y después de que por su boca salieran cinco letras... Dos sílabas... Una palabra, Ashura, casi antes de que los cánidos pudieran siquiera iniciar su ofensiva, en un limpio y veloz movimiento horizontal de su katana, que pasaría a través de todos los cuerpos, aún con vida, de los lobos, el oni - para desgracia del birkaniano -, sentenciaría en cuestión de un segundo, la desfachatez que habían cometido esos pobres animales al buscar enfrentarse contra una presa que, más que presa era un auténtico depredador. La muerte, bajo el nombre Mofuku Shīto, se había aproximado hacia ellos a pasos agigantados, dejando a su estela un mar de sangre y vísceras que rebosaban a partes iguales en el suelo alrededor del espadachín de casi 5 metros.

Por si fuera poco y no contento, tras privarle de toda la diversión a su socio, Ashura decidió burlarse de Zarek, pudiendo dar pie a un nuevo enfrentamiento entre los dos sanguinarios piratas. Sin embargo, más allá de iniciar una contienda que no llevaría nada, el hereje - después de quejarse y amenazar a su compañero, y posteriormente empaparse el pie de sesos tras pisar con frustración la cabeza de uno de los ya asesinados lobos -, fue inteligente y pensó que lo mejor sería reposar y guardar fuerzas. Por mucho que fueran los más fuertes dentro de aquella peligrosa isla, la realidad era que no tenían escapatoria y eran incapaces de salir de allí. Ahora mismo, no eran más que dos tiburones en un pequeño estanque. Zarek volvió a sentarse en su posición inicial, frente a la orilla, y con medio cuerpo de lobo, algunas ramas secas y el poder de su akuma no mi, hizo un buen fuego y se disponía cocinar algo de carne a la brasa. Con la llegada del fuego a manos del hereje, vuestra visión en la oscura noche, tan solo alimentada, hasta entonces, por la luz procedente del firmamento, aumentaba considerablemente.

Sin embargo, una llama en medio de la oscuridad, en una isla alejada de la mano del hombre, no era más que otra señal que podían delatar vuestra posición ante nuevas amenazas y nuevos enemigos. El fuerte hedor a sangre que emanaba el oni Ashura, ya había despertado el interés de alguien con un gran sentido del olfato, no muy lejos de vosotros, olor que se vería acrecentado tras la instantánea matanza de los 40 cánidos.- Sniff sniff sniff... Hmmm... Huelo más sangre... En esa dirección... RAHAHAHAHA- Sumando a esto la iluminación que proveía la hoguera al claro, hacía que solo pudiera haber un posible resultado.- J-jefe, ¡allí! Se puede ver algo de luz, ¡creo que es fuego!- Informaba uno de las muchas siluetas que se aproximaban a vuestra posición, desde la parte norte del claro.- De puta madre... Cabrones, preparaos para el abordaje.- Dijo la figura que llegaba a los 6,5 metros de alto, corriendo hacia la zona que delimitaba con el claro, casi haciendo que la tierra a su alrededor temblara con cada pisada que el grandullón daba. Tras asentir todos con la cabeza, detrás de él iban otras 10 siluetas, que oscilaban entre los 1,70 y los 2 metros.

Conforme más se acercaban a los arbustos que daban inicio al pequeño rincón dónde os encontrabais, más notabais el tremor que se formaba en el suelo, como si de un terremoto se tratara o como si una estampida se estuviera aproximando a vuestra posición. Un par de segundos después, una enorme masa de carne rosa emergió, o mejor dicho, se llevó por delante los arbustos, dejando tras de si un camino de devastación, apareciendo ante vosotros, desde el norte, y quedándose a unos 6 metros de Zarek y unos 7 de Ashura. Con 6,5 metros de alto, poseía una piel enteramente rosada, brillante a la par que tonificada por sus portentosos músculos, que sobresalían sobre en su pecho, abdominales y brazos, siendo estos, en proporción, mucho más largos que sus piernas, la cuáles eran diminutas. En contraste con la seriedad, fruto de intensos entrenamientos y combates, se encontraba su pelada cabeza, pegada casi a sus hombros sin tener un cuello de por medio, destacando de ella su rostro, compuesto por dos pequeños ojos, situados a los lados de una gran nariz y sobre un morros que abarcaban casi la mitad de su rostro. Y que decir del unicejo que recorría la parte inferior de su frente. Aquella mole, que podía intimidarte a la par que hacerte reír con solo echar un vistazo a su físico, llevaba un chaleco de un color rojo-marrón con las mangas rotas, unos pantalones vaqueros, sostenidos con un cinturón con la chapa de una cara sonriente y con unas rodilleras con pinchos. En cada una de sus manos, se podían distinguir, además, un par de puños "ballywooderos" - puños americanos - y en sus pies, unos zapatos marrón.

