Pareciera que mi gesto de relajación y mi postura diáfana se interpretó a la perfección por el hombre jirafa que me acompañaba, extendiendo este la mano hacia el tipo de la barba que yacía en el suelo. Un buen abrigo se llevaba puesto el pobre, pero aun así, extendió la mano - cosa que yo, visto lo visto no habría hecho jamás - y se incorporó con el apoyo de Grapa. Era una jirafa, pero en el fondo era un luchador marcial, con sus cosas de honor y todo eso, así que supuse que tendría sus puntos altos y bajos en cuanto a la debilidad de no rematar a un enemigo, más aun que aquí y ahora no fuera el momento para hacerlo, pues matar un marine sólo le iba - nos iba - a generar problemas. Suspiré viendo la escena y escuchando la contestación de aquel tipo: No se qué de que obtuvo el poder por accidente. La clásica reacción que tiene alguien que está escondiendo algo, que no quiere contarte más de lo que puede... pero bueno, quien era yo para juzgar a un mentiroso, habiendo cambiado mi nombre y ocultado mi rostro para mentir al mundo sobre quién era y poder tener una vida motivante.
Pero la reflexión duró poco. El tiparraco de cabello de fuego con apariencia de tortuga come pizza de las cloacas de una ciudad puntera de un mundo alternativo decidió que él - y con razón - no se había llevado su ración correspondiente. Pobre. Empezó a correr hacia nosotros en línea recta, sin estrategia, sin intenciones ni planes, desesperado por mantener tristemente una ligera muestra de orgullo que se iba a evaporar en cuestión de segundos. Pues en ocasiones era mucho mejor una retirada - y yo lo sabía bien - que empeñarse en reducir tu tiempo a este lado del plano.
Sus movimientos eran torpes, poco definidos, coléricos, obnubilados por un objetivo imposible y demasiado distante: Derrotarnos. Pareciera no comprender que, si luchando ellos dos juntos y teniéndonos a nosotros separados no habían conseguido hacernos el más mínimo rasguño, él sólo contra nosotros dos no tenía ni la menor de las posibilidades, ya no de vencer, si no de sobrevivir... y yo no quería ensuciarme ni el traje ni la cara, saliendo en wanteds por todas las ciudades.
Cuando el pelirrojo estuvo frente a mi dispuesto a dar el puñetazo más desastroso y con posiblemente peor final de su vida, di un toque con el pie al kanabo apoyado en el suelo, a la parte con la que se golpea, y lo elevé a tiempo que lo usaba para flanquear hacia la derecha la dirección de su golpe, a tiempo que, gracias a ese gesto, dejaba pasar al marine de largo con su puñetazo, extendiendo ligeramente el pie izquierdo hacia arriba para inducirle una zancada que lo acabaría llevando de bruces al suelo.
— Oe oe mocoso — dije con desgana, chasqueando la lengua al final — Estás a punto de cambiar un contacto por tu lápida — le avisé volviendo a reposar el kanabo sobre mi hombro izquierdo — Lleva a tu compañero a una enfermería y pulir vuestras estrategias — sentencié, mirando a Vaca fíjamente por primera vez en un rato — Nosotros hemos terminado aquí ¿no es así? — le pregunté retóricamente, sabiendo qué respuesta iba a darme.
Si el pelirrojo no intentaba seguir tocando las pelotas a los mayores, nos iríamos de allí a paso tranquilo. Posiblemente esta pudiera ser la primera de varias interacciones futuras, y quizá pudiéramos beneficiarnos en el futuro mutuamente... si conseguía acordarme de ellos.
Pero la reflexión duró poco. El tiparraco de cabello de fuego con apariencia de tortuga come pizza de las cloacas de una ciudad puntera de un mundo alternativo decidió que él - y con razón - no se había llevado su ración correspondiente. Pobre. Empezó a correr hacia nosotros en línea recta, sin estrategia, sin intenciones ni planes, desesperado por mantener tristemente una ligera muestra de orgullo que se iba a evaporar en cuestión de segundos. Pues en ocasiones era mucho mejor una retirada - y yo lo sabía bien - que empeñarse en reducir tu tiempo a este lado del plano.
Sus movimientos eran torpes, poco definidos, coléricos, obnubilados por un objetivo imposible y demasiado distante: Derrotarnos. Pareciera no comprender que, si luchando ellos dos juntos y teniéndonos a nosotros separados no habían conseguido hacernos el más mínimo rasguño, él sólo contra nosotros dos no tenía ni la menor de las posibilidades, ya no de vencer, si no de sobrevivir... y yo no quería ensuciarme ni el traje ni la cara, saliendo en wanteds por todas las ciudades.
Cuando el pelirrojo estuvo frente a mi dispuesto a dar el puñetazo más desastroso y con posiblemente peor final de su vida, di un toque con el pie al kanabo apoyado en el suelo, a la parte con la que se golpea, y lo elevé a tiempo que lo usaba para flanquear hacia la derecha la dirección de su golpe, a tiempo que, gracias a ese gesto, dejaba pasar al marine de largo con su puñetazo, extendiendo ligeramente el pie izquierdo hacia arriba para inducirle una zancada que lo acabaría llevando de bruces al suelo.
— Oe oe mocoso — dije con desgana, chasqueando la lengua al final — Estás a punto de cambiar un contacto por tu lápida — le avisé volviendo a reposar el kanabo sobre mi hombro izquierdo — Lleva a tu compañero a una enfermería y pulir vuestras estrategias — sentencié, mirando a Vaca fíjamente por primera vez en un rato — Nosotros hemos terminado aquí ¿no es así? — le pregunté retóricamente, sabiendo qué respuesta iba a darme.
Si el pelirrojo no intentaba seguir tocando las pelotas a los mayores, nos iríamos de allí a paso tranquilo. Posiblemente esta pudiera ser la primera de varias interacciones futuras, y quizá pudiéramos beneficiarnos en el futuro mutuamente... si conseguía acordarme de ellos.
Aclaraciones

![[Imagen: mz3XEoL.png]](https://i.imgur.com/mz3XEoL.png)