+18 [Pr Relativo] Donde reina el amor, sobran las leyes.
#35
Tras haber recogido nuestro pequeño y para nada perverso tentempié, siguiendo las instrucciones que le habían dado al minino, comencé a andar de su mano en la dirección. Sin embargo, sentí que el gatito no me seguía y en su lugar tiraba de mi mano, me giré sorprendida arrugando las cejas, ¿no tenía tantas ganas de llegar como yo? El bello pirata me miró con una tierna sonrisa, en silencio, hasta que suspiró y me dijo que esperase un momento. Parpadee sorprendida, pero me detuve y lo escuché mientras se acercaba a mi oído para susurrarme que el brujo podía estar intentando que no llegásemos de nuevo. Asentí lentamente, aquello no era moco de pavo, era algo totalmente real y que me afectaba muchísimo. Me alegraba ver que él también se lo tomaba con seriedad y que se preocupaba.

—Sí… Es probable, no te lo voy a negar. —afirmé mientras él señalaba con la mirada a una de las calles, diciendo que creía que podía ser por ahí ahora que todo había vuelto a cambiar— Supongo que no pasa nada por intentarlo. Está bien, minino. —acabé aclarando, lista para dejarme llevar por él.

Antes de comenzar a andar, me iluminó la vista una picarona sonrisa del felino, que mencionó que al ser él mi sirviente, debería llevarme de una pieza a la cama. Me sonrojé al instante apretando los labios por el comentario inesperado. Me llevé entonces una mano tras la cabeza, algo avergonzada por mi reacción, y el minino se colocó la bolsa en la boca, cosa que me extrañó.

—¿Qué haces con la…? —preguntaba con curiosidad cuando fui interrumpida por el minino alzándome entre sus brazos— Oh. —fue lo único que logré decir, mientras una sonrisa se dibujaba en mis labios.

Era la segunda vez que me cogía en brazos, pero no por ello me parecía menos impactante. La sensación era reconfortante, con sus fuertes y musculosos brazos sujetándome mientras mis piernas colgaban por un lado. Me recoloqué la diadema con cuernos con una mano mientras colocaba la bolsa con las bebidas sobre mi abdomen, dándole a continuación un beso en la mejilla al gatito, que sostenía su bolsa con los dientes mientras decía algo raro y comenzaba a encaminarse al lugar. Aproveché el breve viaje para rodear su cuello con los brazos y mordisquearle el cuello, sabiendo que no podía hacer nada para evitarlo y riéndome por ello. Apenas tardamos un minuto en llegar, parando frente al establecimiento de Beaufleur.

—¡Conseguido! —exclamé con felicidad y alzando los brazos cuando llegamos, mientras el minino dejaba la bolsa sobre mí y comentaba que el brujo no había podido liarnos esta vez— Si formamos equipo, ese malnacido no tiene nada que hacer, ¿sabes? Shshshsh. —reí llena de júbilo y con anticipación por lo que se venía.

Garnet, con una radiante y hermosa sonrisa, bajó después su mirada hacia mí mientras se acercaba a la puerta, todavía cargándome, y preguntó sobre la localización de mi habitación, añadiendo que debía llevar a su diosa hasta la misma puerta.

—Así es, minino, buen chico. —comenté acariciándole la cabecita como buen gatito que era, cogiendo con la otra las bolsas para que no cayeran— Es la habitación del fondo del pasillo en la segunda planta. No tiene perdida, ¿sabes? Shshshsh. No creo que nos la vuelva a liar, ya no.

Pasamos por la recepción, y observé con atención para ver a Beaufleur y saludarla, queriendo presentarle también a mi novio gatuno, pero debía haber salido a cenar, pues no estaba allí a pesar de que su libro de romantasy reposaba en el mostrador. Mientras subíamos las escaleras, en línea recta desde la entrada, volví a acariciar el pelo del minino, justo entre sus antenitas.

—Mañana te presento a Beaufleur, también es muy agradable, y es una gran fan de Okaliva. —aclaré, deseosa de enseñarle a todo el mundo mi mascotita.

Al llegar frente a la puerta de la habitación, el minino me bajó con delicadeza mientras yo sostenía nuestras bolsas. Se le veía emocionado y extendí las bolsas hacia él, que tomó con sumo gusto para que yo abriese la puerta. Le dediqué una tímida sonrisa y saqué la llave de mi bolso, girándola dos veces y abriendo la puerta para ambos. Pasé primero, a lo que era una amplia habitación cuadrada, de unos 10 metros de ancho y otros 10 de largo.  En la pare de la derecha, nada más entrar, había una puerta rosada que conducía a un baño. La habitación, casi por completo, era de ese mismo color, con una cama en forma de corazón en una esquina junto a un tocador, un escritorio en la esquina contraria y un amplio armario en el que apenas cabía toda la ropa que había conseguido desde mi llegada a Momoiro. También había una zona con un sofá, en forma de corazón también, con una mesa baja delante. Esparcidos por el suelo y por el escritorio había decenas de libros, la mayoría sobre el cuidado de gatos y algunos otros sobre medicina. Hasta ese momento no recordaba haber dejado la habitación tan mal, con todos esos tomos tirados por todas partes. Es más, hasta ese momento no había caído en la cuenta de que, preparándome para ser dueña de un gato, había comprado algunas cosas para él.

Parte de la habitación


—Esto… Un momento, minino… —me excusé, yendo rápidamente a recoger los libros y haciendo una pila en el escritorio, quedando este oculto por la cantidad de ellos que había y posando mis manos para apoyarme de espaldas al mueble— Vale, ya. Shshshsh. Perdona, no había esperado visita y bueno, se habrá colado una ráfaga de viento por la ventana o algo, ¿sabes? —respondí señalando con el pulgar una ventana tras de mí, la cual estaba cerrada y al darme cuenta sonreí avergonzada.

A su vez, disimuladamente, aproveché para esconder tras la pila de libros algunos juguetes para gatos, como una pluma, una pelota o un muñeco de un ratoncito. Pero a un lado de la habitación, demasiado grande para llevármelo sin más, había un rascador para gatos. Esperaba que no se diese cuenta, me daba vergüenza que supiese que había estado investigando tanto por él, pero seguro que sería útil ahora que se iba a quedar conmigo para que no destrozase las sábanas o los muebles de Beaufleur. Aunque bien pensado, probablemente quedarían peor por otras cosas que pensábamos hacer.

—Bu-Bueno, ya estamos aquí. Shshsh. —comenté nerviosa frotándome con una mano el brazo contrario— ¿Te gusta? Es muy rosa, ya lo sé, pero está bastante bien y Beaufleur me deja quedarme gratis, ¿sabes? Es bastante espaciosa, y tiene un baño privado… Yo creo que está bastante bien, ¿sabes? ¿Sabes? —divagaba, repitiendo mi muletilla por la inquietud.

Ahora que estábamos ahí, se volvía todo más real. Poder pasar más tiempo con él, en un sitio privado, convivir… Todo eso se acumulaba en mi mente como la sangre en mis mejillas, haciéndome sentir nervios pero también ilusión. Esperaba que le gustase el sitio, que estuviese a gusto conmigo allí. Incluso tenía una caja de arena en el baño, la cual me había costado de conseguir, pues no vendían de forma habitual ninguna con el tamaño suficiente. Y por si el nerviosismo no fuese suficiente, mi estómago volvía a rugir, así que desvié la mirada sonrojada.
  Responder


Mensajes en este tema
RE: +18 [Pr Relativo] Donde reina el amor, sobran las leyes. - por Ikirami - 07-08-2024, 05:16 PM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)