31-07-2024, 02:00 AM
El bello minino se quedó de piedra cuando permití a Okaliva que jugase a las muñecas con él, quedándose unos segundos pensativo hasta que se echó a reír al entender a qué me refería. De verdad, era demasiado adorable cuando actuaba así, y le devolví una dulce sonrisa acompañada de un suspiro. Mi amigo, por su parte, aceptó la oferta alegando que cualquier cosa quedaría bien en ese cuerpo. Y sí, menudo cuerpazo se gastaba el felino. Garnet aceptó el ofrecimiento y le pedí que se presentase como era debido, cosa que se le había olvidado. Pestañeé esperando que lo hiciese, mientras él aceptaba la oferta de Okaliva para hacerle alguno de sus modelitos. Sin embargo, parecía que algo lo preocupaba, pues se giró hacia mí con una expresión más seria que chocaba con lo alegre que estaba hasta hacía un momento. Con su mirada clavada en mí, aclaró que ese día quería pasarlo conmigo, sonriente y guiñándome un ojo. Me hizo mucha ilusión aquello, tanta que un ligero rubor quiso asomar por encima de mi blanca piel. No podía dejar de mirarlo mientras seguía hablando, hasta que pude notar preocupación en él, girando confusa para ver a Okaliva llorando. En lugar de preocuparme, me llevé una mano a la cadera y sacudí la cabeza, cerrando los ojos y alucinando con lo dramático que era, pero también aquello era parte de su encanto. El pobre hombre era en el fondo todo un romántico, además de ser un cotilla de alta categoría, y el vernos tan enamorados debía haberle tocado la fibra sensible. Caminé hacia él, posando una mano en su hombro y dándole un par de palmaditas mientras él se secaba las lágrimas.
—Ale, ale. Ya pasó. —lo intenté animar como pude, aunque sabía que su reacción había sido exagerada por completo.
Retiré mi mano cuando él aceptó al minino, dándole la bienvenida a su tienda cuando él quisiese. Devolví la mirada entonces al gatito, que agradeció con una sonrisa a la vez que levantaba su pulgar y después asintió mirando hacia mí. Agradecida y sonriente, asentí a mi minino. Tras aquello, él cerró los ojos diciendo que era hora de presentarse de verdad y, nada más ver como se llevaba la mano al instrumento (el que tiene cuerdas, no el otro) entendí lo que iba a hacer y entonces recordé sus melodías y las ganas que tenía de escucharlas. Se proclamó a sí mismo la futura superestrella más grande del mundo, cosa que no dudé ni por un instante, así sería si mi gatito lo quería, y esgrimió las cuerdas de su laúd con los dedos haciendo que estas soltasen un hermoso sonido. Recorrí con la vista el cuerpo de mi sumiso minino mientras él me miraba, diciendo que hacía mucho que no me tocaba, ni tampoco algo de música. Me mordí el labio sensualmente, qué bien que le quedaba ese laúd. Sí que debía ser cierto eso de que los músicos tienen un “je ne sais quoi” que les rodeaba de un aura sensual, porque a mí me encendía muchísimo verlo con el instrumento.
—Adelante, minino. —lo incité a comenzar, cogiendo de la mano a Okaliva y asintiendo con confianza— Me muero por volver a escuchar una de tus increíbles canciones, ¿sabes? Sorpréndenos. —ordené preparándome para escuchar con curiosidad que tipo de canción tenía preparada para nosotros mientras él se preparaba para comenzar, diciendo que aquel era el rugido de su nuevo yo— ¡Dalo todo, Garnet!
Una energía comenzó a fluir de su laúd directamente a nuestros oídos, enseguida sentí, más que escuchar, una sensual melodía que se extendía por todo mi cuerpo con un escalofrío que me hizo soltar la mano a Okaliva. Sin ser consciente, comencé a acompañar la canción con unas palmadas y a llevar el compás de la canción con el pie, como si la propia canción lo pidiese a gritos. No podía apartar la vista de sus dedos, que de forma experta y casi imposible convertían los movimientos en sonidos con una velocidad impresionante. Sí, tenía el potencial para ser el mejor, y si esos dedos eran capaces de hacer maravillas en un instrumento como ese, en un cuerpo ya ni te cuento. Solo imaginarlo hacía que se pusieran de punta mis pelos, con otro escalofrío recorriendo mi cuerpo. El felino, por su lado, danzaba y se acercó a mí, tocando a mi alrededor mientras le acompañaba con las palmas y le lancé un beso en el aire. Se acercó a Okaliva, que se tapó los ojos un momento mientras Garnet, simplemente, era Garnet, sacándome una risa al ver la reacción del grandullón. Pero no se podía negar que lo estaba disfrutando, su pie se movía, al igual que el mío, y cruzamos miradas durante un instante, en el que arqueé una ceja mirándolo con una pícara sonrisa que el hombre me devolvió y extendió su mano hacia la mía. La cogí, y con una fuerza que me sorprendió, tiró de mí hasta llevarme a sus brazos. Alcé la mirada hacia él, una llena de complicidad.