IMAGEN DE PACO JONES


Tras de él y situándose justo a su izquierda, aparecieron las otras 10 figuras, resultando ser 6 hombres y 4 mujeres, con unas alturas mucho más "estándar", con varias tonalidades de colores que iban desde el amarillo, hasta el azul e incluso el color verde, cada uno con un sable en su mano dominante. En efecto, se trataba de un grupo de gyojin que, por sus pintas, no parecían ser demasiado amistosos.- J-jefe, ¡los encontramos! ¡Encontramos a más gente en la isla! ¡T-tenías razón!- Exclamó un gyojin merluza, de color azul claro y con el pelo rizado amarillo.- RAHAHAHAH, ¡pues claro merluzo! Cuándo me ha fallado mi olfato, ¿eh?- Dijo, con una voz estridente, el grandullón de color rosa, mas sin abrir los labios, como si de un ventrílocuo se tratase. Seguidamente, con su diestra, apuntó hacia los dos -para ellos- intrusos de lo que sería su isla.- Esta noche estoy muy generoso, soplagaitas, así que ¿qué tal si os vais pirando de MI isla y así me ahorráis el mataros?- Propuso, al mismo tiempo que amenazaba, mientras se crujía el cuello a la par que se llevaba su puño derecho hacia la palma de su siniestra.- Vosotros seguís con vida, y yo no tengo que esforzarme, habría que ser gilipollas para no aceptar ¿verdad? RAHAHHAHAAH.-

Las cartas estaban puestas sobre las mesas, ¿qué harían nuestros aguerridos piratas? ¿Decidirían hacer caso a las amenazas del gigante rosado o, en cambio, se abrirían paso, como habían hecho hasta ahora, a los problemas mediante el uso de la violencia?

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#8
¿Qué Zarek se follaría a Nicolás? Sonreí.

- No le dejarías, ¿verdad? - Me preguntó el Pequeño Nicolás - ¿VERDAD? - Sonreí con más fuerza y malicia - Terrible hijo de la gran puta ni se te ocurra - No me desagradaba la idea. Ya había decido que algún día Nicolás acabaría metido en el culo de algún pobre desgraciado, pero no había sopesado la idea de dejar que se lo follaran, la verdad. El panorama era cuanto menos peculiar. La sangre había creado un mosaico en la hierba conmovedor. Disfruté de mi obra de arte por un breve instante. Zarek comenzó a azuzar una hoguera tras sus debidos improperios, yo también me hubiera enfadado si se los hubiera cargado él solo. Aquella fogata era para cocinar a los lobos, que más que cazadores, se habían convertido en presas. Si algo he aprendido en estos días, es que no comas nada preparado por Zarek, su gusto no funciona como debería. 

- No hace falta - Me limité a decir, mientras empezaba a limpiar mi katana de la sangre de los canidos con la hierba, mientras me agachaba sin moverme de mi sitio. De un instante a otro el suelo empezó a temblar - Esto es nuevo - susurre, irguiéndome de nuevo, sin saber muy bien de dónde procedía aquel estruendo. Cuándo me quise dar cuenta vi emerger de entre los arbustos a mi mano derecha una sombra enorme - ¿PAPÁ? - Dije sorprendido, una vez que la sombra se arrimó al claro, pude observarlo con mayor facilidad gracias a la fogata de Zarek. Menuda aberración, ese bicho no lo había visto nunca, no lo había cazado todavía. Apareció junto a una prole de características parecidas, eran una manada completamente desconocida para mi. Escuché como se refería a nosotros pero no vi mover su articulaciones faciales - No tiene gracia Nicolás - Dije empezando a enfurecerme. 

- Oye imbécil que yo no he sido, ese tipo es tiliquinipetico desos, habla por la mente - Cojones, eso si que era una novedad. 

La aberración siguió hablando. ¿Qué esta isla era suya? ¿Qué me iba a dar el privilegio de vivir? Las venas de mi sien empezaron a hincharse como si las estupideces que acababa de oír las hubieran taponado. Mi tren inferior empezó a descomponerse en hileras de humo que caían con una cadencia discordante sobre los cuerpos y la sangre esparcida por el suelo. 

