01-08-2024, 04:53 AM
Es medio día. Dentro de esta isla ya nos han sucedido mil y una aventuras, y de seguro nos quedan un par más por vivir antes de marchar. Esta vez, no recuerdo la razón, decidimos ir por separado para recorrer el máximo tamaño de la isla y así terminar de estudiar su perímetro. Tal vez nos dejábamos algo por descubrir. O quizás la razón fuera otra, de verdad que no lo tengo claro. Acepté básicamente porque también me apetecía andar un poco solo, a mí rollo. Montar tripulación con Ashura y el oso amoroso está de cojones, pero así recupero un poco mis raíces.
Durante el paseo, sin embargo, voy con precaución. Voy chill, de relax, pero con atención al detalle y bien equipado. Sobre mi hombro derecho, un par de caracoles pequeños: un Den-Den de toda la vida y uno blanco. Sobre el izquierdo, un Den-Den negro, por si alguien se comunica en la isla y no me lo quiere comentar. Por lo demás, flow chill y bacano. No hay enemigo que me haya plantado cara por el momento desde que navego por el mar azul. Y el único que lo ha hecho, es ahora colega. Ni los rapes de colores, ni el oso gracioso bien vestido que ahora es aprendiz. Nada.
Mientras paseo por la playa de la isla (ya por duodécima vez en lo que llevo encerrado aquí) voy mirando el cielo con anhelo. Anhelo de venganza por volver allí arriba y proclamar la más absoluta de las venganzas. Poco a poco, todo llegará. Todavía necesito aliados a la altura, y voy por buen camino. Somos pocos, pero somos la puta polla. Me fijo en que el cielo empieza a nublarse. Bastante aburrido el día de hoy. Lo único interesante son las aves del lugar, que ya me conozco de sobra, sobrevolando la zona y pescando en el mar. Nada nuevo. Por saber, sé hasta a que saben. Sé a qué sabe cada puta criatura de este lugar. -!Joder!- grito pegando una patada en la arena. -¿Donde está la Marina cuando se la necesita?-
Todo parece tan monótono como la ultima vez por la que pasé por aquí. Selva infinita a mi izquierda. Océano eterno a mi derecha. Un carril de arena que recorro de forma inagotable. Un gran barco a esto de un kilómetro de distancia de mi posición y una fogata con lo que parece a esta distancia unas hormiguitas y una hormiga mucho más grande. -Espera... ¡¿QUÉ COJONES?!-
En efecto, parece que otro barco ha atracado en la isla. Un barco que desde aquí no parece Marina, parece organización privada como poco. Es el momento de actuar. Subo la mano hasta pulsar un botón en el Den-Den Mushi. -Aquí a todas las unidades, habla Zarek. Repito, habla Zarek. Estoy a 2 kilómetros a la izquierda de la playa donde nos conocimos con Ashura. Donde la Marina. Hay un nuevo barco, venid deprisa. Corto, que así me llevo yo toda la fiesta, sHIAHAhahHah...- repito la acción de pulsar el caracol y ambos hombros empiezan a deslizar los caracoles a un saquito blanco colgado de mi cadera, dejándolos encendidos pero sin que se dañen en caso de altercado. Voy para allá sin vacilar.
Cuando estoy a una distancia prudencial de 15 metros de la fogata, me detengo en seco. Puedo ver la escena como un cuadro. Un cuadro que arderá pronto. Alrededor de la fogata hay unos 3 individuos. Son sin duda de lo más variopintos. Un rape, un cornudo alto y un tío aparentemente normal. Los tres rodean la fogata a un metro de distancia de la misma. El más alejado de mi, el humano, se encuentra de cara conmigo, a 18 metros. Los otros 2, con el Gyiojin a mi izquierda y el Oni a mi derecha, me dan la espalda por el ángulo. Se encuentran cerca de la orilla y de su barco, con unos 10 metros de la fogata al agua y a unos 15 del barco, atrancado en la orilla un poco más alejado. A 20 metros la tropical jungla, y por lo demás, una inexorable playa que nos rodea y no acaba nunca. Los Dioses del Caos han decidido otro duelo en la playa, otra muerte en la arena.
Hago acto de presencia, si es que nadie se ha percatado de ni existencia antes. Parece que no mucho, se les ve entretenidos comiendo y charlando. Yo soy tan caballeroso y educado como siempre, como mis mentores me enseñaron. -¡Eh, vosotros! ¡Panda de hijos de puta!- con eso ya debería haber sido suficiente como para que, sorprendidos o no, supieran que estoy aquí. Mi rostro entonces empieza a descomponerse de forma grotesca. Una masa blanca desfigura mis facciones faciales a la altura de la frente y los ojos. Como una pesadilla, de esa masa blanca nacen dos apéndices a la altura de los mismos ojos, como si fueran los ojos de un caracol. Ambos con un movimiento disonante al de su compañero, que os observan atentamente y de forma tétrica. Una sonrisa macabra se dibuja, para terminar de adornar un rostro diabólico. El gesto del cuerpo es agresivo, con el torso echado para delante y los brazos abiertos con las manos en garra, preparados para asaltar al mínimo movimiento. -¿Acaso os he dado permiso para aparcar en mi playa? ¡¡¡SHIAHAHAHHAH...!!!-
Horus, todo poderoso señor del Caos y la Disformidad ha preparado para mí este nuevo desafío. No hay que ser lumbreras para ver mis intenciones, aunque quizás esta gente opta por el diálogo. A saber... Solo el destino decidirá quien vence en la arena. Y el Portador de la Palabra no tiene tiempo para derrotas.
