28-07-2024, 10:07 AM
Los gritos y quejas de su pobre amigo le dolían en el alma, pero él mismo había pedido aquello. El corte no sólo había rajado el brazo de Kevin, sino que, como era de esperar, también había estropeado su chaqueta aún más. Podía parecer una tontería, peor Gideon sabía que aquello era una tragedia más que sumar al hecho de que estaba sangrando como un condenado. Le compraría otra con el dinero que tenía acumulado, bueno, no sólo una chaqueta, un traje entero. Su mejor amigo merecía eso y más.
Kevin pareció recomponerse y Gideon se colocó en pose defensiva.
Su amigo trajeado, pese a estar sorprendido con la fruta, anunció que aquello no había acabado aún. Kevin bateó el suelo, echándole nieve a Gideon, la cual quedó sorprendida, no sabía que trataba de hacer su amigo trajeado. La skypiean se quitó la nieve que le había caído sobre sus pantalones y miró hacia delante, no había rastro de Kevin. Miró a su amigo fantasmagórico y asintió con la cabeza. Claramente estaba detrás de alguno de aquellos cerezos, el oficinista utilizaría cuanto pudiera el terreno de combate a su favor. Gideon se acercó hasta el fantasma, el cual seguía en el sitio en el que estaba su amigo antes de desaparecer entre la arboleda. Quedando a 3 metros de esta misma.
— Illo, busca a Kevin que tiene que estar detrás de alguno de esos, chosososo, verás qué susto se lleva —Gideon se lo estaba pasando bien con el fantasma, pese a que la situación y el estado físico de Kevin le preocupasen. En el fondo, sabía que su amigo podía aguantar.
Con eso el fantasma salió hasta los árboles, mientras Gideon esperaba. El costado le dolía y las piernas también, iban a necesitar un par de días para recuperarse del todo, lo tenía claro. Pero lo que más le apetecía en ese momento era fumarse un cigarrillo. El fantasma volvió hasta él y cómo si fuese una especie de sueño vívido o premonición pudo ver con claridad detrás de qué árbol se encontraba Kevin. Lo tenía cerca, se colocó justo donde se encontraba el tronco, pegada a él, y con su brazo derecho lo rodeó, dejando la espada justo a la altura del cuello de su amigo.
— ¿Estás seguro de que no ha acabado? —No iba a cortarle el cuello ni muchísimo menos, pero le daba desde luego un subidón de adrenalina a toda esta situación. Su voz fue firme y se sorprendió a ella misma. El parpadeo acelerado de sus ojos frenó un poco. Respiró hondo. Kevin estaba entre la espada y el tronco.
Kevin pareció recomponerse y Gideon se colocó en pose defensiva.
Su amigo trajeado, pese a estar sorprendido con la fruta, anunció que aquello no había acabado aún. Kevin bateó el suelo, echándole nieve a Gideon, la cual quedó sorprendida, no sabía que trataba de hacer su amigo trajeado. La skypiean se quitó la nieve que le había caído sobre sus pantalones y miró hacia delante, no había rastro de Kevin. Miró a su amigo fantasmagórico y asintió con la cabeza. Claramente estaba detrás de alguno de aquellos cerezos, el oficinista utilizaría cuanto pudiera el terreno de combate a su favor. Gideon se acercó hasta el fantasma, el cual seguía en el sitio en el que estaba su amigo antes de desaparecer entre la arboleda. Quedando a 3 metros de esta misma.
— Illo, busca a Kevin que tiene que estar detrás de alguno de esos, chosososo, verás qué susto se lleva —Gideon se lo estaba pasando bien con el fantasma, pese a que la situación y el estado físico de Kevin le preocupasen. En el fondo, sabía que su amigo podía aguantar.
Con eso el fantasma salió hasta los árboles, mientras Gideon esperaba. El costado le dolía y las piernas también, iban a necesitar un par de días para recuperarse del todo, lo tenía claro. Pero lo que más le apetecía en ese momento era fumarse un cigarrillo. El fantasma volvió hasta él y cómo si fuese una especie de sueño vívido o premonición pudo ver con claridad detrás de qué árbol se encontraba Kevin. Lo tenía cerca, se colocó justo donde se encontraba el tronco, pegada a él, y con su brazo derecho lo rodeó, dejando la espada justo a la altura del cuello de su amigo.
— ¿Estás seguro de que no ha acabado? —No iba a cortarle el cuello ni muchísimo menos, pero le daba desde luego un subidón de adrenalina a toda esta situación. Su voz fue firme y se sorprendió a ella misma. El parpadeo acelerado de sus ojos frenó un poco. Respiró hondo. Kevin estaba entre la espada y el tronco.
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