—My lady… —me llamó, sosteniéndome con delicadeza frente a él por los hombros— It’s time to show you los movimientos prohibidos.
Asentí, con una leve risa, dándole el consentimiento para danzar los dos y, con la hermosa música de Garnet, emprendimos un baile que encajaba a la perfección con la música de mi amado. Bailamos ambos agarrados un hermoso tango, que a la vez que divertido, pues me hacía girar sin parar, era hermoso. Si Garnet prestaba atención, se daría cuenta de que Okaliva era todo un bailarín, pues aunque yo no conocía aquella danza demasiado, me guiaba y conseguía que al final la que destacara allí era yo. Fue increíblemente divertido, y di todo de mí en aquellos movimientos. Sin embargo, en el fondo habría preferido poder bailar así con el minino, aunque de seguro con él habría sido más intenso y sensual todavía. Pero no se podía negar que la confianza mutua nacida de nuestra amistad hacía que aquel baile se sintiese realmente fluido, como dos hojas sincronizadas danzando bajo la misma corriente del viento. Terminamos a la vez que la canción daba a su fin, con Okaliva sosteniéndome por el brazo y conmigo inclinada hacia atrás, con el cuello completamente extendido y mirando directamente hacia el gatito con una sonrisa. Me quedé en aquella posición varios segundos, jadeando por la intensidad del baile, pero sin poder retirar la mirada del minino, que al igual que yo, parecía extenuado. Seguramente lo que habíamos hecho apenas unos momentos antes nos había drenado bastante energía, pero estaba tan encendida que no pude evitar desearlo una vez más. Okaliva me ayudó a incorporarme, y dio un beso en mi mano como despedida por aquel baile, a lo que yo respondí con una breve reverencia. Pero no, lo que quería estaba en otro lado.
—Minino… —susurré acercándome al minino lentamente, con ansias por devorarlo y mordiéndome el labio.
Frené un momento, escuchando como mi amigo silbaba y comenzaba a aplaudir emocionado. Por un momento se me había olvidado que estaba ahí, llevada por los instintos que me atraían hacia el minino.
—Ha sido increíble, como tú, ¿sabes? —declaré sonriente y encantada con el espectáculo, todavía respirando con cierta dificultad.
Me acerqué finalmente hasta él y clave mis dientes en sus labios, siguiendo el mordisco de un intenso beso y acariciando su pelo. Intentaba controlarme, de verdad que aquello me había hecho desearle muchísimo, pero todavía teníamos espectadores y podía esperar, al menos un poco. Y estaba segura de que Okaliva quería decirle algo más a mi apuesto novio antes de irnos a mi habitación para poderle arrancar la ropa.
—Ale, ale. Ya pasó. —lo intenté animar como pude, aunque sabía que su reacción había sido exagerada por completo.
Retiré mi mano cuando él aceptó al minino, dándole la bienvenida a su tienda cuando él quisiese. Devolví la mirada entonces al gatito, que agradeció con una sonrisa a la vez que levantaba su pulgar y después asintió mirando hacia mí. Agradecida y sonriente, asentí a mi minino. Tras aquello, él cerró los ojos diciendo que era hora de presentarse de verdad y, nada más ver como se llevaba la mano al instrumento (el que tiene cuerdas, no el otro) entendí lo que iba a hacer y entonces recordé sus melodías y las ganas que tenía de escucharlas. Se proclamó a sí mismo la futura superestrella más grande del mundo, cosa que no dudé ni por un instante, así sería si mi gatito lo quería, y esgrimió las cuerdas de su laúd con los dedos haciendo que estas soltasen un hermoso sonido. Recorrí con la vista el cuerpo de mi sumiso minino mientras él me miraba, diciendo que hacía mucho que no me tocaba, ni tampoco algo de música. Me mordí el labio sensualmente, qué bien que le quedaba ese laúd. Sí que debía ser cierto eso de que los músicos tienen un “je ne sais quoi” que les rodeaba de un aura sensual, porque a mí me encendía muchísimo verlo con el instrumento.
