22-07-2024, 11:12 PM
Tras hablar un poco como el Haki, decidí que ya era hora de volver con Okaliva, aunque sin separarme de mi minino, ni mucho menos. Quería presentárselo como era debido. Me levanté de la cama y Garnet me siguió, colocándose frente a mí estirando también. Cuando le comenté que ya era hora, dijo que se le había olvidado por completo el pobre Okaliva.
—No puedo reprochártelo, y mentiría si dijese que a mí no se me había olvidado también por un… largo rato, ¿sabes? —confesé jocosamente.
Cuando me disponía a andar en dirección a la puerta, el gatito me dijo que tenía algunas preguntas que hacer antes. Ladeé la cabeza esperando a que continuase, y sonreí al ver que se miraba sus partes nobles, las cuales observé con cierto regocijo.
—Te doy dos opciones: la primera es ir desnudo, como buen minino que eres, la segunda es coger uno de los vestidos más ceñidos y provocadores de la habitación al frente y ponértelo. —propuse mientras me cruzaba de brazos y lo miraba mordiéndome el labio sonriente— Me complacen ambas, así que tú mismo. Shshshshsh.
Tras mi pequeña propuesta, preguntó respecto al Haki, al parecer él solo había oído hablar del Kenbunshoku, que el propio Kaelith le enseñó.
—¿Sentiste mi aura? —pregunté sorprendida por aquello— La verdad, no me gusta la idea de que otros puedan sentir mis emociones, ya puedes imaginar por qué. Fue complicado entrenarlo con mis compañeros por ello. Ya sé que no pueden leerme la mente, pero el miedo de que pudiesen sentir lo que me pasó… estaba ahí, ¿sabes? Eso sí, —añadí levantando la mano y colocando la mano bajó su mentón— contigo no tengo ningún problema, puedes ver lo que quieras de mí cuando quieras. Sí, mis tetas también. —añadí con un beso en sus labios y continué para responder su pregunta— La otra forma de usarlo sirve, por lo que tengo entendido, para dañar a usuarios de akuma tipo Logia. Como el lunarian con la fruta magu magu, la de magma, por ejemplo. De normal es imposible dañarlos, pero usando el Busoshoku haki, se puede, ¿sabes? —solté su barbilla y saqué morritos mientras pensaba— Hmmmm. Si quieres puedo enseñártelo, prefiero que estés preparado si alguna vez te encuentras con algún usuario logia. No nos llevará mucho, y si lo consigues te llevaré premios.
Estaba lista para entrenar a mi gato, no por nada había estudiado durante semanas libros sobre ello. Así pues, le hice un pat pat en su cabecita sonriéndole. Que bonito que era mi gatito, ojalá poder poner en práctica pronto todo lo que había aprendido, así le demostraría lo mucho que me preocupaba por él. Me giré y di unos pasos hacia la puerta, pero antes de llegar, parecía que el minino tenía algo más que decir. Volví a acercarme a él, justo comentando que el lunarian se quedó en Skypiea, y que como él y sus dos compañeros eran muy parecidos a los suyos…
—¿A quiénes? —pregunté con los ojos ligeramente entornados, confundida, sin saber a quienes se refería.
Entonces, cerrando los ojos y justo tras soltar un suspiro por sus bellos labios gatunos, dijo que ahora formaban parte de los “Alas Negras”. Abrí la boca, con una expresión de estupefacción absoluta. Una vez más, lamenté el haberme dejado el espray en casa, me hubiese venido genial en aquella ocasión, pero casi que lo preferí así.
—¿Q-U-E? —pregunté todavía con la misma expresión clavada en mi rostro
El minino agarró entonces mis manos, mirándome directamente y expresando que aquello era muy repentino y que no me pedía que lo aceptase al momento, pero que como su novia debía saberlo. Inspiré profundamente y exhalé sonoramente, exasperada por mi amado gatito. Era un gatito bobito, efectivamente.
—Por favor, dime que no son los piratas del heredero de Skypiea, el lunarian del combate final. —dije a la vez que me llevaba una mano a los ojos y negaba— ¿Y qué haré ahora yo con mi plan de recuperar Skypiea? Aix… —me lamenté en un murmuro de autocompasión, todavía sosteniendo su mano con mi derecha— Mira, minino, no me meteré con lo que decidas hacer con tu vida, tienes vía libre, es tu vida, vívela como quieras. —respondí mirándolo a los ojos con seriedad y agarrando de nuevo su otra mano, sujetando ambas con fuerza— ¡Pero! Y es un gran pero. Como me entere de que te dedicas a hacer cosas malas, si me entero de que has dañado a alguien inocente, se acabó. ¿Es o no es? Me partirías el alma y el corazón si lo haces, ¿sabes?
No podía aceptar aquello así sin más, pero si era él, podía concederle el don de la duda. Confiaba en él más que en nadie en el mundo, y sabía que me quería quizás tanto como yo a él, eso solo quizás. Pero aquello iba en serio, no sabía quiénes eran esos Alas negras ni las fechorías que habrían hecho, aunque si decía que eran como ellos tal vez, y solo tal vez, tuviesen un pase.
