05-08-2024, 08:31 AM
Que vida tan cruel la de este tipo. No por nada digo siempre que la fuerza y las capacidades de doblegar al resto lo son todo. Porque si no te doblegan a ti. Es una ley de vida. Ahora el rape solo tiene la opción de ceder a nuestra voluntad, sea la que sea, o perder la vida de forma fulminante. Un esclavo de nuestras demandas o puto abono para las plantas de la isla. Miserable hasta el fin de su existencia... Hasta que a nosotros nos dé por decidir su final.
Las amenazas cumplen con su objetivo. NPC no gasta ni saliva en continuar con su charleta y avanza. La selva empieza a sonarme ya familiar, aunque todavía me pierdo en caso de quedarme solo por tanto verde. Gracias a seguirle el ritmo al tipo de colores y a que Ashura siempre se ha orientado bien y me fío de los pasos que da, que llegamos al final a la playa de vuelta. Esta vez una playa llena de víveres y recursos que tienen nuevos dueños. Viendo quien nos ha traído hasta aquí, muy probablemente los antiguos propietarios no vengan a reclamar nada. A lo lejos se divisa un barco y un conjunto de botes, a los que se precipita nuestro acompañante de colores. Propone hacernos de chófer, pero Ashura tiene algo que decir, y de forma muy inteligente se adelanta.
La Catástrofe lo pone en su sitio sin vacilar, rapidito. Con una soberbia la mar de justificada, deja claro quién tiene la sartén por el mango y quien es dueño del destino de los presentes. Luego se dirige a mi, intentando averiguar si el barco que NPC nos ofrece es bueno o no. Hasta que no lo maneje no puedo darle una respuesta clara, pero si que participo un poco en esta especie de juego macabro para tensar al rape y valorar su credibilidad. Con un movimiento veloz, me pongo detrás del gyiojin y, con una patada seca en la espinilla derecha, este cede de rodillas ante el capitán de los piratas Mushoku. -Vas muy rápido, pececillo. Antes de tocar el agua, comprobaremos que tu palabra tiene valor.- le susurro al oído con un tono ácido. Luego miro a mi camarada y le confirmo. -No sabré si es bueno hasta que lo navegue. Pero puedo llegar volando y comprobarlo yo mismo. Este ya no nos sirve para nada. Es todo tuyo.- entonces me separo de la espalda de nuestro "esclavo". Me voy retirando hasta llegar a una caja de madera rota que deja caer una especie de fruta roja, melosa y carnosita. Me siento en la arena y le pego un bocado. Con la boca aún llena, replico. -Eso sí, esto ya lo dejamos para mañana. Yo ya he cumplido esta noche. Tengo hambre y... *Eggpuu*- escupo- joder... Esto sabe a mierda. Lo que te decía, el barco no se va a ir. Termina con esto y vamos a cenar. Mañana más, ¿no crees?-
Las amenazas cumplen con su objetivo. NPC no gasta ni saliva en continuar con su charleta y avanza. La selva empieza a sonarme ya familiar, aunque todavía me pierdo en caso de quedarme solo por tanto verde. Gracias a seguirle el ritmo al tipo de colores y a que Ashura siempre se ha orientado bien y me fío de los pasos que da, que llegamos al final a la playa de vuelta. Esta vez una playa llena de víveres y recursos que tienen nuevos dueños. Viendo quien nos ha traído hasta aquí, muy probablemente los antiguos propietarios no vengan a reclamar nada. A lo lejos se divisa un barco y un conjunto de botes, a los que se precipita nuestro acompañante de colores. Propone hacernos de chófer, pero Ashura tiene algo que decir, y de forma muy inteligente se adelanta.
La Catástrofe lo pone en su sitio sin vacilar, rapidito. Con una soberbia la mar de justificada, deja claro quién tiene la sartén por el mango y quien es dueño del destino de los presentes. Luego se dirige a mi, intentando averiguar si el barco que NPC nos ofrece es bueno o no. Hasta que no lo maneje no puedo darle una respuesta clara, pero si que participo un poco en esta especie de juego macabro para tensar al rape y valorar su credibilidad. Con un movimiento veloz, me pongo detrás del gyiojin y, con una patada seca en la espinilla derecha, este cede de rodillas ante el capitán de los piratas Mushoku. -Vas muy rápido, pececillo. Antes de tocar el agua, comprobaremos que tu palabra tiene valor.- le susurro al oído con un tono ácido. Luego miro a mi camarada y le confirmo. -No sabré si es bueno hasta que lo navegue. Pero puedo llegar volando y comprobarlo yo mismo. Este ya no nos sirve para nada. Es todo tuyo.- entonces me separo de la espalda de nuestro "esclavo". Me voy retirando hasta llegar a una caja de madera rota que deja caer una especie de fruta roja, melosa y carnosita. Me siento en la arena y le pego un bocado. Con la boca aún llena, replico. -Eso sí, esto ya lo dejamos para mañana. Yo ya he cumplido esta noche. Tengo hambre y... *Eggpuu*- escupo- joder... Esto sabe a mierda. Lo que te decía, el barco no se va a ir. Termina con esto y vamos a cenar. Mañana más, ¿no crees?-
Aclaraciones
