15-07-2024, 11:57 PM
Al separarme de él, apresando sus mejillas entre mis manos, suspiró con amor y me dijo que aquel sandwich de idiota me amaba. Ahora que le tenía así junto a mí, cualquier tipo de duda o inseguridad desaparecía y se iba volando como si no fuese más que una mota de polvo ante el vendaval. Me agradeció por ser tan increíble, añadiendo que era la mejor.
—Sí es. Y además, soy tuya, ¿sabes? Serías mil veces peor que un sandwich de idiota si no lo valorases. —respondí alzando una ceja divertida.
Ningún hombre en su sano juicio desperdiciaría la oportunidad que le había brindado a él y solo a él. Y aunque hacía falta una pizca de locura para iniciar una relación con una marine siendo pirata, echar su oportunidad conmigo por tierra por otra era algo de lo que ni el más desquiciado de los dementes sería capaz. En cualquier caso, el corazón de ambos latía deseoso de ceder de una vez a la necesidad de sentirnos el uno a otro, de forma que, cuando me acerqué para besarlo, él lo hizo a la vez y finalmente nos saludamos de verdad. El beso cargaba con todo lo que habíamos estado reservando el uno para el otro, todos los buenos días y buenas noches que no nos habíamos podido dar, todos los te quiero, te amo y te extraño concentrados en un único acto de puro amor y devoción por el otro. Los besos se sucedieron uno tras otro, anhelando cada vez más de él, convirtiendo la situación en una algo más caldeada cuando me subí a él y me cogió por el cuello con una mano y la otra en mis gemelos traseros. Nuestros cuerpos se llamaban y se atraían con una fuerza mayor a la propia gravedad. Si algo había aprendido con él es que existen cosas más grandes y más potentes de lo que creía, que escapaban a la lógica, como nuestro amor. Mi corazón danzaba entre las muchas emociones que el minino despertaba en él, obligándome a morder su labio cuando amenazó con alejarse un momento, haciendo que volviese a mí tras pronunciar mi nombre. Osó de nuevo en separarse de mis labios, a pesar por mis intentos por evitarlo, diciendo que había muchas cosas que quería contarme. Se merecía un castigo por aquella afrenta, así que desplacé mi mano derecha directa hacia su bragueta, acariciando la zona por unos segundos y volviendo a enganchar con mis dientes su labio. A continuación subí, la mano hasta su camisa y comencé a desabotonarla por arriba cuando él finalmente aceptó que ya lo hablaríamos mas tarde y me bajó hasta quedar de espaldas contra el suelo con él encima. La temperatura había aumentado drásticamente, hasta el punto que perdí la paciencia desabrochando su camisa, habiendo logrado apenas quitar de ellos. Entre besos, me dijo que no me imaginaba lo que había esperado por esto.
—Mentiría… si dijese que no lo llevo deseando… cada día, todo el tiempo. —confesé jadeando y enrojecida, con la mente muy nublada por el deseo.
No pude contener los gemidos cuando pasó a morderme el cuello, ese hombre volvía loco cada centímetro de mi cuerpo. Pasé mi mano a su cabeza para sostenerlo, queriendo que no parase de hacer aquello que me encantaba, pero paró para pedirme que me quitase la peluca, que quería hacerlo con la verdadera yo. Sonreí y de un tirón lancé la peluca a algún lado, sin mirar hacia donde, me daba totalmente igual. Sacudí la cabeza, con la mano ayudándome para deshacer el moño y las horquillas que lo sujetaban. Reposé mis manos en sus hombros con ambos brazos flexionados, clavando una mirada en él con picardía. Sabía que tenía el pelo alborotado, pero me daba igual, peor quedaría después de lo que íbamos a hacer.
—¿Así mejor? —pregunté para ser respondida con un intenso beso de sus dulces y tiernos labios.
Me volví a fundir con sus besos mientras con las manos recorría su cuerpo y le arrancaba la camisa y la ropa de una maldita vez. En el caso de la mía, tuve cuidado al quitarla y la lancé aleatoriamente a donde fuese, sin alejarme por un solo momento de su boca. Al hacerlo, vi una extraña marca en su abdomen, una que no estaba ahí antes.
—¿Qué dem…? —intenté preguntar, pero ya era demasiado tarde como para prestar atención a algo que no fuese el placer de su cuerpo y el mío uniéndose.
