17-07-2024, 04:32 PM
Fuego, los dos pelirrojos éramos como un incendio desbordante de pasión y desenfreno cada vez que el destino nos juntaba. Aquellas baldosas se convertían en la más mullida de las camas para nosotros, permitiéndonos dar rienda suelta a nuestros deseos de placer, placer que queríamos que el otro sintiese a su vez. Tras arrancar sus ropas y desnudarme yo también, agarró mi mano, llevándola por encima de mi cabeza. Entrecrucé los dedos con los suyos, apretando con fuerza su mano y desplazando la contraria junto a ella. Me entregaba a él cuando fuimos interrumpidos, siendo una situación a mi parecer más graciosa que bochornosa. No era como si tuviese ningún tipo de complejo con mi cuerpo desnudo, era perfecto y hermoso de principio a fin. Cuando lo miré con sumo cariño, al verlo saludar como si nada, me respondió con una radiante sonrisa que curó todos los males del pasado en un instante, como una cascada de agua fresca arrasando con la suciedad de las rocas y besándome tiernamente en la mejilla. No podía, sino presentarlo como quien él era, mi amado novio, y la reacción del minino a ello fue llenar mi rostro de sus cálidos besos. “¿Puedo morirme ya, por favor?”, me pregunté de forma irónica, pues obviamente en aquella situación lo último que quería era morirme, pero que de haber sido así habría muerto increíblemente feliz. Tal vez exageré un poco al llamar a Okaliva “el mejor modista del mundo”, pero no era para menos, y al menos a mí me lo parecía. El gatito pareció encantado por ello, utilizando otra de sus expresiones extrañas al saludarlo. Me disculpé con Okaliva, sin poder contener una sonrisa, y tras decirle al modista que ya le había comentado que me moría de ganas de ver a mi minino, Garnet me disparó otra ráfaga de besos que me derritieron. De verdad, ¿cómo pretendía que mantuviese el tipo en aquella situación? Tras haberlo visto asustado hacía apenas unos momentos, temiendo perderme, me alegraba de poder verlo tan feliz ahora. El gatito se disculpó también por lo de la tienda, agradeciendo la comprensión. Aunque fue duro -no tanto como otra cosa por ahí- el separarme de él, nos levantamos y cuando le ofrecí la mano la cogió y me acompañó hacia el pasillo, no sin antes agradecer a Okaliva por todo y ofreciéndole música a cambio, que el grandullón de muy buen gusto aceptó.
—Lo que sea, pero luego. Shshshsh. —comenté mientras me lo llevaba a través del pasillo y él reía detrás de mí.
Me sentía como una niña cometiendo una travesura a espaldas de sus padres, llevando a mi dulce cómplice de la mano. Aunque poco tenía de “infantil” lo que íbamos a hacer. Al llegar ante la puerta que quería y abrirla, nos sumimos en una oscuridad momentánea, hasta que iluminé el lugar mostrando los escenarios variados de la sala. Juntando de nuevo nuestros labios, ya en nuestro nuevo nido de amor, las ganas por tenerlo eran demasiadas. Lo empujé a la cama que sabía que había allí y me subí sobre él. Hice un comentario que quedó sin respuesta, pues ni él ni yo estábamos para conversaciones. A partir de ese instante, los únicos sonidos que brotarían de nuestros labios serían gemidos de puro éxtasis.
Después de una sesión que combinaba la pasión desenfrenada con la forma más pura de hacer el amor, me sentía llena y rebosante de felicidad. Tumbada sobre la cama, mis ojos recorrían el techo mientras una sonrisa de satisfacción se dibujaba en mi rostro y mi respiración seguía agitada. La química en mi cerebro era alucinante, y él la hacía enloquecer por completo. Estaba a mi lado, con su cabeza apoyada en mi hombro izquierdo, y entre jadeos extenuados, deposité un beso en su frente. Esto sí que era un buen entrenamiento para mi cuerpo.
Él rodeaba mi cuerpo con sus extremidades, y con mi mano derecha acariciaba su antebrazo con delicadeza. Me miró y comentó que había sido una pasada, acompañando sus palabras con un beso en el cuello que me provocó un gustoso escalofrío. Sonreí y giré la cabeza para mirarlo, asintiendo.
—Una absoluta y completa pasada… como todo a tu lado. —respondí, llevando la mano a su cabeza y acariciándola entre sus antenas.
