04-09-2023, 01:49 PM
Día 3 / Año 11 / Primavera
Hora: 12:03
Hora: 12:03
A la luz del mediodía, en el linde entre Villa Foosha y el Gran Bosque de Dawn, una enorme criatura descansaba en la base de un árbol con un libro sobre la cara. Un leve ronquido delataba su condición de dormido. El libro, ligeramente descolorido y con una portada prácticamente ilegible tenía por título, lo único que sí se podía descifrar, "As cancións do mudo". Nadie recordaría el nombre del autor a no ser que ya lo hubiese leído antes de que el libro llegase a aquel estado tan deplorable. Don Bambú ya hacía tiempo que lo había olvidado, pero le gustaba cómo escribía aquel señor. Juntaba en sus expresiones tanto lo campechano como lo culto. Se leían en la obra insultos demoledores, vulgares, pero elocuentemente expresados. Deliciosa era la sátira de la obra, que cargaba contra el sistema monárquico en particular de tal forma que el libro estaría prohibido en muchas islas, incluida aquella en la que estaba el panda, si no fuera porque estaba escrito en un idioma no tan extendido de un pequeño pueblo en una isla del North Blue, donde las nieblas y las montañas forman gran parte del paisaje. Con la intención de ponerse más cómodo, Don Bambú giró su enorme cuerpo para quedarse tumbado de lado y el libro cayó al suelo, quedando cerrado a su lado sobre la hierba. Detrás de Don Bambú había una bolsa con varios libros colocados de cualquier manera, como si lo importante fuera tenerlos y no tenerlos bien puestos. Cualquier librero o bibliotecario que viese aquella bolsa tomaría al oso por un absoluto salvaje sin derecho de entrada a ninguna biblioteca. Qué sorpresa se llevarían al averiguar que el panda formaba parte del gremio y que había trabajado años en una biblioteca. En su trabajo tenía más cuidado, claro, pero siempre cabía la posibilidad de encontrarse algún libro mal colocado o incluso boca abajo. Las tardes de su juventud estaban llenas de broncas de su madre que rompían el silencio de la biblioteca al ver los estropicios de los que era capaz su propio hijo.
Buenos tiempos, sin lugar a dudas.
De forma newtoniana, una manzana decidió que era el momento de precipitarse al vacío e impactar sobre la sien del mink, que se encontraba soñando con las noches de luna llena. El panda se acercaba en sueños a la orilla de un lago para mirar su reflejo, pues se notaba más grande y fuerte que en otras ocasiones, pero justo antes de poder verse, abrió los ojos y sintió dolor de cabeza. Se irguió inmediatamente, mirando a todas partes, pero lo único que encontró fue la manzana en el suelo. Con un encogimiento de hombros, la agarró y le pegó un mordisco. Estaba ligeramente verde, como le gustaban. Su boca se inundó de un sabor ligeramente ácido, agarró el libro del suelo y lo abrió por donde lo había dejado.
Buenos tiempos, sin lugar a dudas.
De forma newtoniana, una manzana decidió que era el momento de precipitarse al vacío e impactar sobre la sien del mink, que se encontraba soñando con las noches de luna llena. El panda se acercaba en sueños a la orilla de un lago para mirar su reflejo, pues se notaba más grande y fuerte que en otras ocasiones, pero justo antes de poder verse, abrió los ojos y sintió dolor de cabeza. Se irguió inmediatamente, mirando a todas partes, pero lo único que encontró fue la manzana en el suelo. Con un encogimiento de hombros, la agarró y le pegó un mordisco. Estaba ligeramente verde, como le gustaban. Su boca se inundó de un sabor ligeramente ácido, agarró el libro del suelo y lo abrió por donde lo había dejado.