Durante el paseo, sin embargo, voy con precaución. Voy chill, de relax, pero con atención al detalle y bien equipado. Sobre mi hombro derecho, un par de caracoles pequeños: un Den-Den de toda la vida y uno blanco. Sobre el izquierdo, un Den-Den negro, por si alguien se comunica en la isla y no me lo quiere comentar. Por lo demás, flow chill y bacano. No hay enemigo que me haya plantado cara por el momento desde que navego por el mar azul. Y el único que lo ha hecho, es ahora colega. Ni los rapes de colores, ni el oso gracioso bien vestido que ahora es aprendiz. Nada.
Mientras paseo por la playa de la isla (ya por duodécima vez en lo que llevo encerrado aquí) voy mirando el cielo con anhelo. Anhelo de venganza por volver allí arriba y proclamar la más absoluta de las venganzas. Poco a poco, todo llegará. Todavía necesito aliados a la altura, y voy por buen camino. Somos pocos, pero somos la puta polla. Me fijo en que el cielo empieza a nublarse. Bastante aburrido el día de hoy. Lo único interesante son las aves del lugar, que ya me conozco de sobra, sobrevolando la zona y pescando en el mar. Nada nuevo. Por saber, sé hasta a que saben. Sé a qué sabe cada puta criatura de este lugar. -!Joder!- grito pegando una patada en la arena. -¿Donde está la Marina cuando se la necesita?-
Todo parece tan monótono como la ultima vez por la que pasé por aquí. Selva infinita a mi izquierda. Océano eterno a mi derecha. Un carril de arena que recorro de forma inagotable. Un gran barco a esto de un kilómetro de distancia de mi posición y una fogata con lo que parece a esta distancia unas hormiguitas y una hormiga mucho más grande. -Espera... ¡¿QUÉ COJONES?!-
En efecto, parece que otro barco ha atracado en la isla. Un barco que desde aquí no parece Marina, parece organización privada como poco. Es el momento de actuar. Subo la mano hasta pulsar un botón en el Den-Den Mushi. -Aquí a todas las unidades, habla Zarek. Repito, habla Zarek. Estoy a 2 kilómetros a la izquierda de la playa donde nos conocimos con Ashura. Donde la Marina. Hay un nuevo barco, venid deprisa. Corto, que así me llevo yo toda la fiesta, sHIAHAhahHah...- repito la acción de pulsar el caracol y ambos hombros empiezan a deslizar los caracoles a un saquito blanco colgado de mi cadera, dejándolos encendidos pero sin que se dañen en caso de altercado. Voy para allá sin vacilar.
Cuando estoy a una distancia prudencial de 15 metros de la fogata, me detengo en seco. Puedo ver la escena como un cuadro. Un cuadro que arderá pronto. Alrededor de la fogata hay unos 3 individuos. Son sin duda de lo más variopintos. Un rape, un cornudo alto y un tío aparentemente normal. Los tres rodean la fogata a un metro de distancia de la misma. El más alejado de mi, el humano, se encuentra de cara conmigo, a 18 metros. Los otros 2, con el Gyiojin a mi izquierda y el Oni a mi derecha, me dan la espalda por el ángulo. Se encuentran cerca de la orilla y de su barco, con unos 10 metros de la fogata al agua y a unos 15 del barco, atrancado en la orilla un poco más alejado. A 20 metros la tropical jungla, y por lo demás, una inexorable playa que nos rodea y no acaba nunca. Los Dioses del Caos han decidido otro duelo en la playa, otra muerte en la arena.
Hago acto de presencia, si es que nadie se ha percatado de ni existencia antes. Parece que no mucho, se les ve entretenidos comiendo y charlando. Yo soy tan caballeroso y educado como siempre, como mis mentores me enseñaron. -¡Eh, vosotros! ¡Panda de hijos de puta!- con eso ya debería haber sido suficiente como para que, sorprendidos o no, supieran que estoy aquí. Mi rostro entonces empieza a descomponerse de forma grotesca. Una masa blanca desfigura mis facciones faciales a la altura de la frente y los ojos. Como una pesadilla, de esa masa blanca nacen dos apéndices a la altura de los mismos ojos, como si fueran los ojos de un caracol. Ambos con un movimiento disonante al de su compañero, que os observan atentamente y de forma tétrica. Una sonrisa macabra se dibuja, para terminar de adornar un rostro diabólico. El gesto del cuerpo es agresivo, con el torso echado para delante y los brazos abiertos con las manos en garra, preparados para asaltar al mínimo movimiento. -¿Acaso os he dado permiso para aparcar en mi playa? ¡¡¡SHIAHAHAHHAH...!!!-
Horus, todo poderoso señor del Caos y la Disformidad ha preparado para mí este nuevo desafío. No hay que ser lumbreras para ver mis intenciones, aunque quizás esta gente opta por el diálogo. A saber... Solo el destino decidirá quien vence en la arena. Y el Portador de la Palabra no tiene tiempo para derrotas.
Aclaraciones
Invasión
Off personal

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