- ¿QUÉ TE PARECE ESTO MEJOR? TÚ, TU CABEZA DE RODILLA Y TU PANDA DE ZAMPAPOLLAS OS POSTRÁIS ANTE MI Y YO ACABARÉ CON LA DESGRACIA QUE SOIS CON EL MAYOR SUFRIMIENTO POSIBLE, ¿EH? - Mi voz sonaba tormentosa, áspera y ronca, como si emergieran desde el mismísimo abismo a la vez que impulsado por mi humo me elevaba 2 metros quedando a la par de la altura de semejante aberración. Mientras mis palabras caían en la espesura de la noche, intimidantes y llenas de ira, yo avanzaba seguido por un rastro de humo sepulcral y agarrando mi katana con las dos manos la cual todavía goteaba un poco de sangre. Debería dar una imagen que parecía sacada de las mismímas pesadillas de los hombres, como si del mismo rey del infierno me tratase -  ZAREEEK - Rugí - DESTRUYAMOSLOS - Sentencie con una palabra seca y hostil.

A medida que había hablado me había acercado a mi compañero 3 metros, quedando así a una distancia de 4 metros de los invasores, a los cuales, en ningún momento había perdido de vista. Nadie venía a mi selva, el día del banquete de Zarek a decirme que huyera. Yo soy Ashura, la catástrofe y eran ellos los que tenían 2 opciones: huir o ser asesinados por los piratas Mushoku.


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ASHURA - INVENTARIO
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#9
Me pongo a cocinar uno de los muchos pedazos de animal descuartizado que Ashura ha dejado por ahí. La mini hoguera improvisada que he montado me ha salido de puta madre. No sólo permite ver mucho mejor, sino que me he puesto a calentar la carne, como todo un pro de cojones . Se la he ofrecido a mi compañero, pero el tío nunca sabe apreciar mis dotes culinarias, así que me la ha rechazado. -Nhaaa, tú te lo pierdes...- y dejo descansar el trozo sobre el fuego, mirando con fascinación como las llamas carbonizan los pelos y la piel. 
Una onda circular se dibuja en el agua. Llama mi atención. Luego otra. Y una tercera. Todo se evidencia más cuando el suelo comienza a temblar y los pájaros lejanos a mis 12 salen volando en manada. Se oyen árboles caer y una estampida en movimiento. Cada vez mas cerca. -Tenemos compañía...- susurro con una leve sonrisa juguetona. Una criatura mas grande que Ashura tuvo el valor de aparecer en nuestro refugio. Era un ser horrendo, más feo que pegar a padre con calcetín sudado, con un físico deforme y completamente atrofiado y descompensado. Un poco más apartados, tras de esa abominación, un puñado de hombres-pez de diferentes colores y rasgos. Algunos masculinos con malas pintas y otros... Femeninos.
Se ponen a hablar. Parece que nos están amenazado de alguna forma. Desde el rabillo del ojo puedo ver qué nos señalan. Yo estoy absorto en mis pensamientos, totalmente desconectado de la realidad. Me froto las manos y me relamo los labios de forma exagerada, danzando la lengua como si saboreara un manjar. Una sonrisa demoníaca se dibuja y mi rostro muestra una depravación y perversión que aterrorizarían a cualquier víctima solitaria en la noche. Toda mi atención se la llevan las cuatro mujeres exóticas y de color, cuatro presas que, cuando despedacemos al resto, serán víctimas absolutas de nuestra lujuria y soledad perpetua. Puedo oír que Ashura ha entrado en la conversación a voces. Puedo entenderlo, nadie se hace el chulo con nosotros, pero a mí me puede el placer. Sigo sin estar muy atento a las palabras exactas, me mantengo en una posición predatoria y arqueada, preparado para saltar a la mínima apertura. Sin embargo, un grito de batalla a mis espaldas me enciende como una piedra de mechero, provocando que inicie la ofensiva. -¡QUE EMPIECE LA MATANZA!- 
Zarek comienza su ataque