El gatito me dijo que estaba rebosante de felicidad, dándome otro beso, esta vez en la mejilla, y pronunciando las palabras prohibidas con una sonrisa que me cortó el aliento, haciendo que mi piel, normalmente blanca y suave, adquiriera un tono cereza.
—Y… yo a ti, Garnet. —logré decir con timidez, hundiendo la cara ladeada en la almohada mientras él se incorporaba.
Al hacerlo, tomó mi mano para besarla y reí cuando vi su sonrisa picarona y me guiñó un ojo al decir que nuestros cuerpos se habían puesto al día. Me preguntó con ahora una sonrisa tierna que cómo había estado, queriendo saber si me había pasado algo increíble. Con las manos, me reacomodé para sentarme, apoyando la espalda en el cabezal de la cama y doblando las piernas. Abrí la boca para responder que sí que me había pasado algo increíble, él, pero me robó el momento para decir que seguro que nada de lo que dijese sería tan increíble como yo. Me quedé con la boca abierta, levemente molesta porque me hubiese robado el comentario, pero enseguida me eché a reír negando con la cabeza. Era demasiado bobo y tierno, además sonreía de una manera tan pura que lo sentía hasta en el alma.
—Me has robado la frase, malvado. —respondí haciendo pucheros y cruzándome de brazos, dramatizando como buena reina del drama que era, pero cambié mi expresión a una sonrisa y después me llevé la mano a la barbilla pensativa— Veamos… Dos días después de vernos partimos de allí, la verdad que no sabía dónde acabaríamos. Y pues navegamos hasta llegar hasta aquí, sin muchas novedades, además de haberte echado de menos cada día. —comenté dejando caer los brazos y un poco triste de no tener grandes novedades para él, pero rápidamente levanté el dedo índice— ¡Ah, espera! Sí que hay algo interesante, tengo una nueva compañera, ¿sabes? Bueno, ya imagino que no te hará mucha gracia, por lo de que eres pirata y eso… —continué, haciendo girar el dedo y apartando la mirada un momento, volviéndola de nuevo a él— Pero es bastante agradable, es una tontatta muy mona que se llama Ryze. Tengo muchas ganas de hablar con ella porque resulta que es usuaria de… —me quedé un momento en silencio, dándome cuenta de que esa información no debería darla a alguien de fuera de la marina— Mmmm. De una akuma de veneno muy interesante, ¿sabes? —continué finalmente, torciendo una sonrisa. Confiaba en él— No se lo digas a nadie esto, es top secret. —aclaré, poniéndome el dedo índice delante de la boca en señal de secreto— ¿Y tú como has estado?
Deambulé con la mirada por su cuerpo, desnudo, que estaba frente a mí, y me apoyé sobre las rojas y revueltas sábanas con las manos para acercame a él, plantándole un beso en la mejilla. Seguidamente, llevé mi mano derecha hasta sus firmes músculos abdominales y los recorrí con una suave caricia sobre la desconocida marca que había en ellos. Ahora que conseguía prestar atención, podía ver que era como una huella de las almohadillas de un animal, casi como una cicatriz. No tenía ni idea de cómo una bestia le podía haber hecho algo así, era demasiado extraña y redondeada, casi como un dibujo. Mi estómago se encogió imaginándome al gatito sufriendo tras un combate por algo así y yo sin poder estar allí para ayudarlo. Además, había aprendido a tratar heridas y podría haberle evitado el sufrimiento, o eso pensaba.
—Eso no estaba ahí la última vez… —comenté con preocupación y levanté la vista para posarla en sus ojos— ¿Qué te ha pasado, minino?
—Lo que sea, pero luego. Shshshsh. —comenté mientras me lo llevaba a través del pasillo y él reía detrás de mí.
Me sentía como una niña cometiendo una travesura a espaldas de sus padres, llevando a mi dulce cómplice de la mano. Aunque poco tenía de “infantil” lo que íbamos a hacer. Al llegar ante la puerta que quería y abrirla, nos sumimos en una oscuridad momentánea, hasta que iluminé el lugar mostrando los escenarios variados de la sala. Juntando de nuevo nuestros labios, ya en nuestro nuevo nido de amor, las ganas por tenerlo eran demasiadas. Lo empujé a la cama que sabía que había allí y me subí sobre él. Hice un comentario que quedó sin respuesta, pues ni él ni yo estábamos para conversaciones. A partir de ese instante, los únicos sonidos que brotarían de nuestros labios serían gemidos de puro éxtasis.
