10-08-2024, 03:11 PM
Despues de varios días explorando la isla, cazando animales y haciendo hogueras para cocinarlos, me aventuré a ir algo más allá del lugar donde me había instalado, con piedras en forma de circulo para poder encender las hogueras y un montón de hojas a modo de cama para esta más a gusto a la hora de dormir. Me alejé de allí con todas mis cosas por si no volvía a encontrar aquel lugar. La pistola al bolsillo y el botiquín que siempre llevaba conmigo. Avancé. Caminaba con calma. No había ningún tipo de prisa en mí. aquel lugar era de lo más apacible y, hasta el momento, ningún animal se había propuesto realmente devorarme. O eso o eran todos demasiado débiles como para poder ni siquiera herirme.
Después de varias horas, creo, pues había perdido la noción del tiempo entre tanta vegetación y sumido en mis pensamientos, me di cuenta que la densidad de los árboles se abría y el suelo comenzaba a notarse más blando y suelto hasta que la arena dejó de agarrar las raíces de los árboles. La escena, como el resto de la isla, era de auténtico paraíso. Quizá con un chorro de calor que no me habría esperado, pero lógico con los rayos del sol incidiendo directamente sobre mi cabeza. Un sombrero no me vendría nada mal en esa situación. Me acerqué a la orilla y me quité los zapatos. Metí las enormes pezuñas en el agua, con los pantalones remangados para no mojarlos demasiado, y hundí las manos en el agua salada. Recogí agua entre mis manos y me las llevé al hocico, me empapé la cara con aquel agua salada. Pese a lo mal cuerpo que me dejaba por los efectos secundarios de la nuez de belcebú que había consumido, pensé que no habría ninguna sensación mejor que hundirse en el agua y nadar libre por el mundo submarino. Pero, ¿en qué estaba pensando? Era un mink oso polar, no un pez. ¿Quizá un pensamiento por alguna vida pasada? Era absurdo. Me di la vuelta y me fui hacia el medio de la playa, en la arena. Quería tumbarme en la arena, con calma. viendo las olas romper. La belleza de aquella isla desierta era precisamente que era todo natural. No había nada que los humanos hubieran tocado. Esas estúpidas criaturas lo destrozaban todo únicamente por gusto. Legué a una zona donde me pareció bien tirarme a hacer absolutamente nada, pero antes de eso, tiré con fuerza los zapatos que llevaba en la mano al suelo, como con un ataque de rabia. Acerqué las manos a la arena, cogí un puñado, haciendo que se deslizara entre mis dedos y pensé si mis rayos Norama afectarían a la arena para hacerla más firme. Metí mis dos puños en la arena y endurecí la arena. Acto seguido, en lugar de levantar mis manos para quedarme de pie o directamente tumbarme, levanté los pies, haciendo el pino en un momento que mi cabeza no pudo comprender. Pese a ello, me pareció divertido. El mundo al revés. Quizá fuese eso lo que quería realmente. Ver el mundo dado la vuelta. Volví a plantar los pies el la suave arena y me dejé caer hacia atrás con los brazos extendidos. No sabía lo que me estaba pasando, pero si que sabía que tenía que descubrir cosas que me gustasen. Probar nuevas formas de diversión. Quizá así encontrase un objetivo más allá de encontrar a los Shogun Gari y poder avanzar por el mundo con seguridad y decisión hacia el nuevo horizonte. Pero para eso aún había tiempo. Era hora de disfrutar del paraíso que me ofrecia la isla a la que había llegado hace pocos días.
Después de varias horas, creo, pues había perdido la noción del tiempo entre tanta vegetación y sumido en mis pensamientos, me di cuenta que la densidad de los árboles se abría y el suelo comenzaba a notarse más blando y suelto hasta que la arena dejó de agarrar las raíces de los árboles. La escena, como el resto de la isla, era de auténtico paraíso. Quizá con un chorro de calor que no me habría esperado, pero lógico con los rayos del sol incidiendo directamente sobre mi cabeza. Un sombrero no me vendría nada mal en esa situación. Me acerqué a la orilla y me quité los zapatos. Metí las enormes pezuñas en el agua, con los pantalones remangados para no mojarlos demasiado, y hundí las manos en el agua salada. Recogí agua entre mis manos y me las llevé al hocico, me empapé la cara con aquel agua salada. Pese a lo mal cuerpo que me dejaba por los efectos secundarios de la nuez de belcebú que había consumido, pensé que no habría ninguna sensación mejor que hundirse en el agua y nadar libre por el mundo submarino. Pero, ¿en qué estaba pensando? Era un mink oso polar, no un pez. ¿Quizá un pensamiento por alguna vida pasada? Era absurdo. Me di la vuelta y me fui hacia el medio de la playa, en la arena. Quería tumbarme en la arena, con calma. viendo las olas romper. La belleza de aquella isla desierta era precisamente que era todo natural. No había nada que los humanos hubieran tocado. Esas estúpidas criaturas lo destrozaban todo únicamente por gusto. Legué a una zona donde me pareció bien tirarme a hacer absolutamente nada, pero antes de eso, tiré con fuerza los zapatos que llevaba en la mano al suelo, como con un ataque de rabia. Acerqué las manos a la arena, cogí un puñado, haciendo que se deslizara entre mis dedos y pensé si mis rayos Norama afectarían a la arena para hacerla más firme. Metí mis dos puños en la arena y endurecí la arena. Acto seguido, en lugar de levantar mis manos para quedarme de pie o directamente tumbarme, levanté los pies, haciendo el pino en un momento que mi cabeza no pudo comprender. Pese a ello, me pareció divertido. El mundo al revés. Quizá fuese eso lo que quería realmente. Ver el mundo dado la vuelta. Volví a plantar los pies el la suave arena y me dejé caer hacia atrás con los brazos extendidos. No sabía lo que me estaba pasando, pero si que sabía que tenía que descubrir cosas que me gustasen. Probar nuevas formas de diversión. Quizá así encontrase un objetivo más allá de encontrar a los Shogun Gari y poder avanzar por el mundo con seguridad y decisión hacia el nuevo horizonte. Pero para eso aún había tiempo. Era hora de disfrutar del paraíso que me ofrecia la isla a la que había llegado hace pocos días.