Doy un bote salvaje a ras de suelo, cruzando varios metros de distancia, pasando por encima de agua y césped, hasta llegar a flanquear a los enemigos por su izquierda. Apoyo un pie en el suelo, y aplicando toda la fuerza posible y ayudado por mis alas, empiezo una carrera a altísima velocidad para atravesar con violencia las filas enemigas, y asestar un golpe fatal. El primero en caer, el más alejado del grupo, cede ante un impacto con el dorso de mi mano izquierda chocando contra su mandíbula, que estalla tras el contacto dividiendo su rostro en dos y dejando una charca de sangre. Sin frenar salto al siguiente, que está a su lado y aun no me ha visto por las velocidades que llevo. Con la diestra, mientras aún no he terminado con el primero, se estira mi puño para conectar con su cráneo que no aguanta y se fragmenta en varios pedazos de hueso, órganos y fluidos. La carrera sigue a máxima potencia y me cruzo con el tercero y la cuarta. El de frente, a ella le paso por la espalda. Con una mano, golpeo en seco la columna de la mujer, dejándola con vida, pero incapacitada de cuello para abajo. Con la otra mano, desgarro a toda velocidad el estómago del gyiojin, que deja caer al suelo sus entrañas e intestinos. Mi embestida es letal, y los pobres infelices todavía no son capaces de ver que los está matando. Este es el precio de ser pirata. -¡¡¡ESTA ES MI MASACRE...- grito a medio camino, entre todos mis enemigos mientras los estoy matando a toda pastilla. Los seis que queda empiezan a entender que está pasando. Empiezan a percatarse de que les han golpeado con un ariete demoledor, de que se les ha colado una granada y todos van a estallar. En mitad de la carrera, con la misma inercia, hago un pequeño bote que me eleva a escasos centímetros del suelo, pero me permiten hacer un tirabuzón en carrera, -... ESTA ES MI DANZA CAÓTICA FINAL!!!- que termina explotando con mis extremidades alargándose y conectando a los escasos rivales restantes, fracturando con puños y patadas los cuellos de ellos y matándolos en el acto e impactando contra los estómagos y mentones de ellas, dejándolas fuera de combate, aunque con vida. Aterrizo con una pequeña voltereta y mi carrera y ataque terminan en la espalda del líder, a un par de metros del mismo. 
Me postro orgulloso, bañado en sangre de mis enemigos. Hacía tiempo que no me sentía tan vivo, y aun quedaba el postre. Por otro lado, esta gente tendría que haber venido en barco. Seguro que Ashura se pondrá feliz por ello. Él tendrá su premio y yo el mío... -Nadie viene a mi selva, el día que Ashura está de más mala leche a provocarnos de esta forma. Yo soy Zarek, el Hereje y habéis perdido la oportunidad de huir. Ahora seras asesinados por los piratas Mushoku.-
Zarek termina su ataque


Aclaraciones

Bélico

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2320 + 0 = 2320
Energia: 1411 - 100 = 1311
Espiritu: 444 + 0 = 444
#10
Aquella gigantesca mole se hallaba frente a vosotros, expectante de cuál sería vuestra elección, junto a su pequeño sequito de hombres y mujeres pez. Según ellos, teníais dos opciones, morir o huir, y, aunque el gyojin confesó no querer ensuciarse las manos y ahorrar energías, lo cierto es que era mentira. Oculto a vuestros ojos, y relamiéndose los dientes mientras esbozaba una risa llena de puntiagudos y afilados dientes Willem, el capitán de los Piratas Abyss, esperaba que os negarais a salir con el rabo entre las piernas. La sed de sangre que había olido en vosotros con su excepcional sentido del olfato, hacía que se negara a creer que fuerais ese tipo de personas. Y no se equivocó en absoluto.

Y de esta forma, el primero en caer en la provocación - o al menos en dejar visible el haber caído en ella - no fue otro que el espadachín que, tras entrar en una pequeña confusión al ver como de la aberración de 6 metros se proyectaba una voz sin abrir la boca, usó los poderes de su akuma no mi para descomponer todo su tren inferior en columnas de humo, dejando completamente boquiabiertos a vuestros rivales.- ¡P-pero qué cojones! ¡Su cuerpo se acaba de transformar en jodido humo!- Exclamó el gyojin besugo, señalando con su diestra a Ashura, mientras los demás expresaban su sorpresa llevándose las manos a la cabeza. Willem, en silencio, arqueó una ceja tras haber escuchado lo que sus tripulantes acababan de decir pues, desde donde estaba situado, era incapaz de veros. Paco, en cambio, se quedo embobado, casi como si estuviera alucinando y estuviera presenciando un espectáculo de magia. Entonces, Ashura, se elevó dos metros por encima del suelo, haciendo uso de los poderes de la Moku Moku, tras gritar y vociferar a sus nuevos enemigos que se postraran ante ellos para morir bajo el mayor sufrimiento posible. Casi instantáneamente, al escuchar la cólera del oni, los 10 esbirros de menor rango se vieron completamente intimidados, dando todos un paso hacia atrás y estar al borde de soltar sus armas, ¿de verdad iban a ser capaces de derrotar a alguien así? Paco, en cambio, no se inmutó lo más mínimo, no porque no tuviera miedo de su poderoso rival sino porque no se estaba enterando de ni jota. Seguía absorto en la humeante estela que dejaba tras de si el oni, a pesar de que acababa de llamar a su compañero para que, juntos destrozaran a aquellos invasores.- Fumaça...- Pensaba embelesado el gyojin rosado.