Después de una sesión que combinaba la pasión desenfrenada con la forma más pura de hacer el amor, me sentía llena y rebosante de felicidad. Tumbada sobre la cama, mis ojos recorrían el techo mientras una sonrisa de satisfacción se dibujaba en mi rostro y mi respiración seguía agitada. La química en mi cerebro era alucinante, y él la hacía enloquecer por completo. Estaba a mi lado, con su cabeza apoyada en mi hombro izquierdo, y entre jadeos extenuados, deposité un beso en su frente. Esto sí que era un buen entrenamiento para mi cuerpo.
Él rodeaba mi cuerpo con sus extremidades, y con mi mano derecha acariciaba su antebrazo con delicadeza. Me miró y comentó que había sido una pasada, acompañando sus palabras con un beso en el cuello que me provocó un gustoso escalofrío. Sonreí y giré la cabeza para mirarlo, asintiendo.
—Una absoluta y completa pasada… como todo a tu lado. —respondí, llevando la mano a su cabeza y acariciándola entre sus antenas.
El gatito me dijo que estaba rebosante de felicidad, dándome otro beso, esta vez en la mejilla, y pronunciando las palabras prohibidas con una sonrisa que me cortó el aliento, haciendo que mi piel, normalmente blanca y suave, adquiriera un tono cereza.
—Y… yo a ti, Garnet. —logré decir con timidez, hundiendo la cara ladeada en la almohada mientras él se incorporaba.
Al hacerlo, tomó mi mano para besarla y reí cuando vi su sonrisa picarona y me guiñó un ojo al decir que nuestros cuerpos se habían puesto al día. Me preguntó con ahora una sonrisa tierna que cómo había estado, queriendo saber si me había pasado algo increíble. Con las manos, me reacomodé para sentarme, apoyando la espalda en el cabezal de la cama y doblando las piernas. Abrí la boca para responder que sí que me había pasado algo increíble, él, pero me robó el momento para decir que seguro que nada de lo que dijese sería tan increíble como yo. Me quedé con la boca abierta, levemente molesta porque me hubiese robado el comentario, pero enseguida me eché a reír negando con la cabeza. Era demasiado bobo y tierno, además sonreía de una manera tan pura que lo sentía hasta en el alma.
—Me has robado la frase, malvado. —respondí haciendo pucheros y cruzándome de brazos, dramatizando como buena reina del drama que era, pero cambié mi expresión a una sonrisa y después me llevé la mano a la barbilla pensativa— Veamos… Dos días después de vernos partimos de allí, la verdad que no sabía dónde acabaríamos. Y pues navegamos hasta llegar hasta aquí, sin muchas novedades, además de haberte echado de menos cada día. —comenté dejando caer los brazos y un poco triste de no tener grandes novedades para él, pero rápidamente levanté el dedo índice— ¡Ah, espera! Sí que hay algo interesante, tengo una nueva compañera, ¿sabes? Bueno, ya imagino que no te hará mucha gracia, por lo de que eres pirata y eso… —continué, haciendo girar el dedo y apartando la mirada un momento, volviéndola de nuevo a él— Pero es bastante agradable, es una tontatta muy mona que se llama Ryze. Tengo muchas ganas de hablar con ella porque resulta que es usuaria de… —me quedé un momento en silencio, dándome cuenta de que esa información no debería darla a alguien de fuera de la marina— Mmmm. De una akuma de veneno muy interesante, ¿sabes? —continué finalmente, torciendo una sonrisa. Confiaba en él— No se lo digas a nadie esto, es top secret. —aclaré, poniéndome el dedo índice delante de la boca en señal de secreto— ¿Y tú como has estado?
Deambulé con la mirada por su cuerpo, desnudo, que estaba frente a mí, y me apoyé sobre las rojas y revueltas sábanas con las manos para acercame a él, plantándole un beso en la mejilla. Seguidamente, llevé mi mano derecha hasta sus firmes músculos abdominales y los recorrí con una suave caricia sobre la desconocida marca que había en ellos. Ahora que conseguía prestar atención, podía ver que era como una huella de las almohadillas de un animal, casi como una cicatriz. No tenía ni idea de cómo una bestia le podía haber hecho algo así, era demasiado extraña y redondeada, casi como un dibujo. Mi estómago se encogió imaginándome al gatito sufriendo tras un combate por algo así y yo sin poder estar allí para ayudarlo. Además, había aprendido a tratar heridas y podría haberle evitado el sufrimiento, o eso pensaba.
—Eso no estaba ahí la última vez… —comenté con preocupación y levanté la vista para posarla en sus ojos— ¿Qué te ha pasado, minino?
