+18 [Pr Relativo] Donde reina el amor, sobran las leyes.
#5
Estaba ahí, no podía creérmelo. El gatito, nada más verme, se quitó las gafas y se acercó a mí lentamente. Intenté llamar su atención, apenas siendo capaz de articular las palabras por la timidez, pero él se quedó en silencio recorriendo mi cuerpo con la mirada, prestando sobre todo atención a mi escote. Sonreí, algo sonrojada a pesar de que me encantaba generar en él ese tipo de reacciones. Cerró los ojos un momento, ¿estaría tan sorprendido como yo por encontrarnos? La emoción por verlo, por tenerlo delante de mí al fin, era abrumadora. Tenía ganas de saltar a sus brazos y besarlo hasta caer agotada. Pero, entonces, comenzó a babear y abrió los ojos convertidos en corazones por completo, levantando la voz en un grito de asombro preguntando que de dónde había salido. “¿Mo… renaza?” me pregunté por un momento. Es entusiasmo por encontrarlo había hecho que olvidase por completo que llevaba una peluca y que me había maquillado de forma que me hacía prácticamente irreconocible. Parpadeé varias veces, perpleja por la situación. ¿Me había reconocido o…? De nuevo, recorrió mi cuerpo con una mirada absolutamente lasciva prestando atención especialmente a mis pechos, contenidos a duras penas por aquel ceñido corsé. Sentí una pulsación en mi frente y solté el pomo de la puerta, formando un puño con la mano y cerrándolo con fuerza. Se presentó ante mí señalándose a sí mismo con el dedo como el gran músico Garnet Matlock, haciendo que me diese cuenta de que no me había reconocido para nada. Con un ligero tic pulsátil en mi ojo derecho, mantuve el puño a mi lado, intentando con todas mis fuerzas contener la ira cobrando fuerza en mi interior, diciendome a mi misma que era un error y que mi gatito me quería. Pero lo último que dijo hizo que la contención fracasara por completo. Esa misma frase que me había dicho a mí, sobre tocarme algo y después tocarme algo de música.

Un calor sofocante subió de mi pecho directo hacia mi cabeza, haciéndome apretar los dientes de la furia. Intentaba contener la respiración, pero era absolutamente imposible para mí en aquel momento. Cerré los ojos y los apreté con fuerza intentando calmarme de nuevo, pero las palabras de Okaliva volvieron a mi mente como una estampida: “Como la mayoría… Una mujer en cada isla… Es algo que se dice de ellos…”. Así que, el gatito al que tanto quería, por el que me había pasado semanas suspirando y soñando con verle, era un músico mujeriego que solo me había utilizado y me había conquistado con bellas palabras. ¿Era esa la verdad? Aunque mi corazón no estaba de acuerdo con ello, la lógica y lo que estaba viendo en ese momento me decía que así era. “Me las vas a pagar… minino.” me dije a mí misma en ese momento. Algo comenzó a formarse en lo más profundo de mi pecho, no era una emoción, sino más bien una sensación, la cual amenazaba con salir a flote en cualquier momento. Abrí los ojos arrugando el entrecejo, claramente enfadada. Lo vi golpearse las mejillas, dejando la huella roja de sus manos en ellas, y con la mirada seria se disculpó diciendo que se le había ido la cabeza. Sonrió picaronamente a continuación, añadiendo que ese cuerpo ya tenía nombre y que se me había pasado el arroz, negando con la cabeza y diciendo que no sabía por qué me lo decía si seguro que me daba igual. Después pasó a preguntar por la ropa del maniquí, por esa chaqueta que llevaba tanto tiempo mirando.

Exhalé con fuerza por la boca, tomándome un momento para relajarme. Vale, se había comportado como un baboso asqueroso con otra mujer que no era yo, aunque, considerando mi cuerpo, casi podía entenderlo. Sin embargo, al menos después había recuperado la razón y esperaba que el nombre que había mencionado grabado en su piel fuera el mío. La ira disminuyó ligeramente, devolviéndome algo de la confianza que había depositado en él, pero la nueva sensación en mi pecho no desapareció. Levanté la cabeza para mirarlo directamente a los ojos, con los párpados entrecerrados y una expresión seria y fría, cruzando los brazos bajo mis pechos.

—¡Minino! —lo llamé, con más fuerza de la que esperaba.

Al hacerlo, fue como si aquello que había crecido en mi pecho estallase y saliese a flote, liberando una presión a mi alrededor que arrastró los roperos y maniquíes que había en 10 metros a la redonda de mi posición. De no ser por lo enfadada que estaba, me habría sorprendido, pero estaba demasiado centrada en lo que tenía delante, mi querido Garnet. Tanto, tantísimo tiempo esperando por verle, esperando por que el destino nos uniese una vez más e iba él, y la cagaba al instante. Me daba absolutamente igual que no me hubiese reconocido, el gatito debía disculparse por haber actuado así con otra mujer. Los libros que había estado estudiando en Momoiro decían que, como dueña de un gato, debías ponerlo en su lugar cuando hacía algo malo, y aquello había estado muy pero que muy mal. Extendí el brazo derecho adelante señalando el suelo con el dedo índice, llevando el otro sobre mi cadera y apoyando la mano en ella.

—De rodillas, ahora. —ordené con la cabeza todavía alzada— Y que ni se te ocurra venir con milongas diciendo que sabías que era yo, ¿sabes? Discúlpate conmigo y puede que te perdone, gatito.

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RE: [Pr Relativo] Donde reina el amor, sobran las leyes. - por Ikirami - 14-07-2024, 08:28 PM

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