Estábamos en pleno acto de demostrarnos el amor y pasión que sentíamos cuando, de forma repentina, escuché unos pasos aproximándose por el pasillo tras la puerta por la que había salido antes. “Mierda… Ahora no…” pensé de forma errática, pues no podía prestar atención realmente a otra cosa que no fuese él y lo bien que me hacía sentir. Llevaba demasiado tiempo anhelando aquello y me daba todo igual. Seguí a lo mío con el minino hasta que finalmente la puerta se abrió. Okaliva aprecia estar buscándome y, desafortunadamente, consiguió su objetivo. Gritó al darse cuenta de lo que estaba pasando, preguntando por lo que sucedía. Miré alrededor nuestro, la verdad es que de alguna forma habíamos dejado el sitio hecho un desastre, al menos aquella vez no había ningún animal muerto por allí, esperaba. Solté una carcajada, lamentablemente para Okaliva yo estaba demasiado feliz como para que me importara nada en ese momento. Garnet levantó la vista hacia él, saludándolo como si no pasara nada y levantando la mano. Lo miré enamorada hasta la médula, me encantaba ese hombre y su naturalidad.
—Okaliva… te presento a… Garnet Matlock… mi novio, ¿sabes? Shshsh. —lo presenté ante él todavía con la respiración entrecortada por nuestra actividad y riendo— Minino, este es Okaliva… un buen amigo y el mejor modista del mundo.
El hombre se llevó las manos de la boca a los ojos, al ver como ambos retozábamos desnudos en pleno acto y se giró rápidamente dándonos la espalda. Alzó la vista al techo, frotándose las sienes con los nudillos
—Oh… My… My… —comenzó a decir negando con la cabeza— ¿No teníais un lugar mejor where… to make it? —preguntó para después soltar un suspiro— Well, el amor es el amor, I guess.
—Perdón… —me disculpé con Okaliva, pero sonreía divertida por toda la situación— Ya te he dicho que me moría de ganas por verlo. Shshshsh.
Reí entrecerrando los ojos y me incorporé un poco, besando a Garnet en la frente al hacerlo.
—Okey… ¡BUT! Id a otro lado y after that me lo presentas properly, you know. ¿Okey, my queen? —nos dijo, haciéndose a un lado de la puerta y negando mirando al suelo cubriéndose la vista con una mano.
Aunque me molestaba la idea de separarme en ese momento de él, lo hice y me levanté, extendiendo una mano hacia Garnet sonriente
—Ven, amor. —dije a mi minino para que cogiese mi mano y fui hacia la puerta.
En lugar de ir al camerino, sabía que había un lugar mejor para estar con él allí. Corrí con él hasta una puerta más adelante del camerino, en el lado contrario del pasillo. Abrí la puerta y lo empujé dentro de la habitación a oscuras. Cerré la puerta tras de mí y me acerqué a una pared para encender la luz. Una gran cantidad de focos se encendieron en la sala, que era realmente grande. Era un plató fotográfico, con varios escenarios dispuestos cada unos diez metros. Había estado ahí varias veces para ayudar a Okaliva a hacer fotografías de modelos con los den den mushi, incluso había participado en algunas de las sesiones. Me mordí el labio y me acerqué a mi minino, besándolo a la vez que lo empujaba por los hombros hacia atrás, hasta empujarlo contra una cama de matrimonio con sabanas rojas. Una vez lo senté ahí, me coloqué sobre él y levanté su barbilla mirándolo desde arriba.
—Bueno… ¿Por dónde íbamos? —pregunté antes de volver a besarlo y acompañé su mano hasta mis pechos.
Okaliva esperó hasta escuchar la puerta cerrarse tras ellos antes de quitarse la mano de los ojos.
—These youngsters… —murmuró para sí mismo consternado por lo que había presenciado, pero rápidamente exhaló una leve risa y sonrió.
Se giró para ver el estropicio que los dos amantes habían generado, parpadeando confundido al ver como la peluca negra de Ikirami colgaba de una lámpara en el alto techo junto a un sujetador. Se paseó alrededor del desastre de su tienda, vacía aquel día, pues había comunicado con anterioridad a sus clientes que ese día estaría ocupado con una amiga. Fue recogiendo los percheros y colocando los maniquíes en su sitio con cuidado, dejándolos exactamente en su posición inicial. Sacó de su pantalón un paño para recoger la ropa de esos dos locos de amor y dejarla doblada encima de una silla, pero sin tocarla con las manos. Cuando terminó, se acercó a la zona de probadores, a uno en el que ponía “Fuera de servicio” y abrió la cortina para sacar de entre varias cajas una fregona. La pasó tranquilamente por toda el área que los dos habían utilizado a modo de “lecho” improvisado, tarareando una bella canción. No podía enfadarse con dos amantes que se dejaban llevar por la pasión del reencuentro, iba en contra de todo en cuanto creía. Incluso sentía alegría por su amiga, que había sonado entristecida cuando le habló mal de él sin quererlo. Además, el tal Garnet tenía un buen cuerpo y una cara bonita, tal vez le podría pedir probarse algunos de los últimos vestidos que él mismo había hecho a cambio. En cuanto dejó todo perfecto, como si nada hubiese sucedido allí, se sentó en un sillón cerca de los probadores, suspirando y levantando la vista a la nada.
