Tanto Vulkan como yo fuimos a la enfermería del cuartel de Shells Town antes de que anocheciera por completo. Menos mal que aquella noche era libre, no teníamos ninguna tarea que hacer. En la enfermería nos atendieron, y alguno que otro se llevó alguna sorpresa - Madre mía, vaya heridas, ¿Sí que habéis entrenado fuerte, eh? - Dijo el enfermero. Miré de reojo rápidamente a Vulkan y contesté al enfermero - Sí... Ha sido intenso, pero eficaz - Conteste tímidamente. Realmente tenía razón, así fue el entrenamiento, solo que obviando que fueron otros los que nos hicieron morder el polvo. Pero en teoría, no estaba mintiendo. Debido a los golpes de Sohem, me pusieron unas vendas alrededor de la cabeza en diagonal, tapándome el ojo izquierdo. Una vez que acabaron, le dije a Vulkan de ir a dar una vuelta y así distraernos un poco de todo lo que pasó por la tarde.
Era una buena noche y se notaba en la ciudad. La gente había salido a disfrutar, los bares y restaurantes estaban llenos, se respiraba felicidad, incluso me daba la sensación de poder oler la propia felicidad. Todo estaba en calma. Cuando llegamos a la plaza, pudimos atisbar una taberna grande y muy rural. Comenté a Vulkan de entrar a ella y tomar algo. Al entrar, el ambiente era normal. Olía a alcohol, por supuesto, pero a la vez pude oler a hollín como olor más diferente y fuerte. Era raro, ese olor ya lo había olido antes, pero tampoco le presté mucha atención.
Vulkan y yo nos acercamos a la barra, donde una señora mayor estaba atendiendo a los clientes. Entonces, de espaldas, vi una silueta que podía reconocer a una distancia mayor. Taka. ¿Quién podía haber en esta isla que midiese más de 4 metros? Y eso que en un sitio tan cerrado y al ser alto, apenas se le llega a poder ver sus cuernos. Cuando estaba detrás de Taka y fui a incorporarme a su izquierda, le escuché que pidió dos cervezas. - Que sean 4, y yo las pago - Le dije a la anciana camarera y miré a Taka con mi ojo libre, el derecho. - Sé que no es lo que buscáis, pero es lo que ahora puedo ofreceros. Déjame al menos invitaros en señal de vuestra victoria - Hice un leve gesto de afirmación con la cabeza a Taka. A su vez, me giré para mirar a Vulkan y ver que todo estaba bien con él.
Era una buena noche y se notaba en la ciudad. La gente había salido a disfrutar, los bares y restaurantes estaban llenos, se respiraba felicidad, incluso me daba la sensación de poder oler la propia felicidad. Todo estaba en calma. Cuando llegamos a la plaza, pudimos atisbar una taberna grande y muy rural. Comenté a Vulkan de entrar a ella y tomar algo. Al entrar, el ambiente era normal. Olía a alcohol, por supuesto, pero a la vez pude oler a hollín como olor más diferente y fuerte. Era raro, ese olor ya lo había olido antes, pero tampoco le presté mucha atención.
Vulkan y yo nos acercamos a la barra, donde una señora mayor estaba atendiendo a los clientes. Entonces, de espaldas, vi una silueta que podía reconocer a una distancia mayor. Taka. ¿Quién podía haber en esta isla que midiese más de 4 metros? Y eso que en un sitio tan cerrado y al ser alto, apenas se le llega a poder ver sus cuernos. Cuando estaba detrás de Taka y fui a incorporarme a su izquierda, le escuché que pidió dos cervezas. - Que sean 4, y yo las pago - Le dije a la anciana camarera y miré a Taka con mi ojo libre, el derecho. - Sé que no es lo que buscáis, pero es lo que ahora puedo ofreceros. Déjame al menos invitaros en señal de vuestra victoria - Hice un leve gesto de afirmación con la cabeza a Taka. A su vez, me giré para mirar a Vulkan y ver que todo estaba bien con él.
ACLARACIONES