—No puedo reprochártelo, y mentiría si dijese que a mí no se me había olvidado también por un… largo rato, ¿sabes? —confesé jocosamente.
Cuando me disponía a andar en dirección a la puerta, el gatito me dijo que tenía algunas preguntas que hacer antes. Ladeé la cabeza esperando a que continuase, y sonreí al ver que se miraba sus partes nobles, las cuales observé con cierto regocijo.
—Te doy dos opciones: la primera es ir desnudo, como buen minino que eres, la segunda es coger uno de los vestidos más ceñidos y provocadores de la habitación al frente y ponértelo. —propuse mientras me cruzaba de brazos y lo miraba mordiéndome el labio sonriente— Me complacen ambas, así que tú mismo. Shshshshsh.
Tras mi pequeña propuesta, preguntó respecto al Haki, al parecer él solo había oído hablar del Kenbunshoku, que el propio Kaelith le enseñó.
—¿Sentiste mi aura? —pregunté sorprendida por aquello— La verdad, no me gusta la idea de que otros puedan sentir mis emociones, ya puedes imaginar por qué. Fue complicado entrenarlo con mis compañeros por ello. Ya sé que no pueden leerme la mente, pero el miedo de que pudiesen sentir lo que me pasó… estaba ahí, ¿sabes? Eso sí, —añadí levantando la mano y colocando la mano bajó su mentón— contigo no tengo ningún problema, puedes ver lo que quieras de mí cuando quieras. Sí, mis tetas también. —añadí con un beso en sus labios y continué para responder su pregunta— La otra forma de usarlo sirve, por lo que tengo entendido, para dañar a usuarios de akuma tipo Logia. Como el lunarian con la fruta magu magu, la de magma, por ejemplo. De normal es imposible dañarlos, pero usando el Busoshoku haki, se puede, ¿sabes? —solté su barbilla y saqué morritos mientras pensaba— Hmmmm. Si quieres puedo enseñártelo, prefiero que estés preparado si alguna vez te encuentras con algún usuario logia. No nos llevará mucho, y si lo consigues te llevaré premios.
Estaba lista para entrenar a mi gato, no por nada había estudiado durante semanas libros sobre ello. Así pues, le hice un pat pat en su cabecita sonriéndole. Que bonito que era mi gatito, ojalá poder poner en práctica pronto todo lo que había aprendido, así le demostraría lo mucho que me preocupaba por él. Me giré y di unos pasos hacia la puerta, pero antes de llegar, parecía que el minino tenía algo más que decir. Volví a acercarme a él, justo comentando que el lunarian se quedó en Skypiea, y que como él y sus dos compañeros eran muy parecidos a los suyos…
—¿A quiénes? —pregunté con los ojos ligeramente entornados, confundida, sin saber a quienes se refería.
Entonces, cerrando los ojos y justo tras soltar un suspiro por sus bellos labios gatunos, dijo que ahora formaban parte de los “Alas Negras”. Abrí la boca, con una expresión de estupefacción absoluta. Una vez más, lamenté el haberme dejado el espray en casa, me hubiese venido genial en aquella ocasión, pero casi que lo preferí así.
—¿Q-U-E? —pregunté todavía con la misma expresión clavada en mi rostro
El minino agarró entonces mis manos, mirándome directamente y expresando que aquello era muy repentino y que no me pedía que lo aceptase al momento, pero que como su novia debía saberlo. Inspiré profundamente y exhalé sonoramente, exasperada por mi amado gatito. Era un gatito bobito, efectivamente.
—Por favor, dime que no son los piratas del heredero de Skypiea, el lunarian del combate final. —dije a la vez que me llevaba una mano a los ojos y negaba— ¿Y qué haré ahora yo con mi plan de recuperar Skypiea? Aix… —me lamenté en un murmuro de autocompasión, todavía sosteniendo su mano con mi derecha— Mira, minino, no me meteré con lo que decidas hacer con tu vida, tienes vía libre, es tu vida, vívela como quieras. —respondí mirándolo a los ojos con seriedad y agarrando de nuevo su otra mano, sujetando ambas con fuerza— ¡Pero! Y es un gran pero. Como me entere de que te dedicas a hacer cosas malas, si me entero de que has dañado a alguien inocente, se acabó. ¿Es o no es? Me partirías el alma y el corazón si lo haces, ¿sabes?
No podía aceptar aquello así sin más, pero si era él, podía concederle el don de la duda. Confiaba en él más que en nadie en el mundo, y sabía que me quería quizás tanto como yo a él, eso solo quizás. Pero aquello iba en serio, no sabía quiénes eran esos Alas negras ni las fechorías que habrían hecho, aunque si decía que eran como ellos tal vez, y solo tal vez, tuviesen un pase.