—Love, love, love… —susurró sonriente.
—Sí es. Y además, soy tuya, ¿sabes? Serías mil veces peor que un sandwich de idiota si no lo valorases. —respondí alzando una ceja divertida.
Ningún hombre en su sano juicio desperdiciaría la oportunidad que le había brindado a él y solo a él. Y aunque hacía falta una pizca de locura para iniciar una relación con una marine siendo pirata, echar su oportunidad conmigo por tierra por otra era algo de lo que ni el más desquiciado de los dementes sería capaz. En cualquier caso, el corazón de ambos latía deseoso de ceder de una vez a la necesidad de sentirnos el uno a otro, de forma que, cuando me acerqué para besarlo, él lo hizo a la vez y finalmente nos saludamos de verdad. El beso cargaba con todo lo que habíamos estado reservando el uno para el otro, todos los buenos días y buenas noches que no nos habíamos podido dar, todos los te quiero, te amo y te extraño concentrados en un único acto de puro amor y devoción por el otro. Los besos se sucedieron uno tras otro, anhelando cada vez más de él, convirtiendo la situación en una algo más caldeada cuando me subí a él y me cogió por el cuello con una mano y la otra en mis gemelos traseros. Nuestros cuerpos se llamaban y se atraían con una fuerza mayor a la propia gravedad. Si algo había aprendido con él es que existen cosas más grandes y más potentes de lo que creía, que escapaban a la lógica, como nuestro amor. Mi corazón danzaba entre las muchas emociones que el minino despertaba en él, obligándome a morder su labio cuando amenazó con alejarse un momento, haciendo que volviese a mí tras pronunciar mi nombre. Osó de nuevo en separarse de mis labios, a pesar por mis intentos por evitarlo, diciendo que había muchas cosas que quería contarme. Se merecía un castigo por aquella afrenta, así que desplacé mi mano derecha directa hacia su bragueta, acariciando la zona por unos segundos y volviendo a enganchar con mis dientes su labio. A continuación subí, la mano hasta su camisa y comencé a desabotonarla por arriba cuando él finalmente aceptó que ya lo hablaríamos mas tarde y me bajó hasta quedar de espaldas contra el suelo con él encima. La temperatura había aumentado drásticamente, hasta el punto que perdí la paciencia desabrochando su camisa, habiendo logrado apenas quitar de ellos. Entre besos, me dijo que no me imaginaba lo que había esperado por esto.
—Mentiría… si dijese que no lo llevo deseando… cada día, todo el tiempo. —confesé jadeando y enrojecida, con la mente muy nublada por el deseo.
No pude contener los gemidos cuando pasó a morderme el cuello, ese hombre volvía loco cada centímetro de mi cuerpo. Pasé mi mano a su cabeza para sostenerlo, queriendo que no parase de hacer aquello que me encantaba, pero paró para pedirme que me quitase la peluca, que quería hacerlo con la verdadera yo. Sonreí y de un tirón lancé la peluca a algún lado, sin mirar hacia donde, me daba totalmente igual. Sacudí la cabeza, con la mano ayudándome para deshacer el moño y las horquillas que lo sujetaban. Reposé mis manos en sus hombros con ambos brazos flexionados, clavando una mirada en él con picardía. Sabía que tenía el pelo alborotado, pero me daba igual, peor quedaría después de lo que íbamos a hacer.
—¿Así mejor? —pregunté para ser respondida con un intenso beso de sus dulces y tiernos labios.
Me volví a fundir con sus besos mientras con las manos recorría su cuerpo y le arrancaba la camisa y la ropa de una maldita vez. En el caso de la mía, tuve cuidado al quitarla y la lancé aleatoriamente a donde fuese, sin alejarme por un solo momento de su boca. Al hacerlo, vi una extraña marca en su abdomen, una que no estaba ahí antes.
—¿Qué dem…? —intenté preguntar, pero ya era demasiado tarde como para prestar atención a algo que no fuese el placer de su cuerpo y el mío uniéndose.
Estábamos en pleno acto de demostrarnos el amor y pasión que sentíamos cuando, de forma repentina, escuché unos pasos aproximándose por el pasillo tras la puerta por la que había salido antes. “Mierda… Ahora no…” pensé de forma errática, pues no podía prestar atención realmente a otra cosa que no fuese él y lo bien que me hacía sentir. Llevaba demasiado tiempo anhelando aquello y me daba todo igual. Seguí a lo mío con el minino hasta que finalmente la puerta se abrió. Okaliva aprecia estar buscándome y, desafortunadamente, consiguió su objetivo. Gritó al darse cuenta de lo que estaba pasando, preguntando por lo que sucedía. Miré alrededor nuestro, la verdad es que de alguna forma habíamos dejado el sitio hecho un desastre, al menos aquella vez no había ningún animal muerto por allí, esperaba. Solté una carcajada, lamentablemente para Okaliva yo estaba demasiado feliz como para que me importara nada en ese momento. Garnet levantó la vista hacia él, saludándolo como si no pasara nada y levantando la mano. Lo miré enamorada hasta la médula, me encantaba ese hombre y su naturalidad.