Fue entonces cuando el birkaniano, quién había tomado una postura más pasiva y analítica que su compañero, se lanzó directo a la ataque tras el grito de guerra de Ashura. Haciendo uso de su velocidad, Zarek se vale para flanquear por su izquierda a todo el grupo enemigo y, aunque Paco podría haberse percatado de su desplazamiento, lo cierto es que el muy idiota seguía distraído con el humo que emanaba de la cadera del oni.- Fumaça...-. Sin embargo, los otros esbirros, que si estaban prestando atención a ambos piratas, atemorizados, pudieron percatarse de como uno de ellos se desvanecía de su vista. Había dado comienzo el principio de su fin. Con tan solo unos segundos más de vida, salvo las gyojin mujeres -que seguramente sufrirían un destino peor- los miembros más novatos de los Piratas Abyss tan solo pudieron quedarse parados y recibir una muerte de la que jamás se enterarían. Huesos, mandíbulas, órganos y tripas derramándose y saliendo disparados de cuerpos que ya solo eran una carcasa vacía, que junto a varios cuellos rotos y a las cuatro mujeres inconscientes, definirían a la perfección la matanza que acababa de realizar el hereje, que se situaba, ahora mismo a dos metros a espaldas de Paco, lleno hasta arriba de la sangre de las personas a las que acababa de asesinar a sangre fría y amenazando con ser asesinado por los Piratas Mushoku, momento en el que se pudo escuchar un escupitajo.

Sin embargo, para sorpresa del birkaniano, tras el gyojin blob fish se encontraría algo, puede que igual, que espeluznante que el grandullón. Gracias a su reducido tamaño de 1,65 metros -si lo comparamos con Paco, claro-, había conseguido pasar, hasta ahora, desapercibido por vosotros. Dándole la espalda a Paco, colgando de su mano izquierda de la parte posterior del chaleco y apoyando sus pies en el culo de Paco, Zarek podía ver - gracias a la iluminación del firmamento y de la hoguera que encendió instantes antes -, a un ser verde, con una gran nariz puntiaguda, al igual que sus orejas y dientes y un pelo casi a lo mullet de color naranja. Llevaba una camiseta de tirantes de color beige - o blanco mugriento - y unos pantalones de color gris que dejaban ver el cuerpo no tan trabajado que poseía, al contrario que su compañero. Estaba frente, nada más y nada menos que Willem "The Foe", el capitán de los Piratas Abyss. Tal y como la amenaza de Zarek terminaba, aún colgando de Paco, Willem extendió su diestra hacia su derecha, con la palma de su mano abierta -mirando hacia el birkaniano- de la cual goteaba un líquido espeso y burbujeante. Seguida y rápidamente su brazo, sin flexionarlo, describió un arco horizontal - de forma que acabaría con su mano derecha en el hombro izquierdo - liberando, en mitad de la trayectoria, la gota que brotaba de su mano anteriormente, convirtiéndose en un proyectil que impactaría en el hombro derecho de Zarek. Seguidamente, se descolgaría de su transporte personal, quedando frente a frente al birkaniano a dos metros de él. Entonces miró a su derecha, viendo el destrozo que había hecho con su tripulación. Una gran y pérfida sonrisa se dibujó en su rostro.- RAHAHAHAHA, nada mal, hombre esperma, ¡espero que te haya gustado sentir mis babas en tu hombro!- Se burlaba, volviendo a centrar su mirada en él, mientras le daba unos toques, con su siniestra, en la pantorrilla derecha de su camarada.- Paco, tú encárgate de su novio, y procura de no hacerle trizas, ¡RAHAHAHAHA!- Ordenaba Willem, tras lo cual, el grandullón comenzó a levantar su pie derecho hacia Ashura.- ...Eu entendo...- Y tras pronunciar tales palabras, completamente enigmáticas para todos los presentes y con una voz super aguda que no encajaba para nada con su cuerpo, como una exhalación se desplazó a suma velocidad hasta la posición del oni, recorriendo los 4 metros que los separaba en un cuestión de segundos. Una vez a melee, lanzo una serie de dos puñetazos, un jab derecho al estómado seguido de un gancho con la izquierda directo al costado derecho de Ashura. Con Paco fuera de su camino, Willem retrocedió un par de pasos, hasta situarse a tres metros de Zarek, sacando con su siniestra un trabuco que llevaba en su cinturón, a la derecha.- Qué ganas tengo de llenar tu cuerpo de olor a plomo, RAHAHHHAA- Declaró, apuntando con su arma al birkaniano. Aquella noche prometía ser muy intensa.

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[Imagen: Tb4Z3O3.png]
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