—Adelante, minino. —lo incité a comenzar, cogiendo de la mano a Okaliva y asintiendo con confianza— Me muero por volver a escuchar una de tus increíbles canciones, ¿sabes? Sorpréndenos. —ordené preparándome para escuchar con curiosidad que tipo de canción tenía preparada para nosotros mientras él se preparaba para comenzar, diciendo que aquel era el rugido de su nuevo yo— ¡Dalo todo, Garnet!
Una energía comenzó a fluir de su laúd directamente a nuestros oídos, enseguida sentí, más que escuchar, una sensual melodía que se extendía por todo mi cuerpo con un escalofrío que me hizo soltar la mano a Okaliva. Sin ser consciente, comencé a acompañar la canción con unas palmadas y a llevar el compás de la canción con el pie, como si la propia canción lo pidiese a gritos. No podía apartar la vista de sus dedos, que de forma experta y casi imposible convertían los movimientos en sonidos con una velocidad impresionante. Sí, tenía el potencial para ser el mejor, y si esos dedos eran capaces de hacer maravillas en un instrumento como ese, en un cuerpo ya ni te cuento. Solo imaginarlo hacía que se pusieran de punta mis pelos, con otro escalofrío recorriendo mi cuerpo. El felino, por su lado, danzaba y se acercó a mí, tocando a mi alrededor mientras le acompañaba con las palmas y le lancé un beso en el aire. Se acercó a Okaliva, que se tapó los ojos un momento mientras Garnet, simplemente, era Garnet, sacándome una risa al ver la reacción del grandullón. Pero no se podía negar que lo estaba disfrutando, su pie se movía, al igual que el mío, y cruzamos miradas durante un instante, en el que arqueé una ceja mirándolo con una pícara sonrisa que el hombre me devolvió y extendió su mano hacia la mía. La cogí, y con una fuerza que me sorprendió, tiró de mí hasta llevarme a sus brazos. Alcé la mirada hacia él, una llena de complicidad.
—My lady… —me llamó, sosteniéndome con delicadeza frente a él por los hombros— It’s time to show you los movimientos prohibidos.
Asentí, con una leve risa, dándole el consentimiento para danzar los dos y, con la hermosa música de Garnet, emprendimos un baile que encajaba a la perfección con la música de mi amado. Bailamos ambos agarrados un hermoso tango, que a la vez que divertido, pues me hacía girar sin parar, era hermoso. Si Garnet prestaba atención, se daría cuenta de que Okaliva era todo un bailarín, pues aunque yo no conocía aquella danza demasiado, me guiaba y conseguía que al final la que destacara allí era yo. Fue increíblemente divertido, y di todo de mí en aquellos movimientos. Sin embargo, en el fondo habría preferido poder bailar así con el minino, aunque de seguro con él habría sido más intenso y sensual todavía. Pero no se podía negar que la confianza mutua nacida de nuestra amistad hacía que aquel baile se sintiese realmente fluido, como dos hojas sincronizadas danzando bajo la misma corriente del viento. Terminamos a la vez que la canción daba a su fin, con Okaliva sosteniéndome por el brazo y conmigo inclinada hacia atrás, con el cuello completamente extendido y mirando directamente hacia el gatito con una sonrisa. Me quedé en aquella posición varios segundos, jadeando por la intensidad del baile, pero sin poder retirar la mirada del minino, que al igual que yo, parecía extenuado. Seguramente lo que habíamos hecho apenas unos momentos antes nos había drenado bastante energía, pero estaba tan encendida que no pude evitar desearlo una vez más. Okaliva me ayudó a incorporarme, y dio un beso en mi mano como despedida por aquel baile, a lo que yo respondí con una breve reverencia. Pero no, lo que quería estaba en otro lado.
—Minino… —susurré acercándome al minino lentamente, con ansias por devorarlo y mordiéndome el labio.
Frené un momento, escuchando como mi amigo silbaba y comenzaba a aplaudir emocionado. Por un momento se me había olvidado que estaba ahí, llevada por los instintos que me atraían hacia el minino.
—Ha sido increíble, como tú, ¿sabes? —declaré sonriente y encantada con el espectáculo, todavía respirando con cierta dificultad.
Me acerqué finalmente hasta él y clave mis dientes en sus labios, siguiendo el mordisco de un intenso beso y acariciando su pelo. Intentaba controlarme, de verdad que aquello me había hecho desearle muchísimo, pero todavía teníamos espectadores y podía esperar, al menos un poco. Y estaba segura de que Okaliva quería decirle algo más a mi apuesto novio antes de irnos a mi habitación para poderle arrancar la ropa.