—Okaliva… te presento a… Garnet Matlock… mi novio, ¿sabes? Shshsh. —lo presenté ante él todavía con la respiración entrecortada por nuestra actividad y riendo— Minino, este es Okaliva… un buen amigo y el mejor modista del mundo.
El hombre se llevó las manos de la boca a los ojos, al ver como ambos retozábamos desnudos en pleno acto y se giró rápidamente dándonos la espalda. Alzó la vista al techo, frotándose las sienes con los nudillos
—Oh… My… My… —comenzó a decir negando con la cabeza— ¿No teníais un lugar mejor where… to make it? —preguntó para después soltar un suspiro— Well, el amor es el amor, I guess.
—Perdón… —me disculpé con Okaliva, pero sonreía divertida por toda la situación— Ya te he dicho que me moría de ganas por verlo. Shshshsh.
Reí entrecerrando los ojos y me incorporé un poco, besando a Garnet en la frente al hacerlo.
—Okey… ¡BUT! Id a otro lado y after that me lo presentas properly, you know. ¿Okey, my queen? —nos dijo, haciéndose a un lado de la puerta y negando mirando al suelo cubriéndose la vista con una mano.
Aunque me molestaba la idea de separarme en ese momento de él, lo hice y me levanté, extendiendo una mano hacia Garnet sonriente
—Ven, amor. —dije a mi minino para que cogiese mi mano y fui hacia la puerta.
En lugar de ir al camerino, sabía que había un lugar mejor para estar con él allí. Corrí con él hasta una puerta más adelante del camerino, en el lado contrario del pasillo. Abrí la puerta y lo empujé dentro de la habitación a oscuras. Cerré la puerta tras de mí y me acerqué a una pared para encender la luz. Una gran cantidad de focos se encendieron en la sala, que era realmente grande. Era un plató fotográfico, con varios escenarios dispuestos cada unos diez metros. Había estado ahí varias veces para ayudar a Okaliva a hacer fotografías de modelos con los den den mushi, incluso había participado en algunas de las sesiones. Me mordí el labio y me acerqué a mi minino, besándolo a la vez que lo empujaba por los hombros hacia atrás, hasta empujarlo contra una cama de matrimonio con sabanas rojas. Una vez lo senté ahí, me coloqué sobre él y levanté su barbilla mirándolo desde arriba.
—Bueno… ¿Por dónde íbamos? —pregunté antes de volver a besarlo y acompañé su mano hasta mis pechos.
Okaliva esperó hasta escuchar la puerta cerrarse tras ellos antes de quitarse la mano de los ojos.
—These youngsters… —murmuró para sí mismo consternado por lo que había presenciado, pero rápidamente exhaló una leve risa y sonrió.
Se giró para ver el estropicio que los dos amantes habían generado, parpadeando confundido al ver como la peluca negra de Ikirami colgaba de una lámpara en el alto techo junto a un sujetador. Se paseó alrededor del desastre de su tienda, vacía aquel día, pues había comunicado con anterioridad a sus clientes que ese día estaría ocupado con una amiga. Fue recogiendo los percheros y colocando los maniquíes en su sitio con cuidado, dejándolos exactamente en su posición inicial. Sacó de su pantalón un paño para recoger la ropa de esos dos locos de amor y dejarla doblada encima de una silla, pero sin tocarla con las manos. Cuando terminó, se acercó a la zona de probadores, a uno en el que ponía “Fuera de servicio” y abrió la cortina para sacar de entre varias cajas una fregona. La pasó tranquilamente por toda el área que los dos habían utilizado a modo de “lecho” improvisado, tarareando una bella canción. No podía enfadarse con dos amantes que se dejaban llevar por la pasión del reencuentro, iba en contra de todo en cuanto creía. Incluso sentía alegría por su amiga, que había sonado entristecida cuando le habló mal de él sin quererlo. Además, el tal Garnet tenía un buen cuerpo y una cara bonita, tal vez le podría pedir probarse algunos de los últimos vestidos que él mismo había hecho a cambio. En cuanto dejó todo perfecto, como si nada hubiese sucedido allí, se sentó en un sillón cerca de los probadores, suspirando y levantando la vista a la nada.
—Love, love, love… —susurró sonriente.
